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viernes, 2 de marzo de 2012

China no puede salvar al mundo de la crisis

Jean Sanuk Inprecor

Mientras que EE UU y Europa se han visto duramente castigados, China ha resistido la crisis internacional de 2008 gracias a un plan de salvamento que combinó un fuerte gasto público con bajos tipos de interés y subvenciones al consumo. El crecimiento chino fue del 9 % en 2009 y del 10,4 % en 2010, sacando por efecto de arrastre a Asia y América Latina de la recesión. Ha logrado asimismo mantener el paro en un nivel soportable. En 2010, China incluso pasó a ser la segunda economía mundial desde el punto de vista del PIB, superando a Japón, y está reduciendo distancias con respecto a EE UU. En conjunto, el avance de China no parece verse afectado por la crisis de las subprimes. Mirando más de cerca, parece que los problemas están por venir. Los trabajadores chinos ya no aceptan la sobreexplotación. Durante el verano de 2010 se propagó una oleada de huelgas, con las que los trabajadores luchaban por un aumento de salarios, la mejora de las condiciones de trabajo y el derecho a organizarse y a la negociación colectiva.

La inflación, sobre todo de los productos alimenticios, que se ha acelerado desde mediados de 2010, se añade a los problemas de los trabajadores e inquieta al Gobierno, que teme un estallido de descontento. Por si fuera poco, el Gobierno ha de hacer todo lo posible por evitar el contagio de las revoluciones democráticas de los países árabes. Aunque la situación sea completamente distinta en China, estas revoluciones democráticas muestran a los trabajadores chinos que es posible derribar incluso a las peores y más poderosas dictaduras.

La resistencia de China a la primera recesión

El efecto de la crisis en China y en Asia ha sido hasta ahora limitado. A diferencia de sus homólogos europeos, los bancos asiáticos no estaban muy contaminados con hipotecas basura y productos financieros tóxicos. Con excepción de Corea del Sur, los países asiáticos no dependían de los capitales a corto plazo ni de los préstamos bancarios para financiar su economía. No cayeron en la trampa de la deuda como los países del este de Europa o Grecia. La mayoría de ellos, y sobre todo China, han acumulado enormes reservas de divisas y fueron capaces de hacer frente a los movimientos de capitales a finales de 2008. Los países asiáticos se han visto afectados sobre todo por la caída de las exportaciones a causa del colapso de la demanda en América del Norte y Europa.

De una manera general, la recesión ha sido más fuerte en las economías asiáticas más abiertas al comercio internacional, cuyas exportaciones consistían más que nada en productos industriales y estaban destinadas en gran parte a EE UU. Por ejemplo, las exportaciones de productos industriales representan alrededor del 70 % en Malasia, más del 40 % en Tailandia y Camboya, cerca del 30 % en China, Corea del Sur, Filipinas y Vietnam, pero menos del 10 % en India y Pakistán. Estas características explican por qué las tres economías más importantes de Asia –China, India e Indonesia– no han conocido ni un solo trimestre de recesión entre 2008 y 2009. La resistencia de estos tres países, y sobre todo de China, que es uno de los principales socios comerciales de los países asiáticos, por no decir el más importante, dio pie a una rápida recuperación en el segundo trimestre de 2009 y a un relanzamiento en forma de “V” más fuerte que en el resto del mundo.

Son varios los factores que explican la resistencia a la crisis de los países asiáticos y la rapidez de su recuperación. En primer lugar, para absorber el choque del colapso de las exportaciones, los países asiáticos lanzaron planes de salvamento sin precedentes, a diferencia de la crisis “asiática” de 1997-1999, en la que los planes de ajuste estructural patrocinados por el FMI habían agravado la crisis. El plan de salvamento chino merece atención especial por su misma amplitud: 585.000 millones de dólares, que suponen el 13,3 % del PIB, a gastar a lo largo de dos años. En promedio, los planes de salvamento anunciados por los países asiáticos representan el 7,5 % del PIB, frente al 2,8 % de los países del G-7. Además, estaban más orientados al gasto público que a las reducciones de impuestos. En promedio, los países de Asia han dedicado el 80 % del importe de los planes al aumento del gasto público, frente al 60 % en promedio de los países del G-20. La única excepción es Indonesia, donde predominan las reducciones de impuestos.

Estos gastos públicos se complementaron con unas políticas monetarias expansionistas, consistentes en rebajar los tipos de interés para favorecer el crédito. El tipo de interés mediano de los bancos centrales asiáticos ha disminuido 2,25 puntos, cinco veces más que durante la crisis precedente. El hecho de que el sistema bancario haya seguido funcionando ha repercutido positivamente en el crecimiento. En países como Vietnam y China, la política monetaria expansionista ha sido determinante. En China, el gasto público aumentó moderadamente un 23 % en 2007 y un 26 % en 2008, pero solo un 21 % en 2009 y un 17 % en 2010, cuando concluyó oficialmente el plan de salvamento. En su conjunto, el gasto público no desempeñó un papel crucial en la amortiguación del choque, sino que el factor fundamental fue sobre todo el desarrollo del crédito en 2009, con un aumento espectacular del 31 %. Sin embargo, en 2010 descendió un 4 %, cuando el Gobierno chino decidió frenar la economía porque el dinero fácil había generado una nueva burbuja especulativa.

En segundo lugar, el consumo de los hogares sigue siendo fuerte porque el empleo no ha caído en picado durante la crisis. En general, en tiempos de crisis no suele registrarse un aumento fuerte de la tasa de paro en los países asiáticos, porque, salvo en algunos de ellos, no existe ningún subsidio de paro. Los trabajadores que pierden su empleo en la industria tratan de encontrar un puesto de trabajo en el sector servicios, o se establecen por su propia cuenta, o incluso vuelven a trabajar a la granja agrícola familiar si ello es posible y si la granja todavía existe. Este es el caso particular de China, donde cientos de miles de trabajadores migrantes volvieron en el invierno de 2008 a su granja familiar en el interior del país, o bien no volvieron a trabajar en la industria después de las vacaciones del año nuevo chino en febrero de 2009. Sin embargo, como la economía se recuperó en la primavera de 2009, muchos de ellos acabaron retornando a las ciudades para buscar un empleo mejor remunerado.

En tercer lugar, pese a los pronósticos más sombríos, las exportaciones chinas disminuyeron entre septiembre de 2008 y febrero de 2009, pero no se colapsaron y luego se recuperaron rápidamente gracias al relanzamiento del comercio mundial en la primavera de 2009. Dado el importante contenido de componentes importados en los productos de exporta China (alrededor del 50 %), las importaciones descendieron en la misma medida que las exportaciones, y la balanza comercial ha sido casi siempre positiva, aunque en menor cuantía. Esto refleja tanto la resistencia de China a los choques externos como, al mismo tiempo, su debilidad.

El mito del desacoplamiento de Asia del resto del mundo

Primeramente, el rápido éxito comercial chino obedece a su papel de centro de ensamblaje de componentes fabricados en otros países de Asia, principalmente en Japón y Corea del Sur y, en menor medida, en el sudeste asiático. Los productos acabados ensamblados en China se exportan en su mayor parte al resto del mundo, particularmente a Europa y América del Norte. Para blindarse frente a la crisis procedente de EE UU y Europa, Asia oriental y sudoriental debería ser capaz de absorber una parte mucho mayor de su propia producción de productos acabados. Sin embargo, aunque el comercio interno de Asia oriental ha avanzado bastante desde que comenzó la crisis, no ha alcanzado todavía un umbral que le permita compensar las contracciones del comercio a escala mundial.

Por otro lado, aunque China haya pasado a ser la segunda potencia económica del mundo por el valor absoluto de su PIB, habiendo adelantado a Japón en 2010 y acercándose ahora a EE UU, China y el resto de Asia todavía están muy lejos de reemplazar a EE UU como primer mercado del mundo. Si se tiene en cuenta la totalidad de la población china, la renta per cápita alcanzará seguramente la de EE UU dentro de 25 a 50 años, según las distintas hipótesis que se apliquen. Si se tienen en cuenta únicamente las regiones más ricas de China, en su mayoría situadas a lo largo de la costa y que abarcaban al 42 % de la población en 2005, el adelantamiento podría producirse de aquí a 10 o 20 años. Las hipótesis más optimistas, formuladas por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), muestran que al ritmo actual los 22 países asiáticos que constituyen la “Asia del desarrollo”, de acuerdo con la clasificación del BAD, podrían superar el gasto de consumo de los países de la OCDE a partir de 2030. Todas estas predicciones se basan en supuestos optimistas que están lejos de ser certeros ante el grado de incertidumbre creado por la crisis internacional actual, pero sí reflejan cierto potencial.

Finalmente, para poder desacoplarse del resto del mundo –al menos de un modo relativo, pues de todos modos, con la globalización de la economía no puede haber regiones completamente autónomas–, Asia, y sobre todo China, debería ser capaz de reequilibrar su economía volcada en las exportaciones para dedicarse más a su mercado interior. Para ello debe cumplir tres condiciones:

1. China ha de revisar en parte su tipo de cambio a fin de bajar los precios de las importaciones (y por tanto el precio de los bienes que produce para el mercado interior) y reducir la alta rentabilidad actual de las exportaciones.

2. China, y esto es lo más importante, debe aumentar de manera significativa los salarios de los trabajadores urbanos y rurales para que el consumo interior pueda superar su actual nivel extremadamente bajo (35 % del PIB). Esta es la decisión más delicada, porque los capitalistas y burócratas se han acostumbrado a enriquecerse a costa de los inmensos beneficios que realizan las empresas públicas y privadas sobre las espaldas de los trabajadores sobreexplotados.

3. China debe incrementar su tipo de interés, tradicionalmente bajo, con el fin de frenar las enormes inversiones en la industria intensiva en capital y de reorientar la economía a favor del sector servicios. Servicios como la educación, la sanidad, la cultura y el ocio constituyen una necesidad para la mayoría de la población. Son intensivos en mano de obra y podrían generar los millones de puestos de trabajo que China necesita. También consumen menos energía y contaminan menos que la industria y serían más compatibles con un objetivo de reducción de los gases de efecto invernadero. China ha hecho progresos en esta dirección, pero se halla todavía muy lejos de la meta.

¿Puede China resistir por segunda vez una nueva recesión?

En 2011, la crisis internacional entró en una nueva fase. La crisis en Europa es muy grave y EE UU no se encuentran en una situación mucho mejor. Sobreviene una segunda recesión que comportará una nueva contracción del comercio mundial, que afectará también, una vez más, a China y toda Asia. En estas condiciones, cabe preguntarse por su capacidad para resistir un nuevo retroceso del comercio mundial gracias a un nuevo plan de salvamento a gran escala.

Hay motivos para ser pesimistas. China y los países de Asia no pueden incrementar masivamente el gasto público y el crédito cada dos años. Los planes de salvamento anteriores ya generaron problemas que todavía no están resueltos: en el caso de China, un aumento importante de la morosidad en el sector bancario, pues bastantes créditos concedidos no son rentables; una inflación elevada y burbujas especulativas en el sector inmobiliario y en la bolsa. Al igual que en EE UU y Europa, habrá que salvar a los bancos chinos con dinero público. Y al igual que en EE UU y Europa, los Gobiernos siguen haciendo pagar los platos rotos a los trabajadores. En China, el salvamento de los bancos y de los ayuntamientos, que también están muy endeudados, costaría mucho dinero. Si los trabajadores han de pagar la crisis de una manera u otra, el objetivo de reequilibrar el crecimiento a favor de la demanda interna tendrá que aplazarse a un futuro lejano, y con él el mito de que China es capaz de sacar al mundo de la crisis.

Jean Sanuk, economista, organizador de los Seminarios económicos sobre la crisis mundial en el Instituto Internacional de Investigación y Formación de Amsterdam en 2009 y 2011, es corresponsal de Inprecor en Asia.

http://orta.dynalias.org/inprecor/article-inprecor?id=1269

Traducción Viento Sur

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