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viernes, 29 de octubre de 2010

La Universidad que tenemos


Ángel Miguel Rengifo J-PSUV

Cuando ingresé como estudiante a la UCV en 1954, no había enfrentamientos entre la Institución universitaria y el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Apenas un minúsculo grupo de estudiantes dejaba oír su voz reclamando libertades democráticas. La caída de la dictadura en enero de 1958 convirtió a ese grupo de estudiantes en héroes. Los medios de difusión social inflaron la participación estudiantil en un hecho político, que hacía tiempo había sido cocinado en el Departamento de Estado de USA. Fue una jugada perfecta de los monopolios internacionales, para cortar de un tajo las veleidades nacionalistas de un gobernante que inicialmente había estado al servicio de los intereses estadounidenses. Quienes habrían de sustituirle hicieron un pacto en Nueva York ante la mirada atenta y las indicaciones de funcionarios del gobierno norteamericano. Pacto que fue ratificado en la quinta “Punto Fijo” propiedad del Dr. Rafael Caldera después de la caída del dictador.

Una vez que se instalaron en Miraflores los pactantes de “Punto Fijo”, comenzó el enfrentamiento de un grupo de estudiantes y profesores de la UCV con el gobierno. La institución universitaria como tal no participaba del pugilato verbal, que cada día se hacía más violento hasta transformarse en un enfrentamiento armado que oficialmente era entre el PCV-MIR y el gobierno. Sin embargo, la universidad sufrió una serie de allanamientos violatorios de la autonomía universitaria y numerosos estudiantes y profesores fueron presos o asesinados por los aparatos represivos del Estado. Los gobiernos de AD-COPEI, no diferenciaban a un guerrillero de un estudiante o profesor reclamando sus derechos constitucionales. La prensa y la TV guardaban silencio o daban informaciones torcidas.

Quien escribe, era profesor asistente de la Facultad de Medicina, cuando fue hecho preso a consecuencias del allanamiento de la UCV por Raúl Leoni en 1966. Me torturaron y estuve en un calabozo de la DIGEPOL con delincuentes comunes, sin que se me dictara un auto detención emitido por un juez. Al cabo de tres meses fui puesto en libertad sin decirme porque me habían hecho preso. Ni la UCV ni nadie dijo que me estaban violando mis derechos humanos. Pequeña diferencia con el presente ¿verdad?

En esos tiempos la universidad sólo le planteaba al gobierno la necesidad de incrementos presupuestarios, para contratar más profesores y personal administrativo con el fin de absorber la oleada de estudiantes sin cupo, que reclamaban agresivamente su ingreso a las universidades nacionales. El gobierno temeroso de que esos estudiantes crearan disturbios, que fueran aprovechados por los subversivos, daba el dinero, pero menos del exigido. La universidad lo tomaba sin chistar y sin cambiar la concepción de la docencia universitaria, le daba cabida al contingente de jóvenes que excedían la capacidad física de la Institución. Así, con presupuestos restringidos, se crearon nuevas Escuelas sobre basamentos docentes obsoletos. La universidad sólo en el papel era “una comunidad de estudiantes y profesores en busca de la verdad”. En la práctica era un conglomerado anárquico que no sabía a donde iba. Desdichadamente, así han transcurrido 40 años.

El busto de Vargas ha sido testigo silencioso del paso de autoridades rectorales de todos los matices del espectro político venezolano y aún somos una institución anárquica sin rumbo definido.

Hemos observado desde hace 10 años un enfrentamiento de la UCV con el gobierno de Chávez, que no ha pasado de dimes y diretes con los funcionarios designados por el Ejecutivo para dirigir la Educación Superior. Ha sido una especie de ping pong retórico alrededor de un tema único: “las deficiencias presupuestarias de la Institución”. Hasta ahora ha sido una pobre demostración de las autoridades universitarias y de los representantes del Ejecutivo Nacional, porque los problemas de fondo de la Institución han sido sistemáticamente soslayados: Repitencia, obsolescencia curricular, excesiva carga burocrática, investigación científica pobre y de espaldas al país, Escuelas y Facultades que debieran desaparecer por estar fuera del contexto del desarrollo del país, etc. La búsqueda de la verdad aún no ha salido del papel en que fue escrita la ley de universidades.

El camino que ha tomado la UCV de enfrentamiento permanente al gobierno, como parte de ese combo opositor, es una actitud de desafío político que obviamente no augura en absoluto ningún futuro promisorio para las universidades autónomas. Veamos por qué.

Venezuela, evidentemente, está dividida políticamente en dos parcialidades antagónicas que chocan cotidianamente. De un lado los que respaldan a Chávez y sus propuestas políticas, económicas y sociales. Estos forman un conglomerado soñador más o menos homogéneo, integrado esencialmente por excluidos sociales que sueñan con vivienda propia, educación para sus hijos, trabajo seguro y recreación. Paralelamente hay un grupo de excluidos intelectuales que sueñan con un mundo de personas socialmente iguales, donde predomine la paz, la solidaridad y el amor.

Del otro lado hay un combo denominado Oposición, económicamente heterogéneo y políticamente disperso, donde predomina una visión inmediatista y estrecha del mundo, y cuyo único punto de coincidencia es la oposición a Chávez. En este combo opositor existe una masa anónima de más de 5 millones de personas, formada por gente clase media y pobres que piensan como clase media, que rechazan sin argumentos a un gobierno que está impulsando cambios sociales, en plena democracia, para alcanzar niveles de desarrollo que dignifiquen al venezolano y le den soberanía al país. En muchos de esos opositores se observa señales inequívocas de que los medios privados han logrado implantarles un odio irracional hacia Chávez.

En este agrupamiento político está inserto buena parte del profesorado de las universidades autónomas, conjuntamente con las autoridades rectorales y Consejos universitarios, los que a su vez han establecido una asociación política con las universidades privadas. Asociación que estimuló la aparición de un nuevo componente del combo oposicionista: un precario movimiento estudiantil con líderes prefabricados por los medios de comunicación privados, con no sólo un confuso pensamiento político, sino también con una ignorancia impresionante; pero, eso sí, con una conducta perfectamente definida, que responde a dictámenes foráneos.

Esa amalgama de intereses políticos la completa los que exhiben un odio que no es visceral y conspiran abiertamente contra el gobierno, porque sus intereses económicos y políticos están ligados al neocolonialismo transnacional y reciben instrucciones y financiamiento para impulsar planes y acciones desestabilizadoras contra el gobierno.

Como voceros de esa masa oposicionista se presenta un grupo de políticos que ocupa diariamente los espacios de opinión en los medios audiovisuales privados, algunos antiguos izquierdistas y el resto dolientes de la IV República, todos absolutamente carentes de criterios unificadotes. Ellos adversan los planteamientos políticos y económicos del gobierno con mentiras y medias verdades, atizando la conflictividad entre chavistas y antichavistas sin anteponer proyecto político alguno.

Con relación a esa conflictividad, diríamos que no ha sido mala en sí mismo, puesto que funcionó como un boomerang contra la oligarquía criolla y estimuló el desarrollo de un proceso revolucionario. Pero esa conflictividad cumplió su papel y en este momento ayuda muy poco al desarrollo socio-económico del país, porque Venezuela necesita del esfuerzo sostenido de todos sus pobladores para avanzar a un velocidad acorde con las necesidades.

Esa conflictividad también ha permitido a una fragmentada Oposición obtener beneficios políticos, pero es evidente que tampoco les da para más. ¿Por qué?

La Oposición ha alcanzado un máximo electoral de 5.877.646 votos en 2010, resultado de un incremento de 683.807 votos en comparación con 2009. En unas elecciones locales, focalizadas en distritos electorales y que no tienen la misma significación para el elector que cuando se vota por un candidato en elecciones nacionales. Por ello, es muy posible que el techo electoral de la Oposición sean esos 5.877 .646 votos que obtuvieron para la A.N. lo que significaría que Chávez tendría un universo de aproximadamente 13 millones de votos para obtener los 6 millones de votos necesarios para ser reelegido en 2012..

Esta apreciación es resultante de pensar, que ahora la Oposición se enfrenta al reto de actuar como un bloque único en la AN, durante dos años de”soterrada” campaña electoral presidencial, en la cual deben promover leyes novedosas en beneficio de la clase media y los pobres. Además, trabajar inteligentemente para presentar un solo candidato y un programa de gobierno que agrade a los sectores de ingresos medios y al menos una parte sustancial de los excluidos sociales.

La clase media no puede hacerse la ilusión de que esa dirigencia fragmentada, oportunista y torpe vaya a cambiar el rumbo revolucionario que el país ha tomado en los años que van del siglo XXI. Los que fungen de dirigentes de la Oposición no van a cambiar, porque no pueden: Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff son octogenarios frustrados llenos de resentimientos que no los dejan pensar con tino. Los adultos mayores de AD y COPEI viven del pasado y el futuro se les agotó, sin poder recomponer las viejas estructuras partidistas. Otros, acostumbrados a no trabajar que se quedaron sin partido, como Pablo Medina y Andrés Velásquez, andan como ánimas solas en la búsqueda de migajas que puedan quedar del reparto de las “ayudas” que le llega a la Oposición del extranjero. Están los estorbos de Manuel Rosales y Pedro Carmona Estanga en el exterior, que quieren regresar perdonados por sus fechorías y en plan de líderes. Esos factores, sin contar con otros como la intromisión de la Embajada de USA, el individualismo y la mezquindad de la mayoría de los que fungen de líderes de la MUD y los militares golpistas, impedirán a la Oposición consolidarse como una fuerza homogénea con objetivos políticos definidos. Los jóvenes que les secundan no tendrán otra alternativa que deambular entre los restos de estructuras partidistas corroídas por la ceguera política, en espera de un milagro que nunca ocurrirá. La revolución seguirá andando y consolidándose inexorablemente.

Algunas individualidades políticas ligadas al gobierno hablan de la necesidad de un diálogo para evitar la conflictividad cotidiana que pueden conducir a la anarquía, lo que significaría que todos perderíamos. Habría un retraso significativo del ensayo político de cambio real que vivimos y la Oposición desaparecería por razones obvias.

Un diálogo creativo, abriría compuertas para garantizar la continuidad y aceleramiento del desarrollo nacional al abrir espacios de luz para todos los hombres y mujeres que conforman el pueblo venezolano.

Pienso que el fin de la conflictividad sólo podría lograrse, si se convence a la mayor parte de la masa amorfa que se opone sin argumentos a los cambios, que ellos también ganan con el proceso político revolucionario que vive el país. Pero eso no se logrará a través de un simple diálogo entre actores políticos, porque es necesario no sólo establecer objetivos bien definidos a corto plazo, sino que debe proyectarse en una dimensión futurista.

Un diálogo sin definir previamente objetivos políticos, económicos y sociales no pasa de ser intentos de \”concertación\”, \”diálogo político”, \”acuerdos” o “pactos” que fueron prácticas del pasado para satisfacer ambiciones personales y de grupos, que dejaron como resultado frustraciones y desengaños para el pueblo venezolano.

La oposición tiene sus referentes en materia de diálogos políticos y pactos. Los copeyanos viejos, los reencauchados y la alta jerarquía católica tienen el \”Pacto de Benidorm\”, un acuerdo alcanzado entre los liberales y los conservadores, con el fin de poner término a la crisis política que se vivía en Colombia, después del proceso de violencia desatado en 1948 con el asesinato del líder popular Jorge Eliecer Gaitán. Los resultados concretos se expresan en el estado de guerra que aún hoy, después de 62 años de tal pacto, vive el país hermano.

La derecha apegada a la Madre Patria, tiene los \”Pactos de la Moncloa” que permitieron la transición democrática en la España post-franquista, sin castigo a los asesinos seguidores del caudillo.

Los adecos y sus similares, añoran los pactos y acuerdos que comenzaron en Nueva York para la transición “democrática” después de la caída del gobierno dictatorial del Gral. Marcos Pérez Jiménez y que siguieron con el Pacto de Punto Fijo para mantenerse en el Poder por 40 años y propiciar la entrega de nuestras riquezas naturales a las transnacionales neocolonialistas..

Por diferencias en el tiempo, el espacio y las circunstancias, el diálogo que se plantea hoy tiene que ser diferente a los que la historia política mundial nos refiere. Por ello, primero tendríamos que preguntarnos quienes son los interlocutores para un diálogo sistemático, que haga viable la construcción de un nuevo espacio para la gestión democrática de los conflictos en nuestra sociedad. Diálogo donde hay que superar visiones polarizadas de los conflictos, mediante el reconocimiento de la complejidad que caracteriza la multiplicidad de intereses y de actores, y la necesaria identificación de un ámbito de respeto y tolerancia. También considerar que nuestra problemática está directamente vinculada a la multiplicidad de interlocutores, portadores a su vez de intereses y proyectos, que entran en una compleja interrelación contradictoria.

Es necesario dialogar para construir nuevos significados que integren expectativas diferentes y aun contradictorias. Tal es el desafío que aparece en el proceso del diálogo en nuestra sociedad.

En la agenda del diálogo deben tener prioridad tres grandes problemas, no resueltos por el proceso revolucionario a pesar de la voluntad puesta en su solución y que es una obligación del Estado darles respuestas con eficiencia y prontitud. Ellos son: Salud, Educación y Seguridad, cuya solución depende de que se transformen en un pensamiento colectivo.

En Salud la desconexión entre un enjambre de entes públicos y privados dispensadores de salud, con conceptos y normativas a veces con un claro antagonismo, constituye una ineficiente y pesada carga económica y política para el Estado, así mismo para los ciudadanos que acuden al sector privado en búsqueda de tratamiento a sus enfermedades.

En Educación hay otra pesada carga económica y política para el Estado y para buena parte de la población, ya que los objetivos de la educación son confusos, resultado del conflicto entre los intereses de las instituciones educativas privadas laicas, los de corte religioso y los no claramente definidos del Estado venezolano. No hay que dejar de lado la severa repercusión negativa de tal confusión en la Educación Superior, donde tenemos que las universidades autónomas han hecho un frente común con los políticos de la IV República y los golpistas, para oponerse torpemente al gobierno en detrimento del país.

La Seguridad personal es realmente costosa para el Estado y la ciudadanía. Es un tema en el que seguimos en el limbo. Nadie sabe lo que sucede en ese amasijo de múltiples cuerpos de Seguridad, grupos parapoliciales al servicio de políticos, bandas hamponiles formadas por funcionarios policiales, funcionarios policiales sicarios, agentes del narcotráfico, jueces venales y fiscales del ministerio público asociados al delito. De remate tenemos unas cárceles convertidas en campos de batalla con partes semanales de muertos y heridos..

Tenemos expertos en todas las áreas del saber y poca tradición de lucha en la búsqueda de la Verdad. Es necesaria la voluntad política de actuar desprejuiciadamente dejando de lado el dogmatismo y el sectarismo.

Los acuerdos recientes entre Colombia y Venezuela son una muestra fructífera del alcance del diálogo.

Evidentemente en nuestro país no habido ni hay criterios definidos, en cuanto a cómo convertir a nuestras universidades en factores fundamentales del desarrollo nacional. Con sólo abrir el correo ucv.ve en nuestras computadoras y leer los artículos de opinión de los universitarios en los periódicos, nos damos cuenta de una aparente vaciedad del pensamiento universitario. Estoy seguro que las universidades y en particular la UCV tiene suficientes cerebros para revertir esa impresión. Necesitamos despojarnos de prejuicios para abrir espacios al pensamiento creativo.

Vivimos en un mundo donde hay miríadas de problemas que esperan ser investigados, discutidos y resueltos. Mientras los universitarios venezolanos empleamos nuestro tiempo en diatribas estériles fungiendo de políticos y culpando a otros de nuestras propias incapacidades y errores.

Hoy es imperativo que las universidades (todas) se pongan al frente del progreso del país para ganarse la simpatía y confianza de todos los ciudadanos, abriendo espacios para el diálogo en busca de soluciones a los problemas que afectan a las más amplias mayorías del país.

Para cumplir con su papel de vanguardia intelectual del país, las universidades (todas) tienen que ser innovadoras, por lo tanto las autoridades universitarias cualquiera sea su pensamiento político, tienen que dejar de ser dogmáticas y sectarias, para permitir que el país, pensando en grande, pueda utilizar todo su potencial para su desarrollo socio-económico. Ese potencial está representado en este momento, por más de dos millones de estudiantes universitarios, los millones de muchachos en la Secundaria, y a los que hay que agregar una legión de profesores calificados.

Por ello, es necesario que el gobierno y las universidades (todas) lleguen a acuerdos para el desarrollo de proyectos institucionales que tengan un impacto directo en la solución de problemas nacionales: masificación de la formación de profesionales de la Salud, masificación de la formación de ingenieros metalúrgicos, químicos, automotores, petroleros etc. y sobre todo, masificación de la formación de técnicos y científicos en todas las áreas del conocimiento.

No es suficiente crecer en progresión aritmética, es imprescindible un crecimiento logarítmico

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