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viernes, 2 de marzo de 2012

Roles de las cooperativas en el nuevo modelo económico cubano

Camila Piñeiro Harnecker Temas-Catalejo

Recientemente, el 23 de diciembre de 2011, Murillo informó que se trabaja "aceleradamente" en la propuesta de políticas y normas transitorias para la realización de experimentos con cooperativas no agropecuarias. También se comienzan a dar los primeros pasos en la consolidación de las cooperativas agropecuarias, pues se espera que las UBPC y CPA tengan al menos las facultades operativas que tienen las CCS y los campesinos independientes o “privados”, las cuales son indispensables para una gestión más eficiente. [1] Se trabaja desde hace más de un año en la preparación de las condiciones para que se puedan crear cooperativas de segundo grado entre cooperativas agropecuarias ya consolidadas. Todo parece indicar que la idea es elaborar un anteproyecto de Ley General de Cooperativas (ya anunciada en noviembre de 2010 [2] ) a partir de estas experiencias piloto que, una vez discutida y aprobada, permita la creación de distintos tipos de cooperativas, tanto promovidas desde instituciones estatales, incluyendo la cooperativización de unidades empresariales estatales, como que surjan de manera espontánea, similar a lo ocurrido con el trabajo por cuenta propia.

Sin embargo, aunque pareciera que las cooperativas van a jugar un importante papel dentro del conjunto de organizaciones socioeconómicas que coexistirán en la economía cubana porque se ha reconocido que son formas empresariales más socializadas que las privadas (autoempleo y cuentapropistas que contratan trabajo asalariado), no queda claro si se les piensa dar prioridad, como se ha hecho en muchos países donde su constituciones, leyes, y políticas públicas reconocen explícitamente las ventajas de las cooperativas sobre las empresas privadas y se establece que ellas sean privilegiadas por el Estado (Venezuela, Ecuador, España, …). Las medidas adoptadas en los últimos años y los debates del VI Congreso del PCC hechos públicos parecen indicar que ha sido menos complicado aceptar la creación de empresas privadas capitalistas (así el marxismo identifica a aquellas donde se contrata fuerza de trabajo asalariada de forma permanente) que aceptar la creación de cooperativas. Una de las razones por las que el avance de las cooperativas en Cuba ha encontrado tantas barreras está en la persistencia de algunos prejuicios y confusiones sobre ellas.

Qué es y qué no es una cooperativa

Una cooperativa es un grupo de personas o “asociados” que se unen voluntariamente para satisfacer necesidades y aspiraciones comunes por medio de una empresa colectiva, que les pertenece a todos por igual (igualdad en derechos y deberes) y que debe ser por tanto administrada democráticamente por ellos. [3] Es un tipo de empresa autogestionada (gestionada democráticamente por sus asociados) que sigue estos principios: membrecía voluntaria y abierta; gestión o control democrático por parte de los asociados; participación económica de los asociados (tanto aportando trabajo o medios de producción, como recibiendo los anticipos y beneficios individuales y colectivos de las utilidades); autonomía e independencia; educación, formación e información; cooperación entre cooperativas; compromiso con las comunidades, es decir, responsabilidad social.

En las cooperativas de producción, así como en otras empresas administradas democráticamente, se establecen relaciones de cooperación o “trabajo libre asociado”, esencialmente diferentes a las relaciones de trabajo asalariado que ocurren en empresas convencionales con modelos de gestión no democráticos, tanto privadas como estatales. También debe notarse que la cooperativa no es tanto una forma de propiedad legal de los medios de producción de una empresa, sino más bien un modelo de gestión empresarial diseñado para funcionar de la forma más democrática posible para sus asociados; y, en presencia de instituciones de coordinación que lo permitan, también para grupos sociales externos a ella.

Debe aclararse que una cooperativa no es una unión de accionistas (como sí son las sociedades mercantiles, anónimas o no), sino una unión de personas donde, independientemente del capital aportado, todos tienen el mismo poder de participar en la toma de decisiones y sus ingresos o beneficios dependerán del trabajo realizado y los criterios que ellos decidan . Además, aunque las cooperativas pueden contratar fuerza de trabajo temporal e incluso permanente, ello debe ser en menor proporción al número de asociados (no más del 20 o 30%) y con el compromiso de que si un trabajador contratado de forma permanente desea asociarse este debe tener la posibilidad de hacerlo, una vez que haya cumplido con los requisitos de entrada.

Por tanto, no cualquier empresa aut ónoma del Estado es una cooperativa. Aquellos interesados en crear sus propios negocios o aquellos funcionarios públicos interesados en descargar a instituciones estatales de algunas actividades deben saber que la cooperativa es solo una opción para aquellos casos donde la nueva empresa se guíe por los principios ya mencionados, y, en primer lugar, la toma de decisiones sea realmente democrática.

Beneficios de la promoción de cooperativas para Cuba

Las principales potencialidades de las cooperativas –vistas en otro trabajo [4] — se derivan en esencia de su modelo de gestión democrática, el cual les permite articular intereses individuales con colectivos (comunes al grupo de integrantes de la cooperativa) e incluso —aunque de forma menos axiomática— con los intereses sociales de las comunidades con las que más interactúan. Esta articulación de intereses tanto materiales (no limitados a la repartición de excedentes) como espirituales motiva a sus miembros a aprovechar la flexibilidad de esas organizaciones para diseñarse de la manera más efectiva, así como a utilizarlas de manera óptima según sus intereses. Además del aspecto motivacional, son conocidas otras ventajas de los modelos de gestión participativos: decisiones más óptimas, flujo de información mayor y más confiable, mejor preparados para la innovación, mayor tendencia a internalizar intereses sociales, etcétera.

La consolidación y expansión de cooperativas en nuestro país traería por tanto importantes beneficios. Ello aumentaría la productividad del sector no estatal y la calidad de sus productos, sin que aumente la concentración de los medios de producción, y con mayor equidad en los ingresos . Al mismo tiempo que facilitaría la cohesión social mediante la coordinación entre los intereses de las empresas no estatales y los intereses sociales de las comunidades, representados en gobiernos municipales, consejos populares u otras organizaciones sociales; y su control mediante vías directas (participación en cooperativas “múltiples” [5] ) y, en la mayoría de los casos, mediante vías indirectas (regulaciones, contratos) más fáciles de fiscalizar dada su obligatoria e inevitable transparencia. La expansión de cooperativas también impulsaría a las empresas privadas a mejorar los salarios y condiciones de trabajo de los trabajadores contratados, pues crearía alternativas de empleo más digno y justo. Además, si se establecen mecanismos y espacios de coordinación (condiciones en los contratos de arrendamiento, cooperativas múltiples, planificación democrática) con gobiernos locales, podrían disminuir los precios de los bienes y servicios que se ofertan en el sector no estatal.

La existencia de la figura legal de cooperativas permitiría legalizar e impulsar lo que viene ocurriendo de manera alegal entre personas, con licencias de cuentapropismo o no, que producen colectivamente para poder disfrutar las ventajas de la especialización y las de mayores escalas de producción (quienes podrían crear cooperativas de producción; tipo CPA), o que producen de forma aislada y se asocian para disfrutar algunas de las ventajas de la cooperación (quienes podrían crear cooperativas de consumo de empresarios; tipo CCS); así como las prácticas autogestionarias que ocurren en unidades empresariales estatales y podrían resultar en un funcionamiento más efectivo.

Adem ás, posibilitaría transferir la gestión de unidades empresariales estatales de una manera más socializada y efectiva que como se está haciendo actualmente: arrendando de manera individual a cada trabajador, para aquellas actividades divisibles (peluquería, reparaciones); o, cuando las actividades requieren de trabajo colectivo (gastronomía), a una sola persona —al parecer el administrador— que contrata a otros [6] . Ahora que ya se está pasando al arrendamiento de unidades de empresas estatales de mayor tamaño, se hace evidente la necesidad de la coordinación en el proceso productivo: se nombran “coordinadores” cuando son más de tres trabajadores por cuenta propia que lo arriendan. Una mejor opción para los casos de unidades con tres trabajadores o más, sería arrendarlas a cooperativas formadas preferiblemente por los actuales trabajadores de forma voluntaria e informada. Esto le permitiría al Estado “deshacerse” de ellas pero sin dividir colectivos de trabajadores que ya se conocen y tienen la experiencia de trabajar en equipo, y sin crear relaciones de subordinación entre ellos. Además, se establecerían relaciones contractuales de arrendamiento más estables, y sería más fácil controlar que se cumpla con sus cláusulas condicionantes; lo cual será bien importante cuando las actividades transferidas estén relacionadas con necesidades básicas de consumo.

Por último pero no menos importante, la existencia de cooperativas verdaderas permitiría que las personas que las integran satisfagan no solo sus necesidades materiales sino también las espirituales de desarrollarse plenamente como seres humanos: autorealización profesional, autoconfianza, relación armónica con otros y la naturaleza. Promovería el avance de valores, actitudes y habilidades democráticas (igualdad, responsabilidad, solidaridad, tolerancia por opiniones diferentes, comunicación, construcción de consensos, trabajo en equipo) para la toma efectiva de decisiones en esos y otros espacios; la búsqueda de soluciones colectivas, más justas y desalienantes que permitan prácticas emancipadoras e integradoras.

Estos beneficios se obtienen fundamentalmente de la posibilidad que ofrecen las cooperativas –y otras empresas gestionadas democráticamente— de combinar las motivaciones y condiciones requeridas para un desempeño empresarial efectivo junto con lo necesario para ejercer y consolidar nuestros valores. Es decir, ellas nos permiten satisfacer nuestras necesidades materiales sin renunciar a nuestras necesidades espirituales, las cuales en realidad están estrechamente interrelacionadas. Así, estas formas organizativas permiten romper el ciclo de baja productividad - bajos ingresos, y generar un ciclo de mayor productividad - mayor desarrollo humano que nos acercaría al horizonte socialista.


Limitaciones de las cooperativas para la construcción socialista


No sería objetivo referirnos a los beneficios que se podrían obtener de las cooperativas sin mencionar las limitaciones o deficiencias más importantes que ellas pueden presentar cuando se les pretende usar como herramientas para el desarrollo socioeconómico comprometido con el horizonte socialista. Algunas de ellas pueden ser corregidas con la ayuda de instituciones externas. Otras no son realmente deficiencias propias de las cooperativas si no de las políticas de promoción que se emplean o del contexto en que surgen.

Debe tenerse en cuenta que la figura legal de cooperativa, sobre todo cuando existen políticas que las privilegian, puede ser aprovechada por empresas que no son realmente cooperativas como una manera de disfrutar de esos beneficios. Por ello, debe establecerse una institución de supervisión para identificar los casos de abusos y sancionarlos acordemente. Mientras no se cuente con la capacidad institucional para supervisarlas y atenderlas adecuadamente, deben posponerse políticas de promoción demasiado ambiciosas.

Por otro lado, no es una tarea sencilla ni rápida lograr una verdadera gestión democrática, donde la mayoría de los asociados realmente participen ejerciendo sus derechos y responsabilidades, pues esto implica un cambio cultural que requieren tiempo y continuidad. Para lograrlo, debe establecerse la educación cooperativa (valores, principios, ética, habilidades para la gestión democrática) como una actividad fundamental –quizás obligatoria para su constitución— y facilitarse la educación económica y técnica relevante, de manera que los asociados se sientan mejor preparados para tomar decisiones acertadas o puedan evaluar las decisiones tomadas por los directivos, y haya un ambiente de igualdad de capacidades. Para asegurar que los conocimientos y habilidades democráticos sean utilizados, debe supervisarse su funcionamiento utilizando métodos pedagógicos, acompañados de consultorías, asesorías o mediaciones; e incluso la intervención temporal de su órgano de dirección cuando sea necesario.

Relacionado con lo anterior, cuando se establecen políticas públicas que promueven la creación de cooperativas, es importante tener en cuenta que la decisión de crear cooperativas debe ser iniciativa de los grupos de personas, lo que no quita que se les pueda impulsar y apoyar. Debe darse tiempo a que los beneficiarios de esos programas se conozcan antes de decidir (voluntariamente) con quiénes asociarse, ya que es importante que ellas estén formadas por personas que se tienen cierto grado de confianza y empatía; y que puedan comunicarse de manera efectiva. Por eso mismo, en las cooperativas ya establecidas, debe prestarse atención al relevo generacional, de manera que los nuevos asociados entren de manera gradual.

La gestión democrática de las cooperativas puede resultar en que el tiempo que requiere la participación en la toma de decisiones cree una desventaja ante sus competidores. Por ello, las cooperativas deben buscar que los asociados puedan participar de la manera más directa posible en la mayor cantidad de decisiones posible, pero esto de manera que sea efectivo: que no disminuya la productividad del trabajo (al utilizar tiempo de trabajo para ello), y que no enlentezca demasiado el funcionamiento de los procesos empresariales. Para lograr este balance pueden delegar las decisiones operativas a directivos elegidos, estableciendo claramente los criterios que ellos deben tener en cuenta al tomar las decisiones.

En las cooperativas de producción, algunos asociados pueden asumir comportamientos parasitarios. Como sin dudas hay personas que necesitan una presión externa para motivarse hacia el trabajo, es recomendable que las cooperativas –además de vincular los ingresos a la productividad o resultados individuales (los cuales en procesos productivos más complejos resultan difíciles de medir)— establezcan mecanismos de supervisión colectiva (por los propios grupos de trabajadores) que aseguren que cada asociado cumpla con sus responsabilidades y de lo contrario sea sancionado acordemente, incluyendo la expulsión de la cooperativa y responsabilidad penal.

Como toda empresa que opere en un sistema de relaciones de mercado, bajo la lógica de maximización de la ganancia, las cooperativas puede ignorar o violar intereses sociales (precios especulativos, no pago de impuestos, no calidad de sus productos, contaminación, explotación de trabajo asalariado, etcétera). Por ello es crucial promover espacios de coordinación con gobiernos locales para asegurar que contribuyan a los objetivos de desarrollo del territorio y no atenten contra ellos; lo que requiere que en primer lugar los gobiernos definan sus estrategias, y de la manera más participativa posible.

Finalmente, debe tenerse en cuenta que las cooperativas tradicionales (“de autonomía total”; como tampoco lo son las empresas privadas), dada la incapacidad del Estado de controlarlas directamente al no participar en su gestión, no son las formas empresariales más adecuadas para realizar actividades relacionadas con bienes o servicios de carácter estratégico (energía, comunicación, educación, salud, y otros sectores que así se consideren), las que requieren de grandes inversiones, compromisos a largo plazo y complejas exigencias. Asimismo, las cooperativas tradicionales no son las formas empresariales más adecuadas para la producción de bienes o servicios relacionados con necesidades básicas de consumo (bienes como alimentos, productos de aseo y limpieza, y servicios como el transporte, comunales, etc.), sobre todo en mercados desabastecidos. Dependiendo de las particularidades de las actividades y el contexto en que se desarrollen, para aquellos casos en que no sea necesario una intervención directa en la toma de decisiones, se pueden utilizar cooperativas tradicionales bajo distintos contratos de arrendamiento menos o más estrictos (usufructo, concesión o franquicia) que establezcan los comportamientos esperados y las causas que llevarían a la cancelación del mismo. Mientras que para aquellos casos en que sí es necesario intervenir en la toma de decisiones, se pueden utilizar formas de “autonomía compartida” o cogestión como las cooperativas múltiples donde uno de los asociados sea el gobierno local y / o alguna organización que represente los intereses de las personas afectadas por su actividad.

Roles que podrían jugar las cooperativas en el nuevo modelo económico cubano

A pesar de las limitaciones de las cooperativas vistas anteriormente, los riesgos que su promoción pudiera generar son menores que si se promueven empresas privadas; y ellas tienen además potencialidades que no pueden disfrutar las empresas privadas ni estatales. Las cooperativas tienen por lo general tasas de fracaso menores y son más propensas a articularse con intereses sociales más amplios que sus pares privadas [7] . Además, la mayor parte de los riesgos de la promoción de cooperativas pueden ser evitados con políticas bien diseñadas e implementadas. Aunque es cierto que la implementación de políticas públicas es bien complicada y siempre ocurren consecuencias no esperadas, los efectos negativos de darles preferencia seguramente serán mucho menos significativos que los de la expansión de empresas privadas que contratan trabajo asalariado y tienen una autonomía casi total ante intereses sociales. Los que temen que las cooperativas pueden convertirse en una fuerza de presión sobre el sistema político deberían estar más preocupados por la demostrada tendencia de los empresarios privados a penetrar los órganos de poder para asegurar que ellos respondan a sus intereses, generalmente sí opuestos a intereses sociales.

Así, las cooperativas podrían jugar roles bien importantes, sobre todo si no se les limita a la forma tradicional en que un grupo de personas tiene propiedad legal exclusiva sobre los medios de producción, resultando en una autonomía total. Como ha ocurrido y ocurre en otros países, la creación de cooperativas podría ser promovida por el Estado, desde políticas nacionales y programas de gobiernos locales, hasta decisiones de instituciones estatales de contratar algunas de las actividades que hoy realizan a cooperativas.

Para ser más precisa, organizaciones socioeconómicas bajo la figura legal cooperativa podrían jugar los roles siguientes:

· cooperativas tradicionales de acuerdo a un marco legal establecido nacionalmente para su creación en todas las actividades que no están relacionadas con necesidades ni estratégicas ni básicas; como las que realizan hoy los trabajadores por cuenta propia, aunque modificando el actual listado de actividades permitidas [8] . Estas cooperativas, como los trabajadores por cuenta propia, surgirían de forma espontánea y tendrían una autonomía o independencia casi absoluta; lo que por supuesto no las exceptúa de cumplir con el marco legal que se establezca, ni con los contratos de arrendamiento que puedan establecer. Su creación podría ser también promovida por programas como incubadoras de cooperativas.

o cooperativas de producción formadas por un grupo de personas que trabaja de forma colectiva, como una alternativa a la contratación de trabajo asalariado por cuentapropistas como vía para lograr economías de escala en los procesos productivos sin concentración de riqueza ni relaciones de explotación

o cooperativas de consumo de empresarios formadas por trabajadores por cuenta propia que realizan una misma actividad o actividades relacionadas, y se asocian para disfrutar algunas de las ventajas de la integración y en particular de la cooperación

o cooperativas de consumo de consumidores, para un grupo de personas interesado en asegurar la calidad-precio de los productos que consume, que puede comprar directamente a productores que garanticen los estándares deseados.

§ cooperativas de viviendas, para un grupo de personas interesadas en construir y/o mantener de manera colectiva sus viviendas

§ cooperativas de ahorro y crédito, para un grupo de personas interesadas en ahorrar para garantizar mejores ingresos en el futuro o la posibilidad de adquirir productos.

· cooperativas promovidas por gobiernos locales para realizar actividades que satisfagan necesidades básicas (bajo contratos de concesión u otra forma de arrendamiento) o no básicas

o cooperativas que producen bienes básicos que arrienden unidades de empresas subordinadas al gobierno, adquiriendo ciertos compromisos de ventas y /o precios

§ cooperativas de producción de panes o dulces, u otros productos alimentarios o de limpieza, etcétera.

§ cooperativas agropecuarias de producción, para un grupo de personas interesado en utilizar tierra en usufructo (además de las CPA o quizás modificando la figura legal de la CPA; podrían utilizarse para la agricultura urbana)

o cooperativas que ofertan servicios básicos que arrienden unidades de empresas subordinadas al gobierno , adquiriendo ciertos compromisos de trabajo y/o precios

§ cooperativas de servicios comunales como la limpieza de calles, recogida de desechos, poda de árboles, etcétera

§ cooperativas de transporte que concesionen rutas de ómnibus o zonas de taxis.

o cooperativas que producen bienes o servicios no básicos (algunas producciones de la industria ligera, servicios como peluquerías, reparaciones, restaurantes, etc.) que arrienden unidades de empresas subordinadas al gobierno, bajo contratos de arrendamiento

§ si la empresa tuviera una marca reconocida que se desea preservar, ser ía necesario establecer un contrato de arrendamiento tipo franquicia

o cooperativas de consumidores de bienes básicos

§ cooperativas de consumo agropecuario o “mercados agropecuarios” que podrían administrar, bajo contratos de concesión, esos mercados de manera que una supervisión más efectiva asegure que los productos tengan los mejores precios y calidad posibles. Ellas podrían ser cooperativas múltiples donde el gobierno sea uno de los asociados de manera que se asegure la representación de todos los residentes en el territorio; y si los trabajadores de los mercados se organizan como cooperativas de producción, estas podría ser un tercer grupo de asociados de esas cooperativas de consumo. Ellas podrían establecer relaciones directas con cooperativas de producción agropecuaria, o formar cooperativas de segundo grado que faciliten la comercialización.

o cualquiera de las cooperativas que podrían surgir de forma espontánea pueden ser promovidas por los gobiernos locales, incluso sin estar interesados en establecer relaciones contractuales con ellas.

· cooperativas promovidas por instituciones estatales para realizar actividades que resulta más efectivo contratar a terceros que realizar directamente

o cooperativas de producción de servicios como mantenimiento, seguridad y otras actividades de apoyo con medios de producción que pueden ser de la cooperativa o que la empresa se los arriende

o cooperativas de producción de bienes y servicios que realicen las actividades principales de las empresas estatales, y tales que requieren altos grados de motivación, son difíciles de supervisar y los medios de producción no son complejos; estableciendo contratos de arrendamiento según las distintas situaciones (para aquellos casos en que se quiere mantener una marca reconocida, la franquicia sería lo recomendable, de lo contrario sería la concesión)

§ Para aquellos casos en que no resulta recomendable arrendar los medios de producción, por ser complejos o costosos, quizás la mejor variante sería una cooperativa múltiple donde la empresa estatal (propietaria de los medios de producción) sea uno los “participantes” de la cooperativa y pueda por tanto asegurar que ellos sean usados adecuadamente

§ Para aquellos casos en que los bienes o servicios que producen son básicos, sería recomendable una cooperativa múltiple donde los clientes o usuarios puedan asegurar que sus intereses son tenidos en cuenta teniendo a una organización que les represente (consejo de usuarios o gobierno local) como uno de los “participantes” de la cooperativa

Consideraciones finales

Ahora que se ha decidido comenzar con los experimentos de cooperativas en algunos sectores, es importante hacerlo bien para que no se creen falsas cooperativas y que las que surjan con buenas intenciones no se desvirtúen. Es imprescindible facilitar que tengan las condiciones mínimas de éxito y el tiempo que requiere el desarrollo de su cultura organizacional; de manera que se puedan obtener los beneficios posibles, y se superen sus limitaciones y por tanto los riesgos que ellas entrañan. En otros trabajos se han mencionado algunas medidas cruciales para que la promoción de cooperativas sea exitosa y evitar un fracaso que pueda ser utilizado por los que no confían en las capacidades de autogestión de las personas o no les conviene que las desarrollen. [9] Sería recomendable que grupos de personas interesadas en crear cooperativas y que logren el apoyo de sus gobiernos municipales o instituciones estatales, puedan hacerlo también de forma experimental. Además, crear cooperativas debe ser una opción para los cuentapropistas, sobre todo para los que arriendan unidades estatales donde hay tres o más trabajadores.

Notas

[*] Profesora, i nvestigadora y consultora de empresas. Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana. camila@ceec.uh.cu y camila.pineiro.harnecker@gmail.com

[1] Ver “En la línea del avance. Acuerdos del Sexto Congreso” Granma, 12/24/2011.

[2] Ver declaraciones de Murillo en el Seminario Nacional del PCC sobre el Proyecto de lineamientos, en noviembre de 2010, en «Sesionó reunión ampliada del Consejo de Ministros», Granma, 1/3/2011.

[3] “Declaración de Identidad Cooperativa” de la Alianza Cooperativa Internacional, Manchester, 1995.

[4] “Piñeiro Harnecker, Camila. ¿Y las cooperativas, cuándo? Potencialidades de las cooperativas para la actualización del modelo económico cubano.” Palabra Nueva 211, octubre 2011, pp. 55-62.

[5] Las cooperativas “múltiples” o “de participantes /interesados múltiples ” (multi-stakeholders) son aquellas compuestas por más de un tipo de “participantes”: trabajadores, consumidores o proveedores. Estas son básicamente formas de cogestión entre esos distintos grupos, pudiendo estar presentes organizaciones que representen intereses sociales .

[6] Según Reuters (“ Cuba moving some state-run cafes into private hands ” 12/1/2012), más de 200 unidades empresariales de gastronomía ser án arrendadas a sus actuales administradores, los cuales asumirán la figura de cuentapropistas y contratarán a otros trabajadores como asalariados, también bajo la figura de trabajo por cuenta propia.

[7] Ver Bir chall, Johnston, y Lou Hammond Ketilson. 2009. Resilience of the cooperative business model in times of crisis. Sustainable Enterprise Programme. Geneva: ILO.

[8] La lista debería ser ampliada considerablemente para incluir otras actividades no relacionadas con consumo básico como los servicios profesionales y otras actividades productivas. Por otro lado, la actividad de transporte de personas en mi opinión debería sea más regulada, quizás limitándola a concesiones que controlen los gobiernos locales, de manera que se regulen los precios y normas de servicios, como se hace en casi todos los países.

[9] Ver Piñeiro ob. cit. y prólogo al libro Cooperativas y Socialismo: Una Mirada desde Cuba. Camila Piñeiro Harnecker (comp.), Ed. Caminos, La Habana, 2011.

Fuente:

Publicado en Temas-Catalejo http:// www. temas .cult.cu/ catalejo /economia/ Camila _Pineiro.pdf

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martes, 28 de febrero de 2012

Fidel Castro, el chándal de Adidas, el capital y el trabajo

Francisco Umpiérrez Sánchez Rebelión

El 11 de junio de 2007 publiqué en Rebelión un trabajo titulado “Fidel Castro y el chándal de Adidas”. Fidel Castro había aparecido en todas las televisiones mundiales con un chándal de Adidas en vez de con su vestimenta militar habitual. Todos los apologistas del capitalismo vieron en ese hecho una victoria del capitalismo sobre el socialismo. A sus ojos resultaba contradictorio que uno de los grandes referentes del socialismo mundial portara un signo capitalista: la marca de Adidas. Frente a esta visión yo defendí esta otra: el chándal de Adidas es un signo de trabajo y no hay que ver ahí nada que contradiga el carácter socialista de su portador.

No todo el mundo estuvo de acuerdo con mi posición. Hasta el punto que ayer mismo un joven marxista llamado Santiago Pedrazzoli, tras leer mi trabajo, me ha hecho llegar la siguiente objeción: “Si yo no llevo un chándal de Adidas (que de hecho no lo llevo), nadie asociará esa marca conmigo. Peros si la llevase, influenciaría a otras personas para que compraran esa marca. Sería como ayudar a expandir una multinacional que apoya el capitalismo y el imperialismo. Mi conclusión es que aquellos que no estemos de acuerdo con el capitalismo, no deberíamos llevar marcas que pretendan imponer o proteger el capitalismo”.

Observemos primero la realidad y digamos qué ocurre en el mundo del consumo. Las multinacionales están presentes en todos los ámbitos de la vida y su signo es omnipresente en todas las ramas del consumo: en la automoción, en la electrónica, en la informática, en la alimentación, en los medicamentos, en el calzado, en la vestimenta. Así que nadie, absolutamente nadie, puede escapar del imperio económico de las multinacionales; y sus signos, sus marcas, están presentes en la vida de todo el mundo. Si tuviéramos que rechazar todo aquello que llevara el signo del capitalismo, tendríamos que rechazarlo todo. Puesto que todo en el sistema capitalista lleva el signo del capitalismo. La cuestión aquí a debatir es si en el capitalismo el capital lo es todo y el trabajo no es nada, o sí el trabajo es el verdadero y fundamental significado de los elementos de la riqueza.

Demos un paso más. En el régimen de producción capitalista el valor de toda mercancía se representa mediante la fórmula: valor de la mercancía = capital constante + capital variable + plusvalía. El capital constante es el valor de los medios de producción consumidos en la producción de la mercancía, el capital variable es el valor de la fuerza de trabajo consumido en la producción de la mercancía, y la plusvalía es el valor del plustrabajo consumido en la producción de la mercancía. Les recuerdo que la plusvalía se divide en beneficio (la parte de la plusvalía con la que se queda el dueño de la empresa productora de la mercancía), en renta del suelo (la parte de la plusvalía con la que se queda el propietario del suelo), y en interés (la parte de la plusvalía con la que se queda el banquero). Suponemos el caso de una empresa que hace uso del crédito para poner en marcha su negocio.

De este hecho podemos extraer algunas conclusiones. En primer lugar, debemos observar que a la fuerza de trabajo, una vez que ha sido comprada por el capitalista y es empleada por éste en la producción de un bien o servicio, Marx la llama capital variable. La fuerza o capacidad de trabajo es inseparable del cuerpo del trabajador; pero cuando la vende al capitalista por un tiempo determinado, pertenece al capitalista y no al trabajador. Y durante ese tiempo representa capital variable. Así que no sólo los productos en el régimen capitalista llevan la señal del capital, sino también la propia fuerza de trabajo y, por consiguiente, el propio trabajador. Así por qué asombrarse de que Fidel Castro lleve un chándal que es signo del capital cuando todos los trabajadores representan capital variable, son portadores de las relaciones capitalistas de producción, son signos del capital.

Volvamos de nuevo al consumo. Cada vez que una persona compra una mercancía en el régimen de producción capitalista, paga todas las partes de las que se compone el precio: el capital constante, el capital variable y la plusvalía. Luego en todo acto de compra de cualquier trabajador se está reproduciendo el sistema capitalista. El trabajador no puede escapar de ningún modo del imperio del capital. No escapa su cuerpo, pues su fuerza de trabajo tiene que vendérsela al capitalista, no escapa su consumo, pues todo lo que consume es capital mercantil, y no escapan sus actos de compra, pues en todos esos actos reproduce las relaciones de producción capitalista.


Hasta aquí todo se ha presentado del lado del capital y todo se presenta como signo del capital. Pero preguntémonos: ¿Qué es el capital? La respuesta es sencilla: trabajo acumulado. ¿Qué es el capital constante? Trabajo pasado. Y por último: ¿qué es el capital variable? Trabajo vivo. Ahora todo se presenta como signo del trabajo. Ahora todo es trabajo. Pero demos un paso más en nuestras pesquisas. Pensemos que un capitalista gracias a sus ahorros o al de sus familiares invierte inicialmente en su negocio 10 millones de euros. Supongamos también que su negocio arroje una plusvalía anual de un millón de euros. Al cabo de 10 años se habrá apropiado de 10 millones de euros en concepto de plusvalía o plustrabajo. La plusvalía apropiada por el capitalista durante 10 años es igual al capital desembolsado inicialmente. Pero la plusvalía es plustrabajo creado por los trabajadores aunque apropiado por el capitalista. Por lo tanto, el propietario legítimo de la plusvalía es el trabajador, aunque su propietario legal sea el capitalista. Lo cierto es que al cabo de 10 años el negocio de nuestro capitalista representa plusvalía capitalizada. Legítimamente su negocio ya no le pertenece y sí a los trabajadores. Luego todas las empresas, incluidas las multinacionales, al cabo de un determinado número de años representan plusvalía capitalizada, esto es, todas las empresas al cabo de un determinado número de años son legítimamente propiedad de los trabajadores. Luego también las empresas son signos del trabajo.

Al principio todo se presentaba como signo del capital y ahora todo se presenta como signo del trabajo. Y es ambas cosas. Lo que sucede es que los capitalistas y sus apologistas ven en todo los signos del capital; y los socialistas deberían ver en todo los signos del trabajo. Las semiosis capitalistas, los procesos de producción de los signos capitalistas, ocultan y dominan las semiosis del socialismo. Mi trabajo sobre Fidel Castro y el chándal de Adidas no era más que un intento de liberación de la semiosis socialista del imperio de la semiosis capitalista. Y la gran consigna de la semiosis socialista no es otra que la que ha quedado plenamente demostrada en este texto teórico: todo es signo de trabajo.

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domingo, 5 de febrero de 2012

El 4 de Febrero "La segunda Declaración de La Habana"

Atilio Boron La Haine

El día cuatro de febrero se cumplen 50 años de vida de uno de los documentos políticos más importantes en la historia del movimiento revolucionario latinoamericano y caribeño: la Segunda Declaración de La Habana. Sus palabras tuvieron -y aún tienen- un valor profético de alcance sólo comparable a las volcadas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. Pero no sólo profético: también como palabras que despertaron la conciencia de nuestros pueblos e inspiraron, en lo concreto e inmediato, el comienzo de grandes luchas por la justicia, la dignidad, la democracia; palabras que movilizaron masas y que, de una forma u otra, por los más diversos (y a veces impensables) caminos cambiaron la fisonomía de Nuestra América.

Si hoy esta región no es la misma que hace medio siglo atrás; si aquí se ha derrotado al ALCA, si hay gobiernos y pueblos que resisten y luchan contra el imperialismo, si el centro de gravedad de la política latinoamericana se ha corrido hacia la izquierda todo eso se lo debemos, en una medida mucho mayor de lo que habitualmente se reconoce, a ese grito lanzado por Fidel desde La Habana, plantando una semilla que germinaría en mil flores. Un texto de enorme valor histórico y de también rigurosa actualidad que las nuevas generaciones de luchadores anti-imperialistas y anticapitalistas deben leer, estudiar y, lo más importante, llevarlo a la práctica. Las líneas que siguen a continuación pretenden ser una breve guía, y a la vez una enfática invitación, para recorrer las venerables páginas de ese documento.

Introducción

El presente volumen compila dos documentos de gran importancia: las “Declaraciones de la Habana”, producidas en septiembre de 1960 y febrero de 1962. En realidad, si bien la Primera Declaración es un texto notable, el paso del tiempo ha consagrado, con justas razones, a la Segunda Declaración de la Habana como un documento histórico de excepcional trascendencia. Por eso debemos celebrar la decisión de volver a publicarlo, facilitando que las jóvenes generaciones latinoamericanas puedan encontrar en su lectura renovadas fuentes de inspiración para su imaginación y su praxis política.

Las coordenadas históricas

Decíamos, pues, que se trata de un documento histórico. Sin embargo, tal calificación sería apenas una media ver dad. La Segunda Declaración de la Habana es mucho más que eso. Diríamos que es un texto viviente, histórico y actual a la vez; reflejo fidelísimo de una época, de una coyuntura internacional, los comienzos de los años sesenta, pero al mismo tiempo diagnóstico certero de los males que todavía hoy nos aquejan y de nuestras asignaturas pendientes. La época en que aparece, 4 de Febrero de 1962, no podía ser más significativa. Todo el intenso dramatismo de ese tiempo, en donde América Latina se encontraba en una encrucijada, en un punto de viraje en el cual sólo Cuba supo tomar la dirección correcta, se recrea en sus páginas, brillantemente escritas, con una fuerza extraordinaria. Es un texto que surge pasados tres años de la Revolución Cubana, cuando ya no quedaba un solo analfabeto en la isla y cuando se habían plasmado las grandes medidas que consolidarían la transformación revolucionaria de la economía cubana. Pero también es un texto que aparece luego de dos grandes acontecimientos que marcarían indeleblemente la historia de las relaciones de nuestra América con el imperialismo: la Conferencia de Punta del Este, en donde la Administración Kennedy lanzara la mal nacida y peor fallecida Alianza para el Progreso, y la invasión mercenaria a Playa Girón, orquestada, financiada y promovida por Washington y que fuera ejemplarmente rechazada y derrotada por el pueblo cubano en heroicas jornadas de lucha.

En la Conferencia de Punta del Este se había consumado, como artera moneda de pago ante la “generosidad” del imperio por el obsequio de la Alianza, la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos y, de hecho, su ostracismo regional. Pensaban que de esa manera iban a doblegar a un pueblo que llevaba un siglo luchando por su liberación; su ignorancia era tan supina y su cretinismo juridicista tan grande que creían que bastaría una resolución final de tan ilustres conferencistas reunidos en Punta del Este para poner de rodillas al pueblo y al gobierno cubanos, aterrorizados ante las iras del imperio y sus correveidiles, obligándolos a desandar la marcha de la revolución. En perfecta secuencia, los gobiernos “democráticos” del continente procedieron, para su eterno deshonor, a romper relaciones diplomáticas con Cuba. Afortunadamente, el impulso todavía vivo de la Revolución Mexicana hizo que hubiera una excepción ante tanta infamia, y México se negó a plegarse al edicto norteamericano. Es difícil transmitir hoy, cuando la OEA es un cadáver maloliente a la espera de un alma caritativa que le ofrezca piadosa sepultura, la indignación que causara en ese tiempo ver a esos personajes de opereta apresurarse rastreramente a cumplir con las órdenes de la Roma americana, como dijera José Martí, procurando cada uno de ellos obedecer de la manera más genuflexa posible el mandato imperial. Indignación no exenta de su lado cómico, pues no otra cosa podía ocurrir cuando uno veía que en el bando de los demócratas y los amantes de la libertad prohijado por la Casa Blanca se encontraban figuras tan excelsas como “Papa Doc” Duvallier, amo y señor de Haití; Anastasio Somoza, el gendarme de quien Franklin Delano Roosevelt dijera “es un hijo de puta pero, ¡señores!, es nuestro hijo de puta”; el general Alfredo Strossner, heraldo de la democracia hemisférica y otros peleles de semejante calaña cuyos nombres hace años ya fueron a parar al basurero de la historia. En efecto, ¿quién podría recordar sólo uno de esos personajes que, arrodillados, condenaron a Cuba? En cambio, ¿quién podría olvidar la estatura olímpica del delegado que la isla enviara ante dicha asamblea, nada menos que Ernesto “Che” Guevara, un personaje histórico-universal, como diría Hegel, y cuyo discurso fue una verdadera pieza maestra de la literatura política latinoamericana?

La Segunda Declaración expresa pues la indignación cubana ante la traición de los gobiernos latinoamericanos que la expulsaron de la comunidad hemisférica. El país agredido, invadido, bloqueado fue puesto en el banquillo de los acusados, y el agresor logró que la víctima fuera condenada, con la complicidad de los representantes de la libertad y la democracia en la región. Pero no sólo hay indignación en ese texto. También hay dolor, mucho dolor, al ver más allá de la capitulación de los dirigentes la persistencia del drama humano y social en que se debatían –y todavía se debaten– las sociedades latinoamericanas. Y también hay un certero diagnóstico sobre la realidad de la época y un pronóstico sobre los difíciles tiempos que se avecinaban. Más allá de los desacuerdos que hoy podrían suscitar tal o cual frase, o de algunos errores de apreciación y de previsión, estamos ante un documento excepcional, comparable en ciertos aspectos, por su precisión analítica, carácter pedagógico y elocuencia discursiva, al Manifiesto Comunista. Sus fuentes político-intelectuales son principalmente dos: una se hunde profundamente en la historia cubana y latinoamericana y viene de muy lejos, notablemente de José Martí pero también de Simón Bolívar; la otra fuente remite al marxismo clásico, a la obra de Marx, Engels y Lenin.

Los ejes temáticos

Conviene repasar, a guisa de introducción, algunos de los temas principales abordados en la Segunda Declaración. Comienza reivindicando la exactitud del diagnóstico martiano, “que llamó al imperialismo por su nombre” y la caracterización de la Roma americana, “ese Norte revuelto y brutal que nos desprecia”. No hace falta ser demasiado perspicaz para comprender la vigencia de tales afirmaciones. En primer lugar, por eso de llamar al imperialismo por su nombre, en momentos en que proliferan interpretaciones antojadizas que nos hablan de un “Imperio” virtual, sin centro ni periferia, sin hegemonías nacionales en juego y, colmo de los colmos, sin relaciones imperialistas de dominación2. Por otro lado, ante los denodados esfuerzos por asimilamos a la cultura imperial dominante, presentada por los artífices de la globalización neoliberal como la “única” congruente con la lógica competitiva de los mercados, es oportuno recordar el racismo del centro imperial, manifestado de mil y una maneras, algunas sutiles, otras burdas, pero todas igualmente despreciativas de nuestra gente, nuestra cultura y de nuestros valores. A tal punto ha llegado este proceso de colonización cultural que un teórico conservador como Samuel P. Huntington le dijo a un encumbrado gobernante latinoamericano a quien estaba entrevistando: “¡Pero Uds. quieren ser como nosotros!”, y ante lo cual el sujeto en cuestión respondiera: “Sí. De eso se trata. Queremos ser iguales a Uds.”. Precisamente, de eso se trata: de ser nosotros y no de procurar, estúpidamente, de ser como ellos. Una de las precondiciones para la liberación nacional en América Latina, para la soberanía y para poner fin a toda forma de explotación y opresión es la ruptura del vasallaje colonial existente en los más diversos órdenes de nuestra vida social. Esta colonialidad ha tenido, como lo demuestra la brillante obra de Roberto Fernández Retamar, consecuencias gravísimas para las sociedades latinoamericanas. Remito al lector a dicho texto para una profunda elaboración sobre esta temática 3.

El texto prosigue con una apretada síntesis en torno al proceso del desarrollo capitalista y su expansión internacional, preguntándose por los móviles subyacentes a tan extraordinaria difusión. Obviamente, que no se trató de razones de índole moral, como tantas veces se adujera, o mucho menos a la “misión civilizadora del hombre blanco” sino, tal como lo expresa la Segunda Declaración, a “1a sed de oro” o al “afán de ganancia”. Y el mismo principio está por detrás de las políticas del imperialismo, en su fase actual, en la América Latina. Esta sección culmina con un planteamiento en tomo al surgimiento de las nuevas ideas de la ilustración y el liberalismo, el carácter revolucionario de las mismas por contraposición a la estolidez del orden social feudal y la identificación, por parte de los autores inscriptos en el nuevo universo discursivo, del carácter histórico y, por lo tanto, pasajero del ancien règime. El remate de este proceso, cuando ya la burguesía ha triunfado y establecido su dominio, es la creciente concentración de los medios de producción y la riqueza en muy pocas manos, y la conformación de cárteles, trusts y consorcios que, progresivamente, van sustituyendo la libre competencia de las fases pretéritas del desarrollo capitalista por la primacía de los monopolios.

A consecuencia de lo anterior, la extraordinaria riqueza producida por el trabajo de millones de hombres genera un excedente de capital que, para que no se diluya, requiere de su colocación en los más apartados rincones del planeta. Así comienza un febril proceso de “reparto del mundo”. Esto implica apoderarse de los mercados de los países más débiles y de sus riquezas y recursos naturales. Pero la finitud del planeta es un obstáculo para los afanes de los imperialistas, que más pronto que tarde dan comienzo a pujas de todo tipo para redefinir, en mejores términos, las condiciones de su participación en el despojo. A la luz de la Guerra de Irak se comprende la ominosa actualidad de la Segunda Declaración de la Habana, puesto que la aventura belicista de George W. Bush representa casi paradigmáticamente toda la miseria y la crueldad de las políticas imperialistas. En todo caso, retomando el hilo de nuestra argumentación, las largas series de guerras coloniales culminaron en las dos guerras mundiales del siglo XX o, como prefiere Immanuel Wallerstein, en una gran guerra que comenzara en 1914, acordara un armisticio provisional que estalló por los aires en 1939, para finalizar en medio de una matanza de más de 80 millones de muertos en 1945. La declaración señala que llegado a estos límites el sistema inicia su decadencia. “Desde entonces hasta nuestros días, la crisis y la descomposición del sistema imperialista se han acentuado incesantemente”. Esta situación, unida a la irrupción de la Revolución Rusa, la Revolución China y el despertar de los pueblo coloniales “marca la crisis final del imperialismo”, se dice, equivocadamente a nuestro humilde saber y entender. Se trató de una crisis, muy grave, es cierto. Pero no fue la crisis final porque, lamentablemente, lo que la historia ha demostrado es que el imperialismo no es una condición tan sencilla de erradicar.

A renglón seguido el texto se pregunta por las razones del “odio yanqui a la Revolución Cubana”. La respuesta que allí se proporciona es el miedo a la revolución, a la insurrección de los pueblos en contra a sus opresores. Pero más allá de la polémica que pueda suscitar la misma, esta consideración abre la puerta para una reflexión muy interesante –y actual, sobre todo actual– acerca de las condiciones del proceso revolucionario. Siguiendo la tradición marxista la Declaración distingue entre las condiciones objetivas y las subjetivas, y se plantea de manera muy taxativa una tesis que desmiente toda imputación de subjetivismo o voluntarismo, y que convendría recordar. En sus propias palabras, “las condiciones subjetivas [...] es decir, el factor conciencia, organización, dirección puede acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce”.

Seguramente que los redactores de la Declaración pensarían hoy dos veces antes de reescribir esa frase. ¿Por qué? Porque si hay algo que nos ha enseñado la historia reciente de América Latina es que el desfasaje entre la maduración de las condiciones objetivas y las subjetivas ha llegado a ser extremadamente pronunciado. La experiencia argentina de este último año y medio demuestra la impresionante maduración de las llamadas condiciones objetivas. Pero la agudización de las contradicciones sociales, la movilización popular, la emergencia de nuevas formas de organización y enfrentamiento no han tenido como resultado, lamentablemente, el surgimiento de una conciencia socialista que identifique con claridad la naturaleza estructural de los problemas que genera el capitalismo argentino ni, mucho menos, una dirección a la altura de los desafíos que impone la actual coyuntura.

La rígida articulación que el documento propone al vincular de ese modo las condiciones objetivas y las subjetivas explica, asimismo, el excesivo optimismo que se trasunta en algunos pasajes del texto. Así, por ejemplo, se dice que “en muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable”. Y este diagnóstico se funda en el juego de cuatro factores: “las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados”. Hay que aclarar, sin embargo, que allí no se decía que la revolución fuera inevitable en todos los países sino en muchos, lo cual fue así sólo en algunos casos. El golpe militar en Brasil, en 1964, tuvo una naturaleza preventiva ante el creciente desborde popular que atribulaba a la derecha brasileña y sus socios imperialistas. En la Argentina en 1966 y sobre todo en 1976, con el terrorismo de estado, se procuró poner coto a una situación en donde la movilización popular combinada, en la década de los setenta, con el auge de una guerrilla urbana, ponía en jaque, pese a su inorganicidad, los fundamentos del orden burgués. Pero en otras latitudes la situación adquiría tonalidades más definidas. La tentativa revolucionaria liderada por Francisco Caamaño Deñó en República Dominicana, en 1965, fue derrotada por obra y gracia del baño de sangre generado por la invasión norteamericana, en una típica maniobra imperialista que implicó el desembarco de unos cuarenta mil marines para restaurar el orden subvertido por los revolucionarios dominicanos. En Chile llegaba al poder, en 1970, el gobierno de la Unidad Popular, con Salvador Allende a la cabeza. Y esto representaba una canalización por las vías de la institucionalidad burguesa del ascenso impresionante de la lucha de masas que si bien no llegó a concretarse en el formato clásico de una revolución contenía un potencial que no pasó desapercibido por la Casa Blanca, que de inmediato ordenó la puesta en marcha de un programa de desestabilización que culminaría, en 1973, con el sangriento golpe militar de Pinochet. Poco después, el ascenso del movimiento social y los avances de la lucha armada provocaría, en 1979, la derrota militar y política de una de las dictaduras más tenebrosas de América Latina, la de Anastasio Somoza hijo, en Nicaragua, mientras que en El Salvador y Guatemala la situación no pintaba con colores más optimistas para las clases dominantes. En otras latitudes, mientras tanto, procesos similares confirmaban de cierta manera las previsiones de la Segunda Declaración. Mencionemos apenas los más importantes: el Mayo francés de 1968, el “otoño caliente” italiano en 1969 y la frustrada “revolución de los claveles” que, en 1974 puso fin a la dictadura fascista de Oliveira Salazar en Portugal. Por otra parte, y ya en Medio Oriente, en 1979 la irrupción de las masas iraníes daba lugar, mediante una inesperada combinación con el fundamentalismo chiíta, al destronamiento de uno de los baluartes del imperialismo en la zona, tal vez su gendarme mejor armado y entrenado: el Shá de Irán.

Pero si el pronóstico contenía ciertos elementos excesivamente optimistas, no lo era a la hora de advertir sobre los peligros que se cernían sobre nuestra región. En efecto, el documento señala con acierto que la “intervención del gobierno de los Estados Unidos en la política interna de los países de América Latina ha ido siendo cada vez más abierta y desenfrenada”, cosa que efectivamente ha acontecido. Y también la asiste la razón cuando se afirma que “la Junta Interamericana de Defensa [...] ha sido y es el nido donde se incuban los oficiales más reaccionarios y pro yanquis de los ejércitos latinoamericanos, utilizados después como instrumentos golpistas al servicio de los monopolios”. El papel de las misiones militares norteamericanas asignadas en nuestras capitales, el de los cursos de actualización organizados principalmente en la Zona del Canal de Panamá y sus similares organizados por la CIA son adecuadamente descriptos en el documento, y el veredicto de la historia en los años subsiguientes no puede menos que concederle la razón. Esos instrumentos actuaron tal cual se pronosticara en 1962, como lo atestigua hasta las náuseas la triste galería de los dictadores que asolaron América Latina durante décadas.

¿Era razonable esperar algo de la Alianza para el Progreso? La Declaración insiste en señalar el carácter ilusorio de la ayuda prometida, habida cuenta la historia del imperialismo en esta parte del mundo y sus intereses actuales. Además, no deja de apuntar a un fenómeno muy importante como el fracaso moral de sus agentes en la Conferencia de Punta del Este. Poco podía esperarse de quienes debieron urdir los más inescrupulosos argumentos y apelar a una descarada compra de votos para prevalecer en el cónclave. Su inmoralidad era una lápida que sepultaba, para siempre, la verosimilitud de sus altruistas promesas. En Punta del Este, dice el documento, se libró una gran batalla ideológica entre el imperialismo y la Revolución Cubana, el primero representando a los monopolios, el intervencionismo, el capital foráneo, el latifundio y la ignorancia, mientras Cuba representaba a los pueblos, la autodeterminación nacional, la soberanía económica, la reforma agraria y la alfabetización universal, amén de muchas otras cosas.

La Conferencia fue el certificado de defunción para la OEA, convertida en infame “ministerio de colonias yanquis, una alianza militar, un aparato de represión contra el movimiento de liberación de los pueblos latinoamericanos”. Una organización que hacía caso omiso del continuo hostigamiento a que era sometida Cuba, a los innumerables actos de sabotaje de todo tipo y los ataques armados contra la revolución. Impasibles e indiferentes ante la descarada agresión, los ministros de relaciones exteriores de la región se reunieron en Punta del Este y con la bendición de la OEA expulsan a la víctima sin siquiera amonestar verbalmente a los agresores. Mientras que “los Estados Unidos tiene pactos militares con países de todos los continentes, [...] con cuanto gobierno fascista, militarista y reaccionario haya en el mundo, la OTAN, la SEATO, y la CENTO, a los cuales hay que agregar ahora la OEA [...] los cancilleres expulsan a Cuba, que no tiene pactos militares con ningún país. Así, el gobierno que organiza la subversión en todo el mundo y forma alianzas militares en cuatro continentes, hace expulsar a Cuba, acusándola nada menos que de subversión y de vinculaciones extracontinentales”. Una vez más, el veredicto inapelable de la historia le otorga toda la razón a la Segunda Declaración de La Habana. ¿Cambió en algo la política del imperialismo?

¿Qué es lo que no se le perdona a Cuba? ¿Por qué se la acusa de “subversiva”? El documento elabora algunos argumentos más específicos: porque hizo realidad el reparto agrario, acabó con el analfabetismo, expandió los servicios médicos, nacionalizó a los monopolios, armó al pueblo, recuperó la soberanía nacional y concretó reivindicaciones largamente sentidas por los cubanos. Frente a esto, ¿qué podía ofrecer el imperialismo? ¿Qué podían esperar los pobres, los indios, los negros y los campesinos del imperialismo, si este era la causa principal de sus pesares? El texto se interroga, por ejemplo, en qué “alianza […] van a creer estas razas indígenas, apaleadas por siglos, muertas a tiros para ocupar sus tierras, muertas a palos por miles por no trabajar más rápido?”. ¿Y al negro? ¿Qué le pueden ofrecer quienes en su propio país practican el más desenfrenado racismo, impidiendo que compartan siquiera un autobús con los blancos, para no mencionar la segregación en escuelas y hospitales? El análisis aquí se extiende meticulosamente, demostrando la incongruencia entre las promesas imperialistas y su registro histórico. Este balance, que por momentos adquiere una contundencia abrumadora, culmina con un verdadero final wagneriano, cuando afirma que “en este continente de semicolonias, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura, alrededor de 4 personas por minuto, de 5.500 al día [...]. Las dos terceras partes de la población latinoamericana viven poco, y vive bajo la permanente amenaza de muerte [...]. Mientras tanto, de América Latina fluye hacia los Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos 4.000 dólares por minuto, cinco millones por día [...] Por cada 1.000 dólares que se nos van, nos queda un muerto [...] ¡Ese es el precio de lo que se llama imperialismo!”.

Para desgracia de nuestros pueblos, este cuadro siniestro no ha hecho sino agravarse desde su formulación original en 1962. Han pasado, desde entonces, la Alianza para el Progreso, la “década del desarrollo” y, de manera cada vez más acentuada, las políticas ortodoxas, neoliberales, del Consenso de Washington con los resultados que están a la vista y que eximen de mayores comentarios. La justeza del análisis contenido en la Segunda Declaración, que en su tiempo no poca gente descalificó, acusándola de ser la expresión resentida de la “derrota” sufrida en Punta del Este, se potencia cuando se examinan algunas de sus previsiones. Una de ellas, la que anticipaba que “los Estados Unidos preparan a la América un drama sangriento” se convirtió en lacerante realidad al poco tiempo, cuando nuestra región se convertiría en un conglomerado de regímenes militares que hicieron del terrorismo de estado su principio constitutivo. Los asesinatos, desapariciones, secuestro de personas, robo de niños, saqueos de hogares de las víctimas, torturas, violaciones y campos de exterminio se convirtieron en prácticas cotidianas, contando para ello con la justificación de la Doctrina de la Seguridad Nacional elaborada por el Pentágono y otras agencias del gobierno norteamericano. Estas, además, colaboraron abiertamente en feroz labor represiva, desde el entrenamiento de sus secuaces en algunas de las bases militares del Comando Sur, donde se instruía a los verdugos en las más recientes técnicas de la tortura, hasta el suministro de armas, equipos, cobertura internacional y dinero para llevar a la práctica el llamado “combate a la subversión”.

Perspectivas de la revolución socialista

Las últimas páginas de la Declaración culminan con un llamado a la revolución. El diagnóstico ha sido lo suficientemente elocuente y preciso como para desalentar cualquier expectativa en relación a la posibilidad de que el capitalismo produzca otros frutos distintos a los ya conocidos. Si bien en el texto no se descartan que se pudieran producir algunos avances políticos en el marco de las instituciones establecidas, se señala explícitamente que la situación de nuestros países sólo por excepción ofrecería tales posibilidades. En cambio, se nos dice, “donde están cerrados los caminos de los pueblos, donde la represión de los obreros y campesinos es feroz, donde es más fuerte el dominio de los monopolios yanquis, [...] no es justo ni correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusión de arrancar, por vías legales que ni existen ni existirán, a las clases dominantes [...] un poder que los monopolios y las oligarquías defenderán a sangre y fuego con la fuerza de sus policías y de sus ejércitos”.

La afirmación es de una contundencia extraordinaria, dotada del rigor de un silogismo inapelable. La cuestión central es, por supuesto, la caracterización, en cada coyuntura particular, de las condiciones políticas imperantes y, más particularmente, la existencia o no de caminos abiertos o cerrados a las aspiraciones de los pueblos. El liberalismo y, en general, todas las variantes del posmodernismo, sea de origen socialista o no, coinciden en las ilimitadas posibilidades que, siempre y en todo lugar, ofrecería el capitalismo contemporáneo. Los primeros por una convicción tradicional y los segundos, los posmodernistas, por su reciente capitulación, por su “conversión” a la ideología dominante. En virtud de ello hay quienes –como Chantal Mouffe, Ernesto Laclau y Ludolfo Paramio, para citar apenas algunos de los más conocidos– proponen “profundizar la democracia”, obviando el hecho de que el capitalismo impone límites infranqueables a la expansión de la democracia, tanto en sus aspectos formales como en los contenidos sustantivos de la misma. Postulan, por ello, una suerte de “democratización de la democracia capitalista”, lo cual equivaldría en la geometría a descubrir la cuadratura del círculo. Porque, en realidad, no existe la democracia capitalista, o burguesa. Lo que hay, en algunos países, es un capitalismo democrático, algo enteramente distinto a lo anterior. Porque si la expresión “democracia capitalista” asume que lo sustantivo es la democracia y que los rasgos capitalistas son apenas un aditamento fácilmente removible, con la frase “capitalismo democrático” se está señalando que, en la experiencia concreta de las democracias “realmente existentes”, lo sustancial es el capitalismo mientras que lo democrático es una incrustación producida por las luchas populares a lo largo de los siglos e impuesta por la fuerza a la dominación burguesa 4.

La Segunda Declaración de La Habana plantea pues un tema de excepcional importancia, que exige un examen detallado de cada situación. No está demás recordar en estas páginas la famosa sentencia de Lenin, cuando decía que “el marxismo es el análisis concreto de una situación concreta”. En efecto, sólo un análisis concreto de cada coyuntura particular puede determinar la existencia o no de vías por las cuales avanzar, y hasta dónde se puede llegar por ese camino. En la caracterización que la Declaración hacía de la coyuntura latinoamericana a comienzos de los sesenta se establecía cuidadosamente, como una cláusula inicial, la necesidad de distinguir situaciones que pese a no ser nombradas se perfilan con nitidez en los silencios del texto. Por una parte, aquellas que demostraban concluyentemente que los caminos populares estaban cerrados, y que constituían por así decirlo la norma predominante en la región. Pero había otras situaciones, entre las cuales sobresalían Chile y México, que representaban un caso marginal en donde tal vez podrían esperarse ciertos progresos significativos trabajando en el marco de una institucionalidad burguesa pero profundamente modificada por la eficacia de largos años de luchas populares. Se planteaba así el dilema de “reforma o revolución”. El texto se decide por la segunda, porque no ve demasiadas posibilidades a la primera, salvo en situaciones muy pero muy especiales. Y, una vez más, el veredicto de la historia parece asignarle la razón. Porque, la vía reformista, ensayada principalmente en el Chile de Salvador Allende, terminó con un baño de sangre y la entronización de una de las más salvajes dictaduras conocidas en América Latina. Otros ensayos, más heterodoxos, también fueron ahogados en su cuna. Por ejemplo, la tentativa presidida por el General Juan José Torres en Bolivia a comienzos de los años setenta. Pero lo cierto es que la vía revolucionaria tampoco llegó a triunfar. Ya nos hemos referido al caso de la República Dominicana, proyecto trágicamente frustrado y que culminó con la ocupación militar de la isla por parte de las tropas norteamericanas. La revolución también tuvo su oportunidad en Nicaragua, pero fue tronchada de raíz ante la reiteración de la más absoluta determinación del imperialismo en impedir, a cualquier precio, la consolidación del sandinismo y el triunfo de la revolución. La tuvo también en El Salvador, donde el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional debió luchar, al igual que los sandinistas, no sólo contra las clases dominantes locales sino también en contra de la formidable resistencia que le oponía la mayor superpotencia jamás aparecida en la historia de la humanidad, los Estados Unidos.

Las lecciones que podemos sacar de esta historia es que, en nuestro continente, las reformas son sofocadas con toda la fuerza de la contrarrevolución y con la omnipresente colaboración del imperialismo. Que las más tímidas expresiones de reformismo ensayadas por algunos gobiernos de la región fueron agredidas con sanguinaria ferocidad por los elementos conservadores de nuestras sociedades. ¿Cuáles son los caminos que hoy se encuentran abiertos en América Latina, y especialmente en la Argentina? Han pasado más de cuarenta años desde que se diera a luz el descarnado diagnóstico que hiciera la Segunda Declaración. ¿Cómo avanzar en un proyecto encaminado a lograr la abolición de toda forma de explotación del hombre por el hombre? ¿Cómo avanzar hacia una nueva sociedad, emancipada de todas las lacras que a lo largo de los siglos produjera el capitalismo?

Obviamente que la Declaración no puede dar respuesta a este tipo de interrogantes en relación a cada país y cada situación en particular. Pero ofrece una guía muy sugerente, de especial relevancia para los argentinos, habida cuenta de nuestra secular incapacidad de construir una alternativa progresista capaz de poner fin a la disolución nacional. Y esa guía es un llamamiento enérgico a la unidad de todos quienes luchan por una sociedad mejor. Así, se nos dice que “el divisionismo, producto de toda clase de ideas falsas y mentiras; el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos”. Unidad de acción que no hemos podido construir y que se manifestó, en toda su insensatez, en las elecciones presidenciales de 2003, cuando el país reclamaba a gritos una alternativa ante el continuismo de las fórmulas políticas tradicionales y el campo progresista se fragmentó en mil pedazos, como un espejo roto que, en su desintegración reflejaba la tragedia de nuestra propia decadencia como nación. Y prosigue la Segunda Declaración diciendo que “en la lucha antiimperialista [...] es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación [...] En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los señores feudales de la tierra”. Ojalá que la publicación de este luminoso documento, producto de una extraordinaria dirigencia política que supo aunar su lucidez para analizar lo existente con una gran dosis de coraje y vocación utópica para transformarlo, sirva para estimular un debate más que nunca necesario en nuestros países y para la elaboración de políticas de izquierda capaces de poner fin al holocausto social que se ha abatido sobre nuestra América.

Notas

1 Este texto es el “Prólogo” al libro "Primera y Segunda Declaración de La Habana" (Buenos Aires: Ediciones Nuestra América, 2003). www.atilioboron.com.ar

2 Hemos examinado críticamente la teorización de Michael Hardt y Antonio Negri en nuestro Imperio & Imperialismo (Buenos Aires: CLACSO, 2002).

3 Roberto Fernández Retamar, Todo Caliban (La Habana: Casa de las Américas, 2001).

4 Hemos examinado este asunto in extenso en nuestro "Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo" (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000) y en "Estado, Capitalismo y Democracia en América Latin"a (Buenos Aires: CLACSO, 2003).

La Haine

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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Confirmada Cuba como el país con mejor desarrollo humano de Latinoamérica

Isla Mía Kaos en la Red

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA en inglés), en la presentación del Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2011, además de analizar el hecho de que el mundo llegó a los 7 000 millones de habitantes, aseguró que Cuba es la nación con más alto desarrollo humano de latinoamérica, llegando a afirmar que cuenta con un desarrollo equivalente a cuarto de siglo de avance en relación a los demás países de América Latina y el Caribe.

Eso debido a sus bajos niveles de mortalidad del país, la elevada esperanza de vida, su acceso a la salud y educación, su salud sexual y reproductiva, y los indicadores de envejecimiento de su población, todos con valores similares e incluso superiores a los de naciones industrializadas.

Con respecto al enfoque sobre los 7 mil millones de personas el mundo, la UNFPA no solo evidenció datos demográficos sino también la profundización de las problemáticas sociales y económicas que conlleva el crecimiento de la población, donde se prufundizaron interrogantes como ¿De qué manera reducir las brechas entre ricos y pobres y rectificar las desigualdades entre hombres y mujeres, y entre niños y niñas? o ¿cómo lograr que las ciudades sean sitios aptos para vivir?

El documento mostró los grandes contrastes sociales y la necesidad de trabajar unidos por el progreso, ya que mientras en las naciones europeas más industrializadas nacen 1,5 niños por mujer, en África —de alarmantes indicadores sociodemográficos y gran pobreza—, nacen cinco bebés por madre.

Este logro de Cuba se une a su reconocida lucha contra el racismo, la desnutrición infantil, y su comprobada calidad en la educación en todos los niveles.

Informe completo en castellano

http://www.unfpa.org/webdav/site/global/shared/documents/SWP_2011/SP-SWOP2011.pdf

Relacionado

http://islamiacu.blogspot.com/2011/11/cuba-mantiene-puesto-elevado-en-el.html

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jueves, 17 de noviembre de 2011

Cuba: Los tiempos cambian, la juventud no

Amaury E. del Valle Juventud Rebelde

La Revolución siempre ha sido joven, fueron las palabras con las que me recibió Joel Iglesias, ese soldado rebelde que de mandadero se convirtió en teniente, y con 17 años era el comandante de menor edad en el Ejército Rebelde, y sin embargo el que más heridas ostentaba en su cuerpo. Cuando apenas habían pasado seis meses del triunfo, Joel recibió el encargo de Fidel y el Che, de presidir la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), antecesora de la actual Unión de Jóvenes Comunistas.

Una revolución de los jóvenes

«El Che me propuso como dirigente de la AJR por ser el comandante más joven en ese momento, y Fidel lo aprobó. Fui yo, como mismo hubiera podido ser cualquiera de los cientos de valiosos muchachos de entonces, que combatieron en las filas rebeldes o contra la tiranía en el llano», afirma Joel, mientras repasa recuerdos con el humo de su pipa.

«La Revolución siempre fue fundamentalmente cosa de jóvenes. Aunque los adultos pusieran su experiencia y conocimientos en la organización y el apoyo, la mayoría de las personas que llevaron adelante la lucha tenían muy poca edad. Jóvenes fueron los hombres del Moncada, del Granma y de la Sierra».


—¿Entonces todo era más fácil, puesto que se contaba con el empuje propio de la edad?

—No crea. Los jóvenes tuvimos que enfrentarnos muchas veces a la incomprensión de los mayores, decían que nosotros no estábamos preparados para conducirnos, que era una locura. Incluso, algunos tuvieron que imponerse a sus propios padres, afectados por las medidas revolucionarias, que veían con alarma la participación de sus hijos en cualquier actividad, pues no querían un «pichón de comunista» en la familia.

«Sí primó siempre la idea de que era necesario estudiar y prepararse mucho para acometer cualquier tarea, y una confianza infinita de Fidel en nosotros».

—¿Cómo se formó la AJR?

—Al principio de la Revolución había muchas organizaciones de todo tipo, de estudiantes, recreativas, deportivas, los jóvenes grumetes..., se imponía lograr la unidad entre toda la juventud. Y esa fue la tarea de la AJR.

«En sus inicios se formó con los jóvenes combatientes de la Sierra Maestra, muchos de ellos con un bajo nivel de escolaridad. Yo, por ejemplo, solo tenía algunos grados de primaria. Por eso la primera tarea que se nos dio fue estudiar; estudiar mucho, eso era lo que nos repetía Fidel cada vez que se encontraba con nosotros.

«Después, también nos dieron otras encomiendas, como la Campaña de Alfabetización, la recogida de café, el plan de becas, las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario y el movimiento de los Cinco Picos».

—¿Cinco Picos?

—El nombre viene de las cinco puntas de la estrella. La idea fue de Fidel. Los que se incorporaron tenían que pasar por una prueba muy dura: subir cinco veces el Pico Turquino. Se trataba de que muchos jóvenes de aquel tiempo pudieran probarse en las mismas condiciones en las cuales se había desarrollado la lucha en la Sierra.

«Al comenzar los Cinco Picos había mucho recelo de los padres, decían que sus hijos eran muy chiquitos para estar por ahí, solos por los montes. También para los que dirigíamos aquello significaba una gran responsabilidad; éramos un grupo muy reducido de personas para atender las necesidades de miles de jóvenes.

«La de los Cinco Picos fue una experiencia muy linda. Recuerdo que al principio era duro, se comía una sola vez al día y por las noches se daba alguna meriendita.

«Cuando Fidel nos visitó, orientó que se nos diera la mejor atención. Deben trabajar y subir lomas, pero no pueden pasar hambre, nos dijo. Y eso lo cumplió en un momento en que la situación del país era muy difícil.

«Hasta el propio Comandante en Jefe visitó la Sierra en distintas ocasiones, y hablaba de tú a tú con cada muchacho, les daba recomendaciones o preguntaba sus opiniones sobre cualquier tema, mientras compartía una caminata o una comida improvisada para todos».

—¿Y no hubo ninguna dificultad?

—Hubo accidentes, claro, pero eran cosas derivadas de la inexperiencia. Recuerdo que en cierta ocasión acamparon varios jóvenes en un bohío abandonado de la Sierra, que sus habitantes habían dejado antes del triunfo, cuando los constantes bombardeos de la aviación batistiana desalojaron a todos los guajiros de la zona.

«Los Cinco Picos empezaron a colgar las hamacas en los horcones debilitados y a medianoche ¡cataplún! les cayó el techo arriba a todos. Nadie resultó herido seriamente, pero pasamos tremendo susto.

«¿Quiere que le diga una cosa?, en realidad a todos los jóvenes que participaron en los Cinco Picos, la experiencia los marcó de una forma u otra. A los muchachos les encantaba estar metidos por las lomas, con una mochila al hombro y recorriendo de arriba a abajo la Sierra Maestra».

—¿Los Cinco Picos solo tenían que subir al Turquino?

—Eso era una parte nada más. Ellos y las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario también construían caminos, escuelas o contribuyeron a la electrificación de muchos poblados serranos. Además, recibían clases de matemáticas, español e historia. Esas dos misiones fueron la manera de vincular a la Revolución con muchos jóvenes que estaban sin trabajo en las ciudades, que no tenían educación.

—¿Y las muchachas?

—Eso fue harina de otro costal. Muchos padres estaban lógicamente recelosos con las hembras. Decían que el varón sí, pero la hembra...; si las dejaban ir a una actividad querían estar con ellas. Por eso una de las ideas mejores de entonces fue crear las escuelas Clodomira Acosta, donde muchas guajiritas aprendían corte y costura, pero también recibían clases y por tanto se instruían.

«Ya después fueron tomando confianza. Claro, para entonces estaba el plan de becas en el preuniversitario y estudios superiores, por donde precisamente comenzaron las movilizaciones masivas para el café y otras tareas agrícolas. Al final, hasta hubo mujeres que subieron los Cinco Picos».

Con todos...

La Asociación de Jóvenes Rebeldes fue un proyecto audaz. Reunir a personas de muy poca edad y diferente nivel cultural, poner en sus manos tareas trascendentales o las armas para defender la recién iniciada Revolución, constituyó una muestra de confianza y a la vez de respeto por la juventud. No obstante, la conformación de la organización no fue nada fácil.

«Fidel y el Che se reunieron muchas veces con nosotros y otras organizaciones, dieron cantidad de discursos, dialogaban incluso con cada persona individualmente», afirma Joel.

«El Che especialmente, por indicación del Comandante en Jefe, siguió de cerca este proceso y muchas veces se aparecía a cualquier hora para discutir una medida, hacer una sugerencia, o conversar con nosotros.

«No crea, también nos llamaba la atención cuando nos equivocábamos, pero nunca nos abochornaba y siempre nos hacía reflexionar hasta que entendiéramos nuestro error.

«Se trató de no discriminar a nadie. Al principio hubo muchos escépticos. Decían que había mucha juventud mala, que no trabajaban porque no querían, pero Fidel y el Che insistían en unir a todo el mundo y aceptar a todo el que quisiera incorporarse a la Revolución».

—Sin embargo, hubo sectarismo...

—Ese fenómeno surgió como consecuencia de la inmadurez y falta de visión política de algunos dirigentes. Fidel, Raúl, el Che, Almeida y la mayoría de nosotros estábamos conscientes de que lo principal era la unidad.

«Desde la conformación de la AJR, a mediados de 1959, la organización fue aglutinando a los jóvenes del país de diferentes maneras. Los Cinco Picos o las BJTR fueron solo capítulos de una historia mucho más rica, aún por contar completamente.

«Entre el 21 y 24 de octubre de 1960, la AJR tuvo su primera plenaria nacional. Allí las diferentes organizaciones juveniles existentes, a propuesta de la Juventud Socialista, decidieron desintegrarse e incorporarse a la AJR. Este proceso incluyó una amplia discusión de los estatutos de la organización, y la misma fue pasando, poco a poco, de un carácter masivo a selectivo. Incluso se cambiaron los métodos iniciales de captación, los cuales se hacían de forma personal por cada miembro, y se instituyó la elección de los posibles integrantes en asambleas de ejemplares.

«Las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario, importante cantera en la formación de cuadros y futuros militantes, a finales de 1961 pasaron a convertirse en comités de base, organizados de acuerdo con los centros de actividad. Cuando se efectuó el primer congreso de la AJR, del 30 de marzo al 4 de abril de 1962, a propuesta de los delegados, se decidió transformar su nombre por el de Unión de Jóvenes Comunistas.


Madurar a presión


Joel Iglesias no fue solamente el presidente de la AJR, sino también el primer secretario de la UJC, cargo en el cual se mantuvo hasta finales de 1963, en que pasó a desempeñar otras responsabilidades. «Fueron tiempos muy lindos, donde tuvimos que madurar rápidamente».

—¿Pero la juventud de aquellos tiempos era diferente a la de ahora?

—Eso es falso. Los jóvenes de ahora tienen otras tareas, otras misiones que cumplir. Ellos tienen tanta gloria cuando estudian o trabajan, a pesar de las difíciles condiciones que atraviesa el país, como la tuvieron aquellos muchachos que casi niños empuñaron un fusil, subieron varias veces el Pico Turquino o defendieron nuestra soberanía en Playa Girón. Yo sí creo que los tiempos cambian, pero la juventud no.

Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-11-15/los-tiempos-cambian-la-juventud-no/


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viernes, 4 de noviembre de 2011

La juventud cubana el día 5 por los Cinco antiterroristas cubanos

Yailé Bonzón Juventud Rebelde

La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), junto a las organizaciones juveniles, protagonizará este sábado 5 de noviembre, en el capitalino Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), una jornada cultural por los cinco cubanos antiterroristas presos en Estados Unidos, y en especial para denunciar el régimen de «libertad supervisada» en el distrito sur de la Florida al que está siendo sometido René González, imposibilitado de reunirse con su familia en Cuba.

La jornada comenzará a las 10:30 a.m. con la presentación de la Cantoría Solfa de Coralina y el coro El Principito, dirigido por la maestra Clara Cabrera. También para los niños se exhibirá en la Sala de Cine una selección de animados cubanos producidos por el ICAIC; y en la Pérgola se presentarán varios números de las revistas Pionero y Zunzún, de la Casa Editora Abril.

En horas de la tarde, en el Salón de Encuentros, se presentarán otros títulos sobre el tema. A las 4:00 p.m. tendrá lugar un encuentro con familiares de los cinco antiterroristas cubanos, ocasión en que la AHS les entregará el Sello Conmemorativo XXV Aniversario de su creación y concluirá con un concierto a las 6:00 p.m. de la agrupación de rap Doble Filo y sus invitados.

Nuevamente por los Cinco en Holguín

La ciudad de Holguín volverá a abrir sus puertas entre el 16 y el 19 próximos para reunir a más de 300 delegados de 41 países que intercambiarán ideas y vivencias en torno a la demanda de que el Gobierno de Estados Unidos libere a los cinco antiterroristas cubanos que condenó injustamente hace 13 años.

La mayoría de los participantes en esta séptima edición del Coloquio Internacional por la Liberación de los Cinco y contra el Terrorismo, refleja las dimensiones mundiales que ya tiene el movimiento de solidaridad con la causa de René, Ramón, Gerardo, Antonio y Fernando, y expresa la fortaleza de estos grupos y de la lucha por la libertad definitiva de estos hombres, afirmó Kenia Serrano Puig, presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

En un encuentro con la prensa, Kenia se refirió a las actividades que tendrán lugar durante el encuentro, entre las cuales se destaca, en la segunda jornada, un foro interactivo a través de Internet para el cual ya se convoca desde la página web del evento y los medios digitales del ICAP.

Se prevé además una marcha de mujeres por las calles holguineras, así como el panel Los pueblos del mundo acusan a Posada Carriles, en el que víctimas de las atrocidades de este terrorista, en Cuba y Venezuela, expondrán sus vivencias y exigirán su encarcelación definitiva, detalló Kenia.

La cita anual en Holguín forma parte de la jornada permanente por la libertad de los Cinco y contra el terrorismo, en la que cada vez se implican más fuerzas políticas, parlamentos, jefes de Estado, figuras religiosas y personas de bien en el mundo. Entre los participantes en esta edición se encuentran el ex fiscal general de Estados Unidos, Ramsey Clark, así como Alicia Jrapko, coordinadora del Comité Internacional por la Liberación de los Cinco en esa nación norteña.

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Cuba: La juventud como agente de cambio

Dalia Acosta (IPS)

A sus 19 años, Liz Sandra Falcón nunca había pensado en que cada una de sus decisiones podía tener un impacto más allá de sí misma: no sólo en las personas cercanas, sino en la propia sociedad cubana e, incluso y aunque pudiera parecerle exagerado, en las tendencias globales.

La frase "cada persona cuenta" pasó de ser una consigna para convertirse en parte de su vida diaria. "Fue como una puerta que se abre", aseguró a IPS Falcón, estudiante de segundo año de la Facultad Arte de los Medios de la Comunicación Audiovisual (Famca), del Instituto Superior de Arte de Cuba.

Falcón, junto a su compañera de clase Celia Suárez, son las autoras del proyecto denominado "Juego de niños", la propuesta que se alzó con el primer premio en un concurso convocado por la Famca, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) y el Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba.

Otras 46 ideas fueron presentadas "contrarreloj" al concurso de spots para televisión realizado en esta isla caribeña como parte de la campaña "7.000 millones de Acciones", impulsada por el Unfpa a nivel global en ocasión del arribo de la población mundial a la cifra de 7.000 millones de personas el lunes 31 de octubre.

"Participar me permitió concientizar más todos los problemas, incluso algunos en los que no había ni pensado sobre la población mundial, la juventud, el envejecimiento y la salud ambiental. Y ver estos problemas desde nuestra cotidianidad", dijo Falcón, segura de que este conocimiento "estará ahí para cualquier trabajo futuro".

La premiación de tres piezas publicitarias, que ya se transmiten por la televisión estatal, fue una de las varias actividades realizadas en la isla, incluyendo la presentación del informe del Unfpa sobre el Estado de la Población Mundial 2011 y conferencias sobre las particularidades del caso cubano.

"Cuba es una evidencia que permite concluir que las limitaciones de las economías en desarrollo no necesariamente constituyen un obstáculo insalvable para el progreso del estado de salud, el cambio demográfico y el bienestar", dijo a IPS el coordinador internacional de programas del Unfpa, Jesús Robles.

Según el especialista, en un mundo marcado por las disparidades, la isla es una prueba de que "la desigualdad puede ser combatida si existe voluntad política para hacerlo", y recordó la posición cubana en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, realizada en 1994 en El Cairo.

Con un trabajo en materia de salud sexual y reproductiva que se remonta a los años 60, el gobierno cubano defendió entonces, y aún lo hace, un nuevo paradigma que pasó de contar personas como simples unidades a amparar su derecho a decidir sobre el número y esparcimiento de los embarazos.

Así, Cuba aparece, como resultado de las políticas aplicadas durante décadas, como un país con "un desarrollo sociodemográfico similar a la del conjunto de países industrializados", explicó a IPS el director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), Juan Carlos Alfonso.

"Los indicadores demográficos claves para medir la evolución de un país son la tasa de crecimiento poblacional, la fecundidad y la mortalidad. En esos tres indicadores, Cuba es similar a los países desarrollados y supera al conjunto de América Latina y el Caribe", puntualizó.

A partir del Estado de la Población Mundial 2011, Alfonso resaltó determinados indicadores que inciden en que la isla ocupe el lugar 53 entre los países de alto nivel de desarrollo del Índice de Desarrollo Humano, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Entre los resultados, destaca la tasa de fecundidad de 1,5 hijos por mujer calculada para el período mortalidad 2010-2015, la esperanza de vida de 79 años y una mortalidad infantil en menores de cinco años de 5,8 por 1.000 nacidos vivos, por debajo del grupo de países desarrollados, que tiene 7,1, y de América Latina y el Caribe, con 22,4 por 1.000.

En cuanto a las relaciones sexuales, protegerse contra las infecciones de transmisión por esta vía, evitar un embarazo y decidir cuándo es el mejor momento para tener el mejor hijo son ahora inquietudes concientes para Falcón, gracias a haber tenido la oportunidad de participar y que su voz fuera escuchada.

Oír a la juventud, potenciarla con conocimiento y brindarle opciones de participación constituyen, según expertos, una necesidad urgente para Cuba, que se enfrenta a un acelerado proceso de envejecimiento como resultado de varias décadas de bajas tasas de fecundidad y mortalidad, así como saldo migratorio externo negativo.

La Encuesta Nacional de Fecundidad, realizada por la ONEI en 2009, constató que la edad media de la primera relación sexual era de 17 años para las mujeres y 16 para los varones. Aunque existe un conocimiento universal de los métodos anticonceptivos, se suele ir a la primera relación sin protección y son habituales los abortos.

Este comportamiento incide, a su vez, en la formación de uniones a edades tempranas, la propagación de enfermedades de transmisión sexual debido a patrones culturales que impiden el uso del condón en parejas estables, embarazos precoces, su aplazamiento hasta edades avanzadas o su descarte como opción.

"Los roles de los jóvenes son decisivos en una sociedad con garantías sociales y con fuertes redes comunitarias y familiares. Es que juegan un papel importante no sólo como receptivos plenos de energía sino también, y sobre todo, como partícipes", afirmó Rolando García, representante auxiliar de la oficina del Unfpa en Cuba

Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99484


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lunes, 10 de octubre de 2011

Ernesto Che Guevara (14 de junio 1928 – 8 de Octubre 1967)


Juventud Guevarista

Todas las causas que lo motivaran a rebelarse siguen aún vigentes, su ejemplo y sus palabras también.

¿Quién fue el Che?

En 1955 Ernesto Guevara se une a Fidel Castro en el Movimiento 26 de Julio y un año más tarde parten hacia Cuba. Allí realizan el proyecto de liberación nacional y social más emblemático de los últimos 50 años: la Revolución Cubana.

Durante los años siguientes ocupó diversas tareas importantes dentro y fuera de Cuba, convirtiéndose ya en un referente a escala mundial de las luchas de los pueblos por su independencia.

En 1966 partió hacia Bolivia. Frente a la Dictadura de René Barrientos, luchó en el incipiente ‘Ejercito de Liberación Nacional’ junto a bolivianos, peruanos y cubanos durante 1967. Después de 11 meses de batallar en la selva Boliviana, el 8 de Octubre cae herido y prisionero. Es asesinado al día siguiente por órdenes de Barrientos y sus asesores de la CIA.

Los pueblos oprimidos del mundo entero sufrieron su pérdida. Sus compañeros que seguían en la selva boliviana sellaron su compromiso: “Che: tus ideas no han muerto, nosotros los que combatimos a tu lado, juramos continuar la lucha hasta la muerte o la victoria final.”

Pero, más que saber quién fue, nos preguntamos: ¿Qué era el Che?

¿Solidario? ¿Honesto? ¿Intelectual? ¿Trabajador? ¿Coherente? ¿Humanista? ¿Rebelde?… Si pensamos al Che como solamente la suma de todas estas cualidades, todavía está faltando responder: ¿Por qué era así?… ¿Por qué tomaba el camino de la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos de otros países? ¿Por qué el Che se sumaba todos los domingos, además de cumplir sus tareas como Ministro de la Revolución Cubana, al trabajo voluntario junto a miles de obreros? ¿O con la misma convicción y fortaleza también tomaba lecciones intensivas de economía durante la madrugada cuando era necesario que sea Presidente del Banco Nación de Cuba o Ministro de Industrias? ¿Por qué sin dudar iba al frente tanto en el trabajo cotidiano, como en la Asamblea de las Naciones Unidas?

Porque esencialmente era un revolucionario, eso era el Che.

Un revolucionario es quien quiere cambiar la realidad de una manera íntegra, completa. Y lo pone en práctica de manera intransigente y decidida. En ese objetivo se hace primordial y necesario transitar un cambio sobre uno mismo, poniendo en práctica los valores con los que soñamos para la nueva sociedad por la que luchamos.

El Hombre Nuevo y el Internacionalismo

De la experiencia de construcción del socialismo en Cuba, el Che advertía que es imposible construir una nueva sociedad, verdaderamente libre, atendiendo solamente a lo material, a mejorar la producción y redistribución de la riqueza. Había que tomar enérgicamente una tarea: a la conciencia individualista que nos inculcara el capitalismo hay que transformarla en una conciencia solidaria y socialista, ya que sería una ilusión realizar la nueva sociedad con las herramientas que nos legara la vieja sociedad.

Resumió todo esto en la idea del Hombre Nuevo: “Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos”. La fraternidad, la entrega a la causa, van adelantando la creación de personas nuevas a través de las prácticas, la organización, la creatividad y el internacionalismo. Por esto en Argelia dijo: “No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad en que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista”. Así el Che resumía también su llamado a la acción revolucionaria a escala internacional. Así lo llevó a cabo en sus incursiones en África y Sudamérica.

¿Por qué el Che fue a Bolivia?

Como para él y los verdaderos revolucionarios las cosas no terminan en el mero análisis sino que allí recién comienzan, le puso el cuerpo a sus ideas, las llevó adelante. En su despedida a Fidel y al pueblo de Cuba ya enunciaba sus próximos pasos: “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”. Primero el Congo y luego Bolivia. Él tenía claro que la lucha que libraban los pueblos del tercer mundo tenía un denominador común: la opresión del imperialismo norteamericano. Por ello como todo revolucionario, él sabía que debía “cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté”. Como parte de su idea estratégica, llevó adelante un proyecto de liberación continental.

Y el lugar elegido fue Bolivia, decisión tomada por dos razones. Primero, el pueblo boliviano ya había atravesado una experiencia de lucha revolucionaria en 1952-53. Segundo, la zona geográfica elegida correspondía a la más estricta y tradicional doctrina militar. Al igual que José de San Martín, quien montó su cuartel general en Plumerillo (Cuyo), el punto más alejado del poder español, el Che eligió Ñancahuazú en Bolivia, el eslabón más débil de la dominación imperialista. Desde aquí el Che tenía previsto desarrollar y desplegar la lucha revolucionaria hacia todo el continente sudamericano.

Retomar las banderas, continuar su lucha

Cuarenta años después, el Che sigue señalando el camino. Estamos convencidos de que los actuales procesos que están viviendo nuestros pueblos de América, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, son clara consecuencia de aquellas enseñanzas. La unidad latinoamericana no puede pensarse sin los aportes que él hizo, sin su entrega y el legado de su ideario.

El heroico ejemplo de Ernesto Che Guevara, lejos de sumirnos en la contemplación, en la admiración de su enorme entrega revolucionaria, en la simple observación de lo que fue su vida y obra, nos motiva día a día a recoger sus banderas, a tomar su ejemplo y sus ideales. La calidad de hombre excepcional del Comandante Guevara no nos debe encandilar de modo que nos paralice. Por el contrario, debemos saber que él es la guía, que él trazó la senda, pero aún queda mucho por andar. Todas las causas que lo motivaran a rebelarse siguen aún vigentes, su ejemplo y sus palabras también. Esas causas son las nuestras, la opresión sigue presente y está en nuestras manos ser cada día más humanos, más militantes, más entregados, buscando en el día a día, alcanzar a los hombres y mujeres nuevos que hagamos de éste, un mundo mejor para todos y todas.


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