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lunes, 9 de noviembre de 2009

Primavera en octubre


Somos Jóvenes

Cada vez que cerramos una etapa de nuestras vidas nos inclinamos a reseñar los principales momentos vivenciados. Pueden diferir los hechos escogidos pero, sin dudas, lo común entre algunos de ellos, es haber sido períodos de grandes transformaciones y mucha turbulencia.

A propósito de esto, en los finales del pasado siglo, cientos de publicaciones y medios de comunicación ofrecieron al mundo la lista de los hechos y personalidades más sobresalientes de ese período. Era una necesidad del hombre patentizar todo aquello que lo hubiese conmocionado.

Por derecho propio, la Gran Revolución de Octubre, y con ella la figura de Vladimir Ilich Lenin, fue uno de los hechos de obligatoria presencia. Ya antes el mundo europeo, gestor de grandes cambios mundiales, había sido conmocionado por otras revoluciones; sin embargo, ninguna había tenido un carácter tan popular y esperanzador como la de 1917.

Desde el ocaso del siglo XIX, el sistema capitalista arreciaba contra las capas más humildes de la sociedad haciéndolas caer de rodillas. La esperanza de la instauración de gobiernos democráticos, el respeto a las libertades, el derecho a la autodeterminación y la posibilidad de poner los medios de producción en manos del pueblo, movilizaban el interés y el accionar de miles de personas.

Si bien los enfrentamientos provocaron la muerte de millares de personas, el sacrificio sirvió para cimentar un proyecto social abocado a despertar las mejores virtudes de los hombres y mujeres.

Comprendiendo las indudables simpatías suscitadas por la Revolución de Octubre entre los trabajadores, los círculos gobernantes de los países burgueses utilizaban todos los medios para desacreditarla. La prensa de los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania y otros países reflejaban supuestas monstruosidades cometidas por los bolcheviques.

Mientras, las personas que apoyaban y difundían la verdad sobre la nueva Rusia eran sometidas a represiones y persecuciones. A pesar de las medidas tomadas por los círculos de poder de los países capitalistas, la verdad se abría paso a través de las sombras.

¡Viva Lenin! ¡Viva Rusia! eran consignas, repetidas y patentizadas a través de toda la URSS. En otras naciones, las consignas eran gritadas como una amenaza a la burguesía y como la esperanza de una vida mejor.

La esencia de la Revolución Socialista de Octubre significó el encuentro de alternativas de beneficio para miles de personas mediante un sistema donde el concurso de todos potenciaría un desarrollo espiritual del individuo.



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