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martes, 20 de marzo de 2012

Katz: "La histórica lucha antimperial está plenamente vigente en el siglo XXI"

Diario Tiempo Argentino

Es investigador del Conicet e integra el grupo de Economistas de Izquierda (EDI) fundado en 2001. En su nuevo libro retoma y revisa el concepto marxista de imperialismo a la luz de las nuevas condiciones creadas por el capital transnacional.

En su nuevo libro "Bajo el imperio del capital", el economista Claudio Katz resalta la necesidad de recuperar la teoría sobre el imperialismo en una nueva etapa del desarrollo del capitalismo mundial. Las características propias de la relación entre países imperialistas-pueblos oprimidos y entre capital-explotados, se habrían transformado luego de la Segunda Guerra Mundial. En este nuevo marco de análisis que su libro propone, Katz contó a Tiempo su visión sobre temas como la crisis económica desatada en 2008, la perspectiva de otra guerra mundial y la situación de Malvinas.

–¿Cuáles son las características propias del imperialismo actual?

–El imperialismo es la forma de dominación que adopta el capitalismo para reproducirse a escala mundial, y esta forma va cambiando en cada etapa. Al principio del siglo XX, las posturas marxistas sobre el imperialismo coincidían en que se trataba de un período de guerras interimperialistas. Esta definición centrada en su rasgo bélico, caracterizó al imperialismo clásico de la época hasta la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, y en oposición a su etapa previa, ya no hay guerras interimperialistas.

–¿Cuáles fueron las razones de esta transformación?

–Las causas son varias, pero hubo tres razones que se afianzaron luego de la Gran Guerra. La primera es el rol protector que adquirió EE UU a nivel mundial. Antes estaba la Sociedad de las Naciones u otras instancias de negociación de mayor equivalencia, pero el rol del Pentágono en garantizar la dominación del capital frente a las insurrecciones locales le confiere a EE UU y al mundo un rasgo político militar distinto. El segundo rasgo es económico, y se basa en la nueva asociación económica entre capitales de distinto origen. Antes de la Segunda Guerra esto era marginal, las asociaciones se armaban para una particularidad, por ejemplo para construir el Canal de Panamá. Pero la novedad es el proceso creciente de internacionalización del capital, que a su vez es resultado del propio desarrollo del capitalismo que acrecienta su escala y necesita de la formación de multinacionales. El tercer elemento diferenciador del imperio del capital,es la gestión geopolítica estratégica conjunta que antes tampoco existía. Ahora las potencias actúan de forma mancomunada frente a la periferia o determinados conflictos mediante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la OTAN, el G-7 o G-20 ahora. Anteriormente había guerras coloniales con cierta acción común en determinadas circunstancias, pero no existía como ahora un sistemático proceso de intervención conjunta frente a terceros.

–Aún así en el libro remarcás que no existe hoy un estado supranacional. ¿Qué formas nuevas entonces adquiere la competencia entre los diferentes capitales?

–La tesis que desarrolla el libro es la de una situación intermedia, donde el capital se asocia cada vez más a nivel internacional pero coexistiendo con Estados nacionales. Se crean estructuras regionales como el NAFTA o la UE para que el capital pueda adquirir mayor escala. Pero los Estados nacionales se gestaron con el capitalismo, es difícil que desaparezcan. La competencia y los conflictos entre capitales persisten porque son inherentes al capitalismo, donde cada Estado Nacional apadrina al capital más próximo, y si este está internacionalizado a la asociación que lo contenga. Estas mismas rivalidades de hoy antes implicaban que los estados armaran estructuras proteccionistas, el cierre de las aduanas, la escalada diplomática y la guerra. En la actualidad cuando Gran Bretaña y Alemania confrontan lo hacen por un aspecto específico como ser si la nueva regulación del Banco Central Europeo va a primar o no sobre la City londinense. Pero inclusive distanciándose de la Eurozona, Gran Bretaña pertenece a la Comunidad Europea y lo necesita porque vende sus mercancías en el continente, y Alemania también así lo necesita no sólo por los lazos económicos, sino porque no tiene ni ejercito ni diplomacia independiente. De esta manera es Francia la que actúa como su aliado militar y diplomático, que a su vez integra la OTAN, lo que lleva a que su acción militar en los países árabes se haga en concordancia con los EE UU. Es impensable que las tensiones entre capitales lleven a la guerra entre estos países en este contexto, y esta novedad histórica es la que debe ser teorizada.

–¿De qué manera te parece que la crisis económica pone de manifiesto esta trama de nuevas relaciones capitalistas?

–Si uno ve lo que ocurre desde 2008 se trata de una crisis capitalista típica, más grave que las anteriores, pero con todos los nuevos rasgos de esta etapa. Por un lado se visualiza la gestión colectiva, siendo que ahora hay una reunión anual de todos los presidentes, cuestión que no existía en la crisis de los años ’30. Hay a su vez una acción más coordinada de los bancos centrales, además de la existencia del Banco Central Europeo que antes no existía. El salvataje se hace de forma conjunta, hay que pensar que la idea de que un capital chino salve un banco griego era inconcebible incluso en los años ’60. Que frente a una hecatombe financiera los tenedores de bonos salven a la FED, y esta a los bancos era impensable, porque no estaba mundializado el capital a través de tenencias de títulos públicos distribuidos en el mundo. Si hoy no salvan al banco quedan ellos mismo afectados, entonces el socorro internacional es porque el capital se internacionalizó, no porque se hayan vuelto benefactores.

–En el libro relativizás el concepto de globalización como una expresión de la armonía de intereses de los capitales.

–Sí. La interpretación neoliberal por la cual la globalización es la proyección a escala planetaria de las ventajas del librecomercio, de la transparencia de los mercados y la maduración de los mercados perfectos, es a mi entender poco seria. Lo que sí es real es el salto cualitativo en la mundialización del capital y las tendencias a la liberalización económica. En los años ’30, no había internacionalización productiva como ahora se observa, por ejemplo, en la capacidad de fabricar un auto en diez países distintos. Existían inversiones extranjeras pero no se fabricaban los autos de esta manera. El capital ha aumentado y hubo una revolución tecnológica que permite operar a escala internacional mediante el abaratamiento de las comunicaciones.

–Con esta tendencia a la liberalización, ¿no existiría entonces cierta tendencia a la igualación salarial mediante una mayor movilidad de la fuerza de trabajo?

–Reconocer este cambio en la mundialización implica reconocer los límites y contradicciones que ello conlleva. Hay que internacionalizarse, pero un estado mundial único es imposible porque no podría sostener la estructura necesaria para regimentar la fuerza laboral local. Lo que permite a un Estado capitalista que los obreros de un país no hagan huelga es parte de una legislación, una estructura política y cierta tradición sindical. Entonces este cambio produce una fuerte contradicción, el capital tiene que actuar a escala mundial y no puede, ni tampoco puede resolverlo mediante guerras entre potencias. Por ello se liberaliza el movimiento de mercancías pero no el de mano de obra. Construyen en España un muro para frenar a los africanos o en los EE UU para los mexicanos. Todo ello implica una presión sobre los salarios de cada país a través del chantaje del capital de instalarse en otro lugar: “Tenemos que bajar salarios para competir con productos chinos, si no se van a China a fabricar.” Acá aparece claramente el carácter perverso del capitalismo. Todo esto conduce a la degradación del nivel vida de los obreros chinos, alemanes y de todo el mundo.

La alternativa a la crisis

–¿Fortalecer al capital local más chico contra el imperialista no sería una forma de recuperar condiciones de vida?


–No podría por un problema de factibilidad. En los países semiperiféricos como la Argentina, México o Brasil, la vieja burguesía nacional que en su momento desarrolló el mercado interno interesada en proyectos de acumulación del país, se extinguió y perdió gravitación frente a las cúpulas más trasnacionalizadas. En el enfoque marxista, la alternativa es la lucha entre explotados contra el capitalismo, y entre naciones oprimidas contra el imperialismo. La lucha antimperial está plenamente vigente en el siglo XXI, no sólo en casos tan explícitos como los palestinos contra el colonialismo israelí, sino también estructurales como en América Latina contra el capital estadounidense. Así lo demuestra el golpe de Honduras, los marinos en Haití, los intentos de golpe en Bolivia, Venezuela o Ecuador. En nuestra región está presente la revolución cubana con una combinación de luchas importantes, mientras que en otras regiones del mundo estas tradiciones se han extinguido o se debilitaron El escenario mundial es complejo porque los efectos negativos de la caída de la URSS sobre la conciencia socialista perduran, y 30 años de neoliberalismo también subsisten, es una herencia ideológica que es necesario revertir.

Las Islas Malvinas

–¿ Frente a este nuevo escenario, cuál sería la situación de la Argentina en la cuestión de las Malvinas?


–La ocupación inglesa en las Islas Malvinas es un resabio no imperial sino colonial típico del siglo XIX. Sin embargo, coexiste con una característica contemporánea porque Gran Bretaña no hace nada sin la venia de los EE UU. La ocupación de las Malvinas forma parte del operativo de control internacional que lidera EE UU que contiene una visión hacia la Antártida y de dominación sobre el Atlántico Sur. Es posible que Gran Bretaña utilice este conflicto para actuar en el G-20 contra la Argentina. Pero hay que tener en cuenta que la base militar de Malvinas no está divorciada de la acción de la Cuarta Flota estadounidense o de sus bases en Colombia.

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