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jueves, 9 de junio de 2011

Eslovenia e Islandia: cuando lo pequeño es políticamente hermoso


Ciudadano Pérez Kaos en la Red

Eslovenia es un pequeño y hermoso país, dos características naturales que también definen a Islandia. Ambos países comparten asimismo una práctica poco común: "una política como si la gente importara". Primero fueron los islandeses, rebelándose contra los bancos. Ahora, los eslovenos acaban de rechazar en referéndum la reforma del sistema de pensiones propuesta por el Gobierno. Igualito que en Celtiberia Show.

Las respectivas ciudadanías eslovena e islandesa se han movilizado para exigir que su opinión sea tenida en cuenta por los gobiernos. Esta obviedad constituye la premisa elemental de la democracia, pero que no se practica en Estados como el español. Aquí, la soberanía popular ha sido secuestrada por los poderes económicos ante la impotencia de una clase de políticos profesionales cuya casi única preocupación consiste en organizar sus prebendas personales.

Hay que buscar con lupa una de esas noticias que no se destacan en titulares a cinco columnas en las portadas de papel o electrónicas de los grandes periódicos: en Eslovenia, un 72 por ciento de los electores acaba de rechazar en referéndum la reforma del sistema de jubilaciones propuesta por su Gobierno.

La reforma de la ley de pensiones rechazada por los eslovenos preveía una prolongación de la jubilación para varones y mujeres hasta a los 65 años, así como una reducción del pago de las jubilaciones por el cambio de contabilidad de los años de cotización. Al igual que en el caso español, esta reforma viene auspiciada por las directrices del Consejo Europeo, que invita a los Estados miembros a reformar el sistema público de pensiones conforme a la doctrina neoliberal de la rapiña.

En el referéndum, celebrado el pasado domingo, se proponía elevar la jubilación a los 65 años para varones y mujeres y reducir el pago de las cuotas. Algo concordante con la monserga oficial —inspirada por la opinión interesada de los servicios de estudios de bancos y aseguradoras— que nos intenta convencer de que es necesario para frenar el efecto del envejecimiento de la población en el horizonte de 2060.

La situación económica de Eslovenia es bastante buena. Según Eurostat, el índice de inflación en 2010 fue del 2,1 %; el desempleo, del 7,3 %; el crecimiento del PIB del 1,2 %; el déficit fiscal del 5,6 % del PIB; y la deuda pública representa un 38 % del PIB, todos ellos datos que serían la envidia para algunos miembros de la zona euro en serios aprietos.

Para 2011, los pronósticos son de una inflación del 2,6 %, con un índice de desempleo del 8,2 % y un el crecimiento notable del PIB del 1,9 %, mientras que la deuda pública subirá al 43 % del PIB.

Pues bien, en el referéndum del domingo se proponía elevar la jubilación a los 65 años para varones y mujeres y reducir el pago de las cuotas, algo necesario "para frenar el efecto del rápido envejecimiento de la población", con un coste para el presupuesto que pasaría del 11% actual del PIB al 20 % en 2060.

¡En 2060, nada menos! Estos expertos tan serios, incapaces de solucionar de manera competente la crisis económica actual, andan muy preocupados por la situación de las pensiones en el horizonte de 2060. Y sin embargo, olvidan garantizar una pensión digna a los millones de jubilados que, aquí y ahora, sobreviven con pensiones inferiores al umbral de pobreza. Una situación moral y políticamente indignante mientras haya políticos que cobran sueldos de oro.

En Eslovenia, el referendo sobre las reformas de las pensiones fue convocado por iniciativa de los sindicatos. Igualito que aquí, donde, ante las indicaciones de Bruselas, los sindicatos mayoritarios se apresuraron a firmar en exclusiva con el Gobierno de Rodríguez Zapatero el Pacto para la Precarización de las Pensiones Públicas. Al que ahora el Parlamento se encarga de proporcionar una vestidura legal.

A todo esto, llegan noticias de que en Islandia, ese otro pequeño país septentrional donde se inició la revuelta popular contra la delincuencia financiera, su policía ha detenido al que fue presidente de uno de los tres bancos que quebraron en 2008, arrastrando al país a una fuerte crisis económica. Hreidar Mar Sigurdsson, ex responsable del Kaupthing Bank, ha sido arrestado en la capital islandesa, Reykjavik, acusado de prácticas criminales.

La detención ha sido ordenada por el Fiscal Especial para la crisis bancaria, Olafur Thor Hauksson, quien investiga los orígenes delictivos de las quiebras de esos dos bancos en colaboración a la inspectora internacional Eva Joly.

Islandia no sólo enjaula a sus banqueros, algún político podría acabar también entre rejas. El ex primer ministro conservador islandés Geeir H. Haarde afronta ahora un juicio en el que está acusado de negligencia grave por su gestión de la crisis.

Hace ya tiempo que el economista alemán E. F. Schumacher publicó una colección de ensayos bajo el lema: Lo pequeño es hermoso: Economía como si la gente importara. Ahora, dos pequeños países están dando al resto de los europeos un ejemplo de cómo la economía puede ser sometida al interés general. Poniendo en práctica un sencillo, casi perogrullesco, principio: Actuar en política como si la gente importara.

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