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martes, 28 de febrero de 2012

Fidel Castro, el chándal de Adidas, el capital y el trabajo

Francisco Umpiérrez Sánchez Rebelión

El 11 de junio de 2007 publiqué en Rebelión un trabajo titulado “Fidel Castro y el chándal de Adidas”. Fidel Castro había aparecido en todas las televisiones mundiales con un chándal de Adidas en vez de con su vestimenta militar habitual. Todos los apologistas del capitalismo vieron en ese hecho una victoria del capitalismo sobre el socialismo. A sus ojos resultaba contradictorio que uno de los grandes referentes del socialismo mundial portara un signo capitalista: la marca de Adidas. Frente a esta visión yo defendí esta otra: el chándal de Adidas es un signo de trabajo y no hay que ver ahí nada que contradiga el carácter socialista de su portador.

No todo el mundo estuvo de acuerdo con mi posición. Hasta el punto que ayer mismo un joven marxista llamado Santiago Pedrazzoli, tras leer mi trabajo, me ha hecho llegar la siguiente objeción: “Si yo no llevo un chándal de Adidas (que de hecho no lo llevo), nadie asociará esa marca conmigo. Peros si la llevase, influenciaría a otras personas para que compraran esa marca. Sería como ayudar a expandir una multinacional que apoya el capitalismo y el imperialismo. Mi conclusión es que aquellos que no estemos de acuerdo con el capitalismo, no deberíamos llevar marcas que pretendan imponer o proteger el capitalismo”.

Observemos primero la realidad y digamos qué ocurre en el mundo del consumo. Las multinacionales están presentes en todos los ámbitos de la vida y su signo es omnipresente en todas las ramas del consumo: en la automoción, en la electrónica, en la informática, en la alimentación, en los medicamentos, en el calzado, en la vestimenta. Así que nadie, absolutamente nadie, puede escapar del imperio económico de las multinacionales; y sus signos, sus marcas, están presentes en la vida de todo el mundo. Si tuviéramos que rechazar todo aquello que llevara el signo del capitalismo, tendríamos que rechazarlo todo. Puesto que todo en el sistema capitalista lleva el signo del capitalismo. La cuestión aquí a debatir es si en el capitalismo el capital lo es todo y el trabajo no es nada, o sí el trabajo es el verdadero y fundamental significado de los elementos de la riqueza.

Demos un paso más. En el régimen de producción capitalista el valor de toda mercancía se representa mediante la fórmula: valor de la mercancía = capital constante + capital variable + plusvalía. El capital constante es el valor de los medios de producción consumidos en la producción de la mercancía, el capital variable es el valor de la fuerza de trabajo consumido en la producción de la mercancía, y la plusvalía es el valor del plustrabajo consumido en la producción de la mercancía. Les recuerdo que la plusvalía se divide en beneficio (la parte de la plusvalía con la que se queda el dueño de la empresa productora de la mercancía), en renta del suelo (la parte de la plusvalía con la que se queda el propietario del suelo), y en interés (la parte de la plusvalía con la que se queda el banquero). Suponemos el caso de una empresa que hace uso del crédito para poner en marcha su negocio.

De este hecho podemos extraer algunas conclusiones. En primer lugar, debemos observar que a la fuerza de trabajo, una vez que ha sido comprada por el capitalista y es empleada por éste en la producción de un bien o servicio, Marx la llama capital variable. La fuerza o capacidad de trabajo es inseparable del cuerpo del trabajador; pero cuando la vende al capitalista por un tiempo determinado, pertenece al capitalista y no al trabajador. Y durante ese tiempo representa capital variable. Así que no sólo los productos en el régimen capitalista llevan la señal del capital, sino también la propia fuerza de trabajo y, por consiguiente, el propio trabajador. Así por qué asombrarse de que Fidel Castro lleve un chándal que es signo del capital cuando todos los trabajadores representan capital variable, son portadores de las relaciones capitalistas de producción, son signos del capital.

Volvamos de nuevo al consumo. Cada vez que una persona compra una mercancía en el régimen de producción capitalista, paga todas las partes de las que se compone el precio: el capital constante, el capital variable y la plusvalía. Luego en todo acto de compra de cualquier trabajador se está reproduciendo el sistema capitalista. El trabajador no puede escapar de ningún modo del imperio del capital. No escapa su cuerpo, pues su fuerza de trabajo tiene que vendérsela al capitalista, no escapa su consumo, pues todo lo que consume es capital mercantil, y no escapan sus actos de compra, pues en todos esos actos reproduce las relaciones de producción capitalista.


Hasta aquí todo se ha presentado del lado del capital y todo se presenta como signo del capital. Pero preguntémonos: ¿Qué es el capital? La respuesta es sencilla: trabajo acumulado. ¿Qué es el capital constante? Trabajo pasado. Y por último: ¿qué es el capital variable? Trabajo vivo. Ahora todo se presenta como signo del trabajo. Ahora todo es trabajo. Pero demos un paso más en nuestras pesquisas. Pensemos que un capitalista gracias a sus ahorros o al de sus familiares invierte inicialmente en su negocio 10 millones de euros. Supongamos también que su negocio arroje una plusvalía anual de un millón de euros. Al cabo de 10 años se habrá apropiado de 10 millones de euros en concepto de plusvalía o plustrabajo. La plusvalía apropiada por el capitalista durante 10 años es igual al capital desembolsado inicialmente. Pero la plusvalía es plustrabajo creado por los trabajadores aunque apropiado por el capitalista. Por lo tanto, el propietario legítimo de la plusvalía es el trabajador, aunque su propietario legal sea el capitalista. Lo cierto es que al cabo de 10 años el negocio de nuestro capitalista representa plusvalía capitalizada. Legítimamente su negocio ya no le pertenece y sí a los trabajadores. Luego todas las empresas, incluidas las multinacionales, al cabo de un determinado número de años representan plusvalía capitalizada, esto es, todas las empresas al cabo de un determinado número de años son legítimamente propiedad de los trabajadores. Luego también las empresas son signos del trabajo.

Al principio todo se presentaba como signo del capital y ahora todo se presenta como signo del trabajo. Y es ambas cosas. Lo que sucede es que los capitalistas y sus apologistas ven en todo los signos del capital; y los socialistas deberían ver en todo los signos del trabajo. Las semiosis capitalistas, los procesos de producción de los signos capitalistas, ocultan y dominan las semiosis del socialismo. Mi trabajo sobre Fidel Castro y el chándal de Adidas no era más que un intento de liberación de la semiosis socialista del imperio de la semiosis capitalista. Y la gran consigna de la semiosis socialista no es otra que la que ha quedado plenamente demostrada en este texto teórico: todo es signo de trabajo.

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