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viernes, 29 de abril de 2011

Las herejías socialistas en China

Julio A. Díaz Vázquez Rebelión

Tantear una sistematización, en una versión condensada de las experiencias que son identificables, para contextualizarlas dentro de un determinado Modelo Socialista, en los más de sesenta años transcurridos desde la fundación de la Nueva China, por convención pueden, en general, enmarcarse en dos grandes etapas: 1949-1976, y desde 1978, hasta nuestros días. Igualmente, en el primer periodo son destacables cuatro momentos distintivos, cuyos rasgos matrices revelan especificidades, continuidad o adaptación de prácticas reconocidas en los paradigmas socialistas imperantes en la época, así como el tránsito por fallidos intentos de ensayar auténticas herejías alternas al socialismo real.

Sin embargo, cualquier análisis del pasado, presente y futuro económico- político-social de China, para situarse en terreno objetivo no puede obviar, al menos dos factores. El primero, lo constituyen los más de cuatro milenios de historia escrita que acumula su muy especial civilización, lo que la hace una de las de mayor continuidad histórica en la aldea global que ya es el planeta Tierra. El otro, el materialismo histórico – asociado a la obra filosófico-económica de Karl Marx1 --, es el resultado del desarrollo cultural de la Europa Occidental; su trasplante a China dio lugar a una apropiación herética en una sociedad de raíz campesina. El mérito de hacer que el campo rodeara a la ciudad le correspondió a Mao Zedong.


Así, un referente previo a la proclamación (1/10/1949) de la RPCh resultó la primera sesión plenaria (9/1949) del Consejo Consultivo Político del Pueblo Chino (CCPPCh) con la presencia de más de 600 delegados. Instancia que formó inicialmente una especie de Frente Popular con representantes de las minorías nacionales, de los partidos ((8) políticos democráticos2, del Ejército Popular de Liberación (EPL), organizaciones populares, de las distintas regiones del país, chinos de ultramar, así como personalidades patrióticas invitadas a título personal. Este cónclave aprobó un Programa Común que desempeñó el papel de Constitución hasta la aprobación, en 1954, de la Carta Magna de la Nueva China.

Es oportuno señalar que en los inicios de la década de 1940, en uno de los trabajos en que Mao analizó la situación específica de la lucha revolucionaria en China, avanzó el concepto que denominó Nueva Democracia. Argumentó el largo proceso (20-30 años) que para China significaba la perspectiva socialista, dado el carácter semicolonial, semifeudal3 y la necesidad de superar el gran retraso económico. De este modo, la etapa de la reconstrucción se apoyó en un programa político basado en una alianza interclasista constituida por obreros, campesinos, pequeña burguesía y la burguesía doméstica no vinculada con el invasor nipón ni al capital extranjero. Asociación simbolizada en las cuatro pequeñas estrellas de la bandera nacional.

II

Esa idea soslayó establecer un régimen del tipo de dictadura del proletariado y tampoco se aproximó a las democracias populares surgidas en el ámbito centro-europeo. Así, 1949-1952 transcurrió bajo la fórmula de la Nueva Democracia que, en estricto sensu, es identificable con la fase democrático-burguesa en el proceso revolucionario socialista de China. Además, en el trienio fue estructuró un programa con el propósito de lograr la recuperación económica en breve tiempo. Para finales de 1952 las medidas de reactivación y los cambios introducidos en la economía industrial, agrícola y en el comercio rindieron frutos. Se logró que las principales manufacturas y producciones agropecuarias superaran los niveles máximos alcanzados antes de la guerra.

Asimismo, en 1950 se aplicó una reforma agraria que eliminó a los grandes señores feudales y propietarios rurales ricos. Para fines de 1952 ya se habían distribuidos 43 millones de ha. que beneficiaron a unos 300 millones de campesinos pobres. Fueron confiscados los capitalistas que colaboraron con los ocupantes japoneses, el burocrático, las industrias y comercio cuyos propietarios huyeron del país. A la vez, medidas de nacionalización se le aplicaron a las empresas extranjeras, bancos ferrocarriles y grandes capitalistas nacionales.

En las actividades artesanales se estimuló la formación de cooperativas; se favoreció el ordenamiento de un mercado nacional único, mediante la integración de pequeños comerciantes, vendedores ambulantes y cooperativas comerciales. Al mismo tiempo, fue combatió con firmeza la especulación, el juego, prostitución, así como establecidos rígidos controles de precios.

Una peculiaridad específica de China, en relación con otros procesos socialistas, lo constituyó el peso relativo en la producción de bienes de amplio consumo popular que poseían los pequeños y medianos empresarios capitalistas. A este sector le fueron otorgadas ciertas libertades de maniobra; se asociaron sus producciones a los requerimientos estatales, a través de la compra de los productos, suministros de materias primas, financiamientos, participación en los beneficios pero, manteniendo los dueños la dirección de sus actividades.

Por otra parte, la unificación territorial continental (excepto en los enclaves coloniales de Hong Kong y Macao) dotó a China, por primera vez, en cientos de años, de un único poder central. Igualmente, a la irrupción de una nueva clase de campesinos propietarios, susceptibles de comprar, vender y alquilar sus tierras, se sumaron los logros evidentes en todas las esferas de la sociedad que sirvieron para consolidar y afianzar la base popular del nuevo poder constituido en el país.

Además, las finanzas fueron reformadas con la fundación del Banco Popular de China (BPCh); confiriéndosele a esta institución todos los derechos de emisión de papel moneda, la asignación y control financiero, así como el curso monetario del país. Quedó instituido el signo legal de la moneda de la nación con la introducción del renmimbi (moneda del pueblo) que se subdividió en la denominación de yuan (billete o metálico monetario principal), acompañado de otras fracciones, jiaos y fenes en acuñaciones metálicas.

De este modo, al concluir 1952 la RPCh había estructurado una economía mixta; integrada por un sector estatal (socialista), el cooperativo (capitalista-estatal), privada, el individual artesano y el campesino. Aunque, persiguiendo los objetivos propuestos de construir el socialismo tuvo prioridad todo lo que tendiera a fortalecer el desarrollo de las ramas estatales; entendidas como garantes del futuro y condición indispensable para reformar las demás sectores de la economía. En la práctica, el Programa Común había recogido las direcciones principales para el enrumbar hacia el socialismo en la Nueva China.

III

Sin embargo, los éxitos obtenidos en la reconstrucción del país en el trienio 1949-1952 dieron fundamentos para que (8/1952) el propio Mao asumiera que la transición al socialismo era posible resolverla en una etapa de 10-15 años. Así, en 1953-1957, fue puesto en marcha el I Plan Quinquenal de Desarrollo Económico-social de China. Se inspiró en la experiencia soviética adoptando, entre otras categorías: planificación centralizada de la economía, nacionalización de la industria y la propiedad estatal de los medios fundamentales de producción.4

El Plan se orientó a la rápida industrialización del país, con especial énfasis en la industria pesada y la socialización de la agricultura; esta última tuvo tres ejes: autosuficiencia alimentaria, generar excedentes para la acumulación productiva y facilitar mano de obra para el desarrollo industrial. Otro objetivo político-económico contempló la eliminación gradual de la propiedad privada, con trato diferenciado a seguir en el campo y la ciudad.

En 1953-1956 fue nacionalizado el sector privado urbano; una gran mayoría de propietarios se transformaron en rentistas públicos. El Estado fijó las metas productivas, suministró materias primas y distribuía la producción; en contrapartida los empresarios recibían bonos que rentaban determinados tipos de interés. Así, a fines de 1956 más de 60 mil instalaciones fabriles y 280 mil comercios mixtos (privados-estatales) operaban nacionalmente; otros 20 mil pequeños negocios y 2 millones de comercios chicos fueron organizados en cooperativas.

El sector agropecuario, desde 1953 fue transformándose al pasar de los equipos de ayuda mutua (grupos de 6-7 familias) que usaban de conjunto las herramientas, animales y suelos, a formas más avanzadas de cooperación. La tierra, equipos, el trabajo y otros recursos eran compartidos, aunque conservando la propiedad de los medios de producción. En 1956 el 96% de los campesinos y el 90% de la tierra cultivable se agruparon en cooperativas de producción. Entre 1952-1957 los cambios de signo (tabla 1) en las formas de propiedad fueron significativos.

Tabla 1

TRANSFORMACIÓN DE LA ECONOMÍA CHINA EN %

Agrupación 1952 1957

Sector estatal 19 33

Sector mixto 3 8

Sector cooperativo - 56

Sector privado 78 3

Total 100 100

Fuente: Confeccionada a partir de Adler Salomón, La economía China, Fondo de Cultura Económica, México, 1957, Págs. 80-115.


Pero, el sector agrario chino no escapó a la fórmula que ha estado presente en las experiencias socialistas conocidas en las relaciones campo-ciudad: vender caro - comprar barato. Además, soportó elevados impuestos; se programó que aportara el 80% del fondo inversionista. A la vez, la densidad demográfica obstaculizó la mecanización agrícola, necesaria para la rápida elevación de la productividad del trabajo.

Por otro lado, el Plan se benefició de la amplia y multifacética colaboración con los países socialistas, en especial con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Asumió la construcción del núcleo central de las obras (156) para el desarrollo de la industria pesada; envió unos 3 mil especialistas; recibió en Moscú 12 mil estudiantes y facilitó abundante documentación científico-técnica. Aunque los recursos inversionistas externos rozaron solo el 3% del total de lo invertido. Los intercambios comerciales con el bloque de Europa Oriental y la URSS, desde 1954, alcanzaron el 80%. Factor que sirvió para contrarrestar las restricciones impuestas por los socios comerciales occidentales, así como el positivo papel que desempeñó implantar el monopolio del comercio exterior.

El Plan 1953-1957 arrojó resultados innegables. La renta nacional (RN) creció a un ritmo anual cercano al 9%; la producción industrial al 18% y la agricultura al 4.5%. La estabilidad de los precios proporcionó una sensible mejoría en el nivel de vida de la población. No obstante, los éxitos no estuvieron exentos de costos sociales y económicos, entre otros, industrialización sin desarrollo urbano, desproporciones en los ingresos citadinos y rurales, etc. Así, en el VIII Congreso del PCCh (9/1956), entre sus documentos, aprobó las líneas generales para el II Plan Quinquenal (1958-1962). En lo esencial, mantuvo el mismo rumbo estratégico seguido, el ya ensayado modelo económico soviético.

Sin embargo, según diversos sinólogos palpitaban en la cúpula del PCCh sutiles diferencias. Una favorecía las experiencias probadas; la otra abogaba por acelerar el proceso de cambios económico-sociales apoyado en las propias fuerzas. Mao y otros dirigentes serían los abanderados de esta segunda ruta. Posturas que es factible deducirla de varios trabajos de Mao, entre ellos, Sobre las diez grandes relaciones (25/4/1956); plantea de forma abierta que la construcción socialista se ajuste a las condiciones específicas de China; interpretándose como el abandono oficial del modelo soviético; sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (27/2/1957); y posteriormente, Que cien flores se abran y que compitan cien escuelas ideológicas5.

IV

Así, 1958 marcó un nuevo derrotero en el devenir de la sociedad china, con el paso a la línea propugnada por Mao. Surgió una nueva ortodoxia (herejía) socialista; la consigna que el desarrollo económico quedara concentrado en veinte años en un día se materializó en la política del Gran Salto Adelante; generalizó las Comunas Populares. La política ocupó el puesto de mando. En (4/1958) 43 mil campesinos de la provincia de Hunan, integrantes de 27 cooperativas agrícolas, decidieron agruparse para cultivar mejor la tierra, construir industrias locales, cavar canales de riego, trazar caminos, levantar escuelas, etc.; en una palabra, avanzar hacia rápidos progresos en las áreas económico-sociales.

La revolucionaria asociación fue bautizada con el nombre de Sputnik. El (7/81958) fueron publicados sus estatutos; el (29/8/1958) el Pleno del Comité Central del PCCh adoptó una resolución histórica que festejó el nacimiento, y deseó la multiplicación de las comunas populares. Antes de fin de año unas 740 mil cooperativas agrícolas dieron paso a 26 mil comunas. Cada una agrupó, por término medio, unas 5 mil familias. En lo orgánico y estratégico, parecieron constituir unidades básicas de organización del Estado y la sociedad de China. Su accionar abarcó, de modo integral, aspectos económicos, sociales, políticos e incluso militares.

Las comunas constituyeron estructuras cercanas a Estados en miniatura. El régimen financiero estaba dominado desde el Gobierno Central. Pero, las asociaciones controlaban las relaciones con el exterior, así como el sector nacionalizado: depósitos de maquinarias, talleres de reparaciones, pequeñas industrias auxiliares, etc. En las instancias inferiores, fueron delegadas responsabilidades en las brigadas (prefecturas) que supervisaban los equipos de base, esto es las municipalidades.

La planificación y el control centralizado de las empresas se redujeron hasta un 27%; la mayoría de las unidades productivas quedaron sujetas a las autoridades locales, regionales o provinciales. La estrategia consistió en que el crecimiento económico-social acelerara la revolución; todos los sectores de producción tendrían misiones iguales, con atención especial a la agricultura. Los objetivos de inversión no se centraron en grandes unidades; se enfatizó en las tendencias igualitarias en las fábricas – y fuera de ellas -, para conjurar el surgimiento de diferencias en lo social entre los obreros, campesinos y otros grupos de la población. Primó el principio de comer de la olla común y se debilitaron los mecanismos monetario-mercantiles.

En tanto, el desempeño económico de 1958-1960 ofreció rasgos dispares al tratar de conjugar elementos de racionalidad económica, y por otro lado, sustentar las medidas aplicadas en la economía sobre pilares subjetivos, ideológicos y movilizativos. El II Plan Quinquenal resultó un fracaso. El balance del Gran Salto indica que redujo el ritmo de crecimiento de la RN hasta un 3% anual; la producción agrícola cayó en un 4%; se agudizaron las diferencias estructurales de la economía6. En lo humano, quedó la tragedia de los dilates económicos y fenómenos naturales, con su secuela de hambrunas y un saldo de muertes estimado en 30 millones de personas.

Las deformaciones creadas por el Gran Salto Adelante fueron sometidas a rectificación en 1961-1965 bajo la consigna de reajuste-consolidación-completamiento y elevación, condensadas en el llamado a caminar sobre las dos piernas. Se propugnó un crecimiento más equilibrado de la industria y la agricultura. El igualitarismo imperante en las comunas se debilitó a favor de mayores incentivos materiales a la producción; los campesinos recibieron autorización para explotar parcelas individuales.

La planificación fue reforzada, fueron reducidos los tamaños de las comunas, aumentando su número hasta las 74 mil; estimuladas las actividades anexas personales como la artesanía. Especial énfasis se puso en el fomento de la ciencia, la tecnología, la modernización, el incremento de la productividad, los sistemas de incentivos, los controles financieros y contables en las empresas.

Así, la restauración moderada ejecutada propició un notable auge económico. Entre 1963-1965 la RN mostró un elevación cercana al 15%; la producción agrícola, en un 11%; la industria, en un 18%. Por primera vez, la industria ligera aventajó el ritmo de incremento de la pesada, aunque las disponibilidades de bienes de consumo no superaban los de 19577. El pragmatismo que parecía imponerse en el ordenamiento de la economía tenía de cabezas visibles a Liu Shao-qui, Presidente de la República; Deng Xiaoping, Secretario General del PCCh8; y Zhou En-lai, Primer Ministro.

Sin embargo, entre 1962-1965, Mao, personalmente y en los viajes que realizó por el interior del país, emprendió una sutil crítica al desempeño económico en curso, en particular en la agricultura. Enfiló las diatribas contra la cierta autonomía concedida al sector y al cultivo de las parcelas individuales por los campesinos. Denunció una supuesta facción burguesa en el PCCh que procuraba volver al capitalismo, al apoyar, entre otras razones, el empleo de medios y palancas mercantiles e incentivos materiales, descalificando las políticas económicas aplicadas. Propugnó un socialismo perfecto que preservara la teoría y pureza del marxismo; y situó la lucha de clases en el centro político-económico.

El despliegue de lo que sería la búsqueda de un tercer modelo a través de una segunda opción ortodoxa (herejía) socialista, la Gran Revolución Cultural Proletaria, la dio el dazibao (periódico mural) colgado en la pared de la Universidad de Beida (Beijing, 6/1966). Se llamó Cultural por iniciarse con la crítica en la esfera de la cultura; además, aportaría, según el proyecto ideado por Mao, un nuevo y resplandeciente socialismo. En la puerta del Comité Central del PCCH (5/8/1966) Mao colocó su propio dazibao, cuyo título bombardeen los estados mayores resultó todo un programa. Rápidamente se desató una virulenta campaña contra los cuadros del Partido y dirigentes estatales acusados de defender la línea capitalista. Fueron reprimidos, entre otros líderes, Peng Zhen, Luo Ruiquing, Lu Dingyi, Yang Shangkun, Liu Shao-qui y Deng Xioaping9.

La punta de lanza de la ofensiva de las masas destapada por la revolución cultural, recayó en los guardas rojos, destacamentos de la juventud seducidos por el culto a la personalidad de Mao. El radicalismo doctrinal izquierdista instaba a combatir lo antiguo y burgués. A fines de 1967, una vez borrada la oposición dentro del Partido, y consolidados los dictados y el lugar protagónico de Mao, se procedió a la reordenación social -- proceso en el que ejerció influencia la intervención de las tropas del ((8/1968) Pacto de Varsovia en Checoslovaquia --, al ajuste de la economía a parámetros de naturalización y suprimir elementos monetarios-mercantiles. Los guardias rojos fueron desmovilizados; la gran mayoría fue enviada al campo.

La economía sufrió un duro retroceso de 1966-1968. La planificación fue desarticulada, los comités de fábricas del Partido desplazaron a los gerentes y los resortes monetarios e incentivos materiales fueron liquidados. Los vínculos empresariales se naturalizaron y las relaciones de mercado se anularon en la práctica. La agricultura retornó al colectivismo de las comunas; las áreas privadas cultivadas disminuyeron del 15% al 5%. Los mercado-bazars y ferias libres casi desaparecieron. Pero, resultó paradójico que la industria rural fuera estimulada como complemento de las actividades agrícolas.

Tampoco faltó en este curso del desarrollo económico-social de China la glorificación de las virtudes, en mucho inspirado en las experiencias del período heroico de Yenan; y se entronizó el intento de crear el llamado modelo maoísta; encarnación ideal de un socialismo austero. Esta peculiar concepción social justificó el envío de intelectuales, profesionales y citadinos al campo para aprender de las fortalezas del proletariado. Modelo que la (ultra) izquierda socialista identificó como opuesto a la ortodoxia del proyecto europeo del socialismo real.

El desempeño económico sufrió la caída de la producción de casi un 14% en 1967 y de un 5% en 1968. La agricultura decreció cerca de un 3%; solo los ramos vinculados con la defensa y la industria espacial mostraron índices positivos. China explotó con éxito su primera bomba atómica en 1964; y en 1970 puso en órbita el primer satélite. El IV Plan Quinquenal (1968-1972) intentó relanzar las tareas económicas: la tasa de acumulación fue del 37%; el incremento del producto bruto interno (PIB) se fijó en el 6%. El crecimiento medio de la producción industrial mostró los males que aquejó a la economía entre1956-1975. En 1953-1957 la industria pesada creció un 25% y la ligera un 13%; en 1975 fue de un 1% y un 2%. El PIB en 1965-1976 aumentó en un 5%.

El V Plan Quinquenal (1973-1977) siguió la tónica del anterior, al intentar estabilizar el desarrollo económico del país y paliar la irracionalidad del remolino tormentoso entronizado en los años de la revolución cultural. En este tiempo se trató de estimular la producción combinando en algo la sensatez económica con la movilización social en torno a los objetivos productivos.

Finalmente, pretender un juicio pleno de lo que significaron las concepciones de Mao, a partir de 1958, en lo que respecta a la formación de un modelo de socialismo chino que se convirtiera en paradigma mundial, resulta una meta que rebasa los propósitos de este trabajo. Además, cuanta el agravante de la ausencia de una valoración científico-académica integral, que tenga en cuenta, ante todo, los involucrados que vivieron y soportaron en carne propia las consecuencias de aquellas gigantescas agitaciones de masas, o en la práctica, una verdadera guerra civil, y sus efectos directos en la población de China

La política en el puesto de mando se impuso como método y guía práctica para las soluciones económicas durante el Gran Salto. Más tarde, al tomarse como base la lucha de clases, empeñarse en la revolución, promover la producción; generalizan en las ciencias sociales los criterios políticos. Primó la tendencia a reducir, absolutizar y llevar a esquemas carentes de contenido los temas de la economía política y la problemática social; ejemplo, el Libro Rojo con citas extraídas de diversos trabajos de Mao y elevadas a verdades absolutas. En el 2006, a 40 años del inicio de la Revolución Cultural, se efectuó en Beijing un evento a puertas cerradas donde académicos y otros expertos de las ciencias sociales debatieron acerca de los sucesos político-económico-sociales entre 1966-1976. Los resultados no han sido publicados10.

No obstante, tampoco puede ignorar que China logró adelantos significativos en el desarrollo económico, e índices económicos de igualdad -- se denominó el país de las camisas azules por ir todos sus ciudadanos vestidos de ese calor --, en la educación, la salud (los médicos descalzos), así como avances en la igualdad de géneros, etc. Por otro lado, lo alcanzado en la industrialización del país se logró sin apenas urbanización, pues los miembros de los diferentes sectores laborales –campesinos, obreros y empleados – carecían de movilidad y, por lo regular, el lugar de trabajo era intransferible y vitalicio; política que privilegió al sector obrero citadino. Los campesinos en particular, estaban sujetos al hukou (permiso de residencia), que los ataba a la aldea de modo permanente.

Por otra parte, China careció en lo fundamental, entre otros elementos propios culturales, inspirado en la formación de los peculiares modelos maoístas de socialismo, de un sistema de seguridad social estructurado centralmente. La empresa ofrecía trabajo de por vida, jubilación, vivienda, salud, círculos infantiles, etc. Fue bautizado como el de la garantía de los tres calderos de hierro. En el campo, primó el llamado comer de la olla común. Hoy, subsisten dudas del costo de vidas humanas – no hay cifras oficiales; las usadas, mayores que las de la II Guerra Mundial11, son estimaciones que difieren según las fuentes -- ocasionadas por los experimentos inspirados en la muy particular concepción socialista desarrollada por Mao.

Por último, no puede dejar de citarse que las nociones de Mao confirmaron que la política externa es continuación de la interna. Las razones de Estado encontraron materialización en la división geopolítica de los tres mundos: uno hegemónico, Estados Unidos y la URSS; otro, países desarrollados, incluido Japón y los socialistas; el tercero, los países – más China -- subdesarrollados. Salido a la luz pública el conflicto chino-soviético, Mao consideró que el país era el bastión de la revolución mundial, y utilizó toda clase de asociaciones, incluidas con las fuerzas más reaccionarias; en lo externo, alentó grupos políticos tan extremistas como Sendero Luminoso (en Perú); apoyó al sangriento régimen de Pot Pol, en Camboya, y mantuvo relaciones diplomáticas con el de Pinochet en Chile.

En suma, la obsesión maoísta por sentar las bases de una sociedad en revolución permanente parece confirmar que, todo intento de crear un sistema político-económico-social que posibilita administrar con éxito la pobreza, resulta incapaz de de generar y distribuir riqueza. Aunque no debe pasarse por alto que, en el caso especial de China, la herencia autoritaria y el culto a la personalidad que asumió Mao está unida a un legado histórico de más de 2 mil 200 años.

NOTAS

1.- El Modelo Socialista Soviético (1930-1991) construyó y dejó de herencia un instrumental metodológico infalible que elevó a categoría de ciencia social que denominó marxismo-leninismo. Como otras categorías político-económico-filosóficas asociadas a las teorizaciones socialistas como sociedad superior al capitalismo, reclaman un reanálisis donde lo apologético sea separado de lo verdadero científico. El Modelo que el Viejo Topo relegó al museo de la historia, probó que todo régimen social siempre necesita de sicofantes de la ciencia.

2.- Además del PCCh los llamados partidos democráticos son: Liga Democrática de China (1941), Comité Revolucionario del Kuomintang de China (1948), Asociación Democrática de China (1945), Asociación para el Fomento de la Democracia (1945), Partido Democrático de Campesinos y Obreros de China (1930), Sociedad 3 de Septiembre (1944), Liga Democrática y Autonomía de Taiwán (1947), Partido Zhigongdand de China (1925).

3- No es ocioso recordar que el feudalismo en China, aunque coexistió con relaciones de mercado desarrolladas, no generó una burguesía doméstica como en Europa; clase que terminó desplazando del poder a la nobleza. Especificidad poco estudiada – escapa a los límites de este trabajo -; y que llama a un reexamen de lo señalado por Lenin: el mercado engendra cada día, cada hora, cada minuto capitalismo.

4.- Para una sintética caracterización del Modelo Soviético ver: Julio A. Díaz Vázquez, La modernización económica de China: ¿otra herejía?, Revista Temas no.50-51, abril-septiembre de 2007, Págs. 65-66.

5.- Ver, Fan, K.H., La revolución cultural china, Documentos seleccionados, Ediciones Era, México, 1970, Págs. 32-40; Bettelheim, Ch.; Rossanda Rossana, Karol, K.S., China después de Mao, El Viejo Topo, Barcelona, España, 1978, Págs. 78-96.

6.- Ver: Karol, Kewes S., China, el otro comunismo, Siglo XXI Editores, S. A., México, 1967, Págs. 166-228.

7.- Ver: Díaz Vázquez, Julio A.; Regalado Florido, Eduardo, China: el Despertar del Dragón, Editorial de Ciencia Sociales, La Habana, 2007, Págs. 38-39.

8.- Deng Xiaoping, desde 1948 ocupó interinamente la secretaria general del partido. En el VIII Congreso del PCCh (9/1956) lo ratificó en el cargo. Se unió al PCCh en Francia; allí estableció vínculos con Zhou Eng-lai; vivió y trabajó en la URSS por corto tiempo; realizó la epopeya de La Larga Marcha (1934-1935), como comisario político de una unidad. En la guerra contra Japón fue de los principales comandantes del ejército. Mao lo describió como un hombre de cerebro redondo e ideas cuadradas; brilló más por su pragmatismo que por la creación teórica.

9- Ver, la síntesis del proceso en: Ríos, Xulio, China de la A a la Z, Editorial Popular, Madrid, España, 2008, Págs. 34-35; 178-181.

10.-Para un acercamiento desde diferentes óptica al desarrollo de la Revolución Cultural, ver: Karol, Kewes S, La segunda revolución China, Seix Barral, Barcelona, España, 1977. Una aproximación a esos sucesos desde una reflexión personal, ver: Deng, Rong, Deng Xiaoping y la Revolución cultural. Su hija recuerda los años críticos, Editora Popular, Madrid, España, 2006. Un análisis integral y completo en: La revolución cultural china, Macfarquhar, Roderick; Schoenhals, Michael, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2009.

11.- Ver, para esta afirmación a, Jung Chang; Halliday, Jon, Mao, La historia desconocida, Editorial Taurus, Madrid, España, 2006.

* Julio Díaz Vázquez es profesor Consultante del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional Universidad de La Habana


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