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martes, 6 de marzo de 2012

La Gran Fiesta de los Libros

Luis Britto García Rebelión

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¿Por qué debe una nación crear libros? Porque los libros crean naciones. Al unificar los usos y prácticas de un idioma y preservar los valores de un pueblo, son la precondición de un poder político unificador. No podemos explicarnos Israel sin la Biblia, Grecia sin la Ilíada y la Odisea, China sin los Libros de la Sabiduría de Confucio, los países musulmanes sin el Corán, Italia sin El Príncipe o La divina comedia , y ni siquiera España sin El Quijote. La memoria colectiva, que al principio podía perecer con los profetas y haedas, ahora es imperecedera y compartida.

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A tal sociedad, tal libro. En las comunidades originarias el libro es de todos y se recita ante la colectividad reunida. En las sociedades estratificadas pasa a ser patrimonio de una casta de escribas. Con el capitalismo, se masifica industrialmente. La oferta y la demanda rigen todo el circuito, desde la escritura hasta la destrucción de los ejemplares no vendidos. Antes la Santa Inquisición quemaba los libros que la gente quería leer; ahora el santo mercado reduce a pulpa aquellos que la gente no lee. Como todo producto industrial, el libro pasa a ser mercancía reservada para quienes pueden adquirirla y descifrarla.

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En el capitalismo, dos factores influyen poderosamente en el consumo del libro: el nivel de ingresos y el nivel de educación. Ambos por lo regular están estrechamente relacionados. Instrucción formal elevada y alta remuneración tienden a ir de la mano. La primera resulta de la educación, que en las sociedades desiguales también está desigualmente distribuida. Los privilegiados se la reservan como instrumento de perpetuación del privilegio. La diferencia de lectura es también diferencia de nivel del desarrollo. La estratificación social es estratificación de la lectura.

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Por consiguiente, las políticas sobre el libro son asimismo políticas económicas y sociales. Para el año 2000, en el mundo entero el promedio de años de escolaridad era de 6,7; en América Latina y el Caribe, de 5,7; en los países desarrollados, de 8,8. Para 1995, en el mundo entero culminaban la educación secundaria alrededor de un 35% de los habitantes; en América Latina, poco más de un 20%. En el mundo entero terminaba la educación superior más de un 19% de la población; en América Latina poco más de un 12% (Pineda, José G.: “Educación y crecimiento económico: un enfoque multidimensional”, Revista BCV . Vol.XIX. n°2, Caracas, julio-diciembre 2005 p. 124-125). En muchos de sus países no se ha vencido el analfabetismo.

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En la última década, Venezuela ha realizado formidables esfuerzos para vencer estas carencias de la región. A fines del siglo XX, se proyectaba una privatización del sistema educativo que lo hubiera hecho inaccesible a la mayoría de los venezolanos. Pero con la llegada al poder de la Revolución Bolivariana en 1998, el gasto educativo saltó de menos del 3% del PIB al 5,4% en 2000 y al 6,3% en 2008. Gracias a la Misión Robinson, Venezuela alfabetiza 1.678.671 personas para 2009 y erradica el analfabetismo. En 1990, sólo 39,96% de los niños asistían al preescolar; en 2008 concurre más del doble, el 84,8%. Para 1998-1999, sólo el 53,41% de los niños en edad escolar asistía a la educación inicial pública; para 2008, lo hacen el 84.8%. No sólo se les garantiza la educación gratuita: para 2008, unos 4.055.135 alumnos del sistema de Educación Básica son atendidos por el Programa de Alimentación Escolar, un incremento de casi el doble desde 1999. En 1988 sólo el 18% de los jóvenes estaban matriculados en el sistema educativo, para 2008 es el 42,37%. En la última década el gobierno ha creado 15 nuevas universidades; la matrícula universitaria se duplicó de 894.418 educandos en 2000 a 2.109.331 en 2009. En Venezuela estudian 9.329.703 personas: uno de cada tres venezolanos en un país de más de 27 millones de habitantes. La inmensa mayoría de los establecimientos en todos los niveles son públicos y por tanto gratuitos; el acceso a la educación está universalmente garantizado.

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Pero la derrota del analfabetismo y el incremento exponencial de la educación no garantizan el automático crecimiento del público lector. La talla moderada de éste no alienta el desarrollo de una gran industria editorial capitalista: las librerías importan títulos que la promoción editorial impone y los venden a precios prohibitivos. Para tener un país de lectores se requieren masivas políticas públicas de edición y de distribución a precios subsidiados o a veces gratuitos. Algunas cifras dan idea de este incremento. Para el año 2000, en Venezuela las instituciones públicas editaron 38 títulos. Para 2006 eran 1.022 títulos, para 2008, se imprimieron 829 títulos, más de dos por día. Más significativos son los números totales de ejemplares: para el año 2000, se imprimen 65.800 volúmenes; para el 2006 son 4.270.272 y para el 2008, ya son 5,838.880: casi un volumen por cada cuatro habitantes. Cinco revistas culturales circulan encartadas semanalmente en cotidianos afines al bolivarianismo. Esta producción es vendida o distribuida por 51 librerías públicas (Kuai-mare).

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El libro optimiza sus efectos cuando el mismo ejemplar está disponible para varios usuarios. Para 2008 la Red Nacional de Bibliotecas Públicas cuenta con 56 bibliotecas públicas, 277 salones de lectura, 23 puntos de préstamos, 20 servicios móviles y adicionalmente 24 bibliotecas públicas, cada una en la capital de un estado. Para 2008, este sistema atendió 14.893.047 usuarios, que consultaron 33.314.937: más de una consulta por cada integrante de la población (Anuario Estadístico 2009, Instituto Nacional de Estadística, pp.244-247). Se realiza anualmente una Feria Internacional del Libro en Caracas, otra Feria del Libro de la Gobernación de Caracas, e innumerables eventos de la misma índole, públicos o privados.


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La lectura parece pasión solitaria pero nos comunica con la humanidad. La cita entre libro y lector se vuelve fiesta entre lectores en las Ferias. Cada año hay varias en las capitales, una en la Gobernación de Caracas, y la Feria Internacional del Libro de Venezuela. La Feria Internacional del Libro de Venezuela 2012, que arranca el 9 de marzo, tendrá 126 kioscos y desarrollará unas 300 actividades en diez días; no quiero pensar en el número de títulos ni de ejemplares. Para el lector apasionado, todo el año es Feria del Libro. Abrir una página es la mayor fiesta imaginable. Este año me declaran Escritor Homenajeado, Monte Ávila inaugura la Biblioteca Luis Britto García, varias editoriales bautizan mis libros, la Cinemateca exhibe las películas basadas en mis guiones y Román Chalbaud presenta mi pieza de teatro Muñequita Linda . A ver si hago algo para merecer tantos honores.

CONSULTE TAMBIÉN:

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Versión en francés, gracias a la inteligente ayuda del amigo Romain Vallée: http://luisbrittogarcia-fr.blogspot.com

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Libros de Luis Britto en Internet:
Rajatabla: www.monteavila.gob.ve
Dictadura mediática en Venezuela: www.minci.gob.ve
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martes, 28 de febrero de 2012

Fidel Castro, el chándal de Adidas, el capital y el trabajo

Francisco Umpiérrez Sánchez Rebelión

El 11 de junio de 2007 publiqué en Rebelión un trabajo titulado “Fidel Castro y el chándal de Adidas”. Fidel Castro había aparecido en todas las televisiones mundiales con un chándal de Adidas en vez de con su vestimenta militar habitual. Todos los apologistas del capitalismo vieron en ese hecho una victoria del capitalismo sobre el socialismo. A sus ojos resultaba contradictorio que uno de los grandes referentes del socialismo mundial portara un signo capitalista: la marca de Adidas. Frente a esta visión yo defendí esta otra: el chándal de Adidas es un signo de trabajo y no hay que ver ahí nada que contradiga el carácter socialista de su portador.

No todo el mundo estuvo de acuerdo con mi posición. Hasta el punto que ayer mismo un joven marxista llamado Santiago Pedrazzoli, tras leer mi trabajo, me ha hecho llegar la siguiente objeción: “Si yo no llevo un chándal de Adidas (que de hecho no lo llevo), nadie asociará esa marca conmigo. Peros si la llevase, influenciaría a otras personas para que compraran esa marca. Sería como ayudar a expandir una multinacional que apoya el capitalismo y el imperialismo. Mi conclusión es que aquellos que no estemos de acuerdo con el capitalismo, no deberíamos llevar marcas que pretendan imponer o proteger el capitalismo”.

Observemos primero la realidad y digamos qué ocurre en el mundo del consumo. Las multinacionales están presentes en todos los ámbitos de la vida y su signo es omnipresente en todas las ramas del consumo: en la automoción, en la electrónica, en la informática, en la alimentación, en los medicamentos, en el calzado, en la vestimenta. Así que nadie, absolutamente nadie, puede escapar del imperio económico de las multinacionales; y sus signos, sus marcas, están presentes en la vida de todo el mundo. Si tuviéramos que rechazar todo aquello que llevara el signo del capitalismo, tendríamos que rechazarlo todo. Puesto que todo en el sistema capitalista lleva el signo del capitalismo. La cuestión aquí a debatir es si en el capitalismo el capital lo es todo y el trabajo no es nada, o sí el trabajo es el verdadero y fundamental significado de los elementos de la riqueza.

Demos un paso más. En el régimen de producción capitalista el valor de toda mercancía se representa mediante la fórmula: valor de la mercancía = capital constante + capital variable + plusvalía. El capital constante es el valor de los medios de producción consumidos en la producción de la mercancía, el capital variable es el valor de la fuerza de trabajo consumido en la producción de la mercancía, y la plusvalía es el valor del plustrabajo consumido en la producción de la mercancía. Les recuerdo que la plusvalía se divide en beneficio (la parte de la plusvalía con la que se queda el dueño de la empresa productora de la mercancía), en renta del suelo (la parte de la plusvalía con la que se queda el propietario del suelo), y en interés (la parte de la plusvalía con la que se queda el banquero). Suponemos el caso de una empresa que hace uso del crédito para poner en marcha su negocio.

De este hecho podemos extraer algunas conclusiones. En primer lugar, debemos observar que a la fuerza de trabajo, una vez que ha sido comprada por el capitalista y es empleada por éste en la producción de un bien o servicio, Marx la llama capital variable. La fuerza o capacidad de trabajo es inseparable del cuerpo del trabajador; pero cuando la vende al capitalista por un tiempo determinado, pertenece al capitalista y no al trabajador. Y durante ese tiempo representa capital variable. Así que no sólo los productos en el régimen capitalista llevan la señal del capital, sino también la propia fuerza de trabajo y, por consiguiente, el propio trabajador. Así por qué asombrarse de que Fidel Castro lleve un chándal que es signo del capital cuando todos los trabajadores representan capital variable, son portadores de las relaciones capitalistas de producción, son signos del capital.

Volvamos de nuevo al consumo. Cada vez que una persona compra una mercancía en el régimen de producción capitalista, paga todas las partes de las que se compone el precio: el capital constante, el capital variable y la plusvalía. Luego en todo acto de compra de cualquier trabajador se está reproduciendo el sistema capitalista. El trabajador no puede escapar de ningún modo del imperio del capital. No escapa su cuerpo, pues su fuerza de trabajo tiene que vendérsela al capitalista, no escapa su consumo, pues todo lo que consume es capital mercantil, y no escapan sus actos de compra, pues en todos esos actos reproduce las relaciones de producción capitalista.


Hasta aquí todo se ha presentado del lado del capital y todo se presenta como signo del capital. Pero preguntémonos: ¿Qué es el capital? La respuesta es sencilla: trabajo acumulado. ¿Qué es el capital constante? Trabajo pasado. Y por último: ¿qué es el capital variable? Trabajo vivo. Ahora todo se presenta como signo del trabajo. Ahora todo es trabajo. Pero demos un paso más en nuestras pesquisas. Pensemos que un capitalista gracias a sus ahorros o al de sus familiares invierte inicialmente en su negocio 10 millones de euros. Supongamos también que su negocio arroje una plusvalía anual de un millón de euros. Al cabo de 10 años se habrá apropiado de 10 millones de euros en concepto de plusvalía o plustrabajo. La plusvalía apropiada por el capitalista durante 10 años es igual al capital desembolsado inicialmente. Pero la plusvalía es plustrabajo creado por los trabajadores aunque apropiado por el capitalista. Por lo tanto, el propietario legítimo de la plusvalía es el trabajador, aunque su propietario legal sea el capitalista. Lo cierto es que al cabo de 10 años el negocio de nuestro capitalista representa plusvalía capitalizada. Legítimamente su negocio ya no le pertenece y sí a los trabajadores. Luego todas las empresas, incluidas las multinacionales, al cabo de un determinado número de años representan plusvalía capitalizada, esto es, todas las empresas al cabo de un determinado número de años son legítimamente propiedad de los trabajadores. Luego también las empresas son signos del trabajo.

Al principio todo se presentaba como signo del capital y ahora todo se presenta como signo del trabajo. Y es ambas cosas. Lo que sucede es que los capitalistas y sus apologistas ven en todo los signos del capital; y los socialistas deberían ver en todo los signos del trabajo. Las semiosis capitalistas, los procesos de producción de los signos capitalistas, ocultan y dominan las semiosis del socialismo. Mi trabajo sobre Fidel Castro y el chándal de Adidas no era más que un intento de liberación de la semiosis socialista del imperio de la semiosis capitalista. Y la gran consigna de la semiosis socialista no es otra que la que ha quedado plenamente demostrada en este texto teórico: todo es signo de trabajo.

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martes, 21 de febrero de 2012

Miles de personas recordaron a Alí Primera en la Marcha de los Claveles

Aporrea-Ciudad Caracas

Como ha ocurrido durante 27 años, este domingo se realizó en Paraguaná la Marcha de los Claveles y su vigilia, en la cual miles de personas, incluidos numerosos cantores populares de todo el país, se dieron cita para homenajear al cantor del pueblo. Personas de todas las edades caminaron varios kilómetros en una marcha sin igual, con decenas de cantores populares entonando canciones de Alí. En la tumba donde fue sembrado el cantor popular, se dieron cita Sol Musset, viuda del cantor; su mediohermano José Montecano, su sobrino Alí Alejandro Primera, su hijo Sandino Primera y decenas de personas que lo conocieron para rendirle homenaje a él, a Zobeida Candelaria Jiménez de Ochoa (Zobeyda La Muñequera, fallecida recientemente) y agradecer al pueblo venezolano su presencia.

Paraguaná se vistió de rojo este sábado 20, esta vez con los claveles enarbolados por centenares de niños, jóvenes, mujeres y hombres que recorrieron sus calles para rendirle homenaje al cantor del pueblo Alí Primera. Hace 27 años Alí falleció en un accidente que lo devolvió a Paraguaná, donde nació y aprendió a soñar y componer, para vivir en la memoria de su pueblo.

En el lugar su esposa Sol Musset, su hermano José Montecano, su sobrino Alí Alejandro Primera, su hermana menor Mirella Padilla y otros allegados, junto a la cantora y Diputada, la Chiche Manaure; la gobernadora de la entidad, Stella Lugo de Montilla y el alcalde del municipio Carirubana, Alcides Goitia, entonaron canciones para cerrar con broche de oro esta actividad que convirtió las calles paraguaneras en un jardín de claveles rojos.

Sol Musset de Primera aseveró que “el pueblo nunca ha dejado a Alí solo, y lo mantiene vivo en su conciencia, en su corazón, en su día a día, en sus luchas, al levantarse, al ir a la calle. Aquí se ve una demostración hermosa de que Alí sigue vivo y su canción la entendió el pueblo, esta vez no vamos a sembrarlo sino a recoger su cosecha en cada de los que se hacen presentes hoy aquí.

En la concentración estuvieron presentes amigos, familiares, allegados, estudiantes, colectivos, y otras agrupaciones populares, que juntos marcharon hasta el cementerio de Santa Elena, lugar donde fue sembrado en febrero de 1985.

Por su parte, Alí Alejandro Primera, aseguró que su tío “es la cuarta raíz que sustenta este proceso, así como lo es Zamora, Bolívar y Simón Rodríguez, ya que él supo amalgamar esos tres elementos del pensamiento bolivariano, y continuó la reivindicación del pensamiento de nuestros héroes, y el socialismo, puesto que era un Marxista convencido”. A juicio de Alí Alejandro Primera, la marcha de los claveles rojos es una actividad histórica que ha tenido su repunte en tiempos de Revolución, gracias a que con el Gobierno del presidente Hugo Chávez se ha reivindicado el recuerdo de su tío. “Los que hemos militado durante 27 años de realización de esta marcha, lo hacíamos de forma utópica porque no creíamos que pudiera dar el vuelco necesario para dar esta revolución que hoy vemos; pero hoy la historia se ha encargado de revertir esa filosofía que teníamos en un principio”.
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Jesús "Chucho" Lozada (con la flauta), músico y cantante de Dame Pa' Matala con discapacidad visual, fue otro de quienes vino desde Yaracuy a rendir su tributo a Alí. Foto: Luigino Bracci, Alba Ciudad
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Amaranta Pérez, de La Cantera, tuvo difícil asistir a la marcha, pero la colaboración de algunos entes públicos permitió su llegada. Otros se quedaron sin asistir. Foto: Luigino Bracci, Alba Ciudad

Por otro lado, Amaranta Pérez, cantora popular dijo: “Esta marcha siempre ha sido hermosísima, llena de vida, porque Alí sigue vivo en nuestros corazones y lo seguimos; ojalá se siga difundiendo su pensamiento hasta que lleguemos a ese punto del sueño bolivariano”.

La gobernadora de la entidad, Stella Lugo de Montilla, comentó que “a Alí siempre, desde hace 27 años, lo ha acompañado el pueblo venezolano, latinoamericano y caribeño, que se da cita cada año para recordarlo con la marcha de los claveles rojos, y así era como él lo quería, que lo despidieran con canciones, como decía él mismo, se pudrirán los huesos pero las ideas siempre volaran y esa idea ha volado. Él se ha convertido en millones de hombres, mujeres y la juventud que esta aquí presente”.

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viernes, 10 de febrero de 2012

Latinoamérica, contradicciones y oportunidades en materia de Comunicación

Fernando Buen Abad Domínguez Rebelión/Universidad de la Filosofía

Al considerar que aun no tenemos soberanía de agendas, es decir que no logramos dar lugar predominante a nuestros temas primordiales; al considerar que, en materia de tecnologías para la comunicación y la información, somos compradores dependientes y transferimos millonada anualmente para adquirir sus “máquinas; al considerar que en materia jurídica, pese a los avances relativos en algunos países, prima la anarquía, los vacíos legales, la impunidad y la falta de instituciones de gestión, control y defensa efectivos; al considerar que somos aun muy vulnerables políticamente debido a los efectos perniciosos de las guerras psicológicas con que nos atacan, permanentemente, las oligarquías; y al considerar, por último, que ni en materia de enseñanza ni en materia de investigación ni en materia de creatividad hemos dado el salto de calidad y de cantidad que nos demanda la realidad… no es mucho decir que nuestro atraso en materia de comunicación (que ya el Informe MacBride de 1980 denunciaba), paradójicamente en un mundo de muchos “avances” al respecto, es de, por lo menos, 70 años.

Más paradójico es nuestro rezago si contrastamos nuestras fuerzas y nuestras necesidades comunicacionales y sacamos cuentas sobre la cantidad de oportunidades que hemos desperdiciado. En primer lugar somos la mayoría, la inmensa mayoría. Los pueblos, hartos de manipulación mediática, que han sido víctimas de todo tipo de atrocidades, golpes de estado y magnicidios perpetrados también con armas de guerra ideológica burguesa, son una mayoría abrumadora ansiosa de emanciparse del cáncer mediático oligarca. En segundo lugar contamos con, al menos, cuatro generaciones de trabajadores de la comunicación que, en disciplinas diversas, han ganado experiencia y talento como para soportar el peso de una gran Revolución Comunicacional Emancipadora… pero nos falta el programa de unidad. En tercer lugar contamos con un clima creciente de claridad política que nos permite identificar, como nunca antes en el escenario de la lucha de clases, el peligro enorme que representa quedarnos desarticulados frente a la amenaza desbordada que el capitalismo significa en plena crisis depredadora y con sus usinas mediáticas activadas día y noche.

Hoy hay voluntad expresa, aunque inconclusa, de algunos gobiernos latinoamericanos dispuestos a dar paso en la emancipación de la Comunicación entendida como un bien colectivo indispensable para fortalecer el conjunto de las relaciones sociales en todas sus dimensiones y garantizar el desarrollo de la democracia, de la paz y del bienestar de la clase trabajadora. Y no sólo hay voluntad expresa, hay recursos humanos, tecnológicos, económicos, políticos y culturales suficientes para garantizar una Revolución Comunicacional Emancipadora… y sin embargo los mejores logros de los pueblos revolucionarios parecen quedar invisibilizados consuetudinariamente porque, con frecuencia, no sabemos cómo hacerlos visibles, cómo convertirlos en fuerza simbólica ascendente. Y el tiempo corre.

Algunos líderes desesperan en sincronía con la desesperación de los pueblos. Pero la desesperación, pos sí sola, nada resuelve. Es preciso poner manos a la obra con decisiones que superen la “buena voluntad” o las “intuiciones geniales”. Se requiere, entre mil cosas, un programa internacionalista que, de una vez por todas, establezca el rezago comunicacional latinoamericano como un problema de seguridad nacional y continental. Se requiere un programa científico capaz de incidir, por ejemplo, en las necesidades tecnologías específicas con un modelo de planificación que permita crecer, en los contenidos como en la infraestructura, sin pagar las sumas que se pagan por operar anárquicamente en el rubro compras, en el rubro capacitación, en el rubro legislación para obtener los resultados magros que hemos tenido.

Ahora mismo la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) ha abierto una oportunidad más para meter mano a raíz contra todos los rezagos comunicacionales que nos aquejan, nos debilitan y nos ponen en peligros ascendentes. No deberíamos desaprovecharla. Los niños latinoamericanos (y ninguno en todo el mundo) merecen la agresión psicológica reinante de la oligarquía mediática y su consumismo depredador. No merecen esos niños nuestra inmovilidad, que se vuelve cómplice, según se va el tiempo, como tampoco se merece ningún poblador de Nuestra América el baño monstruoso de mentiras, persecuciones, criminalizaciones y delitos absolutamente impunes que perpetran diariamente los monopolios mediáticos burgueses. No merecemos la hemorragia de dinero perpetrada obscenamente, y que desfila ante nuestras narices, para financiar farándulas, operaciones “informativas”, campañas publicitarias… y por colmo campañas políticas. No merecemos la mediocridad, la vulgaridad, la petulancia, la humillación, el sexismo, el racismo… que minuto a minuto destila, en sus medios de guerra psicológica, la ideología de la clase dominante. Y mucho menos merecemos la complacencia, la complicidad, el reformismo, el burocratismo, la dilación y en suma la impotencia de nuestras fuerzas para crecer y dar la gran batalla de las ideas, la gran batalla comunicacional, la gran batalla socialista llamada a saldar cuentas frente a uno de los rezagos más intolerables e inefables: El rezago comunicacional.

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lunes, 9 de enero de 2012

Los peligros del mundo y las ciencias prohibidas


Pablo González Casanova La Haine

No hay duda que vivimos en un mundo injusto y peligroso. La “opción racional” que orienta a las ciencias sociales hegemónicas se está convirtiendo, paradójicamente, en opción irracional. El “control de riesgos” nos está llevando a riesgos descontrolados. Modelos y formalizaciones muestran aquí y allá signos entrópicos amenazadores. Las falsas “leyes del mercado libre que por sí sólo se reequilibra”, y cuyas políticas siempre han derivado en graves crisis, nuevamente se ven “disconfirmadas”, y quienes anunciaron que pronto habría de superase la crisis que nos abruma, a poco se vieron obligados a reconocer que la actual crisis es más grave de lo que pensaron y de mayor duración.

La disminución de riesgos y la optimización de utilidades de las mega-empresas y complejos hegemónicos parecen asociarse a la maximización de riesgos y de pérdidas en “el conjunto” de que forman parte. Que esa asociación, correlación o coincidencia muestran una relación de causa a efecto es algo que no puede descartarse. Y sin embargo la relación de causa a efecto entre los intereses y valores de las grandes corporaciones y los graves peligros y problemas del mundo es generalmente descalificada por el pensar científico, y relegada al mundo de la negación o rechazo, que Freud descubrió entre las características del inconsciente, y que también parece darse en el inconsciente de las colectividades científicas y de los complejos militares-empresariales-y-políticos, todos ciegos ante las causas de los peligros del mundo y sordos ante las tragedias humanas, a que se refieren como si fuesen fenómenos naturales en cuya solución están haciendo todo lo que se puede y en que dan por entendido que no se puede hacer más.

La negación o descalificación, consciente o inconsciente, de la relación de causa a efecto aparece incluso en los análisis, modelaciones y formalizaciones de los sistemas complejos. Su concepción más generalizada de la complejidad no registra la paradoja entre la opción racional de las corporaciones que buscan disminuir riesgos y optimizar utilidades, y la irracionalidad y los riesgos que en forma “monstruosa” para las matemáticas de entonces aparecieron en las iteraciones algebraicas de Poincaré, y que con las modelaciones de ahora derivan en esa “Edad de los monstruos” a que se refirió Gramsci, y que corresponde a la maximización de pérdidas y riesgos para la inmensa mayoría de la humanidad y para el ecosistema.

Al mismo tiempo, el concepto prevaleciente de sistemas complejos –como ha observado Casti—incluye múltiples relaciones interactivas de manera “muy superficial”. Con plena razón, Casti define y formaliza el concepto de sistema complejo como dos o más sistemas complejos interactivos entre sí y en su propio interior. Un solo sistema complejo empobrece y hasta anula la dinámica de sistemas no lineales e interactivos. Su pensamiento sobre las características generales de la complejidad alcanza una profundidad de que pocos se percatan. Incluso los especialistas que incluyen en sus investigaciones dos o más sistemas complejos que interactúan, cuando se refieren al concepto de complejidad sólo destacan la complejidad de “un” sistema complejo”. Esta ruptura epistemológica parece obedecer a un preconcepto con fuertes tradiciones en el pensamiento científico, en el filosófico y en el religioso. Empecemos por éstas últimas. Muchos de los que abandonan la lógica religiosa del monoteísmo, no abandonan la lógica laica de lo “uno”. Definen y formalizan la complejidad de “un” sistema. Si lo “uno” predomina en la cibernética también se da en los modelos econométricos neoclásicos y neoliberales. En el discurso científico acostumbrado o “normal” se habla del universo como “un” universo en el que pueden darse planetas, átomos y múltiples agentes que interactúan en modelos de competencia y colaboración. Incluso se trabaja con sistemas interactivos sinérgicos, cooperativos, aliados o “tributarios” (Axelrod) y opuestos, enemigos, contrarios y rebeldes: Y todas esas posibilidades cognitivas de sistemas interactivos se dan en función de “un” sistema, el sistema del observador.

La ruptura epistemológica subsiste incluso cuando se avanza en la concepción de los sistemas biológicos “autorregulados, auto-adaptables y creadores”, o en los sistemas en fase de transición al caos, o en los que emergen de una situación caótica y, entre bifurcaciones y atractores, van configurando formaciones parecidas a escalas distintas hasta integrar el nuevo sistema con otra complejidad y otra dinámica. Todas estas investigaciones sobre la dinámica de varios sistemas no acaban con la lógica de lo Uno. Casi sin pensar sus autores, automáticamente, definen la “complejidad” como “un” sistema complejo o en relación a “un” sistema complejo. No hay sistema alternativo. Otro sistema no es posible.

Y aun ahí no queda todo. La ruptura entre las investigaciones específicas y las concepciones generales es todavía más impresionante cuando sus autores trabajan en investigaciones sobre sistemas complejos interactivos como los sistemas auto-inmunológicos. En ese tipo de sistemas claramente aparecen los anticuerpos negativos y positivos que luchan entre sí, en que los anticuerpos negativos no sólo ganan las batallas destruyendo directamente a los positivos, sino confundiendo al sistema encargado de la defensa del organismo y haciéndole perder su capacidad de identificar a amigos y enemigos. El sistema defensivo del organismo pierde al dar la bienvenida a sus atacantes y al destruir a sus defensores. Los sistemas en lucha tienen como referente a la víctima final de la batalla. Su dinámica se interpreta como lucha entre anticuerpos, y como ataque y destrucción de un subsistema que defiende a “un” organismo –al sistema-- y que al ser derrotado muere con el organismo, muere con el sistema de que es parte y cuya vida no alcanzó a defender.

Los juegos de guerra y las estrategias de guerra contrainsurgente o antiterrorista presentan obstáculos parecidos. Obedecen al mismo presupuesto epistemológico. Es “uno” quien juega a la guerra o quien hace la guerra, así tenga asociados o subordinados. El que juega, o el que manda, mueve a los luchadores virtuales y hasta a los soldados no convencionales, así como a los enemigos espiados, seducidos, sometidos o cooptados. Mueve al propio jugador del videojuego o del juego virtual que ha hecho real. La sofisticación del conocimiento del Gran Jugador y de los científicos que son sus “asesores financieros” o sus “think tanks” político-militares provoca un notable conocimiento de la manipulación y esclavización de los demás. También empuja a un extraño “desconocimiento” de las amenazas que pesan sobre todos los jugadores y de las que también será víctima el gran jugador. Los escenarios de guerra pueden incluir fenómenos de inteligencia distribuida, de díadas, de simbiosis, dendritas, nodos y redes, con notables y numerosas interacciones que siempre serán analizadas en función del actor cognitivo, y del sistema al que pertenece, considerado como constante en la defensa y promoción de sus valores e intereses, y naturalmente interesado en ganar la lucha, pero obcecado en creer que es eterno, ignorante de aquello que todos sabemos y de que habló el viejo Hegel cuando dijo que “toda cosa natural es mortal y efímera”.

El sistema no piensa en su propia muerte o la pospone a un futuro milenario sin historia. Desconoce, descalifica, debilita, confunde, enajena a su opositor. Lo anula como sistema. Y así como los sabios del rey por buena educación no hablan al Rey de su muerte y menos de la muerte de la casa real, así los científicos al servicio de un sistema de dominación y acumulación que se encuentra en situación terminal y que coloca en situación terminal a todos sus vasallos, ni pensar pueden en esa posibilidad y a su silencio se suman las fiestas y fanfarrias de quienes anuncian que el sistema tiene asegurada la vida, al menos, por un milenio.

La afirmación de Fukuyama de que vivimos el fin de la historia, fue recibida como bálsamo divino. Quien juega con los jugadores estimula el des-conocimiento y la descalificación de la evolución pasada y actual de las luchas sistémicas y anti-sistémicas. No sabe ni quiere saber cuál es y será la historia del sistema dominante o del emergente. Rechaza la sola idea de que puede morir a manos del otro y causar su propia muerte y la del otro. E insiste en seguir reinando mientras muestra todos los signos de estarse muriendo, hecho que ocurre en el escenario mundial, como el rey que se muere en el escenario teatral de Ionesco.

Hoy mismo, en sus modelos de conflicto y consenso, el sistema en estado terminal, impone la negociación para la rendición, y en el mundo realmente existente aumenta sus exigencias y extiende el campo de “lo no negociable”. Lo “no negociable” crece y prolifera no sólo en la periferias sino en el centro del mundo, encabezado por Estados Unidos y la Unión Europea.

La preconcepción del sistema como UNO predomina en las ciencias económicas “normales” de que Kuhn hablaba. Predomina en todo análisis que usa como categorías las de “el sistema” y “el contexto” en que aquél insume energía y al que arroja deshechos. Se trata de actos neguentrópicos que ya no cumplen esa función y que el investigador, supuestamente funcional al sistema, tampoco ve. Uno y otro se vuelven parte de la entropía que a ambos amenaza y que puede dar nacimiento a la configuración de otro sistema tras una fase de transición al caos y de transición del caos, para ellos inconcebibles, o “negados” cuando los llegan a intuir.

Hoy el sistema dominado por la lógica del capital, -una lógica de disminución de riesgos e incremento de utilidades para las corporaciones tanto en la economía como en la guerra- enfrenta conflictos internos y externos con medidas de retroalimentación negativa o positiva. Las relaciones interactivas de ocupación, depredación, parasitismo, cooperación, corrupción, persuasión virtual y subliminal, terror colectivo, eliminación de resistencias y de formaciones defensivas, aparecen en las simulaciones y escenarios de “guerra de espectro amplio”, pero aparecen a medias. La realidad histórica que vivimos es mucho más compleja de lo que sus autores imaginan o son capaces de concebir con las informaciones y computaciones que los “decision makers” les piden para mejorar su capacidad de decidir en función de sus intereses y valores.

El inmenso conocimiento que se ha adquirido sobre el papel del azar y de la organización y reorganización del sistema ha permitido superar la teoría de la selección natural aunque se le use en lo que es útil. Cuando es útil se vuelve a las viejas teorías del darwinismo colonialista que invoca las políticas de la eliminación de los más débiles, así conduzcan en menos de cuatro décadas a un genocidio de más de 2,000 millones de habitantes que (“otros factores iguales”), se van a añadir a los 7,000 millones que hay y en los que la población “excluida” y “desechable”, ya llega más de 3,000 millones.

El “sistema” y muchos de sus científicos atribuyen al excesivo crecimiento de la población los problemas ecológicos que vivimos, y si ese sistema de dominación y acumulación mundial se considera como una constante, la población que debe morir o desaparecer, será del orden de más o menos 5,050 millones, según predicciones demográficas relativamente confiables.

Y aquí surge el gran engaño y autoengaño en medio del gran conocimiento. Como esa aberración hay varias más que caen en el orden de la psicopatología pero que corresponden a la “opción racional” de las empresas y sus accionistas mayoritarios y minoritarios. Entre ellos destaca el creer que se puede seguir jugando con las amenazas de guerra nuclear sin que se produzca la guerra de la locura, esto es “MAD”, siglas que en inglés, claramente se refieren a una guerra de destrucción mutua asegurada Y existen otros ocultamientos y rechazos que llevan a no hacer nada frente a evidentes y acalladas amenazas, como el cambio climático. Me detengo en este para aclarar una disertación que parece catastrofista y no lo es como mostraré más tarde.

En los últimos meses del 2009 y primeros del 2010, es decir, en torno a la Reunión de Jefes de Estado sobre el cambio climático, se desató una feroz campaña contra los científicos de las antes llamadas “ciencias duras”. No sólo fue descalificado el informe que presentaron en 2007 sobre ese problema los integrantes de una comisión gubernamental de investigadores, sino fueron descalificados los más de mil científicos que, reunidos en París, confirmaron la validez del informe y añadieron algo más: que había un error en sus predicciones pues habían subestimado la rapidez y gravedad del cambio climático. El futuro resultó más grave de lo calculado.

El motivo principal de la campaña y la cólera que levantaron los científicos, no se debieron tanto a las predicciones sobre los crecientes daños a la tierra y a la vida, sino a la tesis ratificada por la comunidad científica internacional de que los cambios climáticos son de origen humano; atropógenos fue la palabra que usaron. Decir sólo eso, y que los propios científicos intergubernamentales lo dijeran, resultó inaceptable para los complejos empresariales-militares—políticos-y- mediáticos que dominan el mundo. Representados por sus Jefes de Estado en una reunión que tuvo lugar en Copenhague, destinada a tomar “acuerdos vinculantes”, los “acuerdos” fueron dictados por un pequeño grupo de jefes de estado. El grupo se reunió a escondidas a primeras horas de la madrugada y sin más consulta los “acuerdos” fueron leídos por el presidente Obama minutos antes de tomar el avión de regreso.

En Copenhague no hubo “acuerdos vinculantes”. Incluso los pobres compromisos que se habían tomado en Kioto, desaparecieron. La antropología de políticos y científicos no quedó allí. La maquinaria de los ricos y los poderosos se movió para desprestigiar y castigar a los científicos que habían osado decir una verdad que debió alertar a aquéllos sobre las amenazas a su propia vida y que sólo indirectamente los inculpaba al apuntar que ellos y sus megaempresas eran causantes de los peligros que corre la especie humana

Los “medios” y los publicistas llegaron a tratar a todos los científicos de las ciencias naturales, con las descalificaciones a que estamos acostumbrados los de las ciencias “blandas”, digamos “humanas” o sociales. Abusando de atrevidos artificios retóricos llegaron a sostener que las ciencias duras ya no son ciencias, y con prepotencias de ignorantes llegaron a decir que los propios científicos reconocen que los domina ¡el principio de incertidumbre!, del que por supuesto no tenían ni la menor idea de lo que es. El mundo de la ciencia respondió de una manera realmente ejemplar. Le dio un impresionante apoyo a sus colegas En los primeros meses del año las más famosas revistas científicas y de difusión científica publicaron artículos que defendían las mismas tesis de los científicos estigmatizados. Entre ellas Scientific American y Nature. No se ablandaron. Un gran número de científicos asumió su responsabilidad científica. Lejos de dejarse dominar por sus genes egoístas se vieron más y más atraídos a sostener las verdades sobre medidas que son necesarias para la supervivencia de la especie humana.

Un paso no dieron sin embargo que es necesario dar si no se quiere ser copartícipe de la negación más profunda y grave para las ciencias de la materia, de la vida y de la humanidad. Y para la humanidad. El paso que no se dio y que se necesita dar con la mayor seriedad consiste en incluir la categoría del capitalismo como un riguroso concepto científico, no sólo asociado a la ley del valor, sino a la ley de la producción y reproducción de la vida.

La ciencias de la complejidad que investigan el mundo actual no serán ciencias ni investigarán la complejidad del mundo actual y sus escenarios de futuro si no incluyen el capitalismo, una de sus categorías más profundas, cuyo sólo nombre suele ser rechazado instintivamente por no pertenecer al lenguaje políticamente correcto de las ciencias hegemónicas.

Pocas hipótesis tienen tantas posibilidades de ser confirmadas como ésta: La solución a los problemas sociales como problemas científicos y como problemas reales es imposible con el actual sistema de dominación y acumulación capitalista y con la lógica que en él impera. En relación al mismo ya no sólo se plantean las alternativas anteriores de reforma o revolución Hay otra más que surge tanto de los nuevos movimientos sociales como de los modelos matemáticos sobre sistemas en transición al caos y en transición del caos a un orden llamado emergente o alternativo. Tanto en los movimientos como en los modelos aparecen lo que en estos últimos se llaman atractores y bifurcaciones en que parecería optarse por uno de ellos, así como fractales y formaciones parecidas que se forjan a las más distintas escalas. La atención a la construcción de alternativas en los movimientos sociales y en los modelos de sistemas habrá de dar cabida a las nuevas estructuraciones de la libertad, la democracia, y la justicia social. Con unas y otras será fundamental estudiar cuáles son las alternativas que no sólo permitan construir el “buen vivir” sino preservar la vida

En los nuevos movimientos sociales y en los modelos de desarrollo autosustentable destacan por su mayor posibilidad de alcanzar esas metas los modelos de cooperación, de inteligencia distribuida, de control descentralizado, que se articulan con otros de control centralizado y jerárquico sin que se de en forma metafísica la vieja oposición entre el autoritarismo y la anarquía.

Desde ejemplos como “Los caracoles” de los pueblos mayas de Chiapas, por un lado, y por otro, desde investigaciones pioneras y recientes como las de Axelrod y muchos científicos más estamos hoy en condiciones de construir una utopía a la vez convalidada por la praxis de los pueblos y por los escenarios de las computadoras, esa que Emmanuel Wallernstein bautizó como “utopística” y que definió como “la ponderación seria de las alternativas históricas, la evaluación serena, racional y realista de los sistemas sociales humanos, de sus limitaciones y posibilidades”. Vale la pena pensar en ella y luchar por ella.

* Pablo González Casanova es Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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martes, 3 de enero de 2012

Rally Dakar, competencia de europeos que amenaza al patrimonio americano

Otramérica

464 motos, coches, quad y camiones carísimos, chicos y chicas adictos al ‘deporte de riesgo’, todo un show mediático trasladado de la pobreza de África a la siempre machacada Suramérica… El París Dakar (ya sin París y sin Dakar) acaba con el patrimonio arqueológico y deja una polvareda de polémica acallada por la publicidad.

Acción Ecológica de Chile se ha dado a la tarea de monitorear los daños del rally París Dakar desde que en 2009 el “rodeo publicitario en el continente de la pobreza”, como lo denominaban las ONGs en 2005, cruzó el Atlántico.

“En 2009, seis sitios arqueológicos con información con una antigüedad mayor a los cuatro mil años se perdieron por el Dakar. En 2010, se dañaron de lo revisado, que no fue el total, 52 sitios arqueológicos y en 2011, 126 sitios arqueológicos. Ese es el triste récord en términos de destrucción de nuestro patrimonio arqueológico y paleontológico, gracias a esta ´competencia deportiva’”, explicaba hace unos días Luis Mariano Rendón, de Acción Ecológica.

Esta organización, junto a la Fundación Patrimonio Nuestro presentaron nuevamente en la Corte de Apelaciones de Santiago un recurso de protección contra el Rally Dakar en defensa del patrimonio arqueológico del país. Saben que su recurso no parará la carretera que arrancó el domingo en Mar de Plata (Argentina) y que pasará por Chile y entrará por primera vez a Perú.

Las organizaciones reclaman que el mismo Consejo de Monumentos Nacionales ya constató y comprobó –en un informe presentado en mayo de este año– el grave daño arqueológico y paleontológico que deja esta competencia en el norte grande del país. Rosario Carvajal, presidenta de Patrimonio Nuestro, señala –al igual como ha manifestado el Colegio de Arqueólogos– que las medidas de mitigación del impacto son insuficientes e ineficientes el daño irreparable que se produce en la zona.

En Perú, el Museo Paleontológico Meyer Hönninger de Perú pidió al Gobierno y a los organizadores del Dakar 2012, que recaben información sobre los lugares que deben ser evitados y protegidos.

Según el documento, los organizadores mantienen en estricto secreto la ruta de los vehículos, por lo que se pueden ver afectados los fósiles únicos de ballenas, delfines, tiburones y otra vida marina de gran tamaño que habitó durante el periodo del Mioceno en los desiertos de Ica y de Arequipa.

El Gobierno de Perú solo ha establecido una salvaguarda para las Líneas de Nazca ante la arremetida de los 464 vehículos participantes, entre ellos 170 automóviles, 193 motos, 25 quads y 76 camiones. El Ministerio de Cultura de este país ha insistido en que el rally no dañará las zonas de patrimonio intangible protegidas. Mientras, la Comisión de Promoción de Perú lo que prefiere es hacer cuentas y asgura que la legada de la caravana atraerá a un millón de turistas y supondrá una inversion directa cercana a los 100 millones de dólares.

Fuente: http://otramerica.com/radar/rally-dakar-competencia-de-europeos-que-amenaza-al-patrimonio-americano/1151

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lunes, 2 de enero de 2012

La era del ciberfetichismo


César Rendueles Nodo50

Texto inédito escrito por el autor en marzo del 2011, recuperado por Nodo50.

El ciberfetichismo -un subproducto de la concepción mercantil del vínculo social- es la ficción de que las tecnologías de la comunicación y los conocimientos asociados tienen un sentido neutro al margen de su contexto social, institucional o político. De ese fetichismo provienen muchos de los errores recientes en los medios, por ejemplo al caracterizar revueltas políticas dentro de categorías espúreas como ciber o twitter-revoluciones.

En los días previos a la invasión de Irak, un diario madrileño publicó un dibujo de gran formato que ilustraba los adelantos tecnológicos del equipamiento del soldado estadounidense. El marine 2.0 era un cyborg que los ciudadanos de Bagdad más afortunados tendrían la oportunidad de admirar antes de que les achicharrara con uranio empobrecido. Se trata de un lugar común de las películas de Hollywood. La más brutal carnicería de un boina verde resulta aceptable cuando está mediada por unas gafas de visión nocturna y una mirilla láser. No siempre ha sido así. Antes de la caída de la URSS, a menudo Occidente reivindicaba el esfuerzo analógico del individuo libre frente a la tecnología deshumanizadora. En Rocky IV, Balboa se entrena en un establo siberiano mientras su rival, el ruso Iván Drago, aumenta sus músculos en un sofisticado laboratorio soviético.

Hoy, en cambio, la tecnología es una infalible depuradora ideológica. Según un dogma muy difundido, vivimos en sociedades del conocimiento. Muchas personas inteligentes parecen convencidas de que enviar fotos con un teléfono móvil implica un salto evolutivo crucial, mientras que plantar maíz con una azada de madera es una tarea al alcance de un simio subnormal. En realidad, la parte importante de la expresión “sociedad del conocimiento” es “sociedad”. Creemos desesperadamente en la capacidad de las nuevas tecnologías de la comunicación para ampliar y fortalecer los vínculos entre las personas. Esto es muy notable, pues nuestra historia reciente está más bien marcada por una progresiva fragilización de las relaciones sociales.

Las ciencias humanas se han mostrado casi unánimes al relacionar la modernización con la destrucción de los lazos comunitarios tradicionales. La industrialización, la mercantilización, el crecimiento de las ciudades –como también la democratización y la ilustración–, tienden a disolver el magma simbólico que antaño orientaba las vidas individuales y las decisiones colectivas. Es un proceso profundamente ambiguo: ha generado ansiedad y desorientación, pero también nos ha liberado de las cadenas de la tradición. Marx o Durkheim trataron de afrontar este dilema mediante apuestas políticas. Los ideólogos de nuestro tiempo, en cambio, piensan que la tecnología sencillamente disuelve el problema, creando un círculo virtuoso de, por un lado, libertad y creatividad y, por otro, un nuevo tipo de densidad comunitaria no opresora. Vivimos en la era del ciberfetichismo.

No es trivial que todos los medios de comunicación se apresuraran a buscar un explicación tecnofílica de los alzamientos populares de Egipto o Túnez en 2011. Si uno da crédito a The New York Times, el Lenin del Magreb era un blogger de clase media experto en redes sociales. Algunos izquierdistas llegaron a pensar que se trataba de una estrategia deliberada para ocultar la relación de estas revueltas con dinámicas económicas y políticas globales que se remontan a la contrarrevolución liberal de los años setenta. Yo más bien creo que era una forma inconsciente de depurar estos movimientos sociales de su inquietante atavismo. La moraleja que extrajeron los ciberfetichistas es que la potencia revolucionaria de Facebook logra penetrar incluso en un contexto cultural marcado por un inmovilismo terminal. Muy sintomáticamente, la valoración que los medios de comunicación –y por cierto, también muchos izquierdistas– hicieron de las revueltas en Libia, donde sólo el 5% de la población tiene acceso a Internet, fue mucho más ambigua: “Los libios recelan de la democracia; les gusta tener un gobernante fuerte que sea capaz de impedir que estallen las rivalidades entre tribus. Pero no les gusta demasiado su gobernante actual”, escribía Andrew Solomon en El País. Parece ser que Twitter aún no les ha descubierto a los libios la naturaleza de la genuina emancipación. En realidad, ocurre justo al contrario. Lo cierto es que sólo el 21% de los egipcios tiene acceso a Internet. Si los ciudadanos de estos países han dado semejante salto político es porque en ellos la fraternidad –el tercer valor republicano– sigue siendo alimentada por familias extensas, comunidades religiosas, círculos de afinidad, compromiso sindical y relaciones culturales densas.

El fetichismo cibernético es, en el fondo, un subproducto de la concepción mercantil del vínculo social. Hace más de doscientos años Montesquieu acuñó la expresión “dulce comercio” para designar el modo en que los negocios podían fomentar un tipo de relación social superficial, pero amable y serena. Creía que el mercado era una alternativa a las grandes pasiones políticas y religiosas que habían convertido Europa en un campo de batalla secular. Otros autores radicalizaron esta perspectiva hasta llegar a concebir la propia sociabilidad no como un hecho primario –una característica esencial de los seres humanos– sino como un fenómeno derivado de las relaciones voluntarias y consideradas mutuamente beneficiosas. En la era del capitalismo de casino, es difícil seguir manteniendo esta confianza en el poder social del mercado. Internet ofrece un sustituto muy oportuno. Según una opinión muy extendida, hoy el cemento de nuestras sociedades se fragua en un espacio telemático en el que se encuentran individuos autónomos sin otra relación que sus intereses comunes.

La verdad es que la mercantilización y sus sucedáneos telemáticos destruyen los vínculos sociales, no los crean. Ninguna sociedad puede sobrevivir a la hostilidad generalizada. Por eso la mayor parte de las culturas han puesto fuertes límites a la conducta competitiva típica del comercio, donde tratamos de obtener ventaja sistemáticamente de nuestro oponente. De hecho, el mercado es uno de los pocos espacios de nuestras sociedades ilustradas donde se acepta la agresividad extrema. Otros dos son Internet y las carreteras. Según algunos estudios, y pese a lo que cabría esperar, los coches descapotables reciben menos pitidos del resto de conductores que cualquier otro vehículo de motor. La razón parece ser el contacto visual directo con la persona que conduce el descapotable: en lo más hondo de nuestras mentes, la sociabilidad y la empatía se mueven a un nivel paleolítico previo a las autopistas y los chats. Lo más parecido a los descapotables que tenemos en el mundo de las tecnologías son los movimientos en favor del conocimiento libre.

Sin embargo, el ciberfetichismo está especialmente presente en estos movimientos cooperativos. Con mucha frecuencia, los partidarios del copyleft centran su actividad exclusivamente en la eliminación de las barreras que impiden la libre circulación de la información: monopolios, DRM, censura, impuestos… La cooperación se entiende como la concurrencia en un espacio comunicativo extremadamente depurado, compuesto por individuos unidos tan sólo por intereses similares y, esto es crucial, neutral respecto a los contenidos. La información debe fluir, no importa si es la Crítica de la razón pura o un episodio de Bola de dragón. Poco sorprendentemente, la solución que se suele proponer a las externalidades negativas que genera la liberación de contenidos digitales –como la remuneración de los autores o la financiación de proyectos muy costosos– suele ser algún dogma anarcoliberal mal digerido. Sencillamente, se dice, los creadores de copyright viven de una industria obsoleta que el mercado darwiniano se encargará de depurar si se eliminan las regulaciones.

Por eso, a lo largo de la extenuante polémica en torno a la Ley Sinde, prácticamente nadie ha propuesto algo tan sencillo como acabar con ese residuo medieval que son las entidades de recaudación de impuestos privadas. La creación de una entidad de gestión de derechos pública que sustituya a SGAE, VEGAP o CEDRO podría asegurar una remuneración de los autores evitando los abusos actuales, por ejemplo, mediante un límite razonable de la cantidad que un autor puede recaudar o con un sistema generoso de excepciones (¡no más guarderías denunciadas por pinchar “Al corro de la patata”!). Una organización como esta podría potenciar las licencias libres mediante incentivos fiscales y redistribuir una parte del dinero recaudado invirtiendo en proyectos culturales. De hecho, podría ser el pistoletazo de salida de una implicación masiva de las instituciones en la defensa del conocimiento libre, creando editoriales, plataformas de desarrollo de software, estudios de grabación, escuelas y repositorios digitales públicos que creen empleo para los trabajadores del sector y garanticen, además, que aquellas producciones culturales minoritarias pero de alto valor artístico cuentan con los medios adecuados para su desarrollo.

Por supuesto, ningún abracadabra tecnológico, jurídico o mercantil garantizaría el éxito de un proyecto tal. Podría convertirse en un ruinoso monstruo burocrático corrupto y arbitrario. Que no fuera así dependería de compromisos pragmáticos extremadamente frágiles. De la supervisión y la exigencia continua por parte de los ciudadanos. Vaya, de eso que solíamos llamar política.

Vía: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/01/la-era-del-ciberfetichismo/

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jueves, 29 de diciembre de 2011

Democracia y libertad de prensa

Pascual Serrano Aporrea

Es frecuente utilizar el término libertad de prensa para referirse a la libertad de expresión. Yo prefiero éste último o, mejor todavía, derecho a informar y estar informado. En principio, la libertad de prensa debería consistir en la existencia de garantías para que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del Estado. El problema es que en un sistema de economía de mercado como el actual, con el grado de industrialización tan desarrollado que requieren los medios de comunicación y las grandes inversiones imprescindibles, ese derecho solo puede ser utilizado por un determinado sector social. Hoy no existe en ningún país industrializado un medio de comunicación mínimamente fuerte e influyente que haya nacido como resultado de un grupo de ciudadanos que se hayan organizado para poder públicamente expresarse. Por tanto, confundir libertad de prensa con libertad de expresión es como confundir el derecho a la salud con el derecho a crear y poner en funcionamiento un hospital. No estoy en contra de ello, como no estoy en contra de que un empresario funde un periódico, pero eso es muy diferente de la libertad de expresión. De modo que en la realidad la libertad de prensa es, digámoslo así, el derecho del empresariado a operar en un determinado sector. No es ningún derecho de la ciudadanía en general.

Cuarto Poder

En los periodos de la revolución francesa se acuñó el término Cuarto Poder para referirse a los medios de comunicación. Con esa denominación se planteaba que los medios iban a ser el cuarto poder, es decir, ese poder ciudadano que vigilaría a los otros tres: ejecutivo, legislativo y judicial. Con el paso de los años y el desarrollo de la economía de mercado hemos comprobado que los tres citados poderes están siendo gravemente amenazados por el poder económico que, con su influencia, su ambición desmedida y su capacidad de corrupción se ha convertido en un actor fundamental de nuestros sistemas políticos. A pesar de esta peligrosa influencia, los tres poderes tradicionales mantienen mecanismos de democracia y control público de mayor o menor efectividad. Sin embargo, es el cuarto poder, el mediático, el que se ha visto totalmente permeabilizado y controlado por el poder económico. Los procesos políticos neoliberales sufridos en la década de los ochenta y noventa arrasaron con los sistemas de información públicos con el apoyo de la derecha y la indiferencia de la izquierda que, con razón, los asociaba a los dictadores anteriores. A ello se añadía el papel cada vez más sofisticado y potente que han adquirido los medios de comunicación en las sociedades democráticas, donde la conformación de la opinión pública es un elemento fundamental para el ejercicio del poder. Como resultado tenemos un cuarto poder con las siguientes características:

Es un mero apéndice de grupos económicos empresariales.

No dudaríamos en considerarlo más poderoso que los otros tres. Basta observar la agresividad con la que han reaccionado ante las políticas progresistas en América Latina. Hoy la oposición a estos gobiernos no son los partidos políticos de la ideología contraria con su correspondiente militancia ciudadana, son los grandes medios de comunicación que se han convertido en actores políticos fundamentales.

A diferencia de los otros tres poderes, el mediático no tiene ninguna legitimidad democrática. Nadie les vota, nadie les elige. En Brasil, se le ha llegado a denominar “coronelismo informativo”, creo que el término, teniendo en cuenta lo que significan en América Latina los coronoles, es suficientemente elocuente.

Bajo el paraguas de la libertad de prensa han logrado un nivel de impunidad impresionante. Los medios hoy mienten constantemente, manipulan, insultan, desprestigian y destrozan prestigios y trayectorias de quien se les ponga en su camino. Su intolerancia ante cualquier poder legítimo y democrático que ose tocar sus privilegios es absoluta. Han embestido duramente contra los gobiernos latinoamericanos progresistas por desarrollar sus televisiones públicas, por conceder licencias de emisión a los movimientos sociales, por aprobar leyes que obligan a garantizar la veracidad de los contenidos. El pasado 31 de octubre aparecía este titular en el diario español El País: Los jueces amenazan la libertad de prensa en Latinoamérica . Como si los jueces latinoamericanos se hubieran puesto de acuerdo para atentar contra la libertad de prensa. Sencillamente estaban aplicando legislaciones aprobadas de forma democrática y legítima por gobiernos y parlamentos, en base a las cuales algunos medios estaban siendo sancionados por mentir, calumniar o hacer apología de delitos.

En la medida en que son empresas, no están sometidos a controles económicos como lo están el resto de poderes. Un diputado, un funcionario, un ministro o un juez acabaría en prisión si recibiera dinero de sector o persona en litigio. Los medios todos los días reciben dinero (mediante publicidad o cualquier otra vía) de sectores interesados o con vocación de influencia social.

A diferencia también de otros poderes, los medios no tienen un contrapoder. El gobierno tiene una oposición, los empresarios tienen unos sindicatos, las empresas tienen asociaciones de usuarios. No hay contrapoder al mediático. Se intentó con los denominados observatorios de comunicación pero no se han consolidado.

Recordemos que los dueños de los medios no son ni siquiera empresarios de la comunicación, sus dueños son emporios empresariales con acciones e intereses en todos los sectores, desde multinacionales de las telecomunicaciones que controlan las vías de difusión de la información hasta grupos bancarios imprescindibles para la financiación. Y su viabilidad depende de grandes anunciantes del tipo de empresas de hidrocarburos, automovilísticas, grandes almacenes. Estos medios no son ningún cuarto poder, son el poder del dinero. Añadamos otro elemento. Según las legislaciones de las economías de mercado, las empresas privadas están obligadas por ley a maximizar los beneficios de sus accionistas. La ley prohíbe a los directivos empresariales y administradores del dinero ajeno llevar a cabo, en el marco de su empresa, cualquier actividad que afecte negativamente a los intereses económicos de los accionistas. De este modo, pagar a sus trabajadores más de lo imprescindible, cuidar el medio ambiente, trabajar en pos de la resolución de un conflicto bélico o defender los derechos humanos de una minoría, si afectaran negativamente a la cuenta de resultados de la corporación empresarial podrían ser denunciados por los accionistas y castigados penalmente [1] . Por lo tanto los principios éticos y morales son incompatibles con el espíritu del mercado. Es a partir de esta regla cuando podemos comenzar a comprender a dónde nos están llevando los medios de comunicación, propiedades de grandes empresas privadas y su incompatibilidad con los valores de la democracia.

De este modo, estos grupos de comunicación que tanto reivindican la libertad de prensa y se presentan como defenderos y baluartes de la democracia no les interesa la verdad, ni la democracia de la misma manera que no le interesa a un fabricante de lavadoras. Al contrario, defenderán a esos bancos que desahucian a quienes no pagan sus hipotecas, a las grandes empresas que aplican despidos para mejorar sus ganancias, a las corporaciones que destruyen el planeta con tal de que sigan contratando publicidad, a los hospitales y universidades privadas que seguro insertarán más anuncios que los servicios públicos y además serán de los mismos dueños que los bancos que les financian. Un periodista estadounidense comentó que en su país se podría escribir contra el presidente demócrata, o contra el presidente republicano; pero lo que nunca se podía publicar es la noticia de que se hubiese descubierto una mosca en una botella de Coca-Cola.

Y por supuesto, esos medios apoyaran a todos los políticos que propongan más poder para el mercado y menos para los ciudadanos. Los periódicos, las televisiones y las radios, con sus columnistas, sus editoriales, sus reportajes por encargo y sus informaciones manipuladas se lanzarán como hienas contra cualquiera que ose atentar contra los privilegios del mercado porque ellos están creados para defenderlo. Y lo más grave: a eso lo llamarán libertad de prensa.

Voy a contar un ejemplo de España que ilustra el poder de los medios y sus empresas. Se trata de la publicidad de la prostitución en prensa escrita. Podemos leer en cualquier periódico la denuncia de las tristes condiciones de las trabajadoras del sexo y la explotación a la que se ven sometidas miles de mujeres procedentes de países empobrecidos, pero son pocos los diarios que han renunciado a estos anuncios que les aportan pingües beneficios. Según una comisión parlamentaria que abordó el asunto en 2007 y elaboró un informe sobre la situación de la prostitución [2] , en un día laboral, los periódicos españoles recogían entre 700 y cien anuncios de prostitución. Así, periódicos como El País y El Mundo, ingresaban en torno a seis millones de euros anuales. Otros, como el Grupo Vocento, llegaban hasta los 10 millones. El Gobierno español elaboró un Plan Integral contra la Trata de Seres Humanos con fines de explotación sexual que entró en vigor el 1 de enero de 2009 y que definía a las prostitutas como “víctimas”. En Europa la prostitución está estrechamente ligada a una situación de semiesclavitud de mujeres traídas engañadas o a la fuerza. El Plan elaborado por el gobierno instaba a los diarios a que, mediante la autorregulación, eliminasen cualquier relación empresarial con la prostitución. Apenas unos pocos periódicos de segunda importancia siguieron la recomendación, la mayoría y los principales siguieron haciendo caja con esos anuncios. La prohibición de esta publicidad a buen seguro contaría con el apoyo de todo el espectro social e ideológico de la ciudadanía. Sin embargo ningún gobierno se atreve a prohibir los anuncios para no ofender a los grandes periódicos que continúan así lucrándose con esta prostitución [3] . Si los prohibiesen seguro que serían acusados de atentar contra la libertad de prensa.

¿Por qué la libertad de prensa no garantiza la libertad de expresión de los ciudadanos?

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho “a recibir informaciones y opiniones”. En el caso español, nuestra Constitución es la primera en Europa que recoge el derecho a recibir una información “veraz”. Por lo tanto, si las noticias de nuestros medios no poseen la veracidad ni la calidad necesaria y las opiniones no están equilibradas, se estarán violando los dos pilares legislativos fundamentales de nuestra comunidad por mucho que sigan alardeando de libertad de prensa.

Pero para que unos ciudadanos disfruten el derecho de recibir informaciones y opiniones se debe garantizar a otros el derecho de emitir informaciones y opiniones. Y ese derecho, todos los sabemos, lo posee solo un oligopolio de unas pocas empresas de comunicación. En consecuencia los medios no ejercen el derecho a la libertad de expresión, ejercen el derecho a la censura puesto que deciden qué es lo que se publica y difunde, y qué es lo que no.

La nueva censura

Durante mucho tiempo hemos asociado dictadura o abuso de poder en lo relacionado con la información con censura. Consistía en la prohibición de difundir una determinada información. Es evidente que el problema de la información hoy no es la censura, en pocos países se impide difundir un determinado dato, un determinado hecho o una determinada opinión. Sin embargo sigue existiendo un importante déficit del derecho a la información. O dicho de otra manera, existen otras formas de censura.

Y aún hay más, el escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski comparaba la situación de censura que vivió en su país durante el denominado socialismo real con el panorama actual en los medios. Según él, aquella censura ahora está maquillada por la manipulación. Si antes, en su Polonia natal, los gobiernos impedían la difusión de determinadas noticias, ahora mediante los silenciamientos, la frivolización, el desvío de la atención a asuntos menores, la marginación de intelectuales díscolos e incluso las mentiras, el panorama de desinformación de la misma víctima –el ciudadano de a pie- no ha mejorado.

Analicemos dos símiles. Si estoy viviendo bajo un gobierno dictatorial que quiere impedir que me llegue la carta de un amigo procedente de fuera del país, éste gobierno puede hacer lo tradicional de un sistema opresor: poner un policía a vigilar mi buzón de correos y cuando llegue la carta apropiársela e impedir que me llegue. O podría hacer otra cosa, encargar a sus agentes dejar todos los días quinientas cartas en mi buzón mezcladas con la que buena que llegue de mi amigo y que yo no la pueda diferenciar. De este modo habrán logrado igualmente obstaculizar la información entre nosotros dos. Otro símil es ese juego de niños en el que Pepito le quiere decir algo a Juanito y el resto de los amigos no quiere que Juanito se entere. Entonces, cuando Pepito va a decir algo, todos empiezan a gritar y a hablar al mismo tiempo. Como resultado Juanito no sabe lo que Pepito le quiere contar.

Estaremos de acuerdo en que estos dos ejemplos gráficos y anecdóticos poseen la misma eficacia que un sistema de censura para evitar la transmisión de un mensaje. La idea que yo quiero transmitir es que existe una nueva forma de censura, diferente a la tradicional, pero igual de eficaz: Enterrar la verdad con la mentira o la información inútil. Si la impunidad de los medios les permite mentir sin asumir ninguna responsabilidad, lo harán constantemente, lo hacen, y el ciudadano no sabe diferenciar entre la verdad y la mentira, no sabe cuál es la verdad. O sea, igual que la censura de la dictadura.

El derecho a la censura

Seguimos hablando de censura. La libertad de expresión -que ellos llaman libertad de prensa- debe consistir también en que podamos conocer las reclamaciones y aportaciones de una asociación ecologista, un sindicato, unos abogados de derechos humanos, etc... Es decir, voces críticas que tienen algo que decir. ¿Existen prohibiciones para que esas personas y colectivos puedan hacer sus denuncias? En la mayoría de los países no. Sin embargo, ¿quién tiene el poder para que esas voces lleguen a los ciudadanos? Evidentemente los medios de comunicación. Ellos no ejercen el derecho a la libertad de expresión, sino el derecho a la censura, en la medida en que deciden lo que vamos a conocer los ciudadanos y lo que no. Una democracia debe garantizar el derecho ciudadano a informar y ser informado, no puede quedar en manos de unas empresas de comunicación privadas sin participación democrática, como sucede habitualmente. En nuestros sistemas de mercado no son los gobiernos los que aplican la censura, son los medios de comunicación.

Los medios atropellan a los otros poderes

Nuestra sociedad está funcionando bajo los parámetros de los medios de comunicación. Al apostar por una democracia representativa, el principal poder es la opinión pública, de ahí que los agentes que operan en la conformación de esa opinión se han convertido en el poder principal de nuestras democracias. Los medios nacieron para llevar a la ciudadanía informaciones sobre acontecimientos, propuestas de los políticos, informaciones sobre las acciones de nuestros gobernantes, opiniones al respecto de la oposición y de los movimientos sociales. Sin embargo, la hipertrofia del modelo mediático ha convertido a los medios en interceptadores de la información más que en transmisores. Como resultado han terminado atropellando y desplazando a los otros tres poderes.

Ejecutivo. El poder ejecutivo se encuentra a merced de los medios para explicar a los ciudadanos sus políticas, posiciones o intenciones. Un presidente o un ministro (que representa a millones de personas) da una rueda de prensa y serán los medios (que no representan a nadie) los que decidan si difunden su mensaje y cómo lo hacen. Un columnista de prensa tendrá más acceso a los ciudadanos a través de su presencia mediática que un ministro.

Legislativo. Los ciudadanos no van a los parlamentos a escuchar los debates, tampoco los siguen en directo por televisión o radio. Son los medios los que transmiten lo que consideran oportuno. Yo mismo he comprobado cómo un partido de la oposición que quiera denunciar algo convoca antes una rueda de prensa que una iniciativa parlamentaria para debatir en el Congreso. Y, a continuación, el gobierno convocará una rueda de prensa para responder a la oposición. De esta forma, la institución en la que se sustenta el poder legislativo, con sus representaciones proporcionales a los resultados electorales, sus procedimientos de debate e intervención, termina desplazada por los micrófonos y las cámaras. Hoy, si un diputado tuviera que elegir entre media hora de intervención en el pleno del parlamento y diez minutos ante la televisión elegiría lo segundo porque sabe que es más eficaz.

Judicial. El poder judicial tampoco se libra del atropello mediático. Todos sabemos que, cada vez con más frecuencia, los jueces deciden aislar a los jurados durante el transcurso de los juicios para que no se vean condicionados por el clima creado por los medios de comunicación. Eso quiere decir que los medios poseen un poder sobre decisiones judiciales. En otros casos, los jueces, como los periódicos, han terminado siendo víctimas de campañas mediáticas indecentes. No hay que buscar los ejemplos en el tercer mundo. En Italia el juez Raimondo Mesiano condenó a la empresa de Berluconi, Fininvest, a indemnizar con 750 millones de euros al ciudadano De Benedetti por el denominado caso Mondadori. La sentencia estableció que la empresa de Berluconi arrebató de forma ilegal la propiedad de una editorial a Carlo De Benedetti. Entonces las televisiones de Berlusconi comienzan una campaña contra el juez, de más de sesenta años, para ridiculizarlo. Las cámaras de la televisión le siguen en secreto cuando pasea por la calle para ver si le descubren en algún hecho poco honorable. Como no ven nada anormal emiten las imágenes de cómo se dirige a la peluquería. Le ridiculizan diciendo que anda despistado, que se comporta de forma extraña andando para delante para detrás, que no deja de fumar, (en realidad solo estaba en la calle esperando su turno en la peluquería) y terminan el reportaje señalando “una extravagancia”: que lleva camisa blanca, pantalón azul, mocasín blanco y calcetín azul turquesa, que “no son los más apropiados en un tribunal”, dice la periodista. La televisión cuyo propietario tiene citas sexuales remuneradas con menores de edad se pronuncia sobre lo inapropiado de llevar calcetines azules. Todas las asociaciones de magistrados denunciaron la miserable campaña mediática.

El papel del Estado

En los tradicionales regímenes dictatoriales, medio de comunicación de propiedad estatal era sinónimo de control por parte del aparato militar y represor. La verdad, la denuncia y la crítica sólo podían venir de medios no estatales que eran perseguidos y reprimidos. El modelo actual de democracia representativa, con todos sus defectos, ha variado esa situación, el Estado deja de ser el ente represor para convertirse, o debería convertirse, en el legítimo delegado de la sociedad civil organizada. En democracia, los legisladores y gobernantes son nuestros representantes; las leyes, las que desea el pueblo, y su justicia, la que aplica la legislación aprobada por los representantes públicos. No hay legítimos legisladores, ni leyes, ni jueces fuera del Estado democrático, aunque sí grupos sociales representativos a tener en cuenta. Por tanto, y volviendo a los medios, es -o debería ser- el Estado el garante de los valores de pluralidad, democracia y participación en los medios de comunicación. En realidad, no se trata de otra cosa diferente de lo que sucede con otros servicios y derechos, como la sanidad o la educación. Estamos convencidos de que sólo un Estado social y de derecho podrá garantizar asistencia médica a quienes no tengan recursos y educación digna a todos los ciudadanos, algo que sabemos no hará nunca la sanidad privada o los colegios privados, planteados con el objetivo de lograr beneficios. De la misma forma, un sistema comunicacional basado en la empresa y el mercado tampoco podrá garantizar el derecho ciudadano a informar y a estar informado. La interpretación torticera del concepto de libertad de expresión, presentada como libertad de prensa, consiste en el privilegio de los medios privados. En realidad lo que reivindican es el derecho a la censura, es decir, a ser ellos quienes eligen lo que se difunde o no.

Es verdad que los intentos de los gobernantes y sus partidos de controlar los medios públicos son un problema que está a la orden del día, pero la alternativa será establecer mecanismos e instituciones que impidan ese control y métodos que garanticen la independencia y profesionalidad de periodistas y directivos. Además, los medios privados, aunque pueda parecer paradójico, pueden ser más serviles con el poder político que los públicos. No olvidemos que gran parte de sus ingresos procede de decisiones gubernamentales: publicidad institucional, medidas fiscales beneficiosas, subvenciones, ayudas a I+D, etc. Y sin embargo, no existen los mecanismos de control que se pueden establecer para los públicos: consejo editorial, representantes de la oposición o comisión parlamentaria, consejos ciudadanos... Esta situación origina un doble discurso de los dueños de los medios privados: denuncian intervencionismo cuando las decisiones democráticas no son de su gusto, pero exigen dinero y ayudas públicas cuando tienen problemas económicos.

No vamos a negar que, a pesar de todo, por ejemplo las televisiones públicas no cuentan con los mecanismos de participación democrática que todos desearíamos, y que el poder de los gobiernos en muchas ocasiones es excesivo. Lo que es indiscutible es que los profesionales de las televisiones privadas nunca podrán denunciar y mostrar en pantalla los intentos de presión por parte de sus propietarios. De modo que la verdadera independencia y pluralidad, la verdadera libertad de prensa, o viene de los medios de comunicación públicos y comunitarios con apoyo del Estado o no vendrá nunca. Por tanto, la conclusión es que debemos reivindicar el papel del Estado en los medios de comunicación, un papel, eso sí, que se fundamente en la participación social y la pluralidad y no en el uso partidista de un gobierno. Del mismo modo que la Administración pública contrata médicos, catedráticos de universidad, jueces y diplomáticos de carrera sin atender a su ideología ni condicionarles políticamente después, así podría suceder con los profesionales de los medios de comunicación públicos. Todo sin olvidar el derecho de la ciudadanía organizada a crear sus propias vías de comunicación, medios comunitarios que realmente sólo podrán ser valiosos y sólidos si el Estado ayuda con recursos para que salgan de la marginalidad.

Debemos reconocer que, en democracia, ha habido muchos malos precedentes de medios públicos que se han destinado al uso exclusivo del grupo político gobernante, ignorando la voz de colectivos ciudadanos, opositores e intelectuales independientes. Pero eso no debe impedirnos que apostemos por el Estado como vía de democratización del panorama comunicativo. No vamos a privatizar los juzgados porque consideremos a sus jueces demasiados parciales a favor del gobierno, no podemos pensar que el mercado nos proveerá de la pluralidad que no da el Estado. La estigmatización de lo público en la que tanto ha insistido la ideología neoliberal ha sido eficaz en numerosas ocasiones, y una de ellas ha sido en la percepción de lo público en lo referente a los medios de comunicación.

Nos encontramos ante un nuevo reto, buscar el método para que los ciudadanos recuperen su derecho a la información mediante un Estado al que debemos exigir que cumpla con su obligación de garantizarlo. A ese Estado los ciudadanos debemos darle poder y el Estado a los ciudadanos, control. Esa es la verdadera libertad de prensa en una democracia.

Pascual Serrano es periodista. Su último libro es "Contra la neutralidad. Tras los pasos de John Reed, Ryzard Kapuścińsky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa" . Editorial Península. Barcelona

Este texto está basado en la intervención en la mesa redonda “Democracia y libertad de prensa” dentro del Seminario “Democratización de los medios”, organizado por la Asociación de Juristas de Río Grande del Sur (Ajuris), Altercom e Intervozes y celebrado en Porto Alegre, Brasil. 3 de noviembre de 2011 Parte de la información y las argumentaciones expuestas proceden de mis libros El periodismo es noticia (Icaria 2010) y Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo (Península, 2009).

[1] Este tesis es presentada extensamente en el libro Los guardianes del poder. El mito de la prensa progresista. David Edwards y David Cromwell (Txalaparta, 2011)

[2] Acuerdo de la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades por el que se aprueba el Informe de la Ponencia sobre la situación actual de la prostitución en nuestro país. BOE, 24-4-2007

[3] Esta información se presenta más extensamente en el libro Traficantes de información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles. Pascual Serrano (Foca, 2010)

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=142026

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jueves, 22 de diciembre de 2011

In time, comunismo made in Hollywood

Jon Juanma Aporrea

En “La ideología alemana”, Karl Marx y Friedrich Engels afirmaban que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época” o lo que es lo mismo que:

La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. 1

. En esta reflexión voy a intentar demostrar porqué el filme norteamericano In Time (“A tiempo” o “El precio del mañana”2, de Andrew Niccol actualmente en las carteleras), a pesar de la utilidad general de la citada premisa marxista, es una de las películas hollywoodienses con un mensaje más revolucionario de todas las realizadas hasta la fecha en la historia del cine. Pero, ¿cómo es posible que Hollywood, la misma industria que ha sido epicentro de gran parte de la propaganda capitalista desde hace casi un siglo, produzca ahora una película blockbuster que sea casi tan revolucionaria como el Manifiesto Comunista? Analicemos y entendamos el fenómeno desde lo que pretende ser una aportación a la teoría marxista de la cultura, la ideología y las industrias culturales. Aportación que en ningún momento pone en cuestión la validez tendencial de la cita reproducida de Marx y Engels, sino que intentará corregir algunas interpretaciones mecanicistas que no hacen sino metahistorizar y empobrecer la herramienta marxista para la revolución social.

Comencemos con el guión de la película: estamos en el año 2161, los humanos han sido modificados genéticamente de tal modo que al cumplir 25 años un temporizador vital visible en sus antebrazos comienza la cuenta atrás, si bien su apariencia física queda atrapada en la juventud a pesar de que puedan vivir longevamente. A partir de ese momento, deben conseguir tiempo si no quieren que el crono llegue a cero y mueran. El tiempo es el dinero del futuro, la nueva divisa que simboliza el valor de cambio. Se gana tiempo trabajando y se pagan los bienes y servicios de la misma forma. De este modo el cronómetro genético se va actualizando a medida que uno desembolsa o ingresa la nueva moneda temporal. En este futuro distópico la sociedad está dividida de manera brutal por tres clases: los super ricos (muy pocos), los acomodados (pocos) y los pobres (mayoría). Los pobres tienen poco tiempo y deben estar continuamente trabajando a gran velocidad si no quieren morir jóvenes (lo cual sucede frecuentemente). Los ricos pueden llegar a acumular cientos y hasta miles de años, siendo prácticamente inmortales y aprovechándose del excedente productivo que extraen a los pobres asalariados.

El protagonista de la trama es un obrero (de fábrica para más in ri) llamado Will Salas (Justin Timberlake) que ve morir a su madre prematuramente ante su imposibilidad de pagar las deudas y la constante subida de precios con los que la élite gobernante asfixia a la clase obrera. De repente, la vida de Will cambia radicalmente cuando se encuentra a un rico borracho en un bar de los suburbios. Unos atracadores intentan dejarlo sin dinero (sin vida) pero Will lo salva y éste a cambio le hace una revelación: no tiene sentido vivir para siempre y la inmortalidad de los ricos se basa en la alta mortandad planificada de los pobres: “Para que unos pocos sean inmortales, muchos han de morir”. La metáfora con nuestro sistema es evidente. Seguidamente el rico (el atractivo M.Bomer) se suicida sin que Will pueda evitarlo y minutos antes, mientras dormía, le regala un siglo de vida al verse impresionado por su buen corazón y sus ganas de vivir. Con este dinero el protagonista decide ir más allá de los suburbios, que están separados por varias aduanas infranqueables para todo aquel que no tenga dinero. De este modo conoce el barrio de los más ricos entre los ricos, los que tienen el verdadero poder: el distrito de New Greenwich3. De este modo Will comenzará una aventura que le hará comprender los límites del sistema y las posibilidades revolucionarias para derrocarlo mientras lucha por su propia supervivencia junto a Sylvia (A.Seyfried), la hija rebelde de un magnate de las financias de New Greenwich.

El filme está repleto de enseñanzas revolucionarias, marxistas, obreristas e internacionalistas. Por ejemplo, al colocar el tiempo como Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN)4 para la generación de valor en las mercancías y la extracción de plusvalor por parte de los capitalistas, el filme destaca la importancia del espacio-tiempo como centralidad en la lucha de clases. La película también contiene una crítica explícita a la ideología neoliberal, que en un diálogo entre el protagonista con el magnate Weis, uno de los malos, éste defiende el sistema como “capitalismo darwinista” justificando y apoyando la conocida sentencia del darwinismo social de corte liberal que afirma que “sólo los más fuertes sobreviven”. Por otra parte el protagonista, en contraposición, sentencia en una escena: “Nadie debe ser inmortal si sólo una persona ha de morir”, ergo nadie debe ser rico materialmente si una sola persona no puede tener satisfechas sus necesidades vitales. Crítica definitiva a nuestro sistema. Más adelante, Will y Sylvia plantean varias veces cuando van a robar los bancos de tiempo que lo que van a hacer no es robar cuando el tiempo (dinero) se le quita a los primeros ladrones (el famoso “expropiación de los expropiadores” por el que aboga el Manifiesto Comunista)5. Además, la figura del “esquirol/traidor de clase” es representada por dos personajes: el guardián de tiempo Murphy y el mafioso “minutario” Fortis que aparecen como traidores a su clase, ya que los ambos nacieron en el gueto, pero viven de explotar a sus habitantes. El propio Fortis, reconoce su papel y el de su banda cuando ante Will afirma que la policía le permite delinquir libremente porque mantiene el sistema controlado al solamente atracar y asesinar a los de su clase. Por otra parte, ahondando entre las similitudes flagrantes del mundo distópico de la película con el sistema capitalista, nos encontramos con las aduanas que separan los mundos de In Time donde para franquearlas se debe pagar un alto importe sólo accesible a los capitalistas. Este elemento es muy interesante, porque en la película se afirma que no hay una prohibición legal de cruzarlas “libremente” para nadie, pero cuando Will, un obrero, lo hace (con dinero), saltan todas las alarmas del sistema en la figura del guardián de tiempo (el cuerpo represor). O sea: no hay prohibición legal pero si imposibilidad real para la fuerza de trabajo = libertad casi total de movimientos para el capital, opresión y restricciones para la fuerza laboral (aduanas, permisos de residencia y laborales, ciudadanos de segunda con derechos amputados, etc). Otro momento importante de In Time acontece cuando se afirma que el problema no es que Will y Sylvia estén robando dinero, sino que el “crimen” radica en que lo están regalando poniendo en peligro la viabilidad del sistema en su conjunto, permitiendo que los obreros, aunque sea momentáneamente tengan tiempo para algo más que producir. En otra vertiente, una parte muy humanista a destacar dentro del mensaje anticapitalista de la película que lima las interpretaciones marxistas más sectáreas, sanguinarias y mecanicistas se produce cuando Will contesta a Sylvia sobre si él la odia por pertenecer a la clase explotadora que pertence y responde que no, que nadie tiene culpa de nacer donde nace. O sea, nadie elige desde que lugar comenzar “la partida”. Este mensaje es muy importante porque Marx apuntó muchas veces que cuando criticaba despiadadamente a los capitalistas, lo hacía como miembros abstractos de una clase, no como personas. Pueden existir algunos capitalistas que hagan más por la revolución que muchos obreros, como fue el caso de Engels, sin el que Marx no podría haber sido lo que fue y nosotros no podríamos disfrutar de su impresionante legado revolucionario. Por tanto, lo importante no es donde naces, sino qué haces con lo que te viene dado. Un mensaje profundamente emancipador.

Hasta aquí me he limitado a explicar algunas claves sobre el porqué defiendo que la película posee un mensaje revolucionario y humanista en toda regla, pero no quiero contarlas todas porque no desearía desalentar a los espectadores sobre su visionado. Al contrario, animo seriamente a todos los revolucionarios y activistas del mundo a verla y servirse de In Time para hacer talleres de economía política crítica donde explicar las interesantes conexiones entre la película y la obra nuclear de Marx: “El Capital”. Con intención de facilitar su estudio entre las masas obreras (especialmente con los jóvenes). Esta movie puede ser una gran herramienta para hacer llegar a personas sin alta formación académica la teoría marxista del análisis del capitalismo y el materialismo histórico, haciendo las anotaciones necesarias donde se precise y ayudando a ilustrar la densa teoría de Marx con las excelentes “imágenes en movimiento” que nos regala In time.

Ahora pasemos a analizar cómo es posible que Hollywood haya realizado una película así y que esto nos sirva para hacer una crítica demoledora a la teoría aciaga de autores fatalistas de la tradición filomarxista como Adorno o Marcuse que planteaban la imposibilidad de una rebelión sistémica o creían imposible la emisión de un mensaje revolucionario desde las propias industrias culturales (IICC). Estos autores avizoraban las IICC como un bloque todopoderoso (decir que alguien o algo es todopoderoso implica dotarlo de una infinidad imposible en el mundo material, renunciar a la revolución y negar la propia dialéctica variable del poder no como posesión sino como capacidad social)6. Mi tesis, en cambio, es la siguiente: si bien la producción hollywoodiense se caracteriza por estar repleta de películas que tienden a fortalecer las ideologías de las clases dominantes como afirmaban Marx y Engels, en algunos contextos históricos se transgreden, por lo que la teoría marxiana ha de dar cuenta de estos casos y explicar su génesis. En especial cuando el sistema en su conjunto se halla en crisis por sus propias contradicciones y ante luchas grupales o individuales de especial talento. Es justo lo mismo que afirmaban los autores alemanes que ocurría con la superestructura política en tiempos de inestabilidad: cuando diversas clases se hallan en pugna sin que se avizore un claro ganador (como a veces ocurrió entre la corona, la burguesía y la aristocracia en los inicios del capitalismo mercantil o como puede ocurrir con el bonapartismo en los inicios del capitalismo industrial u otros momentos de la lucha de clases). Esto no significa que podamos esperar que Hollywood mayoritariamente, ni tan siquiera significativamente, comience a realizar películas que animen a la revolución socialista, al menos bajo la hegemonía productiva capitalista. Pero lo que sí debemos aprender los marxistas es a ser críticos y no dogmáticos con nuestra propia teoría y conseguir entender donde están las contradicciones de las clases dirigentes y cómo a veces podemos aprovecharlas para nuestro beneficio, también en el terreno cultural. Debemos ser capaces de bucear entre las fallas sistémicas para poder construir contrahegemonía con las herramientas capitalistas que son las que, en definitiva, tenemos (junto con otras de sistemas históricos anteriores). Diferenciar los elementos progresivos de los regresivos. Entonces comencemos a entender el caso de In Time... ¿quiénes fueron los agentes que participaron en su producción y difusión?

El filme está siendo distribuido en las salas por 20th Century Fox, una de las grandes hollywoodienses propiedad del derechista Ruper Murdoch (que muy posiblemente no sepa ni que la película existe), y Regency Enterprises, productora y cadena de televisión que ha producido excelentes filmes críticos como JFK de Oliver Stone o la excelente A Time to Kill (“Tiempo de matar”, de Joel Schummacher). La producción de In Time corrió a cargo de New Regency, filial de la codistribuidora Regency Enterprises, y la productora Strike Entertainment (“Huelga Entretenimiento” en castellano), productora de tamaño medio que tiene un acuerdo de first look con Universal7, lo que en la jerga legal hollywoodiense quiere decir que todos sus proyectos deben ser ofrecidos en primer lugar a Universal y si ésta los rechaza, la compañía es libre de presentárselos a otra major. Con lo cual podemos averiguar casi con toda seguridad que In Time tuvo resistencias capitalistas y fue posiblemente rechazada por Universal antes de que Regency le diera luz verde, ¿quizás por un guión “excesivamente politizado hacia la izquierda”?

Hagámonos otra pregunta pertinente: ¿Qué aceptación está teniendo In Time por los voceros de la industria encargados de alentar o desalentar el consumo de las mercancías culturales entre las masas? Pues más bien beligerante cuando no mediocre, si bien la película está viéndose respaldada con un importante éxito de taquilla en relación al presupuesto. Por ejemplo, Kyle Smith del New York Post8 , se cebó con la película por su propaganda marxista dándole una estrella y media sobre cuatro acusándola de que “el futuro que muestra está totalmente pasado de moda”, que la película “tampoco funcionaría en la Rusia de 1917” o que el director miente cuando el filme “asume que detrás de toda gran fortuna hay un gran crimen”. Smith como intelectual orgánico burgués que es, ladra contra un filme de Hollywood que sin duda podría reclamarse de ideología comunista y termina reconociendo que “la película alienta un programa redistributivo para que los obreros del mundo se alcen contra la industria privada”. Y sin duda en esta última frase, como mandarín del sistema, da en la diana. Por su parte, Peter Travers de la supuestamente juvenil y “rebelde” superventas Rolling Stone9, como no puede meterse de lleno a criticar el guión de corte izquierdista, lo hace hablando mal de la película y reconoce que ha sido pensada “para gustar a los del movimiento Occupy Wall Street” como si eso fuera algo malo: hacer una obra para que guste a un público determinado (cosa que han hecho los artistas desde el principio del Arte). No parece que ese hecho moleste a Travers cuando las películas se producen para gustar a un público chauvinista, racista o neoliberal, como la gran mayoría de la cartelera blockbuster que ella tiende a adorar. La periodista sentencia, jugando con el título de la película, que si vamos a verla serán dos horas desperdiciadas del tiempo de nuestra vida. Quizás Seyfried debiera advertir con el mismo consejo a los que suelen compran Rolling Stone, la cual desde luego no está diseñada para aquellos que quieren ocupar Wall Street, sino para los que prefieren sostenerla, como su dueño Jann Wenner que desde su compañía Wenner Media sufraga el Partido Demócrata de Obama y el clan Clinton10.

En cuanto al presupuesto de In Time, y por tanto respecto al apoyo de la gran industria, fue más bien discreto para ser Hollywood : alrededor de 40 millones de dólares (unas 4 veces menos que las más comerciales). Pero ya lleva cosechados más de 117 millones de $.11 Es de notar, que la mayoría de ellos (82 millones), provienen de fuera del mercado norteamericano con lo que se viene consolidando la tendencia depresiva del mercado interno estadounidense (entre otras cosas por el empobrecimiento de su clase obrera) y la expansiva del exterior, lo que obliga a Hollywood a, si quiere seguir ganando dinero, realizar películas cada vez menos “estadounidenses”. Capitalismo puro. Y eso también se nota en In Time, que con su estética azonal podría estar representando el conflicto barrios residenciales-guettos (burguesía vs trabajadores) de cualquier ciudad “occidental” de EUA, pero también de Sudáfrica, España o Brasil. El filme tiene un lenguaje cinematográfico mainstream no geolocalizado, cercano a un estilo internacional con una escenografía sobria, sin artificios, que enfatizan la dureza de la sociedad personificada en la embrutecida vidas de los obreros.

Sin ser una obra maestra del cine, In Time sí es una buena película comercial con un mensaje revolucionario con lo que ello implica: la posibilidad de que muchas personas del mundo, no militantes ni activistas, al ir al cine a “pasar el rato” tengan la oportunidad de “pasarlo bien” y reflexionar, a la par, sobre el sistema en el que viven. Sin duda más de una de ellas abrirá los ojos y se unirá a las filas de la resistencia.

Desde aquí le doy las gracias a Andrew Niccol, director y guionista de In Time, por esta contribución a la cultura pedagógica revolucionaria, junto a mi más sinceras felicitaciones por haber realizado un buen thriller que en todo momento nos mantiene atentos a la pantalla y además, nos invita (más bien nos exhorta) a pensar críticamente sobre nuestro papel en el sistema que vivimos. ¿Qué más se puede pedir en estos tiempos que corren de protofascismo capitalista financiero? Niccol, que ya fue coguionista de “El show de Truman” y director y guionista de “El señor de la guerra” vuelve a sorprendernos con una película radicalmente distinta al resto del repertorio blockbuster, que basa su atractivo en su argumento rebelde, el pulso narrativo y el reclamo que puedan tener para los jóvenes los coprotagonistas: la experimentada actriz Amanda Seyfried y la estrella de la música pop, reconvertida en actor con pretensiones “serias”, Justin Timberlake. Si es verdad que la película tiene algunos puntos débiles como ciertas incongruencias narrativas, la puesta en escena de situaciones poco creíbles o la falta de un mayor metraje que les permitiera a los personajes ganar en profundidad y complejidad (resultado posible de las limitaciones presupuestarias); pero sin duda la película merece la pena para pasar un buen rato y la propuesta argumental se desenvuelve certeramente junto a una fotografía notable de la mano de R. Deakins, colaborador habitual de los hermanos Cohen.

Para despejar las dudas de aquellos que piensen que nada bueno puede salir de Hollywood resaltemos que el director y guionista llevaba seis años sin dirigir un filme y volvió a hacerlo después de muchos proyectos rechazados. Preguntado en una entrevista cómo conseguía cofinanciación de un gran estudio cuando su película demoniza esos mismos conglomerados capitalistas, el director de origen neozelandés contestó que “afortunadamente los productores no se leyeron el script” (guión) y consiguió venderles el proyecto focalizando el hecho de que todos los personajes en la película tendrían solamente hasta 25 años de edad, con lo que significaría de reclamo para el público potencial de la producción: los jóvenes. Además, Niccol concordó con el entrevistador T. Cook, que la película sin duda abogaba por “una amplia y radical revolución” para el mundo entero12.

Sin duda, como deseaban Marx y Engels, los marxistas debemos asumir el papel de vanguardia del proletariado o el de intelectuales orgánicos de los que hablaba Gramsci (a medio camino entre los libros y la práctica revolucionaria); por tanto en lo que debemos evitar convertirnos por antítesis es en unos tarugos sectarios con la cabeza cuadrada y los ojos vendados ante la compleja lucha de clases que se despliega a nuestro alrededor. Que sepamos que mayoritariamente las industrias capitalistas reproducen la ideología dominante no significa que siempre puedan hacerlo, del mismo modo que los grandes capitalistas (como individuos) no son siempre unos jodidos hijos de...su madre. Vivimos en momentos de crisis sistémica y a lo largo de la superestructura cultural, se pueden abrir grietas en la medida en que los artistas se solidaricen con las causas de los pueblos y las grietas en la infraestructura económica permitan que se expresen. Porque de lo contrario, si decimos a un público no movilizado contrahegemónicamente que ve en In Time una película revolucionaria, que todo lo que salga de las industrias capitalistas es “basura”, estaremos asumiendo falsamente que su poder es ilimitado, pintando un escenario aciago y pequeño-burgués para unas masas con las que de esta manera no conectaremos ni produciremos cambio alguno en el devenir histórico. El marxismo es herramienta revolucionaria que debe nutrir la lucha popular, no la insumisión de una élite acomodada de carácter nihilista, a salvo de las luchas reales tras los despachos de alguna cátedra universitaria o la herencia familiar . Debemos dar cabida para la reflexión y la autocrítica en la teoría marxiana para entender que pese a que In Time es también una mercancía como cualquier producto humano en el mercado capitalista (del mismo modo que “El Capital” de Marx en las librerías, nuestra conexión a Internet o el agua que bebemos); In Time también es un producto fruto del trabajo humano objetivado que nos permite transformar una mercancía capitalista en una herramienta para la predica revolucionaria, la pedagogía marxista y la victoria socialista que la sinergia de un presente preñada de humanidad candente nos reclama.

Valor de uso y valor de cambio, ésta es la cuestión. La construcción (y el éxito) del socialismo internacional consistirá en diferenciar correctamente cuál es el valor de uso de un futuro de libertad aprisionado en la forma mercancía de un presente asediado por la necesidad y el dolor, donde cualquier producto del trabajo humano es arrebatado y fetichizado para la necesaria rotación del capital. Necesitamos saber qué productos humanos nos serán útiles para desarrollar una sociedad sin explotación de clases, en libertad e igualdad, pese a las apariencias embrutecedoras y alienantes que los malvisten en nuestro sistema, y cual es la morralla que deberemos dejar morir en la tumba del capitalismo para no enfermar la sociedad del mañana.

En definitiva, In Time sí es una mercancía que ya ha producido un retorno directo de 117 millones de dólares brutos repartidos entre individuos que mayoritariamente no son ni anticapitalistas ni revolucionarios, pero también es una poderosa herramienta que debemos utilizar enérgicamente para despertar a las masas revolucionarias dormidas bajo el soma13 del capitalista global, suministrado en muchas ocasiones sí, entre otros, por Hollywood14. La explotación capitalista no se evita dejando de ir a ver una película15, sino derrocando el sistema y para este fin, In Time nos puede servir como instrumento para la acumulación de fuerzas.

Decía Marx que un revolucionario debe escuchar la hierba crecer, enfatizando la importancia del desarrollo de los sentidos, la virtud y la sutileza en el aprendizaje de la praxis revolucionaria. In Time es fruto de su contexto histórico. Es una película, una obra de arte, que no se hizo hace diez ni cinco años. Se ha realizado ahora, tras la acumulación de fuerzas de izquierdas en Latinoamérica, después de las revueltas en gran parte del mundo árabe, de las protestas en media Europa y en el corazón del imperio usamericano o de las luchas armadas comunistas en Oriente16. In Time es hija de su tiempo, y los prados de mañana volverán a lucir verdes si sabemos localizar las semillas y regar la esperanza socialista.

¿Seremos capaces de distinguir el canto del mañana en el lodo del presente o lo dejaremos ahogarse, una vez más, junto a la mil veces hundida utopía de lo posible? ¿Sabremos diferenciar la paja del grano?

Ojalá esta vez sí, lleguemos a tiempo.

* Jon Juanma es el pseudónimo de Jon E. Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes e investigador de las Industrias Culturales de la FCM en la UA y la UCM (España).

El artículo fue acabado el día 21 de diciembre de 2011, si bien las estadísticas datan del día 8 de este mes. Es publicable libremente bajo licencia Creative Commons, siempre que se respete la totalidad de todo el texto y la autoría a la par que no haya ánimo de lucro en su reproducción.

Notas:

1. MARX, K. y ENGELS, F. (1994) La ideología alemana. Fuerbach. Contraposición entre la concepción materialista y la idealista. Valencia: Universitat de Valencia [1991, 1846].

2. “El precio del mañana” es la traducción que se le ha dado en algunos países hispanoamericanos.

3. El rodaje de esos decorados se efectuó en Bel Air, Malibu y Century City.

4. MARX, K. (2007) El capital (Libro I, tomo I). Madrid: Akal [1976, 1867].

5. MARX, K. y ENGELS, F. (1999) El manifiesto comunista. Barcelona: Los libros de la frontera [1996,1848].

6. LUKES, Steven (2007), El poder: un enfoque radical. Madrid: Siglo XXI [1974, 1985].

7. Ver: http://www.internalert.com/2011/03/strike-entertainment-is-searching-for-a-film-development-intern-santa-monica-ca-2/

8. La columna contra el filme del columnista del New York Post: http://www.nypost.com/p/entertainment/movies/justin_time_n8O9x6obZzAktqhvI0wQtI?utm_campaign=Post10&utm_source=Post10Alpha

9. Ver en: http://www.rollingstone.com/movies/reviews/in-time-20111027.

10. Lista de periodistas que apoyaron al Partido Republicano y al Partido Demócrata: http://www.msnbc.msn.com/id/19113455/#.TuF6vDixLV0

11. Datos de la recaudación hasta el 6 de diciembre de 2011: http://boxofficemojo.com/movies/?id=now.htm

12. Ver la entrevista en inglés en: http://collider.com/andrew-niccol-in-time-the-host-interview/122279/ .

13. El soma fue un narcótico alucinógeno de la Antigua India, utilizado en diversos ritos religiosos.

14. Pero también por Bollywood, Al Jazzera e incluso en menor medida, pero creciente, por cierta programación de la TV cubana por poner un ejemplo sólo aparentemente chocante.

15. Además que hay muchas formas de verla ;)

16. Me refiero al caso de los naxalitas en la India y a los maoístas que llegaron al poder en Nepal.

jonjuanma@gmail.com

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