Contacto: juventudsurversiva@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta cultura y juventud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura y juventud. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de marzo de 2012

La Gran Fiesta de los Libros

Luis Britto García Rebelión

1

¿Por qué debe una nación crear libros? Porque los libros crean naciones. Al unificar los usos y prácticas de un idioma y preservar los valores de un pueblo, son la precondición de un poder político unificador. No podemos explicarnos Israel sin la Biblia, Grecia sin la Ilíada y la Odisea, China sin los Libros de la Sabiduría de Confucio, los países musulmanes sin el Corán, Italia sin El Príncipe o La divina comedia , y ni siquiera España sin El Quijote. La memoria colectiva, que al principio podía perecer con los profetas y haedas, ahora es imperecedera y compartida.

2

A tal sociedad, tal libro. En las comunidades originarias el libro es de todos y se recita ante la colectividad reunida. En las sociedades estratificadas pasa a ser patrimonio de una casta de escribas. Con el capitalismo, se masifica industrialmente. La oferta y la demanda rigen todo el circuito, desde la escritura hasta la destrucción de los ejemplares no vendidos. Antes la Santa Inquisición quemaba los libros que la gente quería leer; ahora el santo mercado reduce a pulpa aquellos que la gente no lee. Como todo producto industrial, el libro pasa a ser mercancía reservada para quienes pueden adquirirla y descifrarla.

3

En el capitalismo, dos factores influyen poderosamente en el consumo del libro: el nivel de ingresos y el nivel de educación. Ambos por lo regular están estrechamente relacionados. Instrucción formal elevada y alta remuneración tienden a ir de la mano. La primera resulta de la educación, que en las sociedades desiguales también está desigualmente distribuida. Los privilegiados se la reservan como instrumento de perpetuación del privilegio. La diferencia de lectura es también diferencia de nivel del desarrollo. La estratificación social es estratificación de la lectura.

4

Por consiguiente, las políticas sobre el libro son asimismo políticas económicas y sociales. Para el año 2000, en el mundo entero el promedio de años de escolaridad era de 6,7; en América Latina y el Caribe, de 5,7; en los países desarrollados, de 8,8. Para 1995, en el mundo entero culminaban la educación secundaria alrededor de un 35% de los habitantes; en América Latina, poco más de un 20%. En el mundo entero terminaba la educación superior más de un 19% de la población; en América Latina poco más de un 12% (Pineda, José G.: “Educación y crecimiento económico: un enfoque multidimensional”, Revista BCV . Vol.XIX. n°2, Caracas, julio-diciembre 2005 p. 124-125). En muchos de sus países no se ha vencido el analfabetismo.

5

En la última década, Venezuela ha realizado formidables esfuerzos para vencer estas carencias de la región. A fines del siglo XX, se proyectaba una privatización del sistema educativo que lo hubiera hecho inaccesible a la mayoría de los venezolanos. Pero con la llegada al poder de la Revolución Bolivariana en 1998, el gasto educativo saltó de menos del 3% del PIB al 5,4% en 2000 y al 6,3% en 2008. Gracias a la Misión Robinson, Venezuela alfabetiza 1.678.671 personas para 2009 y erradica el analfabetismo. En 1990, sólo 39,96% de los niños asistían al preescolar; en 2008 concurre más del doble, el 84,8%. Para 1998-1999, sólo el 53,41% de los niños en edad escolar asistía a la educación inicial pública; para 2008, lo hacen el 84.8%. No sólo se les garantiza la educación gratuita: para 2008, unos 4.055.135 alumnos del sistema de Educación Básica son atendidos por el Programa de Alimentación Escolar, un incremento de casi el doble desde 1999. En 1988 sólo el 18% de los jóvenes estaban matriculados en el sistema educativo, para 2008 es el 42,37%. En la última década el gobierno ha creado 15 nuevas universidades; la matrícula universitaria se duplicó de 894.418 educandos en 2000 a 2.109.331 en 2009. En Venezuela estudian 9.329.703 personas: uno de cada tres venezolanos en un país de más de 27 millones de habitantes. La inmensa mayoría de los establecimientos en todos los niveles son públicos y por tanto gratuitos; el acceso a la educación está universalmente garantizado.

6

Pero la derrota del analfabetismo y el incremento exponencial de la educación no garantizan el automático crecimiento del público lector. La talla moderada de éste no alienta el desarrollo de una gran industria editorial capitalista: las librerías importan títulos que la promoción editorial impone y los venden a precios prohibitivos. Para tener un país de lectores se requieren masivas políticas públicas de edición y de distribución a precios subsidiados o a veces gratuitos. Algunas cifras dan idea de este incremento. Para el año 2000, en Venezuela las instituciones públicas editaron 38 títulos. Para 2006 eran 1.022 títulos, para 2008, se imprimieron 829 títulos, más de dos por día. Más significativos son los números totales de ejemplares: para el año 2000, se imprimen 65.800 volúmenes; para el 2006 son 4.270.272 y para el 2008, ya son 5,838.880: casi un volumen por cada cuatro habitantes. Cinco revistas culturales circulan encartadas semanalmente en cotidianos afines al bolivarianismo. Esta producción es vendida o distribuida por 51 librerías públicas (Kuai-mare).

7

El libro optimiza sus efectos cuando el mismo ejemplar está disponible para varios usuarios. Para 2008 la Red Nacional de Bibliotecas Públicas cuenta con 56 bibliotecas públicas, 277 salones de lectura, 23 puntos de préstamos, 20 servicios móviles y adicionalmente 24 bibliotecas públicas, cada una en la capital de un estado. Para 2008, este sistema atendió 14.893.047 usuarios, que consultaron 33.314.937: más de una consulta por cada integrante de la población (Anuario Estadístico 2009, Instituto Nacional de Estadística, pp.244-247). Se realiza anualmente una Feria Internacional del Libro en Caracas, otra Feria del Libro de la Gobernación de Caracas, e innumerables eventos de la misma índole, públicos o privados.


8


La lectura parece pasión solitaria pero nos comunica con la humanidad. La cita entre libro y lector se vuelve fiesta entre lectores en las Ferias. Cada año hay varias en las capitales, una en la Gobernación de Caracas, y la Feria Internacional del Libro de Venezuela. La Feria Internacional del Libro de Venezuela 2012, que arranca el 9 de marzo, tendrá 126 kioscos y desarrollará unas 300 actividades en diez días; no quiero pensar en el número de títulos ni de ejemplares. Para el lector apasionado, todo el año es Feria del Libro. Abrir una página es la mayor fiesta imaginable. Este año me declaran Escritor Homenajeado, Monte Ávila inaugura la Biblioteca Luis Britto García, varias editoriales bautizan mis libros, la Cinemateca exhibe las películas basadas en mis guiones y Román Chalbaud presenta mi pieza de teatro Muñequita Linda . A ver si hago algo para merecer tantos honores.

CONSULTE TAMBIÉN:

http://luisbrittogarcia.blogspot.com

Versión en francés, gracias a la inteligente ayuda del amigo Romain Vallée: http://luisbrittogarcia-fr.blogspot.com

http://luisbritto.Wordpress.com

http://laplantainsolente.blogspot.com .
Libros de Luis Britto en Internet:
Rajatabla: www.monteavila.gob.ve
Dictadura mediática en Venezuela: www.minci.gob.ve
http://www.facebook.com/Luis.Britto.Garcia

Leer Más......

martes, 26 de julio de 2011

Caliban y la cultura insurgente

Néstor Kohan Rebelión

Para Roberto, maestro, compañero y amigo
Un clásico latinoamericano

Descifrar el enigma y trazar el derrotero de la cultura insurgente de Nuestra América implica, entre otras tareas impostergables, recuperar la obra de sus pensadores revolucionarios y sus intelectuales críticos. Este continente sufrido, rebelde e insumiso, no sólo ha encendido la llama de innumerables levantamientos e insurrecciones populares. Al mismo tiempo ha creado teoría y generado reflexión. Diga lo que diga la Academia y su sesgado canon eurocéntrico, también aquí tenemos nuestros clásicos.

Como los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de Mariátegui, El socialismo y el hombre en Cuba del Che o Dialéctica de la dependencia de Ruy Mauro Marini —para mencionar tan sólo tres obras emblemáticas— el ensayo Caliban de Roberto Fernández Retamar constituye una cumbre del pensamiento latinoamericano, de cuya publicación se conmemoran cuarenta años [i] .

Lo leímos tres veces, en distintas ediciones [ii] . En cada una de ellas el ensayo de Roberto nos sorprendió nuevamente. Sin ninguna duda, resiste varias lecturas, proporcionando cada vez nuevas aristas, ángulos no observados en las anteriores visitas, generando siempre renovadas preguntas.

En el fuego de los hornos

El Caliban de Fernández Retamar adquirió forma y contenido en el fuego de los hornos iluminado por esa luz insurgente que intentó convertir a la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de América Latina. Lejos de constituir un obstáculo, ese condicionamiento político que lo cinceló desde su mismo origen posibilitó una gran apertura para sus planteos radicales.

Tratando de legitimar la irreverencia de la revolución cubana, el ensayista y poeta lo escribe en medio de varios debates.

En primer lugar, discutiendo y polemizando con los promotores de la revista Mundo Nuevo, impulsada por la CIA a través de toda una seria de instituciones “pantalla” y anillos de protección cultural, como la Fundación Ford, destinados a ocultar los verdaderos objetivos de dicha publicación: el combate por la hegemonía (y el intento de neutralización) de la intelectualidad crítica latinoamericana. En el ojo de la tormenta, Fernández Retamar encabeza la indignada denuncia antiimperialista que impugna la presencia del dólar norteamericano y de los aparatos de inteligencia militar yanqui, escondidos detrás de la “inocente” crítica literaria de Mundo Nuevo [iii] .

En segundo lugar, abordando los desafíos y los tremendos sinsabores que le generó a la revolución cubana la prisión de Padilla y sus “autocríticas”, donde algunos segmentos de la intelectualidad europea creyeron ver un calco automático de los juicios de Moscú del año 1936, en los cuales el estalinismo liquidó a la vieja guardia bolchevique que había encabezado la revolución de octubre junto a Lenin (en el caso cubano, nadie murió y Padilla estuvo, seguramente sin necesidad, no más de 30 días en la cárcel, en la cual jamás recibió torturas ni apremios).

En tercer lugar, intentando sistematizar las grandes líneas estratégicas de la política cultural —tanto en la lectura del pasado como en la estrategia de futuro— que guiaron como mínimo los primeros doce años de la revolución cubana.

El ensayo de Roberto Fernández Retamar (del cual nunca renegó, por lo cual se siguió editando, con suplementos y nuevos textos complementarios hasta el día de hoy) seguramente corona la primera fase de la revolución cubana, la más radical y profunda, que no desapareció posteriormente pero que atravesó no pocos vaivenes y avatares que ahora no es posible indagar por razones de espacio [iv] .

Un programa antiimperialista para la cultura

El ensayo Caliban condensa con gran maestría, lucidez y capacidad de síntesis todo un “programa” de investigación, reflexión y debate sobre nuestra cultura, nuestras raíces y nuestro horizonte político futuro, pergeñado desde un ángulo inocultablemente antiimperialista y anticapitalista. Un punto de partida que, a nuestro modo de ver y entender, sigue estando a la orden del día y de ninguna manera ha caducado, aunque se vayan desplazando los escenarios de disputa frente a distintas modalidades e intervenciones del imperialismo [v] .

Una de las principales virtudes de ese ensayo reside en su cuestionamiento sin ninguna ambigüedad del eurocentrismo y la cultura especular que para poder sobresalir debe reflejar pasivamente los brillos, las luces, las normas y criterios de consagración, los tics y las categorías de la mirada europea. Si hay un tipo de intelectual que recibe un golpe fulminante en la escritura de Caliban es el intelectual ventrílocuo, que mueve los brazos, la boca y la pluma sin voz propia o al menos reproduciendo una voz inocultablemente ajena.

Esa figura que mezcla la mentalidad colonial, el cipayismo y la sumisión sin el más mínimo beneficio de inventario ante la cultura de las grandes metrópolis capitalistas, falsamente presentada como “universal”, puede rastrearse en la crítica de diversos exponentes de la intelectualidad domesticada. Desde los más brillantes, refinados y eruditos (por ejemplo nuestro compatriota Jorge Luis Borges, por quien Fernández Retamar no deja de reconocer, a pesar de su ácida crítica, su sincera admiración, al punto de reunir años más tarde escritos suyos en una antología [vi] ), pasando por antiguos izquierdistas devenidos rápidamente en conversos (por ejemplo Carlos Fuentes) hasta segundones de tercera o cuarta línea (como es el caso del crítico literario Emir Rodríguez Monegal, quien se prestó mansamente a encabezar un emprendimiento cultural con dineros de la CIA). Todo ese abanico intelectual es impugnado en un mismo movimiento multicolor por el autor de Caliban.

¿Fue un error? Creemos que no.

Frente a esa mentalidad colonial, de quienes se sienten “el mejor alumno” por repetir mecánicamente lo que el magister europeo dictamina, Roberto defiende la necesidad de una intelectualidad crítica con mentalidad emancipada y fuertemente enraizada en el suelo popular. Pero no se queda en el cómodo y políticamente correcto “compromiso” (de todas formas, tan vilipendiado durante los años crueles del neoliberalismo y el posmodernismo). El programa político-cultural de Caliban va más allá. Comprometerse implica solidarizarse con alguien que sufre o padece, que lucha por una causa justa por la cual se experimenta cierta empatía y solidaridad pero… que en última instancia se sigue considerando ajena. El “compromiso” es con un “otro”. Fernández Retamar, en sus polémicas y en sus argumentos, realiza una entusiasta defensa del intelectual militante, no simplemente crítico ni meramente “comprometido”, sino orgánico del movimiento emancipador revolucionario. Eso fueron precisamente José Carlos Mariátegui y Ernesto Che Guevara; nada diferentes a Simón Bolívar y José Martí, o José de San martín y Mariano Moreno.

Fernández Retamar no habla ni escribe desde el vacío de una supuesta “esfera pública” incontaminada, incolora e insípida (equidistante y neutralmente valorativa), como propondría, para mencionar tan sólo un nombre significativo y famoso en el campo del pensamiento, Jürgen Habermas.

Tanto la crítica y las impugnaciones como la propuesta político cultural de Caliban se realizan desde la revolución cubana. La voz del autor no juega a ser portavoz “oficial” ni funcionario dócil. Fernández Retamar es sin duda alguna uno de los principales exponentes intelectuales de la revolución cubana.

Dejando a un costado cualquier simulación de neutralidad, su voz y su escritura interpelan al lector o la lectora desde una singular institución conocida como «Casa de las Américas» que en esos años se convirtió de hecho, bajo el liderazgo de Haydée Santamaría y del propio Fernández Retamar, en el puente cultural contrahegemónico que permitió abrir un diálogo y tejer múltiples alianzas con toda la rebeldía y las insurgencias de América latina (vínculo que había sido roto por el bloqueo económico, diplomático, político y militar impulsado hasta el día de hoy [2011] por Estados Unidos).

Aunque en ediciones y agregados suplementarios posteriores al Caliban original Roberto Fernández Retamar se esfuerza por contextualizar o matizar algunos componentes denuncialistas de su primera versión, nosotros consideramos que estas tres dimensiones (la crítica, la propuesta y el ángulo político insurgente asumido de manera explícita) continúan escandalosamente vigentes. Aquellos aspectos más disruptivos, iconoclastas e incluso chocantes que el recorrido atento de este ensayo permite entrever a un lector o lectora del siglo XXI, no fueron “errores”, “exabruptos” ni “exageraciones” personales de Roberto. Fue la revolución cubana en su conjunto —de manera abierta y radical en esos primeros doce años, luego con entonaciones diferentes que fueron variando en diversas coyunturas históricas— la que se animó a atropellar contra el canon de la cultura oficial, contra los estándares habitualmente tolerados por el arco de lo políticamente correcto, violentando en la teoría y en la práctica el horizonte de ese seudo “pluralismo” pegajoso y del progresismo ilustrado y bienpensante con que, todavía hoy, se sigue asfixiando, neutralizando y aplastando toda disidencia radical. En el siglo XXI esa tarea, por más que suene “exagerada” o genere crispación, permanece pendiente.

La dialéctica, de Sarmiento a José Martí

El trabajo de Fernández Retamar, no desprovisto de erudición ni de filología hermenéutica, nunca se limita a una mera indagación en los personajes de La tempestad (1611, la última gran obra de William Shakespeare) ni a la descripción de su recepción latinoamericana. Junto a los “personajes conceptuales” del teatro isabelino, por Caliban desfilan José Martí, Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, José Enrique Rodó, Julio Antonio Mella, Aníbal Norberto Ponce, Oswald de Andrade [vii] , Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Fidel Castro y el Che Guevara, entre muchos otros y otras de una extensa secuencia histórica. Todos intelectuales.

Lo que sucede es que la estructura íntima de esta obra gira, aún sin citarlo de manera explícita ni redundante (como se pondría de moda años después en el mundillo académico), en torno a la gran pregunta gramsciana: ¿cómo generar una intelectualidad revolucionaria que pueda crear el tejido ideológico de la hegemonía socialista y antiimperialista de Nuestra América?

Para responder esa pregunta, Fernández Retamar no apela a un esquema genérico ni a citas de los clásicos marxistas (modalidad muy común en la cultura de los manuales importados de la Unión Soviética, que comenzarían a predominar en Cuba a partir de 1972 hasta por lo menos 1986) [viii] . Ensayando una especie de sociología de la intelectualidad latinoamericana, Caliban recorre una serie altamente significativa de intelectuales emancipados y coloniales, antimperialistas y cipayos, revolucionarios y defensores del status dependiente de la cultura latinoamericana.

La matriz dialéctica inicial que Fernández Retamar recorta y propone para comenzar a desplegar ese tipo de ejercicio permanente de comparación y analogía por contraposición (sin caer nunca en visiones dicotómicas esquemáticas ni en antinomias simples propias de un discurso estructurado a partir de la lógica formal) está centrada en dos arquetipos fundamentales: Martí y Sarmiento [ix] . De allí que Caliban proporcione una aproximación fundamental para los debates de Argentina, al animarse a discutir sin tapujos las contradicciones de una de sus principales figuras históricas, emblema de toda la cultura oficial, de raíz burguesa y liberal, pero también de importantes segmentos de la izquierda marxista en sus diferentes familias internas [x] .

Si el paradigma dialéctico inicial elegido por Fernández Retamar se estructura a partir de dos modelos intelectuales del siglo XIX, el resto de su ensayo gira en torno al siglo XX. Siempre sobreimprimiendo estos acuciantes debates políticos sobre el fondo de los personajes de Shakespeare (recuperados, interpelados, resignificados y en última instancia «comidos» como buen antropófago en clave latinoamericana).

Mediante un diálogo socrático con Caliban Roberto nos va llevando desde Shakespeare y la conquista de América a las aporías irresueltas del siglo XIX, y de allí a los problemas de la cultura antiimperialista y la hegemonía socialista en el siglo XX (y XXI, ya que las últimas ediciones prolongan aquellas discusiones de 1971 hasta nuestros días).

¿Cómo termina el ensayo? Con un programa político cultural explícitamente guevarista, dialogando en voz alta con las reflexiones del Che, ya no como póster comercial o inofensivo icono pop, sino como interlocutor, teórico y pensador marxista de la revolución latinoamericana de nuestro tiempo. El guevarismo como programa para la cultura insurgente de Nuestra América. ¿Se entiende entonces por qué consideramos que este ensayo continúa vigente hoy en día?

Shakespeare, desde Nuestra América

Si nos detenemos en el punto de partida de Caliban, la primera interrogación que surge es, desde luego: ¿por qué Shakespeare, un autor inglés y europeo, para pensar nuestra cultura? Lo que sucede es que el ensayo de Fernández Retamar se inicia respondiendo la provocadora pregunta de un periodista europeo: “¿acaso existe una cultura latinoamericana?” [xi] .

Más allá de la existencia de aquel periodista —real o imaginaria, verídica o provocadora, da exactamente lo mismo— la elección de Shakespeare no es exclusiva de Roberto. Proviene del siglo XIX y principalmente del pensador uruguayo José Enrique Rodó [xii] . El Caliban de Fernández Retamar puede ser leído desde muchas perspectivas y ángulos, pero principalmente como un dilatado y extenso diálogo con el Ariel de Rodó. Aquella obra, publicada en 1900 (su autor tenía entonces 29 años), justo en el cambio de siglo, apela al simbolismo de las imágenes y personajes construidos por el dramaturgo isabelino en La tempestad para plantear una oposición irreductible entre América Latina y los Estados Unidos, potencia identificada como la encarnación mediocre y cuantitativa de un “mercantilismo corruptor” y de un despiadado despotismo imperial. No es casual que Rodó haya sido fuertemente conmocionado —como gran parte de los escritores vinculados al modernismo [xiii] — por la intervención norteamericana en la guerra entre Cuba y España [xiv] . Identificando a los Estados Unidos como el gran peligro para el porvenir y la independencia de América Latina, Rodó apela a los personajes simbólicos de Shakespeare, creyendo ver en Caliban la síntesis de todo lo detestable de la modernidad imperialista desplegada en forma expansiva desde los Estados Unidos —y su sociedad mediocre, cuantitativa, mercantil y vulgarmente materialista—; refugiándose al mismo tiempo en “la parte noble y alada del espíritu”, es decir, en la espiritualidad cualitativa de la cultura y el arte, condensados metafóricamente en el personaje Ariel [xv] .

“Quizás Rodó —apunta Benedetti— se haya equivocado cuando tuvo que decir el nombre del peligro, pero no se equivocó en su reconocimiento de donde estaba el mismo” [xvi] . Sólo por eso, aquel ensayo de Rodó merece pasar a la historia, aun cuando su prosa permanezca más vinculada al siglo XIX que al XX y pueda cuestionarse su interpretación de los personajes shakesperianos y su homologación errónea del imperialismo norteamericano con Caliban.

Fernández Retamar realiza una minuciosa historia de las diversas lecturas y hermenéuticas que fueron reconfigurando la significación política y cultural otorgada a cada personaje de la obra de Shakespeare. Lejos de la primera asimilación modernista (de Rubén Darío y Rodó) entre Caliban y Estados Unidos, la conclusión de su ensayo apunta a señalar que Caliban sintetiza y condensa como “personaje conceptual” el conjunto de problemáticas de los pueblos de América latina y el Tercer Mundo sometidos, explotados y sojuzgados por el imperialismo. “Nuestro símbolo no es pues Ariel, como pensó Rodó, sino Caliban” [xvii] .

A diferencia de lo que sucede con Caliban, en el caso del personaje Ariel, Fernández Retamar no cuestiona la interpretación habitual que lo identifica —desde el uruguayo Rodó y el cubano Julio Antonio Mella hasta el martiniqueño Aimé Cesaire, pasando por los argentinos Aníbal Ponce y Deodoro Roca, entre otros— con la figura del intelectual [xviii] .

Si la discusión tradicional sobre La tempestad —que Fernández Retamar recupera tomando partido y haciéndose eco de polémicas anteriores— ha girado en torno a la disyuntiva sobre qué representan Caliban y Ariel, en los últimos años un nuevo personaje de la obra, hasta ayer en segundo plano, ha ganado la atención y entrado en la palestra del debate. Se trata de la bruja Sycorax, madre de Caliban, que según Shakespeare “opera con hechizos, sapos, escarabajos y murciélagos” [xix] . Ese personaje endemoniado y aparentemente difuso, siempre opacado y en un segundo plano, es recuperado con gran acierto y lucidez por el pensamiento feminista marxista de nuestros días [xx] .

Los conversos y su obsesión contra la historia

Uno de los tantos pasajes altamente sugerente (aunque escasamente transitado) del libro de Fernández Retamar es su intervención crítica y polémica hacia el escritor mexicano Carlos Fuentes [xxi] .

Se conoce que este famoso intelectual y novelista mexicano, ideólogo de la revista Mundo Nuevo financiada por la CIA y la Fundación Ford, ha sido un converso, como tantos otros. También se sabe que ha formado parte de todo un elenco que alquiló su pluma al servicio de causas poco nobles (staff en el que Retamar incluye a Guillermo Cabrera Infante, Emir Rodríguez Monegal, Severo Sarduy, entre otros). Pero a lo que se le ha otorgado inexplicablemente poca atención es a la especificidad de su intento de elaboración de argumentos para legitimar sin culpas su conversión hacia la derecha y su abandono de antiguas simpatías izquierdistas.

Fuentes se esfuerza por ridiculizar lo que denomina, peyorativamente, “la vieja obligación de la denuncia” (un eufemismo para rechazar el ejercicio del pensamiento crítico de escritores en particular e intelectuales en general). Lo hace a partir de ciertos ademanes estructuralistas, por entonces a la moda. “Sólo a partir de la universalidad de las estructuras lingüísticas pueden admitirse, a posteriori, los datos excéntricos de nacionalidad y clase”, afirmaba el mexicano hacia fines de los ‘60.

No es este el lugar para profundizar en la epistemología implícita en ese tipo de aseveraciones teóricas. Pero sí resulta útil identificar y destacar el estilo de pensamiento y de método común a varias generaciones de intelectuales conversos, que habitualmente comienzan en la rebeldía de izquierda y terminan en la derecha, la institucionalidad y la comodidad mediocre del orden establecido.

Al leer la argumentación de Fuentes (y la crítica de Fernández Retamar) nos sorprendimos. Porque un par de décadas más tarde, nos volvemos a chocar prácticamente con los mismos lugares comunes de Fuentes en las justificaciones de otra camada intelectual, en este caso argentina, también proveniente del marxismo y convertida con entusiasmo a la socialdemocracia [xxii] . Si en Fuentes el señuelo teórico de la conversión política residía en el estructuralismo lingüístico; en este último caso, la apelación al abandono de los criterios metodológicos marxistas, del análisis de clase, por un lado, y de toda perspectiva antimperialista, por el otro, se fundamentaba en una lectura sesgada de Michel Foucault.

Desde ese ángulo, una parte significativa de este elenco argentino postulaba una visión posestructuralista de la historia como si ésta consistiera en el suceder azaroso y caprichoso de “capas geológicas” sin ninguna conexión ni continuidad entre sí. En nombre de la crítica de una concepción hegeliana (basada, supuestamente, en el “mito del origen” y en la teleología), se terminaba prescribiendo el abandono de cualquier aproximación unitaria a la historia de Nuestra América, a la continuidad de sus luchas y resistencias a lo largo de períodos extensos, incluso de siglos; en consecuencia se terminaba negando la supervivencia de cualquier tradición (que no sea la del mercado y la “democracia” tal como ellos la entienden…).

De ese modo la historia termina académicamente descuartizada década por década (muy al estilo de los proyectos de investigación universitarios, donde jamás hay continuidad entre una época y otra; cuanto más detallista, descontextualizada y despolitizada la investigación, mejor, más posibilidades de obtener dinero y financiación tiene).

En nombre del “paradigma” (Thomas Kuhn), la “formación discursiva” (Michel Foucault) y la “problemática” (Louis Althusser), esa metodología de estudios de historia intelectual destaca y pone en relieve únicamente los cortes y la discontinuidad… obturando y cancelando de antemano —sin investigación previa, por puro prejuicio universitario— cualquier posibilidad de articular vasos comunicantes entre luchas y resistencias populares de diversas épocas. Sin ninguna posibilidad de encontrar una mínima continuidad y racionalidad en la historia, se esfuma cualquier construcción de una identidad política colectiva en la lucha de nuestros pueblos e incluso hasta la existencia misma de nuestra cultura. De allí que todo el ensayo Caliban comience intentando responder la pregunta: “¿acaso existe una cultura latinoamericana?”.

Si no hay identidad política y cultural, tampoco hay sujetos y sin sujetos no hay resistencia ni revolución. Eso es en definitiva lo que esta gente pretende cuestionar e impugnar [xxiii] .

¿El gran presupuesto de toda esta operación ideológica contra el marxismo, convertida institucionalmente en “programa de historia intelectual”? La apología acrítica del “especialista profesional” y el rechazo explícito de toda politización y militancia revolucionaria de la intelectualidad universitaria [xxiv] . De un lado el “campo intelectual” y del otro el “campo político” (Pierre Bourdieu, leído en clave sesgadamente profesionalista). De un lado la Academia, del otro lado y bien lejos, la revolución. Divorcio aplaudido como el mejor de los mundos posibles.

Con ese tipo de argumentos, tan similares a los defendidos por Carlos Fuentes y criticados en Caliban por Roberto Fernández Retamar, toda una franja de antiguos militantes izquierdistas, marxistas y revolucionarios, se pasaron a las filas de la socialdemocracia tras las dictaduras militares del cono sur y se replegaron en la universidad.

Por eso, para quien escribe estas líneas desde el sur de Nuestra América, resulta tan sugestivo releer una vez más Caliban. En su inteligente rechazo de las argumentaciones “puramente literarias” de Carlos Fuentes, Fernández Retamar adelanta en 1971 el núcleo central de las críticas a muchos conversos y ex izquierdistas de décadas posteriores…

¿Tienen derecho los conversos a cambiar de bando en las luchas sociales para vivir más cómodos? ¡Por supuesto que sí! ¿Tenemos derecho a no acompañarlos en su deserción y a sospechar de sus relatos apologéticos y autojustificatorios, disfrazados de “cientificidad académica profesional”? Si se deja de lado la mala fe, creemos que se nos debe conceder una respuesta igualmente positiva.

A contramano de esa metodología anti-dialéctica (utilizamos la expresión “anti” porque explícitamente se conforma como una arremetida en toda la línea contra el pensamiento dialéctico), para nosotros la historia no consiste en un caprichoso suceder de capas geológicas sin ninguna conexión entre sí (recordemos las aseveraciones en este sentido que hizo Michel Foucault en su Microfísica del poder). La historia tampoco constituye “un proceso sin sujeto” (como plantea Louis Althusser en su libro Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis).

Según nuestro modo de comprender, la historia constituye el resultado contingente de la praxis colectiva en la lucha de clases. Por sí misma, según nos enseñaron Marx y Engels en La ideología alemana, ella no hace nada. La historia es el ámbito donde actúan los sujetos. En ese accionar, se producen derrotas y victorias, hay cortes pero también continuidades. Luego de feroces represiones, matanzas y genocidios, los vencedores pretenden decretar “el fin de la historia” (Hitler, Francis Fukuyama, el Pentágono). Contra esa visión oficial, es tarea de los vencidos “pasarle el cepillo a contrapelo a la historia”, recuperar las luchas del pasado, la memoria de quienes nos antecedieron (Walter Benjamin) y así poder construir una identidad cultural y política colectiva como pueblos en lucha y resistencia [xxv] .

Esta concepción de la historia nos permite abordar nuestra cultura a partir de las luchas históricas, sin fetichismo de los particularismos ni metafísicas deterministas al margen de los sujetos. Las figuras conceptuales que Roberto Fernández Retamar modela en su Caliban se vuelven inteligibles y dan cuenta, precisamente, de la historia de la colonización y la resistencia de nuestro continente en función de un proyecto colectivo futuro.

Caliban y las insurgencias del siglo XXI

El ensayo de Fernández Retamar concluye proponiendo un programa para la cultura insurgente de Nuestra América, basado en las reflexiones de Fidel sobre la cultura —en los cuales el líder histórico de la revolución cubana se opone a asimilar la noción de “intelectual” con la de un grupo restringido de “hechiceros”, con un ademán desacralizador que mucho hace recordar los Cuadernos de la cárcel— y fundamentalmente en los escritos y discursos del Che Guevara. Desde “El socialismo y el hombre en Cuba” (donde Guevara reflexiona —cuestionando el realismo socialista y discutiendo sobre las vanguardias— acerca de los artistas, los becarios y otros intelectuales) hasta su célebre reclamo de que todo el mundo cultural y universitario de Nuestra América “se pinte de negro, de mulato, de obrero y de campesino”, es decir, de pueblo. En palabras de Roberto, el Che “le propuso a Ariel, con su propio ejemplo luminoso y aéreo si los ha habido, que pidiera a Caliban el privilegio de un puesto en sus filas revueltas y gloriosas” [xxvi] .

Cuatro décadas más tarde de aquellas últimas palabras proféticas con las cuales Fernández Retamar da la última pincelada a su ensayo, el programa político-cultural que estructura el discurso anticapitalista y antiimperialista de Caliban sigue quemando. La revolución no pasa de moda. Sus impugnaciones radicales, no fueron “crispaciones” propias de una época ya fenecida en tiempo y espacio, ni tampoco pecadillos infantiles, que habría que aggiornar o directamente abandonar en aras de una amplitud —«sin fronteras», según aquella vieja y triste expresión de Roger Garaudy— subordinada a la razón de Estado y a las conveniencias diplomáticas del momento actual. No. La perspectiva radical, tercermundista, crítica del capitalismo y el imperialismo, continúan siendo nuestro faro y nuestra brújula en las aguas turbulentas del siglo XXI. Seguimos marchando colectivamente en búsqueda de la tierra prometida y combatiendo contra los molinos de viento del capital. A veces cometemos errores o nos convertimos, involuntariamente, por nuestras propias limitaciones, en la armada Brancaleone. Otras, en cambio, logramos construir fuerzas sociales insurgentes con proyectos serios y a largo plazo. Pero siempre vamos, porfiados, en la misma dirección. No nos detendrán.

En estos tiempos Próspero (sojuzgador de Caliban en La tempestad) es más lúcido, cínico y astuto que en los años ’60 y ’70. Se disfraza de “progresista” para mantener a raya al pueblo e institucionalizar sus demandas radicales. Si en la obra de Shakespeare Caliban adoptó el lenguaje de Próspero, en nuestra época este último incorpora símbolos de rebeldía calibanesca para aggiornarse, mediante una revolución pasiva, manteniendo intactas las estructuras de la dominación, explotación, marginalidad y dependencia.

Hoy más que nunca Caliban necesita estrechar lazos con Ariel (el amauta de la isla) para emprender la batalla cultural contrahegemónica. Mariátegui propuso superar a Rodó [xxvii] , pero su reelaboración del marxismo en clave cultural (no economicista), permitiría tranquilamente identificar en la figura del amauta —el saber colectivo de la comunidad— a un Ariel resignificado desde los pueblos originarios y desde la tradición de Nuestra América. El programa de Amauta (la revista de Mariátegui) recupera y supera el Ariel dejando caer todo lastre de tentación aristocratizante o marca eurocéntrica (como cierto culto a Grecia que aun sobrevive en Rodó [xxviii] ). No es Grecia el subsuelo presupuesto en las insurgencias y los combates emancipadores de Caliban sino los pueblos originarios insumisos y la clase trabajadora en lucha.

A despecho de lo que decretaron los relatos posmodernos, multiculturales y posestructuralistas (que no nacieron, dicho sea de paso, ni en la selva Lacandona ni en las favelas, villas miserias o cantegriles de Nuestra América, sino en lo más elitista y snob de la Academia parisina y neoyorkina), Caliban no ha desaparecido. El sujeto no se ha esfumado en un abanico indefinido y polvoriento de inofensivos juegos de lenguaje. Por el contrario, hoy Caliban tiene muchos hijos e hijas, cada vez más rebeldes. La revolución cubana ya no está sola como cuando Roberto Fernández Retamar escribió su Caliban. La isla, perdón, quise decir, Nuestra América, está poblada por indomesticables calibanes. Próspero, a pesar de su keynesianismo armamentístico de “guerra infinita”, su gigantesco complejo industrial-militar y sus marines con mal aliento, tiene miedo. Por eso cada vez se pone más agresivo y guerrerista, instalando siete nuevas bases militares en Colombia tratando de frenar infructuosamente a la insurgencia comunista y bolivariana de las FARC-EP (y al ELN).

Mientras tanto lanza su IV flota imperial a recorrer y vigilar los mares, preparándose para futuras invasiones y bombardeos que van dejando tras de sí una estela tenebrosa de miles y miles de cadáveres (Afganistán, Irak, Libia, etc, etc). En nombre de la libertad, generaliza la vigilancia cibernética de todos los ciudadanos y a escala mundial, metiéndose en la vida privada de todas las personas, instalando cámaras de control cada medio metro, en cada cuadra, cada manzana y cada esquina, inspeccionando quien retira qué libro en cada biblioteca del planeta con una obsesión que haría sonrojar de vergüenza por su timidez al senador McCarthy. Su lupa gigantesca —repleta de satélites espías e infinitos programas de control— tiene bajo la mira la totalidad de la vida humana en el globo terráqueo. Ya no hay conversación que no sea escuchada ni persona que no sea fotografiada y clasificada.

En ese ambiente represivo y macartista que mucho se parece a 1984 y otras novelas de futurología antiutópicas, si hay una nueva tempestad será mucho peor que la que describió Shakespeare en su obra de teatro. Este sistema capitalista, sanguinario, totalitario y mugriento con su civilización depredadora, no sólo superexplota a la clase trabajadora, degrada a las mujeres, somete y humilla a infinitos pueblos del mundo. Por si acaso todo eso no alcanzara, además ha destruido el ecosistema y el clima, ya no sólo en la isla de La tempestad sino en todo el planeta.

Sí, en lo oscuro de la noche Próspero se pone nervioso, tiembla y teme. Los calibanes se multiplican bajo su bota prepotente y comienzan a moverse, con paciencia de hormiga y persistentemente a lo largo del tiempo. Las demandas de cambio se manifiestan a través de diversas formas de lucha, desde experiencias institucionales como el proceso bolivariano en Venezuela (con todas sus contradicciones internas), pasando por movimientos sociales de masas (como el Movimiento Sin Tierra de Brasil, entre otros) hasta el accionar de la insurgencia político militar (que no ha desaparecido ni es un “recuerdo nostálgico” de los años ’60). Permanece aún pendiente la construcción de una coordinación continental que reagrupe y aglutine esas variadas formas de lucha como proponía un muchacho de mi barrio llamado Lenin. Para ello habrá que superar sectarismos, pero también oportunismos reciclados en nombre de la “conveniencia diplomática”.

Esa lucha no queda reducida a Nuestra América. Allá, apenas un par de pasitos más lejos y al otro lado del agua, sigue resistiendo de pie y gran dignidad la justa lucha de nuestros hermanos palestinos y el pueblo vasco que reclama, con terquedad, independencia y socialismo, mientras en Europa, en el norte de África e incluso al interior de los mismos Estados Unidos se generalizan la indisciplina social, las protestas radicales y la desobediencia civil.

Tanto Caliban como sus hijos y sus hijas, en Nuestra América y en todo el mundo, deberán rechazar los cantos de sirena que hoy los invitan —en nombre de la razón de estado, del pragmatismo geopolítico e incluso del mercado convertido en nueva panacea— a volver con la cabeza gacha al regazo de Próspero.

Una de las grandes tareas del Ariel amautense o del amauta arielizado consiste en crear los instrumentos culturales y teóricos contrahegemónicos que permitan, con eficacia y suficiente atractivo para la juventud, contrarrestar esos envenenados cantos de sirenas. Nada mejor que los saberes rebeldes de las brujas insumisas de Nuestra América para combatir el encantamiento fetichista de las sirenas mercantiles. Caliban contra Próspero. Las brujas desobedientes contra las sirenas del marketing. Ariel, transformado en amauta insurgente, contra la mediocridad de los tartufos mediáticos promovidos por el imperio del dólar y el euro.

Gran razón tenía el Manifiesto Comunista de Marx y su amigo, Federico Engels. La historia latinoamericana (y mundial) no es más que la historia de la lucha de las clases y pueblos sometidos contra el poder. De eso se trata.

En pleno siglo XXI, Caliban salió de la isla y comenzó a luchar contra Próspero en todo el continente. Pero ya no pelea aislado sino en compañía y estrecha unidad con la bruja y con Ariel. Sólo la convergencia estratégica de los tres en un nuevo bloque histórico —como enseña Antonio Gramsci— podrá derrocar el poder económico, político y militar de Próspero.

Es esa alianza estratégica entre Caliban y el amauta (Ariel resignificado), articulada con los saberes sometidos y el cuerpo explotado de la bruja, la única que podrá enfrentar al feroz imperialismo de Próspero. La rosa blindada, símbolo de la cultura insurgente que los une, servirá para enfrentar con valor y decisión la violencia sistemática del capital.

Hoy el capitalismo, en medio de su crisis civilizatoria, asume con cinismo la pose de “tolerante”, “humanitario”, “pluralista” y “multicultural”. Si logramos mirar más allá de la punta del zapato, de poco le servirá ese disfraz.

La insurgencia popular y la revolución que pronto hará justicia continúan su marcha. Al lado nuestro vienen todos nuestros muertos y desaparecidos. Siguen sonando los tambores de la rebelión. Cada vez se escuchan más fuerte y más cerca. Los poderosos están nerviosos y tienen miedo, por eso aumenta su agresividad. Próspero sabe que a largo plazo perderá ya no sólo la isla sino todo el continente y el mundo.

Boedo, julio de 2011

NOTAS


[i] El trabajo fue publicado originariamente en el Nº68 de la revista cubana Casa de las Américas, en septiembre-octubre de 1971, bajo el título colectivo: “Sobre cultura y revolución en la América latina”. Ese número de la revista era el tercero dedicado a las discusiones del caso Heberto Padilla y todo el debate que se generó a partir de una carta pública redactada por Vargas Llosa y suscripta por varios intelectuales en Europa que cuestionaban la encarcelación de ese escritor.

[ii] La primera que utilizamos fue Caliban. Incorporado al libro Para el perfil definitivo del hombre. La Habana, Letras Cubanas, 1995. pp. 128-181. La segunda Todo Caliban. Chile, Cuadernos Atenea, 1998. La tercera Todo Caliban [Prefacio de Fredric Jameson]. Buenos Aires, CLACSO, 2004.

[iii] Hemos reconstruido las líneas centrales de esos debates en nuestro ensayo: “ La pluma y el dólar. La guerra cultural y la fabricación industrial del consenso”. En Casa de las Américas Nº 227. abril-junio 2002. Sobre esta misma problemática puede además consultarse con provecho María Eugenia Mudrovcic: «Mundo Nuevo». Cultura y Guerra fría en la década del ’60. Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1997 (estudio focalizado en el caso latinoamericano) y el formidable volumen de Frances Stonor Saunders: La CIA y la guerra fría cultural. Madrid, Editorial Debate, 2001 (donde se privilegia el abordaje de Europa y los Estados Unidos) .

[iv] Hemos tratado de profundizar en esas diversas fases políticas y culturales en nuestro ensayo “«Pensamiento Crítico» y el debate por las ciencias sociales en el seno de la Revolución Cubana”. Recopilado en AAVV: Crítica y teoría en el pensamiento social contemporáneo . Buenos Aires, CLACSO, 2006. pp.389-437. También hemos intentado delimitar y recorrer esas épocas políticas y culturales en un libro pedagógico dedicado a sistematizar la historia de la revolución cubana, desde José Martí a Fidel Castro [titulado Fidel para principiantes. Buenos Aires, Longseller, 2006. Traducido al inglés como Fidel: A Graphic Novel Life of Fidel Castro. New York, Seven Stories, 2009. (Edición cubana en preparación)].

[v] Aun manteniendo idéntico ángulo y perspectiva (antiimperialista y anticapitalista) para la cultura, no podemos desconocer ni soslayar algunos cambios notables en los escenarios e instituciones de confrontación. Si en tiempos de la redacción de Caliban la principal penetración de los aparatos de inteligencia estadounidense giraba en torno a los espacios de crítica literaria (donde se ubican las revistas, financiadas por la CIA y la Fundación Ford, Cuadernos y Mundo Nuevo) y alrededor de los programas de ciencias sociales (en cuyo seno aparecían los proyectos “Camelot” y “Marginalidad”, con los mismos mecenazgos norteamericanos encubiertos); durante los últimos años el interés político, la forma de intervención y el financiamiento de las agencias del imperialismo se desplazaron hacia ONGs y organizaciones supuestamente “humanitarias”, como la NED [ National Endowment for Democracy ] y USAID [U.S. Agency for International Development] . Para el caso de las ciencias sociales en los años ’60 véase la revista cubana Referencias N°1 (volumen 2, mayo-junio de 1970), número temático íntegramente dedicado a la temática: “Imperialismo y ciencias sociales”. Referencias era una publicación editada formalmente por el Partido Comunista de Cuba de la Universidad de La Habana y salía en forma paralela a Pensamiento Crítico. Para identificar los desplazamientos actuales de la forma de operar del imperialismo, v éase Eva Golinger y Jean Guy Allard: USAID, NED, CIA, la agresión permanente. En:

http://www.rosa-blindada.info/b2-img/agresionpermanente.pdf

[vi] Pueden consultarse los diversos escritos y estudios de Roberto Fernández Retamar sobre Borges en su libro Fervor de la Argentina. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1993. pp. 29-44.

[vii] Sobre quien se explaya en un artículo posterior titulado “Caliban ante la atropofagia” (1999, incorporado como suplemento a la edición de 2004 ya citada).

[viii] Véase nuestra entrevista a Fernando Martínez Heredia “ Cuba y el Pensamiento Crítico”. La entrevista fue realizada en La Habana el 19 de enero de 1993, publicada en Dialéktica Nº 3-4, Buenos Aires, octubre de 1993 y reproducida en América libre Nº5, junio de 1994. Incorporada a nuestro libro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires , Biblos, 2000. Prólogo de Michael Löwy. Reedición cubana con prólogo de Armando Hart Dávalos. La Habana, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2008.

[ix] Muchos años después, Roberto Fernández Retamar volverá sobre esa comparación, principalmente en su ensayo Algunos usos de civilización y barbarie. Buenos Aires, Contrapunto, 1989, reeditado, también en Buenos Aires, en 1993 por Letra Buena.

[x] Debemos recordar que en Argentina no sólo la tradición del viejo Partido Socialista (fundado por Juan Bautista Justo en 1896) fue sarmientina. También el Partido Comunista —escisión del socialismo nacida en 1918— bebió de las mismas fuentes. Su máximo pensador y teórico, Aníbal Norberto Ponce (de gran influencia en el joven Ernesto Guevara), le dedicó incluso varios de sus libros e hizo suyas muchas de las equivocaciones de Sarmiento (al final de su vida, en su exilio mexicano, Ponce comenzó a revisar su adhesión a las tesis racistas y coloniales de Sarmiento y publicó cinco artículos titulados “La cuestión indígena y la cuestión nacional”, México, 17 de noviembre de 1937 al 4 de febrero de 1938). Su temprana muerte le impidió continuar esa fértil reflexión que descolocaba totalmente el paradigma sarmientino de “civilización o barbarie”. Véase Aníbal Ponce Obras completas. Buenos Aires, Cartago, 1974. Tomo 4, pp. 657-667. Pero no sólo el socialismo y el comunismo argentinos fueron entusiastamente sarmientinos. Hasta un intelectual de inspiración trotskista dotado de gran erudición historiográfica —probablemente uno de los principales exponentes de esta constelación política, ubicada a la izquierda del PS y del PC—, terminó rindiendo homenaje y tributo a Sarmiento (aunque leído en este caso como un intelectual moderno carente de una burguesía pujante que pudiera llevar a cabo su proyecto modernizador). Véase Milcíades Peña: Alberdi, Sarmiento, el 90 . Buenos Aires, Editorial Fichas, 1973. Al menos en estas tres corrientes de izquierda Sarmiento fue hegemónico. Para una mirada mucho más atractiva y sugerente, realizada desde el marxismo, pero con un punto de vista crítico, creemos que la obra de David Viñas resulta fundamental. Véase David Viñas: De Sarmiento a Cortázar. Buenos Aires, editorial Siglo Veinte, 1971 y De Sarmiento a Dios. Buenos Aires, Sudamericana, 1998.

[xi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 19.

[xii] Antes que Rodó, Ernest Renan (1878) y Paul Groussac (1898), entre otros, habían apelado a La tempestad para pensar los problemas políticos y culturales contemporáneos pero en Rodó el planteo analógico alcanza realmente otra dimensión.

[xiii] Véase Roberto Fernández Retamar: “Modernismo, 98, subdesarrollo”. En Para el perfil definitivo del hombre. Obra citada. pp.120-127. En ese movimiento (nacido antes en Nuestra América que en España), además de Rodó, obviamente se encuentran Rubén Darío y uno de sus principales iniciadores, José Martí. Véase nuestra introducción al libro de Armando Hart Dávalos: Marx, Engels y la condición humana. Una visión desde Latinoamérica. Melbourne, Ocean Press, 2005. “La vitalidad del pensamiento radical latinoamericano”. pp. 3-17. A través de los manifiestos de la Reforma Universitaria de 1918 nacida en Córdoba, esa prédica modernista prolonga sus ecos y entonaciones antimperialistas en todo el continente y a lo largo de varias décadas del siglo XX. Hemos tratado de mostrar el modo en que la Reforma Universitaria jugó el papel de mediación entre el modernismo de fines del siglo XIX y la cultura antiimperialista del siglo XX en un caso emblemático: el del redactor del Manifiesto fundacional de todo el movimiento en 1918. Véase nuestro libro Deodoro Roca, el hereje. (El máximo ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918 hoy olvidado por la cultura oficial). Buenos Aires, Biblos, 1999. pp.17 y sig.

[xiv] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1966. p. 39.

[xv] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Buenos Aires, Losada, 1996. pp. 49-50. También Rubén Darío homologó a Caliban con Estados Unidos.

[xvi] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Obra citada. p. 95.

[xvii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.33

[xviii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.34 y sig.

[xix] Véase William Shakespeare: La tempestad. En Obras completas [traducción y estudio preliminar de Luis Astrana Marín]. Madrid, Aguilar, 1951. p. 2034.

[xx] Para una discusión de los personajes, leídos al mismo tiempo en clave feminista y marxista (desde un ángulo crítico con el feminismo liberal y posmoderno), véase el excelente libro de Silvia Federici: Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid, Traficantes de sueños, 2010. Principalmente p.288 y sig. Una obra contundente, demoledora y de largo aliento que permite repensar no sólo los personajes de Shakespeare analizados por Fernández Retamar en Caliban sino incluso El Capital y la concepción materialista de la historia de Marx y todo el sojuzgamiento de América Latina y el Tercer Mundo.

[xxi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. pp.56-60.

[xxii] Se trata de todo un conglomerado intelectual —de orígenes diversos, pero unificado en su variedad por el común rechazo de sus antiguas militancias marxistas—, agrupado en torno al Club de Cultura Socialista, de inspiración socialdemócrata y de llegada directa a varios gobiernos, universidades y editoriales en Argentina.

[xxiii] No es casual que uno de los principales exponentes teóricos de toda esta constelación ideológica, el profesor Oscar Terán (autor de una obra muy prolífica e impulsor de varios proyectos institucionales de historia intelectual, principalmente en las universidades de Argentina y México, donde ha hegemonizado a varias camadas de investigadores académicos) comience uno de sus libros de esta manera: “Precisamente si alguna vez reconsiderara algunos de los contenidos de la interpretación sobre Mariátegui aquí sustentados, la noción de «revolución» debería ser uno de los objetos teóricos sujetos a revisión”. Véase Oscar Terán: Discutir Mariátegui. México, Universidad Autónoma de Puebla, 1985. pp. 9-10. El mismo criterio lo condujo a revisar e impugnar el conjunto de la cultura de izquierda revolucionaria en Argentina (donde él comenzó militando de joven, cuando integraba una organización guerrillera marxista) en su libro Nuestros años sesentas. Buenos Aires, Puntosur, 1991. La metodología —obviamente crítica del marxismo y la dialéctica y deudora del “giro lingüístico” que convierte a todas las luchas en inofensivos “objetos de discurso”—, que se encuentra presupuesta en este singular “Programa de historia intelectual”, puede encontrarse explicitada en la selección y presentación de Oscar Terán a Michel Foucault: El discurso del poder. México, Folios Ediciones, l983.

[xxiv] Sobre este fenómeno, que evidentemente no es exclusivo de América Latina, resulta aleccionadora la reflexión de Fredric Jameson en su “Prefacio a la edición estadounidense” de Caliban [Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989]. Véase Todo Caliban. Obra citada. Particularmente p. 13.

[xxv] Hemos tratado de desarrollar este argumento en Nuestro Marx. Caracas, Misión Conciencia, 2011. pp. 68, 472-474 y sig.

[xxvi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 71.

[xxvii] Véase José Carlos Mariátegui: “Aniversario y balance”, Editorial de Amauta, 1928. En José Carlos Mariátegui: Obras . La Habana, Casa de las Américas, 1982.

[xxviii] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Obra citada. Las referencias a Grecia, entendida como modelo arquetípico de “la cultura” opuesto a “la civilización” de los Estados Unidos (un motivo común a gran parte de los exponentes del modernismo latinoamericano), pueden encontrarse en pp. 54, 67, 80, 111 y 130.

Leer Más......

domingo, 8 de agosto de 2010

Meñique, la primera película animada cubana en tercera dimensión


Jaisy Izquierdo Juventud Rebelde

Los que hemos leído Meñique sabemos bien que el ingenio y la perseverancia son las más poderosas fuerzas. Pero si alguien ha comprobado al dedillo la moraleja del cuento adaptado por Martí, ese es Ernesto Padrón. Y no solo él, también un ejército de animadores, pintores, programadores y artistas en general que han creado bajo su guía todo un mundo de fantasías, en el cual el sabichoso hombrecito volverá a hacer gala de sus entendederas.

Tal vez sea noticia para pocos que, en los Estudios de Animación del ICAIC, se está realizando desde el 2008 lo que será la primera película cubana animada en tercera dimensión (3D), cuyo argumento está basado en el famoso cuento que Martí versionó para La Edad de Oro. Tampoco es desconocido que la finalización del proyecto ha demorado mucho más de lo planeado por su director. Es por eso que, para tomarle el pulso a una producción tan prometedora, y que ha suscitado tanto interés, nuestro diario conversó con el «causante» de esta larga aventura.

¿Por qué decidió contar la historia de Meñique con la técnica de 3D?

—Resulta curioso que esta película no se concibió en sus inicios para ser «el primer filme 3D cubano». Fue previsto como un largometraje que íbamos a emprender utilizando las técnicas más clásicas. La culpable de todo fue la Polvera mágica, un personaje nuevo que introduzco en la historia, y que diseñé como un mecanismo muy complicado compuesto por muchos aditamentos, entre ellos un proyector que lanza una imagen holográfica, por el cual Meñique descubre a quién estaba destinada a ser el amor de su vida. La cara de la Polvera la imaginaba dando vueltas como el Gato de Alicia en el país de las maravillas, y fue por ella que llamé a Humberto Junco, un especialista en 3D, que había trabajado conmigo anteriormente.

«Luego invité a varios pintores a hacer los fondos que serían los escenarios de la película, y apareció la fabulosa favela dibujada por el maestro Reineiro Tamayo. Cuando vimos los dibujos, el animador comentó que esos diseños eran perfectos para modelarlos en 3D, lo cual me pareció muy apropiado, pues podíamos crear una arquitectura viva, semejante a la de La Habana Vieja donde, por ejemplo, se podían abrir ventanas o bajar cubos de agua con una soga de los pisos más altos. Cuando los propios pintores vieron su trabajo llevado a la tercera dimensión, quedaron tan fascinados que no tuve dudas al decidir recrear todos los fondos con esta técnica.

«Fue entonces que Silvio Rodríguez, quien se encarga de la música de la cinta, nos visitó por primera vez y vio todo el trabajo que habíamos realizado. Se nos quedó mirando y nos preguntó con toda naturalidad que por qué no modelábamos también los personajes en 3D. Todos le caímos en pandilla, diciéndole que aquello era una locura, que él no sabía lo que estaba proponiendo. Y pasó el tiempo y tuvimos que reconocer que su instinto había dado en el clavo. La calidad tan increíble que se logró con los fondos y el hecho de tener la posibilidad de mover una cámara por una locación virtual, se limitaban mucho al trabajar con personajes de solo dos dimensiones. Con ello se perdía parte de la magia de los propios escenarios logrados, así como el aporte dramático que, con nuevos elementos de luces y de sombras, podríamos conseguir».

—¿No fue demasiado arriesgado apostar por una técnica poco trabajada en la Isla y que además requería de un gran despliegue de recursos?

—Sin retos es imposible avanzar, es por eso que ante el desconocimiento que existía en torno a la 3D, nos impusimos investigar, estudiar, y mejorar las nociones que ya teníamos. Con esta técnica habíamos trabajado en los dos últimos capítulos de Yeyín, y en otros cortos de la serie ¿Por qué?, es decir, que ya teníamos de nuestro lado cierta experiencia. Con Yeyín se había hecho un robot, un personaje que posibilitaba una animación más sencilla al imitar movimientos rígidos, algo que no nos podemos permitir en el caso de Meñique, donde se requiere un nivel de animación bien elevado.

—Esto debe de haber significado todo un reto para los animadores…

—Ninguno de los grandes estudios dice cómo hacen sus películas. Existen, por supuesto, programas que te ayudan, pero nadie te da sus secretos. El reto mayor que tuvimos que vencer no fue modelar el personaje en 3D, sino construir el sistema de huesos que luego, por medio de unos manipuladores, permitirían accionar los movimientos del cuerpo o los gestos de la cara. Esto era algo que nunca se había hecho en Cuba y para lo cual empleamos el programa que utilizan estudios de renombre como la Pixar. Logramos un sistema de huesos tan bueno que fuimos elogiados por unos especialistas vascos que tienen una empresa de dibujos animados y que han participado en otras superproducciones».

—¿A qué se debe el retraso de la producción?

—Aunque no hemos dejado de trabajar ni un momento, llevamos dos años retrasados con respecto al plan inicial que fijaba como fecha de entrega el año 2011. La causa fundamental recae en problemas con la inversión, algo que realmente es una pena, ya que esta película la comenzamos con todo el presupuesto en la mano, gracias a la colaboración de la Fundación Villa del Cine, de Venezuela. Este retraso nos ha impedido obtener el equipamiento técnico que tanto necesitamos para animar, que incluye tarjetas de video especializadas, computadoras y hasta servidores.

«Lo que hemos logrado, con el apoyo del ICAIC, ha incluido un alto grado de esfuerzo personal donde los especialistas han trabajado desde sus casas y con sus propias computadoras, porque de las 20 que requerimos solo tenemos cinco».

—¿Cuál ha sido en este aspecto el aporte de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI)?

—Gracias a la UCI, que es una de nuestras coproductoras, pudimos impartir en sus laboratorios varios cursos para formar a los nuevos especialistas. En estas vacaciones pensamos adelantar bastante, gracias a que seis de sus máquinas han sido prestadas al Estudio.

«Además hemos recibido gran ayuda de sus jóvenes, quienes se han desempeñado en las especialidades de texturas, programación, motor de render y en la realización de efectos especiales. Los que han trabajado a nuestro lado han demostrado tener no solo sólidos conocimientos, sino también sensibilidad artística y talento».

—¿El hecho de realizar una versión libre del cuento, ayudó de alguna manera a la concepción artística de la película?

—Siempre tuve la idea de concebir la atmósfera de la historia como un medioevo bien cubano, donde pudiera coexistir un volcán con los mogotes de Viñales, a la vez que pasara volando un dragón o un güije cruzara por el bosque. Esta visión me ayudó mucho con la versión libre, porque dio lugar a nuevos argumentos dramáticos y personajes.

«Si en el texto original, Meñique encuentra al Hacha, al Pico y a la Nuez que ya lo estaban esperando, en la película él tiene que ganarse el favor de cada uno, quienes para colmo de trabas viven escondidos en un bosque encantado. Siempre con el ingenio, él logra conquistar al Hacha, interpretada por Manuel Marín, quien le pone acento de un guajiro oriental, lo cual hace que el personaje sea muy simpático. Después se gana al Pico que es un escultor, y que tiene un mundo lleno de figuras labradas en la piedra, una especie de homenaje que le hago al artista que realizó el zoológico de piedra. El Pico es sordomudo y se comunica en una especie de clave de Morse, mientras que la Nuez es una superromántica a la que hay que ganársela por el lado del sentimiento.

«Además de la Polvera mágica (Osvaldo Doimeadiós), introduzco el personaje de la bruja Barussa (Corina Mestre), quien es la cuñada del Rey. Ella es la causante de la existencia del árbol encantado que perturba la vida en el palacio, y tiene además un hijo al que pretende casar con la Princesa, para poder dominar el reino. La Princesa (Yoraisy Gómez) también es moldeada en su personalidad, pues en el cuento original ella aparece solo como el gran premio, pero en este caso Denise se convierte en una especie de Robin Hood, a la que no le gusta que su padre el rey sea tan avaro y el pueblo que habita en la favela sea tan pobre. Esta subtrama se mostró en el corto Camuflaje que fue muy bien recibido en el reciente Festival de Cubanima. De esta manera la historia se mantiene fiel al drama original, aunque sus conflictos y personajes aparecen recreados».

—¿Qué se ha logrado hasta el momento?

—En primer lugar toda la película fue grabada en la voz de actores de primera línea, que incluyen también a Aramís Delgado (Rey), Enrique Molina (Pedro) y el joven Liéter Ledesma, quien interpreta a Meñique. Además, están modeladas completamente en 3D las locaciones y los personajes; y el sistema de huesos para cada uno de ellos está casi completo. Ahora nos encontramos en la fase de animar, texturizar, iluminar y realizar los efectos especiales. Nuestro propósito es terminar secuencias enteras, y en estos momentos ya se terminaron siete, lo que equivale a casi 20 minutos de los 80 para los cuales está pensada la película».

Con todas las respuestas de Padrón en mi mano, no puedo más que pensar que asisto no solo al nacimiento de una gran escuela donde se forman especialistas en la técnica de mayor auge hoy en la industria cinematográfica; sino que además estoy en presencia de un artista excepcional, pequeño de estatura como Meñique, pero a la vez tan resuelto como el chico a desafiar retos, descifrar enigmas, subyugar gigantes.

Leer Más......

viernes, 2 de julio de 2010

ÁVILA TV conmemora su cuarto aniversario

MINCI

A partir del lunes 12 de julio, el medio televisivo de corte juvenil tendrá una nueva programación que estará enmarcada dentro del año Bicentenario, por lo que transmitirá una serie de espacios dedicados a las luchas libertadoras.

Este miércoles, miembros de la Fundación Ávila TV, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información (MinCI), ofrecieron desde los espacios de la planta televisiva, en Caracas, un balance acerca de la gestión que ha desarrollado esta televisora urbana creada hace cuatro años. En este sentido, Vladimir Sosa, presidente de Ávila TV, anunció que en el marco de este cuarto aniversario, a partir del lunes 12 de julio, la televisora de corte juvenil tendrá una nueva programación que estará enmarcada dentro del año Bicentenario, por lo que transmitirá una serie de espacios dedicados a las luchas libertadores que llevaron a cabo los próceres de la independencia.

Del mismo modo, Sosa informó que luego de un proceso de reestructuración, revisión y autocrítica, la televisora se plantea recuperar, bajo el lema “A 4 años, Ávila se lacrea”, un espacio importante dentro del segmento juvenil y urbano de la población y que a su juicio “este proyecto comunicacional ya tiene ganado”.

Por su parte, Nelly Romero, talento creativo de Ávila TV, resaltó que los cuatro años que la televisora tiene al aire, “nos han permitido abrir el camino hacia una comunicación alternativa y especialmente un vínculo con esa juventud golpeada por la maquinaria mediática”.

Romero resaltó que Ávila TV ha encontrado en los jóvenes contestatarios, elementos y los recursos necesarios para derribar el modelo hegemónico que la mayoría de los medios de comunicación privados difunden.

Entretanto, Naira Gutiérrez, quien también es talento creativo del canal que definió como una televisora de corte juvenil, innovadora, trasgresora y revolucionaria, se refirió a la programación especial que tienen preparada en el marco del relanzamiento de la planta.

“Esta nueva temporada se la dedicaremos a las luchas antisistémica, todo esto con el objetivo de reivindicar a los jóvenes de tribus urbanas que generan cambios transcendentales en el ámbito social”, puntualizó.

Al mismo tiempo anunció que las producciones de Ávila TV volverán a tomar las calles de la capital, “como una forma de invitar a los jóvenes a apoderarse de los espacios públicos y que los vean como una trinchera de lucha para potenciar todo el proceso de cambio que estamos viviendo con la Revolución Bolivariana”.

Por último, invitó a la población caraqueña a un concierto que tendrá como motivo principal conmemorar el cuarto aniversario de Ávila TV, el cual se llevará a cabo este viernes 02 de julio, en el Núcleo Endógeno Nuevo Circo.

El evento está pautado para iniciar a las 6:00 de la tarde y contará con la participación de las bandas Afro Códigos, Bituaya, La Redonda, Arena & Robert y Dj Hernia.

Leer Más......

lunes, 10 de mayo de 2010

¡Creado Frente de Creadores Militantes-Barinas!

FCM

Reunidos en la Casa de la Cultura del estado Barinas, se conformo el equipo promotor del Frente de Creadores Militantes Barinas. Con la participación de más de 30 jóvenes teatreros, poetas y cantores se designaron a los compañeros Hugo Rojas delegado cultural del PSUV, Elvis Santiago del Grupo Sur da la Mano, Esteban del Grupo Pedaluz y Jairo Perera Cantautor, como voceros promotores del FCM-Barinas.

Ahora les tocara a estos compañeros la conformación y convocatoria para ampliar el Frente de Creadores como una plataforma unitaria del movimiento cultural revolucionario del estado Barinas y así conformar el Equipo Regional fundacional, para impulsar políticas culturales en pro de la profundización de la Revolución Socialista.

Así pues, que… ¡a trabajar por la unidad!

Leer Más......

miércoles, 24 de marzo de 2010

Pedro Carvajalino Amaya, un barranquillero rebelde y soñador

Prensa Ministerio del Poder Popular para la Cultura

Un 12 de abril de 1983, llegó al mundo un joven cuyo destino ya estaba marcado. Su espíritu de liderazgo y estilo único, hacen de este barranquillero alguien peculiar. En la calle lo reconocen y le dan la mano, lo abrazan con palabras de ánimo y lucha. En las redes sociales del mundo virtual, la oposición lo insulta a su antojo. Lo que no saben, es que él lo disfruta… y mucho. Porque precisamente sacar de quicio a “la contra” es uno de sus pasatiempos favoritos, además de levantar polémica en internet a través de páginas como Twitter.

Pero más allá del personaje que hoy conocemos, ese mismo que ha colocado contra las cuerdas a los líderes de la derecha latinoamericana con micrófono en mano o cámara al hombro, Pedro es un muchacho como tantos otros rebeldes y soñadores, nacido en la costa colombiana y criado en medio de las brechas de la desigualdad. Desde la infancia recibió de su madre, una mujer aguerrida, la fuerza que necesitaba para crecer como un ciudadano consciente que busca y anhela una patria mejor.

Una de sus pasiones más grandes surge del medio que lo rodeaba, pues al igual que a muchos neogranadinos, no le fue fácil acostumbrarse o bajar la cabeza frente a un régimen que ha mantenido a esa nación sumergida en la violencia durante tantos años.

A medida que crecía encontró personajes trascendentales en su vida. Uno de ellos fue el sociólogo fallecido Alfredo Correa, catedrático de la Universidad Simón Bolívar y de la Universidad del Norte de Barranquilla, quien fue víctima de las balas de la política de "seguridad democrática" del gobierno de Uribe.

Esta modalidad, opera a través de una red de informantes conformada por aquellos insurgentes que son reinsertados dentro de la sociedad, a través del programa de desmovilización del gobierno. Llamados también “cooperantes a sueldo”, son la forma policial que adquiere el fascismo colombiano al hacer uso de mercenarios de la delación, aquellos que reciben dinero por cada denuncia que lleve a la captura de todo sospechoso de rebelión o "terrorismo", convirtiéndolos en enemigos del Estado.

De este modo, muchos colombianos sufren el horror de la censura que muchas veces se paga con la muerte, en el caso del profesor Correa, su desaparición física es producto del estereotipo de asesinato y liquidación de la oposición y disidencia en Colombia.

Sin embargo, sus clases traspasaron las aulas y quedaron escritas en las tablas del corazón de muchos costeños, entre ellos, Pedro Carvajalino Amaya, un joven de 26 años que se formó en una sociedad violenta y desigual, pero que lo motivó a dar una dura pelea por alcanzar la patria libre con la que sueñan nuestros hermanos neogranadinos.

Luego de trabajar con Alfredo Correa en una investigación sobre los desplazados de la costa, este joven tuvo que dejar su país, su familia, sus raíces y partir hacia un nuevo rumbo, con una mochila cargada de indignación por la muerte de su maestro y amigo, pero con la cabeza centrada en lugar que sería parte de su nueva vida: Venezuela.

Pedro es un guerrillero de la comunicación. Un defensor de los derechos humanos. Su artillería está compuesta por una cámara de video, un micrófono y las ganas de poner contra la pared a todo aquel contrarrevolucionario que pretenda abusar de los intereses del pueblo.

Uno de sus episodios más recordados ocurrió el año pasado cuando llamó palangrista a Alberto Federico Ravell, en aquel entonces director general de Globovisión, canal de televisión opositor al gobierno del presidente Hugo Chávez. Sin lugar a dudas, Carvajalino ha hecho de la provocación su especialidad y se ha convertido en un soldado más de esta guerra contra el Terrorismo Mediático de IV Generación.

Por ello, a través de la radio le alegra las mañanas a los caraqueños que encuentran en el programa Con El Pie Izquierdo una trinchera mediática, un espacio para la denuncia, para la expresión libre, para el clamor revolucionario que los medios privados tratan de silenciar en vano. Junto a sus camaradas Fausto Castillo, Jorge Amorín y Oswaldo Rivero (Cabeza de Mango) satiriza los dimes y diretes de la prensa oposicionista venezolana. Con una soltura histriónica envidiable, interpreta diversos personajes que arrancan carcajadas a la audiencia y contagia su alegría y su desparpajo a quienes llaman por teléfono para sumarse a esta forma alternativa de informar.

Una vuelta al pasado de Carvajalino

- ¿Dónde nació esa inclinación hacia el socialismo?

_Yo nací en un país donde las brechas de la desigualdad son más fuertes. Asesinan a las personas por pensar diferente. Por eso, decidí ser militante del Partido Comunista de Colombia y comenzar a luchar porque en mi tierra hubiera igualdad de condiciones para todos. Pero lamentablemente la oligarquía está posicionada y no ha permitido que nazca una comunicación alternativa y una universidad gratuita para que la nación florezca.

- ¿Por qué emigraste a Venezuela?

_Luego de la muerte del profesor Alfredo Correa, me tocó salir de Colombia. Él fue asesinado por los paramilitares y sabemos que fue un crimen de Estado, todo por hacer un libro sobre la situación de los desplazados de la costa.

Emigré a Venezuela, porque este es un país aliado del socialismo. Además, por la carga histórica que une a ambas naciones, y porque tenía algunos familiares aquí. Entonces me abrí paso a un futuro diferente, en un país donde se viviera realmente un proceso de transformación, y Venezuela fue precisamente ese lugar que me brindó hospitalidad. Yo no me veía en un país nórdico llenándome de frío y tristeza.

Cuando uno va creciendo y experimentando cosas, comienzas a descubrir que la realidad no es la que te pintan los medios de comunicación. Me di cuenta de eso cuando ingresé a la universidad y trabajé con personas como Correa, que me mostró a esa Colombia errante, con sus esfuerzos y necesidades de vivir en paz algún día.

- ¿Qué contenía el libro?

_Sus páginas registran la personalidad jurídica. Es decir, cómo a los desplazados cuando les quitan sus tierras pasan a vivir en una especie de anonimato dentro de las ciudades que los recibieron. Relata esos golpes fuertes y psicológicos de encontrarse con no tener nada, de haber perdido a tus padres en la mayoría de los casos y de haber perdido esa relación con el campo. Dejar de repente ese pasado para ubicarte en una ciudad grande y monstruosa llena de moho, porque los paramilitares te buscan y no quieren que los denuncies, o te toque prácticamente botar la cédula, cambiar tu nombre.

De Alfredo Correa aprendí la solidaridad, el concepto del intelectual orgánico, aquel que se compromete con las causas sociales. Él daba diplomados en universidades de Italia pero su humildad era tan grande que en Colombia, salía los fines de semana a buscar la manera de crear políticas públicas para resolver la situación de los desplazados, la tierra y la Reforma Agraria. Allí, es donde comienza el camino de Pedro Carvajalino. Fueron todos esos complejos multifacéticos de la realidad colombiana los que dejan en uno esa rebeldía incurable.

- ¿Cómo ha sido tu lucha en Venezuela?

_Tengo cinco años acá. Al principio no fue fácil adaptarme, pero con ese abanico de posibilidades que abre este país, uno empieza a vivir e identificarse con los ideales de esta nación, y eso se transforma en un deseo de lucha por aportarle a la Revolución Bolivariana, que es aportarle también a Colombia.

Yo empecé haciendo un curso en la Escuela Popular de Cine en Vive TV, ahí trabajé tres meses, luego se creó el proyecto Ávila TV donde se le dio la oportunidad a un montón de personas para que agarraran una cámara, un micrófono, y así empecé a conocer a más personas que tenían mi mismo sentir.

Posteriormente, salió al aire un programa llamado Caracas en Directo, un informativo donde pude participar. Después hice una serie sobre violencia en el barrio de Petare como script, y después de me adentré en el ámbito informativo con el periodismo. Más tarde, comienza a salir La Hojilla con Mario Silva, quien abrió la posibilidad de que nos conocieran más en el Área Metropolitana. Ahora tenemos planteado junto a mis compañeros de Con el Pie Izquierdo un proyecto audiovisual muy parecido a nosotros.

Desde la radio enderezando entuertos

- ¿Cómo es tu relación con la cultura?

_Hubo un momento en que la misma realidad política colombiana determinó una especie de voracidad por la lectura. El primer año en Venezuela lo pasé leyendo libros, perdido en la soledad de mi cuarto en medio de un shock post traumático por la muerte del profesor, porque estaba tratando de buscar una identidad, un norte, y la familia que no existía, el estar lejos de Colombia, en fin, fue uno de los años de mi vida que nunca olvidaré.

La lectura fue el vínculo emocional que me permitió no caer en una depresión, además me llevó a volar hacia nuevas vivencias propias y ajenas que me impactaron y ayudaron a formar mi carácter.

- ¿Cómo llegaste a Con el Pie Izquierdo?

_Este programa radial nació como una reunión de locos, que como dijo El Quijote “quiere enderezar entuertos”. En este sentido, la comunicación se convierte en una herramienta vital para tratar de desentrañar cada uno de esas conspiraciones políticas y mediáticas que suelen atentar contra la democracia de la Revolución Bolivariana y de países como Cuba, Bolivia, que forman parte de ese proyecto gran nacional llamado Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA).

Nuestro aporte principal a este proceso es precisamente el talento joven. La intención es llevar a los jóvenes a la política y a la cultura, que hacen parte del mismo sentir bolivariano. Con el Pie Izquierdo, es una polifonía de voces y visiones diferentes con un mismo rumbo. Somos cuatro chamos locos, sencillos, que formamos parte del pueblo y de ese proceso de construcción integrado pasionalmente con el ideal bolivariano.

Carvajalino, llegó a Venezuela para encontrar un norte, pero su destino ya estaba signado por las luchas sociales y reivindicativas del Poder Popular. Encontró un país incluyente con puertas abiertas que le ha permitido conquistar espacios en lo mediático y también en lo personal.
Uno de sus anhelos es graduarse de abogado para continuar en la lucha por la igualdad. Aunque por ahora está echando raíces en la patria de nuestro Libertador Simón Bolívar, no descarta la posibilidad de volver a Barranquilla algún día, y reencontrarse con su historia, redescubrirse en medio de una nación libre de anarquías, donde el pueblo pueda expresarse sin temor y los campesinos hayan recuperado sus tierras, y los desplazados vuelvan a tener lo que una vez tuvieron: un hogar.

Vídeo con Pedro Carvajalino entrevistando al ex-Director de Globovisión: http://www.youtube.com/watch?v=nq8zA6QmGSk

Fuente: http://www.ministeriodelacultura.gob.ve/index.php?option=com_content&task=view&id=8952&Itemid=192


Leer Más......

sábado, 20 de marzo de 2010

Campaña contra discriminación en educación indígena

Gilberto López y Rivas La Jornada

El 21 de febrero pasado, en el contexto del Día Internacional de la Lengua Materna, el Congreso Nacional de Educación Indígena e Intercultural inició una campaña contra la discriminación en materia educativa hacia los pueblos originarios. Reunidos en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, representantes de numerosas organizaciones sociales, gremiales y organismos gubernamentales y no gubernamentales concluyeron que la escuela ha funcionado como un poderoso instrumento de asimilación de los pueblos indígenas al modelo cultural, político y social de la nación mexicana y, en consecuencia, ha sido y sigue siendo un espacio de discriminación, en el que la educación que se imparte no se adapta a la situación, contexto y necesidades de los pueblos indígenas. Por el contrario, se imponen calendarios, docentes, material didáctico, planes de estudio y orientaciones pedagógicas que son únicas para todo el país. Comprobaron, además, que la calidad de los servicios educativos que reciben los pueblos originarios es inferior a la de otros sectores de la población nacional y que los instrumentos de políticas públicas –como la prueba Enlace– son discriminatorios y constituyen una herramienta contra las lenguas y culturas de los pueblos indígenas.

La campaña resalta la contradicción entre la realidad de la discriminación y el marco constitucional y operativo que rige el sistema educativo nacional, ya que según éste se deben preservar y enriquecer las lenguas indígenas, conocimientos y elementos que constituyen la cultura y la identidad de los pueblos. Se asume que es necesario garantizar e incrementar los niveles de escolaridad, favoreciendo la educación bilingüe e intercultural, la alfabetización, la conclusión del escalón básico, la capacitación productiva y la enseñanza media superior y superior. Asimismo, se establece la necesidad de definir y desarrollar programas educativos de contenido regional, en consulta con los pueblos indígenas, que reconozcan su herencia cultural.

La campaña parte también de una delimitación precisa del concepto de discriminación, basándose en especial en el marco jurídico de tratados y convenios firmados por los estados, como la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación. Se entiende por discriminación “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico, que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier esfera de la vida pública” En el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se señala que: “Los programas y servicios educativos dirigidos a los pueblos indígenas deberán desarrollarse y aplicarse con su participación, abarcando la historia, los conocimientos y técnicas, sus sistema de valores y todas sus aspiraciones sociales, económicas y culturales”. Este convenio establece, asimismo, que los pueblos tomen en sus manos la realización de los programas educativos; los estados faciliten los recursos apropiados para crear sus propias instituciones y medios, utilizando las lenguas indígenas, que deberán ser adoptadas como idiomas de enseñanza; los programas y servicios deben impartir conocimientos generales y aptitudes que ayuden a los pueblos a participar plenamente y en pie de igualdad en la vida de su propia comunidad y en la de la sociedad nacional.

No obstante, la tendencia integradora y asimilacionista del Estado mexicano violenta estas disposiciones jurídicas nacionales e internacionales, negando en la práctica la heterogénea composición étnica, lingüística y cultural de la nación. El documento de trabajo de la campaña señala que “el carácter nacionalista y homogenizador del Estado mexicano ha sido una de los mayores obstáculos para que los pueblos indígenas sean reconocidos como expresiones socioculturales y políticas distintas, con sistemas de autoridad, de gestión y desarrollo propios, y que se reconozca su derecho a establecer las formas de educación que les permitan fortalecer sus procesos de desarrollo en cuanto pueblos”.

La campaña se plantea como objetivo poner en el centro del debate nacional la situación de discriminación institucional que sufren los pueblos indígenas en cuanto a su acceso y permanencia en el sistema educativo nacional, así como en relación con la pertinencia y calidad de la enseñanza que reciben; conocer y difundir la situación de los pueblos indígenas en cuanto a su derecho a la educación; elaborar propuestas e impulsar iniciativas que alimenten las políticas educativas necesarias para una práctica comunitaria en ese terreno, equitativa, participativa y con identidad; establecer estrategias para que las comunidades, organizaciones e instituciones se involucren en la elaboración y seguimiento de las políticas educativas que se aplican a las comunidades indígenas. La campaña incluirá talleres y seminarios como el que se efectuará del 19 al 21 de abril en la Universidad Pedagógica Nacional, en el que se discutirá la relación entre discriminación, educación, lengua, derechos humanos y pruebas estandarizadas con las que las autoridades educativas pretenden evaluar la educación en todo el país, sin tomar en cuenta las especificidades étnicas, regionales, y las referencias de trabajo y vida de los pueblos indígenas. Enlace, por ejemplo, es considerada cuestionable por: su racismo inherente, sus errores metodológicos, su presentación en el idioma dominante, estar descontextualizada, imponer una visión del mundo, sus modalidades de aplicación, el modo de comunicar sus resultados y, sobre todo, por su ineficiencia. ¡No a la discriminación en materia educativa!


Leer Más......

lunes, 22 de febrero de 2010

La semana que viene se inicia la Novena Muestra de Jóvenes Realizadores de Cine en la Habana


ICAIC Digital

Apenas falta una semana para el inicio de la 9na. Muestra de Nuevos Realizadores, dedicada en esta ocasión al gran realizador cubano Humberto Solás. Por esta razón, ICAIC DIGITAL dedica un amplio espacio a las más recientes informaciones relacionadas con la gran fiesta del audiovisual joven.

La inauguración fílmica de la Muestra se realizará el día 23, a las 2:00 pm, en el cine Charles Chaplin, con el estreno en función única de la película Chamaco, presentada por su realizador Juan Carlos Cremata. El filme, aún inédito en nuestro país, posee la siguiente ficha técnica:

Título original: Chamaco Dirección: Juan Carlos Cremata Malberti Largometraje de ficción / HD / 2009 / 90’ Productora: LAROYE FILMS, TROVA FILMS (Islas Canarias) y EL INGENIO Producción: Iohamil Navarro, Juan Manuel Villar, José Cremata Malberti, Juan Carlos Cremata Malberti Guión: Juan Carlos Cremata Malberti, Abel González Melo, basada en la obra homónima de Abel González Melo Fotografía: Lily Suárez Rodes Edición: Adrián García González Música: Amaury Ramírez Malberti, con la participación de Bárbara Llánes y Baby Lores Sonido: Rubén Valdés Sanz Dirección de arte: Guillermo Ramírez Malberti Intérpretes: Fidel Betancourt, Aramís Delgado, Caleb Casas, Laura Ramos, Pancho García, Alina Rodríguez, Luis Alberto García, Alfredo Chang

Sinopsis. Informe en once capítulos sobre el asesinato de un joven en el Parque Central de La Habana y las extrañas coincidencias y situaciones que se desatan alrededor del hecho. Una visión de la noche y la vida cubana contemporánea.


JURADO DE LA OBRAS EN CONCURSO DE LA MUESTRA


El jurado que evaluará las obras y otorgará los Premios, está integrado por el realizador Ernesto Daranas, como Presidente; la editora Angélica Salvador; la directora de arte Nanette García Vale; el director de animados Ernesto Piña Rodríguez y el músico X Alfonso.

EXPOSICIONES QUE SE INAUGURARÁN DURANTE LA MUESTRA

Como parte de las actividades del evento, serán inauguradas y se desarrollarán un grupo de exposiciones de diseño y fotografía, cuyas temáticas guardan relación con la Muestra del audiovisual joven.

La exposición “Filmes Clásicos. Diseño Contemporáneo”, una de las más ambiciosas, abrirá sus puertas el martes 23, a las 5 de la tarde en la galería del Centro Cultural ICAIC. La misma está integrada por carteles realizados para la Cinemateca de Cuba por diseñadores cubanos y extranjeros (1960-2008) para ciclos, semanas, aniversarios y homenajes, y carteles y bocetos escogidos como resultado de un concurso entre los jóvenes diseñadores para filmes clásicos de la cinematografía internacional. Esta exposición ha sido curada por la especialista Sara Vega y el diseñador Claudio Sotolongo.

Como parte de los homenajes que se brindarán al desaparecido realizador Humberto Solás, se inaugura en el lobby del cine Charles Chaplin, el martes 23 a la 1:30 pm la exposición fotográfica “Imágenes de Vida. Humberto Solás”. Esta exposición cuenta con curadoría de la especialista Alicia García y diseño de Nelson Ponce.

Nueve piezas fotográficas en sepia, de medio y gran formato, del artista Erick Coll, integran la exposición “BodyExpress II”, que será inaugurada también el martes 23, a las 4:00 pm, en el segundo piso del Edificio ICAIC.

Por último, la exposición “Carteles Nuevos Diseñadores”, integrada por carteles inéditos realizados para los filmes en concurso por alumnos del Instituto Superior de Diseño, se abre al público en el vestíbulo del cine 23 y 12, el miércoles 24, a la una de la tarde.

FILMES EN LA SECCIÓN FUERA DE CONCURSO

Cuatro realizadores –Ismael Perdomo, Kiki Álvarez, Arturo Sotto y Rigoberto Jiménez- que han estado estrechamente vinculados a la Muestra, participarán con cuatro filmes en la Sección Fuera de Concurso en esta 9na. edición. Los filmes son:

AJ en La Habana, de Ismael Perdomo, del año 2009 y 41 minutos de duración. El documental, con fotografía de Carlos Rafael Solís, se realiza a propósito de una investigación acerca de una visita del pintor Asier Jorn a La Habana y las obras realizadas en la Isla.

Al día siguiente, dirigido por Kiki Álvarez, una ficción de 28 minutos, realizada en el año 2009 en HD, con fotografía de Lily Suárez y producción ICAIC- EICTV. El filme cuenta con los siguientes intérpretes: Claudia Muñiz, Félix González, Tamara Venereo, Osvaldo Doimeadiós, Bárbara Llánes y Arturo Arango. Sinopsis: Un hotel en una estación de trenes. Una pareja que viaja. Una camarera. Un complot. El día siguiente.

El misterio de las aguas, un documental de Arturo Sotto, con 35 minutos de duración, una producción Seseo Films- Arturo Sotto. La fotografía es de Iván Oms, y cuenta sobre el mito, patakines y presencia de la Virgen de la Caridad del Cobre.

Y una mirada al mundo de Jesús Manuel Lorenzo, “Lency”, mecánico e inventor, es el tema que aborda el documental Un puente sobre el río, producción del 2009 de 29 minutos, con guión y dirección de Rigoberto Jiménez y fotografía de Luis Guevara.


ACTIVIDADES ESPECIALES (la entrada del público es libre)


La 9na. Muestra ofrece dos actividades especiales, con entrada libre de público, que se celebrarán en el Centro Cultural ICAIC, calle 23 entre 10 y 12.

Una de ellas es la mesa conducida por el periodista y crítico Joel del Río, “Humberto Solás: dos miradas, un homenaje”, que se integra con las actividades en recordación del fundador del Festival del Cine Pobre, y que estará abierta el sábado 27, a las 5 de la tarde

La otra es la inquietante Mesa de debate, que tiene por título “La producción audiovisual: ¿preguntas sin respuestas?”, que se desarrollará el domingo 28 a partir de las 10 am.


NO LO OLVIDE


Los interesados en acreditarse para participar en las actividades y proyecciones de la 9na. Muestra pueden hacerlo a partir del miércoles 17, en la oficina de Creación Artística (5to. Piso ICAIC). También por el telf. 838- 28 40, o por el correo electrónico creacionart@icaic.cu

Leer Más......

  ©Template by Dicas Blogger.