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miércoles, 8 de abril de 2009

Juventud y cultura de masas



Fragmento de la reciente entrevista realizada por Dax Toscano Segovia a Vicente Romano, investigador de la comunicación

En América Latina, principalmente entre la juventud, han tenido mucha aceptación los libros best seller de Cuauhtemoc Sánchez o las obras de Paulo Coelho. De igual manera la juventud se siente atraída por las revistas que el mercado les propone donde se habla de música, los ídolos del momento, las fiestas juveniles y donde salen las muchachas y los muchachos retratados en sus espacios de reunión, ya sea en el colegio, en el mall o en su barrio. En el campo musical todavía las y los jóvenes se sienten atraídos por Juanes, Shakira, Britney Spears, Alejandro Sanz, Enrique Iglesias o por ritmos musicales como el Hip Hop o el Rap. ¿Qué elementos positivos y qué elementos negativos tienen estas producciones? ¿Cuáles son las razones para que la juventud se identifique con esos personajes de la música?

Por mi edad no soy consumidor de estos productos, pero como docente universitario sí he podido observar algo los comportamientos de los jóvenes. Aunque los ritmos y melodías de mi juventud eran muy distintos, algunos de mis estudiantes me han enseñado que en su música, para mí estruendosa y alocada, también se manifiesta mucha protesta contra este sistema que los explota.

Sólo puedo decir que el sistema capitalista también ha privatizado los espacios públicos, privando así a los jóvenes de lugares de reunión no comercializados. La reacción de los jóvenes, al menos en España, ha sido la ocupación de ciertos espacios públicos con el llamado “botellón”, algo que las autoridades no ven con buenos ojos y procuran desalojarlos por la fuerza.

Con esta actitud, los jóvenes evidencian una de las carencias de este sistema para establecer y fomentar las relaciones democráticas, tanto para los jóvenes como para los mayores, a saber: los “lugares del tiempo”, esto es, lugares del encuentro, de entrar en contacto, como plazas, patios, etc.

Este tipo de lugares de actividad simultánea parecen desaparecer cada vez más del escenario, ya sea en el trabajo, en público, o en casa. El diálogo con el compañero o compañera de trabajo se ha sustituido por el diálogo con la pantalla del ordenador. La tendencia económica apunta también en otra dirección: la de sustituir los lugares de comunicación intensiva por una profusión cada vez mayor de relaciones comunicativas tecnológicas.

Esto equivale a una creciente mutilación de los aspectos más humanos de la comunicación, la relación e interacción directa entre las personas.

La democracia, como sistema abierto, implica necesariamente espacios abiertos, a los que todos pueden acceder. El espacio público debe ser del público, o mejor dicho, de los públicos, el lugar de encuentro del pluralismo y de la interacción social. En este sentido, los espacios públicos tienen gran importancia para el disfrute y uso colectivo del tiempo libre, de la comunicación, del consumo de cultura, del asueto y esparcimiento, etc.

Es muy significativo que, tras su absorción por la Alemania capitalista, la RFA, los jóvenes de la absorbida Alemania socialista, la RDA, reclamasen la devolución de sus antiguos “lugares del tiempo”, sus lugares de esparcimiento.

La juventud en diversos lugares aparece como contestataria frente al sistema capitalista y al poder adulto adoptando diversas modas en cuanto a peinados, formas de vestirse y hábitos se refiere. Los ideólogos y propagandistas del sistema han sido muy inteligentes, apropiándose en algunos casos de esos elementos de la juventud o en otros fabricándolos ellos mismos para hacerlos aparecer como parte de la rebeldía juvenil. Esto también tiene que ver con el consumo de ciertas drogas. El sistema trata de paralizar a la juventud en unos casos o de cooptarla en otros, dejándoles cierto espacio en el que aparezcan como independientes de esas estructuras de poder. ¿Cómo lograr efectivamente que la juventud no se deje, en forma sutil o abierta, engañar por el sistema y sus mecanismos de alienación?

Por su esencia, el sistema capitalista no puede sino apropiarse de todas aquellas manifestaciones humanas, incluidos los sentimientos, a fin de capitalizarlas. Me parece que los jóvenes son cada vez más conscientes de esta explotación y comercialización. Sorprende que en casi todas las manifestaciones de protesta a que asisto me sienta a veces extraño entre todos los jóvenes que participan. Para mí, esto significa que son conscientes de su explotación y de los deseos de cambio de sistema político, económico y cultural. A nosotros, los mayores, sólo nos cabe contribuir a ampliar su conciencia, como dijo el joven ensayista inglés Ch. Caudwell que murió combatiendo el fascismo durante la Guerra Civil Española. Esto es, contribuir a desentrañar los múltiples y sutiles mecanismos de manipulación y dominio existentes en esta sociedad de libre mercado, como se autodefine hipócritamente.

Aunque lo que impera en la organización social actual es la animalidad, la ley de la selva, los valores del más fuerte, la cooperación y la solidaridad están en el origen de la humanidad. El ser humano surge cuando empieza a prestar atención al otro. Sin la cooperación y la solidaridad no hubiera podido elevar su animalidad a humanidad, crear el lenguaje, la cultura, etc., y alzarse sobre el resto de los animales. De ahí que la solidaridad emerja como una categoría óntica y, al mismo tiempo, política, tanto ayer como hoy.

La juventud es rebelde, impetuosa. Sin embargo, esa rebeldía muchas veces no se expresa contra el sistema como una totalidad, sino contra cosas que competen a la individualidad de cada joven y que tienen que ver principalmente con problemas de su vida cotidiana. A muchas y muchos jóvenes no les interesa militar políticamente en organizaciones revolucionarias, de izquierda. Cansados tal vez por la palabrería, el dogmatismo y sectarismo de diversos grupos, más precisamente sectas, se decepcionan de pertenecer a ellos. La falta de respuestas concretas a esos problemas cotidianos, también aleja a la juventud de esas organizaciones. En cambio, otras y otros jóvenes se vinculan a grupos religiosos o forman parte de clubes de fans de artistas o deportistas. ¿Qué propuestas concretas y qué tareas inmediatas se deberían plantear los colectivos y las organizaciones de izquierda, revolucionarias para que la juventud participe, se implique y se sienta identificada con estos grupos?

Los jóvenes tienen buenas razones para estar desengañados con los partidos y organizaciones de izquierda. En España, al menos, es cierto que su cultura cainita los ha llevado a la fragmentación extrema en que se encuentran hoy. Obsesionados con la conservación de sus parcelitas de poder en el aparato o en las instituciones, malgastan sus vidas y sus proyectos en palabrería huera, a la caza de una supuesta “línea correcta”. Mientras tanto la revolución puede esperar. Y los jóvenes que se acercan a ellos se ven frustrados y lo abandonan pronto.

Pero como el ser humano no puede vivir sin los demás, en plan Robinson, busca satisfacer sus necesidades de relación con los otros en los clubs y sectas religiosas. De ahí que, frente a la ética de la exclusividad y del individualismo haya que contraponer la ética de la solidaridad y la cooperación.

1 comentarios:

Anónimo,  6 de mayo de 2009, 19:32  

Me fascinó el artículo y me siento identificado con él.Creo que es la hora de meditar un poco más acerca de lo que es el manejo del sentimiento de frutración en la juventud, la cual se siente harta de tanta palabra hueca y sin sentido, que ya no dice nada en la práctica de la vida diaria. Yo propondría un foro acerca de cómo se sienten los jóvenes (muchachas y muchachos) en las actuales circunstancias del país: una sociedad caracterizada por la falta de valores éticos, por la doble moral, por la falta de buenas oportunidades de empleo y de educación, por la corrupción político administrativa. Yo me imagino que los jóvenes tienen muchas cosas que contar acerca de la percepción que ellos tienen de esta realidad que los maltrata y los lleva actuar de manera desesperada.Ojo, no estoy justificando la delicuencia juvenil ni los actos bandálicos, solo que hay que ver en realidad qué hay detrás de este comportamiento agresivo de muchos jóvenes. Me fascinaría que hubiese más investigación científica socilógica y psicológica acerca del tema de la juventud y la surversión

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