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sábado, 12 de noviembre de 2011

La Crisis Estructural del Capital

Luis R Delgado J

Producto del desarrollo de la lucha de clases a lo largo del siglo XX y al desarrollo da las fuerzas productivas por medio de la Revolución Científico-Tecnológica (también llamada Tercera Revolución Industrial), actualmente vivimos en medio de la Crisis Estructural del Capital. Algunos autores como Mészáros (2001, 2009) advierten que esta crisis se inicia a comienzos de los 70 del siglo pasado, momento en el cual se activan los límites absolutos del capital: a) se agudizan las contradicciones entre el desarrollo del capital transnacional y la prevalencia de los Estados nacionales; b) se agrava la destrucción de las condiciones de la reproducción metabólica social, es decir, la lógica del capital es absolutamente antagónica con el mantenimiento sostenible de los recursos naturales (bióticos y abióticos); c) la incorporación plena de la mujer en igualdad de condiciones con el hombre encuentra límites insuperables en el marco de las relaciones sociales de producción inherentes al capital; d) el capital no puede incorporar a toda la humanidad a la actividad productiva, por lo tanto, el desempleo crónico reproduce una masa de desocupados (miseria) que cada vez más amenazan la estabilidad sistémica.

Gracias al fortalecimiento de la clase trabajadora durante la posguerra (1945-1970) tanto en Europa como en Estados Unidos, que se traducía en un auge del programa histórico socialdemócrata, es decir, programas de asistencia social (Estado de Bienestar) y salarios altos; de la expansión del Sistema Socialista y de las luchas de Liberación Nacional en los países periféricos, la tasa de ganancia empieza a disminuir a partir de comienzos de los años 70, momento en el cual está en desarrollo la Revolución Científico-Técnica, ya que resultaba muy costoso para los capitalistas pagar altos salarios, invertir al mismo tiempo en tecnología de punta, y a su vez perder el control de las fuentes de materias primas del mundo producto del auge de proyectos de independencia nacional.

Frente a esto, se desarrolla una gran reestructuración productiva del capital a nivel global, un reajuste espacio-temporal del sistema, para frenar la caída tendencial de la tasa de ganancia y evitar la desvalorización masiva. Se trató de una contrarrevolución encabezada por los monopolios transnacionales, por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, por el FMI y el Banco Mundial. De esta forma, se abrió paso una nueva fase del imperialismo, la metamorfosis del capitalismo monopolista de estado en capitalismo monopolista transnacional (Cervantes, Gil 2002, pág. 59). Al respecto, Engel (2004) señala que:

"La organización internacional de la producción que no se detiene ante ninguna frontera nacional significa un salto cualitativo en el desarrollo del imperialismo: Rompe la producción organizada antes principalmente de modo estatal-nacional y la sustituye paso a paso por nuevas relaciones de producción a escala internacional" (p. 278).

En este nuevo contexto histórico del imperialismo, los Estados-Nacionales son cada vez más subordinados por los monopolios internacionales, lo que no implica que el Estado haya prácticamente desaparecido como afirman algunos apologistas de la Globalización. En este orden de ideas Engel (op. cit.) expresa que:

"… el rol tradicional del Estado burgués, como regulador central de la economía nacional, cede cada vez más frente a un sistema de la competencia mundial entre los Estados nacionales por prestar los mejores servicios a los monopolios internacionales, para la óptima valorización de sus capitales y condiciones políticas favorables.

El núcleo de la nueva organización de la producción internacional es la tendencia a la disolución relativa de la organización estatal-nacional de las relaciones de producción y de intercambio. En su lugar se establece un entrelazamiento, que abarca a varios países, de los modos de producción y de intercambio más avanzados bajo el dominio del capital financiero internacional "(p. 15).

Estos rasgos del capitalismo mundial se han desarrollado bajo la justificación ideológica neoliberal. El neoliberalismo ha sido el planteamiento construido para apuntalar la ofensiva mundial de los monopolios contra la clase trabajadora y los pueblos del mundo, para recuperar y aumentar la tasa de ganancia, para promover la expansión geográfica y sectorial del capitalismo… la globalización es en realidad una guerra librada desde los centros imperiales contra los trabajadores, campesinos y pobres del mundo (Vega Cantor 2005, p. 35). Al respecto Harvey (2008) nos expresa que:

"Podemos… examinar la historia del neoliberalismo sea como un proyecto utopista que provee un patrón teórico para la reorganización del capitalismo internacional o como un ardid político que apunta a restablecer las condiciones para la acumulación de capital y la restauración del poder de clase".

Por lo tanto la era neoliberal, ha sido un mecanismo que utilizó el capitalismo mundial para gestionar su crisis sistémica y para iniciar una nueva fase histórica.

Veamos algunos aspectos de este proceso:

El capitalismo persiste mediante la acumulación constante y ampliada de capitales, para que esto suceda debe maximizar permanentemente su tasa de ganancia mediante la explotación creciente de los trabajadores y las trabajadoras, en un ambiente competitivo que lo obliga a innovar constantemente la tecnología… La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción (Marx, Engels 2009, p. 31). Entre otros factores, la tecnología de punta permite al capitalista hacer más productivo el trabajo, por lo tanto puede maximizar la ganancia, derrotando a su vez a otros capitalistas, lo cual se traduce en la capacidad de ir conquistando mercados y convertirse en monopolio. Pero la inversión en tecnología de punta tiene sus consecuencias, por un lado desplaza al trabajador asalariado, fuente única de la plusvalía y por otro lado el coste de su reposición es costoso, es decir, cuesta mucho dinero mantener la innovación tecnológica a un ritmo acelerado, por lo cual, empieza a reducirse progresivamente la demanda de medios de producción.

Si los costos para la innovación tecnológica crecen con la misma velocidad que la reducción del costo por concepto de salario, por el incremento de la productividad del trabajo, el resultado final es un aparente estancamiento de la productividad. Pero si el costo de la innovación tecnológica va aun más rápido, la tasa de beneficio o ganancia tiende de manera definitiva a la baja, perdiendo atracción para el capital invertir en el sector productivo (Tablada, Dierckxsens 2006). Esta situación es peor para los capitalistas, si la clase trabajadora esta férreamente organizada en sindicatos y partidos políticos que luchan por mejorar de manera sostenida las condiciones de vida.

He aquí el punto del cual parte la caída tendencial de la tasa de ganancia, a mayor inversión en tecnología de punta, el capitalista se ahorra capitales por concepto de pago de salarios, aumentando a su vez la productividad del trabajo y la explotación a razón de una creciente apropiación de plusvalía relativa. Pero hay un límite, en la medida que más se invierte en tecnología y se prescinde de trabajo asalariado, la tasa de ganancia baja, porque como ya dijimos el trabajo asalariado es la fuente exclusiva de plusvalía. En este sentido, Mészáros (2001) nos expone que:

"… para zafarse de las dificultades de la expansión y acumulación rentables, el capital en competencia global tiende a reducir el “tiempo de trabajo necesario” (o el “costo laboral de la producción”) a un mínimo rentable, con lo que a su vez tiende inevitablemente a transformar a los trabajadores en una fuerza de trabajo cada vez más superflua. Pero al hacerlo así el capital socava simultáneamente también las condiciones vitales de su propia reproducción ampliada" (p. 173).

De esta forma, desde finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo pasado, el capital mundial cada vez más ha perdido interés en la inversión productiva, a favor de la inversión en el ámbito especulativo, financiero, redistributivo e improductivo, desarrollando una nueva organización de la producción internacional. Es así como buena parte de la acumulación del capital ya no se realiza por el desarrollo de las fuerzas productivas, de la productividad del trabajo, el capital especulativo no promueve la producción de nueva ganancia, sino que parasita sobre la ganancia y el capital existente (Cervantes, Gil 2002, p. 209).

Lo anterior no significa que la contradicción capital-trabajo haya desaparecido, sino que los capitales especulativos, para reproducirse, explotan al trabajo asalariado de forma mediatizada por el capital productivo. El capital especulativo parasita sobre el trabajo asalariado y el capital productivo. En este orden de ideas:

"Los datos muestran que por cada dólar invertido en la producción, entre 20 y 50 dólares se invierten en el dominio de las “finanzas puras”.

La regla consiste en asegurar todos los beneficios de estos 20 o 50 dólares para esta economía productiva en la cual solamente se ha invertido solamente un dólar, y garantizar el crecimiento del capital financiero parasitario como usurpador de la industria, de la agricultura y de toda la sociedad…" (CIPOML 2007, pp. 64-65)

Uno de los elementos que ha utilizado el capital financiero para subordinar al capital productivo es convertir el crédito de estímulo para la producción en instrumento de extorsión de riqueza ya producida.

Esta situación en la cual la mayoría de la inversión social de capitales se destina a la especulación de valores y no a la producción de plusvalía, implica una crisis de la ley fundamental del capitalismo, la ley de la plusvalía, lo cual abre las puertas a la crisis estructural, ya que el capital financiero entorpece la reproducción ampliada del capital, estrangulando la producción en favor de la especulación.

Para que la burguesía transnacional vuelva a interesarse en la inversión productiva, esta última debe generarle rentabilidad, por lo cual, sin un incremento de la tasa de ganancia en el ámbito productivo, es improbable que se invierta en creación de nueva riqueza. La burguesía mundial está de alguna manera entrampada por la propia lógica del sistema. Este modelo parasitario conlleva necesariamente a una contracción de la riqueza existente.

Frente a esto los capitalistas y sus Estados, hacen esfuerzos por incrementar la tasa de explotación (aumentando la apropiación de plusvalía absoluta y relativa) de varias maneras: a) precarizan las condiciones de trabajo para de esta forma socializar los costos de la innovación tecnológica; b) prolongan la vida media de la tecnología, represando las innovaciones por medio del uso de patentes; c) prolongan continuamente el tiempo de trabajo pese a que la tecnología puede permitir más tiempo de ocio creativo; d) promueven la inversión financiera global; e) utilizan en los países periféricos tecnologías obsoletas; f) relocalizan las industrias que se encontraban en los países imperialistas, a los países periféricos donde la mano de obra es mucho más barata; g) abaratan los costos por concepto de salarios en los Estados metropolitanos, feminizando la fuerza de trabajo; h) de igual forma se han abaratado los costos de la reproducción de nuevos asalariados, porque estos nacen, son criados y educados en países dependientes para luego ser exportados a los países ricos por las vías de la inmigración o la fuga de cerebros; i) abaratan los costos de las materias primas. Lo cierto es que al final de este proceso estamos frente a una crisis de superproducción y subconsumo, crisis de realización a causa de una demanda efectiva insuficiente, ya que existe una tasa decreciente de los salarios, un aumento de desempleo que se torna crónico y la creciente producción de mercancías no se consume… superabundancia, aquí de medios de producción y de productos, y allá de obreros sin trabajo y sin medios de vida (Engels 2006, p. 87).

En este orden de ideas, Robert Kurz (2003) explica lo siguiente:

"Al mismo tiempo que la crisis estructural crea desempleo en masa y/o grandes sectores de bajos salarios, desmantela el Estado social, se desvanece el poder de compra en los mercados internos nacionales y el capital está obligado a expandirse de forma empresarial en el mercado mundial, con una dinámica inaudita, para optimizar la caída de los costos y, por otro lado, atraer el poder de compra hacia sí mismo, en cualquier parte del mundo donde todavía exista".



El neoliberalismo (sobre todo bajo el influjo del imperialismo norteamericano) en las últimas décadas logró atenuar los efectos de la caída tendencial de la tasa de ganancia en los países imperialistas, por medio de un gigantesco aumento de la explotación de los trabajadores y las trabajadoras del mundo. En este orden de ideas, Caputo (2010) gracias a una serie de investigaciones concluye que:

"El incremento de la tasa de explotación, junto a la disminución del valor de la maquinaria y equipo de alta tecnología –disminución del valor del capital constante fijo- y de la apropiación de parte significativa de la renta de recursos naturales, ha significado en las últimas décadas un incremento de las ganancias globales y de la tasa de ganancia. En estas categorías económicas se expresa en forma concentrada el éxito del capitalismo con la implementación del neoliberalismo y de la globalización en las últimas décadas".

De igual forma, el neoliberalismo se ha valido de políticas tales como: la liberalización de los mercados financieros, la desvinculación del dólar con el oro, el inicio de las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas de circulación internacional (Dos Santos 2006). Al respecto, Samir Amin (2001) nos explica que:

"Detrás del discurso neoliberal mundializado se esconden, pues, políticas perfectamente coherentes de gestión de la crisis cuyo único objetivo es el de crear salidas financieras al surplus de capitales, como manera de evitar lo que más teme el capital: la desvalorización masiva. La "financiarización" es la expresión de esta gestión, tanto a nivel nacional como a escala mundial. Las elevadas tasas de interés, los cambios fluctuantes y la libertad para realizar transferencias especulativas, las privatizaciones, al igual que el déficit de la balanza de pagos de los Estados Unidos y la deuda externa de los países del Sur y del Este, cumplen estas funciones".

Todo lo anterior propiciando una creciente transferencia de valores de los países pobres a los países ricos, a través de mecanismos tales como: el pago de la deuda externa, la dependencia tecnológica y la liberalización de los débiles mercados (financieros, monetarios, mercancías, laborales, etc.) del Tercer Mundo, se ha tratado de un proceso de transnacionalización desnacionalizadora del capitalismo monopolista.

El geógrafo David Harvey (2004) explica que la expansión continuada de la reproducción ha sido compensada con un incremento de los intentos de acumular mediante la desposesión. De los 70 a los 90 del siglo pasado la transferencia de riqueza de los países dependientes a los países imperialistas sólo por concepto de pago de intereses de la deuda externa, ascendió a 4.5 billones de dólares, por cada dólar adeudado en 1980, los Países Pobres han rembolsado 7,5 dólares y deben aun 4 dólares (Millet, Toussaint 2005).

A esto se le agrega lo siguiente, mientras que a comienzo de los años sesenta la distancia que separaba el 20% más rico del 20% más pobre era de 30 a 1, esta relación pasó a ser de 75 a 1 a finales del siglo XX (Boron 2002). A su vez, en el interior de los países imperialistas también se ha dado una redistribución concentrada del ingreso, es decir, cada día los pobres son más pobres y los ricos más ricos. Por ejemplo, en los Estados Unidos el 10% de los más pobres vio retroceder sus ingresos en un 40%, mientras que el 10% más rico aumentó sus ingresos en un 25%, esto en el transcurso de 20 años -1973/1993- (Tablada, Dierckxsens 2006).

Un mecanismo relevante usado en los últimos 70 años por el capital mundial, es el estado permanente de guerra, ya que por medio de éste se mantiene un dinamismo perpetuo del Complejo Militar Industrial, el cual es un sector económico relevante para los países imperialistas. Sin embargo, Beinstein (2011) explica los límites económicos e históricos de este mecanismo:

"Actualmente el Complejo Militar-Industrial norteamericano (en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en términos reales más de un billón (un millón de millones) de dólares, contribuye de manera creciente al déficit fiscal y por consiguiente al endeudamiento del Imperio (y a la prosperidad de los negocios financieros beneficiarios de dicho déficit). Su eficacia militar es declinante pero su burocracia es cada vez mayor, la corrupción ha penetrado en todas sus actividades, ya no es el gran generador de empleos como en otras épocas, el desarrollo de la tecnología industrial-militar ha reducido significativamente esa función. La época del keynesianismo militar como eficaz estrategia anti-crisis pertenece al pasado" (p. 34).

Otro de los mecanismos más importantes que viene utilizando el capital en las últimas décadas para impulsar su proceso de acumulación, es la tendencia decreciente del valor de uso, la cual acorta la vida útil de las mercancías, aumentando los ciclos de valorización del capital. Hay que advertir que esta aberración que subordina la satisfacción de las necesidades humanas a la satisfacción del ansia creciente de ganancia, está causando un proceso creciente de precarización estructural del trabajo y la destrucción creciente de la naturaleza, producto de la explotación abusiva de sus recursos. De hecho esta tendencia es uno de los principales fenómenos que demuestra que es improbable la aparición de un capitalismo verde o ecológico, si la humanidad asumiese el modelo consumista estadounidense se necesitarían varios planetas Tierra.

En este sentido, Wim Dierckxsens (2011) no explica lo siguiente:

"Al acortar la vida útil de todo, el capital fomenta la capacidad de reemplazo en vez de garantizar la reproducción. El capital al agotar un recurso natural lo sustituye por otro en vez de garantizar la sostenibilidad de los mismos a través de las generaciones. El capital procura acortar la vida útil de la fuerza de trabajo desgastada o más cara por otra nueva y más barata antes de garantizar la reproducción de la misma durante la vida de los trabajadores y a través de las generaciones. El capital acorta la vida media útil de los productos que se hacen cada vez más desechables y declara de esta manera la muerte prematura a todo lo que se produce y declara con ello la muerte a los recursos naturales y el medio ambiente".

Vemos entonces que el capital atenta contra la preservación del planeta y por ende de la humanidad, ya que afecta profundamente el metabolismo de la naturaleza que ha venido evolucionando a los largo de millones de años. Esto último lo realiza malgastando recursos naturales (bióticos y abióticos) y contaminando de manera permanente diversos espacios del planeta (océanos, mares, ríos, campos, bosques, atmosfera, entre otros). De igual manera, el capital cuando promueve la disminución de la vida útil de la fuerza de trabajo más costosa, amenaza la capacidad de reemplazo generacional porque las personas adultas en edad reproductiva están teniendo pocos hijos, bien sea por el costo de su manutención o bien sea por falta de tiempo, este hecho implica que algunas sociedades (europeas, norteamericanas, algunas asiáticas sobre todo las más desarrolladas) están envejeciendo, sus tasas de mortalidad superarán las tasas de natalidad, y la migración no puede contener este proceso, sólo lo atenúa, lo cual amenazará a la larga la supervivencia de dichas sociedades.

Por si esto fuera poco, la ofensiva neoliberal ha tenido consecuencias políticas profundas, ya que a mayor concentración del poder económico mundial y nacional, existe una mayor concentración del poder político de la burguesía transnacionalizada. Las democracias en este sentido, cada vez son más tuteladas y restringidas por el poder burgués internacional imperialista. Chomsky (2004) explica que:

"En cuanto a las consecuencias económicas de las medidas neoliberales… es claro que estas medidas socavan la democracia. Esencialmente, la hacen imposible… hay una muy buena motivación política: la privatización reduce la arena pública por definición y transfiere decisiones de la arena pública a las manos de tiranías privadas que no rinden cuenta a nadie. Las corporaciones no son otra cosa" (p. 23).

Es así como el capital al encontrarse en medio de su crisis estructural, ha venido desarrollando un conjunto de estrategias apuntaladas por el neoliberalismo, para frenar los impactos de dicha crisis. El aumento de la tasa de explotación de los trabajadores y las trabajadoras, la explotación intensiva de los recursos naturales, las privatizaciones, el estado de guerra permanente, la flexibilización de los mercados financieros, el acortamiento de de la vida útil de las mercancías y la fuerza de trabajo, la destrucción de derechos democráticos, entre otros han sido buena parte de las medidas que ha tomado el sistema imperialista mundial para tratar de superar su crisis.

Una buena síntesis de las ideas que venimos desarrollando hasta el momento, nos la ofrece Kurz (2002) con esta reflexión:

"En esencia, se trata de una crisis del propio capital, que, bajo las condiciones de la tercera revolución industrial, tropieza con los límites absolutos del proceso real de valorización. Aunque tenga que expandirse eternamente, por su propia lógica, se encuentra cada vez menos en condiciones para ello, sobre sus propias bases. De ahí resulta un doble acto de desesperación, una fuga hacia adelante: por un lado, surge una presión aterradora para ocupar todavía los últimos recursos gratuitos de la naturaleza, de hacer incluso de la "naturaleza interna" del ser humano, de su alma, de su sexualidad, de su sueño, el terreno directo de la valorización del capital y, con ello, de la propiedad privada. Por otro, las infraestructuras públicas administradas por el Estado deben ser administradas, también a vida o muerte, por sectores del capitalismo privado".

Hace más de 90 años, Lenin (2011) afirmaba que con la aparición del imperialismo (1880-1900) se iniciaba la fase superior del capitalismo (Al imperialismo, hay que calificarlo de capitalismo de transición o, más propiamente agonizante/capitalismo parasitario o en estado de descomposición) en tanto las contradicciones inherentes a este sistema se mundializaban y agudizaban cada vez más.

Debemos tener presente que cuando nos referimos a crisis estructural del capital, definimos una situación histórica en la cual este sistema ya ha demostrado de forma fehaciente que no es capaz de superar sus contradicciones inherentes. Lo anterior tiene que ver con este fenómeno descrito por Mészáros (2001) de la siguiente manera:

"… la fase progresista de la ascensión histórica del capital llega a su conclusión precisamente porque el sistema del capital global en si alcanza los límites absolutos más allá de los cuales la ley del valor ya no puede ser alojada dentro de sus confines estructurales" (p. 173).

A diferencia de las crisis cíclicas que afectan particularidades del sistema como la esfera financiera, comercial o a un determinado ramo de la producción, la crisis estructural es universal, es decir, afecta todos los ámbitos del sistema.

En otro orden, mientras que las crisis cíclicas han afectado a lo largo de la historia un conjunto parcial de países o de regiones cada vez más extensas, la crisis estructural tiene un impacto global que abarca los diversos rincones del planeta inmersos en el sistema del capital.

Por otro lado, la escala temporal de la crisis estructural en las últimas décadas ha demostrado ser continua, permanente, a diferencia de las crisis que por su duración parcial se han denominado cíclicas. En este orden, la crisis estructural implica que las crisis cíclicas se harán más frecuentes y aunque se superen momentáneamente mediante reformas superficiales y medidas remediales, la crisis estructural estará ahí minando la estabilidad del sistema. Mészáros (2009) afirma que la crisis estructural está marcada por un continuum depresivo. En esta línea Stefan Engel (2009) nos expresa que en las últimas décadas se ha incrementado la tendencia al acortamiento del ciclo de crisis y a la prolongación de las mismas.

La crisis estructural afecta íntegramente la totalidad de fenómenos y procesos de un sistema social, mientras las crisis cíclicas, al afectar algunas partes del sistema, no ponen en peligro la supervivencia del mismo, tan sólo bastan algunas maniobras internas para que se supere la situación crítica. En contraste, la crisis estructural pone en cuestión la supervivencia del sistema, y por más maniobras que se apliquen, lo que se logra es ganar tiempo, pero no se frena el desarrollo de esta situación crítica.

Las dos experiencias más importantes de aplicación de sistemas estatales de control y regulación del capital, como lo fueron el keynesianismo y la experiencia soviética fracasaron en el siglo XX, demostrando que el metabolismo del capital es incontrolable, por lo cual, para superar las crisis del capital debe construirse una alternativa radical al sistema imperante, es decir, el capital debe ser superado por un nuevo metabolismo social.

Debemos dejar claro, que hablar de crisis estructural del capital no es afirmar que éste se encuentra a punto de desaparecer, que le faltan pocos años para desmoronarse, ya que parece que muchos intelectuales y políticos han caído en conclusiones economicistas, deterministas y apocalípticas. Pareciera que olvidaran que la Revolución Socialista no es un destino manifiesto, predeterminado, el cual podemos esperar sentados en un sofá, se trata de una opción histórica que debe ser elegida y construida por millones de hombres y mujeres, el dilema “Socialismo o Barbarie” sintetiza este problema civilizatorio.

"¿Cuál es el límite, entonces, que hace finito al capital? No es el que el capital se canse o se ponga senil, que llegue a cierto punto en el que sea incapaz de sobrepasar más barreras. La respuesta que a lo largo de sus vidas ofrecieron Marx y Engels fue coherente: el límite del capital es la clase obrera… los trabajadores ponen el punto final a la historia del capital" (Lebowitz 2006, p. 69).

Frente a esta realidad histórica, lamentablemente algunos sectores dogmáticos del movimiento socialista y comunista tienen más de 100 años pronosticando el inminente fin del capitalismo, lo cual ha llenado de esperanza y frustración a muchas personas. Se ha olvidado muchas veces una enseñanza fundamental de los teóricos y principales dirigentes revolucionarios (Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Fidel, Mao, etc.): para que el capitalismo se caiga hay que tumbarlo y enterrarlo (Chávez dixit), es decir, debe darse una revolución que transforme los fundamentos estructurales de la sociedad existente, en el plano político, económico, cultural, moral, etc. Lenin, el gran revolucionario ruso, dijo que el capitalismo nunca estará en una situación absolutamente desesperada mientras las personas trabajadoras le permitan sobrevivir (Callinicos 2011).

En este orden, de acuerdo al contexto actual, la crisis no desencadenará revoluciones profundas en lo inmediato, porque todo indica que no hay una situación revolucionaria en los países imperialistas. Para que se diese una revolución socialista de impacto mundial, sería necesario una subversión del orden en países metropolitanos como Estados Unidos, Alemania y Japón, sin embargo, no se avizora en estos países una crisis política y social, una situación de insurrección contra el orden estatal, y peor aún, no existen fuerzas sociales capaces de ponerse al frente de una revolución en esas zonas del planeta.

Finalmente debemos distinguir lo siguiente, una cosa es la crisis estructural del capital y otra cosa es la crisis humanitaria producto del orden metabólico del capital. Como dijimos en líneas anteriores, el capitalismo funciona bien con millones de desempleados, millones de hambrientos, enfermos, destrucción ambiental o guerras, estos fenómenos son inherentes a su sano desenvolvimiento sistémico. Por lo tanto, que un gran segmento de la humanidad sufra una crisis permanente, no implica que él capitalismo no esté funcionando, precisamente es todo lo contrario, los problemas que sufren buena parte de los seres humanos es consecuencia de la acumulación ampliada del capital a escala mundial. Sin embargo, esta crisis ambiental y humanitaria presionan sobre la permanencia del orden metabólico del capital, porque por un lado afectan las condiciones necesarias para la reproducción ampliada sistémica y por otro lado cada día lo deslegitiman más.

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