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martes, 8 de marzo de 2011

No debemos abandonar a nuestros hermanos árabes

Atilio A. Boron Rebelión

La inesperada rebelión en el mundo árabe tomó a todos por sorpresa. Las satrapías del Magreb y Oriente Medio quedaron tan pasmadas como sus amos imperiales por la eclosión que se originó en un incidente relativamete marginal, más allá de lo terrible y doloroso que fue en el plano individual: la auto inmolación en la ciudad de Sidi Bouzid, Túnez, de Muhammad Al Bouazizi, un graduado universitario de veintiseis años que no encontraba trabajo y que decidió entregarse a las llamas porque la policía le impedía vender frutas y verduras en la calle. Su familia requería de su ayuda y Al Bouazizi, un joven pobre, no quiso convertirse en uno más en la larga fila de jóvenes desempleados de su patria, o emigrar por cualquier medio a Europa. El terrible sacrificio de su protesta fue la chispa que incendió la reseca pradera de una región conocida por la opulencia de sus oligarquías gobernantes y la secular miseria de las masas. O, para decirlo con las palabras siempre bellas de Eduardo Galeano, lo que encendió “la hermosa llamarada de libertad” que prendió fuego al mundo árabe y que tiene al imperialismo sobre ascuas, para seguir con metáforas ígneas tan apropiadas para los tiempos que corren.(1)

La rebelión de los pueblos árabes tambien dejó en desairada posición a los expertos, los analistas y los periodistas especializados. Desnudó impiadosamente su charlatanería, y su papel de manipuladores de la opinión pública al servicio del capital. Una revista de tanta experiencia como The Economist , por ejemplo, fue incapaz de anticipar, en su último número del año pasado dedicado a presentar las previsiones y lo que se venía para el 2011, los acontecimientos que pocas semanas más tarde conmoverían al mundo árabe -y, por extensión, al equilibrio geopolítico mundial- hasta sus cimientos. Este fracaso reitera por enésima vez la incapacidad del saber convencional para predecir los grandes acontecimientos de nuestro tiempo. La ciencia política quedó boquiaberta ante la caída del Muro de Berlín y, más recientemente, la mismísima reina de Inglaterra le preguntó a un selecto núcleo de economistas británicos cómo fue posible que nadie hubiera sido capaz de pronosticar la actual crisis general del capitalismo.Sumidos en el estupor ante tan inesperada pregunta, formulada en lo que se suponía sería una serena velada meramente protocolar, los interpelados se limitaron a solicitar, atónitos ante el reproche, un plazo de seis meses para revisar su instrumental analítico e informarle a Su Majestad las razones por de tan deplorable desempeño profesional.(2)


El impacto sobre América Latina

No es casual, entonces, que los acontecimientos del mundo árabe hayan sumido en la confusión a buena parte de la izquierda latinoamericana. Daniel Ortega apoyó sin calificaciones a Kadafi; el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, a su vez, se declaró amigo del gobernante aunque por cierto que aclarando que tal cosa no significa –en sus propias palabras- “que estoy a favor o aplaudo cualquier decisión que tome un amigo mío en cualquier parte del mundo.” Además, prosiguió, “apoyamos al gobierno de Libia, a la independencia de Libia.” (3) Con sus declaraciones Chávez tomaba nota de la precoz advertencia formulada por Fidel ni bien estalló la crisis libia: ésta podría ser utilizada para legitimar una “intervención humanitaria” de EEUU y sus aliados europeos, bajo el paraguas de la OTAN, para apoderarse del petróleo y el gas libios. Pero de ninguna manera esta sabia advertencia del líder de la revolución cubana podría traducirse en un endoso sin reservas al régimen de Kadafi. No lo hizo Chávez, pero sí lo hizo Ortega. Como era de esperar, la descarada manipulación mediática con la que el imperialismo ataca a los gobiernos de izquierda de nuestra región torció el sentido de las palabras de Chávez y de Fidel haciéndolos aparecer como cómplices de un gobierno que estaba descargando metralla sobre su propio pueblo.(4)

En una esclarecedora nota publicada pocos días atrás en Rebelión Santiago Alba Rico y Alma Allende argumentaron persuasivamente que un erróneo posicionamiento de la izquierda latinoamericana –y muy especialmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba- en la actual coyuntura del mundo árabe “puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y ‘represtigiar’ el muy dañado discurso democrático imperialista. Todo un triunfo, sin duda, para los intereses imperialistas en la región.” (5) De ahí la gravedad de la situación actual, que exige transitar un estrechísimo sendero flanqueado por dos tremendos abismos: uno, el de hacerle el juego al imperialismo norteamericano y sus socios europeos y facilitar sus indisimulados planes de arrebatarle a los libios su petróleo; el otro, salir a respaldar un régimen que habiendo sido anticolonialista y de izquierda en sus orígenes -como lo fue, por ejemplo, el APRA en el Perú- en las dos últimas décadas se subordinó sin escrúpulos al capital imperialista y abrazó y puso en práctica, sin reparos, las fatídicas políticas del Consenso de Washington y los preceptos de la “lucha contra el terrorismo” instituída por George W. Bush.

El mundo árabe: ¿revuelta, revolución, conspiración?

No creemos sea necesario detenernos a explicar las razones por las que hay que oponerse sin atenuantes ante la opción intervencionista de los Estados Unidos y sus partenaires europeos. Veamos, en cambio, cuáles serían los argumentos para evitar que esa correcta y no-negociable postura desemboque infelizmente en un respaldo a un régimen contra el cual se ha levantado en armas la mayoría de la población. Hay quienes argumentan que lo que está ocurriendo en Libia es apenas el “efecto contagio” de lo ocurrido en Túnez y Egipto y que no hay razones de fondo que justifiquen esta insurrección popular. De partida conviene recordar dos cosas: que las revoluciones son procesos dialécticos y no acontecimientos metafísicos o rayos que se descargan en un día sereno. En la génesis de la revolución francesa está un tumulto originado en una panadería en las inmediaciones de la Bastilla. Sabemos lo que ocurrió después. Segundo, que inevitablemente, los procesos revolucionarios son contagiosos. Eso es lo que enseña la historia. Recuérdese si no lo ocurrido con las revoluciones de la Independencia en América Latina, dos siglos atrás; o las de 1848 y las que tuvieron lugar, también en Europa, en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial y con el estallido de la Revolución Rusa en Febrero de 1917. Pero si en algunos sitios esos procesos prendieron y en otro no fue porque el contagio no opera en un vacío socio-económico y político sino que depende fundamentalmente de las condiciones internas de cada país. (6) Si la revolución de 1848 triunfó en Francia pero no en el Reino Unido fue porque en la primera el desarrollo de las luchas de clases creó las condiciones internas como para poner abrupto final a la restauración monárquica del orleanismo, mientras que nada de eso ocurría cruzando el Canal de la Mancha que, en esa misma encrucijada histórica, podía acoger sin ningún sobresalto a dos refugiados políticos como Karl Marx y Friedrich Engels. Y si después de la Primera Guerra Mundial la revolución triunfó en Rusia pero no en Alemania fue porque la propagación del fervor revolucionario, que impactó con mucha fuerza en la última, era condición necesaria pero no suficiente para garantizar el triunfo de la revolución, cosa que fue expresamente reconocida por Rosa Luxemburg en una de sus brillantes intervenciones poco meses antes de su vil asesinato. En otras palabras, la insurgencia que tiene por escenario a Libia fue indudablemente estimulada por las grandes victorias populares en Túnez y Egipto, pero nada hubiera ocurrido de no haber mediado los estragos que dos décadas de neoliberalismo produjeron en un país muy rico pero en el cual las clases populares apenas reciben unas pocas migajas de la colosal renta petrolera, los jóvenes carecen de perspectivas laborales y la crisis general del capitalismo clausuró la salida emigratoria que hasta hace pocos años quitaba presión al sistema al paso que elevaba extraodinariamente los precios de los alimentos. Por último, la tasa de mortalidad infantil –para hablar de un indicador muy sensible para medir el nivel de bienestar de una población- fluctúa según las diversas fuentes consultadas entre el 20 y el 25 por mil; es decir, unas cuatro o cinco veces superiores a la que se registra en Cuba y aproximadamente el doble de la de Brasil.

Lo mismo cabe decir acerca de la posibilidad de que lo que está ocurriendo en Libia sea obra de agentes del imperialismo. Pero ¿cómo olvidar que hasta el estallido de la revolución en Túnez Kadafi era elogiado por los jefes de estado de las “democracias capitalistas” como un gobernante, que se había despojado de sus viejas obsesiones, reconciliado con la globalización neoliberal y hecho las paces con sus antiguos enemigos, desde la Casa Blanca hasta el régimen racista israelí? No obstante, cuando éstos se percataron de que su trono estaba tambaleante y percibieron que Kadafi podía correr la misma suerte que sus homólogos en Túnez y Egipto los imperialistas modificaron velozmente su postura, se acordaron que Libia no era una democracia y que en ese país no se respetaban los derechos humanos –cosa que jamás les había preocupado en lo más mínimo- y haciendo gala de un inigualado cinismo se colocaron ruidosamente “del lado del pueblo” y en contra del hasta ayer razonable gobernante súbitamente reconvertido en inadmisible tirano. Pero, otra vez, la labor de esos agentes del imperialismo jamás podría haber desencadenado una insurrección tan impresionante como la de Libia –o las de Túnez y Egipto- si no hubieran existido las condiciones de fondo requeridas para que, desafiando la represión, las masas salieran a la calle dispuestas a derrocar al gobierno. Es decir, tal como lo anotara Lenin en varios de sus escritos, si los de abajo ya no querían y los de arriba ya no podían seguir viviendo como antes. Por otra parte, si los agentes del imperialismo tienen en sus manos la capacidad de hacer y deshacer revoluciones tendríamos que reconocer que nuestra lucha está de antemano condenada al fracaso. Afortunadamente no es así. Tampoco tiene mayor sentido aducir que fueron las “redes sociales” (Facebook y Twitter) las que provocaron la rebelión, arteramente orquestada por la CIA y los agentes del imperialismo. Para descartar esta hipótesis basta una sóla cifra: según las últimas estadísticas de las Naciones Unidas los usuarios de internet en Libia son apenas el 5.1 porciento de la población total. Eso mal puede explicar el multitudinario carácter de la rebelión del mundo árabe porque en Egipto y Túnez tanto como en Libia los internautas son una ínfima minoría de la población. Esas “redes sociales” pueden servir para facilitar la comunicación entre los activistas, pero no pueden desencadenar la insurgencia de las masas que, en su gran mayoría, jamás tuvo a su alcance un ordenador.

Kadafi y el neoliberalismo, de ayer a hoy.

Llegados a este punto conviene preguntarse quién es Kadafi y qué representa. Vicenc Navarro ilustra con claridad el contraste entre el Kadafi “nasserista” de sus primeros años y lo que es hoy: “un dictador corrupto y enormemente represivo.” (7) Según Navarro, en 1969 y con apenas 27 años de edad el Coronel Kadafi lideró un golpe de estado, inspirado en la experiencia de Nasser en Egipto, y derrocó a la monarquía impuesta por el imperio británico después de la Segunda Guerra Mundial. Durante esos primeros años Kadafi puso en marcha una reforma agraria, nacionalizó el petróleo y algo más de doscientas empresas ( que se reorganizaron con una importante participación de los trabajadores en su gestión) al paso que introdujo algunas mejoras en la calidad y la cobertura de la salud y la educación. Un fuerte intervencionismo estatal y la nacionalización del crédito fueron otros rasgos de las políticas de aquellos años. “Kadafi presentó aquella experiencia” –anota Navarro- “como la tercera vía entre capitalismo y el socialismo, asociado entonces a la Unión Soviética.” (8) Ahora bien: ese es el Kadafi que persiste en el imaginario de importantes sectores de la izquierda latinoamericana. El problema es que se trata de una imagen completamente desactualizada, porque a partir de los años noventas el régimen líbico inicia un viraje que, pocos años después, situaría a ese país en las antípodas de donde encontraba en los años setentas. La tercera vía degeneró en un “capitalismo popular” –tardía reproducción de la consigna elaborada en los ochentas por Margaret Thatcher en el Reino Unido- y las nacionalizaciones comenzaron a ser revertidas mediante un corrupto festival de privatizaciones y aperturas al capital extranjero que afectó a la industria petrolera y a las más importantes ramas de la economía. No hay que equivocarse: Kadafi no es Nasser sino Mubarak. Un agudo observador de la escena magrebí, Ayman El-Kayman, describió con precisos trazos el itinerario de esta involución: “(H)ace casi diez años, Gadafi dejó de ser para el Occidente democrático un individuo poco recomendable: para que le sacaran de la lista estadounidense de Estados terroristas reconoció la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido, dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se habían entrenado en Libia; para normalizarlas con Estados Unidos, dio toda la información que tenía sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunció a sus ‘armas de destrucción masiva’, además de pedir a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la Unión Europea, se transformó en guardián de los campos de concentración, donde están internos miles de africanos que se dirigían a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Alí, le entregó a opositores refugiados en Libia”. (9) Y cuando los pueblos de Túnez y Egipto se rebelaron, Kadafi se alineó con sus verdugos, coincidiendo en esta postura con las primeras reacciones de los líderes de las “democracias occidentales”, con Obama, Sarkozy, Cameron, Berlusconi, Zapatero y el régimen genocida de Netanyahu. Pero éstos, viendo que las sublevaciones populares se encaminaban hacia una victoria histórica, en pocas semanas pasaron de hacer cautelosas exhortaciones a sus matones regionales en apremios para que concedieran unas pocas reformas cosméticas a exigir imperiosamente que abandonasen el poder. Cuando el incendio llegó a Libia la burguesía imperial y sus representantes políticos vieron la oportunidad de sacar partido del previsible derrumbe de Kadafi impidiendo que sean las masas libias las que tomen el futuro en sus manos, sea mediante una “intervención humanitaria” que les permita apoderarse de Libia con el pretexto de detener el baño de sangre que el dictador promete a los sublevados o, en su defecto, alentar su partición, o desmembramiento, tal como lo hicieran en la ex Yugoslavia y como, sin éxito, lo intentaran en Bolivia en el 2008. Tal como Lenin, Gramsci y Fidel señalaron en repetidas ocasiones la derecha y las clases dominantes, por su larguísima experiencia de gobierno, aprenden muy rápido y reaccionan con fulminante rapidez ante una coyuntura como la que hoy caracteriza a Libia. Y si ayer apoyaban sin miramientos a Kadafi ahora tratan de sacárselo de encima cuanto antes y facilitar una “transición ordenada”, Hillary Clinton dixit , que organice la traición a las expectativas de las masas e instaure un simulacro democrático que permita que los imperialistas continúen desangrando a Libia y al mundo árabe en general.

En su presurosa conversión al neoliberalismo Kadafi abrió la economía a las grandes transnacionales, principalmente europeas. En una detallada nota Modesto Emilio Guerrero señala que a partir de 1999 los países occidentales comenzaron a dispensarle un trato muy especial, por tres razones que suenan como música celestial en los bolsillos de la burguesía (10): (a) es un muy buen cliente; (b) es un buen socio de sus empresas; (c) además es un estratégico proveedor de petróleo y gas. Buen cliente porque cuando se levantó el embargo de armas que pesaba sobre Libia (en Octubre de 1999) por su participación con -o complicidad en- acciones terroristas en diversos países, España, Italia, Inglaterra y Alemania se convirtieron en sus principales proveedores de las armas que luego Kadafi utilizaría contra su propio pueblo. Poco después unas 150 empresas británicas vinculadas a los negocios petroleros -entre ellas la British Petroleum, responsable principalísima de la destrucción del ecosistema marino en el golfo de México- se instalaron en Libia junto con Repsol, la francesa Total, la empresa italiana ENI y la austríaca OM para explotar el negocio de los hidrocarburos. Otras empresas, de estos mismos países y de Estados Unidos, participaron activamente en obras de infraestructura aparte de la ya mencionada venta de armas. Buen socio, además, porque a través de los 65.000 millones de dólares de que dispone la Libyan Investment Authority la familia Kadafi realizó importantes inversiones en la FIAT, en la petrolera italiana ENI y es accionista del Unicredit, el banco más grande de Italia. (11) También tiene acciones en el grupo económico Pearsons, editor del periódico ultra-neoliberal Financial Times. Varias grandes empresas alemanas y francesas cuentan también con la participación de capitales libios. Proveedor seguro, por último, porque,tal como lo expresara Silvio Berlusconi, el control del flujo migratorio “ilegal” procedente del Magreb y, más generalmente, de toda África, y el confiable suministro del petróleo líbico son servicios de extraordinaria importancia que los líderes de las democracias capitalistas no podían sino apreciar en toda su valía. El Presidente del gobierno español, José M. Aznar, su sucesor, Rodríguez Zapatero y el propio rey Juan Carlos de España rivalizaron con “il cavaliere” italiano y el premier británico y figura señera del “new labor” en cultivar la amistad del líder líbio, casi siempre con ribetes escandalosos.(12) En consonancia con estos cambios la relación con Washington experimentó un giro de 180 grados: en 2006 el Departamento de Estado quitó a Libia de la lista de países que apoyaban al terrorismo. Atemorizado por la Guerra del Golfo de Febrero de 1991 y aterrorizado al contemplar lo ocurrido en Irak desde 2003 y el destino corrido por Saddam Hussein, Kadafi sobreactuó su arrepentimiento hasta extremos que sobrepasaban lo ridículo al declarar una y otra vez su voluntad de ajustar la conducta de Libia a las reglas del juego impuestas por el imperialismo. Fue a causa de esto que en 2008 la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice pudo declarar que “Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia.” (13) ¿Ante todo esto cabe entonces preguntarse: ¿Es esto el socialismo pan-árabe, preconizado en el Libro Verde del autoproclamado “líder y guía de la revolución”? ¿Es esta la política que debe hacer la Jamahiriya un “estado de las masas”, como Kadafi definió a su organización política? ¿Es Kadafi la contraparte magrebí de Chávez y Fidel? ¿Qué tiene que ver este régimen con los procesos emancipatorios en curso en América Latina, para no hablar de la revolución cubana?

¿Qué hacer?

¿Qué debe entonces hacer la izquierda latinoamericana? En primer lugar, manifestar sin ambages su absoluto repudio a la salvaje represión que Kadafi está perpetrando contra su propio pueblo. Solidarizarse, bajo cualquier circunstancia, con quien incurre en semejante crimen dañaría irreparablemente la integridad moral y la credibilidad de la izquierda de Nuestra América. El reconocimiento de la justicia y la legitimidad de las protestas populares, tal como se hizo sin vacilación alguna en los casos de Túnez y Egipto, tiene un único posible corolario: el alineamiento de nuestros pueblos con el proceso revolucionario en curso en el mundo árabe. Por supuesto, la forma en que esto se manifieste no podrá ser igual en el caso de las fuerzas políticas y movimientos sociales y, por otra parte, los gobiernos de izquierda de América Latina, que necesariamente tienen que contemplar aspectos y compromisos de diverso tipo que no existen en aquellas. Pero la consideración de las siempre complejas y a menudo traicioneras “razones de estado” y las contradicciones propias de la “real politik” no pueden llevar a los segundos tan lejos como para respaldar a un dictador acosado por la movilización y la lucha de su propio pueblo, reprimido y ultrajado mientras el entorno familiar de Kadafi y el estrecho círculo de sus incondicionales se enriquecen hasta límites inimaginables. ¿Cómo explicar a las masas árabes, que por décadas buscaron las claves de su emancipacipon en las luchas de nuestros pueblos y que reconocen en el Che, Fidel y Chávez la personificación de sus ideales libertarios y democráticos, la indecisión de los gobiernos más avanzados de América Latina mientras que toda la canalla imperialista, desde Obama para abajo, se alinea –aunque sea hipócritamente- a su lado?

Segundo, será preciso denunciar y repudiar los planes del imperialismo norteamericano y sus sirvientes europeos. Y además organizar la solidaridad con los nuevos gobernos que surjan de la insurgencia árabe. Los propios rebeldes libios emitieron declaraciones clarísimas al respecto: si hay invasión de los Estados Unidos, con o sin la (poco probable) cobertura de la OTAN, los insurrectos volverán sus fusiles contra los invasores y luego ajustarán cuentas con Kadafi, responsable principal de la sumisión de Libia a los dictados de las potencias imperialistas. América Latina tiene que apoyar con todas sus fuerzas la resistencia a la eventual invasión imperialista, conciente de que lo que hoy se está jugando en el Norte de África y en Oriente Medio no es un problema local sino una batalla decisiva en la larga guerra contra la dominación imperialista a escala mundial. El triunfo de la insurrección popular en Libia tendrá como correlato el fortalecimiento de las rebeliones en curso en Yemen, Marruecos, Jordania, Argelia , Barheim y la que hace tiempo se viene incubando en Arabia Saudita, amén de fortalecer la resistencia de los sindicatos y los movimientos sociales en Wisconsin, Estados Unidos, y en diversos países europeos, hoy víctimas preferenciales del FMI. Barheim es la sede de la Quinta Flota de Estados Unidos, con la misión de monitorear todo lo que ocurra en el Golfo Pérsico y sus inmediaciones; y Arabia Saudita un régimen totalmente sometido a la voluntad de la Casa Blanca y el gran regulador del precio internacional del petróleo y su adecuado abastecimiento al mundo desarrollado. Si el mapa sociopolítico del mundo árabe llegara a cambiarse, como esperamos que así sea, la geopolítica internacional vería modificada la correlación de fuerzas a favor de los pueblos y naciones oprimidas. Y América Latina, que desde finales del siglo veinte se colocó a la vanguardia de las luchas anti-imperialistas, habría por fin encontrado los aliados que necesita en otras regiones del sur global para seguir avanzando en sus luchas por la autodeterminación nacional, la justicia social y la democracia. Por eso, nuestra región no puede ni tiene el derecho a equivocarse ante un proceso cuyas proyecciones pueden ser aún mayores que las que en su momento tuvo el derrumbe de la Unión Soviética, y de un signo distinto, y cuyo desenlace revolucionario fortalecerá los procesos emancipatorios en curso en nuestra región. Abandonar a nuestros hermanos árabes en esta batalla decisiva sería un error imperdonable, tanto desde el punto de vista ético como desde el más específicamente político. Sería traicionar el internacionalismo del Che y de Fidel y archivar, tal vez definitivamente, los ideales bolivarianos. No podemos perder esta oportunidad.

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1. “Veo hipócrita el llamado a la paz cuando proviene de países que hacen la guerra”, en Cubadebate, 4 de Marzo del 2011.
2. Este episodio fue narrado en una entrevista que el autor de estas líneas le hiciera a David Harvey, en Septiembre del 2010. La entrevista será subida a la web y estará disponible, en una semana aproximadamente, en www.atilioboron.com
3. Cable de ANSA, 25 febrero 2011.
4. Sobre este tema ver. Raúl Bracho, “¿Y si todo es mentira?”, en Kaos en la red, 3 de Marzo de 2011.Y tambén Russia Today, “ Ejército ruso afirma que ataques aéreos contra manifestantes en Libia nunca ocurrieron”, en Kaos en la red, 4 de Marzo de 2011. El monitoreo satelital de las fuerzas armadas rusas no encontró evidencia de bombardeos aéreos sobre los manifestantes de Benghazi y Trípoli el 22 de Febrero. Pero, días después, sí los hubo en las cercanías de las instalaciones petroleras y militares del este del país, tal como lo reconociera Saif Al-Islam Kadafi a la cadena noticiosa de Al Jazeera. Según el hijo del líder libio, se bombardearon terrenos en donde no había población civil ni manifestantes. Enla citada entrevista admitió que las fuerzas de seguridad libias habían reprimido con armas de guerra a los insurgentes.
5. Santiago Alba Rico y Alma Allende, “¿Qué pasa con Libia? Del mundo árabe a América Latina”, en Rebelión, 24 Febrero 2011.
6. La literatura sobre la génesis estructural de la revolución en curso en el mundo árabe crece exponencialmente día a día. Ver, entre otros, James Petras “Las raíces de la revuelta árabe y las celebraciones prematuras”, en Rebelión, 6 de Marzo de 2011 e Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la revolución árabe”, en http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=8ca803e0-5eba-4c95-908f-64a36ee042fd
7. Vicenc Navarro, “Gadafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos” , en Rebelión, 2 de Marzo de 2011.
8. Ibid.
9. Alba Rico y Allende, op.cit.
10. Modesto Guerrero, “De las rebeliones árabes al indefendible Gadafi”, en Rebelión, 1 de Marzo de 2011.
11. Ver http://vocearancio.ingdirect.it/?p=18768
12. Sobre Tony Blair, ver “Day the LSE sold its soul to Libya”, en Daily Mail (Londres), 5 de Marzo de 2011, pp. 6-7
13. Reproducido en Alba Rico y Alma Allende, op. Cit.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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¿A qué crisis nos enfrentamos?


Iñaki Gil de San Vicente La Haine

Caracterizar adecuadamente bajo qué tipo de crisis malvivimos, es imprescindible para no cometer errores estratégicos. Los datos sobre el desempleo, la muy débil e incierta recuperación económica mundial, las dificultades que amenazan a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, etc., el encarecimiento de alimentos, fármacos y energías, las hambrunas, la saturación de la capacidad de carga del planeta, el resurgimiento de las luchas populares en el Norte de África y en el corazón del imperialismo, la militarización, la contraofensiva de las burguesías, todo indica que no estamos ante una simple crisis. Ahora mismo existe una profunda inestabilidad financiera que tiene su origen en la abisal distancia entre la producción mundial de valor y el total de capital financiero. Por cada dólar de valor real existen casi 20 dólares flotando sin soporte material. Crisis financieras han existido, que se sepa, desde 1637 cuando pinchó la “economía de aire” pese a los esfuerzos de controlarla desde 1610. Según la industria y el comercio pierden rentabilidad, los capitales se vuelcan en el “juego bursátil”, en la “ingeniería financiera”, en la especulación de alto riesgo que al principio reactiva la economía pero luego la ahoga en un océano de deudas impagables.

Para salir de la crisis de finales de los ’60, el capitalismo lanzó la feroz contraofensiva neoliberal que obtuvo triunfos significativos pero no logró relanzar masivamente los beneficios. A mediados de los ’80 EEUU y Gran Bretaña forzaron la desregulación de los controles financieros instaurando el capitalismo “de casino”, de “dinero loco”. La URSS, minada por la burocracia y el ataque imperialista desde 1917, no pudo aguantar e implosionó. Parecía que por fin el capitalismo había superando sus limitaciones y que se iniciaba la era la de la “economía del conocimiento”, “desmaterializada”; pero bajo la superficie se agitaban las contradicciones negadas por la propaganda. Crisis financieras y de deuda habían estallado en los ’80, en los ’90 emergieron las luchas de los pueblos y la catástrofe de los “tigres asiáticos”, supuestos ejemplos de la “nueva economía”. Un anuncio de lo que se avecinaba apareció en el corralito argentino a comienzos del siglo XXI, pero la enceguecida estupidez burguesa siguió dirigiéndose al desastre de 2007-2011.

¿Por qué han fallado las medidas impuestas desde comienzos de los ’70 pese a los períodos de recuperación y a las victorias contrarrevolucionarias? Por dos razones que nos llevan a la definición de la crisis actual como crisis “nueva” en la historia burguesa. Una razón es que la propia lógica interna del capital dificulta cada vez más la obtención de beneficios, lo que le obliga a la creciente intervención del Estado, al aumento de la explotación y de la represión, y al recurso de las guerras. Para salir de cada crisis estructural, el capitalismo necesita más sangre humana en cualquiera de sus formas que la que necesitó para salir de la crisis anterior. Un ejemplo, la proporción de dinero público que hacía falta en la década de 1930 para reactivar la economía era de 1 a 4, mientras que en la de 2000 ha sido de 30 a 4, y va en aumento. El problema es que apenas queda dinero público. Se estima que en 2010 la deuda de los 30 Estados más enriquecidos sea del 100% de su PIB, destacando la de EEUU. Como se están agotando las reservas, se agudiza la represión de los derechos democráticos y sindicales, y se multiplica la explotación económica y el saqueo imperialista.

La otra razón es que en la segunda mitad del siglo XX se materializaron tres nuevas contradicciones que aumentan exponencialmente los problemas del capital. Una contradicción es la posibilidad objetiva de la autodestrucción humana por una guerra termonuclear y bioquímica. En los ’80 se demostró que el invierno nuclear subsiguiente tapará la Tierra durante años bajo una radiactiva y envenenada oscuridad gélida que aniquilará la fotosíntesis y sólo dejará con vida cucarachas e insectos. Las fuerzas destructivas actuales pueden aniquilar más de 20 veces la vida humana. Esta es una de las razones que han impedido a EEUU recurrir a la guerra nuclear siquiera táctica y restringida, como ha estado a punto de hacerlo varias veces, porque sabe que inmediatamente se desencadenaría la “destrucción mutua asegurada”. El imperialismo estudia activar “holocaustos localizados” sobre zonas geoestratégicas según las urgencias y las circunstancias, lo que abriría una espiral muy difícil de detener.

Otra contradicción es el agotamiento de los recursos energéticos que llegarán a su pico de producción a partir de la década de 2030. Todavía existen muchos obstáculos e imponderables tecnocientíficos que impiden obtener las suficientes energías alternativas, y muchos estudios sostienen que ha acabado la época de la energía barata. Los biocombustibles son necrocombustibles porque desertizan y agotan las tierras, y porque con el maíz necesario para obtener 50 litros de bioetanol podría comer un niño durante un año. Apenas quedan nuevas tierras cultivables y la acidificación estanca la productividad de las cultivadas. La FAO advierte que el mayor costo energético encarecerá los alimentos, y que la pesca está al límite de su reproducción. El agua potable se reduce y la mitad de la humanidad tendrá problemas de suministro para mediados de este siglo. Y la otra contradicción es la catástrofe ecológica que se avecina. La década del 2000 ha sido la más calurosa desde que hace 130 se empezó a recoger datos. Los glaciares se derriten, lagos y mares se calientan, los océanos pierden anualmente el 1% de su fitoplancton, y se envenenan: el 64,7% de los niños de Gipuzkoa nacen con más mercurio en la sangre que el permitido, proveniente del pescado. China Popular necesitará tres siglos para revertir la desertización que sufre. En 40 años los bosques de la Amazonía se han reducido en un 20%. Todo indica que ya se han superado tres de los nueve límites planetarios que tiene la Tierra: cambio climático, biodiversidad y ciclo del nitrógeno.

Son contradicciones capitalistas porque han surgido de y con la expansión burguesa. No tienen su origen en el egoísmo humano ni el pecado de avaricia, sino en de acumulación de capital en el mínimo tiempo sin reparar en las desastrosas consecuencias presentes y futuras. El capital ha creado la militarización termonuclear y bioquímica, el agotamiento de los recursos y la catástrofe ecológica que exacerban la crisis, que pesan como plomo en las arruinadas arcas estatales. Aunque el “capitalismo verde” es una rama productiva muy rentable, ella sola no equilibra el caótico desequilibrio global porque la forma burguesa de vida lo impide. El 80% del CO2 lo emiten las grandes potencias industrializadas. Una persona necesita tres litros de agua al día, pero poner un kilo de carne en la mesa capitalista necesita entre 6000 y 20.000 litros de agua, y 10 kilos de cereales. Los menos pesimistas afirman que el capitalismo necesita los recursos de dos Tierras para mantener el consumo actual, pero los más informados sostienen que no bastaría.

Sufrimos una crisis nueva porque nunca la civilización del capital había desarrollado a la vez tantas contradicciones irresolubles y tantas fuerzas destructivas. El capitalismo es como el brujo que no puede controlar las fuerzas infernales que ha conjurado, sino a costa de generar mayores hecatombes futuras. Izquierdas revolucionarias debaten sobre si el dilema socialismo o barbarie, lanzado en 1915, no está siendo superado e integrado por el comunismo o caos. Nosotros ayudaremos con nuestra lucha por la independencia y el socialismo, por un Estado vasco, a que la práctica dilucide esta cuestión.

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viernes, 4 de marzo de 2011

Libia entró en el terreno de los interrogantes

Manuel Freytas La Haine

Ahora el factor tiempo comienza jugar a favor del líder libio. Y las divisiones (producidas por el interés petrolero) comienzan a erosionar una decisión imperial conjunta de intervenir militarmente en Libia.

El líder libio, "demonizado" y desestabilizado por el aparato mediático internacional, sometido a una presión internacional sin parangones por parte de EEUU y la UE, pasó del aislamiento al contrataque.

Sus fuerzas asedian y atacan desde el lunes a los enclaves y ciudades tomadas por los rebeldes en el Este. Mientras se agudizan las contradicciones en el bloque imperial USA-UE, el escenario libio sufre mutaciones hora a hora, las que lo tornan imprevisible.

Lo que parecía una operación sencilla de aislamiento internacional y de bloqueo económico combinados con una ofensiva militar interna para derrocar a Gaddafi, se ha tornado en una compleja situación donde las potencias centrales están divididas y sin un plan claro para intervenir en el infierno petrolero libio.

Ahora el factor tiempo parece jugar a favor del líder libio. Su mantenimiento en el poder, precipita las contradicciones y hace colisionar las diferentes posiciones y los intereses estratégicos que EEUU y cada una de las potencias tienen sobre Libia y su petróleo.

Falló el golpe con la "revuelta popular" para derrocarlo como a Mubarak, y está fallando la "revolución Libia" para derrocarlo con grupos tribales armados y entrenados en Egipto por la CIA y fuerzas especiales USA-israelíes.

Y la gigantesca operación mediática para "demonizarlo" y aislarlo a escala global parece estar fallando en idénticas proporciones.

De nada parecen haber valido, hasta ahora, las manipulaciones desinformativas de las cadenas y agencias internacionales para presentarlo a Gaddafi como un "dictador genocida" y delirante al borde de ser derrocado por una "revolución del pueblo libio".

De nada parecen haber servido hasta ahora las consignas terroristas con la "guerra civil", o con la "crisis humanitaria" a punto de desatarse, destinadas a dividir el frente militar interno de Gaddafi y desencadenar un caos colectivo en la capital libia.

Pese a todos los pronósticos, pese a todas las proyecciones y los anuncios lanzados desde Washington y la Unión Europea sobre el "fin inminente" de Gaddafi, el líder libio sigue en pie, aunque la información sobre su verdadera situación permanece en la oscuridad total.

Y esta situación de no definición de la operación "derrocamiento de Gaddafi" ya empieza a impactar en el bloque conspirativo USA-UE, donde se manejan muchas opciones, incluida la intervención militar, pero ninguna prospera debido al cuadro de división que predomina sobre las decisiones imperiales.

Mientras las fuerzas leales a Muamar Gaddafi atacaban este jueves por segundo día consecutivo los centros de exportación de petróleo que obran en manos de los rebeldes en el este de Libia, los países árabes aliados del eje USA-UE estudiaban un plan para poner fin a una situación que Washington dijo que podría convertir al país en una "Somalia gigante".

"La situación en Libia ha puesto a la comunidad internacional frente a una encrucijada. Y la necesidad de una solución cobra cada vez más urgencia teniendo en cuenta que este jueves se reanudaron los bombardeos en la ciudad de Brega, con una cifra no confirmada de muertos", señala la cadena BBC.

"Algunos analistas -añade la cadena británica- ya empiezan a advertir sobre una inminente guerra civil. Y la Organización de Naciones Unidas (ONU) también ha advertido que la huida de decenas de miles de refugiados, la mayoría trabajadores de origen tunecino y egipcio, está derivando en un desastre humanitario.

Por otra parte, y como muestra de la complejización del escenario, el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, le dijo a la agencia Reuters que la organización regional "está estudiando" una propuesta de mediación planteada por presidente venezolano, Hugo Chávez.

Y según la cadena Al Jazeera el líder libio, Muamar Gadafi, ya aceptó la propuesta venezolana, que implicaría el envío de una comisión de América Latina, Europa y Medio Oriente a la zona de conflicto.

Por el momento no hay mayores detalles sobre la propuesta pero, según Reuters, se trataría de un acercamiento concreto y una "solución negociada entre el líder libio y las fuerzas rebeldes".

Fuera del terreno especulativo improbable de "solución interna" del conflicto (no olvidar que los grupos rebeldes están controlados e influenciados por las potencias centrales), durante los últimos días, EEUU, Francia y el Reino Unido barajaron la posibilidad de establecer una zona de exclusión aérea en Libia con el argumento de "evitar los bombardeos contra civiles".

Esa medida -apunta la BBC- implicaría de facto una acción militar, ya que, en caso de producirse, fuerzas internacionales actuarían en territorio libio con el objetivo de impedir el despegue de aviones del ejército.

Las divisiones en el campo imperial

"EEUU y Gran Bretaña han aludido a la opción de crear una zona de exclusión aérea en Libia para impedir a los aviones militares de Gadafi bombardear a su propio pueblo, pero Francia insiste en que cualquier medida de ese calado requiere un mandato previo de la ONU", señala la AFP.

"París comunicó sus reticencias" -continúa la agencia- a una intervención militar durante una reunión el miércoles de los embajadores de los 28 países de la OTAN en Bruselas, explicó el ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé.

"Una acción militar "podría unir las opiniones públicas y los pueblos árabes contra el norte del Mediterráneo", advirtió Juppé citado por AFP, estimando empero "posible" "continuar planificando" una zona de exclusión aérea "a condición" de que sea activada únicamente por decisión del Consejo de Seguridad de la ONU.

La OTAN prepara "planes de contingencia" en caso de que la ONU pida a la Alianza Atlántica una intervención en Libia, indicaron por su parte fuentes diplomáticas de la organización tras la reunión en Bruselas.

No "hay consenso en el seno de la OTAN para un recurso a la fuerza", reconoció el martes el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates.

Washington por su parte explora alternativas frente a la inacción y las contradicciones de la UE. La embajadora estadounidense ante Naciones Unidas, Susan Rice, aseguró el lunes que su país estaba considerando "activamente y con seriedad" aplicar la "opción militar" para garantizar la "paz" en Libia.

En este escenario, cobra fuerza la hipótesis de una acción militar unilateral contra Libia ejecutada por el eje EEUU-Reino Unido-Israel las potencias más interesadas en derrocar a Gaddafi por la vía militar.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, dijo el lunes que los EEUU apoyarían a la oposición libia con todos los medios. Esto podría significar "desde facilitar apoyo diplomático, hasta reconocer un gobierno en Bengasi o aportar inteligencia y ayuda militar".

Lo cierto es que las versiones y rumores sobre una intervención militar de EEUU en Libia (con la OTAN o sin la OTAN) precipitaron la división entre los partidarios de esperar el desenlace interno de la revuelta armada contra Gaddafi, y los que impulsan los planes de intervención militar que van desde la "exclusión aérea" hasta la invasión militar.

Las divisiones en el campo imperial, terminaron por favorecer a a Gaddafi quien está utilizando el fantasma de la invasión militar para recomponer su liderazgo interno y situarse como bandera de resistencia antiimperialista en el frente árabe islámico de África y Medio Oriente.

Y en la resolución y desenlace de este nuevo cuadro de situación en el conflicto libio, el factor tiempo va a ser decisivo.

En la medida que el líder libio siga resistiendo, seguirán subiendo los costos políticos y militares que le demandarán a EEUU y a la Unión Europea una operación de control militar de Libia.

Por ahora, el tiempo juega a favor de Gaddafi.

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La lucha de clases no ha muerto… ¡Y los pueblos árabes se están encargando de recordárnoslo!

Marcelo Colussi Rebelión

“No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.”

Carlos Marx, Mensaje a la Liga de los Comunistas, 1850

Por muchos motivos el siglo XX ha sido, seguramente, el más movido, prolífico y controversial de la historia. Marcó de forma indeleble el curso general de los acontecimientos de la humanidad con una fuerza imperecedera: para bien o para mal nos hizo asistir al surgimiento de incontables procesos nuevos, tales como la revolución científica-técnica imparable aplicada al mejoramiento de la vida cotidiana, las primeras experiencias socialistas, la universalización de la economía y la cultura (hoy día bautizada como “globalización”), guerras con aplicación de las fuerzas más destructivas que se pudieran concebir, inicio de la conquista espacial, inicio de la liberación femenina, aparición del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, sociedades masificadas y apoyadas con fuerza creciente en los medios de comunicación, poderes hegemónicos de escala planetaria. Todo esto fue nuevo en la historia y el siglo pasado es su punto de arranque, punto de inflexión del que probablemente no se retrocederá más.

Cada uno de estos distintos aspectos representa, en sí y por sí mismo, un mundo aparte; cada uno ha corrido suertes diversas, con perspectivas futuras muy disímiles entre sí. De entre todos ellos nos interesa ahora particularizar lo correspondiente al discurso contestatario que trajo el socialismo y la suerte que el mismo tuvo durante todo el siglo.

Al hablar de la historia del socialismo, es decir, de la esperanza genuina en un nuevo mundo de justicia, nos referimos no tanto a su génesis y primeros tanteos en el siglo XIX como cosmovisión como a lo que, ya como propuesta madura, significó en las expectativas que fue abriendo. Sin dudas –nadie podría negar esto– movió a lo mejor de la humanidad, en todo sentido: a aquellos más nobles, abnegados y honestos que vieron en su aparición como teoría y en la primera revolución –la rusa de 1917– el inicio de un paraíso posible, el fin de las injusticias, la puerta de entrada a “la patria de la humanidad”. Movió, igualmente, lo mejor que cada uno de los seres humanos podemos tener: el espíritu de solidaridad, la fraternidad, la generosidad auténtica y desinteresada.

Muchas cosas han marcado el siglo XX, por supuesto; pero el inicio de las experiencias socialistas está entre aquellas que más reacciones produjeron, tanto de aceptación como de rechazo. Lo que allí estaba en juego era mucho más grande que lo que podía abrir cualquier descubrimiento científico o tendencia artística. La profundidad de la transformación anhelada produjo pasiones igualmente intensas. Nadie pudo quedarse impasible ante la magnitud de su propuesta.

En cierta forma podría decirse que todo el siglo se vio atravesado por este fenómeno: las primeras luchas sindicales con vistas a socializar la propiedad, el triunfo de las primeras revoluciones socialistas, la reacción del mundo capitalista ante su aparición, la construcción que se empezó a dar en los países que comenzaron a transitar esos caminos, la guerra fría entre los bloques antagónicos que fueron delineándose y el posterior triunfo del capitalismo sobre su modelo opositor hacia finales del siglo, nada de esto dejó de conmover hondamente a cualquier habitante del planeta. Durante los largos años que duró esta pugna entre bloques, entre cosmovisiones, las ideas generadas por el socialismo empezaron a ser moneda corriente en la cultura popular. Nadie se asombraba por hablar de “explotación”, y tampoco eran crípticos términos de cenáculo para iniciados la “lucha de clases”, el “reparto de la riqueza”, la “toma del poder”, el “imperialismo”.

Hoy día, inicios del siglo XXI, habiendo corrido mucha agua bajo el puente y caídas esas primeras esperanzas, sin modelos alternativos a la vista que sirvan de contrapeso a la hegemonía agobiante del neoliberalismo y de la unipolaridad militar de los Estados Unidos, todo aquel discurso de apenas unas décadas atrás parece haberse esfumado. Pero, en sustancia, nada de lo que esas palabras significaban ha cambiado: sigue la lucha de clases, continúa el desigual reparto de la riqueza, el poder continúa en poquísimas manos, el imperialismo se ha acrecentado.

¿Por qué salieron de escena todos estos términos? ¿Acaso “pasaron de moda”?

En realidad cambió la agenda política, cambiaron los escenarios, pero no hubo cambios reales en las estructuras. Aunque sea casi una mala palabra y nadie la use hoy, ¿no hay más imperialismo? La historia la escriben los que ganan, por lo que en la actualidad, habiéndose impuesto el mercado como deidad absoluta, todo lo que vaya en su contra es blasfemo. De ahí que no se nombre todo lo anterior, que sean anatemas. Hablar de lucha de clases o imperialismo es hoy anacrónico…

¡Pero no tanto! Es cierto que la historia la escriben los ganadores, ¡pero hay otra historia! Aunque la fuerza arrolladora con que se presenta el triunfo del gran capital pueda tenernos abrumados –manejo mediático mediante–, las realidades que están tras esos términos, hoy “blasfemos”, no han desaparecido. Seguramente por la misma imposición que esa victoria del gran capital trajo, le hemos tomado miedo a ese discurso contestatario y nos atemoriza que nos vean como nostálgicos de tiempos idos. Plegarse a los poderes dominantes, por supuesto, es más fácil que ir en su contra. El aturdimiento que produjo la caída del Muro de Berlín, vendido luego en pedacitos como souvenir turístico, aún nos tiene desconcertados y pareciera que nos hizo ir olvidando la sana irreverencia y la cuota de rebeldía que alentó pasadas luchas décadas atrás. Pero eso no está muerto.

El mundo post Guerra Fría dio como resultado fenómenos bastante patéticos: por un lado, cuotas de explotación inmisericordes que recuerdan el capitalismo decimonónico, sin leyes sociales de protección a los trabajadores ni regulaciones estatales. La precarización laboral de estos últimos años (léase: la explotación más descarnada) volvió a mostrar la verdadera cara del sistema económico-social en que nos movemos. Junto a ello, como otra de las consecuencias de esa caída (que fue la caída no sólo de un muro sino de las esperanzas que allí se jugaban) se nos presenta el intento de vaciamiento del discurso y la práctica transformadora, revolucionaria. La protesta se aguó, se degradó y el sistema –sabiamente– pudo ir criminalizándola. Sin temor a equivocarnos podríamos decir que el discurso dominante nos hizo pasar de la lucha de clases a la criminalización de las relaciones sociales como motor de la historia. De Marx (abolición de la propiedad privada de los medios de producción y de la sociedad de clases basada en ella) fuimos pasando a Marc’s (métodos alternativos de resolución de conflictos).

Menudo cambio, sin duda. Las luchas de clases salieron de escena. Pero entiéndase bien: dejaron de ser tema de debate, objeto de discusión académica, referente en el discurso político…. aunque ahí siguen estando. La “preocupación” que nos fue creando el omnímodo discurso dominante puso otros temas como “principales”. Además de la apología del dios-mercado, se entronizó la democracia representativa como modo superior de gobierno y los problemas sociales quedaron resumidos en dos cosas: la mala práctica de gobierno (la “culpa” la tienen los políticos) o el crimen desbocado, que en estos últimos años pareciera haberse ido transformando en un nuevo demonio omniabarcativo.

En otros términos: de la lucha de clases a la delincuencia como factor de explosividad de las sociedades. La cotidianeidad de estos últimos tiempos, cada vez más plagada de hechos corruptos (hoy día ya no es noticia que “caiga” algún funcionario por algún hecho de corrupción) y delincuencia de todos los calibres (ciudades cada vez más inseguras, narcoactividad, pandillas juveniles y un largo etcétera), no deja ver la explotación económica, la lucha de clases, el fenomenal descontento que anida en todas las sociedades. En definitiva: la injustica más rampante, que se nos ha hecho ya “natural”, dejó de ser el tema principal. Para tapar eso, para maquillarlo convenientemente, el sistema ha ido encontrando formas cada vez más sutiles y efectivas de control: fundamentalismos religiosos de toda laya, masificación global y saturadora del show deportivo, fundamentalmente del fútbol (se habló de hacer el Campeonato Mundial cada dos años incluso), bombardeo inmisericorde de los medios de comunicación aliados con el sistema (guerra de cuarta generación llaman a eso los estrategas del Pentágono). Es decir: el descontento social producto de la explotación, de las injusticias de base que siguen existiendo, se fue manejando, controlando, moldeando. Y así se pusieron como temas principales de cualquier discusión cotidiana la violencia callejera…. o el fútbol. Pero la lucha de clases, aunque “pasadas de moda”, ahí siguen estando.

Con la llegada del socialismo del siglo XXI en la República Bolivariana de Venezuela hace algunos años se desempolvaron viejos conceptos que parecían ya olvidados, patrimonio de “dinosaurios como los cubanos”. El ideario sepultado bajo los escombros del Muro de Berlín tímidamente volvió a salir a luz. Quizá esperamos mucho –justificadamente sin dudas– de ese proceso en el país caribeño. Hoy día no sabemos bien para dónde se dirigirá la experiencia venezolana, si mira realmente hacia un horizonte socialista (del siglo que sea) o si la “conciliación de clases” termina imponiéndose. Lo que sí, sin dudas, levantó esperanzas que habían quedado adormecidas estos años; el “socialismo” dejó de ser mala palabra. Y cuando nadie se lo esperaba (al menos en el mundo occidental) allí golpea a la puerta de la historia el renacer de los pueblos árabes con este huracán de protestas que está sucediendo.

Tomando palabras de José Steinsleger al referirse a los sucesos de Egipto, válidas para todo el proceso que se da hoy en buena parte del mundo árabe: “¿Hay [allí] una situación prerrevolucionaria? Los anarquistas se oponen a la solución autoritaria; los socialistas celebran el aliento democrático de la sublevación; los comunistas piensan en si las condiciones están dadas; los trotskistas agitan el programa; los nacionalistas evocan la dignidad de otras épocas; los liberales y conservadores revisan las páginas de “El gatopardo”, y los religiosos sueñan con el renacer del Islam”. ¿De qué se trata en realidad todo este volcán? Las lecturas pueden ser múltiples, antitéticas incluso, y todavía no puede vaticinarse para dónde se disparará el proceso. Pero definitivamente algo se mueve. Se mueve… ¡Y mucho! Todo lo cual evidencia que los problemas del mundo, los problemas básicos que produce este disparate de civilización en el que vivimos donde importa más una máquina que una vida humana, todo eso tiene como fundamento aquello que el viejo Marx denunciaba con vehemencia 150 años atrás.

En realidad no se trata de “vaticinar” qué pasará con esta ola de protestas que ponen en marcha los pueblos árabes; se trata de apoyarlas como momento importante, privilegiado quizá, en la historia. Apoyar, y si se ve que ello es un paso para la transformación social hacia mayores cuotas de justicia, tomarlo como propio, aunque no se pertenezca concretamente al mundo árabe. En todo caso, esa puede ser una batalla más de una lucha mucho más general, más universal, no sólo de los árabes por supuesto. En ese caso: todos somos árabes, todos estamos en la Plaza Tahrir de El Cairo, todos nos hacemos parte de ese volcán que ha despertado.

Pero además vale la pena tomar esta marea que se inició en el mundo árabe como un recordatorio de que, más allá del fenomenal manejo mediático de distracción que nos confronta con otros problemas, importantes sin duda pero menores en definitiva (la delincuencia cotidiana, las cuotas de corrupción, el “mal gobierno”), la lucha de clases no ha muerto.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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jueves, 3 de marzo de 2011

La contracultura en la crisis de civilización

Miguel Urbano Rodrigues La Haine

Cuando el hombre en el Neolítico creó las primeras civilizaciones en Mesopotamia, en Egipto, en China, ocurrieron crisis cuyo desenlace fue la destrucción de la mayoría.

La única gran civilización que, transformándose, sobrevivió hasta la actualidad fue la que surgió y se desarrolló en China. Todas las otras desaparecieron, pero muchas dejaron simientes que florecieron en una multiplicidad de pueblos.

Las causas de muerte de las civilizaciones, en la acepción amplia y restricta de la palabra suscitan polémicas entre los historiadores. La decadencia de algunas se prolongó a los largo de los siglos, marcadas por crisis devastadoras. Así aconteció con Roma y con otras cuyas elites dirigentes fueron incapaces de comprender que sus crisis internas, endémicas, se agravaban, menos a consecuencia de amenazas exteriores que por la propia dinámica de rupturas sociales internas.

Obviamente, las generalizaciones son peligrosas. Difirieron mucho los procesos de ruptura civilizacional en la Pérsia Aqueménida, el primer estado en aspirar al dominio del mundo conocido, en el subcontinente hindú, y en la Europa Occidental después de la disgregación del Imperio Romano de Occidente.

También en Asia, muerto el macedonio Alejandro, su imperio se destruye casi inmediatamente. Pero la civilización helenística se implantó en un área vastísima, del Mediterráneo Oriental a las fronteras de China y de la India, dejando marcas profundas en el caminar de los pueblos.

En Europa Occidental, la toma de Roma por los Hérulos, a mediados del siglo V, no significó el fin de una civilización al contrario de lo que sustentan muchos historiadores. En Italia, en las Galias, en la Península Ibérica la herencia de Roma, golpeada, no desapareció en una época de gran desorden. La alta Edad Media, como afirman Henri Pirenne y Marc Block, no fue un tiempo de obscuridad, una fase de regresión absoluta. Además en el Mediterráneo Oriental, en el área donde se hablaba griego, Bizancio continúo por mil años siendo el polo de una gran civilización.

La noción de civilización se confunde por veces con la de cultura. Una cultura no siempre coincide con la existencia de una civilización. Los mongoles que, en su aventura irrepetible dominaron el mundo por un tiempo breve del Pacifico al Adriático, salieron de las estepas con una cultura propia, más no crearon una civilización. Ningún otro pueblo cometió, en el espacio de décadas, un genocidio de proporciones comparables. En la fase de la conquista destruyeron todo lo que encontraron en el mundo de los sedentarios. Pero duró poco la violencia de los gengiskanidas. En China se chinizaron, en Irán se islamizaron y fueron absorbidos por la cultura persa. En ambos casos, el nómada, asimilado por la cultura de los vencidos, se convirtió en su mayor defensor.

Un flagelo cultural

Las grandes crisis europeas no desencadenaron, desde el fin del imperio Romano de Occidente, crisis de civilización.

La gran peste del siglo XIV y la Guerra de los 30 Años, que despobló a Alemania, y las hecatombes de la I y II Guerras Mundiales fueron acontecimientos trágicos con consecuencias políticas, sociales y económicas que alteraron profundamente a la vida en Europa. Lo mismo se puede afirmar de la Revolución Francesa de 1789 y de la Revolución Rusa de Octubre de 1917. De ambas resultaran rupturas que destruirán estructuras seculares, modificando drásticamente las relaciones sociales.

Más aquello a que se puede llamar el “modelo” civilizacional permaneció, en lo esencial. El propio Lenin señalo más de una vez que Rusia revolucionaria no podía abdicar de la herencia cultural acumulada a lo largo de los siglos, incluyendo a la de la burguesía. Para él era fundamental la incorporación en la nueva cultura de ese legado de la Historia de la humanidad.

En el último cuarto del siglo XX ocurrió un fenómeno con implicaciones poco estudiadas, que pasan aún desapercibidas a historiadores y sociólogos. La vida en la Tierra, en muchos aspectos, cambio más en treinta años de lo que en los doscientos anteriores.

El hombre realizó prodigiosas conquistas. Más la revolución técnico-científica, hegemonizada por un sistema de poder deshumanizado, fue colocada al servicio de un proyecto imperialista que, para sobrevivir, exige, en la práctica, la transformación del hombre en un ser pasivo, robotizado.

Este objetivo es una consecuencia de la crisis estructural del capitalismo. La resistencia de los pueblos a las guerras y crímenes de las últimas décadas, de ella inseparable, fue atenuada, casi neutralizada, por la imposición, en escala planetaria, de una cultura –en realidad contra-cultura- que es componente importante de la crisis de civilización.

El polo de tal cultura se localiza en los Estados Unidos donde ella fue generada y donde irradió, contaminando a Canadá, a Europa, a América Latina, el Japón, Asia Oriental, a Australia y hoy a casi la totalidad de los pueblos. La interacción entre los mecanismos del capitalismo y ese fenómeno cultural, epidémico, es sutil, siendo difícil de identificar en muchas de sus manifestaciones. El objetivo del capital es su multiplicación ininterrumpida; el acceso del hombre a la felicidad posible no le interesa.

La presencia y los efectos de la contra-cultura estadounidense – calificada de mc world culture por algunos sociólogos- son identificables en áreas muy diferenciadas, abarcando, se pueda firmar, la totalidad de la vida. La ofensiva en ocasiones casi invisible, pero con frecuencia avasalladora, se manifiesta en los frentes político, social, económico, militar y, evidentemente, en el cultural.

Sin el control casi absoluto de los medios de comunicación social y de los audiovisuales por el sistema de poder, la diseminación epidémica de la contracultura exportada por los EEUU país donde, se registra, coexiste en conflicto con la cultura autentica, sería imposible.

La televisión, el cinema, la radio, la prensa escrita y, ahora, sobre todo la internet cumplen un papel fundamental, imprescindible, en el avance de una contracultura que en los países industrializados alteró profundamente en los últimos años el quehacer de los pueblos y su actitud frente a la existencia. La mudanza es evidente actuando como un vendaval sobre adultos, adolecentes y niños.

La construcción del hombre formateado principia en la infancia y exige una ruptura con el empleo tradicional del tiempo libre. El convivio tradicional, incluyendo el del ambiente familiar, es substituido por ocupaciones lúdicas frente a la televisión y al computador, con prioridad para juegos violentos y filmes que difunden la contracultura.

Las horas dedicadas a la lectura de obras que transforman el conocimiento en cultura pasaron a ser escasos o inexistentes. Con la peculiaridad de los escritores de calidad, que forman, fueron cambiados por novelistas light, presentadores de televisión y por las revistas de chismes. En el proyecto de vida, la mayoría de los jóvenes tienen hoy como meta el suceso mediático, ser famoso, ganar una celebridad efímera sin importar que para ello abdiquen de la dignidad.

Las novelas de TV desempeñan en este panorama un papel importante como factor de embrutecimiento del espíritu.

La contracultura actúa intensamente en el terreno de la música, de la canción, de las artes plásticas. Apreciar una sinfonía de Beethoven, un concierto de Bach se volvió una actitud rara. La contramusica atrae multitudes juveniles a conciertos de extraños personajes que gritan y gesticulan exhibiendo ropas exóticas en gigantescos palcos, en una atmosfera ensordecedora, en rebeldía abstracta contra lo vacuo.

El periodismo se degradó. Transmite el mensaje de una falsa objetividad para ocultar que los medios, al servicio del engranaje del poder, son, con raras excepciones, instrumentos de la difusión de la ideología dominante. La mediocridad de los periodistas refleja además la caída del nivel cultural.

En el caso portugués, el 25 de abril abrió las puertas de la enseñanza secundaria y universitaria a centenas de millares de jóvenes. Pero la instrucción no genera automáticamente cultura. Al sistema solamente le interesa formar cuadros que sirvan con docilidad al capital. De las universidades salen anualmente jóvenes que en materia de saber son analfabetos con diploma. Obviamente el hombre formateado –que trae a la memoria a los robotizados de las utopías de Huxley y Orwell- no tiene conciencia de su condición de individuo manipulado. Casi se enorgullece de ser muy diferente de las generaciones que lo precedieron.

Reescribir la Historia

La contracultura estadounidense, dominadora, no podría haberse implantado a escala mundial sin una campaña, paralela, desarrollada simultáneamente. En Washington los ideólogos del sistema percibieron que era indispensable reescribir la Historia. En otras palabras, falsificarla. Una maquinaria mediática gigantesca emprendió esa tarea. El cine, la televisión, la prensa, internet, con la complicidad de intelectuales de las grandes universidades, de las Fuerzas Armadas, de una legión de periodistas, de miembros del Congreso y de destacadas personalidades de las Finanzas, fueron los instrumentos utilizados para ocultar o deformar la Historia profunda de que nos hablan Lucien Febvre, y la sustituyen por una Historia inventada, ficcional, que corresponda a los intereses y fines del capital.

La falsificación –es la palabra adecuada- principia por las antiguas civilizaciones mediterráneas. En filmes famosos, Hollywood presentó de la Grecia de Pericles, de la Persia de Darío, de la Roma de Cesar, falsos héroes que transmiten sobre la democracia, la libertad, la violencia, el progreso económico, hasta el amor, conceptos e ideas supuestamente progresistas, usando el discurso del norteamericano “ideal” del siglo XX.

Esa agresión a la Historia es particularmente nociva y peligrosa para las masas cuando incide sobre temas y personajes contemporáneos. La versión estadounidense de la II Guerra Mundial, por ejemplo, es una grosera deformación de la Historia. El objetivo fue en gran parte alcanzado. Mundo afuera centenas de millones de personas creen que fueron los Estados Unidos, en defensa de la libertad y de la civilización, quien, en batallas épicas, enfrentó y destruyó el poderío militar de Alemania nazi. El papel desempeñado por la Unión Soviética habría sido secundario. La mentira es de tal tamaño que episodios irrelevantes en los combates de Sicilia o en una ofensiva del general Patton son elevados a epopeyas de la humanidad, en tanto las batallas de Stalingrado y Kursk merecen atención mínima.

El anticomunismo ha sido a lo largo de décadas una prioridad en esa permanente ofensiva del sistema del capital para reescribir la Historia.

La satanización del socialismo y la apología del capitalismo como sistema supuestamente democrático y hasta progresista, son ingredientes básicos en la masacre mediática orientada para el formateo de un tipo de hombre alienado, inofensivo para el engranaje del poder.

En Portugal la clase dominante se ha comportado como discípula aplicada de los maestros del imperialismo estadounidense y europeo.

Diariamente los canales de televisión promueven mesas redondas que falsifican groseramente la Historia. Una corte de “analistas”, presentados como especialistas en materias que, al final ignoran, charlan sobre la totalidad del conocimiento humano, desde la actual rebelión del mundo árabe a las cruzadas por la “democratización” de Afganistán y de Iraq, pasando por el agujero del ozono a la polución de los océanos.

Sería un error subestimar los efectos negativos de ese torrente de disparates y mentiras. El contribuyó para confundir, y engañar a una parte significativa del pueblo portugués.

Sin la anestesia de la conciencia social sería impensable que en el país del 25 de Abril la memoria del general Vasco Gonçalves sea rutinariamente insultada por columnistas cautivos de los grandes diarios, en tanto aventureros de la política y caballeros de la extrema derecha reciben la Gran Cruz de la Orden de la Libertad de sucesivos Presidentes de la República.

¿Qué hacer, entonces frente a un panorama desolador, en una época de crisis cuando un reccionario como el Primer Ministro, portavoz oficial de la contracultura, ofende la palabra democracia, exhibiéndose como su defensor e intérprete?

Luchar, luchar, luchar, en Portugal y en el vasto mundo, sin hallarnos condicionados por el calendario de la victoria distante.

La humanidad resistirá la contracultura que la amenaza. En el caminar de la Historia, el capitalismo contiene las simientes de su propia destrucción.

Vila Nova de Gaia, 1 de Marzo de 2011
Traducción de Jazmin Padilla
El original de este articulo se encuentra en www.odiario.info

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miércoles, 2 de marzo de 2011

FMJD: Sobre la situación en Libia

FMJD UJCE

La Federación Mundial de la Juventud Democrática ha visto los recientes acontecimientos en Libia y sus alrededores con profunda preocupación y alarma. Es terrible para la FMJD que la respuesta a las demandas del pueblo libio en sus manifestaciones en la calle hayan sido la represión y, en muchos casos, la muerte de los manifestantes.

Esto merece para nosotros una condena rotunda, ya que es inaceptable y representa una violación de los derechos básicos de expresión y libertad de asociación, inherente a todos los pueblos del mundo.

De la misma manera, es alarmante para la FMJD que, bajo estas circunstancias, las potencias imperialistas (EEUU y Europa) reunidas en la OTAN hayan lanzado, a través de los medios de comunicación del poder, una campaña para justificar una intervención extranjera en este país bajo el pretexto de “defender los derechos de los manifestantes”.

En este momento, es importante subrayar que nunca se preocupó la OTAN ni ninguno de sus miembros cuando en Yemen o Bahrein (aliados de las potencias imperialistas) se reprimía a los manifestantes brutalmente. Por otra parte, es de una hipocresía total que los mismos países (particularmente en Europa) con relaciones de alto nivel con el gobierno de Libia, pretendan ser ahora los enemigos históricos de Gadafi, presidente del país.

En esta situación, la FMJD hace un llamamiento por el entendimiento entre todas las partes en Libia y rechaza cualquier tipo de injerencias exteriores, particularmente cualquier tipo de intervención militar, ya que creemos que sólo el pueblo libio está capacitado para resolver sus propios problemas, y que la intervención de la OTAN o cualquier otro bloque militar podría sólo significar muerte y robo de recursos, como ya ocurrió en Irak y Afganistán.

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Venezuela: Juventud Revolucionaria impulsa el I Congreso Nacional de Estudiantes Bolivarianos


Prensa JPSUV.- En horas de la mañana de este martes, en la Ciudad de Caracas se reunieron los Comisionados de Educación Universitaria de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (JPSUV), los Coordinadores Regionales del Instituto Nacional de la Juventud, los Representantes Estatales de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU) y los Coordinadores Nacionales del Despacho del Viceministro de Políticas Estudiantiles con el objetivo de informar los adelantos alcanzados en la organización del I Congreso Nacional Bicentenario Nacional de Estudiantes Bolivarianos.

Entre los principales temas tratados fue la necesidad de incluir a todos los colectivos de izquierda de Venezuela, la metodología a usar para la elección de las voceras y voceros. Así mismo se dio a conocer las tres comisiones constituidas hasta el momento (logística, comunicación y sistema e informática).

Jonathan Tabare, Presidente del Instituto Nacional de la Juventud expresó la necesidad de promover esta iniciativa “Debemos comenzar a impulsar el Congreso desde cada estado de Venezuela, incentivar a los compañeros para que participen democráticamente y esparcir por todos lados la información”

Así mismo Willian Gil, Coordinador Nacional de la Comisión de Educación Universitaria de la Juventud del PSUV destacó ” este será un espacio de inclusión donde la Misión Sucre, los estudiantes de educación media y universitaria jugarán un papel importante, un espacio de discusión por la transformación universitaria”.

El Congreso espera agrupar a más de 1600 estudiantes y jóvenes de Venezuela incluyendo estudiantes internacionales que hacen vida en nuestro país, se realizará los días 6, 7 y 8 de mayo en la ciudad de Caracas.

Maria Caldera / Prensa JPSUV

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FMJD: Solidaridad con el levantamiento del pueblo de Bahrein


FMJD CJC

Los últimos días han sido testigos de un amplio movimiento de protestas y manifestaciones en Bahrain, demandando una reforma política democrática hacia un estado constitucional democrático. Ésta ha sido una demanda histórica de las fuerzas progresistas de Bahrain, y ahora mucha más gente se ha unido a ella.

Decenas de miles de personas salieron a la calle exigiendo por su política inalienable, derechos que son muy importantes en un país con una población de medio millón de personas. El movimiento parece ser fuerte y unitario, dando esperanza para posibles éxitos en favor del pueblo.

Sin embargo, el régimen del rey está recurriendo a las herramientas criminales tradicionales de represión, incluyendo disparos directos sobre varios manifestantes, o siguiendo a otros hasta sus casas y arrestando a sus familias. El régimen también está intentando provocar divisiones sectarias en un país de diversidad religiosa, para así dividir el movimiento. Los actos de la policía están siendo de extrema brutalidad, lo que ha llevado hasta 7 mártires entre los manifestantes, y cientos de personas heridas.

En esta mención nos parece importante y urgente expresar nuestra solidaridad con la juventud y el pueblo de Bahrain, y pedir que se ejerza presión a su régimen a través de comunicados y cartas enviadas a las embajadas y consulados, condenando las prácticas represivas y opresivas del país, así como protestas allí donde sea posible en frente de las misiones diplomáticas de Bahrain, para pedirles que escuchen la voz y las demandas del pueblo.

La FMJD alaba el movimiento progresista de Bahrain, demanda una mayor solidaridad con él y condena fuertemente las prácticas del régimen. La FMJD también expresa su preocupación por la seguridad y las vidas de los manifestantes.

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martes, 1 de marzo de 2011

Chile: Juventudes comunistas critican detención de manifestantes tras protesta

Carlos Ruiz Baez El Observatorio

Como un atentado a la libertad de expresión y uso de fuerza desmedida por parte de carabineros calificaron los dirigentes de las juventudes comunistas la detención de 8 manifetantes, entre ellos 4 menores de edad, luego que un grupo de manifestantes realizaran una protesta y marcha por las calles de La Serena en contra de diversos proyectos que podrían atentar contra el medioambiente , específicamente la mina invierno que se proyecta en Isla Riesco, región de Magallanes.

La protesta se realizó el pasado lunes, coincidiendo con la visita del presidente Sebastián Piñera a La Serena. La marcha partió en la plaza Buenas Aires y según señalan llegando hasta la plaza de Armas de La Serena, donde se disolvieron.

"Posteriormente llegó un gran número de carabineros al lugar e inició una persecución a varios manifestantes que se retiraban del lugar, lo que dejó a 8 personas detenidas, entre ellas 4 menores de edad, los detenidos los trasladaron de inmediato a urgencia a la constatación de lesiones" relatan en una declaración pública.

"Al llegar a la Primera Comisaría de La ciudad donde se encontraban los jóvenes detenidos, entre ellos dos miembros de las Juventudes Comunistas, al pedir varias veces explicaciones de su detención no tuvimos respuesta de los efectivos policiales, recién cerca de las 22:30 horas nos dieron a conocer varias hipótesis de la detención, entre ellas la consigna política de los papelógrafos (carteles) que incautaron como pruebas, agregando que habían diferentes improperios para el Presidente, entre otras cosas. Finalmente llegaron a la conclusión que fue por desorden en la vía pública" agregan.

Los jóvenes quedaron detenidos hasta el otro día, siendo controlada su detención en el juzgado de garantía local siendo dejados en libertad, sin cargos, aunque pasando 13 horas detenidos previamente.

Los dirigentes señalan que "fueron pasados a llevar todos los derechos de libertad de expresión por medio de la fuerza desmedida de Carabineros y las políticas de seguridad, que no se condicen con “el cambio” que prometió el gobierno de turno durante su campaña electoral".

"Además dejamos en claro que como juventud política no tenemos intereses particulares sobre las demandas sociales de cualquier índole. Somos y seremos actores críticos y propositivos frente a las injusticias que aquejen a la clase trabajadora, el medio ambiente, los derechos humanos, entre otras causas" finalizaron.

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Microsoft, la oposición venezolana y lo que pasaría si vuelven al poder

Luigino Bracci Roa lubrio.blogspot.com

Mientras el gobierno bolivariano hace fuertes esfuerzos con el proyecto Canaima Educativo, que plantea entregar a todas las niñas y niños de primaria computadores para ayudarlos en la educación, con contenidos hechos en Venezuela y con un sistema operativo y aplicaciones de software libre, leemos que las gobernaciones opositoras marchan en sentido exactamente contrario: la gobernación del Zulia, que dirige Pablo Pérez, del partido de derecha Un Nuevo Tiempo (UNT), anuncia un convenio educativo con la transnacional Microsoft, "con el fin de apoyar a mejorar el acceso y uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), en la educación primaria y secundaria".

El acuerdo contempla la formación de 200 "educadores multiplicadores", quienes serán los encargados de formar a más de 1000 docentes de instituciones educativas en los próximos 6 meses. "Estrategias innovadoras estarán al servicio de 50 planteles zulianos", dice la nota de prensa, que agrega que los docentes "recibirán formación en el uso de herramientas de productividad y de generación de contenidos digitales (...) El acuerdo de trabajo entre la Gobernación zuliana y Microsoft, garantiza una adecuada transferencia de conocimiento sobre las más novedosas herramientas tecnológicas que posee la empresa".

Lo firmado por el gobernador Pablo Pérez básicamente es una trampa comercial que asegura la dependencia a Microsoft. Al capacitar a los docentes en herramientas de esa empresa, estás obligando a que, a futuro, el sector educativo zuliano esté obligado a comprarles más productos. Más dependencia tecnológica, y en la práctica se están privatizando las herramientas que usan los educadores zulianos.

Nada de esto debe extrañarnos. Ya el año pasado nos llegaron las denuncias, por parte de funcionarios de la Zona Educativa del estado Zulia, de que el gobernador del Estado estaba boicoteando la entrega de más de 11 mil canaimitas a niñas y niños de las escuelas de la gobernación de ese estado. La Secretaria de Educación del Zulia, Deomira Rosales de Caldera, había emitido un comunicado fechado en septiembre de 2010, ordenando a las escuelas dependientes de la Gobernación “rechazar cualquier dotación o intervención para mejoras que realice el Ministerio de Educación en los planteles regionales". Las denuncias fueron reiteradas en múltiples ocasiones.

¿Qué pasaría en un supuesto de que la oposición regresara al poder, de que un candidato de UNT u otro partido de derecha logre controlar la Presidencia de la República? Son muchas las cosas que se perderían. Son muchas las cosas malas que ocurrirían. Pero hoy quiero centrarme en la parte tecnológica y educativa, en particular Canaima Educativo y el software libre, de los cuales estoy seguro que se perderían.

¿No me crees? Examinemos un lugar donde está ocurriendo precisamente eso: la Junta de Andalucía, en España.


Las comunidades autónomas en España


El Reino de España está dividido en varias Comunidades Autónomas, cada una de las cuales está gobernada por una Junta, dotada de autonomía legislativa y competencias ejecutivas, así como de la facultad de administrarse mediante sus propios representantes. Una de esas comunidades es la de Andalucía, la cual está ubicada al sur del país, y agrupa provincias tan conocidas como Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga y Sevilla.

La Junta de Andalucía es muy conocida también porque la misma, durante años, dio un fortísimo apoyo a las tecnologías libres, al igual que la Junta de Extremadura. Mucho antes de que Venezuela lanzara Canaima, la Junta de Andalucia produjo Guadalinex, un sistema operativo construido a partir de Debian para usarlo en su administración pública. Y también crearon una distribución para las escuelas, llamada "Guadalinex Edu", tal y como nosotros tenemos Canaima Educativo.

En España también hay un plan de portátiles escolares, llamado "Proyecto Escuela 2.0"; dicho programa pretende la digitalización de 14.400 aulas (con pizarras digitales y computadores portátiles para cientos de miles de alumnos) y 20.000 profesores formados en el uso de las TIC**. La mitad lo paga el gobierno español, y la otra mitad la comunidad autónoma respectiva (el derechista Partido Popular se opuso y las tres comunidades autónomas pepetistas -Madrid, Murcia y Valencia- no participaron en el proyecto).

Lamentablemente Microsoft estuvo desde el comienzo haciendo "lobby" y visitando constantemente al gobierno español, convenciendo al "socialista" José Rodríguez Zapatero de que las computadorcitas lleven Windows y Linux, lo que causó fuertes críticas de quienes se preguntaban por qué se pagarían cientos de miles de licencias de un sistema operativo cuando el otro era gratis. "Están vendiendo el futuro del país a Microsoft", indicó Richard Stallman en 2009, que llegó a comparar el plan con el uso de drogas adictivas.

Por fortuna, cada comunidad autónoma tiene cierta independencia en el proyecto, lo que permitió que las Juntas de Extremadura y Andalucía se "rebelaran" y colocaran en las computadoras únicamente software libre: LinexEdu, en el caso de Extremadura, y Guadalinex en el caso de Andalucía. No sólo por el significativo ahorro económico, sino por la seguridad y por el trabajo de años que llevan colocando contenidos educativos en estas plataformas.

Pero hay algo en lo que Microsoft supera por mucho a las comunidades: en sus tácticas de mercadeo, "lobby", chantaje y manipulación. Microsoft se puso a trabajar, y colocó en la Junta de Andalucía a a personas que le han servido fielmente, como Antonio Ávila, consejero de Economía, Ciencia e Innovación; y Juan María González Mejías, sobrino de Felipe González, quien fue nombrado Secretario General de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información a finales de julio de 2010.

Apenas logrado el nombramiento de Gonźalez Mejías, la junta canceló el apoyo que había dado cada dos años para la realización de la "Open Source World Conference", una de las conferencias sobre software libre más importantes de España, lo que causó gran indignación.

Luego, se anunció que la Junta de Andalucía y un organismo del Ministerio de Industrias le estaban entregando a Microsoft unos 2,5 millones de euros provenientes de un fondo de la Unión Europea para el desarrollo regional, con el fin de crear en Sevilla un centro de formación para "cloud computing" (el "cloud computing" tiene por objetivo que, en el futuro, aplicaciones como Microsoft Office y similares no estén instaladas en tu computador, sino que se acceda a ellas a través de Internet, como se hace ya con Google Docs, lo que, según la propia Microsoft, les permitirá acabar con la piratería pues la gente tendrá que pagar para usar sus sistemas vía web).

Y luego vino el otro anuncio: la Asociación de Internautas de España alertó de "la inclusión de equipos con Microsoft Windows en el catálogo de miniportátiles de Zapatero para los colegios andaluces, terreno antes exclusivo del Linux oficial andaluz: Guadalinex‑Edu". Por ahora, 300 mil niños y niñas en Andalucía siguen usando computadores portátiles con el sistema Guadalinex basado en software libre, pero no es de extrañar que Microsoft, poco a poco, intentará usar sus estrategias de mercadeo, convenciendo a políticos y colocando sus fichas en puestos claves, hasta lograr los contratos necesarios para adueñarse de proyectos como estos.

El anuncio del centro de "cloud computing" en Sevilla fue tan bueno para Microsoft que el propio Steve Ballmer, CEO de la empresa y uno de los 30 hombres con más dinero en el mundo, visitó España y dio declaraciones muy contento por la decisión de la Junta de Andalucía y el gobierno español, ello a pesar de la aguda crisis que sacude a la nación ibérica, que ha causado una polémica reforma del sistema de pensiones, recortes en los sueldos de empleados públicos y otros retrocesos en los derechos de los trabajadores.

Que un país como España -supuestamente forzado a tomar medidas de corte neoliberal para paliar la crisis- esté regalándole su dinero a Microsoft y otras empresas de software privativo, es realmente muy contradictorio. Ya Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, había comentado el año pasado que España paga 1.500 millones de dólares por el uso de software propietario, y que, si España hubiera usado Software Libre, hubiera salvado su sistema de pensiones. "El software libre es el sueño del socialismo y un compromiso con la democracia. No concibo que a un político se le ofrezca una estructura barata y otra cara y elija la segunda opción", dijo el que fuera uno de los pocos personajes coherentes del PSOE, luchador contra el franquismo en su juventud y quien inicialmente aprobó el uso de software libre en su gobierno por razones económicas, pero luego se convenció de las razones políticas y filosóficas tras el mismo.

Andalucía no es el único lugar en España donde el apoyo al Software Libre está retrocediendo luego de que ocurrieran cambios políticos. La Comunidad Valenciana también ha sufrido el mismo problema luego de que fuera elegido Francisco Camps, del Partido Popular, como presidente de la Generalitat Valenciana, que en otro tiempo había sido ambiciosa promotora del software libre y también cuenta con su propia distribución de Linux, llamada "Lliurex". Los afectados directamente serán las y los niños de dicho lugar, pues, como dijimos antes, la Comunidad Valenciana es una de las 3 que se opusieron al proyecto de las minicomputadoras escolares para niños y niñas.

Son por cosas como estas que pienso que Windows sí es malo. No sólo por sus problemas técnicos y de seguridad, por los virus, por la posibilidad de ser espiado o por su alto costo. Es malo porque detrás de él hay un conjunto de empresas transnacionales muy poderosas, que apuestan a la privatización del conocimiento y la dominación de nuestros pueblos, incluso en ámbitos tan delicados como el educativo, y son capaces de doblegarnos políticamente, de convencer, chantajear o corromper a funcionarios con tal de lograr sus objetivos.

Si en España, que se jacta de ser un país desarrollado, mucha gente se opone a darle su dinero a Microsoft, no entiendo por qué en Venezuela, país con un grave problema de pobreza y desigualdad, sí tenemos que hacerlo. En la página web de Microsoft Venezuela, dos gobernaciones mantienen acuerdos con Microsoft, y ambas son gobernadas por la derecha: Miranda y Zulia. No es casual.

De vuelta a Venezuela: El pasado martes vimos a Tobías Bolívar, diputado opositor por el estado Nueva Esparta (AD) y Presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Asamblea Nacional, diciendo que "estaba orgulloso de todo lo hecho en la cuarta república en el campo de la ciencia y tecnología", y que "lo bueno vuelve, y seremos gobierno en dos años". Creo que es más que obvio lo que ocurrirá en materia educativa y tecnológica si cosas "tan buenas" como la derecha "vuelven" al poder.

Es cierto que el gobierno bolivariano no ha hecho las cosas tan bien como quisiéramos, pero los logros con Canaima Educativo e Infocentro son inobjetables, y muy pocos países en el mundo están a nuestra altura en ese aspecto. Además, poco a poco se ha ido mejorando el apoyo a las tecnologías libres, ello a medida que se toma conciencia de la necesidad de soberanía tecnológica. Hay que seguir trabajando, aumentando la conciencia y trabajando hombro a hombro con otras comunidades, para ir construyendo una sociedad distinta. Y poco a poco lo lograremos.
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** Por cierto: a diferencia de Venezuela, en España las computadorcitas son prestadas, y en algunos lugares los padres tienen que pagar una fianza por el préstamo del equipo (ver también aquí).

Fuente: http://lubrio.blogspot.com/2011/02/microsoft-la-oposicion-venezolana-y-lo.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FPDgbF+%28El+espacio+de+Lubrio%29

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Libia en el gran juego

Manlio Dinucci

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

No sólo familias que temen por sus vidas e inmigrantes pobres de otros países norteafricanos huyen de Libia. Hay decenas de miles de “refugiados” que son repatriados por sus gobiernos en barcos y aviones: sobre todo son ingenieros y ejecutivos de grandes compañías petroleras. No sólo de ENI, que realiza cerca de un 15% de sus ventas desde Libia, sino otras multinacionales europeas, en particular: BP, Royal Dutch Shell, Total, BASF, Statoil, Repsol. Cientos de empleados de Gazprom también se vieron obligados a abandonar Libia y más de 30.000 trabajadores chinos de la compañía petrolera y de la construcción. Una imagen simbólica de cómo la economía libia está interconectada con la economía global, dominada por las multinacionales.

Gracias a sus ricas reservas de petróleo y gas natural, Libia tiene una balanza comercial positiva de 27.000 millones de dólares al año y un ingreso per cápita medianamente elevado de 12.000 dólares, seis veces mayor que el de Egipto. A pesar de fuertes diferencias en los ingresos bajos y altos, el nivel de vida promedio de la población de Libia (sólo 6,5 millones de habitantes en comparación con los casi 85 millones de Egipto) es por lo tanto mayor que el de Egipto y otros países norteafricanos. Lo muestra el hecho de que casi un millón y medio de inmigrantes, sobre todo del norte de África, trabajan en Libia. Cerca de un 85% de las exportaciones libias de energía van a Europa: Italia tiene el primer lugar con un 37%, seguida por Alemania, Francia y China. Italia también ocupa el primer lugar en importaciones de Libia, seguida por China, Turquía y Alemania.

Este marco ahora revienta como resultado de lo que se puede caracterizar no como una revuelta de masas empobrecidas, como las rebeliones en Egipto y Túnez, sino como una verdadera guerra civil, debida a una división del grupo gobernante. Quienquiera que diese el primer paso ha explotado el descontento contra el clan de Gadafi, que prevalece sobre todo entre las poblaciones de Cirenaica y los jóvenes en las ciudades, en un momento en el cual todo el norte de África ha tomado el camino de la rebelión. A diferencia de Egipto y Túnez, sin embargo, el levantamiento libio se planificó y organizó con anterioridad.

Las reacciones en la arena internacional también son simbólicas. Pekín ha dicho que está extremadamente preocupado por los sucesos de Libia y llamó a “un rápido retorno a la estabilidad y la normalidad”. El motivo es obvio: el comercio chino-libio ha crecido considerablemente (cerca de un 30% sólo en 2010), pero ahora China puede ver que toda la estructura de las relaciones económicas con Libia, de donde importa cantidades crecientes de petróleo, se ha puesto en juego. Moscú se encuentra en una posición semejante.

Diametralmente opuesta es la señal de Washington: el presidente Barack Obama, que cuando se vio enfrentado a la crisis egipcia minimizó la represión desencadenada por Mubarak y llamó a una “transición ordenada y pacífica”, ha condenado rotundamente al gobierno libio y anunció que EE.UU. prepara “toda la gama de opciones que tenemos a nuestra disposición para responder a esta crisis, incluidas ‘acciones que ponemos emprender solos y otras que podemos coordinar con nuestros aliados a través de instituciones multilaterales’.” El mensaje es evidente: existe la posibilidad de una intervención militar de EE.UU. y la OTAN en Libia, oficialmente para detener el derramamiento de sangre. Las verdaderas razones son obvias: Si se derroca a Gadafi EE.UU. podría derribar todo el marco de las relaciones económicas con Libia y abrir el camino a las multinacionales basadas en EE.UU., que hasta ahora están casi totalmente excluidas de la explotación de reservas de energía en Libia. Por lo tanto, EE.UU. podría controlar el grifo de las fuentes de energía de las que depende en gran parte Europa y que también provee a China.

Estos son las apuestas en el gran juego de la división de los recursos africanos, por los que tiene lugar una creciente confrontación, en especial entre China y EE.UU. La creciente potencia asiática, con la presencia en África de cerca de 5 millones de gerentes, técnicos y trabajadores, construye industrias e infraestructuras a cambio de petróleo y otras materias primas. EE.UU., que no puede competir en ese terreno, puede utilizar su influencia sobre las fuerzas armadas de los países africanos importantes, que entrena mediante el Comando África (AFRICOM), su principal instrumento para la penetración del continente. La OTAN también entra ahora en el juego, ya que está a punto de concluir un tratado de cooperación militar con la Unión Africana que incluye a 53 países.

La central de la cooperación de la Unión Africana con la OTAN ya se está construyendo en Addis Abeba: una estructura moderna, financiada con 27 millones de euros de Alemania, bautizada: “Construyendo paz y seguridad”.

Il Manifesto, 25 de febrero de 2011

Traducido del italiano por John Catalinotto

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=23413

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