Contacto: juventudsurversiva@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Marx Vive. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marx Vive. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de mayo de 2010

Carlos Marx y José Martí

Carlos Rodríguez Almaguer Juventud Rebelde

Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. *

Este 5 de mayo se cumplen ciento noventa y dos años del natalicio de quien es considerado, con razón, el creador de la teoría científica del proletariado: Carlos Marx, que vino al mundo en Tréveris, en 1818. Catorce días más tarde, conmemoraremos el aniversario 115 de la caída en combate, en Dos Ríos, de aquel a quien llamamos, también con razón, el Apóstol de nuestra Independencia: José Martí.

No hablaremos en este breve espacio de lo que han significado desde entonces hasta nuestros días los estudios de Marx respecto a las relaciones sociales entre los hombres y su descubrimiento de la ley del desarrollo de la historia humana: «el hecho, tan sencillo —nos dice Federico Engels— pero oculto hasta él bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita en primer lugar comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo»1. Hablaremos, solamente, de la opinión que le mereció el Prometeo de Tréveris a nuestro Apóstol.

Cuando el 13 de mayo de 1883 José Martí reseña en su correspondencia para el diario La Nación, de Buenos Aires, uno de los homenajes con que la clase obrera de Estados Unidos honra la memoria de Carlos Marx, quien había dejado de existir el 14 de marzo anterior, en Highgate, Londres, a las dos y cuarenta y cinco minutos de la tarde, escribe: «Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones».

Si tenemos en cuenta la pasión martiana por la justicia, «ese sol del mundo moral» que había aprendido a querer y a respetar en las enseñanzas de su maestro Mendive que tan directamente las había tomado de Don José de la Luz, entenderemos entonces la admiración con que escribe el cubano, que recién ha cumplido su tercer año de residencia en la nación norteamericana, sobre aquel gigante del pensamiento, cuyo retrato —según testimonio de un testigo presencial que ha tratado de ser desvirtuado desde mediados del siglo pasado, seguramente por razones políticas y mezquindad ideológica— junto al de otras cuatro cumbres del género humano, adornaría luego la paredes de su humilde oficina de 120 From Street, en Nueva York.

Se entenderá el rechazo natural que un poeta, un humanista como Martí, podrá sentir por las luchas violentas y el enfrentamiento entre los hombres, de lo cual nos había dejado ya testimonio al abordar el asunto de la rebelión encabezada por el general Porfirio Díaz, que derrocó al gobierno constitucional en México, y sobre lo que escribirá con tristeza: «Otra vez los pensamientos de los hombres caerán bajo los cascos de los caballos». Si a ello le sumamos los métodos violentos de la manifestación más visible del ideal socialista en los Estados Unidos de esa época, el anarquismo, traído en los espíritus esquilmados de los inmigrantes europeos no acostumbrados, en la oscuridad de las monarquías, al ejercicio republicano que aún existía en la nación del Norte, y promovido entre los trabajadores norteamericanos a partir de malas traducciones, sin acceso la mayoría de ellos a los idiomas originales en que habían sido escritos los textos fundamentales de aquella ideología, lo cual llevará a Martí años después a hablar de «las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas», comprenderemos por qué, entre uno y otro elogio, habla del espanto que le produce «echar a los hombres sobre los hombres». Son los mismos escrúpulos, venidos de su raigal humanismo, que lo llevarían años más tarde, obligado por las circunstancias, a organizar la que llamó «guerra necesaria», que consistía también en echar a unos hombres, los buenos, sobre otros hombres, los malos, fueran españoles o cubanos, aun cuando sinceramente exigiera, tanto en sus discursos políticos, en el aluvión de cartas, como en sus circulares militares, que se hiciera «una guerra sin odio».

De aquel que en sus análisis sobre las políticas migratorias europeas se había fijado brevemente en la injusticia que contra el general cubano José Maceo habían cometido las autoridades de Gibraltar, devolviéndolo a las prisiones españolas; del que bajo su techo había acogido como a hijo a un cubano notable —hijo de Santiago de Cuba, hoy casi desconocido y sobre el que se ha publicado en Cuba no hace mucho una excelente obra—: Pablo Lafargue, esposo de una de sus hijas, nos dirá Martí en sus Cartas a La Nación: «Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos». Y trazará con su pluma centelleante el cuadro magnífico del hombre imperfecto y sublime «que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. Él veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha».

* José Martí. La Nación, Buenos Aires, 13 de mayo de 1883.

1 Federico Engels. Discurso pronunciado ante la tumba de Marx, el 17 de marzo de 1883.

Fuente:http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2010-05-04/carlos-marx-y-jose-marti/

Leer Más......

miércoles, 27 de mayo de 2009

Un "manga" sobre El Capital, de Marx, se convierte en best-seller en Japón


Agencias

El Partido Comunista de Japón, que estuvo prohibido antes de la Segunda Guerra Mundial y después fue considerado un grupúsculo, está creciendo a medida que se profundiza la crisis económica en el país.

Un "manga" o revista de historietas japonesa sobre El Capital de Carlos Marx se ha transformado en un best-seller en todo el país; y un cuento de la entreguerra sobre la explotación de los trabajadores encontró nuevos lectores como cómic. La versión "manga" de Das Kapital es un best-seller, al igual que el cómic del clásico de 1929 Kanikosen o el Barco Enlatador de Cangrejos, del escritor comunista Takiji Kobayashi, que describe la brutal explotación de los trabajadores. La versión cinematográfica se estrena este verano (boral), con la actuación de la estrella ascendente Ryuhei Matsuda.

A pesar de ser la segunda economía del mundo, Japón asiste al surgimiento de un movimiento juvenil que cuestiona el sistema capitalista, cuando su economía sufre la peor recesión desde 1945, con megaempresas en rojo que eliminan puestos de trabajo.

El Partido Comunista de Japón no pregona la revolución violenta, y sus miembros dicen que no comulgan con las doctrinas del ruso Lenin ni del chino Mao, ni siquiera con las ideas del movimiento estudiantil radical de los años 60 y 70. Pero la desilusión con los partidos políticos tradicionales y con los sindicatos ha hecho que el partido crezca a un ritmo de 1.000 nuevos afiliados por mes, mientras su diario Bandera Roja es leído por más de 1,6 millones de personas, según dirigentes.

"Este es el segundo país capitalista", afirmó Kimitoshi Morihara, vicepresidente del buró internacional del partido. "Pero ahora la situación es bastante difícil, particularmente para los jóvenes". La desreglamentación del mercado de trabajo ha facilitado a las empresas emplear y despedir trabajadores, y el tradicional empleao de por vida japonés ha dado lugar a la incertidumbre y salarios más bajos para la última generación que entró al mercado de trabajo.

El Partido Comunista Japonés, fundado en 1922, fue legalizado recién después de la Segunda Guerra Mundial. Desde los turbulentos años 60 y 70 ha sido un sempiterno partido de oposición. Actualmente sólo tiene 16 bancas de las 722 del parlamento, lo que lo convierte de todas maneras en el cuarto partido político del país, pero sus afiliados están aumentando, mientras que los de los demás partidos caen. Y se está haciendo sentir en la calle.

La manifestación del Primero de Mayo en Tokio, coorganizada por el partido, atrajo a 36.000 personas, muchos jóvenes.

http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?25246

Leer Más......

  ©Template by Dicas Blogger.