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viernes, 6 de enero de 2012

Claudio Katz "Existe un consenso de todas las clases dominantes del mundo para enfrentar la crisis con mayores atropellos a los trabajadores"


Mario Hernández Rebelión

En Europa se están destruyendo conquistas sociales jamás alcanzadas por los trabajadores

Mario Hernández (MH): Las políticas de ajuste agravan la crisis europea. A finales de la década del ’20 el presidente estadounidense, Herbert Hoover, cometió un error fatal imponiendo aumento de impuestos y recortes presupuestarios. EE. UU. se hundió en la recesión. Roosevelt comenzó a gastar e inició la recuperación. Parecería que Europa ha adoptado las políticas de Hoover que precipitaron el crac de 1929.

Claudio Katz (CK): Sí, no solo Europa. Esencialmente Europa, pero existe un consenso de todas las clases dominantes del mundo para enfrentar la crisis con mayores atropellos a los trabajadores. En esto hay diferentes intensidades pero la estrategia es la misma, salvo en las regiones que no están en el centro de la crisis. Estoy hablando de EE. UU., de Europa, de Japón. Es en Europa donde claramente hay políticas de ajuste que tienen una virulencia mayor, donde se están destruyendo conquistas sociales jamás alcanzadas por los trabajadores de ninguna parte del mundo, con tasas de desempleo elevadas, pero básicamente arremetiendo contra el sistema de jubilaciones, los salarios del sector formal, expandiendo la precarización. Ocurre que en la etapa de la ofensiva neoliberal, del capital sobre el trabajo, el atropello contra el Estado de Bienestar continúa en la crisis. Así como tuvimos una etapa de estabilidad con este modelo, en la crisis hay un intento de subir la apuesta y profundizar el ajuste, en algunos casos con formas ultraliberales.

En EE. UU. hay una diferencia de política económica pero no en la estrategia de arremeter contra los trabajadores. Todavía tiene recursos que Europa no tiene para actuar en la crisis internacional. El dólar, cualquiera sea su futuro, sigue siendo la moneda determinante. Tiene gran influencia sobre el FMI, con Wall Street tiene el manejo, en alianza con Gran Bretaña, del sistema financiero internacional. Esto le da mayores espacios para actuar frente a la crisis mundial, por eso han sido los que auspiciaron el G20, organizan reuniones internacionales para definir políticas frente a la crisis pero en materia de las políticas de ajuste contra los trabajadores Obama no repite a Roosevelt, diría que más bien es su antítesis. Está entre la presión de los republicanos que han crecido y su viejo electorado que está decepcionado. Un día acepta los recortes de los republicanos y otro intenta una política de mayor inversión pública pero el ataque contra los inmigrantes, el sistema de salud, la reducción de los sectores con ingresos de salario fijo continúa sin pausa. Lo mismo en Japón.


La reorganización de la economía norteamericana la está pagando el pueblo

MH: Quería detenerme en EE. UU. porque días pasados estuve leyendo declaraciones de Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad, sosteniendo que EE. UU. está produciendo más que antes de Lehman Brothers con 5% menos de gente, o sea que el aumento de la productividad y las ganancias corporativas son récord absoluto.


CK: Es cierto, lo que ocurre es que eso no desmiente la crisis ni la política de ajuste. En EE. UU. se está reorganizando la economía a través de una fractura entre los sectores que producen en el país y el exterior. En el caso norteamericano la mundialización implicó una emigración significativa de firmas al exterior del país para lucrar con salarios más reducidos. Lo clásico son las maquilas mexicanas, también a China y otras regiones con salarios más bajos. Estas firmas tienen ganancias, utilidades e ingresos importantes. Los que abastecen localmente al país están en un estado de crisis muy profunda. Se da esta fractura, unos tienen pérdidas y otros ganancias, unos mantienen la productividad mientras otros la aumentan, pero esta reorganización de la economía norteamericana se hace a costa de una caída del salario real, de los ingresos de los trabajadores, del aumento de la precarización, del desempleo, es decir, el ajuste incluso es mayor por la presión de las empresas que se van afuera porque imponen un chantaje a los trabajadores: ‘O aceptás un convenio colectivo a la baja -como ocurrió recientemente en General Motors- o nos vamos afuera’. En general igualmente se van pero mientras tanto incrementan la presión.

Los datos son contundentes, el desempleo está oficialmente en 9% pero en realidad, si lo medimos con criterios internacionales, está en 15%, la pobreza está afectando al 15/20% de la población, especialmente si tomamos sectores latinos y de población negra se eleva a 30/35%, las deudas de los sectores de menores ingresos, que fueron los que desataron la crisis de las subprime, al no poder pagar las hipotecas de las viviendas que habían comprado, la situación de los deudores hipotecarios se mantiene sin cambios, la gente que pierde sus viviendas es un dato que no ha cambiado. Hay 11 millones de viviendas valuadas por debajo de sus hipotecas y 1/5 de los propietarios están asfixiados por créditos impagables, es decir, la reorganización de la economía norteamericana la está pagando el pueblo. Sturzenegger tendría que mirar los 2 costados del problema.


La crisis europea tiene que ver con el fracaso del proyecto del euro

MH: Cuando hablás de estas 2 caras de la economía norteamericana me hacés recordar algo que se viene comentando mucho últimamente y es esta suerte de emblocamiento europeo entre economías solventes y en crisis.


CK: Ha ocurrido que Europa tiene una crisis específica. No es solo un contagio internacional de lo que pasó en EE. UU. o un efecto de la crisis financiera mundial. Hay una convulsión específica que tiene que ver con las limitaciones y el fracaso del proyecto del euro montado básicamente por Francia y Alemania que es el motor económico pero necesita la alianza política de Francia.

Alemania creció desde la anexión de la ex RDA, se transformó en la potencia exportadora de Europa a través de una política de ajuste salarial con enormes avances en la productividad y la tecnología. Se convirtió en el país exportador de Europa con un mercado relativamente cautivo porque pagaba en euros. Al extenderse el mercado europeo en torno al euro, convirtió a Alemania en una potencia que puede vender con mayor facilidad. El problema es que en el curso de los 10 últimos años esta exportación alemana fue creando un gran desequilibrio ya que exporta a Grecia, España, Irlanda, pero estos países tienen déficit comercial, se endeudan con Alemania y llega a un punto en el cual se crea una situación de descalabro. Eso es lo que sucede actualmente. Esta Europa a 2 velocidades, una del norte -Alemania, Francia, Holanda, Austria- y una del sur, endeudada, con déficit comercial, sin poder sostener el euro.

Ahora la estrategia que adopta Alemania frente a esta crisis causada por su propia pujanza provoca efectos parecidos a lo que nos pasó a nosotros con la convertibilidad, donde teníamos una moneda atada al dólar, se importaban productos del exterior, la industria se destruía, la productividad decaía y en un momento el país se endeudó para sostener eso hasta que estalló. Es lo mismo que le ocurre a Grecia pero la solución fue doblar la apuesta. Alemania en vez de impulsar al resto de las economías del euro, lo que hace es imponer un pacto fiscal que implica un ajuste deflacionario de proporciones mayúsculas para sostener el euro sobre el sudor, las lágrimas y la vida de los griegos, los irlandeses, de toda la periferia europea. Es un ajuste muy superior al que soportan los trabajadores norteamericanos, incluso los japoneses que enfrentan una deuda pública muy alta. Lo de Europa es descomunal.


Si la economía mundial no está en una depresión total es porque China sigue creciendo

MH: Los ojos del mundo están puestos en China en lo que hace a la recuperación de la economía pero días pasados leía un artículo de Paul Krugman donde planteaba que en China se estaría dando un boom de la construcción con créditos de la banca desregulada y sin garantía estatal que estaría planteando hacia el futuro un escenario como el vivido por EE. UU. y España con la burbuja inmobiliaria.


CK: Es relativamente cierto. Hay que evaluar los acontecimientos en cierta proporción. No nos olvidemos que China se ha convertido en la segunda economía mundial, en plena crisis sigue teniendo tasas de crecimiento del 8/9% anual y desde 2008 se ha convertido en el sostén financiero de los bancos norteamericanos y europeos, de la deuda pública de ambas regiones, con un objetivo chino que es seguir sosteniendo sus ventas en Europa y EE. UU.

No podemos perder de vista que si la economía mundial está en una crisis muy severa, pero no en una depresión global total, es porque China sigue creciendo. Hay 1/3 de la economía mundial que es empujada por China que logra que los bancos norteamericanos no se hundan y por lo tanto que el país se mantenga, que Europa no se hunda y además arrastra como comprador a todos los países que venden materias primas. Lo ocurrido con China es un índice de las transformaciones mayúsculas que se han producido en los últimos 20/30 años. No olvidemos que China era un país secundario en el mercado mundial y en la actualidad es la clave para que la economía mundial no se despiste por completo.

Dentro de este contexto China tiene muchos desequilibrios, entre ellos lo que señala Krugman, pero dentro de este marco. China tiene dificultades graves, diría que la más inmediata es la que señala Krugman. Hay una burbuja inmobiliaria enorme, los precios de las viviendas han aumentado en forma desproporcionada en los últimos 5/6 años.

MH: En un momento donde debe haber millones de personas trasladándose del campo a las industrias en las ciudades.

CK: Además, la construcción de nuevas viviendas es el sector productivo chino de mayor actividad, por lo tanto, se estima que si se pincha la burbuja inmobiliaria por lo menos 2 o 3 puntos del PBI quedarían inmediatamente afectados. Es una burbuja porque el boom económico de la vivienda en China está financiado por un sistema de créditos muy poco controlado.


MH: Una “Banca en las sombras”, sostiene Krugman.


CK: Exactamente. Una banca cuyos créditos son regionales y están poco regulados, su monto es desconocido y el estallido de esta burbuja podría provocar efectos muy importantes. Por esta razón el gobierno chino desde hace 2 o 3 años es conciente de esto y frente a la experiencia española y norteamericana ha comenzado a enfriar el sector para intentar que la burbuja no explote y hasta ahora ha mantenido más o menos controlada la situación aunque no se sabe si va a terminar estallando o no. Yo diría que igualmente el desequilibrio chino más significativo de mediano plazo está en la sobreinversión. China tiene una tasa de inversión del 45/50% anual. Es delirante y además hay que vender todo lo que se produce. Si uno invierte 50% luego fabrica más productos y hay que venderlos afuera y la cosa está muy difícil por la situación internacional y también adentro, lo que no es tan fácil porque habría que aumentar significativamente el nivel del salario chino y perderían la ventaja comparativa de bajos salarios que les permite exportar.


El dato más importante de la economía mundial: en 2010 hubo 180.000 protestas en China

MH: Me llamó la atención en tu último artículo “El ajedrez global de la crisis” de diciembre 2011, un dato: en 2010 en China hubo más de 180.000 protestas.


CK: Quizás es el dato más importante de la economía mundial aunque es poco conocido. Tengamos siempre en cuenta las proporciones chinas. Un país de 1.300 millones de habitantes tiene 180.000 protestas, es mucho, pero imaginemos que nuestro país tiene 40 millones. No sé si la proporción de las protestas chinas es superior a otros países, pero la importancia es que la reacción social, la resistencia frente a la crisis es el dato que hay que seguir con mayor atención porque es finalmente el único que puede cambiar el carácter de ultra ajuste que tiene la crisis. Lo único que puede modificar la tendencia predominante a responder a la crisis con una mayor agresión a los trabajadores es una resistencia social.

En la región donde se esperaba mayor resistencia era Europa. Aunque ha comenzado todavía es muy limitada en función de su historia. Es muy fuerte en Grecia, apareció en España, comenzó a irrumpir en Italia, pero no es una resistencia acorde al nivel de la agresión que se está sufriendo. Es importante y muy alentador lo ocurrido en EE. UU. con el movimiento “Ocupar Wall Street” porque es la primera vez que ocurre algo de este tipo después de muchas décadas y continúa, se está organizando, tiene presencia nacional, pero en el lugar donde el movimiento social es más dinámico curiosamente es China. En primer lugar por razones económicas y sociales. No hay recesión, hay crecimiento y, por lo tanto, hay posibilidad de conquistas, de conseguir mejoras.

Hay un movimiento activo desde hace varios años, con una clase trabajadora de una nueva generación. Ya no son los trabajadores de la época maoísta ni tampoco los que vinieron desde el campo en el período más reciente de construcción del capitalismo chino. Es una clase trabajadora más sólida, que actúa con mucha valentía. Lo más importante es el viraje en los 2 últimos años de la dirección china, de la elite, de los dirigentes del país que pasaron de una política de confrontación, represión e ilegalización a contemporizar y esta política implica exigencias a las empresas extranjeras a conceder en los reclamos porque evidentemente hay un temor a la pujanza que puede asumir este movimiento. Los dirigentes chinos están entre la espada y la pared. Por un lado tienen este movimiento y por otro necesitan mantener el salario bajo porque sino los capitales del mundo y de China se van para Tailandia, Filipinas, Vietnam. Entonces tienen que hacer un equilibrio y lo importante es el surgimiento de este movimiento, por eso es tan conflictiva su expresión a través de Internet, por eso se habla tanto de los internautas chinos que por un lado los quieren prohibir pero al mismo tiempo no pueden interferirlos como ocurrió con las rebeliones árabes. Ese podría ser el nexo de los movimientos sociales chinos con el resto del mundo que todavía es una cuenta pendiente.


La economía extractivista es destructiva del medio ambiente y el empleo

MH: Quisiera pasar a América Latina. El mes pasado escribiste un artículo importante, “Los atolladeros de la economía latinoamericana”, donde señalabas lo que denominaría el talón de Aquiles estructural de nuestra economía, refiriéndote al extractivismo y la baja calidad de los nuevos empleos.


CK: La economía latinoamericana está enganchada al motor chino pero no es China. Le está ocurriendo lo mismo que a algunas economías exportadoras de otras regiones que reorientaron su actividad en función de la demanda china de materias primas.

De repente, Argentina tiene tasas de crecimiento del 8/9% y parece que es China pero ésta compra la soja argentina y la utiliza para el desarrollo industrial. No tenemos que confundir economías de base rentista que siguen creciendo con economías de base industrial que están creciendo. No es lo mismo una economía del sudeste asiático que desarrolla su manufactura que la economía rusa que depende del petróleo o la brasilera/argentina que dependen de la soja. Ha ocurrido que hay una revalorización latinoamericana del modelo agro-minero-exportador en momentos que en el mundo ya se conocen sus efectos demoledores sobre el medio ambiente. En otra época solo se criticaba su carácter primarizador o extractivista, que sería la denominación más correcta, en la actualidad se pone el acento sobre el efecto destructivo al medio ambiente y nocivo para la creación de empleo, porque no solo cuando se tala un bosque o desarrolla la minería a cielo abierto o se utiliza cianuro para extraer productos del subsuelo, se destruye el entorno natural, sino que esas actividades no generan empleo. Son actividades altamente tecnificadas y eso vale también para el agro argentino.

La diferencia entre el modelo económico actual y el exportador de principios del siglo XX, es que en éste venían inmigrantes a poblar la Argentina para trabajar la tierra, en la actualidad, no se necesitan. Es un modelo sin mano de obra, sin campesinos. Es una producción absolutamente tecnificada, con el agroquímico como insumo y el tractor y la maquinización plena para la extracción del producto. Hablamos de los pooles de siembra. No hay empleo ni en el agro ni en la industria agrícola.

MH: Me viene a la mente la imagen de los patrones del campo que antaño a la mañana iban a recorrer y ver cómo andaban las cosas y ahora se levantan a las 11:00 para ver las cotizaciones de los granos por Internet o en algún canal de cable.

CK: Es lo que se vio en Argentina en el conflicto de 2008. Cuando uno empezó a conocer un poco en las ciudades que el tipo de trabajo rural actual requiere muy poca gente y tiene un nivel de calificación semejante al de las ciudades pero cuyo producto solo genera enriquecimiento a un grupo minoritario que después invierte en compras de departamentos en Puerto Madero, es decir, ese circuito no genera empleo y el efecto es una migración rural y una degradación de las condiciones de vida de los campesinos que pierden su terruño cuando la frontera de la soja se amplía en el Chaco o Formosa. Paralelamente en las ciudades, un acrecentamiento de la marginalidad urbana porque no se crea nuevo empleo y viene el campesino expulsado por la soja. El efecto es un círculo vicioso de desempleo y creación de renta despilfarrada por los grupos exportadores.

MH: ¿Este modelo no se enfrenta de alguna manera al que podríamos denominar neodesarrollista?

CK: En algunos países se está intentando hacer algo de ese tipo, Argentina es uno de ellos. El modelo del gobierno actual intentó poner un límite al modelo agroexportador, de allí la gran confrontación del 2008. El choque entre el gobierno y el sector agrosojero tenía un fundamento económico, donde el gobierno intentaba priorizar una alianza con la Unión Industrial (UIA) y el uso de una parte de las retenciones para invertir, lo que no hace el sector privado.

Sin embargo, es un modelo muy asociado al agroexportador, no hay una barrera nítida como en otra época, la de sustitución de importaciones. Ahora están muy entrelazados. Por esa razón la UIA tomó partido por los agrosojeros durante el conflicto con el campo. Al mismo tiempo, es un modelo que depende por entero del subsidio del Estado porque las burguesías locales de Argentina, Brasil o México tienen una tasa de inversión interna muy baja, prácticamente no invierten. Esto no es China, sino que más bien en el caso argentino aumentan los precios, fugan capital y ante esta escasa inversión es el Estado que tiene que sustituir lo que no hacen y eso genera un modelo que no arranca.

Otra dificultad grave es que está muy enlazado internacionalmente, entonces es muy difícil establecer barreras de protección a la industria nacional como en los ‘50/60. La Argentina y Brasil son parte del G20 y si suben las barreras arancelarias no podrían permanecer allí. Hay una asociación que no existía antes con el universo trasnacional. Son un conjunto de limitaciones muy fuertes a un modelo de desarrollo industrial intenso en los países latinoamericanos.


En Argentina, la etapa sencilla del modelo concluyó

MH: Pasando a la Argentina se prevé un descenso del precio de la soja, un menor crecimiento de Brasil y se habla de varios tipos de ajustes que se harían fundamentalmente en las tarifas y en los salarios.


CK: Es evidente que el modelo está entrando en otra etapa. La etapa sencilla que hubo entre 2003-7 como resultado de la crisis del 2001, concluyó. La etapa problemática entre 2007-8/2010 también ha terminado porque la economía argentina ya recuperó el nivel de consumo, de demanda y ahora hay que hacer las inversiones necesarias para que el abastecimiento de esa demanda reconstituida pueda ser satisfecho.

Hay un gran problema que se arrastra desde hace 2/3 años y es que la tasa de inversión es muy baja en relación a lo que se necesita para mantener el consumo actual. Como eso no está ocurriendo la tasa de inflación es muy alta y ahí hay un punto crítico porque a su vez deteriora el tipo de cambio, afecta el superávit comercial que ya no es el que había antes y el Estado estuvo sustituyendo a través de subsidios a los sectores privados, especialmente en el despilfarro de la energía que tuvimos en los últimos años y en la inversión al transporte. Se ha dilapidado el dinero del Estado en subsidios a petroleras que no extraían ni exploraban y en un sistema absolutamente perverso de fomentar la producción automotriz y destruir el sistema ferroviario. Ahora todo eso hay que pagarlo.

Se viene una reestructuración de los subsidios, un incremento del tipo de cambio en relación a la inflación, una política pro empresaria y no conciliadora con los sindicatos. Hay una nueva etapa mucho más conflictiva, de mayor tensión del gobierno con las organizaciones gremiales para poner un techo a los aumentos salariales y no a los beneficios empresarios. Pero vamos a ver qué intensidad tiene esto. No podemos pronosticar hoy cual va a ser la profundidad de este cambio. Viene un cambio pero no sabemos cuán profundo, cuántas tensiones va a generar. Digo esto porque un atisbo del problema actual ya lo vimos en 2009 cuando la crisis internacional tuvo un impacto en la Argentina, hubo recesión durante un año pero el modelo no sufrió efectos significativos.

La pregunta es si ahora se va a reproducir lo que pasó hace 2 años o se viene un impacto mayor. Por ahora no lo sabemos porque no sabemos cuánto va a caer el precio de la soja, cuánto se va a frenar Brasil y qué magnitud tienen los desequilibrios argentinos que deben resolverse. Pero ya no hay el mismo superávit que antes ni el excedente fiscal ni el margen de maniobra pero hay un nivel de reservas como nunca tuvo la Argentina, un escenario que todavía nos sigue siendo favorable y un nivel de endeudamiento limitado que tampoco teníamos en otra época. Por lo tanto, si uno junta todos estos elementos habrá un cambio pero todavía es complicado definir cuál será su efecto final.

Creo que vamos a transitar un año muy interesante. Me parece que seguimos estando entre los países en mejores condiciones para los movimientos sociales, para aportar al escenario turbulento que se viene. Tenemos movimientos sociales que siguen con una pujanza importante. El país ha vivido una transformación importante en los últimos años y se han logrado conquistas democráticas y sociales significativas. Me parece que podemos seguir avanzando por un rumbo positivo de construcción desde abajo de un proyecto de izquierda que tiene un buen escenario regional e internacional para afrontar los desafíos del próximo período.

MH: ¿Estás preparando un nuevo libro?

CK: Ya sale. Se llama Bajo el imperio del capital, es un análisis de las teorías contemporáneas del imperio y el imperialismo.


Claudio Katz es economista, integrante del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, profesor en la Universidad de Buenos Aires y director de varios proyectos de investigación. Es autor de numerosos textos de interpretación del capitalismo contemporáneo y de la crisis económica global. Recibió menciones honoríficas del Premio Libertador al Pensamiento Crítico por sus libros “El porvenir del socialismo” (2004) y “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina” (primera edición, 2008). Su libro más reciente se titula “La economía marxista, hoy. Seis debates teóricos” (2009). Como integrante del EDI (Economistas de Izquierda) ha publicado varios estudios sobre la coyuntura política y social de la Argentina.

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Diecisiete llamados para la movilización mundial de abajo y a la izquierda

Pablo González Casanova La Haine

Ponencia enviada por Pablo González Casanova, uno de los intelectuales más reconocidos de México, ex rector de la UNAM, al II Seminario Internacional “Planeta Tierra: movimientos antisistémicos”, celebrado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Si pensamos en el conocimiento y la acción de un movimiento mundial como el de los indignados, pronto advertimos que hay problemas teóricos y prácticos considerablemente distintos a los que se plantean en la academia, en los partidos y los gobiernos. Afortunadamente tenemos la posibilidad de enriquecer nuestro conocimiento con las preguntas que los pueblos se hacen y con las respuestas que se dan.

Teorías y prácticas que vienen de abajo y a la izquierda tienen la originalidad de criticar al poder cuando éste se siente distinto de la sociedad y cuando se separa de la sociedad.

Los nuevos movimientos del pueblo plantean una democracia que corresponda a las decisiones del pueblo, y que en caso de que se separe del pueblo dejará de ser democracia.

Depauperados y excluidos, indignados y ocupas formulan teorías que contienen un gran respaldo empírico. Se trata de explicaciones y generalizaciones basadas en gran cantidad de experiencias. Se trata de conocimientos, de artes y técnicas que corresponden al saber y al hacer de los pueblos, ese saber que tanto exaltara el antropólogo Andrés Aubry, y en que aparece, en vez del yo individualista, el nosotros tojolabal que Carlos Lenkersdorf rescatara para la filosofía de la solidaridad humana.

Teorías y prácticas tienen mucho de particular y también de universal… Y no exagero. Pensemos en la inmensa movilización de los indignados y los ocupas que luchan por otro mundo posible. Hoy –escriben admirados dos profesores ingleses–, la movilización es gigantesca. Nunca se había dado una de esa magnitud, y toda la movilización empezó (añaden) en las junglas de Chiapas con principios de inclusión y de diálogo.

Vemos así que desde abajo y a la izquierda y desde las selvas tropicales surge un movimiento que no sólo lucha por defender los derechos de los pueblos indios, sino por la emancipación de los seres humanos.

Y ese movimiento universal, en medio de sus diferencias, vive problemas parecidos. Es más, encuentra soluciones parecidas para la creación de otro mundo y de otra cultura necesaria, a la que los pueblos de los Andes expresan como el bien vivir, en que el vivir bien de unos no dependa del mal vivir de otros.

A esas aportaciones que de los indios de América vienen se añaden muchas más que corresponden a las experiencias de múltiples culturas e historias y que crean la historia universal de la lucha por la libertad, por la justicia y por la democracia, lema que levantó el movimiento zapatista y que anda por el mundo entero no como eco sino como las voces de un pensar y querer parecido.

Y allí están las juventudes griegas que luchan contra el tributo de la deuda externa, están los movimientos de la primavera árabe a quienes los militares no pueden transar, están las asambleas de los indignados españoles que articulan intereses vitales que el sistema no puede satisfacer, están los jóvenes estadunidenses que ocupan Wall Street como centro del poder corporativo contra el que todos luchamos, a los jóvenes chilenos que dan su vida para que no les quiten sus escuelas y universidades.

En todas las movilizaciones hay mucho de común. Todas o casi todas coinciden con lo incluyente y con lo dialogal, y un número cada vez mayor, con la idea de que el capitalismo corporativo es el origen de todos los problemas que afectan y amenazan a la humanidad.

Coinciden también en que la solución es esa democracia de todos para todos y con todos que no se delega, y que algunos llaman socialismo democrático y socialismo del siglo XXI y otros nomás democracia, y que es eso, y mucho más, pues es una nueva forma de relacionarse con la tierra y con los seres humanos… una nueva forma de organizar la vida.

Y es en medio de la riqueza y novedad de esta movilización mundial como se captan una serie de reflexiones que vienen de abajo y a la izquierda y cuya respuesta busca el triunfo de los indignados y de los pobres de la tierra.

La riqueza de las reflexiones y llamados es enorme y exige la atención y la profundización de algunos que enuncio escuetamente y en los que debemos trabajar más:

1. El llamado a perder el miedo antes que nada, que el movimiento zapatista destacó como un requisito para pensar y actuar.

2. El no pensar sólo en qué hacer sino en cómo lo hacemos.

3. El precisar con quiénes –lo hacemos– en las distintas circunstancias.

4. El aclarar nuestras diferencias internas con un nuevo estilo de discutir y acordar.

5. El rechazar terminantemente la lógica de la caridad. Y también la lógica del paternalismo, pues ambas ocultan la manipulación. Caridad y paternalismo son la cara buena de la cultura autoritaria.

6. Combinar la lucha por los derechos de los pueblos, los trabajadores y los ciudadanos con la lucha por la construcción de una sociedad alternativa en que los colectivos de los buenos gobiernos practiquen el mandar obedeciendo. Precisar con ejemplos en qué consiste la práctica del mandar obedeciendo.

7. Dar los pasos necesarios para que el proyecto emancipador sea realmente incluyente, y dé lugar a un trato respetuoso de las diferencias de raza, sexo, edad, preferencia sexual, religión, ideología y nivel educativo.

8. Redefinir los conceptos de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia, la democracia… Redefinirlos en la vida cotidiana, en el aquí y el ahora.

9. Aclarar que las redes no son sólo redes informáticas. Aclarar que se han organizado y se van a organizar redes de colectivos y de sistemas de colectivos que permitan el predominio de las organizaciones horizontales sobre el mercado y el Estado, que estimulen la cooperación y la solidaridad frente al individualismo del mercado, y en que los encargados manden obedeciendo los lineamientos que las organizaciones horizontales les den y no se sientan ni un minuto por encima de ellas. Al mismo tiempo crear organizaciones centralizadas y descentralizadas, como el EZLN, o como las policías de los pueblos del sureste y como las autonomías municipales.

10. Profundizar y promover los sistemas solidarios y cooperativos con flujos e intercambios que acerquen la producción, el consumo y los servicios, por ejemplo, la educación, salud, seguridad social.

11. Actualizar constantemente los conocimientos sobre las contradicciones en los propios movimientos emancipadores, y no sólo sobre las contradicciones externas.

12. Fomentar el respeto a la dignidad y a la identidad de personas y pueblos, sin caer en el individualismo o el aldeanismo, y antes cultivando la emancipación universal.

13. Combatir el maniqueísmo, y retomar el tipo de discusiones que invocan a los clásicos para comprender el aquí y el ahora, e incluir sus narrativas y reflexiones en la memoria creadora de nuestras generalizaciones.

14. Reconocer que en todos los grandes movimientos los pueblos –con una razón de enorme peso– no se inclinan por una revolución violenta, sino por la ocupación pacífica y multitudinaria de la sociedad y de la tierra.

15. Pensar que 99 por ciento de la humanidad va a ganar esta lucha y que de su triunfo y de la sociedad que construya dependerá la creación ecológica de un sistema terrestre sostenible, capaz de satisfacer las demandas vitales de una población creciente que hoy sufre hambre y frío por cientos de millones, y capaz de impedir que continúe un sistema económico-político en que la industria de guerra es el motor principal de la economía.

16. Plantear cómo se lucha y gana pacíficamente en una guerra de espectro amplio como la diseñada por el Pentágono. Si uno de los espectros es la guerra violenta y armada, podemos luchar en los otros que comprenden la guerra informática y cibernética, la guerra contra la educación, la guerra contra la cultura, la guerra económica con la deuda externa y derivados, la guerra social que deshace el tejido comunitario, familiar, de clase; la guerra ideológica y seudo-científica neoliberal, cínica, recolonizadora y neofascista: la guerra que destruye la biosfera y la guerra que siembra el terror acompañadas de la guerra inmoral para cooptar, macro-corromper y someter a una humanidad que se rinda y se venda.

17. Insistir en que los pobres de la tierra y quienes estamos con ellos debemos enfrentar la guerra de espectro amplio en todos los espectros pacíficos posibles: en el terreno de la educación para pensar y hacer, en el terreno de la economía de la resistencia que cuida el pan y el agua, el fogón y el techo, los servicios de salud y de seguridad: el tejido social de la familia y el de la comunidad, y el de una clase trabajadora que restructure la unión necesaria de los trabajadores regulados y desregulados; en la lucha ideológica contra las corporaciones, los líderes amarillos y las mafias que ocultan su guerra depredadora con otras guerras no menos infames –como las del terrorismo, el narcotráfico y la confusión… Y estar cada vez más conscientes de que la guerra actual de intimidación y corrupción busca sobre todo el despojo de los territorios comunales, de las parcelas campesinas, de las tierras nacionales, de los bosques y las minas, de los viveros de petróleo y de los mantos acuíferos; de los suelos y los subsuelos, de las costas y las tierras. Y no conforme con oprimir a los pobres entre los pobres y a los habitantes de la periferia mundial, en forma cada vez más abierta está empobreciendo a los sectores medios y privando de sus derechos y de su futuro a los jóvenes y los niños del mundo entero.

Con los indignados de la tierra hemos de enfrentar la nueva política del azúcar y el garrote, de la corrupción y la represión macroeconómica que emplea el capitalismo corporativo, con sus aliados y subordinados. Frente a sus intentos de intimidación y corrupción universal blandiremos la moral de lucha y el coraje de los pueblos. Lo haremos, conscientes de que somos cada vez más y de que serán cada vez más quienes en el mundo entero luchen por lo que en 1994 sólo parecía ser una rebelión indígena posmoderna y que en realidad es el principio de una movilización humana considerablemente mejor preparada para lograr la libertad, la justicia y la democracia a que todos aspiramos.

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martes, 3 de enero de 2012

La crisis británica golpea a los jóvenes

Marcelo Justo Página 12

“He tenido 20 años y no permitiré que digan que es la edad más hermosa.” La famosa frase de Paul Nizan tiene más peso que nunca en la Europa actual y no por razones existenciales. La crisis económica está golpeando con particular fuerza a los jóvenes. En el Reino Unido el desempleo juvenil superó la barrera psicológica del millón de personas y nadie parece abrigar esperanzas de que las cosas mejoren en este 2012. Unos porque nunca tuvieron expectativas de otra cosa, otros porque las puertas abiertas se están cerrando y no hay tampoco manera de abrirlas: este año la matrícula universitaria costará unos 16 mil dólares y la ayuda estudiantil secundaria ha desaparecido. Así las cosas, no sorprende que los estudiantes estén engrosando las filas de la prostitución para financiarse una carrera que mejore, sin ofrecer garantías, su futura empleabilidad.

En un intento de capturar y transmitir la gravedad de la crisis, la ONG Barbados, que defiende los derechos de los menores, llama a los jóvenes “los futuros pobres”. En algunos casos el futuro no es más que la continuación del pasado: llevan la pobreza inscripta en la partida de nacimiento. En los barrios londinenses de Tottenham, Lewisham, Hackney, en los bolsones pobres de las grandes ciudades, en Manchester y Liverpool, Birmingham y Newcastle, hace mucho que se abandonó toda esperanza. Durante los saqueos masivos que conmovieron en Reino Unido durante agosto, un 80 por ciento de los arrestados tenía menos de 25 años.

En su mensaje de año nuevo, emitido este domingo, la máxima autoridad de la Iglesia Anglicana, el arzobispo de Canterbury Rowan Williams, exhortó a los británicos a no demonizar a los jóvenes. Pidió a los británicos que abandonen la hostilidad hacia los jóvenes. “Es una tragedia que haya saqueos cuando podemos ver lo que se puede lograr con esos jóvenes cuando esa energía que tienen es canalizada positivamente en un contexto de seguridad y amor”, señaló el arzobispo. Pero como advirtió David Lammy, diputado laborista por Tottenham, el barrio donde se originaron los incidentes, no hay una conciencia social o política sobre la gravedad y urgencia del tema. “Necesitamos políticos de todos los partidos que atiendan estos problemas o los saqueos pueden volver a repetirse”, vaticina Lammy.

No hay señales de que el gobierno esté escuchando. La primera reacción a los disturbios fue descalificarlos como mero vandalismo juvenil de pandillas desbocadas. El primer ministro David Cameron suavizó un poco sus propias palabras hablando de la desintegración moral de la sociedad y prometiendo una investigación de los hechos, pero la política socioeconómica del gobierno no varió un ápice.

En su comparecencia ante el Parlamento en octubre, el ministro de Finanzas George Osborne reafirmó el plan de austeridad del gobierno que contempla una reducción de unos 140 mil millones de dólares en el gasto fiscal del período 2011-2015. Los programas juveniles, diezmados por los recortes, no recibieron ninguna nueva fuente de financiamiento. El barrio de Tottenham es un claro ejemplo del abismo social que existe en uno de los países ricos del planeta. Es la zona con mayor desempleo de Londres y una de las diez más pobres del Reino Unido: los clubes de la juventud desaparecieron luego de que el presupuesto municipal sufriera una poda del 75 por ciento.

La apuesta de la coalición conservador-liberal demócrata es que el sector privado compensará el draconiano achicamiento del Estado. Por el momento, esta apuesta no ha dado resultado. Entre julio y septiembre de 2011 unas 67 mil personas perdieron su empleo estatal: el sector privado solo creó cinco mil nuevos puestos. Según el prestigioso Chartered Institute of Personnel and Development, esta situación empeorará este año con el despido de unos 120 mil trabajadores estatales. Una chica de 21 años que terminó el año pasado la universidad, Charlotte Foster, resumió al Daily Telegraph su falta de expectativas. “En el mejor de los casos pasaré de un empleo temporal a otro. Con tantos despidos va a ser muy difícil. Hay gente con diez años de experiencia en el mercado laboral buscando trabajo”, señaló al matutino.

Si la estrategia de la coalición para el conjunto de la sociedad hace agua, para los jóvenes ha naufragado en medio de la nada. Una de las medidas de austeridad de la coalición que más los han afectado es la triplicación de las matrículas universitarias, que entra en vigor este año, y la eliminación de ayuda a estudiantes secundarios. Las masivas manifestaciones entre octubre de 2010 y marzo del año pasado sacaron a los jóvenes del letargo político de las últimas dos décadas, pero no consiguieron evitar la reforma de la ley educativa.

Con costos por las nubes y sin acceso a puestos part-time o a empleos veraniegos, muchos estudiantes están recurriendo a variadas formas de prostitución. “Con todos los recortes que ha habido, muchas estudiantes se prostituyen para escapar de la pobreza. Con este tipo de trabajo, se puede en una noche cubrir más o menos los gastos de la semana”, señala Sarah Walker, de una agrupación de defensa de los trabajadores sexuales, el English Colective of Prostitutes (ECPL). Un estudio de la Universidad de Leeds, en el norte de Inglaterra, reveló que un 25 por ciento de las strippers y lapdancers de la capital eran estudiantes. Otra investigación de la Universidad de Londres mostró que un 16 por ciento de las universitarias estaban dispuestas a prostituirse para pagar sus estudios y un 11 por ciento contemplaba la posibilidad de trabajar en agencias de escort. “La mayoría son estudiantes que acaban de empezar la universidad o estudiantes adultos que quieren un título. El gobierno sabe que el trabajo sexual es una manera de escapar de esta trampa, pero parece no importarle mucho”, señala Walker.

En medio del desaliento, la Unión de Estudiantes se ha comprometido a continuar con las protestas para cambiar la política universitaria de la coalición. En noviembre, casi un año después que el Parlamento aprobara la triplicación de las matrículas, miles de estudiantes se manifestaron por un cambio de política. La mayoría no estaba directamente afectada por la medida que solo entrará en vigencia para la camada que ingresa a la universidad este septiembre. 2012 promete ser un año movido.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-184584-2012-01-02.html

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Nación carcelaria

Mumia Abu Jamal La Haine

Cada prisión es igual, y cada prisión es diferente. Cada prisión tiene su propio mitología (piensen en Alcatráz, Sing Sing, Ática), su propio ritmo –– duro, suave, firme, relajado, severo o super max. Y cada prisión se administra por un sistema de clase, es decir, por la manera en que las cortes o administradores han clasificado un delito, según los intereses amenazados por él.

Por ejemplo, en el área de aislamiento (el hueco) de cada prisión del estado, encuentras el corredor de la muerte, donde los hombres y mujeres con las peores sentencias viven las vidas menos contenciosas. Si tienen el dinero (o en realidad, si sus familias lo tienen), tal vez pueden tener un televisor, un radio, u otras cosas ––pero sólo si pueden pagar. Algunos presos trabajan en la prisión por el magnífico sueldo de $35 o $50 dólares al mes. Sí. Al mes. En estos lugares es difícil pensar en cualquier cosa que no sea la máxima condena ––la muerte–– y en vista de esta inmensidad, cualquier comodidad parece insignificante.

Sin embargo, el corredor de la muerte es una clase en un sistema de clasificación, y más allá de ésta existe un abismo de categorías que son tan enloquecedoras como rutinarias. Se conocen, por sus siglas en inglés, como AC (Detención Administrativa), DC (Custodia Disciplinaria), o PC (Prisión Preventiva), entre otras. Todas se refieren a un estado de encerramiento especial, todas tienen distintas reglas con respecto a lo que se permite o no se permite, y todas tienen varios niveles de represión.

Los libros más reconocidos sobre la historia de Estados Unidos hablan de un país sin clases. Dicen que las rígidas distinciones de clase son más bien una cosa inglesa o europea. ¿Entonces cómo es posible que una nación que presume de ser una sociedad sin clases haya fundado instituciones tan plagadas con diferenciaciones de clase?

A decir verdad, Estados Unidos nunca ha sido una sociedad sin clases. Y además de tener clases muy rígidas desde el principio, tuvo (y tiene) un sistema de casta más rígida que la piedra. Millones de negros viven en una casta, como Michelle Alexander ha señalado en su excelente obra, El Nuevo Jim Crow.

La adinerada clase dominante construyó prisiones y cortes para protegerse y proteger su riqueza ante los reclamos de las masas. También construyó la ilusión ideológica de un país sin clases, la cual se difunde hasta la fecha en sus medios de comunicación. Rebuznaron sobre la libertad, mientras construyeron un complejo carcelario industrial ––el complejo carcelario más masivo jamás visto en el planeta.

Construyeron una nación carcelaria.

(c) '11 maj
17 diciembre 2011
Audio grabado en voz de Marc Lamont Hill por Noelle Hanrahan: www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México

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Desde el 12 de diciembre, Mumia Abu-Jamal ha estado en Detención Administrativa en la prisión Mahanoy en Frackville PA. Las restricciones son severas. No ha podido comunicarse con nadie por teléfono y por eso Prison Radio no puede grabar sus ensayos en su propia voz. Aunque técnicamente no está en el corredor de la muerte, Mumia sigue en aislamiento. Durante sus primeros días en Frackville, le permitieron tener ocho hojas de papel y una pluma de goma. Ahora tiene acceso a cuatro libros y más hojas. Sus visitas (pocas y cortas) todavía se realizan a través de un plexiglás, sin contacto físico. Está encadenado con grilletes en las manos y los pies durante las visitas.

Recordemos que en la prisión Greene, donde Mumia estuvo encerrado en el corredor de la muerte, los oficiales abandonaron la práctica de encadenar a los presos durante sus visitas después de que el ex arzobispo Desmond Tutu puso el grito en el cielo al encontrar a Mumia en grilletes durante su visita con él en octubre de 2007.

En otras palabras, en varios aspectos la vida diaria de Mumia ahora es igual o peor que antes. Se supone que estas condiciones deben cambiar cuando lo trasladen a Población General, pero no podemos contar con esto.

Por otro lado, a pesar de que la Suprema Corte de Estados Unidos ha declarado inconstitucional la pena de muerte en el caso de Mumia, podemos contar con la Orden Fraternal de Policía y la Fiscalía de Filadelfia para hacer todo lo posible para silenciarlo. Expresaron su odio para él públicamente en su mitin anti-Mumia el 8 de diciembre en el Keswick Theatre. Todavía lo quieren muerto. Si esta pandilla no ordena un atentado contra Mumia dentro de la prisión, lo menos que van a hacer (y seguramente lo están haciendo ahora mismo) es presionar a las autoridades carcelarias para hacer su vida un infierno e impedir que él siga luchando a través de sus escritos. Quieren su silencio.

Mientras seguimos exigiendo la libertad inmediata de Mumia, hay cosas que podemos hacer con respecto a su situación actual. Ramona África pide que le enviemos tarjetas a él y que llamemos al Director de la prisión John Kerestes o a la Sub-Directora Bernadette Masan (570 773-2158) para dejarles saber que estamos viendo por su seguridad y bienestar en prisión. Su nueva dirección es:

Mumia Abu-Jamal, #AM8335
SCI Mahanoy
301 Morea Road
Frackville, PA 17932

Con los mejores deseos para un año de rebelión revolucionaria en el mundo entero,
Amig@s de Mumia de México

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Rally Dakar, competencia de europeos que amenaza al patrimonio americano

Otramérica

464 motos, coches, quad y camiones carísimos, chicos y chicas adictos al ‘deporte de riesgo’, todo un show mediático trasladado de la pobreza de África a la siempre machacada Suramérica… El París Dakar (ya sin París y sin Dakar) acaba con el patrimonio arqueológico y deja una polvareda de polémica acallada por la publicidad.

Acción Ecológica de Chile se ha dado a la tarea de monitorear los daños del rally París Dakar desde que en 2009 el “rodeo publicitario en el continente de la pobreza”, como lo denominaban las ONGs en 2005, cruzó el Atlántico.

“En 2009, seis sitios arqueológicos con información con una antigüedad mayor a los cuatro mil años se perdieron por el Dakar. En 2010, se dañaron de lo revisado, que no fue el total, 52 sitios arqueológicos y en 2011, 126 sitios arqueológicos. Ese es el triste récord en términos de destrucción de nuestro patrimonio arqueológico y paleontológico, gracias a esta ´competencia deportiva’”, explicaba hace unos días Luis Mariano Rendón, de Acción Ecológica.

Esta organización, junto a la Fundación Patrimonio Nuestro presentaron nuevamente en la Corte de Apelaciones de Santiago un recurso de protección contra el Rally Dakar en defensa del patrimonio arqueológico del país. Saben que su recurso no parará la carretera que arrancó el domingo en Mar de Plata (Argentina) y que pasará por Chile y entrará por primera vez a Perú.

Las organizaciones reclaman que el mismo Consejo de Monumentos Nacionales ya constató y comprobó –en un informe presentado en mayo de este año– el grave daño arqueológico y paleontológico que deja esta competencia en el norte grande del país. Rosario Carvajal, presidenta de Patrimonio Nuestro, señala –al igual como ha manifestado el Colegio de Arqueólogos– que las medidas de mitigación del impacto son insuficientes e ineficientes el daño irreparable que se produce en la zona.

En Perú, el Museo Paleontológico Meyer Hönninger de Perú pidió al Gobierno y a los organizadores del Dakar 2012, que recaben información sobre los lugares que deben ser evitados y protegidos.

Según el documento, los organizadores mantienen en estricto secreto la ruta de los vehículos, por lo que se pueden ver afectados los fósiles únicos de ballenas, delfines, tiburones y otra vida marina de gran tamaño que habitó durante el periodo del Mioceno en los desiertos de Ica y de Arequipa.

El Gobierno de Perú solo ha establecido una salvaguarda para las Líneas de Nazca ante la arremetida de los 464 vehículos participantes, entre ellos 170 automóviles, 193 motos, 25 quads y 76 camiones. El Ministerio de Cultura de este país ha insistido en que el rally no dañará las zonas de patrimonio intangible protegidas. Mientras, la Comisión de Promoción de Perú lo que prefiere es hacer cuentas y asgura que la legada de la caravana atraerá a un millón de turistas y supondrá una inversion directa cercana a los 100 millones de dólares.

Fuente: http://otramerica.com/radar/rally-dakar-competencia-de-europeos-que-amenaza-al-patrimonio-americano/1151

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lunes, 2 de enero de 2012

¿Se aleja la perspectiva de una ofensiva militar contra Irán?

Ignacio Klich Revista Debate

El revés que significó para el frente estadounidense-israelí la captura de un avión espía en la República Islámica, la campaña electoral de Obama y la radicalización de los sectores ultraortodoxos en Israel como factores clave para entender el panorama.

Junto a la detención en Irán de un agente estadounidense, cuyo juicio se abrió el martes 27 en Teherán, la inesperada captura iraní -el 4 de este mes- de un aparato aéreo norteamericano no tripulado (UAV, por su abreviatura en inglés), que violaba su espacio aéreo, se volvió un revés militar mayúsculo para Estados Unidos. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) es, por ahora, el único operador estadounidense de los UAV modelo Sentinel; el capturado fue forzado a aterrizar en la República Islámica, abocado aparentemente al monitoreo del programa nuclear iraní.

En la medida en que no es éste el primer UAV aprehendido por los iraníes -otros seis, varios de ellos israelíes, lo fueron antes-, la adversidad también alcanzó al Estado hebreo. De ahí que el premier Benjamin Netanyahu se sirviera de una posterior reunión de su gabinete para anunciar la designación de Evyatar Mataniah como titular de un Directorio Nacional de Cibernética, componente central de la seguridad israelí y de su afán de mantenerse, en palabras de Netanyahu, entre los países a la cabeza de la guerra electrónica.

Frente a esos reveses estadounidense-israelíes, Irán tuvo su mes de serios infortunios, accidentales y/o causados por enemigos de la República Islámica, en noviembre último. Tal fue, entre otros, la explosión provocada por un atentado o descuido en una base de misiles del Cuerpo Islámico de Guardias Revolucionarios (IRGC, su sigla en inglés) en las afueras de Teherán. Ésta se cobró diecisiete vidas, entre ellas la del general Hassan Moghaddam, uno de los responsables del programa misilístico iraní. También hubo otra explosión o voladura en la ciudad de Ispahán, asiento de importantes instalaciones nucleares iraníes.

Generalmente muy bien informado, el boletín estadounidense Stratfor comunicó no haber logrado identificar los edificios afectados por el segundo estallido, mostrándose, eso sí, muy poco convencido por el intento de fuentes de inteligencia hebrea de alimentar “con escasa sutileza” la impresión de que ambos incidentes fueron la resultante de operativos israelíes.

Como quiera que haya sido el caso, la captura del Sentinel dio lugar a protestas iraníes, respectivamente elevadas a la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de la Conferencia Islámica y el Movimiento de No Alineados -antesala a una vaticinada apelación a la Corte Internacional de Justicia en La Haya-, en las cuales la penetración del espacio aéreo iraní, con los 250 kilómetros recorridos por este UAV hasta descender en el nordeste de la República Islámica, fue retratada principalmente como parte de meses de “actividades encubiertas del gobierno estadounidense”.

Sumado a la muerte de Moghaddam y a la eclosión en Ispahán, Irán ha sido testigo de la exacerbación de las medidas punitivas de Washington y sus aliados por su programa nuclear (dada la negativa de Moscú y Pekín a dar otra vuelta de torniquete al régimen de sanciones del Consejo de Seguridad). Si bien ese programa, para muchos, enmascara la ambición iraní de dotarse de armas atómicas, en la versión de Teherán se trata de los usos pacíficos de la energía nuclear. Paradójicamente, sin embargo, la postura ruso-china está apoyada por la creencia militar estadounidense de que Irán no ha resuelto todavía, y menos aún concretado, la construcción de armas nucleares. Pero es cierto que acapara recursos de posible utilidad para ello.

Tal acopio nutre el alarmismo del gobierno israelí, naturalmente interesado en conservar las ventajas políticas derivadas de su monopolio regional de las armas nucleares. No sorprende, pues, que distintos aspirantes presidenciales y otros opinantes adscriptos a la derecha republicana estadounidense, disparen sobre el presidente Barack Obama, dada su resistencia a recurrir a las soluciones militares favorecidas por Israel, antes de reemplazar Paquistán a Irán en la mira hebrea. Ningún republicano deberá afrontar las consecuencias prácticas de sus dichos antes de conocerse el veredicto de las urnas, en noviembre de 2012.

UNOS SE PAVONEAN. OTROS NINGUNEAN

Con ese trasfondo, ni duda cabe del interés de Teherán en publicitar la caza del Sentinel, diseñado para eludir la detección de radares enemigos, como un significativo logro iraní. Se entiende, pues, el alarde propagandístico, a tono con el status iraní de potencia regional de, entre otros, Hossein Salami, vicecomandante del IRGC, sobre la no tan amplia brecha “entre nosotros y Estados Unidos, o el régimen sionista y otros países desarrollados”.

A su turno, sería ocioso ignorar que Washington busca desmerecer tal logro y presenta a Teherán como beneficiario de un mal funcionamiento del Sentinel y de errores operativos, generadores de la pérdida de otros UAV por desperfectos y condiciones climáticas adversas. Fuentes oficiales iraníes, en cambio, insisten en un sofisticado ataque cibernético contra ese aparato. En sintonía con el ninguneo washingtoniano, el Wall Street Journal citó a funcionarios estadounidenses que alegan -sin aporte de evidencia concluyente en apoyo de su hipótesis- que el Sentinel se habría hecho añicos al impactar en territorio iraní, logrando Teherán rearmar gran parte del mismo, como si fuese un puzzle, para su exhibición en público.

Sea que el descenso se haya debido a una exitosa interferencia electrónica iraní en el GPS del Sentinel -una razón que descartan distintos expertos estadounidenses, si bien esa vulnerabilidad era conocida desde hace años-, o a otras circunstancias, el daño causado a Estados Unidos e Israel por tal captura ha sido admitido por especialistas de ambos países. El Lexington Institute estadounidense, por caso, consideró la pérdida del Sentinel un verdadero “desastre”, al señalar que aunque éste se hubiese desintegrado al tocar tierra en Kashan habrían quedado secretos por rescatar de entre sus restos. Por su parte, el boletín hebreo DEBKAfile subrayó el estado de “shock” de los servicios de inteligencia de ambos países, dada la “debacle mayor” que implica esa captura para la tecnología de UAV gestada por Estados Unidos e Israel.

En efecto, sus implicancias van desde la posible penetración iraní de los códigos secretos que gobiernan las acciones del Sentinel, manejados por vía satelital desde Estados Unidos y otras locaciones, hasta el más seguro acceso de Irán y terceros países a un tesoro de secretos tecnológicos, ya sea sobre materiales para eludir la detección de radares, como sistemas de toma de imágenes, sensores especiales para monitorear conversaciones y para localizar partículas nucleares, o equipos de comunicaciones en clave.

Así las cosas, Washington tendrá que atender una variedad de vulnerabilidades, no sólo las asociadas con el GPS sino otras, puestas en evidencia cuando, por ejemplo, elementos enemigos de la presencia estadounidense en Irak lograron descargar de otro aparato no tripulado las imágenes recogidas por éste, con contramedidas para eliminar a futuro potenciales reincidencias. Ello es tan necesario para hipotéticos ataques a Irán, como a la luz de la advertencia del secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, que lo acontecido dista de ser óbice para proseguir con los vuelos de monitoreo.

Cabe escuchar lo anunciado por Panetta intercalando que, para la antes mencionada publicación hebrea, el Sentinel en manos iraníes debía inaugurar “la próxima y más crítica etapa” de una guerra cibernética contra la República Islámica. En el pasado, esa lucha obligó a Irán a reemplazar buena parte de las centrífugas empleadas en su planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, tras la penetración allí del Stuxnet, virus desarrollado por Estados Unidos e Israel, tal como lo confirmó The New York Times.

Entretanto, Fars y Mehr, dos agencias semioficiales de Irán, ya publicitaron los permisos pedidos por Rusia y China para inspeccionar el Sentinel, divulgando una de ellas lo afirmado por un asesor legislativo iraní: este UAV puede jugar “un papel clave en intercambios de la inteligencia iraní con los rivales de Estados Unidos”.

A su turno, DEBKAfile se permitió especular sobre el precio requerido por Irán para acceder a lo solicitado por rusos y chinos: “tecnología nuclear y misilística avanzada, la última palabra en materia de centrífugas para enriquecer uranio y el sistema antimisiles aéreos S-300”. Si bien ese precio es susceptible de ser pagado, aquello a obtener por la República Islámica dependerá, entre otros factores, de cuán capaces sean sus técnicos para aprovechar por sí solos los secretos tecnológicos del Sentinel.

El mismo boletín hebreo retrató la reciente visita a Moscú del canciller hebreo Avigdor Lieberman como dirigida a tratar de privar a Teherán de la mencionada tecnología y material defensivo ruso. Ese desenlace se convertiría, por un lado, en acelerador potencial del programa nuclear iraní y, por el otro, escudaría su infraestructura de un ataque preventivo estadounidense o israelí. Tras verse brevemente acogido por el premier Vladimir Putin, Lieberman declaró que “las posturas rusas en Oriente Medio no resultaron útiles” para el logro de su objetivo.

En aras de presionar a Putin, no sorprende una especulación adicional: endilgar a Rusia el haber aportado a Irán la tecnología necesaria para la captura del Sentinel. Es un hecho ampliamente comprobado, sin embargo, que las necesidades nucleares y de defensa de Teherán han sido hasta ahora una variable de ajuste en la relación rusa con Washington.

Para ese medio israelí, entonces, la República Islámica logró forzar el descenso del Sentinel, debiendo quizás recurrir a terceros -acaso a norcoreanos y otros- para obtener la tecnología empleada para ello. Asimismo, la cautela rusa vis-à-vis Teherán explicaría su intercepción este mes en Moscú de material radiactivo destinado a Irán, y la referencia a China de una de las agencias noticiosas iraníes como el primero de los adversarios de Estados Unidos que podría ayudar a su país a recobrar el historial de vuelo, objetivos monitoreados y demás información de valía del Sentinel.

Tampoco cabe excluir a otros proveedores más inesperados. Así lo ilustró este mes la firma israelí Allot Communications, que estuvo vendiendo a Irán, por ejemplo, equipos electrónicos, no necesariamente útiles para interceptar UAV, a través de un intermediario escandinavo.

En resumen, la captura del Sentinel sumó nuevas complicaciones a las preexistentes para un ataque a Irán. Difícilmente menores, las iniciales ya incluían la anticipada alza de precio del petróleo, en caso de cierre iraní del estrecho de Hormuz, atravesado por un tercio del consumo mundial de petróleo, lo cual comprometería la superación de la crisis de los países centrales. Dista de ser casual, pues, el ejercicio naval iraní iniciado el sábado 24 al este de Hormuz, zona en la que operan dos portaviones estadounidenses, o las declaraciones coetáneas de un jefe de inteligencia iraní, el general Seyed Hessam Hashemi, que “de proseguir Estados Unidos con sus actividades de espionaje en Irán, la República Islámica derribará cualquier UAV espía y demás aviones agresivos”.

Todo ello opera en contra de las soluciones manu militari, más aún cuando, a ojos castrenses estadounidenses, éstas retrasarían sólo dos años el programa nuclear iraní, salvo que el ataque tuviese una envergadura impensada y lograra la completa eliminación de la infraestructura nuclear y bélica de Irán. No sorprende, entonces, que Washington se haya abstenido del uso de la fuerza para rescatar el Sentinel o, en su defecto, destruirlo, luego de que Teherán se negara a devolverlo sin un pedido de disculpas estadounidense por su intrusión en el espacio aéreo iraní.

LUCIDEZ Y PRAGMATISMO

Con el trasfondo de la desconexión de Irak, el desinterés washingtoniano en verse envuelto en una nueva e indeseada guerra mesoriental, y las serias dificultades para que Israel afronte por sí solo una ofensiva contra Irán -una “enorme estupidez”, para el jefe del servicio de inteligencia hebrea (Mosad) hasta enero pasado, Meir Dagan-, apuntalan el recurso a las sanciones económicas y operaciones encubiertas para intentar detener la supuesta marcha iraní hacia las armas nucleares. Ese escenario no excluye resguardar a aliados y amigos de Washington en el golfo con un posible paraguas nuclear estadounidense. Claro que, en los meses que median hasta los comicios, las necesidades electorales u otras de Obama impiden el descarte sin más de la opción militar, por ejemplo en las cuatro semanas previas a los comicios para maximizar su impacto sobre los votantes.

En lo que al Estado hebreo se refiere, Dagan alertó en mayo último que “quienquiera que ataque a la República Islámica debe saber que puede desatar una guerra regional” en la que Irán, entre otros, lanzará misiles sobre Israel, asunto confirmado esta semana -por si ello fuera necesario- por el ministro de Defensa iraní, Ahmad Vahidi. Por añadidura, Dagan aclaró más recientemente que un ataque israelí puede llevar a los iraníes en la dirección contraria a la deseada, “a tratar de obtener capacidad nuclear tan pronto como sea posible”. No cabe duda de que el Estado hebreo preferiría seguir disfrutando de las ventajas que le reditúa ser la única potencia nuclear de Oriente Medio. De no lograr preservar ese status, sin embargo, ya Ephraim Halevy, predecesor de Dagan en la cúpula del Mosad, aseguró que “Irán dista de representar un peligro existencial” para Israel.

Para Halevy, la verdadera amenaza existencial la constituye la creciente radicalización de los sectores ultraortodoxos del judaísmo israelí. Y, ¿cómo ignorar que si este ex jefe del Mosad morigeró su evaluación de la ultraortodoxia judía en su país, continuó sosteniendo que el Estado hebreo es indestructible, mientras que “una ofensiva militar contra Irán no sólo puede afectar a Israel, sino a toda la región, por espacio de un siglo”?

Dados su autoridad y ojo clínico en el tema, difícilmente pueda leerse a Dagan y Halevy como habiendo llegado a sus conclusiones con ligereza. En todo caso, lo que sí puede decirse es que la indestructibilidad de Israel no es equiparable con el éxito de una ofensiva militar hebrea contra Irán, tema en el que Matthew Kroenig, ex analista del Departamento de Defensa estadounidense durante la gestión de Obama, anunció la semana pasada el fracaso probable de un ataque israelí. En palabras menos brutales del presidente hebreo Shimon Peres, ello fue expresado así el domingo 25 así: “Israel tiene respuestas para la cuestión iraní, pero todo el mundo debe ocuparse de ésta, no debe ser monopolio del Estado hebreo”.

Además, de entre quienes coinciden con Dagan y Halevy sobre la conveniencia de evitar agravar la situación con acciones bélicas, no sólo se cuentan quienes abogan por un Oriente Medio desnuclearizado tan pronto como ello pueda lograrse, sino también los más numerosos israelíes interesados en retener la disuasión nuclear, para los que transparentar su programa abriría puertas a Israel.

Luego de la firma del tratado de no proliferación, el Estado hebreo podría encarar, por ejemplo, con ayuda internacional, la renovación de su cada vez más envejecido y, por ende, crecientemente peligroso, reactor nuclear de Dimona.

Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/2011/12/29/4872.php

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La era del ciberfetichismo


César Rendueles Nodo50

Texto inédito escrito por el autor en marzo del 2011, recuperado por Nodo50.

El ciberfetichismo -un subproducto de la concepción mercantil del vínculo social- es la ficción de que las tecnologías de la comunicación y los conocimientos asociados tienen un sentido neutro al margen de su contexto social, institucional o político. De ese fetichismo provienen muchos de los errores recientes en los medios, por ejemplo al caracterizar revueltas políticas dentro de categorías espúreas como ciber o twitter-revoluciones.

En los días previos a la invasión de Irak, un diario madrileño publicó un dibujo de gran formato que ilustraba los adelantos tecnológicos del equipamiento del soldado estadounidense. El marine 2.0 era un cyborg que los ciudadanos de Bagdad más afortunados tendrían la oportunidad de admirar antes de que les achicharrara con uranio empobrecido. Se trata de un lugar común de las películas de Hollywood. La más brutal carnicería de un boina verde resulta aceptable cuando está mediada por unas gafas de visión nocturna y una mirilla láser. No siempre ha sido así. Antes de la caída de la URSS, a menudo Occidente reivindicaba el esfuerzo analógico del individuo libre frente a la tecnología deshumanizadora. En Rocky IV, Balboa se entrena en un establo siberiano mientras su rival, el ruso Iván Drago, aumenta sus músculos en un sofisticado laboratorio soviético.

Hoy, en cambio, la tecnología es una infalible depuradora ideológica. Según un dogma muy difundido, vivimos en sociedades del conocimiento. Muchas personas inteligentes parecen convencidas de que enviar fotos con un teléfono móvil implica un salto evolutivo crucial, mientras que plantar maíz con una azada de madera es una tarea al alcance de un simio subnormal. En realidad, la parte importante de la expresión “sociedad del conocimiento” es “sociedad”. Creemos desesperadamente en la capacidad de las nuevas tecnologías de la comunicación para ampliar y fortalecer los vínculos entre las personas. Esto es muy notable, pues nuestra historia reciente está más bien marcada por una progresiva fragilización de las relaciones sociales.

Las ciencias humanas se han mostrado casi unánimes al relacionar la modernización con la destrucción de los lazos comunitarios tradicionales. La industrialización, la mercantilización, el crecimiento de las ciudades –como también la democratización y la ilustración–, tienden a disolver el magma simbólico que antaño orientaba las vidas individuales y las decisiones colectivas. Es un proceso profundamente ambiguo: ha generado ansiedad y desorientación, pero también nos ha liberado de las cadenas de la tradición. Marx o Durkheim trataron de afrontar este dilema mediante apuestas políticas. Los ideólogos de nuestro tiempo, en cambio, piensan que la tecnología sencillamente disuelve el problema, creando un círculo virtuoso de, por un lado, libertad y creatividad y, por otro, un nuevo tipo de densidad comunitaria no opresora. Vivimos en la era del ciberfetichismo.

No es trivial que todos los medios de comunicación se apresuraran a buscar un explicación tecnofílica de los alzamientos populares de Egipto o Túnez en 2011. Si uno da crédito a The New York Times, el Lenin del Magreb era un blogger de clase media experto en redes sociales. Algunos izquierdistas llegaron a pensar que se trataba de una estrategia deliberada para ocultar la relación de estas revueltas con dinámicas económicas y políticas globales que se remontan a la contrarrevolución liberal de los años setenta. Yo más bien creo que era una forma inconsciente de depurar estos movimientos sociales de su inquietante atavismo. La moraleja que extrajeron los ciberfetichistas es que la potencia revolucionaria de Facebook logra penetrar incluso en un contexto cultural marcado por un inmovilismo terminal. Muy sintomáticamente, la valoración que los medios de comunicación –y por cierto, también muchos izquierdistas– hicieron de las revueltas en Libia, donde sólo el 5% de la población tiene acceso a Internet, fue mucho más ambigua: “Los libios recelan de la democracia; les gusta tener un gobernante fuerte que sea capaz de impedir que estallen las rivalidades entre tribus. Pero no les gusta demasiado su gobernante actual”, escribía Andrew Solomon en El País. Parece ser que Twitter aún no les ha descubierto a los libios la naturaleza de la genuina emancipación. En realidad, ocurre justo al contrario. Lo cierto es que sólo el 21% de los egipcios tiene acceso a Internet. Si los ciudadanos de estos países han dado semejante salto político es porque en ellos la fraternidad –el tercer valor republicano– sigue siendo alimentada por familias extensas, comunidades religiosas, círculos de afinidad, compromiso sindical y relaciones culturales densas.

El fetichismo cibernético es, en el fondo, un subproducto de la concepción mercantil del vínculo social. Hace más de doscientos años Montesquieu acuñó la expresión “dulce comercio” para designar el modo en que los negocios podían fomentar un tipo de relación social superficial, pero amable y serena. Creía que el mercado era una alternativa a las grandes pasiones políticas y religiosas que habían convertido Europa en un campo de batalla secular. Otros autores radicalizaron esta perspectiva hasta llegar a concebir la propia sociabilidad no como un hecho primario –una característica esencial de los seres humanos– sino como un fenómeno derivado de las relaciones voluntarias y consideradas mutuamente beneficiosas. En la era del capitalismo de casino, es difícil seguir manteniendo esta confianza en el poder social del mercado. Internet ofrece un sustituto muy oportuno. Según una opinión muy extendida, hoy el cemento de nuestras sociedades se fragua en un espacio telemático en el que se encuentran individuos autónomos sin otra relación que sus intereses comunes.

La verdad es que la mercantilización y sus sucedáneos telemáticos destruyen los vínculos sociales, no los crean. Ninguna sociedad puede sobrevivir a la hostilidad generalizada. Por eso la mayor parte de las culturas han puesto fuertes límites a la conducta competitiva típica del comercio, donde tratamos de obtener ventaja sistemáticamente de nuestro oponente. De hecho, el mercado es uno de los pocos espacios de nuestras sociedades ilustradas donde se acepta la agresividad extrema. Otros dos son Internet y las carreteras. Según algunos estudios, y pese a lo que cabría esperar, los coches descapotables reciben menos pitidos del resto de conductores que cualquier otro vehículo de motor. La razón parece ser el contacto visual directo con la persona que conduce el descapotable: en lo más hondo de nuestras mentes, la sociabilidad y la empatía se mueven a un nivel paleolítico previo a las autopistas y los chats. Lo más parecido a los descapotables que tenemos en el mundo de las tecnologías son los movimientos en favor del conocimiento libre.

Sin embargo, el ciberfetichismo está especialmente presente en estos movimientos cooperativos. Con mucha frecuencia, los partidarios del copyleft centran su actividad exclusivamente en la eliminación de las barreras que impiden la libre circulación de la información: monopolios, DRM, censura, impuestos… La cooperación se entiende como la concurrencia en un espacio comunicativo extremadamente depurado, compuesto por individuos unidos tan sólo por intereses similares y, esto es crucial, neutral respecto a los contenidos. La información debe fluir, no importa si es la Crítica de la razón pura o un episodio de Bola de dragón. Poco sorprendentemente, la solución que se suele proponer a las externalidades negativas que genera la liberación de contenidos digitales –como la remuneración de los autores o la financiación de proyectos muy costosos– suele ser algún dogma anarcoliberal mal digerido. Sencillamente, se dice, los creadores de copyright viven de una industria obsoleta que el mercado darwiniano se encargará de depurar si se eliminan las regulaciones.

Por eso, a lo largo de la extenuante polémica en torno a la Ley Sinde, prácticamente nadie ha propuesto algo tan sencillo como acabar con ese residuo medieval que son las entidades de recaudación de impuestos privadas. La creación de una entidad de gestión de derechos pública que sustituya a SGAE, VEGAP o CEDRO podría asegurar una remuneración de los autores evitando los abusos actuales, por ejemplo, mediante un límite razonable de la cantidad que un autor puede recaudar o con un sistema generoso de excepciones (¡no más guarderías denunciadas por pinchar “Al corro de la patata”!). Una organización como esta podría potenciar las licencias libres mediante incentivos fiscales y redistribuir una parte del dinero recaudado invirtiendo en proyectos culturales. De hecho, podría ser el pistoletazo de salida de una implicación masiva de las instituciones en la defensa del conocimiento libre, creando editoriales, plataformas de desarrollo de software, estudios de grabación, escuelas y repositorios digitales públicos que creen empleo para los trabajadores del sector y garanticen, además, que aquellas producciones culturales minoritarias pero de alto valor artístico cuentan con los medios adecuados para su desarrollo.

Por supuesto, ningún abracadabra tecnológico, jurídico o mercantil garantizaría el éxito de un proyecto tal. Podría convertirse en un ruinoso monstruo burocrático corrupto y arbitrario. Que no fuera así dependería de compromisos pragmáticos extremadamente frágiles. De la supervisión y la exigencia continua por parte de los ciudadanos. Vaya, de eso que solíamos llamar política.

Vía: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/01/la-era-del-ciberfetichismo/

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Argentina, 2012: ¿Qué hacer, y cuándo?

Atilio Boron La Haine

El inicio del segundo período presidencial de Cristina Fernández invita a reflexionar acerca de su agenda de gobierno para los próximos cuatro años, a partir de la convicción de que la autocomplacencia con los avances registrados hasta ahora –importantes pero insuficientes- sería un seguro camino hacia la restauración del dominio de los sectores más retrógrados de la política argentina. A lo largo de estos años el kirchnerismo ha demostrado tener capacidad de generar iniciativas, si bien que favorecido por una oposición muy débil entre el 2003 y el 2009 (con el oficialismo controlando ambas cámaras del Congreso) y muy incompetente entre el 2009 y el 2011, sobre todo luego de su resonante victoria en las elecciones parlamentarias del 2009 pese a lo cual no pudo articular ni una sola propuesta de conjunto capaz de neutralizar la influencia de la Casa Rosada.

Vistas las cosas en perspectiva, de lejos la iniciativa más importante impulsada por el kirchnerismo fue la quita efectuada en los bonos de la deuda externa -dispuesta por el ex presidente Néstor Kirchner e implementada por Roberto Lavagna, el ministro de Economía heredado de su predecesor en la Casa Rosada- y que algunos comentaristas de la prensa financiera internacional calificaron como la mayor expropiación sufrida por el capital financiero a escala mundial en toda su historia. Añádase a ello la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el masivo juzgamiento a los represores de la última dictadura militar como otro de los grandes logros del ex presidente Kirchner. Durante la gestión de Cristina Fernández, a su vez, se avanzó en varios frentes, con algunas importantes propuestas en materia de promoción social – como la Asignación Universal por Hijo, la estatización de las AFJP [Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones ], la extensión del régimen jubilatorio, la actualización semestral de jubilaciones y pensiones- el matrimonio igualitario y la Ley de Medios, entre otras.

A esto habría que agregar una significativa renovación del clima ideológico, reintroduciendo ciertas temáticas como la igualdad social, la distribución del ingreso y la unidad latinoamericana que hacía mucho tiempo no se escuchaban en la esfera pública. Y, desde las celebraciones del Bicentenario y muy especialmente luego del fallecimiento de Néstor Kirchner, una impetuosa politización de vastos sectores de la juventud argentina, fenómeno que no se veía por estas latitudes desde finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado. La recuperación del valor de la política, en una sociedad tan bombardeada por los mensajes “apolíticos” del neoliberalismo, es un signo promisorio para el futuro de la Argentina.

El objetivo de estas notas es doble: por una parte, ofrecer un retrato de las grandes líneas de fuerza que definen la coyuntura política actual, recordando siempre aquellas palabras de Lenin que definen a la política como la “economía concentrada.” Por la otra, explorar los senderos que se bifurcan y sus potencialidades. Uno de ellos es el de las reformas estructurales; el otro, es el del continuismo, a veces enaltecido con la confusa expresión oficial de “profundizar el modelo.”


Kirchnerismo y economía capitalista


Al examinar estas alternativas no escapan a nuestro análisis las limitaciones ideológicas del kirchnerismo, sintetizadas magistralmente en el reproche que la presidenta Cristina Fernández hiciera a sus colegas reunidos en el G-20 para que acabaran con el “anarco-capitalismo” y promovieran un “capitalismo serio”, algo que para los oídos de Obama, Merkel, Sarkozy, Cameron, Berlusconi y otros de su ralea debió sonar como un enternecedor cuento de niños mientras socarronamente se miraban y decían entre sí: “Qué, ¿acaso no es serio este capitalismo que nos sostiene en el poder y al cual salvamos de sus trapisondas financieras transfiriéndole billones de dólares?”

Por lo tanto, es innecesario aclarar, que cualquier propuesta de avanzar por el sendero de las reformas generará una enconada resistencia. Primero, al interior mismo del gobierno y, más ampliamente, de la coalición kirchnerista, porque no todos sus integrantes muestran el mismo grado de entusiasmo por encarar reformas de fondo en la economía argentina; segundo, obvio, en la clase dominante. El kirchnerismo pudo avanzar en su celo innovador en temas predominantemente “blandos”, entendiendo por éstos los que no afectan centralmente al proceso de acumulación capitalista o las ganancias de la burguesía. Y cuando sí lo hizo, como en el caso de la quita de los bonos de la deuda, se trenzó en una feroz batalla con el capital financiero internacional y sus aliados locales, … ¡y venció! De lo cual se extrae la siguiente lección: por más que el veto o las amenazas “destituyentes” de la clase dominante sean muy impresionantes, si un gobierno como éste mantiene firme el rumbo de una decisión y construye fuerza social para apuntalarla no habrá clase dominante ni “factores de poder” capaces de quebrar su mano.

De ahí la ingenuidad de suponer que se puede “gobernar bien” la Argentina –atacando su lacerante injusticia social y removiendo los pesados legados de “los noventa” que, pese a la retórica oficial, aún nos abruman- sin despertar la furia de los beneficiarios del orden actual. El sueño de un gobierno que construya justicia e igualdad en medio de un clima sereno y exento de estridencias y conflictos de todo tipo es sólo eso, un sueño. Además, el país no está aislado sino inserto en un contexto regional sometido a crecientes ataques y presiones por parte de un imperio que no se resigna a contemplar pasivamente su ocaso. Para los diversos sectores de la clase dominante local, que capitalizó en más de un sentido -y privilegiadamente- la bonanza del período iniciado en el 2003, la obsesión restauradora de Washington le brinda un poderoso aliento para renegociar desde mejores posiciones su relación con la Casa Rosada.

La ya mencionada postura presidencial ante el “anarco capitalismo”, la exhortación a construir un “capitalismo serio”, la rapidez con que se sancionó y promulgó la nueva legislación antiterrorista (que contrasta con la exasperante lentitud oficial para derogar la Ley de Entidades Financieras en cuyo calce se encuentran las oprobiosas firmas de Videla-Martínez de Hoz), el apoyo irrestricto a la megaminería (¡con foto de Cristina Fernández y el CEO de la Barrick Gold en los “headquarters” de la firma! ) y las petroleras, o la renuencia a instrumentar el precepto constitucional (artículo 14 bis, Constitución de 1994) que establece la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas son claras muestras de este significativo cambio en la relación entre el gobierno y los sectores empresariales reforzada, nos parece, por la conversación privada sostenida entre Barack Obama y CFK, a pedido del primero, en al marco de la reunión del G-20 en Cannes.

Seducidos por las extraordinarias ganancias con que las favoreció “el modelo”, las distintas fracciones burguesas, antaño acérrimas críticas del kirchnerismo, no tardaron en distanciarse de sus representantes políticos y mediáticos para, en un alarde de oportunismo, sellar una redituable tregua con la Casa Rosada. Claro que esto no quiere decir que consideren a CFK como su mejor alternativa. Es claramente una opción sub-óptima y transitoria; desconfían de la presidenta y, mucho más, de las multitudes plebeyas que la exaltan; también dudan de su previsibilidad o su capacidad para disciplinar al multiforme y siempre conflictivo “planeta peronista”. Pero su certero instinto de clase les indica que ninguna otra opción política garantizaría el grado mínimo de orden, gobernabilidad y estabilidad macroeconómica necesarios para asegurar la espléndida rentabilidad de sus emprendimientos.

De ahí que lo que caracteriza la relación estado-clase dominante en la Argentina sea su ambivalencia: aceptan a Cristina como un mal menor, pero preferirían alguien más confiable y afín a sus intereses. Como no lo hay, se alinean con la Casa Rosada. Esto diferencia claramente la situación argentina de la que existe en países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, en donde la relación estado-clase dominante es de abierta confrontación. Esto explica también la distinta naturaleza de los regímenes políticos existentes en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

La contrapartida de este nuevo relacionamiento entre burguesía y estado ha sido la resonante ruptura de la clase dominante con sus representantes políticos tradicionales: los partidos de la centro-derecha, o derecha, y los oligopolios mediáticos que ante la crisis de los primeros asumen la función de estado mayor en la defensa del orden amenazado por el “populismo” presidencial. La “traición” -o el repudio- de la clase a sus representantes no constituye un fenómeno novedoso: Marx y Engels lo constataron y analizaron en sus escritos sobre la vida política francesa y alemana en la segunda mitad del siglo diecinueve, y Gramsci hizo lo propio en sus estudios sobre la Italia de la primera posguerra. “Crisis orgánica”, o ruptura del lazo entre “representantes y representados”, decía el italiano, para referirse a situaciones en las cuales la burguesía se “despegaba” de sus representaciones habituales. En sus propias palabras, que no podrían ser más precisas para describir la situación de la Argentina, “los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que les falta el terreno bajo los pies, advierten que sus prédicas se han convertido precisamente en eso, prédicas, o sea, cosas extrañas a la realidad, puras formas sin contenido, larvas sin espíritu; de ahí su desesperación.” [1]

Miradas las cosas desde otro ángulo, lo que se observa en la Argentina sería una “deserción” de los representantes políticos de la derecha por su incapacidad de comprender que para la clase dominante primero está la ganancia, segundo la ganancia y tercero la ganancia. Dado que el gobierno ha dado suficientes muestras de respetar esta obsesión de la clase explotadora, asuntos tales como la “calidad institucional”, la libertad de prensa, la separación de poderes, el debido proceso o los procedimientos de la democracia liberal que suscitan la gritería de la partidocracia liberal y los medios hegemónicos son un ruido molesto que perturba la marcha de sus negocios y enturbia sus oportunistas relaciones con el gobierno nacional.

La formidable derrota propinada a las diversas expresiones de la derecha -como Duhalde, Carrió, Alfonsín, Redrado, Llambías, de Narváez, entre otros- en las últimas elecciones presidenciales es precisamente un síntoma de esa ruptura, lo cual configura un escenario propicio para avanzar en una agenda de transformaciones sociales toda vez que la correlación de fuerzas puesta de manifiesto en la puja electoral -amén de la que existe en el plano general de la vida política, más allá del terreno restringido del sufragio- le otorga a la Casa Rosada el predominio necesario para imponer su agenda. Sería apenas una exageración decir que, si hablamos de reformas estructurales, la cuestión es ahora o nunca. La incógnita a develar es si la coalición kirchnerista quiere promover las reformas estructurales.

La favorable, pero también transitoria, correlación de fuerzas

Ahora bien: sería ilusorio pensar que un cuadro de este tipo, tan favorable –al menos potencialmente- a una política firme de transformaciones estructurales puede perdurar indefinidamente. Si existe una voluntad reformista en el gobierno tiene que actuar sin más dilaciones. En otras oportunidades nos hemos referido al carácter ya no líquido (como diría Zygmunt Bauman) sino “gaseoso” de la política argentina. Los líquidos se mueven y recombinan mucho más lentamente que los gases, y por eso éstos ofrecen un modelo mucho más adecuado para graficar la crónica inestabilidad y la vertiginosa velocidad con que cambia la política en la Argentina, se modifica el humor de la ciudadanía, se elevan y caen liderazgos y propuestas políticas, y se redefinen alianzas y coaliciones en donde quienes apenas ayer se enfrentaban encarnizadamente hoy forman parte de un mismo, y también efímero, “espacio político.”

El 54 por ciento obtenido por la presidenta Cristina Fernández es un guarismo notable, pero nada autoriza a pensar que se trate de una cifra que pueda resistir impertérrita los embates del tiempo y el desgaste de la lucha de clases, expresión que no es del agrado de CFK pues ella prefiere hablar de “puja distributiva”, lo que en el fondo es lo mismo pero dicho con palabras menos irritativas para el conservador “sentido común” de nuestro tiempo.

Retomando el hilo de nuestra argumentación, pocas semanas después de las elecciones y al momento de la inauguración de su nuevo mandato la presidenta goza de un índice de aprobación social superior al manifestado por el veredicto de las urnas, por encima inclusive del 60 por ciento. Pero como ya fuera dicho, el 2012 se presenta como un año amenazante. En lo internacional: agravamiento de la crisis capitalista internacional, contraofensiva imperial (eliminar a Chávez del tablero político regional, doblegar a la Revolución Cubana, “poner en caja” a Evo Morales y Rafael Correa, apartar a Argentina y Brasil de la influencia chavista, impedir los avances de proyectos como la Unasur y la CELAC, etcétera) estimulada por el “regreso sin gloria” de los marines despachados a Irak y el empantanamiento de las tropas norteamericanas en Afganistán y Paquistán; en el plano nacional, eliminación de subsidios a los consumos de agua, gas y electricidad (medida correcta, a condición de que discrimine finamente entre quienes pueden y quienes no pueden asumir los mayores costos de esos servicios), eventuales aumentos de las tarifas de los mismos, de los impuestos urbanos (ABL en Buenos Aires, por ejemplo) y retraso salarial y de las jubilaciones y pensiones –cuyo monto apenas equivale al 65 % del sueldo mínimo del año 2011- en relación a una inflación que el gobierno se empeña en desconocer al sostener la absurda e ilegal intervención del INDEC. Todo esto, en suma, conforma un cuadro en el cual la popularidad presidencial está sometida a intensas presiones que podrían erosionarla en poco tiempo. Las disputas al interior del PJ y el conflictivo reacomodamiento de la CGT en relación al gobierno ciertamente obrarán en el sentido de agudizar el desgaste de la popularidad presidencial.

La Casa Rosada se enfrenta a un dilema: o avanza en una agenda de reformas estructurales (que no significa “profundizar el modelo”dado que éste, al día de hoy, sigue instalado en el terreno ideológico y económico del neoliberalismo) o se estanca, potenciando la protesta social y pavimentando el camino para la restauración de una “derecha dura”-por cierto que bajo formatos inéditos y liderazgos no tradicionales- que ponga fin a los “excesos populistas” del kirchnerismo y a su política latinoamericanista. Si opta por lo primero CFK podría construir una amplia y más o menos permanente base de apoyo social que la protegería de las inevitables fluctuaciones de la coyuntura y los ataques de sus enemigos.

En un contexto global, regional y nacional tan volátil y amenazante como el que hemos sucintamente descrito, persistir en la simple administración del “modelo” y la negativa a encarar un programa de cambios profundos podría tener como resultado el inesperado (o prematuro) agotamiento del experimento kirchnerista basado en la aspiración de lograr el crecimiento económico con inclusión social. Al decir esto, reiteramos, no estamos negando la importancia de los cambios ya producidos por el kirchnerismo en diversos planos. Pero no es menos cierto que, salvo la quita de los bonos de la deuda, hasta ahora ninguno de los demás ha afectado la tasa de ganancia del capital o las propiedades de la burguesía. Pero de lo que se trata ahora es precisamente de eso.

En efecto, en los últimos ocho años la economía argentina creció a tasas chinas, pero pese a las muchas políticas sociales promovidas desde el estado el impacto redistributivo del crecimiento fue relativamente marginal: el índice de polarización económica (ingresos del 10 % más rico en relación al del 10 % más pobre) descendió de 47 a 1, en momentos del estallido de la Convertibilidad, a 25 a 1 en este período. Un logro muy importante, sin duda, pero cuando comenzó nuestra “transición democrática”, a fines de 1983, la relación era de 13 a 1. Es decir que, medido por este indicador, si bien el avance ha sido innegable en la actualidad la Argentina es un país más injusto que hace treinta años atrás. [2] Una evolución similarmente positiva muestra el índice de Gini, que mide la desigualdad: de un valor equivalente a 0.53 en el 2003 se llegó a 0.39 en el 2011. [3] Dato este muy significativo, pero no se puede olvidar que estos cálculos no incluyen al 33.7 por ciento de la población trabajadora que no se encuentra registrada, es decir, que trabaja “en negro”. Si se los tomara en cuenta el valor del índice Gini seguramente sería superior, sobre todo si se repara en la muy lenta evolución del salario real que, desde 2001 a la fecha, apenas mejoró un diez por ciento. [4]

Si bien el INDEC establece que las personas con ingresos por debajo de la línea de la pobreza eran, en el primer semestre del 2011, 10.7 por ciento, otros análisis arrojan un resultado sensiblemente superior, en algunos casos más del doble de la cifra oficial. Coinciden en ello tanto los estudios de Artemio López (Consultora Equis, un equipo muy cercano al kirchnerismo) como los efectuados por Agustín Salvia en el marco del Observatorio de la Deuda Social Argentina /Serie Bicentenario 2010-1016 de la Universidad Católica Argentina y por el también cercano al oficialismo ISEPCi, Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana. En Mayo del 2011 López decía en su blog que “en líneas generales hoy hay consenso en que los niveles de pobreza se ubican en torno al 22% de la población y la indigencia en el 5,5%. Para el ISEPCi la cifra se empina hasta el 24.71 por ciento. [5]

Estas estimaciones se tornan bastante más preocupantes si se calcula la proporción de personas con ingresos entre un 10 o 20 por ciento por encima de la espartana línea de pobreza, en cuyo caso muy probablemente llegaríamos a un resultado que bien podría terminar caracterizando como pobres a la mitad de la población del país. De hecho, el sueldo mínimo legal en la Argentina es de $ 2.300 mientras que la canasta básica de alimentos para una familia tipo es de $ 2.531. Mismo si una familia ganara unos $ 3.000 difícilmente estaría situada en una franja de ingresos a salvo del flagelo de la pobreza. En otras palabras: dentro de un modelo que aún hoy se ajusta a las especificaciones más generales del proyecto neoliberal, si no hay crecimiento económico no hay redistribución de ingresos; pero si hay crecimiento, y muy elevado, la redistribución opera con cuentagotas, la riqueza se sigue concentrando y la economía se desnacionaliza, toda vez que la propiedad de las grandes fortunas se extranjeriza a pasos agigantados. El famoso “efecto derrame” de los publicistas neoliberales es un mito. Lo poco que se ha redistribuido en la Argentina en un ciclo de excepcional crecimiento económico ha sido producto de la acción del estado.

El estado y la cuestión tributaria

Suponiendo que demuestre poseer una férrea voluntad de avanzar por el sendero de las reformas de fondo, el gobierno nacional debería resolver el candente tema de la debilidad estructural del estado argentino, postrado por las infames políticas seguidas en los noventas cuyo legado ha sido un aparato estatal desfinanciado, desmantelado y desmoralizado. Es a causa de esta destrucción estatal que la Argentina no puede saber cuánto petróleo o gas exportan Repsol o Petrobrás, porque no existe una agencia del estado nacional con recursos y personal capaces de certificar la veracidad de las “declaraciones juradas” de esas compañías. Si decimos una cifra es porque simplemente damos por buenas las informaciones que ofrecen las empresas.

El plan de radarización del espacio aéreo nacional lleva largos años de retraso, y sitúa a este país como un caso aberrante ya no sólo por comparación con el mundo desarrollado sino a lo que ya se ha hecho, hace décadas, en otros países de América Latina. Nuestras pesquerías están siendo arrasadas porque por falta de presupuesto las fuerzas de seguridad no tienen como movilizar sus naves y aviones a fin de proteger la riqueza ictícola del Atlántico Sur. Bajo el rubro de “escombros” las grandes mineras que exportan oro hacen lo propio con minerales estratégicos de incalculable valor, que salen del país sin registro alguno y sin pagar un centavo de impuestos porque tampoco existen oficinas nacionales dotadas de los recursos necesarios para fiscalizar estas operaciones. Las rutas privatizadas funcionan sin ninguna clase de monitoreo o regulación estatal, lo mismo que los privatizados servicios de trenes y subtes, para infinito sufrimiento de los usuarios.

La salud pública sigue siendo una tragedia y por más crecimiento económico que haya no logramos bajar nuestra tasa de mortalidad infantil de dos dígitos, penoso recordatorio de la inoperancia del sector público en esta materia. Y no es para nada mejor el panorama en materia de educación, cuyos niveles primarios y secundarios siguen estando en manos de las provincias luego que el menemismo se las arrojara, sin respaldo presupuestario, con el objeto de demostrar al FMI que el gobierno nacional achicaba el gasto público y ponía sus cuentas en orden. El resultado fue catastrófico, y sus lamentables secuelas se sienten todavía hoy. En fin, la lista de estos déficits estructurales en las capacidades del estado argentino sería interminable y no sólo aburriría a los lectores sino que los enfurecería. Va de suyo que ningún programa de reformas podrá funcionar sobre la base de un estado pobre, con un personal desjerarquizado, mal preparado, peor remunerado y desmoralizado. Esta es la deplorable herencia del neoliberalismo, de la cual todavía no nos hemos librado.

Para revertir tamaña destrucción, tarea a la cual hay que abocarse sin más demora y sobre nuevos fundamentos, es imprescindible reconstruir las bases financieras y económicas del estado a partir de una profunda reforma tributaria que acabe con un sistema impositivo que es de los más injustos de América Latina. El ex Secretario de Cultura de Néstor Kirchner y durante una parte del primer mandato de CFK, José Nun, dice textualmente que “Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, la estructura tributaria argentina ha avanzado muy poco en materia de reformas tendientes a mejorar la distribución del ingreso. Por el contrario, gran parte de las medidas adoptadas tuvieron efectos regresivos.” [6] Y algo similar dicen los intelectuales vinculados a Carta Abierta cuando afirman, en un documento aparecido en estos días, que “(E)l sistema impositivo alcanzó en 1974 su pico de equidad del siglo XX, y luego comenzó un ininterrumpido derrumbe que profundizaba constantemente su regresividad. … El régimen impositivo sigue siendo injusto con el 20 por ciento más pobre de la población y reclama una reforma tributaria.” [7]

En este sentido no sería una exageración decir que esta, la tributaria, sería “la madre de todas las batallas” y que, por eso mismo, el gobierno debería seleccionarla como el primer frente de avance de su agenda reformista. Entre otras cosas porque logrará un amplio consenso social de inmediato: ¿qué otra cosa puede ser más popular que un gobierno actuando como un Robin Hood, que le quita a los ricos y beneficia a los pobres? Además, sin una adecuada -y progresiva- captación de ingresos por la vía impositiva, combatiendo la evasión y la elusión pero, sobre todo, gravando con fuerza a las grandes fortunas y los grandes ingresos no habrá ninguna posibilidad de llevar adelante reformas estructurales o siquiera de garantizar la irreversibilidad de los módicos logros del período kirchnerista.

En suma: las circunstancias actuales no podrían ser más favorables para el gobierno Una mayoría parlamentaria que le garantiza quórum propio y el control de ambas cámaras, y un alto nivel de aprobación social que respalda la gestión presidencial. Situaciones como éstas son raras y, por eso mismo, efímeras: o se actúa sin más dilaciones, porque no van a perdurar por mucho tiempo; o deberá pagarse un elevadísimo precio por haber desaprovechado la oportunidad. Quienes en las cercanías de la Casa Rosada se abstienen de insistir en la necesidad de encarar sin más demoras este estratégico asunto, temerosos de fastidiar a la presidenta o de someterla a las presiones que sin duda alguna desatará cualquier tentativa de modificar el régimen tributario, ignoran que las tensiones y las presiones serán mucho mayores en ausencia de un proyecto reformista. Con el agravante de que en este escenario “continuista”, o “no-reformista”, aquellas no sólo provendrán desde arriba, desde los sectores burgueses, sino también desde abajo, ante el descontento social que tarde o temprano podría hacer eclosión en un país donde aún con alto crecimiento económico la deuda social sigue impaga.

La ruta reformista

Como recordaba Dantón en la Revolución Francesa, ninguna gran conquista histórica se obtiene sin “audacia, otra vez audacia, siempre audacia." La política en tiempos de cólera como los actuales no es para espíritus vacilantes o manos trémulas. Sin encarar ya mismo una reforma integral de la legislación tributaria el “progresismo” kirchnerista podría degenerar en lo que algunos autores han denominado el “retrogresismo”, una suerte de Termidor de la revolución pero sin que antes hubiera habido una revolución. El camino para salir de este atolladero se inicia con una nueva legislación tributaria que ataque al corazón del neoliberalismo de los noventas, aún presente entre nosotros.

Una legislación que grave a las rentas financieras o la transferencia de activos de sociedades anónimas, escandalosamente exentos de todo gravamen con la ley impuesta en el apogeo de la hegemonía neoliberal; que elimine el IVA del 10.5 por ciento para los ítems que constituyen la canasta básica de consumo de los sectores más empobrecidos; que suprima el cobro de impuestos a las “ganancias” de que son objeto ¡los asalariados! y no los capitalistas (o, al menos, elevar el mínimo no imponible a un nivel razonable para que paguen el impuesto a las “ganancias” exclusivamente los sueldos más elevados de los sectores medios); actualizar el mínimo no imponible del impuesto a los “bienes personales” (como casas, departamentos, automotores, etcétera) cuyo nivel hoy representa una vergonzosa regresión … ¡ en relación al que existía en la década del menemismo! [8]

Por supuesto, y en íntima relación con este frente de transformaciones de fondo, el gobierno debería derogar sin más trámite la ya mencionada Ley de Entidades Financieras, todavía vigente, y reemplazarla con una nueva legislación que conciba a las actividades financieras como un servicio orientado al desarrollo económico y social. Unido a lo anterior, es fundamental también reformar la Carta Orgánica del Banco Central, elaborada durante la gestión de Domingo Cavallo, inspirada en los más rancios principios del neoliberalismo y que impiden que esa institución pueda ser una palanca que facilite el crecimiento económico y la inclusión social por la vía del empleo. E introducir una nueva normativa por la cual los sueldos de los empleados de la administración pública nacional, provincial y municipal, incluyendo por supuesto las fuerzas armadas, deban ser abonados a través de la banca pública y no como se hace en la actualidad, en donde el grueso de esos emolumentos los procesa, para su beneficio, la banca privada extranjera, situación harto incompatible con un gobierno que se enorgullece en proclamarse como “nacional y popular.”

Dotado de nuevos recursos, producto de una sabia legislación tributaria, el gobierno nacional podría encarar la crucial tarea de reconstruir al estado, algo imposible de realizar si no se cuenta con los dineros suficientes. Por supuesto, con el dinero sólo no basta, pero sin él, sin los recursos que permite movilizar una sólida posición financiera, la tarea de reformar y refundar al estado argentino estará destinada al fracaso. No será ésta la única gran tarea que deberá llevar adelante el gobierno. Quedan muchas otras que no podemos examinar aquí, pero su simple mención da cuenta de la magnitud de la labor que deberá ser emprendida y de la necesidad de contar con un amplio respaldo social, sólo posible en el marco de un reformismo radical: la anulación de la ley anti-terrorista, aprobada recientemente en medio de la repulsa generalizada de los organismos de derechos humanos; la revisión -y en algunos casos anulación- de las privatizaciones; la reforma constitucional para retornar a la jurisdicción nacional los recursos mineros e hidrocarburíferos del subsuelo, actualmente en manos de los gobiernos provinciales (causante, entre otras cosas, de que mientras la regalía promedio obtenida en nuestras provincias de las grandes petroleras es del orden del 12 por ciento, sea del 52 por ciento en Bolivia); revisión del marco regulatorio de la gran minería; revertir la extranjerización de la tierra superando las limitaciones de la legislación recientemente aprobada y, por extensión, de los otros sectores de la economía, en donde la presencia del capital extranjero es dominante; revisar la legislación agraria, tomando en cuenta las reivindicaciones de nuestros pueblos originarios; combate efectivo a la pobreza y la desigualdad social, instaladas en una meseta inaceptablemente elevada pese a todos estos años de alto crecimiento económico, demostrando por enésima vez que sin la efectiva mediación de un estado el capitalismo concentra y polariza cuando crece y concentra y polariza aún más cuando se estanca.

Como puede apreciarse, la tarea es inmensa pero impostergable. Si CFK no la asume, si la dinámica de cambios desatada a partir de los traumáticos hechos de Diciembre del 2001 (y de los cuales el kirchnerismo es una de sus expresiones) se paraliza hasta languidecer, la plena restauración del neoliberalismo, que nunca fue sino marginalmente erradicado, será cuestión de tiempo, tal vez de muy poco tiempo. Por lo tanto, o se avanza por la vía de las transformaciones estructurales o el proyecto “progresista” será devorado por la lógica implacable del capital, reduciéndolo en su capitulación a un “relato” vacío, carente de sustento en la sociedad civil y castrado en su productividad histórica. Más allá de las razonables dudas que suscita la vocación reformista de la Casa Rosada, cuesta pensar que una oportunidad inmejorable como ésta pueda ser desaprovechada por quienes aspiren a una mejor Argentina. Lo que hay que hacer está claro como el agua, ¡y hay que hacerlo ahora! Mañana será demasiado tarde.

Tal vez las tres o cuatro semanas en que la presidenta se apartará de la gestión directa de la cosa pública para asegurar su recuperación le servirán para meditar sobre estos temas, y comprender que la fugacidad del poder la obliga a actuar con decisión y rapidez. Entender también que en este primer año de su nuevo mandato se juega el todo por el todo, y su lugar en la historia: como una estadista que supo aprovechar su momento, o lo que Maquiavelo llamaba “los vientos de la fortuna”, y cambiar este país para bien; o como una presidenta más, que no se atrevió a subirse al tren de la historia.

Notas

[1] Cf. Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, Tomo IV (México: Ediciones ERA, 1980), p. 154.

[2] Cf. INDEC, “Población total según escala de ingreso individual”, datos correspondientes al Tercer Trimestre de 2011.

[3] El Coeficiente de Gini fluctúa entre 0 y 1; cero equivale a una distribución perfectamente igualitaria de los bienes analizados, en este caso, ingresos; cuanto más se acerca a 1 más desigual es la distribución. En general, los países escandinavos tienen un Gini de 0.25. Según el Informe de Desarrollo Humano del UNDP (2010), el valor del índice para el promedio de la década 2000-2010 era de 0.43 para la República Bolivariana de Venezuela, 0.47 para Uruguay, 0.48 para Argentina, 0.51 para México, 0.52 para Chile y 0.55 para Brasil. Ver, op. Cit., Tabla 3, p. 173.

[4] La cifra de la proporción de “empleo no registrado” la aporta el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social: Orgullo Nacional. Un legado de trabajo (Buenos Aires: Diciembre de 2011), p. 177. El cálculo del salario real se encuentra en Javier Lindenboim, http://notasdejl.blogspot.com/2011/12/evolucion-del-salario-real-en-la-ultima.html

[5] Cf. Artemio López, “¿por qué persiste la pobreza? ... el apagón educativo y el trabajador pobre”, en http://rambletamble.blogspot.com/2011/05/por-que-persiste-la-pobreza-el-apagon.html Los datos del Observatorio se encuentran en sus diversas publicaciones, todas ellas disponibles en internet. Los del ICEPCi se encuentran en http://www.isepci.org.ar/

[6] Cf. José Nun, La desigualdad y los Impuestos (I), (Buenos Aires: Capital Intelectual, Colección Claves para todos, 2011) , p.49.

[7] Carta Abierta Nº 11: Carta de la Igualdad, Página/12, 29 de Diciembre de 2011, p. 14.

[8] En relación al impuesto a las “ganancias” cabe consignar que ni siquiera el más ortodoxo manual de economía redactado por un talibán del neoliberalismo diría que el salario es una ganancia. Sólo en Argentina es posible tan milagrosa metamorfosis.

La Haine

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