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martes, 6 de marzo de 2012

La Gran Fiesta de los Libros

Luis Britto García Rebelión

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¿Por qué debe una nación crear libros? Porque los libros crean naciones. Al unificar los usos y prácticas de un idioma y preservar los valores de un pueblo, son la precondición de un poder político unificador. No podemos explicarnos Israel sin la Biblia, Grecia sin la Ilíada y la Odisea, China sin los Libros de la Sabiduría de Confucio, los países musulmanes sin el Corán, Italia sin El Príncipe o La divina comedia , y ni siquiera España sin El Quijote. La memoria colectiva, que al principio podía perecer con los profetas y haedas, ahora es imperecedera y compartida.

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A tal sociedad, tal libro. En las comunidades originarias el libro es de todos y se recita ante la colectividad reunida. En las sociedades estratificadas pasa a ser patrimonio de una casta de escribas. Con el capitalismo, se masifica industrialmente. La oferta y la demanda rigen todo el circuito, desde la escritura hasta la destrucción de los ejemplares no vendidos. Antes la Santa Inquisición quemaba los libros que la gente quería leer; ahora el santo mercado reduce a pulpa aquellos que la gente no lee. Como todo producto industrial, el libro pasa a ser mercancía reservada para quienes pueden adquirirla y descifrarla.

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En el capitalismo, dos factores influyen poderosamente en el consumo del libro: el nivel de ingresos y el nivel de educación. Ambos por lo regular están estrechamente relacionados. Instrucción formal elevada y alta remuneración tienden a ir de la mano. La primera resulta de la educación, que en las sociedades desiguales también está desigualmente distribuida. Los privilegiados se la reservan como instrumento de perpetuación del privilegio. La diferencia de lectura es también diferencia de nivel del desarrollo. La estratificación social es estratificación de la lectura.

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Por consiguiente, las políticas sobre el libro son asimismo políticas económicas y sociales. Para el año 2000, en el mundo entero el promedio de años de escolaridad era de 6,7; en América Latina y el Caribe, de 5,7; en los países desarrollados, de 8,8. Para 1995, en el mundo entero culminaban la educación secundaria alrededor de un 35% de los habitantes; en América Latina, poco más de un 20%. En el mundo entero terminaba la educación superior más de un 19% de la población; en América Latina poco más de un 12% (Pineda, José G.: “Educación y crecimiento económico: un enfoque multidimensional”, Revista BCV . Vol.XIX. n°2, Caracas, julio-diciembre 2005 p. 124-125). En muchos de sus países no se ha vencido el analfabetismo.

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En la última década, Venezuela ha realizado formidables esfuerzos para vencer estas carencias de la región. A fines del siglo XX, se proyectaba una privatización del sistema educativo que lo hubiera hecho inaccesible a la mayoría de los venezolanos. Pero con la llegada al poder de la Revolución Bolivariana en 1998, el gasto educativo saltó de menos del 3% del PIB al 5,4% en 2000 y al 6,3% en 2008. Gracias a la Misión Robinson, Venezuela alfabetiza 1.678.671 personas para 2009 y erradica el analfabetismo. En 1990, sólo 39,96% de los niños asistían al preescolar; en 2008 concurre más del doble, el 84,8%. Para 1998-1999, sólo el 53,41% de los niños en edad escolar asistía a la educación inicial pública; para 2008, lo hacen el 84.8%. No sólo se les garantiza la educación gratuita: para 2008, unos 4.055.135 alumnos del sistema de Educación Básica son atendidos por el Programa de Alimentación Escolar, un incremento de casi el doble desde 1999. En 1988 sólo el 18% de los jóvenes estaban matriculados en el sistema educativo, para 2008 es el 42,37%. En la última década el gobierno ha creado 15 nuevas universidades; la matrícula universitaria se duplicó de 894.418 educandos en 2000 a 2.109.331 en 2009. En Venezuela estudian 9.329.703 personas: uno de cada tres venezolanos en un país de más de 27 millones de habitantes. La inmensa mayoría de los establecimientos en todos los niveles son públicos y por tanto gratuitos; el acceso a la educación está universalmente garantizado.

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Pero la derrota del analfabetismo y el incremento exponencial de la educación no garantizan el automático crecimiento del público lector. La talla moderada de éste no alienta el desarrollo de una gran industria editorial capitalista: las librerías importan títulos que la promoción editorial impone y los venden a precios prohibitivos. Para tener un país de lectores se requieren masivas políticas públicas de edición y de distribución a precios subsidiados o a veces gratuitos. Algunas cifras dan idea de este incremento. Para el año 2000, en Venezuela las instituciones públicas editaron 38 títulos. Para 2006 eran 1.022 títulos, para 2008, se imprimieron 829 títulos, más de dos por día. Más significativos son los números totales de ejemplares: para el año 2000, se imprimen 65.800 volúmenes; para el 2006 son 4.270.272 y para el 2008, ya son 5,838.880: casi un volumen por cada cuatro habitantes. Cinco revistas culturales circulan encartadas semanalmente en cotidianos afines al bolivarianismo. Esta producción es vendida o distribuida por 51 librerías públicas (Kuai-mare).

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El libro optimiza sus efectos cuando el mismo ejemplar está disponible para varios usuarios. Para 2008 la Red Nacional de Bibliotecas Públicas cuenta con 56 bibliotecas públicas, 277 salones de lectura, 23 puntos de préstamos, 20 servicios móviles y adicionalmente 24 bibliotecas públicas, cada una en la capital de un estado. Para 2008, este sistema atendió 14.893.047 usuarios, que consultaron 33.314.937: más de una consulta por cada integrante de la población (Anuario Estadístico 2009, Instituto Nacional de Estadística, pp.244-247). Se realiza anualmente una Feria Internacional del Libro en Caracas, otra Feria del Libro de la Gobernación de Caracas, e innumerables eventos de la misma índole, públicos o privados.


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La lectura parece pasión solitaria pero nos comunica con la humanidad. La cita entre libro y lector se vuelve fiesta entre lectores en las Ferias. Cada año hay varias en las capitales, una en la Gobernación de Caracas, y la Feria Internacional del Libro de Venezuela. La Feria Internacional del Libro de Venezuela 2012, que arranca el 9 de marzo, tendrá 126 kioscos y desarrollará unas 300 actividades en diez días; no quiero pensar en el número de títulos ni de ejemplares. Para el lector apasionado, todo el año es Feria del Libro. Abrir una página es la mayor fiesta imaginable. Este año me declaran Escritor Homenajeado, Monte Ávila inaugura la Biblioteca Luis Britto García, varias editoriales bautizan mis libros, la Cinemateca exhibe las películas basadas en mis guiones y Román Chalbaud presenta mi pieza de teatro Muñequita Linda . A ver si hago algo para merecer tantos honores.

CONSULTE TAMBIÉN:

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Versión en francés, gracias a la inteligente ayuda del amigo Romain Vallée: http://luisbrittogarcia-fr.blogspot.com

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Libros de Luis Britto en Internet:
Rajatabla: www.monteavila.gob.ve
Dictadura mediática en Venezuela: www.minci.gob.ve
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domingo, 30 de octubre de 2011

Ante la resistencia libia

Luis Britto García Aporrea

Carece de sentido deplorar un asesinato: éste es modus operandi y modus vivendi de todo imperio.

Útil es aprender sus métodos, reforzar la seguridad de los dirigentes y establecer mecanismos de sucesión que mantengan incólume el liderazgo.

Inoperante resulta criticar la ausencia de juicio y sentencia: las cortes imperiales son turbas de linchamiento y sus tribunales sepulcros blanqueados. Urge negarles jurisdicción mientras no condenen a sus propios sicarios.

No tiene caso descalificar tribunales internacionales que condenan sin proceso y expiden órdenes de detención por encargo. Hay que dejar sin efectos los tratados que nos someten a jueces o árbitros extranjeros y recuperar el derecho soberano de cada país a resolver sus controversias con sus tribunales propios y sus propias leyes.

Es irrelevante censurar un genocidio: las potencias hegemónicas se nutren de sangre derramada como los bosques de la lluvia. Cabe defenderse para no seguirlas alimentando.

Es inútil quejarse de entidades financieras que confiscan reservas internacionales: el latrocinio es su razón de ser. Hay que retirarles los fondos de los que se alimentan y colocarlos en instituciones nacionales o regionales invulnerables.

Es tiempo perdido denunciar el robo a mano armada por parte de los países hegemónicos. Es preciso armarse para no dejarse saquear.

Resulta vano condenar que mercenarios armados asesinen decenas de miles de ciudadanos desarmados: el asesino a sueldo es el único recurso de poderes que nadie se alista para defender. Lo indispensable es que cada ciudadano sea voluntario de su legítima defensa.

Fútil es quejarse de países sicarios que prestan territorios para bases del imperio y súbditos como carne de cañón de las transnacionales. Eficaz es negarles el sustento y el apoyo que les posibilite destruirnos.

De nada sirve demostrar que los monopolios mediáticos mienten, tergiversan, engañan y fabrican realidades: su industria es el fraude. Es necesario aprender a descubrir sus falsificaciones y crear redes alternativas de información y educación que divulguen los hechos.

Banal es lamentar que aves de rapiña se repartan los recursos del país que destruyen. Indispensable es asegurar que la rebatiña sea infructífera o imposible.

Inefectivo es reprobar la traición de políticos que agasajaron a cambio de otorgamiento de concesiones u homenajearon a precio de financiamiento de elecciones: A Judas hay que darle la soga y no los treinta dineros.

Ningún sentido tiene censurar a las potencias que en el Consejo de Seguridad omitieron el veto que hubiera evitado el genocidio. Son ellas quienes emprenden la marcha al patíbulo energético con el Mediterráneo confiscado por la Otan, África ocupada por el Africom y Asia bloqueada por guerras de rapiña.

Irrelevante sería explicar que bombardeos de aplanadora de coalición imperial no equivalen a un movimiento social. El relevo de la leal izquierda de su Majestad es una incondicional izquierda de la Otan, que cree que ésta le hará las revoluciones que nunca realizó ella misma.

Ineficaz es condolerse de que un pueblo sea invadido por milicias extranjeras, cuyos propios países a su vez están ocupados por bases militares foráneas. Procede evitar que el propio territorio sea ultrajado por la planta insolente del extranjero.

Vano es lamentar que diferencias regionales, culturales, sociales o étnicas sean fomentadas y manipuladas por imperios como coartada para su injerencia. Efectivo es alentar el sentimiento de unidad en el propio país y el de integración en la región.

Inane es derramar lágrimas por las víctimas: imperativo destruir la maquinaria que las causa resistiendo con ellas la prueba terrible que nos viene.

http://luisbrittogarcia.blogspot.com

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martes, 22 de septiembre de 2009

La ciencia que queremos


Luis Britto García http://luisbrittogarcia.blogspot.com

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¿Qué científico queremos? ¿Qué ciencia queremos? Es una pregunta tan básica y de tan difícil respuesta como plantearnos qué vida deseamos. Pero quizá sea la misma. Aspiramos a una existencia infinita que lo abarque todo; estamos condenados a otra transitoria y confinada a limitadas opciones. Determinan nuestra elección de un proyecto de vida o de ciencia los modelos que quisiéramos imitar, pero también nuestras capacidades, el medio, las oportunidades y bienes de que dispongamos.

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Kant afirma que la Historia es el proceso de realización de las potencialidades del hombre. Quiero todos los científicos y toda la ciencia que podamos tener. El conocimiento nos constituye en seres humanos. Deseamos una sociedad lo más humana posible, en la cual la mayoría los habitantes y de los recursos se dediquen al conocimiento. El problema del investigador o de quien fija una política científica es similar al que enfrenta el economista: establecer la óptima relación entre las necesidades y los bienes con los que puede satisfacerlas. Las necesidades económicas son potencialmente infinitas. También lo son los objetos a esclarecer que puede proponerse la ciencia. Ello requiere establecer jerarquías tanto entre necesidades como entre bienes.


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La ciencia no se produce en el vacío. La sociedad pone a disposición del científico tiempo para su trabajo, instrumentos, recompensas. Pero incluso el investigador individual encara una restricción de las opciones. No puede elegir todas las disciplinas a la vez. Dentro de ellas tampoco puede enfrentar todas las especialidades ni todos los problemas. El problema de la relación entre fines y medios es compartido por investigadores y sociedades. ¿Cómo establecen las sociedades esta relación? Al respecto apunta Oscar Varsavsky que “no es posible tener una política educativa coherente –universitaria o no- sino en el marco de referencia de un Proyecto Nacional de largo plazo, con características ideológicas y objetivos concretos bien definidos” (Hacia una política científica nacional 2006,64). Los proyectos nacionales rigen las políticas educativas y científicas en la medida en que determinan la asignación de recursos.

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Tales políticas deberían comprender la preservación y conservación tanto del conocimiento como de quienes lo crean. Deberían incluir normas para proteger de la patente por intereses foráneos los saberes tradicionales acumulados o los códigos genéticos de especies endógenas. Deberían estimular que los científicos formados en el país continúen sus carreras en él. Afirmó Carlos Lage que “Un millón de científicos y profesionales formados en América Latina a un costo de unos 30 mil millones de dólares, viven hoy en los países desarrollados y por sus innovaciones y aportes científicos debemos pagar o prescindir de ellos” (Lage 1999, cit. por Martínez Enríquez, “La globalización neoliberal y la libertad de movimiento: paradojas conceptuales y prácticas” 2006, 145).

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América Latina y el Caribe están lejos de aplicar sus capacidades de investigación científica de manera óptima a sus más urgentes problemas. Una maldición parece distanciar a la imparcialidad científica de la pobreza humana. Señala el Proyecto de Desarrollo Humano de Naciones Unidas que actualmente sólo el 10% del gasto total en investigación y desarrollo en medicina está dirigido a las enfermedades del 90% más pobre de la población (PNUD 2003,12). Hace notar Jean Ziegler que los países del Tercer Mundo, con el 85% de la población del planeta, sólo integran el 25% del mercado farmacéutico de éste. Añade que entre 1975 y 1996, los grandes laboratorios farmacéuticos desarrollaron 1.223 moléculas nuevas, de las cuales sólo once eran aplicables al tratamiento de enfermedades tropicales. Tal descuido es tanto más dañino si se tiene en cuenta que enfermedades como el paludismo, la tuberculosis, la enfermedad del sueño y el Kala-azar o fiebre negra, que casi habían desaparecido entre 1970 y 1980 gracias a campañas de entes como la Organización Mundial de la Salud, han reaparecido, al extremo de que en 2001 la enfermedad del sueño mató 300.000 personas, la tuberculosis 8 millones, y un niño moría cada 30 segundos de paludismo (Los nuevos amos del mundo 2003, 73).

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También señala el PNUD que la investigación agrícola está infradotada, porque muchos países de bajos ingresos apenas destinan el 0,5% de su PIB agrario a la investigación agrícola, el cual se concentra en proyectos sobre los cultivos de mayor valor comercial y las tierras de mejor calidad; y que para que dicha investigación favoreciera a los productores pobres de tierras marginales, debería centrarse en proyectos como los sistemas de multicultivos, la agricultura ecológica, las variedades de semillas de maduración temprana y los métodos económicos de maduración del suelo (PNUD 2003, 104). Por las mismas razones, concluye que “Dado que la mayor parte de los esfuerzos científicos no tienen en cuenta las necesidades de los pobres, es fundamental que la comunidad científica mundial –encabezada por los laboratorios nacionales, los organismos de financiación científica de ámbito nacional y las fundaciones privadas- trabaje con grupos de científicos en los países pobres para identificar los objetivos prioritarios en materia de investigación y desarrollo e incrementar considerablemente la financiación” (PNUD 2003, 24).

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¿Qué garantías tiene una determinada política científica de ser correcta? La investigación es una apuesta contra lo desconocido; toda política que intente organizarla debe resignarse a un grado de incertidumbre. Todo proceso cognoscitivo se propone precisamente la reducción de las incertidumbres. Cada sociedad plantea los problemas que le interesa resolver, les asigna prioridades y recursos y los aborda con su estilo peculiar. A tal sociedad, tal ciencia. Pero también, a tal ciencia, tal sociedad.


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