Contacto: juventudsurversiva@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Fidel Castro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fidel Castro. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de febrero de 2012

Fidel Castro, el chándal de Adidas, el capital y el trabajo

Francisco Umpiérrez Sánchez Rebelión

El 11 de junio de 2007 publiqué en Rebelión un trabajo titulado “Fidel Castro y el chándal de Adidas”. Fidel Castro había aparecido en todas las televisiones mundiales con un chándal de Adidas en vez de con su vestimenta militar habitual. Todos los apologistas del capitalismo vieron en ese hecho una victoria del capitalismo sobre el socialismo. A sus ojos resultaba contradictorio que uno de los grandes referentes del socialismo mundial portara un signo capitalista: la marca de Adidas. Frente a esta visión yo defendí esta otra: el chándal de Adidas es un signo de trabajo y no hay que ver ahí nada que contradiga el carácter socialista de su portador.

No todo el mundo estuvo de acuerdo con mi posición. Hasta el punto que ayer mismo un joven marxista llamado Santiago Pedrazzoli, tras leer mi trabajo, me ha hecho llegar la siguiente objeción: “Si yo no llevo un chándal de Adidas (que de hecho no lo llevo), nadie asociará esa marca conmigo. Peros si la llevase, influenciaría a otras personas para que compraran esa marca. Sería como ayudar a expandir una multinacional que apoya el capitalismo y el imperialismo. Mi conclusión es que aquellos que no estemos de acuerdo con el capitalismo, no deberíamos llevar marcas que pretendan imponer o proteger el capitalismo”.

Observemos primero la realidad y digamos qué ocurre en el mundo del consumo. Las multinacionales están presentes en todos los ámbitos de la vida y su signo es omnipresente en todas las ramas del consumo: en la automoción, en la electrónica, en la informática, en la alimentación, en los medicamentos, en el calzado, en la vestimenta. Así que nadie, absolutamente nadie, puede escapar del imperio económico de las multinacionales; y sus signos, sus marcas, están presentes en la vida de todo el mundo. Si tuviéramos que rechazar todo aquello que llevara el signo del capitalismo, tendríamos que rechazarlo todo. Puesto que todo en el sistema capitalista lleva el signo del capitalismo. La cuestión aquí a debatir es si en el capitalismo el capital lo es todo y el trabajo no es nada, o sí el trabajo es el verdadero y fundamental significado de los elementos de la riqueza.

Demos un paso más. En el régimen de producción capitalista el valor de toda mercancía se representa mediante la fórmula: valor de la mercancía = capital constante + capital variable + plusvalía. El capital constante es el valor de los medios de producción consumidos en la producción de la mercancía, el capital variable es el valor de la fuerza de trabajo consumido en la producción de la mercancía, y la plusvalía es el valor del plustrabajo consumido en la producción de la mercancía. Les recuerdo que la plusvalía se divide en beneficio (la parte de la plusvalía con la que se queda el dueño de la empresa productora de la mercancía), en renta del suelo (la parte de la plusvalía con la que se queda el propietario del suelo), y en interés (la parte de la plusvalía con la que se queda el banquero). Suponemos el caso de una empresa que hace uso del crédito para poner en marcha su negocio.

De este hecho podemos extraer algunas conclusiones. En primer lugar, debemos observar que a la fuerza de trabajo, una vez que ha sido comprada por el capitalista y es empleada por éste en la producción de un bien o servicio, Marx la llama capital variable. La fuerza o capacidad de trabajo es inseparable del cuerpo del trabajador; pero cuando la vende al capitalista por un tiempo determinado, pertenece al capitalista y no al trabajador. Y durante ese tiempo representa capital variable. Así que no sólo los productos en el régimen capitalista llevan la señal del capital, sino también la propia fuerza de trabajo y, por consiguiente, el propio trabajador. Así por qué asombrarse de que Fidel Castro lleve un chándal que es signo del capital cuando todos los trabajadores representan capital variable, son portadores de las relaciones capitalistas de producción, son signos del capital.

Volvamos de nuevo al consumo. Cada vez que una persona compra una mercancía en el régimen de producción capitalista, paga todas las partes de las que se compone el precio: el capital constante, el capital variable y la plusvalía. Luego en todo acto de compra de cualquier trabajador se está reproduciendo el sistema capitalista. El trabajador no puede escapar de ningún modo del imperio del capital. No escapa su cuerpo, pues su fuerza de trabajo tiene que vendérsela al capitalista, no escapa su consumo, pues todo lo que consume es capital mercantil, y no escapan sus actos de compra, pues en todos esos actos reproduce las relaciones de producción capitalista.


Hasta aquí todo se ha presentado del lado del capital y todo se presenta como signo del capital. Pero preguntémonos: ¿Qué es el capital? La respuesta es sencilla: trabajo acumulado. ¿Qué es el capital constante? Trabajo pasado. Y por último: ¿qué es el capital variable? Trabajo vivo. Ahora todo se presenta como signo del trabajo. Ahora todo es trabajo. Pero demos un paso más en nuestras pesquisas. Pensemos que un capitalista gracias a sus ahorros o al de sus familiares invierte inicialmente en su negocio 10 millones de euros. Supongamos también que su negocio arroje una plusvalía anual de un millón de euros. Al cabo de 10 años se habrá apropiado de 10 millones de euros en concepto de plusvalía o plustrabajo. La plusvalía apropiada por el capitalista durante 10 años es igual al capital desembolsado inicialmente. Pero la plusvalía es plustrabajo creado por los trabajadores aunque apropiado por el capitalista. Por lo tanto, el propietario legítimo de la plusvalía es el trabajador, aunque su propietario legal sea el capitalista. Lo cierto es que al cabo de 10 años el negocio de nuestro capitalista representa plusvalía capitalizada. Legítimamente su negocio ya no le pertenece y sí a los trabajadores. Luego todas las empresas, incluidas las multinacionales, al cabo de un determinado número de años representan plusvalía capitalizada, esto es, todas las empresas al cabo de un determinado número de años son legítimamente propiedad de los trabajadores. Luego también las empresas son signos del trabajo.

Al principio todo se presentaba como signo del capital y ahora todo se presenta como signo del trabajo. Y es ambas cosas. Lo que sucede es que los capitalistas y sus apologistas ven en todo los signos del capital; y los socialistas deberían ver en todo los signos del trabajo. Las semiosis capitalistas, los procesos de producción de los signos capitalistas, ocultan y dominan las semiosis del socialismo. Mi trabajo sobre Fidel Castro y el chándal de Adidas no era más que un intento de liberación de la semiosis socialista del imperio de la semiosis capitalista. Y la gran consigna de la semiosis socialista no es otra que la que ha quedado plenamente demostrada en este texto teórico: todo es signo de trabajo.

Leer Más......

domingo, 5 de febrero de 2012

El 4 de Febrero "La segunda Declaración de La Habana"

Atilio Boron La Haine

El día cuatro de febrero se cumplen 50 años de vida de uno de los documentos políticos más importantes en la historia del movimiento revolucionario latinoamericano y caribeño: la Segunda Declaración de La Habana. Sus palabras tuvieron -y aún tienen- un valor profético de alcance sólo comparable a las volcadas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. Pero no sólo profético: también como palabras que despertaron la conciencia de nuestros pueblos e inspiraron, en lo concreto e inmediato, el comienzo de grandes luchas por la justicia, la dignidad, la democracia; palabras que movilizaron masas y que, de una forma u otra, por los más diversos (y a veces impensables) caminos cambiaron la fisonomía de Nuestra América.

Si hoy esta región no es la misma que hace medio siglo atrás; si aquí se ha derrotado al ALCA, si hay gobiernos y pueblos que resisten y luchan contra el imperialismo, si el centro de gravedad de la política latinoamericana se ha corrido hacia la izquierda todo eso se lo debemos, en una medida mucho mayor de lo que habitualmente se reconoce, a ese grito lanzado por Fidel desde La Habana, plantando una semilla que germinaría en mil flores. Un texto de enorme valor histórico y de también rigurosa actualidad que las nuevas generaciones de luchadores anti-imperialistas y anticapitalistas deben leer, estudiar y, lo más importante, llevarlo a la práctica. Las líneas que siguen a continuación pretenden ser una breve guía, y a la vez una enfática invitación, para recorrer las venerables páginas de ese documento.

Introducción

El presente volumen compila dos documentos de gran importancia: las “Declaraciones de la Habana”, producidas en septiembre de 1960 y febrero de 1962. En realidad, si bien la Primera Declaración es un texto notable, el paso del tiempo ha consagrado, con justas razones, a la Segunda Declaración de la Habana como un documento histórico de excepcional trascendencia. Por eso debemos celebrar la decisión de volver a publicarlo, facilitando que las jóvenes generaciones latinoamericanas puedan encontrar en su lectura renovadas fuentes de inspiración para su imaginación y su praxis política.

Las coordenadas históricas

Decíamos, pues, que se trata de un documento histórico. Sin embargo, tal calificación sería apenas una media ver dad. La Segunda Declaración de la Habana es mucho más que eso. Diríamos que es un texto viviente, histórico y actual a la vez; reflejo fidelísimo de una época, de una coyuntura internacional, los comienzos de los años sesenta, pero al mismo tiempo diagnóstico certero de los males que todavía hoy nos aquejan y de nuestras asignaturas pendientes. La época en que aparece, 4 de Febrero de 1962, no podía ser más significativa. Todo el intenso dramatismo de ese tiempo, en donde América Latina se encontraba en una encrucijada, en un punto de viraje en el cual sólo Cuba supo tomar la dirección correcta, se recrea en sus páginas, brillantemente escritas, con una fuerza extraordinaria. Es un texto que surge pasados tres años de la Revolución Cubana, cuando ya no quedaba un solo analfabeto en la isla y cuando se habían plasmado las grandes medidas que consolidarían la transformación revolucionaria de la economía cubana. Pero también es un texto que aparece luego de dos grandes acontecimientos que marcarían indeleblemente la historia de las relaciones de nuestra América con el imperialismo: la Conferencia de Punta del Este, en donde la Administración Kennedy lanzara la mal nacida y peor fallecida Alianza para el Progreso, y la invasión mercenaria a Playa Girón, orquestada, financiada y promovida por Washington y que fuera ejemplarmente rechazada y derrotada por el pueblo cubano en heroicas jornadas de lucha.

En la Conferencia de Punta del Este se había consumado, como artera moneda de pago ante la “generosidad” del imperio por el obsequio de la Alianza, la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos y, de hecho, su ostracismo regional. Pensaban que de esa manera iban a doblegar a un pueblo que llevaba un siglo luchando por su liberación; su ignorancia era tan supina y su cretinismo juridicista tan grande que creían que bastaría una resolución final de tan ilustres conferencistas reunidos en Punta del Este para poner de rodillas al pueblo y al gobierno cubanos, aterrorizados ante las iras del imperio y sus correveidiles, obligándolos a desandar la marcha de la revolución. En perfecta secuencia, los gobiernos “democráticos” del continente procedieron, para su eterno deshonor, a romper relaciones diplomáticas con Cuba. Afortunadamente, el impulso todavía vivo de la Revolución Mexicana hizo que hubiera una excepción ante tanta infamia, y México se negó a plegarse al edicto norteamericano. Es difícil transmitir hoy, cuando la OEA es un cadáver maloliente a la espera de un alma caritativa que le ofrezca piadosa sepultura, la indignación que causara en ese tiempo ver a esos personajes de opereta apresurarse rastreramente a cumplir con las órdenes de la Roma americana, como dijera José Martí, procurando cada uno de ellos obedecer de la manera más genuflexa posible el mandato imperial. Indignación no exenta de su lado cómico, pues no otra cosa podía ocurrir cuando uno veía que en el bando de los demócratas y los amantes de la libertad prohijado por la Casa Blanca se encontraban figuras tan excelsas como “Papa Doc” Duvallier, amo y señor de Haití; Anastasio Somoza, el gendarme de quien Franklin Delano Roosevelt dijera “es un hijo de puta pero, ¡señores!, es nuestro hijo de puta”; el general Alfredo Strossner, heraldo de la democracia hemisférica y otros peleles de semejante calaña cuyos nombres hace años ya fueron a parar al basurero de la historia. En efecto, ¿quién podría recordar sólo uno de esos personajes que, arrodillados, condenaron a Cuba? En cambio, ¿quién podría olvidar la estatura olímpica del delegado que la isla enviara ante dicha asamblea, nada menos que Ernesto “Che” Guevara, un personaje histórico-universal, como diría Hegel, y cuyo discurso fue una verdadera pieza maestra de la literatura política latinoamericana?

La Segunda Declaración expresa pues la indignación cubana ante la traición de los gobiernos latinoamericanos que la expulsaron de la comunidad hemisférica. El país agredido, invadido, bloqueado fue puesto en el banquillo de los acusados, y el agresor logró que la víctima fuera condenada, con la complicidad de los representantes de la libertad y la democracia en la región. Pero no sólo hay indignación en ese texto. También hay dolor, mucho dolor, al ver más allá de la capitulación de los dirigentes la persistencia del drama humano y social en que se debatían –y todavía se debaten– las sociedades latinoamericanas. Y también hay un certero diagnóstico sobre la realidad de la época y un pronóstico sobre los difíciles tiempos que se avecinaban. Más allá de los desacuerdos que hoy podrían suscitar tal o cual frase, o de algunos errores de apreciación y de previsión, estamos ante un documento excepcional, comparable en ciertos aspectos, por su precisión analítica, carácter pedagógico y elocuencia discursiva, al Manifiesto Comunista. Sus fuentes político-intelectuales son principalmente dos: una se hunde profundamente en la historia cubana y latinoamericana y viene de muy lejos, notablemente de José Martí pero también de Simón Bolívar; la otra fuente remite al marxismo clásico, a la obra de Marx, Engels y Lenin.

Los ejes temáticos

Conviene repasar, a guisa de introducción, algunos de los temas principales abordados en la Segunda Declaración. Comienza reivindicando la exactitud del diagnóstico martiano, “que llamó al imperialismo por su nombre” y la caracterización de la Roma americana, “ese Norte revuelto y brutal que nos desprecia”. No hace falta ser demasiado perspicaz para comprender la vigencia de tales afirmaciones. En primer lugar, por eso de llamar al imperialismo por su nombre, en momentos en que proliferan interpretaciones antojadizas que nos hablan de un “Imperio” virtual, sin centro ni periferia, sin hegemonías nacionales en juego y, colmo de los colmos, sin relaciones imperialistas de dominación2. Por otro lado, ante los denodados esfuerzos por asimilamos a la cultura imperial dominante, presentada por los artífices de la globalización neoliberal como la “única” congruente con la lógica competitiva de los mercados, es oportuno recordar el racismo del centro imperial, manifestado de mil y una maneras, algunas sutiles, otras burdas, pero todas igualmente despreciativas de nuestra gente, nuestra cultura y de nuestros valores. A tal punto ha llegado este proceso de colonización cultural que un teórico conservador como Samuel P. Huntington le dijo a un encumbrado gobernante latinoamericano a quien estaba entrevistando: “¡Pero Uds. quieren ser como nosotros!”, y ante lo cual el sujeto en cuestión respondiera: “Sí. De eso se trata. Queremos ser iguales a Uds.”. Precisamente, de eso se trata: de ser nosotros y no de procurar, estúpidamente, de ser como ellos. Una de las precondiciones para la liberación nacional en América Latina, para la soberanía y para poner fin a toda forma de explotación y opresión es la ruptura del vasallaje colonial existente en los más diversos órdenes de nuestra vida social. Esta colonialidad ha tenido, como lo demuestra la brillante obra de Roberto Fernández Retamar, consecuencias gravísimas para las sociedades latinoamericanas. Remito al lector a dicho texto para una profunda elaboración sobre esta temática 3.

El texto prosigue con una apretada síntesis en torno al proceso del desarrollo capitalista y su expansión internacional, preguntándose por los móviles subyacentes a tan extraordinaria difusión. Obviamente, que no se trató de razones de índole moral, como tantas veces se adujera, o mucho menos a la “misión civilizadora del hombre blanco” sino, tal como lo expresa la Segunda Declaración, a “1a sed de oro” o al “afán de ganancia”. Y el mismo principio está por detrás de las políticas del imperialismo, en su fase actual, en la América Latina. Esta sección culmina con un planteamiento en tomo al surgimiento de las nuevas ideas de la ilustración y el liberalismo, el carácter revolucionario de las mismas por contraposición a la estolidez del orden social feudal y la identificación, por parte de los autores inscriptos en el nuevo universo discursivo, del carácter histórico y, por lo tanto, pasajero del ancien règime. El remate de este proceso, cuando ya la burguesía ha triunfado y establecido su dominio, es la creciente concentración de los medios de producción y la riqueza en muy pocas manos, y la conformación de cárteles, trusts y consorcios que, progresivamente, van sustituyendo la libre competencia de las fases pretéritas del desarrollo capitalista por la primacía de los monopolios.

A consecuencia de lo anterior, la extraordinaria riqueza producida por el trabajo de millones de hombres genera un excedente de capital que, para que no se diluya, requiere de su colocación en los más apartados rincones del planeta. Así comienza un febril proceso de “reparto del mundo”. Esto implica apoderarse de los mercados de los países más débiles y de sus riquezas y recursos naturales. Pero la finitud del planeta es un obstáculo para los afanes de los imperialistas, que más pronto que tarde dan comienzo a pujas de todo tipo para redefinir, en mejores términos, las condiciones de su participación en el despojo. A la luz de la Guerra de Irak se comprende la ominosa actualidad de la Segunda Declaración de la Habana, puesto que la aventura belicista de George W. Bush representa casi paradigmáticamente toda la miseria y la crueldad de las políticas imperialistas. En todo caso, retomando el hilo de nuestra argumentación, las largas series de guerras coloniales culminaron en las dos guerras mundiales del siglo XX o, como prefiere Immanuel Wallerstein, en una gran guerra que comenzara en 1914, acordara un armisticio provisional que estalló por los aires en 1939, para finalizar en medio de una matanza de más de 80 millones de muertos en 1945. La declaración señala que llegado a estos límites el sistema inicia su decadencia. “Desde entonces hasta nuestros días, la crisis y la descomposición del sistema imperialista se han acentuado incesantemente”. Esta situación, unida a la irrupción de la Revolución Rusa, la Revolución China y el despertar de los pueblo coloniales “marca la crisis final del imperialismo”, se dice, equivocadamente a nuestro humilde saber y entender. Se trató de una crisis, muy grave, es cierto. Pero no fue la crisis final porque, lamentablemente, lo que la historia ha demostrado es que el imperialismo no es una condición tan sencilla de erradicar.

A renglón seguido el texto se pregunta por las razones del “odio yanqui a la Revolución Cubana”. La respuesta que allí se proporciona es el miedo a la revolución, a la insurrección de los pueblos en contra a sus opresores. Pero más allá de la polémica que pueda suscitar la misma, esta consideración abre la puerta para una reflexión muy interesante –y actual, sobre todo actual– acerca de las condiciones del proceso revolucionario. Siguiendo la tradición marxista la Declaración distingue entre las condiciones objetivas y las subjetivas, y se plantea de manera muy taxativa una tesis que desmiente toda imputación de subjetivismo o voluntarismo, y que convendría recordar. En sus propias palabras, “las condiciones subjetivas [...] es decir, el factor conciencia, organización, dirección puede acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce”.

Seguramente que los redactores de la Declaración pensarían hoy dos veces antes de reescribir esa frase. ¿Por qué? Porque si hay algo que nos ha enseñado la historia reciente de América Latina es que el desfasaje entre la maduración de las condiciones objetivas y las subjetivas ha llegado a ser extremadamente pronunciado. La experiencia argentina de este último año y medio demuestra la impresionante maduración de las llamadas condiciones objetivas. Pero la agudización de las contradicciones sociales, la movilización popular, la emergencia de nuevas formas de organización y enfrentamiento no han tenido como resultado, lamentablemente, el surgimiento de una conciencia socialista que identifique con claridad la naturaleza estructural de los problemas que genera el capitalismo argentino ni, mucho menos, una dirección a la altura de los desafíos que impone la actual coyuntura.

La rígida articulación que el documento propone al vincular de ese modo las condiciones objetivas y las subjetivas explica, asimismo, el excesivo optimismo que se trasunta en algunos pasajes del texto. Así, por ejemplo, se dice que “en muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable”. Y este diagnóstico se funda en el juego de cuatro factores: “las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados”. Hay que aclarar, sin embargo, que allí no se decía que la revolución fuera inevitable en todos los países sino en muchos, lo cual fue así sólo en algunos casos. El golpe militar en Brasil, en 1964, tuvo una naturaleza preventiva ante el creciente desborde popular que atribulaba a la derecha brasileña y sus socios imperialistas. En la Argentina en 1966 y sobre todo en 1976, con el terrorismo de estado, se procuró poner coto a una situación en donde la movilización popular combinada, en la década de los setenta, con el auge de una guerrilla urbana, ponía en jaque, pese a su inorganicidad, los fundamentos del orden burgués. Pero en otras latitudes la situación adquiría tonalidades más definidas. La tentativa revolucionaria liderada por Francisco Caamaño Deñó en República Dominicana, en 1965, fue derrotada por obra y gracia del baño de sangre generado por la invasión norteamericana, en una típica maniobra imperialista que implicó el desembarco de unos cuarenta mil marines para restaurar el orden subvertido por los revolucionarios dominicanos. En Chile llegaba al poder, en 1970, el gobierno de la Unidad Popular, con Salvador Allende a la cabeza. Y esto representaba una canalización por las vías de la institucionalidad burguesa del ascenso impresionante de la lucha de masas que si bien no llegó a concretarse en el formato clásico de una revolución contenía un potencial que no pasó desapercibido por la Casa Blanca, que de inmediato ordenó la puesta en marcha de un programa de desestabilización que culminaría, en 1973, con el sangriento golpe militar de Pinochet. Poco después, el ascenso del movimiento social y los avances de la lucha armada provocaría, en 1979, la derrota militar y política de una de las dictaduras más tenebrosas de América Latina, la de Anastasio Somoza hijo, en Nicaragua, mientras que en El Salvador y Guatemala la situación no pintaba con colores más optimistas para las clases dominantes. En otras latitudes, mientras tanto, procesos similares confirmaban de cierta manera las previsiones de la Segunda Declaración. Mencionemos apenas los más importantes: el Mayo francés de 1968, el “otoño caliente” italiano en 1969 y la frustrada “revolución de los claveles” que, en 1974 puso fin a la dictadura fascista de Oliveira Salazar en Portugal. Por otra parte, y ya en Medio Oriente, en 1979 la irrupción de las masas iraníes daba lugar, mediante una inesperada combinación con el fundamentalismo chiíta, al destronamiento de uno de los baluartes del imperialismo en la zona, tal vez su gendarme mejor armado y entrenado: el Shá de Irán.

Pero si el pronóstico contenía ciertos elementos excesivamente optimistas, no lo era a la hora de advertir sobre los peligros que se cernían sobre nuestra región. En efecto, el documento señala con acierto que la “intervención del gobierno de los Estados Unidos en la política interna de los países de América Latina ha ido siendo cada vez más abierta y desenfrenada”, cosa que efectivamente ha acontecido. Y también la asiste la razón cuando se afirma que “la Junta Interamericana de Defensa [...] ha sido y es el nido donde se incuban los oficiales más reaccionarios y pro yanquis de los ejércitos latinoamericanos, utilizados después como instrumentos golpistas al servicio de los monopolios”. El papel de las misiones militares norteamericanas asignadas en nuestras capitales, el de los cursos de actualización organizados principalmente en la Zona del Canal de Panamá y sus similares organizados por la CIA son adecuadamente descriptos en el documento, y el veredicto de la historia en los años subsiguientes no puede menos que concederle la razón. Esos instrumentos actuaron tal cual se pronosticara en 1962, como lo atestigua hasta las náuseas la triste galería de los dictadores que asolaron América Latina durante décadas.

¿Era razonable esperar algo de la Alianza para el Progreso? La Declaración insiste en señalar el carácter ilusorio de la ayuda prometida, habida cuenta la historia del imperialismo en esta parte del mundo y sus intereses actuales. Además, no deja de apuntar a un fenómeno muy importante como el fracaso moral de sus agentes en la Conferencia de Punta del Este. Poco podía esperarse de quienes debieron urdir los más inescrupulosos argumentos y apelar a una descarada compra de votos para prevalecer en el cónclave. Su inmoralidad era una lápida que sepultaba, para siempre, la verosimilitud de sus altruistas promesas. En Punta del Este, dice el documento, se libró una gran batalla ideológica entre el imperialismo y la Revolución Cubana, el primero representando a los monopolios, el intervencionismo, el capital foráneo, el latifundio y la ignorancia, mientras Cuba representaba a los pueblos, la autodeterminación nacional, la soberanía económica, la reforma agraria y la alfabetización universal, amén de muchas otras cosas.

La Conferencia fue el certificado de defunción para la OEA, convertida en infame “ministerio de colonias yanquis, una alianza militar, un aparato de represión contra el movimiento de liberación de los pueblos latinoamericanos”. Una organización que hacía caso omiso del continuo hostigamiento a que era sometida Cuba, a los innumerables actos de sabotaje de todo tipo y los ataques armados contra la revolución. Impasibles e indiferentes ante la descarada agresión, los ministros de relaciones exteriores de la región se reunieron en Punta del Este y con la bendición de la OEA expulsan a la víctima sin siquiera amonestar verbalmente a los agresores. Mientras que “los Estados Unidos tiene pactos militares con países de todos los continentes, [...] con cuanto gobierno fascista, militarista y reaccionario haya en el mundo, la OTAN, la SEATO, y la CENTO, a los cuales hay que agregar ahora la OEA [...] los cancilleres expulsan a Cuba, que no tiene pactos militares con ningún país. Así, el gobierno que organiza la subversión en todo el mundo y forma alianzas militares en cuatro continentes, hace expulsar a Cuba, acusándola nada menos que de subversión y de vinculaciones extracontinentales”. Una vez más, el veredicto inapelable de la historia le otorga toda la razón a la Segunda Declaración de La Habana. ¿Cambió en algo la política del imperialismo?

¿Qué es lo que no se le perdona a Cuba? ¿Por qué se la acusa de “subversiva”? El documento elabora algunos argumentos más específicos: porque hizo realidad el reparto agrario, acabó con el analfabetismo, expandió los servicios médicos, nacionalizó a los monopolios, armó al pueblo, recuperó la soberanía nacional y concretó reivindicaciones largamente sentidas por los cubanos. Frente a esto, ¿qué podía ofrecer el imperialismo? ¿Qué podían esperar los pobres, los indios, los negros y los campesinos del imperialismo, si este era la causa principal de sus pesares? El texto se interroga, por ejemplo, en qué “alianza […] van a creer estas razas indígenas, apaleadas por siglos, muertas a tiros para ocupar sus tierras, muertas a palos por miles por no trabajar más rápido?”. ¿Y al negro? ¿Qué le pueden ofrecer quienes en su propio país practican el más desenfrenado racismo, impidiendo que compartan siquiera un autobús con los blancos, para no mencionar la segregación en escuelas y hospitales? El análisis aquí se extiende meticulosamente, demostrando la incongruencia entre las promesas imperialistas y su registro histórico. Este balance, que por momentos adquiere una contundencia abrumadora, culmina con un verdadero final wagneriano, cuando afirma que “en este continente de semicolonias, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura, alrededor de 4 personas por minuto, de 5.500 al día [...]. Las dos terceras partes de la población latinoamericana viven poco, y vive bajo la permanente amenaza de muerte [...]. Mientras tanto, de América Latina fluye hacia los Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos 4.000 dólares por minuto, cinco millones por día [...] Por cada 1.000 dólares que se nos van, nos queda un muerto [...] ¡Ese es el precio de lo que se llama imperialismo!”.

Para desgracia de nuestros pueblos, este cuadro siniestro no ha hecho sino agravarse desde su formulación original en 1962. Han pasado, desde entonces, la Alianza para el Progreso, la “década del desarrollo” y, de manera cada vez más acentuada, las políticas ortodoxas, neoliberales, del Consenso de Washington con los resultados que están a la vista y que eximen de mayores comentarios. La justeza del análisis contenido en la Segunda Declaración, que en su tiempo no poca gente descalificó, acusándola de ser la expresión resentida de la “derrota” sufrida en Punta del Este, se potencia cuando se examinan algunas de sus previsiones. Una de ellas, la que anticipaba que “los Estados Unidos preparan a la América un drama sangriento” se convirtió en lacerante realidad al poco tiempo, cuando nuestra región se convertiría en un conglomerado de regímenes militares que hicieron del terrorismo de estado su principio constitutivo. Los asesinatos, desapariciones, secuestro de personas, robo de niños, saqueos de hogares de las víctimas, torturas, violaciones y campos de exterminio se convirtieron en prácticas cotidianas, contando para ello con la justificación de la Doctrina de la Seguridad Nacional elaborada por el Pentágono y otras agencias del gobierno norteamericano. Estas, además, colaboraron abiertamente en feroz labor represiva, desde el entrenamiento de sus secuaces en algunas de las bases militares del Comando Sur, donde se instruía a los verdugos en las más recientes técnicas de la tortura, hasta el suministro de armas, equipos, cobertura internacional y dinero para llevar a la práctica el llamado “combate a la subversión”.

Perspectivas de la revolución socialista

Las últimas páginas de la Declaración culminan con un llamado a la revolución. El diagnóstico ha sido lo suficientemente elocuente y preciso como para desalentar cualquier expectativa en relación a la posibilidad de que el capitalismo produzca otros frutos distintos a los ya conocidos. Si bien en el texto no se descartan que se pudieran producir algunos avances políticos en el marco de las instituciones establecidas, se señala explícitamente que la situación de nuestros países sólo por excepción ofrecería tales posibilidades. En cambio, se nos dice, “donde están cerrados los caminos de los pueblos, donde la represión de los obreros y campesinos es feroz, donde es más fuerte el dominio de los monopolios yanquis, [...] no es justo ni correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusión de arrancar, por vías legales que ni existen ni existirán, a las clases dominantes [...] un poder que los monopolios y las oligarquías defenderán a sangre y fuego con la fuerza de sus policías y de sus ejércitos”.

La afirmación es de una contundencia extraordinaria, dotada del rigor de un silogismo inapelable. La cuestión central es, por supuesto, la caracterización, en cada coyuntura particular, de las condiciones políticas imperantes y, más particularmente, la existencia o no de caminos abiertos o cerrados a las aspiraciones de los pueblos. El liberalismo y, en general, todas las variantes del posmodernismo, sea de origen socialista o no, coinciden en las ilimitadas posibilidades que, siempre y en todo lugar, ofrecería el capitalismo contemporáneo. Los primeros por una convicción tradicional y los segundos, los posmodernistas, por su reciente capitulación, por su “conversión” a la ideología dominante. En virtud de ello hay quienes –como Chantal Mouffe, Ernesto Laclau y Ludolfo Paramio, para citar apenas algunos de los más conocidos– proponen “profundizar la democracia”, obviando el hecho de que el capitalismo impone límites infranqueables a la expansión de la democracia, tanto en sus aspectos formales como en los contenidos sustantivos de la misma. Postulan, por ello, una suerte de “democratización de la democracia capitalista”, lo cual equivaldría en la geometría a descubrir la cuadratura del círculo. Porque, en realidad, no existe la democracia capitalista, o burguesa. Lo que hay, en algunos países, es un capitalismo democrático, algo enteramente distinto a lo anterior. Porque si la expresión “democracia capitalista” asume que lo sustantivo es la democracia y que los rasgos capitalistas son apenas un aditamento fácilmente removible, con la frase “capitalismo democrático” se está señalando que, en la experiencia concreta de las democracias “realmente existentes”, lo sustancial es el capitalismo mientras que lo democrático es una incrustación producida por las luchas populares a lo largo de los siglos e impuesta por la fuerza a la dominación burguesa 4.

La Segunda Declaración de La Habana plantea pues un tema de excepcional importancia, que exige un examen detallado de cada situación. No está demás recordar en estas páginas la famosa sentencia de Lenin, cuando decía que “el marxismo es el análisis concreto de una situación concreta”. En efecto, sólo un análisis concreto de cada coyuntura particular puede determinar la existencia o no de vías por las cuales avanzar, y hasta dónde se puede llegar por ese camino. En la caracterización que la Declaración hacía de la coyuntura latinoamericana a comienzos de los sesenta se establecía cuidadosamente, como una cláusula inicial, la necesidad de distinguir situaciones que pese a no ser nombradas se perfilan con nitidez en los silencios del texto. Por una parte, aquellas que demostraban concluyentemente que los caminos populares estaban cerrados, y que constituían por así decirlo la norma predominante en la región. Pero había otras situaciones, entre las cuales sobresalían Chile y México, que representaban un caso marginal en donde tal vez podrían esperarse ciertos progresos significativos trabajando en el marco de una institucionalidad burguesa pero profundamente modificada por la eficacia de largos años de luchas populares. Se planteaba así el dilema de “reforma o revolución”. El texto se decide por la segunda, porque no ve demasiadas posibilidades a la primera, salvo en situaciones muy pero muy especiales. Y, una vez más, el veredicto de la historia parece asignarle la razón. Porque, la vía reformista, ensayada principalmente en el Chile de Salvador Allende, terminó con un baño de sangre y la entronización de una de las más salvajes dictaduras conocidas en América Latina. Otros ensayos, más heterodoxos, también fueron ahogados en su cuna. Por ejemplo, la tentativa presidida por el General Juan José Torres en Bolivia a comienzos de los años setenta. Pero lo cierto es que la vía revolucionaria tampoco llegó a triunfar. Ya nos hemos referido al caso de la República Dominicana, proyecto trágicamente frustrado y que culminó con la ocupación militar de la isla por parte de las tropas norteamericanas. La revolución también tuvo su oportunidad en Nicaragua, pero fue tronchada de raíz ante la reiteración de la más absoluta determinación del imperialismo en impedir, a cualquier precio, la consolidación del sandinismo y el triunfo de la revolución. La tuvo también en El Salvador, donde el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional debió luchar, al igual que los sandinistas, no sólo contra las clases dominantes locales sino también en contra de la formidable resistencia que le oponía la mayor superpotencia jamás aparecida en la historia de la humanidad, los Estados Unidos.

Las lecciones que podemos sacar de esta historia es que, en nuestro continente, las reformas son sofocadas con toda la fuerza de la contrarrevolución y con la omnipresente colaboración del imperialismo. Que las más tímidas expresiones de reformismo ensayadas por algunos gobiernos de la región fueron agredidas con sanguinaria ferocidad por los elementos conservadores de nuestras sociedades. ¿Cuáles son los caminos que hoy se encuentran abiertos en América Latina, y especialmente en la Argentina? Han pasado más de cuarenta años desde que se diera a luz el descarnado diagnóstico que hiciera la Segunda Declaración. ¿Cómo avanzar en un proyecto encaminado a lograr la abolición de toda forma de explotación del hombre por el hombre? ¿Cómo avanzar hacia una nueva sociedad, emancipada de todas las lacras que a lo largo de los siglos produjera el capitalismo?

Obviamente que la Declaración no puede dar respuesta a este tipo de interrogantes en relación a cada país y cada situación en particular. Pero ofrece una guía muy sugerente, de especial relevancia para los argentinos, habida cuenta de nuestra secular incapacidad de construir una alternativa progresista capaz de poner fin a la disolución nacional. Y esa guía es un llamamiento enérgico a la unidad de todos quienes luchan por una sociedad mejor. Así, se nos dice que “el divisionismo, producto de toda clase de ideas falsas y mentiras; el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos”. Unidad de acción que no hemos podido construir y que se manifestó, en toda su insensatez, en las elecciones presidenciales de 2003, cuando el país reclamaba a gritos una alternativa ante el continuismo de las fórmulas políticas tradicionales y el campo progresista se fragmentó en mil pedazos, como un espejo roto que, en su desintegración reflejaba la tragedia de nuestra propia decadencia como nación. Y prosigue la Segunda Declaración diciendo que “en la lucha antiimperialista [...] es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación [...] En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los señores feudales de la tierra”. Ojalá que la publicación de este luminoso documento, producto de una extraordinaria dirigencia política que supo aunar su lucidez para analizar lo existente con una gran dosis de coraje y vocación utópica para transformarlo, sirva para estimular un debate más que nunca necesario en nuestros países y para la elaboración de políticas de izquierda capaces de poner fin al holocausto social que se ha abatido sobre nuestra América.

Notas

1 Este texto es el “Prólogo” al libro "Primera y Segunda Declaración de La Habana" (Buenos Aires: Ediciones Nuestra América, 2003). www.atilioboron.com.ar

2 Hemos examinado críticamente la teorización de Michael Hardt y Antonio Negri en nuestro Imperio & Imperialismo (Buenos Aires: CLACSO, 2002).

3 Roberto Fernández Retamar, Todo Caliban (La Habana: Casa de las Américas, 2001).

4 Hemos examinado este asunto in extenso en nuestro "Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo" (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000) y en "Estado, Capitalismo y Democracia en América Latin"a (Buenos Aires: CLACSO, 2003).

La Haine

Leer Más......

jueves, 10 de febrero de 2011

La clave para entender a Cuba

Armando Hart Dávalos Cubarte

Hace falta un programa matriz de todos los programas, y es el de la alfabetización ética que supone la preservación del patrimonio espiritual más importante de la civilización, es decir, el hombre. Se exige una síntesis de la historia cultural del universo para salvar del egoísmo a los hombres, a las naciones y a la civilización.

El discurso de la tolerancia se contradice con las imposiciones dogmáticas de recetas de viejo cuño a naciones y comunidades enteras. La consolidación de los procesos democráticos tiene que ser una aspiración que no desconozca las peculiaridades históricas y culturales de cada sociedad, respete la autodeterminación de los pueblos, acate la decisión soberana de los Estados y haga suyo el principio de no intervención en territorios ajenos. Hablar de democracia en este siglo XXI implica también referirnos a la necesaria democratización de las relaciones internacionales.

No tenemos vocación apocalíptica. La tradición espiritual cubana, en especial la de los últimos decenios, me ha confirmado que los valores morales, la voluntad transformadora y el cultivo de la inteligencia, cuando están unidos a sentimientos solidarios, tienen fuerza como para salvar a una nación.

La clave para entender a Cuba está en su cultura nacional. Ella expresa lo mejor y más depurado de la modernidad en tanto plantea de forma integral las coordenadas esenciales que quedaron fracturadas en el curso histórico: educación, cultura y sociedad y, a su vez, una profunda vocación de universalidad y una aspiración irrenunciable a un desarrollo económico basado en la justicia y en la igualdad. Ahí está la esencia del valor universal de la cultura cubana que desde sus gérmenes activos ya a principios del siglo XIX tomó un camino decidido en favor de la liberación humana y un patriotismo de proyección universal, el que alcanzó su más alta escala en José Martí. En él, ética, filosofía y arte como una joya de nuestra historia cultural, muestran el sello de la identidad nacional. Esta síntesis apunta en dirección a los mejores modos de pensar y sentir si se traducen en formas prácticas del quehacer político.

Por esos valores es hoy un país latinoamericano y caribeño independiente y se mantiene viva la Revolución cubana, resistiendo el más inhumano bloqueo económico ejercido por una superpotencia contra un territorio pequeño y subdesarrollado. La patria de José Martí postula su confianza en la utilidad de la virtud, en la vida futura, en el mejoramiento humano y en que con esfuerzos solidarios pueda reinar la fórmula del amor triunfante que proclamó el héroe de nuestra América.

Rotos los esquemas ideologizantes, se abren para los hombres y mujeres de pensamiento y nobles sentimientos, las posibilidades de investigar y crear sin que paradigmas ajenos impongan patrones obligatorios de conducta.

Los que han tomado otros senderos e intentado dictar a la conciencia humana, en nombre de tal o cual principio, una determinada forma de proceder, sólo han conseguido la censura de la historia y el desprestigio de las ideas más justas a partir de las cuales intentaron y lograron establecer su propia voluntad y hasta sus caprichos.

Para descifrar el camino del futuro hace falta una síntesis universal como la que ningún país aislado, ni siquiera un continente por sí solo puede lograr.

Si es cierto que el hombre primero necesita comer, vestirse, tener un techo, y luego hacer filosofía, religión, arte, también lo es que la humanidad no tendría existencia real y objetiva sin producir arte, filosofía y, en fin, vida espiritual. Porque hay una antigua verdad que se precisa destacar con todo rigor en el pensamiento científico y filosófico de finales de siglo: no sólo de pan vive el hombre.

En el orden filosófico y en el político, exaltemos estas dos verdades que nos muestra el sentido común.

Si no se promueven la solidaridad y la ternura como líneas sustantivas del crecimiento económico-social, no habrá esperanza de que dejemos una huella duradera sobre la tierra. Sería muy triste que seres más cercanos a lo que muchos llaman Dios, es decir, con más inteligencia y amor que nosotros, arriben aquí en los siglos o milenios venideros y encuentren en un inmenso cementerio los vestigios de un pasado lejano, de cuando en el planeta Tierra existían hombres, flores y poesía...

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/17067/17067.html

Leer Más......

jueves, 18 de noviembre de 2010

Mensaje de Fidel a los estudiantes


Prensa Latina

Queridos estudiantes universitarios y demás invitados:

Me satisface mucho la presencia en esta reunión del Ministro de la enseñanza superior, los Rectores de las universidades de La Habana, una representación de la Unión de Jóvenes Comunistas, presidida por su Primera Secretaria, la Dirección Provincial y la Nacional de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media.

Recuerdo bien aquel 17 de noviembre de 2005. Se conmemoraba el Día Internacional del Estudiante. Ustedes los universitarios habían decidido que yo hablara ese día. Se cumplían, me dijeron, 60 años de mi ingreso en la Universidad, a fines de 1945. Era entonces un poco más joven que hoy; tenía la edad de ustedes. Pero hemos vivido juntos una etapa de la vida.

Pensaba que aquella reunión que sostuvimos en la Universidad de La Habana, hace 5 años, no se repetiría nunca. Había cumplido ya 79 años. Pero hace apenas dos meses, para ser más exacto, cuando presenté en el Aula Magna el segundo libro de nuestra guerra revolucionaria: “La contraofensiva estratégica”, el 10 de septiembre de 2010, al finalizar, conversé con muchos veteranos de aquellas luchas y a la salida del recinto saludé un entusiasta grupo de dirigentes estudiantiles universitarios que allí esperaban, intercambié con ellos, me explicaron su ansiosa espera del día 17 para que les hablara del discurso.

Me agradó aquel grupo. No estaban promoviendo una “revolución cultural”, deseaban escuchar nuevamente una reflexión sobre las ideas expuestas aquel día.

Ese encuentro era ya una propiedad suya. Me pareció que transcurriría mucho tiempo entre el 10 de septiembre y el 17 de noviembre; otras cosas pasaban por mi mente y les respondí: “nos veremos ese día”.

Sabía sin embargo que aquel discurso levantó ronchas, dado el momento que estábamos viviendo frente a un poderoso enemigo que nos amenazaba cada vez más, bloqueaba férreamente nuestra economía y se esforzaba por sembrar el descontento, promoviendo la violación de las leyes y las salidas ilegales del país, privándolo de una reserva de fuerza de trabajo joven, cultural y técnicamente bien preparada. Muchos de ellos eran conducidos más tarde a las actividades ilícitas y al delito.

Estaba también el hecho de mi tendencia a la autocrítica y la ironía con relación a nuestras propias acciones. Aunque fui cáustico en mis palabras, defendí principios y no hice concesiones.

Todo eso recordaba, pero no las palabras exactas que usé, la totalidad de los argumentos esgrimidos, y la considerable extensión del discurso.

Solicité a los archivos del Consejo de Estado una copia textual del mismo, y me encontré con 115 páginas a un solo espacio que implica más de 200 como estas que apenas rebasan las 40.
Durante las últimas semanas ha sido intenso el trabajo, dedicado a muchas tareas; entre ellas, reuniones de entrevistas con el editor principal del sitio Web Global Research, Michel Chossudovsky; la victoria electoral aplastante de la extrema derecha de Estados Unidos y, dentro de ella, la del grupo fascista del Tea Party; la crisis económica sin precedentes; guerra de divisas, seguida de cerca por la Cumbre del G-20 en Seúl; la Cumbre de la APEC en Yokohama, Japón y dentro de dos días, la Cumbre de la OTAN en Portugal el 19 y 20 de noviembre, que debe seguirse de cerca.

A pesar de eso, no me resignaba a posponer o suspender la fecha de nuestro encuentro.

Apoyado en el texto original, fui entresacando las ideas principales del discurso que pronuncié aquella vez, para presentarlas con las mismas palabras que utilicé entonces. Omití, en aras de la brevedad, numerosos ejemplos que complementaban los criterios que sostenía.

Confieso que me sorprendió la actualidad de las ideas expuestas que, 5 años después, son más actuales que entonces, ya que muchas se relacionaban con el futuro, y los hechos se han ido comportando tal como fueron previstos, solo que hoy, con los conocimientos disponibles sobre fenómenos como el cambio climático, la crisis económica que rebasa cualquier otra anterior, los peligros de guerra y la derivación del poder imperial hacia el fascismo, demandan de los jóvenes universitarios un máximo de consagración y esfuerzo en la batalla ideológica.

Una de las primeras ideas que expresé fue:

“El conjunto de factores que hicieron posible la vida se dieron al cabo de miles de millones de años en el planeta Tierra, esa frágil vida que puede transcurrir entre unos pocos grados por debajo de cero y unos pocos grados por encima de cero…”

“Yo trataba de recordar cómo eran aquellas universidades, a qué nos dedicábamos, de qué nos preocupábamos. Nos estábamos preocupando de esta pequeñita isla. [...] No se hablaba todavía de globalización, no existía la televisión, no existía Internet, no existían las comunicaciones instantáneas de un extremo a otro del planeta [...] Al menos en mis tiempos, allá en 1945, nuestros aviones de pasajeros apenas llegaban a Miami…”

“…acababa de ocurrir una terrible guerra, que costó alrededor de 50 millones de vidas, y estoy hablando del momento aquel, en 1945, cuando yo ingresé en la universidad, el día 4 de septiembre; bueno, ingresé en esa época, y ustedes, desde luego, se han tomado la libertad de celebrarlo cualquier día de ese año.”

Más adelante pregunté: “¿Qué mundo es ese donde un imperio bárbaro proclama el derecho de atacar sorpresiva y preventivamente a 60 o más países, que es capaz de llevar la muerte a cualquier rincón del mundo, utilizando las más sofisticadas armas y técnicas de matar?”

“Ahora mismo el imperio amenaza con atacar a Irán si produce combustible nuclear.”

“Hoy ya se debate en la esfera internacional qué día y qué hora, o si será el imperio, o utilizará -como utilizó en Iraq- al satélite israelí para el bombardeo preventivo y sorpresivo sobre centros de investigación que busquen obtener la tecnología de producción del combustible nuclear.”

“…aquella nación reclama su derecho a producir combustible nuclear como cualquier nación entre las industrializadas y no ser obligada a destruir la reserva de una materia prima, que sirve no solo como fuente energética, sino como fuente de numerosos productos, fuente de fertilizantes, de textiles, de infinidad de materiales que hoy tienen un uso universal.”

“…veremos qué ocurriría si se les ocurre bombardear a Irán para destruir cualquier instalación que le permita la producción de combustible nuclear.”

“Cuba nunca intentó producir armas nucleares. Nosotros poseemos otro tipo de armas, son nuestras ideas [...] armas del poder de las nucleares en virtud del poder invencible de las armas morales. [...] ni se nos ha ocurrido buscar armas biológicas [...] Armas para combatir la muerte, para combatir el SIDA, para combatir las enfermedades, para combatir el cáncer, a eso dedicamos nuestros recursos…”

“…en cualquier parte del mundo se encuentra una cárcel secreta donde realizan torturas los defensores de los derechos humanos; son los mismos que allí en Ginebra ordenan a sus corderitos votar uno tras otro contra Cuba, el país que no conoce la tortura, ¡para honor y gloria de esta generación, para honor y gloria de esta Revolución, para honor y gloria de una lucha por la justicia, por la independencia, por el decoro humano que debe mantener incólume su pureza y su dignidad!”

“…esta mañana llegaban noticias informando sobre el uso de fósforo vivo en Fallujah, allí donde el imperio descubrió que un pueblo, prácticamente desarmado, no podía ser vencido y se vieron los invasores en tal situación que no podían irse ni quedarse: si se iban, volvían los combatientes; si se quedaban, necesitaban esas tropas en otros puntos. Ya han muerto más de 2 000 jóvenes soldados norteamericanos, y algunos se preguntan, ¿hasta cuándo seguirán muriendo en una guerra injusta?…”

“…han convertido el enrolamiento para el ejército en una fuente de empleo, contratan desempleados, y muchas veces trataban de contratar el mayor número de negros norteamericanos para sus guerras injustas, y han llegado noticias de que cada vez menos afronorteamericanos están en disposición de inscribirse en el ejército, a pesar del desempleo y la marginación a que son sometidos…”

“Buscan latinos, inmigrantes que, tratando de escapar del hambre, cruzaron la frontera, esa frontera donde están muriendo más de 500 inmigrantes cada año, muchos más en 12 meses que los que murieron durante los 28 años que duró el muro de Berlín.”

“…entraban los jóvenes en esta universidad, que no era, por cierto, la universidad de los humildes; era la universidad de las capas medias de la población, era la universidad de los ricos del país, aunque muchos jóvenes solían estar por encima de las ideas de su clase y muchos de ellos eran capaces de luchar, y así lucharon a lo largo de la historia de Cuba.

“Ocho estudiantes fueron fusilados en 1871 y fueron cimientos de los más nobles sentimientos y del espíritu de rebeldía de nuestro pueblo…”

“Mella era uno de ellos, también procedente de la capa media; porque los de las capas más pobres, los hijos de los campesinos, no sabían leer ni escribir…”

“…mencioné a Mella, podría mencionar a Guiteras, podría mencionar a Trejo, que murió [...] un 30 de septiembre, en la lucha contra Machado…”

“…cuando volvió con todo el rigor la tiranía batistiana, muchos estudiantes lucharon y muchos estudiantes murieron, y aquel jovencito de Cárdenas, Manzanita, como le llamaban, siempre risueño, siempre jovial, siempre cariñoso con todos los demás, se iba distinguiendo por su valentía, su entereza [...] cuando se enfrentaba a la policía.”

“Si usted va, incluso, a la casa donde vivió Echeverría -José Antonio, vamos a llamarlo así-, es una casa buena, una excelente casa. Vean cómo los estudiantes muchas veces pasaban por encima de su origen social y de su clase, en esa edad de tantas esperanzas, de tantos sueños.

“En aquella universidad, para estudiar medicina había una sola facultad y un solo hospital docente, y muchos obtenían premios, primer premio en medicina, y algunos, incluso, de cirugía sin haber operado nunca a nadie.”

“Algunos lo lograban [...] Así surgieron buenos médicos, no una masa de buenos médicos -sí había una masa de médicos [...] que estaban sin empleo, y cuando la Revolución triunfa se marchan precisamente a Estados Unidos, y quedaron la mitad, 3 000, y el 25% de los profesores. De ahí partimos hacia el país de hoy, que se yergue ya casi como capital de la medicina mundial.”

“…el país [...] tiene ya más de 70 000 médicos.”

“Nosotros entramos en la universidad a finales del año 1945, e iniciamos nuestra lucha armada en el Moncada el 26 de Julio de 1953, [...] casi ocho años después, y la Revolución triunfa cinco años, cinco meses y cinco días después del Moncada, tras un largo recorrido por las prisiones, el exilio y la lucha en las montañas.”

“…no conocíamos ni muy bien las leyes de la gravedad, íbamos cuesta arriba luchando contra el imperio, que era ya el más poderoso, [...] cuando todavía existía otra superpotencia, [...] marchando cuesta arriba fuimos ganando experiencia, marchando cuesta arriba fue fortaleciéndose nuestro pueblo y nuestra Revolución, hasta llegar a hoy.”

“…el ser humano es el único capaz [...] de pasar por encima de todos los instintos. [...] la naturaleza le impone los instintos, la educación impone las virtudes…”

“…a pesar de la diferencia entre los seres humanos, puedan ser uno en un momento o [...] pueden ser millones a través de las ideas.”

“Son las ideas las que nos unen, son las ideas las que nos hacen pueblo combatiente, son las ideas las que nos hacen, ya no solo individualmente, sino colectivamente, revolucionarios, y es entonces [...] cuando un pueblo no puede ser jamás vencido…”

“…aquí a 90 millas del colosal imperio, del más poderoso que existió jamás a lo largo de la historia, y han pasado 46 años y ahí está más distante que nunca de lograr poner de rodillas a la nación cubana, aquella que humillaron y ofendieron durante algún tiempo…”

“Creo que fue Agramonte, otros dicen que Céspedes, quien respondiendo a los pesimistas, cuando tenía 12 hombres, exclamó: [...] con 12 hombres se hace un pueblo. [...] eso que se llama una conciencia revolucionaria, que es la suma de muchas conciencias [...] Es hija del amor a la patria y el amor al mundo, que no olvida aquello de que patria es humanidad, pronunciado hace más de 100 años.”

“No olvidar jamás a aquellos que durante tantos años fueron nuestra clase obrera y trabajadora, que vivieron décadas de sacrificio, las bandas mercenarias en las montañas, las invasiones como la de Girón, los miles de actos de sabotaje que costaron tantas vidas a nuestros trabajadores cañeros, azucareros, industriales, o en el comercio, o en la marina mercante, o en la pesca, los que de repente eran atacados a cañonazos y a bazucazos, nada más porque éramos cubanos, nada más porque queríamos la independencia, nada más porque queríamos mejorar la suerte de nuestro pueblo…”

“Cuba habla cuando tenga que hablar y Cuba tiene muchas cosas que decir, pero no está ni apurada ni impaciente. Sabe muy bien cuándo, dónde y cómo debe golpear al imperio, su sistema y sus lacayos.”

“…pienso que esta humanidad y las grandes cosas que es capaz de crear, deben preservarse mientras puedan preservarse.”

“…este admirable y maravilloso pueblo, ayer semilla y hoy árbol crecido y con raíces profundas; ayer lleno de nobleza en potencia y hoy lleno de nobleza real; ayer lleno de sueños de conocimientos y hoy lleno de conocimientos reales, apenas está comenzando en esta gigantesca universidad que es hoy Cuba.”

“…van surgiendo nuevos cuadros, y cuadros jóvenes.”

“Como ustedes saben, estamos envueltos en una batalla contra vicios, contra desvíos de recursos, contra robos…”

“…no piensen que el robo de materiales y de recursos es de hoy, o del período especial; el período especial lo agudizó, porque el período especial creó mucha desigualdad y el período especial hizo posible que determinada gente tuviera mucho dinero.”

“En el tiempo de que les hablo, para producir una tonelada de hormigón se consumían 800 kilogramos de cemento, y una tonelada de un buen hormigón [...] debe ser de alrededor de 200 kilogramos. Vean cómo se despilfarraba, cómo se desviaban recursos, cómo se robaba.”

“En esta batalla contra vicios no habrá tregua [...] y nosotros apelaremos al honor de cada sector. De algo estamos seguros: de que en cada ser humano hay una alta dosis de vergüenza. Cuando él se queda consigo mismo, no es un juez severo, a pesar de que, a mi juicio, el primer deber de un revolucionario es ser sumamente severo consigo mismo.”

“Crítica y autocrítica, es muy correcto, eso no existía; pero si vamos a dar la batalla hay que usar proyectiles de más calibre, hay que ir a la crítica y autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, después en el municipio y después en el país.”

“Después pueden venir otras preguntas: ¿Cuánto ganamos? Y si viene la pregunta de cuánto ganamos, se comenzaría a comprender el sueño de que cada cual viva de su salario o de su justísima jubilación.”

“…hemos ido tomando conciencia y que toda la vida es un aprendizaje, hasta el último segundo, y muchas cosas las empiezas a ver en un momento…”

“Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo. Parecía ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico concebido por algunos que se consideraban expertos en sistemas eléctricos. [...] somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía -y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país- es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva.

“Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin.”

“Cuando era estudiante supe teóricamente lo que era el comunismo utópico, descubrí que yo era un comunista utópico, porque todas mis ideas partían de: ‘Esto no es bueno, esto es malo, esto es un disparate. Cómo van a surgir las crisis de superproducción y el hambre cuando hay precisamente más capacidad de crear riquezas. ¿No sería más sencillo producirlas y repartirlas?’

“Por ese tiempo parecía, como le parecía también a Carlos Marx en la época del Programa de Gotha, que el límite a la abundancia estaba en el sistema social; parecía que a medida que se desarrollaban las fuerzas productivas podían producir, casi sin límites, lo que el ser humano necesitaba para satisfacer sus necesidades esenciales de tipo material, cultural, etcétera.”

“Cuando escribió libros políticos, como El 18 Brumario, Las luchas civiles en Francia, era un genio escribiendo, tenía una interpretación clarísima. Su Manifiesto Comunista es una obra clásica. Usted la puede analizar, puede estar más o menos satisfecho con unas cosas o con otras. Yo pasé del comunismo utópico a un comunismo que se basaba en teorías serias del desarrollo social…”

“En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena.

“Tuve el privilegio de conocer a los de la Teología de la Liberación una vez en Chile, cuando visité a Allende, en el año 1971, y me encontré allí con muchos sacerdotes, o representantes de distintas denominaciones religiosas, y planteaban la idea de unir fuerzas y luchar, con independencia de sus creencias religiosas.

“El mundo está desesperadamente necesitado de una unidad, y si no conseguimos conciliar el mínimo de esa unidad, no llegaremos a ninguna parte.”

“Lenin sobre todo estudió las cuestiones del Estado; Marx no hablaba de la alianza obrero-campesina, vivía en un país con gran auge industrial; Lenin vio el mundo subdesarrollado, vio aquel país donde el 80% o el 90% era campesino, y aunque tenía una fuerza obrera poderosa en los ferrocarriles y en algunas industrias, Lenin vio con absoluta claridad la necesidad de la alianza obrero-campesina, de la cual no había hablado nadie, todo el mundo había filosofado, pero no había hablado sobre eso. Y en un enorme país semifeudal, semisubdesarrollado, es donde se produce la primera revolución socialista, el primer intento verdadero de una sociedad igualitaria y justa; ninguna de las anteriores que eran esclavistas, feudales, medievales, o antifeudales, burguesas, capitalistas, aunque hablaran mucho de libertad, igualdad y fraternidad, ninguna se propuso jamás una sociedad justa.

“A lo largo de la historia, el primer esfuerzo humano serio por crear la primera sociedad justa, comenzó hace menos de 200 años…”

“Con dogmatismo no se hubiera jamás llegado a una estrategia. Lenin nos enseñó mucho, porque Marx nos enseñó a comprender la sociedad; Lenin nos enseñó a comprender el Estado y el papel del Estado.”

“…cuando la URSS se derrumbó se quedó sola mucha gente, entre ellas nosotros, los revolucionarios cubanos. Pero nosotros sabíamos lo que debíamos hacer y lo que teníamos que hacer, cuáles eran nuestras opciones. Estaban los demás movimientos revolucionarios en muchas partes librando su lucha. No voy a decir cuáles, no voy a decir quiénes; pero se trataba de movimientos revolucionarios muy serios, nos preguntaron si negociaban o no ante aquella situación desesperada, si continuaban luchando o no, o si negociaban con las fuerzas opuestas buscando una paz, cuando uno sabía a qué conducía aquella paz.”

“…les decía: ‘Ustedes no nos pueden pedir opinión a nosotros, son ustedes los que irían a luchar, son ustedes los que irían a morir, no somos nosotros. Nosotros sabemos qué haremos y qué estamos dispuestos a hacer; pero eso solo lo pueden decidir ustedes.’ Ahí estaba la más extrema manifestación de respeto a los demás movimientos y no el intento de imponer sobre la base de nuestros conocimientos y experiencias y el enorme respeto que sentían por nuestra Revolución para saber el peso de nuestros puntos de vista.”

“Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crean que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que pagó con la vida de más de 20 millones de ciudadanos la lucha contra el fascismo, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó.

“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: ‘¡No!’) ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?

“¿Conocían todas estas desigualdades de las que estoy hablando? ¿Conocían ciertos hábitos generalizados? ¿Conocían que algunos ganaban en el mes cuarenta o cincuenta veces lo que gana uno de esos médicos que está allá en las montañas de Guatemala, miembro del contingente ‘Henry Reeve’? Puede estar en otros lugares distantes de África, o estar a miles de metros de altura, en las cordilleras del Himalaya salvando vidas y gana el 5%, el 10%, de lo que gana un ladronzuelo de estos que vende gasolina a los nuevos ricos, que desvía recursos de los puertos en camiones y por toneladas, que roba en las tiendas en divisa, que roba en un hotel cinco estrellas, a lo mejor cambiando la botellita de ron por una que se buscó, la pone en lugar de la otra y recauda todas las divisas con las que vendió los tragos que pueden salir de una botella de un ron, más o menos bueno.”

“También se puede explicar por qué no cortamos caña hoy, no hay quien la corte y las pesadas máquinas destruyen los cañaverales. Los abusos del mundo desarrollado y los subsidios condujeron a precios del azúcar que eran, en ese mercado mundial, el precio del basurero del azúcar, mientras que en Europa pagaban dos o tres veces más a sus agricultores.”

“Pero vamos llegando -yo he llegado, y hace mucho tiempo- a plantearnos esta pregunta, frente a ese superpoderoso imperio que nos acecha, nos amenaza, tiene planes de transición y planes militares de acción, en determinado momento histórico.

“Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo. Si yo fuera un vanidoso, podía estar orgulloso de que aquellos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera, y ese es el momento. Esperar que muera, y todos los días inventan algo, que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad.”

“Sí, yo me di una fortísima caída, y todavía estoy rehabilitándome de este brazo (Señala), y va mejorando. Agradezco muchísimo las circunstancias en que me rompí el brazo, porque me obligó a más disciplina todavía, a más trabajo, a dedicar más tiempo, a dedicar casi las 24 horas del día a mi trabajo, si las venía dedicando durante todo el tiempo del período especial, ahora dedico cada segundo y lucho más que nunca…”

“Eso es como aquel tipejo (Me refería a la revista Forbes) que descubrió que yo era el hombre más rico del mundo.”

“Les hice una pregunta, compañeros estudiantes, que no he olvidado, ni mucho menos, y pretendo que ustedes no la olviden nunca, pero es la pregunta que dejo ahí ante las experiencias históricas que se han conocido, y les pido a todos, sin excepción, que reflexionen: ¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?”

“Es tremendo el poder que tiene un dirigente cuando goza de la confianza de las masas, cuando confían en su capacidad. Son terribles las consecuencias de un error de los que más autoridad tienen, y eso ha pasado más de una vez en los procesos revolucionarios.

“Son cosas que uno medita. Estudia la historia, qué pasó aquí, qué pasó allí, qué pasó allá, medita lo que ocurrió hoy y lo que ocurrirá mañana, hacia dónde conducen los procesos de cada país, por dónde marchará el nuestro, cómo marchará, qué papel jugará Cuba en ese proceso.”

“Fue por eso que dije aquella palabra de que uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo.”

“¿Qué sociedad sería esta, o qué digna de alegría cuando nos reunimos en un lugar como este, un día como este, si no supiéramos un mínimo de lo que debe saberse, para que en esta isla heroica, este pueblo heroico, este pueblo que ha escrito páginas no escritas por ningún otro en la historia de la humanidad preserve la Revolución? No piensen ustedes que quien les habla es un vanidoso, un charlatán, alguien que le gusta el bluff.

“Han pasado 46 años y la historia de este país se conoce, los habitantes de este país la conocen; la de aquel imperio vecino también, su tamaño, su poder, su fuerza, su riqueza, su tecnología, su dominio sobre el Banco Mundial, su dominio sobre el Fondo Monetario, su dominio sobre las finanzas mundiales, ese país que nos ha impuesto el más férreo e increíble bloqueo, del cual se habló allá en las Naciones Unidas y Cuba recibió el apoyo de 182 países que pasaron y votaron libremente por encima de los riesgos de votar abiertamente contra ese imperio. [...] No solo hicimos esta Revolución con nuestro propio riesgo durante un montón de años, en determinado momento, habíamos llegado a la convicción de que jamás si éramos atacados directamente por Estados Unidos lucharían por nosotros, ni podíamos pedirlo.” Me venía refiriendo a la URSS.

“Con el desarrollo de las tecnologías modernas era ingenuo pensar o pedir o esperar que aquella potencia luchara contra la otra, si intervenía en la islita que estaba aquí a 90 millas, y llegamos a la convicción total de que ese apoyo jamás ocurriría. Algo más: se lo preguntamos un día directamente varios años antes de su desaparición: ‘Dígannoslo francamente.’ ‘No.’ Respondieron lo que sabíamos que iban a responder y entonces, más que nunca, aceleramos el desarrollo de nuestra concepción y perfeccionamos las ideas tácticas y estratégicas con las cuales triunfó esta Revolución y venció, con una fuerza que inicia su lucha con siete hombres armados, contra un enemigo que disponía de 80 000 hombres, entre marinos, soldados, policías, etcétera, tanques, aviones, cuanta arma moderna para aquella época podía poseerse, era infinita la diferencia entre nuestras armas y las armas que tenía aquella fuerza armada, entrenada por Estados Unidos, apoyada por Estados Unidos y suministrada por Estados Unidos.”

“Hoy tenemos mucho más que siete fusiles, tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos.

“Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.

“He tenido el privilegio de vivir muchos años, eso no es un mérito, pero es una excepcional oportunidad para decirles a ustedes lo que les estoy diciendo, a ustedes, a todos los líderes de la juventud, a todos los líderes de las organizaciones de masa, a todos los líderes del movimiento obrero, de los Comités de Defensa de la Revolución, de las mujeres, de los campesinos, de los combatientes de la Revolución, organizados en todas partes, luchadores durante años que en número de cientos de miles han cumplido gloriosas misiones internacionalistas…”

“…es impresionante ver los más humildes sectores sociales de este país convertidos en 28 000 trabajadores sociales y cientos de miles de estudiantes universitarios, ¡universitarios! ¡Vean qué fuerza! Y pronto veremos también en acción a aquellos que graduamos hace poco en el coliseo deportivo.

“El coliseo nos enseña sobre marxismo-leninismo; el coliseo nos enseña sobre clases sociales; el coliseo reunió no hace mucho alrededor de 15 000 médicos y estudiantes de medicina y algunos de la ELAM, y otros que vinieron hasta de Timor Oriental para estudiar medicina, jamás podrá olvidarse. No creo que se trate de un sentimiento personal de cualquiera de nosotros.

“Jamás esta sociedad olvidará esas imágenes de las 15 000 batas blancas que allí se reunieron el día en que se graduaron los estudiantes de medicina, el día en que se creó el contingente ‘Henry Reeve’, que ya en una cifra considerable ha enviado sus fuerzas a lugares donde ocurrieron cosas excepcionales, en un tiempo mucho más breve de lo que habíamos podido imaginar.

“Permítanme decirles que hoy prácticamente el capital humano es, o avanza aceleradamente para ser el más importante recurso del país, muy por encima de casi todos los demás juntos. No estoy exagerando.”

“Por ahí se han ido descubriendo servicentros privados, alimentados con el combustible de los piperos.

“Algo que se conoce es que muchos de los camiones del Estado van por un lado y por otro, y el que más y el que menos ve a un pariente, un amigo, una familia, o la novia.

“Recuerdo aquella vez, varios años antes del período especial, que vi, rápido, por la Quinta Avenida, un flamante cargador frontal Volvo, casi acabado de comprar, que en aquella época valían 50 000 ó 60 000 dólares. Sentí curiosidad de saber para dónde iba a aquella velocidad, le pedí al escolta: ‘Aguanta, pregúntale qué iba a ver, que te diga con franqueza.’ Y confesó que iba a visitar a la novia con aquel Volvo, que corría a toda velocidad por la Quinta Avenida.

“Cosas veredes, Mío Cid, -dijo alguien- que harán hablar las piedras.”

“…cosas como esas han estado ocurriendo. Y, en general, lo sabemos todo, y muchos han dicho: ‘La Revolución no puede; no, esto es imposible; no, esto no hay quien lo arregle.’ Pues sí, esto lo va a arreglar el pueblo, esto lo va a arreglar la Revolución, y de qué manera. ¿Es solo una cuestión ética? Sí, es primero que todo una cuestión ética; pero, además, es una cuestión económica vital.”

“Este es uno de los pueblos más derrochadores de energía combustible del mundo. Aquí quedó demostrado, y ustedes con toda honradez lo dijeron, y es muy importante. Nadie sabe lo que cuesta la electricidad, nadie sabe lo que cuesta la gasolina, nadie sabe el valor que tiene en el mercado. Iba a decirles que es muy triste cuando una tonelada de petróleo puede valer 400 y de gasolina 500, 600, 700, en ocasiones llegó a 1 000, y es un producto que no va a bajar de precio, algunos solo circunstancialmente, y no mucho tiempo, porque se agota…”

“Nosotros vemos nuestras minas de níquel, que van dejando el hueco donde hubo mucho níquel. Eso le está pasando al petróleo, los grandes yacimientos ya aparecieron, cada vez son menos. Ese es un tema sobre el cual hemos tenido que pensar mucho.”

“…había, si mal no recuerdo, alrededor de 3 000 entidades que manejaban divisas convertibles y decidían con bastante amplitud gastos en divisas convertibles de sus ganancias, si compro esto o lo otro, si pinto, si adquiero un mejor carrito y no el cacharrito viejo que tenemos. Nos dimos cuenta de que en las condiciones de este país aquello había que superarlo…”

“Hubo, sencillamente, que cerrar centrales o íbamos hacia la fosa de Bartlett. El país tenía muchos economistas, muchos muchos, y no intento criticarlos, pero con la misma franqueza que hablo de los errores de la Revolución les puedo preguntar por qué no descubrimos que el mantenimiento de aquella producción, cuando hacía rato se había hundido la URSS, el petróleo valía 40 dólares el barril y el precio del azúcar estaba por el suelo, por qué no se racionalizaba aquella industria y por qué había que sembrar 20 000 caballerías ese año, es decir, casi 270 000 hectáreas, para lo cual hay que roturar la tierra con tractores y arados pesados, sembrar una caña que después hay que limpiar con máquinas, fertilizar con costosos herbicidas, etcétera, etcétera, etcétera.”

“Hacía rato se había hundido la URSS, nos quedamos sin combustible de un día para otro, sin materias primas, sin alimentos, sin aseo, sin nada. Tal vez fue necesario que ocurriera lo que ocurrió, tal vez fue necesario que sufriéramos lo que sufrimos, dispuestos, como estábamos, a dar la vida cien veces antes que entregar la patria o entregar la Revolución…”

“Quizás fue necesario porque hemos cometido muchos errores, y son los errores que estamos tratando de rectificar, si quieren, que estamos rectificando.”

“…¡sin abuso de poder!, nada justificaría jamás que alguno de nosotros tratara de abusar del poder. Sí debemos atrevernos, debemos tener valor de decir las verdades [...] usted no está obligado a decirlas todas de una vez, las batallas políticas tienen su táctica, la información adecuada, siguen también su camino. [...] No importa lo que los bandidos digan y los cables que vengan mañana o pasado, los que ríen último, ríen mejor.”

“No es cuestión de imprimir billetes y repartirlos sin que tengan una contrapartida en mercancías o servicios…”

“Las casas terminamos regalándolas, algunos las compraban, eran dueños, habían pagado 50 pesos mensuales, 80 pesos, bueno, al cambio, si se lo mandaban de Miami, eran como tres dólares; algunos la vendían, 15 000, 20 000 dólares, al final de los años la habían pagado con menos de 500.

“¿Puede el país resolver su problema de vivienda regalando casas? ¿Y quién las recibía, el proletario, el humilde? Había muchos humildes que recibieron la casa regalada y la vendieron después al nuevo rico. ¿Cuánto podía pagar el nuevo rico por una casa? ¿Es eso socialismo?

“Puede ser una necesidad en un momento dado, también puede ser un error, ya que el país sufrió un golpe anonadante, cuando de un día para otro se derrumbó la gran potencia y nos dejó solos, solitos, y perdimos todos los mercados para el azúcar y dejamos de recibir víveres, combustible, hasta la madera con que darles cristiana sepultura a nuestros muertos. Y todos creían: ‘Eso se derrumba’, y siguen creyendo los muy idiotas que esto se derrumba y si no se derrumba ahora, se derrumba después. Y mientras más ilusiones se hagan ellos y más piensen ellos, más debemos pensar nosotros, y más debemos sacar las conclusiones nosotros, para que jamás la derrota pueda enseñorearse sobre este glorioso pueblo que tanto ha confiado en todos nosotros.”

¡Que no venga el imperio aquí a tener cárceles secretas para torturar a los hombres y mujeres progresistas del resto de este continente que hoy se levanta decidido a la segunda y definitiva independencia!

“Más vale que no quede ni la sombra del recuerdo de ninguno de nosotros y de ninguno de nuestros descendientes antes de que tengamos que volver a vivir tan repugnante y miserable vida.”

“Habían engañado al mundo. Cuando surgieron los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no solo a base de mentiras, sino de reflejos condicionados. No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar, porque ya te crearon reflejos: ‘Esto es malo, esto es malo; el socialismo es malo, el socialismo es malo’, y todos los ignorantes y todos los pobres y todos los explotados diciendo: ‘El socialismo es malo.’ ‘El comunismo es malo’, y todos los pobres, todos los explotados y todos los analfabetos repitiendo: ‘El comunismo es malo’.

“‘Cuba es mala, Cuba es mala’, lo dijo el imperio, lo dijo en Ginebra, lo dijo en veinte lugares, y vienen todos los explotados de este mundo, todos los analfabetos y todos los que no reciben atención médica, ni educación, ni tienen garantizado empleo, no tienen garantizado nada: ‘La Revolución Cubana es mala, la Revolución Cubana es mala.’”

“¿De qué hablan? ¿Qué hace el analfabeto? ¿Cómo puede saber que el Fondo Monetario Internacional es bueno o malo, y que los intereses son más altos, y que el mundo está siendo sometido y saqueado incesantemente por mil métodos de ese sistema? No lo sabe.
“No enseñan a leer y escribir a las masas, gastan un millón de millones en publicidad cada año; pero no es que gasten, lo gastan en crear reflejos condicionados, porque aquel compró Palmolive, el otro Colgate, el otro jabón Candado, sencillamente porque se lo dijeron cien veces, se lo asociaron a una imagen bonita y le fueron sembrando, tallando el cerebro. Ellos que hablan tanto de lavado de cerebro, ellos lo tallan, le dan una forma, le quitan al ser humano la capacidad de pensar; y si todavía le fueran a quitar la capacidad de pensar a alguien que se gradúa en una universidad y puede leer un libro sería menos grave.

“¿Qué puede leer el analfabeto? ¿Cómo se entera de que lo están engatusando? ¿Cómo se entera de que la mentira más grande del mundo es decir que eso es democracia, el sistema podrido que impera ahí y en la mayor parte, por no decir casi todos los países que copiaron ese sistema? [...] Eso es lo que hace que cualquiera pueda ser, al cabo del tiempo, muchas veces más revolucionario de lo que era cuando ignoraba muchas de esas cosas y solo conocía los elementos de la injusticia y de la desigualdad.

“En el momento en que les digo esto no estoy teorizando, aunque hay que teorizar; estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad.”

“El precio del petróleo hoy no obedece a ninguna ley de oferta y demanda; obedece su precio a otros factores, a la escasez, al despilfarro colosal de los países ricos, y no es precio que tenga que ver con ley económica alguna. Es su escasez frente a una creciente y extraordinaria demanda.”

“Nosotros estamos invitando a todo el pueblo a que coopere con una gran batalla, que no es solo la batalla del combustible, de la electricidad, es la batalla contra todos los robos, de cualquier tipo, en cualquier lugar.”

“No tengo nada contra alguien, pero tampoco tengo algo contra la verdad. No estoy casado con mentira alguna, el que quiera ponerse bravo, lo lamento, pero le advierto de antemano que va a perder la batalla, y no va a ser un acto de injusticia ni de abuso de poder.”

“Tú gastas en total 1,9 dólares por 300 kilowatts de electricidad; es decir, un precio de 0,63 centavos (Menos de 1 centavo) de dólar por un kilowatt cubano de electricidad. ¡Qué maravillosamente bello!

“¿Cuánto gasta el pueblo de Cuba, por culpa de ese dólar que te enviaron de allá? Porque este no fue un dólar que tú te ganaste, o un peso, trabajando [...] te lo envían de allá, alguien que fue saludable, todo lo que estudió fue gratuito desde que nació, no está enfermo, son los ciudadanos más saludables que llegan a Estados Unidos, tienen una Ley de Ajuste, y tienen, además, prohibido enviar remesas.”

“Claro que no gastaste ni un centavo de lo que te enviaron en medicina, la medicina está subsidiada, si la compraste en una farmacia, la que no se llevaron y no vendieron por ahí, tú gastaste en adquirirla el 10% de lo que cuestan en divisas. Si fuiste al hospital y a lo mejor te operaron hasta del corazón, el tobillo, tu operación puede costar 1 000, 2 000, 10 000; allá en Estados Unidos si a ti te da un infarto y te ponen una válvula, puede ser lo que le costó a un empleado nuestro allá en la Oficina de Intereses, 80 000 dólares. A ti nunca te dejaron de atender; puede haber un maltrato en un hospital, pero, ¿tú has ido alguna vez a algún hospital donde no te hayan atendido?”

“…un día [...] la Revolución, con los instrumentos desarrollados por la técnica, podrá saber dónde se encuentra cada camión, en cualquier lugar, en cualquier calle. Nadie podrá escapar en el camión e ir a ver a la tía, [...] a la novia. No es que sea malo ver el familiar, el amigo o la novia, pero no en el camión destinado al trabajo…”

“Necesitamos aplicar el máximo de racionalidad en el salario, los precios, las jubilaciones y pensiones. Cero derroche. [...] No somos un país capitalista, en que todo se deja al azar.

“Subsidios o gratuidades, solo en cosas esenciales y vitales. [...] ¿Y con qué pagamos los costos? [...] Todo está a nuestro alcance, todo pertenece al pueblo, lo único no permisible es despilfarrar riquezas egoísta e irresponsablemente.

“Realmente yo no tenía el plan de enfrascarme en una conferencia sobre tan sensibles temas, pero habría sido un crimen desaprovechar esta oportunidad para decir algunas de las cosas que tienen que ver con la economía, con la vida material del país, con el destino de la Revolución, con las ideas revolucionarias, con las razones por las cuales iniciamos esta lucha, con la colosal fuerza que tenemos hoy, el país que somos y podemos seguir siendo, y mucho más de lo que somos.”

“A ustedes les he hablado con toda la confianza que les puedo hablar.”

“…el país tendrá mucho más pero no será jamás una sociedad de consumo, será una sociedad de conocimientos, de cultura, del más extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo de la cultura, del arte, de la ciencia [...] con una plenitud de libertad que nadie puede cortar. Eso lo sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque sí recordarlo.”

“Nadie debe tener derecho a fabricar armas nucleares. Menos aun el derecho privilegiado que ha impuesto el imperialismo de imponer su dominio hegemónico y arrebatarles a los países del Tercer Mundo sus recursos naturales y materias primas.”

“Debe acabarse en el mundo la zoquetería, los abusos, el imperio de la fuerza y del terror. Este desaparece ante la ausencia total de miedo y cada vez son más los pueblos que tienen menos miedo, cada vez serán más los que se rebelen y el imperio no podrá sostener el infame sistema que aún sostiene.”

“Es muy justo luchar por eso, y por eso debemos emplear todas nuestras energías, todos nuestros esfuerzos, todo nuestro tiempo para poder decir en la voz de millones o de cientos o de miles de millones: ¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!”

Así concluí aquel discurso, que hoy de nuevo ratifico.

Muchas gracias.

Noviembre 17 de 2010

Leer Más......

domingo, 5 de septiembre de 2010

Mensaje a los estudiantes universitarios de Cuba


Fidel Castro Ruz

Queridos compañeros:

Les pedí reunirnos hoy temprano, antes de que nuestro Sol caliente demasiado.

Esta escalinata, a la que nunca imaginé volver, guarda imborrables recuerdos de los años en que comencé a tener conciencia de nuestra época y de nuestro deber. Se puede adquirir conocimientos y conciencia a lo largo de toda la vida, pero jamás en ninguna otra época de su existencia una persona volverá a tener la pureza y el desinterés con que, siendo joven, se enfrenta a la vida. A esa edad, descubrí mi verdadero destino.

Es por ello inevitable que, en estos instantes, me acompañe el recuerdo de tantos compañeros que conocí hace exactamente 65 años. Fue en la primera semana de septiembre cuando ingresé en esta Universidad, que era la única del país. Es mejor que no intente siquiera preguntar por cada uno de ellos, y guardar solo el recuerdo de cuando todos eran jóvenes y entusiastas y, por lo general, desinteresados y puros.

Me anima sobremanera tener presente a los que son hoy, como nosotros ayer, aunque incomparablemente más cultos, más libres y más conscientes.

Entonces, sobre esta colina universitaria caía el poder de la fuerza bruta y la brutalidad de la fuerza, la inconsciencia y la corrupción aplicada a nuestro pueblo.

Gracias al ejemplo de los que nos habían precedido, a los estudiantes fusilados por exigencia de las hordas de los llamados voluntarios españoles, nacidos muchos en esta tierra que se ponían al servicio de la tiranía española, gracias al Apóstol de nuestra independencia y a la sangre derramada por decenas de miles de patriotas en tres guerras de independencia, nos precedía realmente una historia que inspiraba nuestras luchas. No merecíamos ser colonia de un imperio mucho más poderoso todavía, que se apoderó de nuestra Patria y de una buena parte de la conciencia nacional, sembrando el fatalismo con la idea de que era imposible sacudirse de tan poderoso yugo.

Peor aún, había surgido ya una poderosa capa explotadora que, al servicio de los intereses del imperio, saqueaba a nuestro pueblo extrayendo riquezas, manteniéndolo maniatado e ignorante a través de la fuerza, y no pocas veces, utilizando a otros nacidos en el país, para actuar como torturadores y asesinos de sus hermanos.

La Revolución puso fin a esos horrores, es por ello que podemos reunirnos aquí esta mañana de septiembre.

Cuán lejos estábamos de pensar después del triunfo que, en una ocasión como esta, volveríamos a reunirnos en esfuerzos aún mayores y con objetivos superiores a los que, en un tiempo, nos parecieron las más altas metas de los pueblos, en aras de la justicia y la felicidad de los seres humanos.

No pareciera posible que un país tan pequeño como Cuba se viera obligado a cargar el peso de la lucha contra aquellos que han globalizado y sometido el mundo a un inconcebible saqueo, y le ha impuesto un sistema que hoy amenaza la propia supervivencia de la humanidad.

No hablo solo en pro de los intereses de nuestra nación. Podría decirse que tales objetivos quedaron atrás, en la medida en que la existencia y el bienestar de los pueblos dejaron de ser nuestros objetivos, en aras de intereses mundiales, sin los cuales, la vida de las naciones es imposible. También es cierto que, en nuestras luchas por la emancipación nacional y social, nuestro país, bastión del coloniaje español en este hemisferio, fue el primero en ser ocupado y el último en sacudir ese yugo después de más de 400 años de dominación.

Nuestra lucha por la liberación nacional se mezcló con el tenaz esfuerzo de los trabajadores de nuestro país por su liberación social. No fue obra de la voluntad; lo fue del azar. El mérito del pueblo cubano es haber sabido comprender y fortalecer los indisolubles lazos entre ambos. (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Fidel!”).

El tiempo que la humanidad dispone para librar esta batalla, es increíblemente limitado. A lo largo de más de tres meses de incesante batallar me esforcé modestamente por divulgar, ante un mundo inadvertido, los terribles peligros que amenazan la vida humana en nuestro planeta. Es sabido, y no me queda otra alternativa que recordar el hecho, de que no estamos viviendo la época de la caballería y el acero de las espadas acompañados por arcabuces de un disparo, que fueron precedidos durante siglos por las máquinas que demolían murallas o trataban de hacerlo, o los carros de combate tirados por caballos, que portaban cuchillos en las ruedas; armas, en fin, siempre crueles, pero de limitado poder destructivo que los humanos usaron para guerrear entre sí, desde que inventaron las mazas, hasta la Primera y Segunda Guerra Mundial, en las que usó armas automáticas, tanques, aviones de combate y fortalezas volantes, submarinos, torpedos, acorazados y portaaviones que elevaron las pérdidas humanas a decenas de millones de muertos, y a cientos de millones las víctimas de la destrucción, las heridas, las enfermedades y el hambre, secuelas inevitables de las guerras.

Dos artefactos nucleares fueron utilizados al final de la última contienda. Nunca el hombre concibió tan terrible destrucción y exterminio. Hace más de 60 años se habla del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki; por ahí hemos señalado que el poder destructivo de las armas acumuladas equivale a más de cuatrocientas cuarenta mil veces el poder de alguna de aquellas bombas. Es así, es lo que dice la matemática. No añado más porque tendría que usar palabras bastante duras respecto a las causas y a los responsables de esa tristísima realidad.

Pero eso no bastó. La pretensión de dominio económico y militar de los primeros en utilizar esos aterradores instrumentos de destrucción y muerte, condujeron a la humanidad a la posibilidad real de perecer que hoy enfrenta. No necesito argumentarles lo que ustedes ya de sobra conocen. El problema de los pueblos hoy día, digamos, el de más de siete mil millones de seres humanos, es impedir que tal tragedia suceda.

No me agrada decir la dolorosa verdad, que constituye una vergüenza para todo lo que se identifica como política y gobierno. Al mundo se le ocultó deliberadamente esta realidad y le ha correspondido a Cuba la dura tarea de advertir a la humanidad del peligro real que está confrontando. En esa actividad no debemos desmayar. He utilizado argumentos que no deseo repetir ahora. Frente a los escépticos, nuestro inconfundible deber es seguir librando la batalla. Me consta que un número creciente de personas en el mundo han tomado conciencia de la realidad.

Comentando la primera parte de la entrevista, publicada el lunes 30 de agosto por la directora de La Jornada en ese prestigioso órgano de prensa mexicano, un ciudadano de Nuestra América, que la conoció por el sitio Web CubaDebate, hizo llegar su opinión con palabras tan profundas que decidí incluir, en este mensaje a los estudiantes universitarios de Cuba, lo fundamental de sus ideas:

“Hago un llamado, a todos los países que hoy se encuentran involucrados en conflictos militares. Por favor, piensen siempre en lograr una paz verdadera, que es lo que nos conviene a todos. Nuestros hijos, nuestros nietos y seres humanos del mundo, todos se lo vamos a agradecer. Necesitamos vivir en paz y seguros en un planeta que cada día es menos habitable. Es muy fácil de entender. El armamento nuclear debe desaparecer, ningún país debe poseerlo, la energía atómica debe ser usada solo para el bien. LA ÚNICA VERDADERA VICTORIA ESTÁ EN GANAR LA PAZ.

“Hoy enfrentamos dos grandes desafíos: la consolidación de la paz mundial y salvar el planeta del cambio climático. Lo primero es lograr una paz duradera sobre bases sólidas, la segunda es la de revertir el cambio climático. Hay que tomar conciencia de estos problemas que nosotros mismos los hemos creado y que somos los protagonistas de los cambios que tenemos que lograr. El panorama del siglo pasado no era igual que el de este siglo. El armamento, en estos momentos, es más sofisticado y mortífero y el planeta más débil y contaminado.

“Conferencia Mundial de Cambio Climático de Cancún. [...] la única oportunidad que nos queda. [...] Estamos llegando a un punto crítico donde no existe marcha atrás. En ese momento, por miedo, quisiéramos hacer cualquier cosa para salvar nuestras vidas, pero ya todo sería en vano y demasiado tarde. Las oportunidades en nuestras vidas pasan por delante de nosotros una sola vez y hay que saberlas aprovechar. Nuestra Madre Naturaleza es como un fumador pasivo que aunque no tiene vicio, la enfermamos indiscriminadamente.”

“Nadie tiene el derecho de usar la violencia contra ningún ser humano, país o nación. Nadie puede cortar un árbol si antes no plantó tres. [...] No podemos estar de espalda a la naturaleza. Todo lo contrario, debemos permanecer siempre abrazados a ella. Porque nosotros mismos somos naturaleza, formamos parte de ese abanico de colores, de sonidos, equilibrio y armonía. La naturaleza es perfecta.

“Kioto significó para todos los seres humanos una esperanza…”

“Si no hacemos nada. Nadie se salvará, no habrá lugar seguro sobre la tierra, ni en el aire, ni en el cosmos. La gran energía que diariamente se acumula por el efecto invernadero, ya que los rayos solares quedan atrapados y descargan más energía cada día sobre la superficie terrestre. Provocará que se produzcan desastres naturales de consecuencias impredecibles ¿Alguien en la tierra tendría un botón capaz de poder detener semejante desastre?”

“…no podemos perder tiempo en guerras anacrónicas que nos debilitan y agotan nuestras energías. Los enemigos hacen las guerras. Eliminemos todas las causas que provocan que el hombre vea al hombre como su enemigo. Ni los que se enfrentan en una guerra están conscientes de que esa sea la solución a sus problemas, reaccionan ante sus emociones y no les hacen caso a su conciencia pensando erróneamente que el camino a la paz es la guerra. Yo digo, sin ninguna posibilidad de error, que la paz con la paz se logra y: SI QUIERES LA PAZ, PREPARETE PARA CAMBIAR TU CONCIENCIA (Aplausos).”

Hasta aquí lo esencial de sus palabras, bien sencillas y al alcance de cualquier ciudadano del mundo.

El miércoles primero de septiembre, cuando elaboraba este mensaje, una información publicada por el sitio Web CubaDebate nos trajo la siguiente noticia: “Una nueva ola de filtraciones sobre un ataque contra los objetivos nucleares de Irán que Israel prepara junto con Estados Unidos esta vez puede tener un fundamento real, considera en un artículo publicado este martes George Friedman, director ejecutivo del prestigioso centro Stratfor, que cuenta con antiguos analista de la CIA entre sus colaboradores.” Es una persona bien preparada y con prestigio.

La información continúa expresando:

“Han sido numerosas las ocasiones en las que se han difundido diferentes versiones del posible ataque contra la República Islámica supuestamente filtradas desde los servicios secretos. Según expertos, se trataba de un intento de ejercer presión psicológica sobre Teherán para hacerlo buscar el consenso con Occidente.”

“…esta técnica no prosperó y es muy poco probable que se vuelva a emplear con el mismo objetivo, señala Friedman…”

“‘Es paradójico, pero la nueva tanda de rumores sobre la guerra esta vez puede ir dirigida a convencer a Irán precisamente de que no habrá guerra, mientras en realidad se está preparando ya’…”

“El analista descarta por completo que Tel Aviv se atreva a emprender una operación militar sin contar con el apoyo del Pentágono.”

“Al mismo tiempo, el experto advierte que la consecuencia más grave del posible ataque contra Irán sería que la República Islámica bloqueara el estrecho de Ormuz, entre los golfos de Omán y Pérsico, lo cual colapsaría el 45% de los suministros mundiales de petróleo haciendo que se disparase su precio y dificultando la recuperación de la economía mundial tras la recesión.”

Así concluye la información.

Para mí resulta increíble que el temor a un ataque se deba a las consecuencias que puede tener en el precio del petróleo y en la lucha contra la recesión. No albergo, por mi parte, la menor duda de que la capacidad de respuesta convencional de Irán provocaría una feroz guerra, cuyo control escaparía de las manos de las partes beligerantes y la misma se tornaría irremediablemente en un conflicto nuclear global. Es lo que vengo sosteniendo.

Un significativo despacho de la AFP afirma que, “El ex primer ministro británico Tony Blair advirtió este miércoles que la comunidad internacional podría no tener otra alternativa que la opción militar si Irán desarrolla armas nucleares, en una entrevista con la BBC con motivo de la llegada de sus memorias a las librerías.”

Y continúa:

“‘Pienso que no hay alternativa a esto si continúan desarrollando armas nucleares. Deben recibir este mensaje alto y claro’, agregó haciéndose eco de una amenaza que ya han blandido varias veces Estados Unidos e Israel.” concluyo Blair.

Claro, si están fabricando armas nucleares ellos no tienen ninguna prueba ni la pueden tener, porque lo que están es usando unos centros de investigación, haciendo investigaciones; no tienen, hasta dentro de uno o dos años, como ellos mismos han declarado, material para empezar a fabricar una bomba. Esto, sin tomar en cuenta que los fabricantes de armas nucleares tienen 25 000 armas nucleares, sin contar las convencionales inimaginables. No tienen pruebas para ello, se trata de un centro de investigación. ¿Es una razón para atacarlos? Tener una planta que produzca energía eléctrica, partiendo del uranio, es algo que no constituye un delito, y para ellos es una prueba de la fabricación de armas. Ya lo hicieron, lo hicieron en el 1981 contra un centro de investigación iraquí, y lo hicieron en el 2007 contra un centro de investigación sirio; de ese no se habló, es una especie de misterio por qué no se habló. Porque hay cosas terribles que ocurren de las que no se habla y nadie las publica.

Bueno, esas son las pruebas, porque se habla de atacar esos reactores y esos centros de investigación. Por eso no hay que dejarse confundir con la palabrita de “si intentan” fabricar armas nucleares.
Un despacho noticioso de la agencia ITAR-TASS comunica que: ”Las sanciones contra Irán no reportarán un resultado deseado, el problema iraní no debe ser resuelto por ningún método de fuerza. Así manifestó hoy el jefe de la diplomacia rusa Serguéi Lavrov en su intervención ante estudiantes del Instituto -qué casualidad- de Relaciones Internacionales MGIMO.”

Y continúa el cable:

“Partimos de que ningún problema mundial debe resolverse por métodos de fuerza, señaló. Lavrov llamó atención a la postura del presidente de EE.UU., Barack Obama, en relación con Irán, particularmente, la involucración de Irán en el proceso negociado. Saludamos una normalización de las relaciones entre EE.UU. e Irán, acotó.”

Estimo que Rusia no es solo miembro del Consejo de Seguridad con derecho a veto, sino también un poderoso país cuya opinión no puede ser ignorada. Independientemente de que en esa Resolución del 9 de junio, todos los que tienen derecho al veto apoyaron la Resolución. Turquía y Brasil no la apoyaron, y Líbano se abstuvo. Ese era un momento de gran importancia, porque la Resolución quedó aprobada, la que autoriza la inspección de los mercantes iraníes y además establecieron un plazo, decían 90 días, hay algunos que dicen que el 9 se vence, otros que el 7. Además dice que ese día tenían que informar si acataron o no.

Ahora hay que ponerse a esperar a ver qué hacen dentro de esta situación, cómo valoran la opinión mundial, qué efecto tendrá, si inventan otro plazo o no, si declaran que no lo van a hacer, o si ratifican que lo van a hacer, podrá tardar más o menos, no puede ser mucho tiempo.

Les recomiendo que estemos atentos, que les pidamos a nuestros medios de información que nos comuniquen, para seguir de cerca la situación.

Gracias a los medios electrónicos hay personas en el mundo, un número creciente de personas, que se informan, porque no pueden impedirlo, independientemente de que las agencias noticiosas y los grandes medios de información en manos de poderosas empresas capitalistas, guarden silencio, el mundo se está enterando. Se los digo por la cantidad de mensajes que llegan. Yo les leí una opinión que escogí: es a las 4:52, a las 4:54, otra a las 4:55, los compañeros que recogen explican que llegan de todas partes del mundo, no solo de América Latina. Es imposible recogerlos y comentarlos, tenemos una idea de los estados de opinión, de la credibilidad que le dan o no, y les puedo decir que dan una credibilidad grande, como ustedes se la están dando. Se ve claro, y eso es decisivo. Es una etapa nueva, nunca se conoció una situación parecida a esta.

Por lo tanto, yo les sugiero a ustedes, y a todos nuestros compatriotas que traten de estar atentos, y a nuestros medios de prensa que informen, porque a veces se guarda un silencio extraño en la prensa internacional y después aparecen, de repente, una serie de noticias. Las que van a venir sucesivamente, cada día son más interesantes.

Nadie puede decir una palabra exacta de lo qué va a pasar, porque están desenvolviéndose estos acontecimientos.

¿Qué pasará el 7, el 9, el 15, el 20? Tenemos que hacer nuestros planes, los planes de trabajo, cada uno el suyo. Yo, por mi parte, me concentro; vengo concentrado en esto hace rato, recogiendo cuanta información es posible.

Pero en este problema todos tenemos una parte de trabajo, una parte de responsabilidad que no significa detener las cosas que estemos haciendo.

Además, otro país muy importante, es el último mencionado aquí, porque fue el último cable, fue de ayer por la tarde.

Un despacho de la agencia Reuters dice que: “La Unión Europea presiona a China para que cumpla las sanciones a Irán.”

Porque además del acuerdo famoso del 9 de junio, el número 1929, estableciendo las sanciones que mencioné, estas potencias satelitales europeas y de otras partes, impusieron sanciones adicionales para estrangular al país y, en este caso, se estaban quejando con relación a China, también con relación a Rusia sobre lo que harán, pero decía así:

“La responsable de política exterior de la Unión Europea Catherine Ashton, dijo el jueves que ha presionado a China para que se asegure que las empresas chinas no ocupen el lugar dejado por las otras compañías que han abandonado Irán a causa de las sanciones…” No dice cuáles sanciones, si las del Consejo o las de ellos, se debe estar refiriendo a todas, por supuesto.

Cualquier persona honesta puede comprender la complejidad del gravísimo problema que hoy amenaza al mundo.

Compañeros estudiantes universitarios, como en otros tiempos, al parecer lejanos y que a mí me parece fue ayer, les agradezco la presencia y el apoyo moral que ustedes le están ofreciendo a esta lucha por la paz (Aplausos). Los exhorto a no dejar de batallar en esa dirección. En esta, como en muchas luchas del pasado, es posible vencer (Aplausos).

¡Que la vida humana se preserve! ¡Que los niños y los jóvenes disfruten de ella en un mundo de justicia! ¡Que los padres y los abuelos compartan con ellos el privilegio de vivir!

La distribución justa de las riquezas materiales y espirituales, que el hombre es capaz de crear por el fabuloso desarrollo de sus fuerzas productivas, es ya la única alternativa posible.

Muchas gracias.

Septiembre 3 de 2010

Leer Más......

  ©Template by Dicas Blogger.