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lunes, 8 de febrero de 2010

Criterios del Che sobre los jóvenes comunistas



Víctor Pérez Galdós
Colaborador de Radio Rebelde


A través de cartas, trabajos periodísticos y en las distintas intervenciones que realizara, el Comandante Ernesto Che Guevara le concedió una trascendental importancia a la juventud.

El Che destacó la necesidad de que las nuevas generaciones de cubanos adoptaran una posición de vanguardia en todas las esferas económicas y sociales para contribuir así al rápido desarrollo del país.

Un ejemplo de ello fue el discurso que pronunció el 20 de octubre de 1962 en el acto conmemorativo por el segundo aniversario de la integración de las organizaciones juveniles cubanas.

En la parte inicial de su intervención señaló cómo resultaba de mucho interés estar al tanto de la labor y evolución de las instituciones y organizaciones que se habían creado en el país, al precisar: “Una de las tareas más gratas de un revolucionario es ir observando a través de los años de revolución, cómo se van formando, decantando y fortaleciendo las instituciones que comenzaron a nacer al principio mismo de la Revolución, cómo se convierte en verdaderas instituciones con fuerza, vigor y autoridad entre las masas, aquellas organizaciones que empezaron en pequeña escala con muchas dificultades, con muchas indecisiones y se fueron transformando mediante el trabajo diario y el contacto con las masas en pujantes representantes del movimiento revolucionario de hoy.”

En su diálogo con integrantes de la organización política de la juventud cubana el Che se refirió al surgimiento de la Unión de Jóvenes Comunistas y la labor realizada por las nuevas generaciones de cubanos en el desarrollo y defensa del proceso revolucionario.

Con respecto a las características de la organización de los jóvenes cubanos, el Che expresó: “La Unión de Jóvenes Comunistas tiene que definirse con una sola palabra: vanguardia. Ustedes, compañeros, deben ser la vanguardia de todos los movimientos. Los primeros en estar dispuestos para los sacrificios que la revolución demande, cualquiera que sea la índole de esos sacrificios. Los primeros en el trabajo. Los primeros en el estudio. Los primeros en la defensa del país.

“Y plantearse esta tarea no sólo como la expresión total de la juventud de Cuba, no sólo como una tarea de grandes masas vertebradas en una institución, sino como las tareas diarias de cada uno de los integrantes de la Unión de Jóvenes Comunistas. Para ello, hay que plantearse tareas reales y concretas, tareas de trabajo cotidiano que no pueden admitir el más mínimo desmayo….”

La Unión de Jóvenes Comunistas, UJC, fue fundada por iniciativa del máximo dirigente de la Revolución cubana Fidel Castro el 4 de abril de 1962 y tuvo como antecedente directo a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, organización que agrupara a la juventud cubana en los años iniciales del proceso revolucionario cubano.

Y al valorar la actitud que debían asumir los integrantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, en el discurso que pronunció en la capital cubana el 20 de octubre de 1962 el Che instó a los jóvenes a reflexionar acerca de lo que significaba pertenecer a esa organización.

“Al mismo tiempo, todos y cada uno de ustedes deben tener presente que ser joven comunista, -enfatizó- pertenecer a la Unión de Jóvenes Comunistas, no es una gracia que alguien les concede, ni es una gracia que ustedes conceden al Estado o a la Revolución. Pertenecer a la Unión de Jóvenes Comunistas debe ser el más alto honor de un joven de la sociedad nueva. Debe ser un honor por el que luchen en cada momento de su existencia. Y, además, el honor de mantenerse y mantener en alto el nombre individual dentro del gran nombre de la Unión de Jóvenes Comunistas. Debe ser un empeño constante también.”

El Che patentizó además su criterio acerca de las principales características que debían tener los militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas al exponer: “Yo creo que lo primero que debe caracterizar a un joven comunista, es el honor que siente por ser joven comunista. Ese honor que lo lleva a mostrar ante todo el mundo su condición de joven comunista, que no lo vuelca en la clandestinidad, que no lo reduce a fórmulas, sino que lo expresa en cada momento, que le sale del espíritu, que tiene interés en demostrarlo porque es su símbolo de orgullo.

“Junto a eso, un gran sentido del deber hacia la sociedad que estamos construyendo, con nuestros semejantes como seres humanos y con todos los hombres del mundo…”

El Che resaltó que el joven comunista debía plantearse ser siempre el primero en todo, por mejorar y por ende formar parte del grupo de vanguardia y “ser el espejo donde se miren los compañeros que no pertenezcan a las juventudes comunistas, de ser el ejemplo donde se puedan mirar los hombres y mujeres de edad más avanzada que han perdido cierto entusiasmo juvenil, que han perdido cierta fe en la vida y que frente al ejemplo reaccionan siempre bien, ésa es otra tarea de los Jóvenes Comunistas.”

Planteó, además, que junto a todo eso los jóvenes comunistas debían poner en evidencia y demostrar con hechos específicos un gran espíritu de sacrificio no sólo en los momentos heroicos sino en todos los instantes y que a su vez debían caracterizarse por la ayuda que eran capaces de ofrecer a otras personas porque para el Che todo joven comunista debe “ser esencialmente humano y ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo humano, que se purifique lo mejor del hombre a través del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo…”

E igualmente hizo referencia a la trascendencia que le atribuía el sentido internacionalista que debían tener los miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas, cuando patentizó: “El joven comunista no puede estar limitado por las fronteras de un territorio: el joven comunista debe practicar el internacionalismo proletario y sentirlo como cosa propia.”

No sólo en este discurso el Che se refirió al papel de la juventud cubana en la Revolución.

Por ejemplo en un trabajo que tituló “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, que fuera publicado por el semanario uruguayo Marcha, el 12 de marzo de 1965, hizo evidente su gran confianza en las nuevas generaciones de cubanos que serían los continuadores en el futuro de la Revolución al señalar: “La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.”

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