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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ante la Cumbre Mundial celebrada en Copenhague


CJC

Entre los días 7 y 18 de diciembre, más de 40 líderes
políticos del mundo capitalista se reunirán en Copenhague
(Dinamarca), para hablar del cambio climático. La
cumbre de Copenhague pretende retomar los acuerdos
de Kyoto, pero con objetivos menos ambiciosos.

Nuevamente, escucharemos hablar de reducción de gases
de efecto invernadero y energías verdes pero, probablemente,
sin ningún acuerdo vinculante. En cualquier
caso -exista acuerdo o no- no deja de resultar paradójico
que el mismo sistema que destruye el Medio Ambiente,
quiera proyectarse como su salvador.

La realidad es que no hay país del mundo capitalista
donde se proteja el Medio Ambiente. La lógica dominante
bajo este sistema es la del máximo beneficio económico.
El auténtico problema con el Medio Ambiente no es
una cuestión principalmente de ética, sino fundamentalmente
de intereses económicos. Por eso, los comunistas
no creemos que las soluciones estén únicamente en
generalizar una conciencia ecologista, sino en un cambio
completo de modelo económico, enfrentado al capitalismo.


Esto, que para los revolucionarios es una obviedad,
no es algo sencillo de entender para todo el mundo,
incluyendo a determinadas sensibilidades ecologistas.
Efectivamente, el capitalismo ha desarrollado toda una
campaña propagandística centrada en la energía verde.

¿Puede ser el capitalismo “verde”? De ninguna manera.

La diferenciación entre “energía limpia” y “energía sucia”
abre la posibilidad a muchas empresas de invertir en un
mercado virgen. La “energía verde” en realidad esconde
el negocio de multiplicar las capacidades productivas
instaladas -de forma innecesaria-, no en función de las
necesidades reales de consumo energético, sino en
función de cómo se produce esa electricidad: si de forma
“verde” o no.

En realidad, toda producción de energía tiene un impacto
medioambiental, incluyendo la eólica (sobre la migración
de las aves, sobre el paisaje), la solar (sobre todo,
cuando se transforman terrenos de cultivo en grandes
parques solares, con cables de alta tensión y transformadores)
o la hidraúlica (construcción de grandes presas).

La clave no está únicamente en encontrar formas más
limpias de producir, sino en reducir el consumo y romper
el mito de que el ser humano tiene necesidades crecientes
de energía y bienes de consumo. Esta necesidad no
es del ser humano, sino del capitalismo depredador, que
necesita mercantilizar todo y que sale ganando cuando
el consumo es más elevado.

En el Estado Español, tras la construcción, la energía es
la próxima burbuja especulativa, muy ligada a la construcción
de infraestructuras, como el Tren de Alta Velocidad.

De hecho, en los últimos 8 años, la producción de la
industria pesada apenas han crecido un 2’4%, los bienes
de consumo un 0’9%, pero la energía ha crecido en un
espectacular 18’4%. Esto es una consecuencia de la
liberalización de la energía y da una idea del carácter de
la economía capitalista española: un modelo parasitario
y dependiente de los grandes chollos.

Sin embargo, la liberalización del sector eléctrico no se
dio a nivel estatal, sino europeo. Es parte de la política
monopolística de la Unión Europea, una alianza supraestatal
del capital y para el capital.

Los comunistas de CJC y PCPE, ante la cumbre de Copenhague,
decimos:


1)Que ninguna reunión de líderes del capitalismo podrá
poner fin a la destrucción masiva del Medio Ambiente.
2)Que la destrucción del Medio Ambiente no es una
consecuencia necesaria de la Economía moderna, sino
únicamente del modelo capitalista. Es posible otro modo
de sociedad, que combine desarrollo económico y Medio
Ambiente.

3)Que para combinarlo, es necesario atacar el origen
de la actual destrucción del Medio Ambiente, que no es
otro que los intereses económicos dominantes de esta
sociedad. Para ello, es imprescindible cuestionar la base
de esos intereses económicos: la propiedad privada de
los medios de producción.

4)No puede haber un verdadero ecologismo, si no se
cuestiona la base económica del capitalismo. No puede
haber socialismo, sin un cambio radical en relación al
Medio Ambiente. Lo que está en juego, como dijo Fidel
Castro cuando reflexionaba sobre un desarrollo que
respete el Medio Ambiente, es la supervivencia del ser
humano.

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