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lunes, 12 de diciembre de 2011

La Primavera Árabe saudí que pasó desapercibida

Russ Baker Guernica

¿Oíste hablar de la Primavera Árabe en Arabia Saudí que pasó desapercibida?
No, no es un chiste. Es una situación real, y un ejemplo admonitorio de lo que sucede cuando los gobiernos occidentales y sus medios son más favorables a algunas “revoluciones” que a otras.

En el caso del régimen sirio, hace tiempo en desgracia en Occidente, nos informaron del levantamiento desde su inicio. El tamborileo mediático ha aumentado dramáticamente, junto con condenas occidentales y acciones para aislar el régimen por su represión del disenso.

En el caso de Libia, gobernada por el tan independiente y excéntrico Gadafi, gran parte de la prensa mundial se apresuró crédulamente a publicar cualquier rumor sobre los excesos del régimen, muchos de ellos nunca verificados y aparentemente falsos. La prensa presentó a los rebeldes como héroes, y su cobertura fue casi diaria. Cuando la OTAN lanzó una creciente intervención que terminó en un bombardeo muro tras muro, los medios aceptaron su afirmación de que la intervención era para impedir que Gadafi dañara o siguiera oprimiendo a su pueblo.

Los medios rápidamente se dedicaron –y lo siguien haciendo– al levantamiento en Egipto, uno de los países más pobres de la región, donde Occidente perdió un aliado pero encontró rápidamente un nuevo colaborador en una junta militar de inclinaciones semejantes.

En el caso de la madre de todos los aliados petroleros, Arabia Saudí, sin embargo, las protestas se han recibido con un silencio casi total en los medios y ninguna expresión de simpatía por los disidentes por parte de los gobiernos occidentales.

La lucha saudí

Estos son los antecedentes: El 21 de noviembre, las tropas del gobierno abrieron fuego contra los manifestantes en la Provincia Oriental de Arabia Saudí, matando por lo menos a cuatro, e hiriendo a algunas más. En vista de la escasez general de manifestaciones en un país en el cual el disenso se reprime ferozmente, la agitación y la violencia parecía ser un evento de alto valor noticioso.

Al día siguiente, Al Jazeera English, basado en Medio Oriente, la “mejor” fuente occidental de noticias de la región salió a la palestra. En lugar de conseguir relatos directos de testigos presenciales que podrían molestar a los dirigentes saudíes (los aliados cercanos del emir de Qatar, dueño de Al Jazeera), la red utilizó un viejo truco. Citó a una agencia noticiosa occidental, la agencia francesa Agence France Press, que solo reprodujo la versión del gobierno saudí respecto a los eventos.

Dos días después de Al Jazeera, Associated Press circuló su propio informe, también basado en el portavoz saudí. El artículo señaló “una serie de choques entre policías y manifestantes en la región oriental del país dominada por chiíes, que comenzó en la primavera”. Decía:

“El Ministerio del Interior culpó previamente a quienes describió como residentes ‘sediciosos’, diciendo que atacaron a las fuerzas de seguridad con armas de fuego y bombas incendiarias con el respaldo de un enemigo externo, una referencia aparente a la potencia chií Irán.

“La declaración del ministerio dijo el jueves que las muertes en la nueva agitación resultaron de intercambios de fuego desde el lunes con ‘criminales desconocidos’ quienes, dijo, dispararon contra puntos de control y vehículos de seguridad desde casas y callejuelas”.

El contexto intencionado viene en el último párrafo:

“Hay una larga historia de discordia entre los gobernantes suníes del reino y la minoría chií concentrada en el este, la principal región productora de petróleo de Arabia Saudí. Los chiíes representan un 10% de los 23 millones de ciudadanos del reino y se quejan de discriminación, argumentando que son excluidos de posiciones clave en las fuerzas armadas y el gobierno y que no reciben una parte proporcionada de la riqueza del país”.

El punto destacado en Arabia Saudí, sin embargo, no es realmente la discriminación étnica, que existe en todo el mundo. Es una historia de avaricia y brutalidad mediante la cual una amplia familia domina todo un país.

En Libia, la revuelta estuvo dominada por una clara oposición tribal, pero fue rápidamente caracterizada como representante de un amplio sentimiento nacional, con una especie de nobleza e inevitabilidad. No es así (hasta ahora) en la información sobre las protestas saudíes. En realidad, la insatisfacción con la familia real saudí no se limita realmente a los chiíes, y los grados de indignación son probablemente tan grandes o tal vez mayores que los que suscitaba Gadafi.

Otro punto de vista

Los que quieran tener una mejor idea de lo que sucede en Arabia Saudí pueden ir al sitio Liveleak, donde transmiten un vídeo altamente sobrecogedor acompañado por este texto:

“Qatif: disparan munición viva contra los manifestantes el 21 de noviembre de 2011: el vídeo muestra la brutalidad de las fuerzas de seguridad saudíes al encarar a los manifestantes mediante el disparo de munición de guerra”. Otra fuente es un blog llamado Angry Arab News Service, que presenta un vídeo en el cual un grupo grande y ruidoso en Qatif corea al parecer “Que muera la Casa de Saud”.

Ese tipo de material parece merecer atención mundial. Y al recibirla, podríamos esperar razonablemente que las protestas aumentaran. Pero la cobertura no ha tenido lugar, ni tampoco un aumento de la revuelta.

New York Times

¿De quién la culpa? De todos, en realidad. Pero basándonos en su afirmación de que constituye el patrón oro, nos concentraremos en el The New York Times. Según una búsqueda en la base de datos Nexis-Lexis, el Times no publicó absolutamente nada sobre Qatif hasta el domingo 27 de noviembre, cuando publicó un estudio de la agitación en toda la región. Una referencia a Qatif está profundamente enterrada al final del artículo, donde pasaría casi desapercibida.

Sin embargo el Times debe de haberse dado cuenta de que estaba considerando un modelo. Después de todo, el periódico había cubierto un incidente previo en Qatif – en marzo. Fue un solo artículo, fechado en Beirut.

“Los agentes de la policía saudí abrieron fuego contra una marcha de protesta en una inquieta provincia rica en petróleo el jueves, hiriendo pore lo menos a tres personas, según testigos y un funcionario gubernamental saudí”.



“Los testigos describieron la pequeña marcha de protesta en la ciudad oriental de Qatif como pacífica, pero un portavoz del Ministerio del Interior dijo que los manifestantes habían atacado a la policía antes de que los oficiales comenzaran a disparar, informó Reuters”.



“El choque con los manifestantes en Qatif, ubicada en una región con gran población chií, subrayó las antiguas tensiones en la sociedad saudí: existe una idea en la minoría chií de que está discriminada por un gobierno que practica una forma ferviente de ortodoxia suní”.

Ningún énfasis en la actividad en provecho propio, la codicia y la barbarie que caracterizan a la dictadura saudí. Irónicamente, en esos días las manifestaciones de Libia llenaban las noticias, con constante énfasis en la infamia de Gadafi. Lo que sigue son algunos titulares del New York Times sobre Libia en la primavera:

“FLas ftografías presentan evidencia gráfica de los abusos de Gadafi”

“Se acabó, Gadafi” (artículo de opinión)

“Los rebeldes libios se quejan de retrasos letales bajo comando de la OTAN”

“Víctima de violación describe su sufrimiento”

“Acusan a fuerzas de Gadafi de colocar minas terrestres en la ciudad”

La verdadera historia

Por lo tanto ¿qué pasa realmente en Arabia Saudí? En diciembre apareció un informe de Amnistía Internacional, descrito como sigue por la BBC:

“Arabia Saudí acusada de represión después de Primavera Árabe

“Amnistía Internacional ha acusado a Arabia Saudí de reaccionar ante la Primavera Árabe con una ola de represión. En un informe, el grupo de derechos humanos dijo que cientos de personas han sido arrestadas, muchas de ellas sin acusación o proceso.

“Destacados reformistas han recibido largas sentencias después de procesos calificados de ‘muy injustos’ por Amnistía. Hasta ahora la intranquilidad se ha limitado en gran parte a la minoría chií en el este del país.

“…en su informe de 73 páginas publicado el jueves, Amnistía acusa a las autoridades saudíes de arrestar a cientos de personas por demandar reformas políticas y sociales o por pedir la liberación de parientes detenidos sin acusación o juicio.

“El informe dice que desde febrero, cuando comenzaron manifestaciones esporádicas desafiando una prohibición nacional permanente de las protestas, el gobierno saudí ha realizado una represión…

“Desde marzo, han sido detenidas más de 300 personas que participaron en protestas pacíficas en Qatif, Ahsa y Awwamiya en el este, dice Amnistía. La mayoría ha sido liberada, a menudo después de prometer que no volvería a protestar. Muchos enfrentan restricciones de viaje.

“La semana pasada 16 hombres, incluidos nueve destacados reformistas, recibieron sentencias que van de cinco a 30 años de prisión. Amnistía dijo que tenían los ojos vendados y estaban esposados durante su juicio, y que no se permitió que su abogado entrara a la sala durante las tres primeras sesiones.

“Manifestantes pacíficos y partidarios de reformas políticas del país han sido objeto de arrestos en un intento de eliminar el tipo de llamados a la reforma que han resonado por toda la región, dijo el director de Amnistía para Medio Oriente y el Norte de África, Philip Luther.



“Amnistía dice que el gobierno sigue deteniendo a miles de personas por motivos relacionados con el terrorismo. La tortura y otros maltratos durante la detención están generalizados, dice… una afirmación que siempre ha negado Arabia Saudí.

...

“Amnistía dice que el gobierno ha preparado una ley antiterrorista que criminalizaría efectivamente el disenso como un “crimen terrorista” y permitiría la detención prolongada sin acusación o proceso.

“El cuestionamiento de la integridad del rey se castigaría con una condena de prisión mínima de 10 años, según Amnistía.



“‘En lugar de encarar las legítimas demandas, el gobierno está tomando el camino fácil y culpa de todo a una conspiración de los iraníes’ dijo el activista, quien solicitó que no se le nombrara por temor a represalias”.

La esencia del informe de Amnistía es que ha habido manifestantes activos en Arabia Saudí tanto tiempo como en Libia y otros sitios, con la misma continuidad y que como en otros sitios han sido encarados con dureza por su gobierno. De alguna manera, sin embargo, no se considera que se trate de una historia con suficiente importancia.

¿Podría tener algo que ver con lo indispensable que es Arabia Saudí como aliado y proveedor de petróleo? En cuyo caso, ¿no se aplican los estándares tradicionales de información?

¿Hay alguien que haya preguntado al gobierno de EE.UU., tan rápido en su condena de Gadafi por su represión de los manifestantes, si mostró alguna reacción ante la represión saudí contra los manifestantes? No parece que así sea.

Mientras tanto ,¿por qué culpan a Irán de lo que parece ser un auténtico disenso saudí? ¿Cómo se ajusta esto al esfuerzo general en Occidente de presentar a Irán como responsable de cada acto nefario, incluso la ridícula conspiración anunciada hace algunos meses por la Casa Blanca, en la cual los iraníes supuestamente trataron de reclutar bandas mexicanas de la droga para matar al embajador saudí en EE.UU.?

¿Qué hay acerca de la preparación de un ataque contra Irán por el gobierno derechista del primer ministro israelí Netanyahu, denunciado incluso por los jefes de las propias agencias de inteligencias de Israel como injustificado y peligroso?

¿Qué parte de este drama más amplio tiene que ver con mantener en el poder a la familia real saudí y proteger a la industria petrolera occidental y el “modo de vida occidental”?

Consideremos Libia en comparación con Arabia Saudí. Dos productores de petróleo, uno caprichoso y antojadizo, el otro ligado a Occidente. Una amplia cobertura del disenso en un caso, casi ninguna en el otro.

Los saudíes no esperan

Los saudíes saben algo mejor que esperar que los medios del establishment se involucren. Uno externo, que parece tener ventaja sobre el pelotón, McClatchy Newspapers, acaba de publicar un artículo respecto a que los disidentes se vuelven hacia YouTube para difundir su mensaje. Aunque el alto estándar de vida de Arabia Saudí es un mito en la cobertura mediática, los disidentes destacan las disparidades en el Reino en un vídeo casero:

“Un saudí al que entrevistan tiene que alimentar a 11 hijos con un ingreso neto mensual de 1.200 dólares, la mitad para el alquiler. A la familia solo le queda dinero para harina y una comida por día. El Imán de la mezquita local revela que con el fin de reunir dinero para la familia, los padres envían a sus jóvenes hijos a vender drogas y a las mujeres a prostituirse.…

“Aunque la cinta no señala explícitamente el “Monopoly” en su título, un destacado activista por los derechos humanos saudí dijo en una entrevista que se reduce a una cosa: ‘Todo el país es de propiedad de facto y de jure de la familia real.’”

El artículo indica que la revuelta no ha comenzado todavía, en parte por apatía.

¿Pero cuánto es apatía, y cuánto tiene que ver con que los saudíes se dan cuenta de que nadie les ayudará si se arriesgan a librarse de sus cadenas? No pueden contar con la confortable ayuda que Occidente dio a revoluciones en países vecinos. Tampoco pueden contar con los medios occidentales, que alardean de su independencia e iniciativa, pero no muestran ni lo uno ni lo otro cuando tiene que ver con los preciosos suministros de petróleo de Occidente.

Por acuerdo con WhoWhatWhy.

Fuente: http://www.guernicamag.com/blog/3315/russ_baker_the_saudi_arab_spri/

rCR

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lunes, 28 de noviembre de 2011

EE.UU. arma a sus aliados del Golfo Pérsico para el conflicto con Irán


Rick Rozoff Media Monitors Network

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


“La Doctrina Obama, como la Doctrina Nixon de cuarenta años antes, destaca el papel de testaferros al hacer lo que EE.UU. prefiere no hacer, no hacerlo solo o ser visto haciéndolo solo. Justifica la agresión militar en nombre de decisiones tomadas por organizaciones a las que no pertenece, como la Liga Árabe y la Unión Africana respecto a Libia, y ajusta cuentas geopolíticas pendientes con rivales de actitud independiente bajo el disfraz de intervenir por cuenta de terceras partes agraviadas y damnificadas. Una lección que Rusia ya ha aprendido, China está aprendiendo y que posiblemente Irán sea el próximo alumno que tenga que aprenderla.”
Los rumores e informes de especulación y los escenarios para ataques contra instalaciones civiles de energía nuclear e instalaciones militares por EE.UU., Israel o ambos han circulado periódicamente durante los últimos años, especialmente desde principios de 2005.

Sin embargo, recientes declaraciones de, entre otros, el presidente y el ministro de defensa de Israel y un destacado candidato a la presidencia de EE.UU. en la elección del próximo año –Shimon Peres, Ehud Barak y Mitt Romney respectivamente – antes y después del último informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre el programa nuclear de Irán manifiestan un tono más duro y amenazante que el que se había escuchado en mucho tiempo. El actual jefe de Estado de EE.UU., Barack Obama, declaró recientemente: “No sacamos ninguna opción de la mesa”.

Las amenazas mencionadas y otras del mismo tenor han sido notadas en las capitales de países en todo el mundo.

La semana pasada, Global Times, una publicación del Partido Comunista de China, publicó un editorial sin firma titulado “Vientos de guerra comienzan a soplar hacia Irán”, que contiene los siguientes pasajes:

“La crisis financiera muestra grietas en el modo de vida occidental, que hace que la gente se muestre ansiosa e irritable. La historia nos enseña que la guerra puede levantar rápidamente su repugnante cabeza en tiempos semejantes. Siempre hay quienes piensan que las guerras pueden ser una manera de sobrellevar una crisis.”

“Mientras EE.UU. y otros países occidentales tienen dificultades económicas, su poderío militar ejerce un dominio supremo. Este contraste es inevitablemente tentador en su pensamiento estratégico pero tendría un impacto profundamente negativo en la paz mundial.”

“Se escucha usualmente retórica militar proveniente de bocas occidentales. ¿Dónde tendrá lugar la próxima guerra? La guerra existe primero en las mentes de los que están obsesionados por el poderío militar. Si la guerra es tratada como un instrumento para solucionar problemas, siempre es fácil encontrar nuevas excusas para hacerla.”

“Los últimos días han visto un fuerte aumento de las tensiones respecto a Irán. Hay quienes piensan que EE.UU. e Israel deberían combinarse para atacar las instalaciones nucleares iraníes. Es algo reminiscente de aquellos que alentaron a la OTAN a atacar a Siria hace algunas semanas.” [1]

El 14 de noviembre, el ex presidente cubano Fidel Castro advirtió que “un ataque estadounidense-israelí contra Irán desencadenaría inevitablemente una guerra sangrienta”, y agregó que por el tamaño del país y su comparativa fuerza militar “un ataque contra Irán no será como las anteriores aventuras militares israelíes en Iraq y Siria. En los hechos, con una población que llega a entre 75 y 77 millones, Irán es más grande al respecto que las últimas cuatro naciones atacadas por EE.UU. y sus aliados de la OTAN en su conjunto: Yugoslavia, Afganistán, Iraq y Libia.

Cuatro días antes, Konstantin Kosachev, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma [Parlamento] rusa dijo, expresando graves dudas sobre la exactitud y propósito del reciente informe del OIEA sobre Irán:

“Una operación militar contra Irán podría tener graves consecuencias. Y Rusia debiera hacer todo lo posible por controlar emociones, hacer que las negociaciones vuelvan al campo de la discusión política y de expertos, y no permitir ninguna acción semejante contra Irán.” [2]

El día siguiente se anunció que Irán desea la calidad de miembro pleno en la Organización de Cooperación de Shanghái, cuyos miembros son Rusia, China, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán (otros observadores fuera de Irán en el grupo son India, Pakistán y Mongolia) y el secretario del Consejo Supremo de Seguridad iraní, Ali Bagheri declaró: “Ya hemos presentado una solicitud relevante”. [3]

Hace poco más de dos años EE.UU. e Israel realizaron los mayores ejercicios jamás realizados en el mundo de misiles antibalísticos con munición viva en este último país, Juniper Cobra 10. [4]

Más de 1.000 soldados estadounidenses y una cantidad igual de soldados israelíes participaron en los juegos de guerra que incluyeron tres de los cuatro grados de la red global estadounidense de misiles interceptores: The Patriot Advanced Capability-3, Standard Missile-3 y sistemas Terminal High Altitude Area Defense.

A principios del próximo año tendrá lugar en Israel Cobra 12 con la participación de más de 5.000 soldados estadounidenses e israelíes, el mayor ejercicio militar conjunto jamás realizado por las dos naciones.

El verano pasado Jerusalem Post publicó un artículo con el título “Israel, EE.UU. realizarán masivo ejercicio de defensa con misiles el próximo año”, que dice:

“Llamado Juniper Cobra, el ejercicio será realizado a principios de 2012 e incluirá el Arrow 2 y Iron Dome así como THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) de EE.UU. y el Aegis Ballistic Missile Defense System basado en barcos. El ejercicio incluirá probablemente el lanzamiento real de interceptores desde estos sistemas.”

El periódico israelí agrega:

“El propósito del ejercicio es crear la infraestructura necesaria que posibilite la interoperabilidad entre los sistemas de defensa de misiles israelí y estadounidense en caso que el gobierno de EE.UU. decidiera desplegar esos sistemas aquí en caso de un conflicto con Irán, como lo hizo antes de la Guerra del Golfo en Iraq en 1991”. [5]

Otro importante periódico israelí, Ha’aretz, publicó un artículo la semana pasada con el título “Israel, EE.UU. lanzarán el mayor ejercicio conjunto en la historia de los aliados”, que citó a Andrew Shapiro, secretario adjunto para Asuntos Político-Militares, quien declara que los próximos ejercicios de misiles representarán las “mayores” y “más significativas” maniobras militares conjuntas jamás realizadas por EE.UU. e Israel.

El informe agrega:

“‘Nuestra relación de seguridad con Israel es más amplia, más profunda y más intensa que nunca antes’ dijo Shapiro, agregando que la ventaja militar de Israel era una ‘máxima prioridad’ para él, la secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton y el presidente Barack Obama”. [6]

La intensificación de la ya inaudita coordinación en la intercepción de misiles entre dos de las principales potencias militares del mundo indica la preparación para resistir potenciales represalias iraníes después de ataques israelíes, estadounidenses o conjuntos en su contra.

El despliegue de un Radar Forward-Based X-Band estadounidense en el desierto Néguev de Israel hace tres años y el primer envío en el verano pasado de un barco de guerra de misiles guiados de la clase Aegis, el USS Monterrey, al Mediterráneo Oriental como parte del sistema de misiles interceptores de EE.UU./OTAN Phased Adaptive Approach aprobado en la cumbre de la OTAN en Portugal hace un año, involucrará además el estacionamiento de misiles y radar en Rumania, Polonia, Bulgaria, Turquía y otros países, aún no revelados, son más señales de planes sistemáticos para garantizar que los aliados y socios de EE.UU./OTAN (como Israel) sean invulnerables ante contraataques. [7]

La retirada de soldados estadounidenses y aliados de Iraq y el comienzo de una reducción de sus homólogos en Afganistán también pueden ser vistos en este contexto, como la remoción de objetivos ante posibles represalias en caso de que se realizara un ataque en gran escala contra Irán.

En las últimas dos semanas han aparecido artículos en dos de los principales periódicos de EE.UU., New York Times y Wall Street Journal, que revelan otra fuente para posibles ataques contra Irán: Los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Todos son cercanos aliados militares y receptores de armas de EE.UU. y están vinculados a la OTAN a través de la epónima Iniciativa de Cooperación de Estambul lanzada en la cumbre de 2004 de la OTAN en Turquía. [8] Un reciente titular en el Guardian británico aludió a una “mini-OTAN” en el Golfo Pérsico y Voice of Russia publicó un artículo con el título “EE.UU. prevé OTAN del Golfo”.

Un informe del New York Times del 29 de octubre menciona que el secretario de Defensa Leon Panetta confirmó hace poco que el Pentágono tiene actualmente 40.000 soldados en la región del Golfo Pérsico (excluido Iraq), incluyendo a 23.000 en Kuwait. El periódico señaló que nuevos planes de EE.UU. podrían incluir el despliegue de más soldados de combate a este último Estado y un aumento de la presencia de barcos de guerra estadounidenses en el área.

El informe detalla además que el gobierno de Obama “también desea expandir sus lazos militares con las seis naciones del Consejo de Cooperación del Golfo –Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Omán. Aunque EE.UU. tiene estrechas relaciones bilaterales con cada una, el gobierno y los militares tratan de fomentar una nueva ‘arquitectura de la seguridad’ para el Golfo Pérsico que integraría patrullas aéreas y navales y la defensa de misiles.” [9]]

El 11 de noviembre el Wall Street Journal reveló que la Casa Blanca suministrará a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) “miles de avanzadas bombas ‘revienta-búnkeres’ y otras municiones, como parte de un esfuerzo incrementado de EE.UU. por crear una coalición regional para contrarrestar a Irán”. Las armas “expandirán vastamente las existentes capacidades de la fuerza aérea del país para atacar estructuras fijas, que podrían incluir búnkeres y túneles – el tipo de instalaciones en las cuales se cree que Irán está desarrollando armas”. [19] Otra fuente mencionó 500 misiles Hellfire aire-tierra aparte de otras municiones. Una noticia de cuatro días más tarde reveló que la Fuerza Aérea de EE.UU. ha recibido “bombas revienta-búnkeres especialmente pesadas” de Boeing para ser transportadas por bombarderos B-2.

Las nuevas revienta-búnkeres “pesan 13,5 toneladas y [tienen] un sistema de navegación satelital integrado” y “expertos señalan que este tipo de bomba, capaz de romper muros de hormigón de 18 metros de grosor, es el arma perfecta para destruir instalaciones nucleares en Irán”. [11]

El informe del Wall Street Journal, haciéndose eco del anterior del New York Times, agrega:

“El gobierno de Obama trata de reforzar a los seis miembros del CCG, que incluye a Arabia Saudí, Bahréin, Omán, Qatar, los EAU y Kuwait, como un contrapeso unificado contra Irán”.

“En los últimos meses, EE.UU. ha comenzado a realizar un diálogo estratégico regular con el bloque del CCG. Y el Pentágono ha estado tratando de mejorar el compartimiento de inteligencia y compatibilidad militar entre las seis naciones.”

El periódico recuerda a sus lectores un trato por 67.000 millones de dólares en armas iniciado por la Casa Blanca con Saudí Arabia en 2010 para suministrar a ese país 84 cazabombarderos F-15 y bombas revienta-búnkeres de 900 kilos, 72 Black Hawk y 70 helicópteros de ataque Apache Longbow, Patriot Advanced Capability-2 y otros misiles, así como barcos de guerra. La mayor venta bilateral de armas en la historia. Hace dos años un artículo del Financial Times calculó que Washington planifica vender armas por 123.000 millones de dólares a Arabia Saudí, Omán y los Emiratos Árabes Unidos.

El Wall Street Journal también informó que el Departamento de Defensa planifica el suministro de misiles Stinger y de misiles aire-aire de mediano alcance a Omán.

Citando a funcionarios del Pentágono, el periódico agregó:

“Los EAU tienen una gran flota de cazas avanzados F-16 hechos en EE.UU. que podrían transportar las bombas revienta-búnkeres. Los EAU tienen actualmente en su arsenal varios cientos de JDAM [munición de ataque directo conjunto/revienta-búnkeres, y los 4.900 en la nueva propuesta representarían un masivo aumento en las municiones de ataque directo.”

“Los proponentes del trato subrayan el apoyo de los EAU a los esfuerzos de EE.UU. por aislar Irán, y su respaldo crítico a la campaña aérea de la OTAN en Libia. Los funcionarios dijeron que el suministro de JDAMs y otros sistemas de armas estadounidenses a los EAU facilitará la participación del país en misiones similares en el futuro.” [12]

El papel de los EAU y de sus socios del CCG durante este año en la guerra de la OTAN contra Libia y en intervenciones en Bahréin y Yemen y contra Siria será considerado más adelante. [13]

Un experto ruso, el profesor Sergei Druzhilovsky, del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, caracterizó la intensificación de las ventas estadounidenses de armas a sus clientes en el Golfo como sigue:

“Evidentemente, el objetivo es provocar a Irán para que reaccione con algunas acciones inadecuadas, que posibilitarían la justificación estadounidense de la violencia resultante y la fuerza militar resultantes. Porque más armamento de los aliados de EE.UU. en el Medio Oriente árabe no los hará más fuertes. Washington se basa en sus propias bases militares en Arabia Saudí, Kuwait y Bahréin y en su propia flota en el Mediterráneo y no en la potencia de sus aliados, que simplemente no existe. Por lo tanto se trata de una simple provocación.” [14]

El artículo del Wall Street Journal también discute la integración de los seis Estados del CCG en los planes de EE.UU. para un sistema internacional de intercepción de misiles:

“EE.UU. también ha tratado de establecer sistemas de defensa de misiles en toda la región, con el objetivo de establecer una red integrada para defender contra misiles balísticos de corto y medio alcance de Irán”. [15]

El año pasado Washington anunció la venta de misiles interceptores basados en tierra a Bahréin, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, sobre todo del modelo Patriot Advanced Capability-3.

Con misiles interceptores basados en tierra y en barcos en el Golfo Pérsico, Washington vinculará el sistema de la OTAN en Europa Oriental y en el Mediterráneo Oriental con el que está siendo desarrollado en la región de Asia-Pacífico con sus socios Australia, Japón, Corea del Sur y Taiwán y, con lo que recientemente ha sido una iniciativa del representante permanente de EE.UU. en la OTAN, Ivo Daalder: que India se una al sistema de intercepción de misiles de la OTAN [16] para rodear aún más a Irán, Rusia y China.

El 13 de noviembre Aviation International News informó que Washington planifica suministrar baterías de Terminal High Altitude Area Defense (THAAD) a los Emiratos Árabes Unidos, que se suman a nueve unidades de Patriot Advanced Capability-3 que han sido pedidas. El Pentágono ha desplegado hasta la fecha dos baterías activas de THAAD, ambas en EE.UU., de modo que el estacionamiento de los interceptores (77 misiles) en los EAU sería su primer despliegue en el extranjero.

El sitio noticioso suministra los siguientes detalles:

“Los EAU son el primer cliente de exportación que es aprobado para recibir el sistema. THAAD ha completado 12 pruebas exitosas en vuelo, nueve de los cuales involucraron choques con objetivos. La última prueba, FTT-12, fue realizada el 5 de octubre en el Campo de Ensayo de Misiles del Pacífico en

Barking Sands, Hawái. Dos interceptores fueron lanzados con éxito contra dos objetivos durante enfrentamientos casi simultáneos.”

“Existe mucho interés en sistemas actualizados Patriot y THAAD [en la región]. Kuwait y Qatar han mostrado interés en el segundo.”



“Mientras aguarda la finalización del contrato THAAD, Lockheed Martin espera el resultado de otra decisión de los EAU respecto a un sistema de control de defensa aérea”. [17]

Según Press TV antes este mes, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad advirtió que el sistema de misiles de la OTAN, en particular el despliegue de una unidad de radar X-Band en Turquía, “pone en peligro los intereses del país y de toda la región”.

Este año ha presenciado la aparición de las monarquías del Golfo Pérsico agrupadas en el Consejo de Cooperación del Golfo como adjuntos militares de la OTAN, como una fuerza lista para el combate y probada dispuesta a colaborar con los proveedores occidentales de armas y sus aliados para intervenir y librar la guerra en Medio Oriente y el Norte de África.

Los Emiratos Árabes Unidos suministraron seis F-16 estadounidenses y seis aviones de guerra Mirage franceses para la Operación Protector Unificado de la OTAN y sus 26.000 misiones aéreas y casi 10.000 vuelos de combate sobre Libia. Qatar suministró seis cazas Mirage y dos transportes militares C-17. Las noticias de esos días señalaron que fue la primera vez que Estados del CCG se unen a una misión de combate de la OTAN. (Aunque los EAU tienen un contingente de tropas que sirve bajo la OTAN en la Fuerza Internacional de Ayuda a la Seguridad en Afganistán.)

En junio, Robert Gates, mientras todavía era secretario de defensa de EE.UU., elogió el papel de los EAU, Jordania y Marruecos en la guerra contra Libia –desde entonces, Jordania y Marruecos han solicitado ser miembros del CCG– declarando que “en Libia, la participación de Jordania, Marruecos, los EAU y otros en Medio Oriente ha sido inmensamente importante”.

El entonces jefe del Pentágono agregó este comentario significativo:

“No estoy seguro de que hubiéramos avanzado en la ONU, incluso iniciado esta empresa, si no hubiera sido por la votación en la Liga Árabe que entonces allanó el camino para las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”. [18]

Gates parangonó repetidas declaraciones de la secretaria de Estado Hillary Clinton durante la guerra citando la iniciativa de la Liga Árabe contra Libia el 22 de febrero cuando la organización –entonces dominada por el CCG mientras Túnez, Egipto y Libia estaban sumidos en la agitación y Siria se les sumó pronto– condenó y suspendió la calidad de miembro del país norteafricano, una acción recientemente repetida en el caso de Siria.

La participación del CCG en el bloqueo naval de la OTAN y la guerra aérea contra Libia fueron acompañadas por su primera intervención armada en un Estado miembro de la Liga, el despliegue de 1.500 soldados saudíes y de los emiratos en Bahréin a mediados de marzo en una operación llamada Escudo de la Península. [19]

Después de Libia, Bahréin y Afganistán, los miembros del CCG, separada y colectivamente, han estado preparados para un conflicto militar más cerca de casa, en el Golfo Pérsico.

En mayo, el ministro de Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, anunció después de su reunión con su homólogo de los EAU que el Estado del Golfo se “convertirá en el primer país árabe que abra una embajada en la OTAN”, según Agence France-Presse.

El día siguiente Kuwait News Agency citó una declaración del Ministerio de Exteriores francés en apoyo de la iniciativa:

“Los Emiratos Árabes Unidos acaban de solicitar la acreditación de un embajador ante la OTAN.

“Apoyamos plenamente esa iniciativa.

“Es un nuevo paso en nuestras relaciones, que han presenciado una intensidad y calidad en la cooperación entre los EAU y la Alianza, notablemente en el marco de la Operación Protector Unificado en Libia”.

La respuesta iraní fue, según PressTV, que “Esta acción de los EAU prepara la escena para autorizar oficialmente la presencia de un visitante no invitado en la región”.

El mes precedente cinco barcos de guerra de la OTAN visitaron los EAU, Bahréin y Kuwait “bajo la Iniciativa de Cooperación de Estambul de 2004”, como lo describió un despacho de Agence France-Presse.

Comentando el antes mencionado artículo del New York Times sobre el Golfo Pérsico, un comentario de Voice of Russia declaró:

“Con la participación de Qatar y de los EAU en la última campaña dirigida por la OTAN contra Libia, esta nueva ‘arquitectura de seguridad’ probablemente será expandida para realizar un función similar en todo Medio Oriente.

“Mientras EE.UU. actúa para integrar los seis Estados del CCG en una alianza de seguridad que aumentaría la dominación de EE.UU. y de Arabia Saudí en la región, Irán podría ser la próxima víctima de una “intervención humanitaria’ dirigida por EE.UU.” [20]

Aparte de la escalada de la presencia militar de EE.UU. en la región, el presidente francés Nicolas Sarkozy inauguró en 2009 un complejo militar –con una base naval, base aérea, y campos de entrenamiento– en los EAU, la primera base permanente de su país en el Golfo Pérsico. Al hacerlo, París se sumó a EE.UU., Gran Bretaña, Canadá, Holanda, Australia y Nueva Zelanda en mantener una presencia militar en el país. (Canadá abandonó desde entonces Camp Mirage en los EAU.)

Los EAU reabrieron recientemente sus negociaciones con Francia por un satélite de vigilancia militar, que “también podrían ser vinculadas a las prolongadas negociaciones por la compra de 60 aviones caza multi-rol Rafale de Dassault Aviation, un negocio que podría valer hasta 10.000 millones de dólares”.

Según una información de United Press International de fines del mes pasado:

“El 24 de abril, los emiratos lanzaron en órbita su quinto satélite de comunicaciones, el primero para proveer telecomunicaciones seguras e independientes para sus fuerzas armadas en medio de un empuje de los Estados árabes en el Golfo por aumentar sus capacidades militares contra Irán.

“El satélite Y1A de los Emiratos fue lanzado desde el Centro Espacial Europeo en Kourou, Guayana Francesa, en un cohete Ariane 5.”

Otro informe de la misma agencia de un mes antes dijo que “Dassault Aviation espera capitalizar la participación de Francia con los EAU en la campaña aérea contra el régimen en desmoronamiento de Muamar Gadafi en Libia para promover la venta de 60 jets Rafale multi-rol al Estado del Golfo Pérsico.” El artículo menciona que “los militares de los emiratos dicen que quieren misiles capaces de alcanzar objetivos en lo profundo de Irán”, y presentó su descripción de las actuales capacidades aéreas de los EAU:

“Los EAU han reforzado los que es ampliamente visto como la fuerza aérea más formidable en el Golfo Pérsico. Tienen 184 aviones de combate, que incluyen 15 cazas de ataque a tierra, sobre todo 55 Lockheed F-16E Block. 60 Desert Eagles, 25 F-16F Block 60 Eagles, 18 Dassault Mirage 2000-9DADs franceses y 44 Mirage 2000-9RADs.”

El armamento a pasos agigantados del CCG por EE.UU., Francia y otras potencias de la OTAN es, aparte de suministrar una ventaja económica a países occidentales afectados por la crisis, transparente y exclusivamente dirigido contra Irán.

Las ventajas que obtienen EE.UU. e Israel al lograr que un agrupamiento regional de sus vecinos ataque Irán en lugar de hacerlo ellos mismos son suficientemente obvias como para justificar que entremos en detalles.

Washington utiliza a las monarquías árabes del Golfo Pérsico para que actúen como testaferros por sus propios intereses contra Irán como en el caso de Georgia contra Rusia [21] y las Filipinas frente a China. (El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen y el Consejo del Atlántico Norte acaban de volver de Georgia, la segunda visita semejante realizada por un jefe de la OTAN y los 28 embajadores del bloque. La primera fue el mes después que Georgia invadió Osetia del Sur en agosto de 2008, provocando una guerra de cinco días contra Rusia. A fines del mes pasado 2.000 marines estadounidenses y 1.000 filipinos participaron en ejercicios de combate cerca de las islas Spratly, que son disputadas por las Filipinas y China.

Incluso si los EAU, Arabia Saudí y sus socios del CCG no lanzan ataques no provocados contra instalaciones nucleares y militares iraníes, una provocación hecha, digamos, por los EAU alrededor de la isla rica en petróleo de Abu Musa en el Golfo Pérsico (al que funcionarios estadounidenses se refieren frecuentemente como Golfo Arábigo en una afronta y desafío directo hacia Irán), administrada por Irán pero reivindicada por los EAU, será un casus belli suficiente para el CCG y a través suyo para la Liga Árabe que controla. De ahí, como en el caso de Libia antes este año, EE.UU. y sus aliados de la OTAN romperán lanzas por cuenta de los Estados “amenazados” del ‘Golfo Arábigo’ y entrarán en liza contra Irán.

La Doctrina Obama, como la Doctrina Nixon de cuarenta años antes, destaca el papel de testaferros al hacer lo que EE.UU. prefiere no hacer, no hacerlo solo o ser visto haciéndolo solo. Justifica la agresión militar en nombre de decisiones tomadas por organizaciones a las que no pertenece, como la Liga Árabe y la Unión Africana respecto a Libia, y ajusta cuentas geopolíticas pendientes con rivales de actitud independiente bajo el disfraz de intervenir por cuenta de terceras partes agraviadas y damnificadas. Una lección que Rusia ya ha aprendido, que China está aprendiendo y que posiblemente Irán sea el próximo alumno que tenga que aprenderla.

Notas:

[1]. Winds of war start blowing toward Iran, Global Times, November 9, 2011

http://tinyurl.com/cfomtga

[2]. ‘Russia can prevent military operation against Iran’, RT, November 10, 2011

http://tinyurl.com/cpn5ja2

[3]. Tehran applies for full membership in SCO, Trend News Agency, November 11, 2011

[4]. Israel: Forging NATO Missile Shield, Rehearsing War With Iran, Stop NATO, November 5, 2009

http://tinyurl.com/yc8wd4e

[5]. Israel, US to hold massive missile defense drill next year, Jerusalem Post, July 26, 2011

http://tinyurl.com/4x7ctbq

[6]. Israel, U.S. to embark on largest joint exercise in allies' history, Ha'aretz, November 11, 2011

[7]. Israel: Global NATO’s 29th Member, Stop NATO January 17, 2010

http://tinyurl.com/6ze4vvx

[8]. NATO In Persian Gulf: From Third World War To Istanbul, Stop NATO, February 6, 2009

http://tinyurl.com/ykhckk8

[9]. U.S. Planning Troop Buildup in Gulf After Exit From Iraq, New York Times, October 29, 2011

http://tinyurl.com/3foz3bl

[10]. U.S. Plans Bomb Sales in Gulf to Counter Iran, Wall Street Journal, November 11, 2011

http://tinyurl.com/7enj3ka

[11]. US Air Forces get super-heavy bunker buster bombs, Itar-Tass, November 15, 2011

http://tinyurl.com/cfv4bf8

[12]. U.S. Plans Bomb Sales in Gulf to Counter Iran, Wall Street Journal, November 11, 2011

http://tinyurl.com/7enj3ka

[13]. Gulf State Gendarmes: West Backs Holy Alliance For Control Of Arab World And Persian Gulf, Stop NATO, May 25, 2011

http://tinyurl.com/72c4fj5

[14]. Profitable provocation, Voice of Russia, November 11, 2011

http://tinyurl.com/75n753e

[15]. U.S. Plans Bomb Sales in Gulf to Counter Iran, Wall Street Journal, November 11, 2011

http://tinyurl.com/7enj3ka

[16]. NATO and India to build joint missile defense system?, Voice of Russia, September 2, 2011

http://tinyurl.com/7rwmufr

NATO in India overtures, Voice of Russia, September 2, 2011

http://tinyurl.com/7rwmufr

India may agree to deploy NATO missile system, Pakistan Observer, September 6, 2011

http://tinyurl.com/43hcrrp

[17]. THAAD on Target for UAE, Aviation International News, November 13, 2011

http://tinyurl.com/74wu6f2

[18]. World Tribune, June 12, 2011

[19]. Bahrain: U.S. Backs Saudi Military Intervention, Conflict With Iran, Stop NATO, March 16, 2011

http://tinyurl.com/8528zk3

[20]. US envisions NATO of the Gulf, Voice of Russia, October 31, 2011

http://tinyurl.com/6vnk4yb

[21]. Washington To Rearm Georgia For New Conflicts, Stop NATO, January 14, 2011

http://tinyurl.com/7klpyh5

[22]. Obama Doctrine: Eternal War For Imperfect Mankind, Stop NATO, December 10, 2009

http://tinyurl.com/ydccqv2

……………

Rick Rozoff, activista por la paz y analista de asuntos internacionales durante cuarenta años, envió este artículo a Media Monitors Network (MMN) de Chicago, Illinois, EE.UU.

by courtesy & © 2011 Rick Rozoff

Fuente: http://americas.mediamonitors.net/content/view/full/91845

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lunes, 20 de junio de 2011

Confusión en la cúspide

Conn Hallinan CounterPunch

A primera vista, la reciente turbulencia en Teherán parece como si la elite clerical dirigida por el Supremo Líder Ali Jamenei, estuviera bajándole los humos a un presidente que muestra independencia intelectual, Mahmud Ahmadineyad, aunque la batalla se expresa en un lenguaje que hace más por oscurecer que revelar: se asigna igual importancia a acusaciones de “brujería” y “hechicería” que a las denuncias de corrupción y violaciones de la constitución. Pero aunque a veces el lenguaje pueda parecer extraño, los protagonistas y las apuestas no son precisamente abstrusos.

Existe, por cierto, una lucha entre Ahmadineyad y los clérigos en torno de Jamenei, y aunque pueda materializarse en discusiones sobre oscuros temas religiosos –un crítico del presidente lo acusó de reclutar un ejército de genios– la lucha es esencialmente por el poder político y económico, ¿quién lo detiene y con qué intención? Algunos de los protagonistas, como el presidente y el Supremo Líder, la realizan a la luz pública. Otros, como la poderosa Guardia Revolucionaria y una población cada vez más inquieta golpeada por dificultades económicas, maniobran entre bastidores.

La crisis actual comenzó cuando Ahmadineyad despidió a su ministro de Inteligencia, al parecer porque este último estaba interviniendo las líneas telefónicas de su jefe de gabinete y reuniendo información sobre los planes del presidente para la próxima vuelta de las elecciones parlamentarias de 2012 y la elección presidencial de 2013. Jamenei obligó a Ahmadineyad a reponer al ministro, lo que llevó a que el presidente boicoteara las reuniones de gabinete durante 11 días, en lo que los iraníes llaman la “larga rabieta”.

Lo que siguió fue una serie de maniobras de ambas partes. El presidente reorganizó su gabinete, eliminando varios ministerios, despidió al ministro de petróleo y se hizo cargo de la cartera personalmente. El Majlis, o parlamento, afirma que el acto fue ilegal y, por un voto abrumador, envió el asunto al aparato judicial iraní. Nadie habla todavía de recusación, pero hay indicios al respecto.

Existe, por cierto, un conflicto entre Jamenei, los clérigos y Ahmadineyad. Sin mencionar al Supremo Líder, el presidente dijo en una rueda de prensa en Teherán el 7 de junio: “Está muy claro ahora que estamos a 180 grados de ellos. En realidad estamos a lados opuestos.” En un sistema político dominado por los ayatolás, fue una declaración atrevida y refleja la opinión de Ahmadineyad de que los clérigos ya no son todopoderosos y que el Supremo Líder –avejentado y mal de salud según la mayoría de las fuentes– tiene menos autoridad que el difunto Gran Ayatolá Ruhollah Jomeini, el primer líder de la República Islámica.

El confidente y asesor presidencial, Esfandiar Rahim Mashaei, actualmente bajo ataque y acusado de “desviación”, señaló una vez: “la era de la soberanía de la religión ha pasado”, y que “un gobierno islámico no es capaz de dirigir un país vasto y populoso como Irán”. Mashaei, antiguo oficial de inteligencia en la Guardia Revolucionaria, tiene una fuerte tendencia nacionalista –“Irán primero” en lugar de “Islam primero”– y se dice que Ahmadineyad está maniobrando para pasarle la presidencia a él o a otro no clérigo en 2013, marginando así al establishment religioso.

Los clérigos también sospechan que la predicción del presidente de que pronto aparecería “el Imán oculto”, quien desapareció en el siglo IX, fue en realidad un esfuerzo por soslayarlos y transferir el poder a la camarilla de veteranos ultranacionalistas de Ahmadineyad de la guerra de 1980-1988 contra Iraq.

Ciertamente, remover a un mullah del control del Ministerio del Petróleo habría sido una bofetada pública a un clérigo en una época de tensión sin precedentes entre el presidente y el establishment clerical. Aunque finalmente Ahmadineyad fue obligado a devolver el ministerio, terminó por nombrar a un aliado, Mohammad Aliabadi, ex jefe del Comité Olímpico de Irán.

Hasta ahora, la Guardia Revolucionaria ha estado de parte de Jamenei e incluso hizo una advertencia velada al presidente de que la Guardia consideraría la publicación de antecedentes de la disputada elección de 2009 en la que Ahmadineyad fue reelegido. Sin embargo, la Guardia se muestra discreta sobre cómo interviene, prefiriendo reunir más poder económico.

La Guardia adquirió recientemente el control de dos grandes campos de gas natural en la Provincia Fars, y su firma de ingeniería y construcción, Khatam-ol-Anbia, se ha convertido en el mayor contratista de los proyectos gubernamentales. La Guardia también tiene importantes intereses en la minería, las telecomunicaciones, la construcción de presas y el comercio. Las sanciones impuestas a Irán por su programa nuclear impiden que compañías extranjeras inviertan, permitiendo así que la Guardia se expanda en el campo energético. Irán tiene reservas de petróleo de 150.000 millones de barriles, las terceras del mundo por su tamaño y de 948 billones (millones de millones) de pies cúbicos de gas, segundo, solo en comparación con Rusia.

Según la oposición Verde, la Guardia también contrabandea bienes hacia dentro y hacia fuera de Irán por una suma de 12.000 millones de dólares al año.

Aunque la Guardia respalda actualmente a Jamenei, según el sindicalista Homayoun Poorzad, “la Guardia es una fuente independiente y no está en los bolsillos de los clérigos. Ellos [la Guardia] querrían ver un enfrentamiento entre Ahmadineyad y Jamenei” mientras ellos aumentan su poder.

Las sanciones se han hecho sentir, pero la principal causa de turbulencia económica son las políticas del gobierno de Ahmadineyad, que ha recortado sistemáticamente hasta 100.000 millones de dólares en subsidios para todo, desde la gasolina, los alimentos, el agua, hasta la educación y la electricidad. Para muchos iraníes la mitad de su salario se va en el pago de cuentas de servicios básicos y gasolina.

En combinación con la imposición de la austeridad ha habido la brutal represión del movimiento sindical y el paso de una fuerza laboral estable a la mano de obra temporaria de contratistas. El porcentaje de trabajadores que gozan de prestaciones ha bajado de un 70% de la fuerza laboral a un 30% en los últimos 15 años. La ley prevé prestaciones por desempleo, pero solo para empleados permanentes.

Aunque la represión es un motivo importante para la ausencia generalizada de huelgas, la tasa de desempleo de un 14,5% también juega un papel. “La tasa de desempleo facilita que se rompan las huelgas”, dice Poorzad, y agrega: “El año pasado fue el peor año para la clase trabajadora desde la Segunda Guerra Mundial”.

La falta de una reacción generalizada y organizada se debe en parte a la represión gubernamental, incluidos los despidos, arrestos, torturas y la ejecución ocasional de dirigentes. Pero también confirma la capacidad de Ahmadineyad de canalizar dinero hacia los pobres. “Es casi un genio”, dice Poorzad, “y siempre trata de reforzar su base social y debilitar a sus rivales”. El sindicalista dice que el recorte de los subsidios significa que “ahora el presidente tiene decenas de miles de millones de dólares” para distribuir. No está claro hasta cuándo podrá seguir haciendo.

Mientras gran parte de los medios de EE.UU. han comenzado a descontar a Ahmadineyad, “no lo veo al borde del abismo”, dice Jamie Webster, consultor de PFC Energy.

Pero la situación económica es inherentemente inestable. Hasta ahora el gobierno ha logrado controlar el malestar mediante pagos en efectivo y obligando a la clase comerciante –que en gran parte apoya a la oposición Verde– a mantener artificialmente bajos los precios. Esto obliga a muchos comerciantes a trabajar con pérdidas. “En última instancia tendrán que permitir que los precios floten”, dice Poorzad, “y cuando suceda la inflación aumentará considerablemente”.

Los “Verdes” se opusieron a Ahmadineyad en las elecciones de 2009 y movilizaron a cientos de miles de personas para protestar contra lo que acusaron de ser un fraude generalizado en el resultado.

¿Cuánto estallará la situación?

Según Poorzad, el movimiento sindical solo trata de mantener la cabeza fuera del agua. “Los sindicatos enfrentan la peor represión en muchos años”, dice, “solo tratamos de mantenernos fuera de la prisión. Es muy peligroso.”

Hasta ahora, el gobierno ha logrado introducir una cuña entre la clase más acaudalada y la oposición Verde de la clase media, y los pobres urbanos y rurales. Pero si la economía empeora y los niveles de vida siguen cayendo, esa cuña puede ceder, como lo hizo en 2009 cuando la clase trabajadora urbana hizo causa común con la clase media de Teherán. En última instancia, dice Poorzad, “no será posible controlar los acontecimientos”.

Es importante recordar que Irán es el único país en Medio Oriente que cambió su clase gobernante mediante manifestaciones masivas. Podrá resultar que Egipto y Túnez hagan lo mismo, pero hasta ahora ambos países solo han depuesto a sus gobernantes.

El gobierno de Irán tiene inmensos poderes represivos a su alcance, desde la millonaria milicia Basij a la poderosa Guardia Revolucionaria y la policía secreta. Pero no se puede decir que sus centros de poder estén unidos, y existe una gran población que recuerda lo que logró en 1979 al salir a las calles.

Se puede leer a Conn Hallinan en Dispatchedfromtheedgeblog.wordpress.com

Conn Hallinan es columnista de Foreign Policy in Focus

Fuente: http://www.counterpunch.org/hallinan06172011.html

rCR

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jueves, 9 de junio de 2011

Un niño egipcio de 10 años expulsado por ‘incitar a la revolución’ en Kuwait


Ahram Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Cuando Bassem, un niño de diez años preguntó a su maestro en Kuwait: “¿Por qué no tuvieron una revolución en su país?” no esperaba que lo expulsaran de la escuela por incitar a la revolución.

Bassem, que vive con sus padres en Kuwait fue expulsado por hacer la pregunta según el periódico kuwaití Al-Ra’y (La Opinión).

En los hechos, esa simple pregunta llevó a que fuera colocado en la lista negra de todas las escuelas de Kuwait.


El padre del niño, profesor en la Universidad de Kuwait, se espantó al escuchar la noticia de la suspensión de su hijo y lo que la motivó. Después de recibir la noticia fue a la escuela para informarse personalmente. La administración respondió que estaba suspendido porque estaba “incitando a una revolución en Kuwait”.

El padre dijo al periódico kuwaití Al-Ra’y que había hecho todo lo posible por convencer a la escuela de que modificara la decisión y que su hijo ni siquiera entiende la palabra “revolución” y que solo la había tomado de los canales de los medios. Pero fue inútil.

Después del fracaso de su intento en la escuela, el padre de Bassem fue a la sede de educación a ver al director general, Roqaya Hussein, quien le informó que la decisión de suspensión no se puede revertir.

Luego fue al ministerio de educación a ver a la secretaria adjunta, Mona Al-Loghanu, quien repitió que Bassem estaba “incitando a una revolución” y que, por lo tanto, estaba suspendido.

El padre de Bassem dijo que su apelación con el argumento de que el maestro de su hijo interpretó erróneamente la declaración no fue aceptada, lo que significa que su hijo perderá todo un año académico ya que la decisión fue tomada al terminar el actual año escolar.

El padre dijo que también se quejó al ministro de educación Ahmed El-Melify, y que la embajada egipcia incluso intervino a su favor para cambiar la decisión de suspender a Bassem, pero sin efecto alguno.

Concluyó diciendo que puso sus esperanzas en la investigación actual por la administración legal.

Fuente: http://english.ahram.org.eg/News/13548.aspx

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lunes, 30 de mayo de 2011

La Primavera Árabe de 2011

Samir Amin Rebelión

Traducido para Rebelión por S. Seguí y Caty R.

El año 2011 comenzó con una serie de explosiones de ira atronadoras de los pueblos árabes. ¿Va a dar inicio, con la primavera, una segunda fase del despertar del mundo árabe? ¿O bien estas revueltas van a ser pisoteadas y al final abortadas, como sucedió en el primer momento evocado en mi libro L’éveil du Sud (El despertar del Sur)? En el primer caso, los progresos registrados en el mundo árabe serán necesariamente parte del movimiento de superación del capitalismo y el imperialismo en todo el mundo. Su fracaso mantendría al mundo árabe en su estado actual de periferia dominada, que le impediría erigirse en agente activo de la configuración del mundo.

Siempre es peligroso generalizar cuando se habla del mundo árabe, en la medida en que se ignora así la diversidad de las condiciones objetivas que caracterizan a cada país dentro de este conjunto. Por consiguiente, centraré mis siguientes reflexiones en Egipto, país del que podemos reconocer sin dificultad el importante papel que siempre ha desempeñado en la evolución general de la región.

Egipto fue el primer país de la periferia del capitalismo mundial que intentó «emerger». Mucho antes que Japón y China, desde principios del siglo XIX, Mohamed Alí había diseñado e implementado un proyecto de renovación de Egipto y sus vecinos en el Mashreq árabe. Esta experiencia de gran envergadura duró dos tercios del siglo XIX y sólo perdió fuerza al final de la segunda mitad del reinado del Jedive Ismail Pachá, durante la década de 1870. El análisis de su fracaso no puede ignorar la violencia de la agresión externa a cargo de la gran potencia del capitalismo industrial de la época, Gran Bretaña. En dos ocasiones, 1840 y más tarde en la década de 1870 al tomar el control de las finanzas de Egipto, y por último con la ocupación militar en 1882, Inglaterra persiguió con obstinación su objetivo: abortar el surgimiento de un Egipto moderno. Sin duda el proyecto egipcio tenía sus límites, los que definen la época, puesto que fue, obviamente, un proyecto de emergencia en y por el capitalismo, a diferencia del proyecto del segundo intento egipcio (1919-1967), sobre el que volveré más adelante. Sin lugar a dudas las contradicciones sociales específicas del proyecto, como las ideas políticas y las bases ideológicas y culturales en las que se desarrolló, comparten la responsabilidad del fracaso. El hecho es que sin la agresión del imperialismo estas contradicciones probablemente podrían haberse superado, como sugiere el ejemplo japonés.

Este Egipto emergente derrotado fue sometido durante casi cuarenta años (1880-1920) al estado de periferia dominada, cuyas estructuras se volvieron a diseñar completamente para ajustarse al modelo de acumulación capitalista-imperialista de la época. La regresión impuesta golpeó, más allá del sistema de producción del país, sus estructuras políticas y sociales, y siempre trató de reforzar las concepciones ideológicas y culturales retrógradas y reaccionarias útiles para mantener al país en su condición de subordinación.

Egipto, es decir, su pueblo, sus élites, la nación que representa, nunca ha aceptado esta condición. Esta obstinada negativa motivó una segunda oleada de movimientos de carácter ascendente y que cubrió el siguiente medio siglo (desde 1919 hasta 1967.

En efecto, entiendo este período como un tiempo de lucha continua y avances importantes. El objetivo era triple: democracia, independencia nacional y progreso social. Estos tres objetivos –por limitadas y confusas que hayan sido en ocasiones sus formulaciones– son inseparables. Esta interconexión de los objetivos es de hecho la expresión de los efectos de la integración del Egipto moderno en el sistema del capitalismo imperialista globalizado de la época. En esta lectura, el capítulo abierto por la cristalización nasserista (1955-1967) no es otra cosa que el último capítulo de este tiempo largo de flujo ascendente de las luchas inaugurado por la revolución de 1919-1920.

El primer momento de este medio siglo de progresión de las luchas de emancipación en Egipto tiene como objetivo –con la formación del partido Wafd en 1919– la modernización política, mediante la adopción de una forma burguesa de democracia constitucional, y la recuperación de la independencia. La forma democrática imaginada permitía un avance de la secularización –no era plenamente laica– simbolizada por la bandera, que ostentaba una combinación de la media luna y la cruz (bandera que ha reaparecido en los acontecimientos de enero y febrero de 2011). Las elecciones «normales» permitían en esa época no sólo la elección de coptos por parte de mayorías musulmanas, sino también el ejercicio de altos cargos del Estado por estos mismos coptos, sin que esto plantease problemas.

Toda la fuerza del poder británico, con el apoyo activo del bloque reaccionario compuesto por la monarquía, los terratenientes y los campesinos ricos, se empleó en el intento de hacer retroceder los avances democráticos del Egipto wafdista. La dictadura de Sedki Pachá en la década de 1930 (que abolió la constitución democrática de 1923) se enfrentó al movimiento estudiantil, que en esa época era la vanguardia de las luchas democráticas antiimperialistas. No es casualidad que, para reducir el peligro, la embajada británica y el palacio real apoyaran activamente la creación de los Hermanos Musulmanes (1927), grupo inspirado en el pensamiento islamista en su arcaica versión salafista wahabí formulada por Rachid Reda, es decir, la versión más reaccionaria –antidemocrática y en contra del progreso social– del nuevo Islam político.

Ante la conquista de Etiopía por Mussolini y la posibilidad de una guerra mundial, Londres se vio obligado a hacer concesiones a las fuerzas democráticas, lo que permitió el regreso de los wafdistas en 1936 y la firma del Tratado anglo-egipcio del mismo año; un Wafd, dicho sea de paso, mucho más «prudente» que en su época anterior. La Segunda Guerra Mundial constituyó una especie de paréntesis. Pero el flujo ascendente de las luchas se reanudó, a partir del 21 de febrero de 1946, con la creación del bloque obrero-estudiantil, fortalecido en su radicalización por la aparición de los comunistas y el movimiento obrero. Una vez más, las fuerzas de la reacción egipcia, con el apoyo de Londres, se opusieron violentamente y movilizaron a los Hermanos Musulmanes en apoyo de una segunda dictadura de Sedki Pachá, aunque sin conseguir silenciar el movimiento. Con el Wafd de regreso al gobierno, su denuncia del Tratado de 1936 y el comienzo de la guerrilla en la zona del Canal aún ocupada, sólo pudieron ser derrotados por el incendio de El Cairo (1951), una acción en la que estuvieron involucrados los Hermanos Musulmanes.

El primer golpe de Estado de los oficiales libres (1952), pero sobre todo el segundo con la toma del poder por Gamal Abdel Nasser (1954), coronó este periodo de flujo ascendente de las luchas, según algunos, o acabó con ellas, según otros. El nasserismo sustituyó la lectura que propuse del despertar egipcio por un discurso ideológico que borraba de un plumazo toda la historia de los años 1919-1952 hasta poner como fecha inicial de la revolución egipcia julio de 1952. En ese momento, muchos de los comunistas habían denunciado este discurso y entendían que los golpes de 1952 y 1954 tenían como objetivo acabar con la radicalización del movimiento democrático. No se equivocaban, porque el nasserismo sólo cristalizó como proyecto antiimperialista después de Bandung (abril 1955). En ese momento, el nasserismo realizó lo que podía ofrecer: una postura internacional resueltamente antiimperialista (asociada con los movimientos panárabe y panafricano) junto a reformas sociales progresistas (pero no socialistas). Todo ello, organizado de arriba abajo, no sólo sin democracia (prohibición de que las clases populares se organizasen para y por sí mismas), sino suprimiendo toda forma de vida política. El vacío así creado invitaba al llamado Islam político a llenarlo. Así el proyecto agotó su potencial progresista en un corto período de tiempo: diez años, desde 1955 hasta 1965. La pérdida de impulso ofreció al imperialismo, ahora dirigido por Estados Unidos, la oportunidad de quebrar el movimiento mediante la movilización de su instrumento miliar regional: Israel. La derrota de 1967 marcó el final de este avance de medio siglo. El reflujo lo inició el propio Nasser, eligiendo para ello el camino de las concesiones a la derecha (la infitah, es decir, la apertura, entendida como apertura a la globalización capitalista) en lugar de la radicalización por la que lucharon, entre otros, los estudiantes (cuyo movimiento ocupó un lugar central en 1970, poco antes y después de la muerte de Nasser). Su sucesor, Anuar Sadat, acentuó la deriva a la derecha e integró a los Hermanos Musulmanes en su sistema autocrático. Mubarak seguiría después la misma línea.

El siguiente período de reflujo (1967-2011) abarca casi medio siglo. Egipto, sujeto a las exigencias del liberalismo globalizado y a las estrategias de Estados Unidos, dejó de existir como agente activo a escala regional e internacional. En la región, los principales aliados de Estados Unidos –Arabia Saudí e Israel– ocuparon el centro de la escena. Israel pudo así avanzar por la vía de la expansión de su colonización de la Palestina ocupada, con la complicidad de Egipto y los países del Golfo.

El Egipto de Nasser había establecido un sistema económico y social criticable pero coherente. Nasser optó por la industrialización como medio de superación de la especialización internacional impuesta por el colonialismo, que limitaba al país al papel de exportador de algodón. Este sistema industrializador potenció una distribución del ingreso en beneficio de las clases medias en expansión, sin que ello significara el empobrecimiento de las clases populares. Sadat y Mubarak procedieron al desmantelamiento del sistema productivo egipcio, que fue sustituido por otro completamente incoherente, basado exclusivamente en la búsqueda de rentabilidad de las empresas, en su mayoría subcontratistas del capital de los monopolios imperialistas. Las tasas de crecimiento supuestamente elevadas de Egipto, alabadas desde hace treinta años por el Banco Mundial, no tienen ningún significado. El crecimiento egipcio es extremadamente vulnerable, y además ha ido acompañado de un increíble aumento de la desigualdad y el desempleo, que afecta a la mayoría de los jóvenes. La situación era explosiva... y explotó.

La aparente estabilidad del régimen que Washington tanto elogiaba se basaba en una maquinaria policíaca monstruosa (1.200.000 hombres frente a sólo 5.000.000 en el ejército), que perpetraba el abuso criminal cotidiano. Las potencias imperialistas afirmaban que este régimen protegía a Egipto de una alternativa islamista, lo que no es más que una burda mentira. De hecho, el régimen había incorporado plenamente al Islam político reaccionario (según el modelo wahabí del Golfo) en su sistema de poder, al concederle la gestión de la educación, la justicia y los grandes medios (la televisión en particular). El único discurso permitido era el asignado a las mezquitas salafistas, lo que les proporcionaba la ficción de intentar presentarse como la oposición. La duplicidad cínica del discurso del establishment estadounidense (y en este sentido Obama no es diferente de Bush) sirve perfectamente a sus objetivos. El apoyo de facto al Islam político destruye la capacidad de la sociedad para hacer frente a los desafíos del mundo moderno (que está detrás de la degradación catastrófica de la educación y la investigación), mientras que la denuncia ocasional de sus abusos (el asesinato de coptos, por ejemplo) sirve para legitimar las intervenciones militares de Washington, dedicado a la llamada «guerra contra el terrorismo». El régimen egipcio podía parecer tolerable mientras funcionó la válvula de seguridad de la emigración masiva de las clases medias y bajas a los países petroleros. El agotamiento de este sistema (la sustitución de trabajadores de los países árabes por inmigrantes asiáticos) ha llevado al resurgimiento de las resistencias. Las huelgas obreras de 2007 –las más importantes del continente africano en 50 años–, la resistencia obstinada de los pequeños agricultores amenazados de expropiación por parte del capitalismo agrario, la formación de círculos de protesta democrática en las clases medias (los movimientos Kefaya y Seis de abril) anunciaban la inevitable explosión, que los egipcios esperaban aunque sorprendiera a los llamados observadores internacionales. Estamos entrando pues a una nueva fase de aumento de las luchas de liberación, de las que tendremos que analizar su dirección y desarrollo.

Los componentes del movimiento democrático

La revolución egipcia en curso ilustra la posibilidad del anunciado fin del sistema neoliberal, objeto de cuestionamiento en todas sus dimensiones: política, económica y social. Este masivo movimiento del pueblo egipcio combina tres componentes activos: los jóvenes «repolitizados» por propia voluntad y en formas «modernas» que ellos mismos han inventado, las fuerzas de la izquierda radical y las fuerzas reunidas por los demócratas de clase media.

Los jóvenes (en torno a un millón de activistas) han sido la punta de lanza del movimiento. A ellos se unieron de inmediato la izquierda radical y los demócratas de clase media. Los Hermanos Musulmanes, cuyos dirigentes habían llamado a un boicot de las protestas los primeros cuatro días (persuadidos de que la represión las barrería) sólo aceptaron el movimiento más tarde, cuando la llamada, oída por todo el pueblo egipcio, había producido ya grandes movilizaciones de 15 millones de manifestantes.

Los jóvenes y la izquierda radical persiguen tres objetivos comunes: la restauración de la democracia (fin del régimen militar y policial), la instauración de una nueva política económica y social favorable a las clases populares (ruptura con las exigencias del liberalismo globalizado) y una política internacional independiente (ruptura con la sumisión a las exigencias hegemónicas de Estados Unidos y al despliegue de su control militar sobre el planeta). La revolución democrática a la que convocan es una revolución democrática, antiimperialista y social. Aunque el movimiento juvenil sigue diversificado en su composición social y sus expresiones políticas e ideológicas, en su conjunto se sitúa a la izquierda. Las rotundas manifestaciones espontáneas de simpatía con la izquierda radical dan testimonio de su orientación.

Globalmente, las clases medias se ubican en torno a un único objetivo de democracia, sin poner necesariamente en cuestión el mercado en su estado actual o el alineamiento internacional de Egipto. No debemos ignorar el papel de un grupo de blogueros que participan –a sabiendas o no– en una verdadera conspiración organizada por la CIA. Sus dirigentes son en su mayoría jóvenes de clase alta, americanizados en extremo, que sin embargo adoptan la pose de contestatarios contra las dictaduras existentes. El tema de la democracia, en una versión impuesta manipulada por Washington, domina sus intervenciones en la red. Con ello participan en la cadena de actores de las contrarrevoluciones orquestadas por Estados Unidos, bajo el disfraz de revoluciones democráticas, según el modelo de las revoluciones de colores de Europa del Este.

Sin embargo sería erróneo sacar la conclusión de que este complot es la causa de las revueltas populares. La CIA sigue tratando de torcer el sentido del movimiento, de alejar a los militantes de sus objetivos de transformación social progresista y encaminarlos hacia otros terrenos. Las posibilidades de éxito de este complot son altas si el movimiento en su conjunto fracasa en la construcción de convergencias entre sus diferentes componentes, en la identificación de objetivos estratégicos comunes y en la invención de formas de organización y acción efectivas. Hay ejemplos de este fracaso en Filipinas e Indonesia, por ejemplo. Es interesante señalar aquí que nuestros bloggers, que se expresan en inglés en vez de árabe, lanzados en defensa de la democracia a la americana, exponen con frecuencia argumentos de legitimación de los Hermanos Musulmanes.

La llamada a la protesta que hicieron los tres componentes activos del movimiento captó rápidamente los oídos de todo el pueblo egipcio. La represión, de una violencia extrema los primeros días (más de un millar de muertos) no desanimó a los jóvenes y sus aliados (que en ningún momento llamaron en su ayuda a las potencias occidentales como hemos visto en otros lugares). Su coraje fue el factor decisivo que llevó la protesta a todos los barrios de las ciudades, grandes y pequeñas, y pueblos; quince millones de manifestantes de manera permanente, durante días y días (y a veces noches). Este éxito político fulminante tuvo sus efectos: el miedo había cambiado de bando. Hillary Clinton y Obama descubrieron entonces que tenían que abandonar a Mubarak, a quien hasta entonces habían apoyado, mientras que los líderes del ejército salían del silencio, se negaban a tomar el relevo de la represión –poniendo a salvo así su imagen– y finalmente deponían a Mubarak y a algunos de sus principales secuaces.

La generalización del movimiento a todo el pueblo egipcio es en sí misma un reto positivo. Pues este pueblo, como todos los demás, está lejos de formar un conjunto homogéneo. Algunos de los segmentos que lo componen refuerzan, sin duda, la perspectiva de una radicalización posible. La entrada en la lucha de la clase trabajadora (alrededor de 5 millones de trabajadores) puede ser decisiva. Los trabajadores en lucha en las numerosas huelgas han hecho avanzar las formas de organización iniciadas en 2007. En la actualidad ya hay más de de cincuenta sindicatos independientes. La tenaz resistencia de los pequeños agricultores a las expropiaciones, que se ha hecho posible gracias a la cancelación de la ley de Reforma Agraria (los Hermanos Musulmanes en el parlamento votaron a favor de leyes injustas, argumentando que la propiedad privada es sagrada para el Islam y que la reforma agraria está inspirada por el demonio comunista), también contribuye a la radicalización del movimiento. Sin embargo queda una enorme masa de pobres que participaron activamente en los acontecimientos de febrero de 2011 y que se encuentran a menudo en los comités populares formados en los barrios para defender la revolución. Estos pobres pueden dar la impresión (por las barbas, los velos, la vestimenta) de que el país profundo es islámico o está movilizado por los Hermanos Musulmanes. De hecho su aparición en la política se impuso al liderazgo de la organización. Así pues, se ha dado ya la señal de salida a la carrera: ¿quién conseguirá formular alianzas eficaces con las masas desorientadas, y eventualmente «encuadrarlas», término que personalmente rechazo: los Hermanos y sus islamistas asociados (salafistas) o la alianza democrática?

Se están dando pasos significativos en la construcción de un frente unido de fuerzas democráticas y trabajadores. Cinco partidos de orientación socialista, el Partido Socialista Egipcio, la Alianza Popular Democrática –en su mayor parte ex miembros del partido Tagammu– el Partido Democrático de los Trabajadores, el trotskista Partido Socialista Revolucionario y el Partido Comunista egipcio, ex componente de Tagammu, formaron en abril de 2011 una alianza de las fuerzas socialistas y se comprometieron a continuar luchando en conjunto a través de ella.

Mientras tanto se ha formado un Consejo Nacional (Maglis Watany) constituido por todas las fuerzas políticas y los actores del movimiento (partidos de orientación socialista, diversos partidos democráticos, sindicatos independientes, organizaciones campesinas, redes de jóvenes y numerosos grupos sociales.) Los Hermanos Musulmanes y los partidos de derecha se han negado a participar en este Consejo, reafirmando lo que ya sabemos: su oposición a la continuación del movimiento. El Consejo reúne aproximadamente a 150 miembros.

Frente al movimiento democrático, el bloque reaccionario

Al igual que en el pasado período de crecimiento de las luchas, el movimiento democrático antiimperialista y social se enfrenta en Egipto a un bloque reaccionario de gran poder. Este bloque puede identificarse en términos de sus componentes sociales (de clases, obviamente), pero también debe identificarse en relación con los que definen sus medios de acción política y el discurso ideológico al servicio de dicha acción.

En términos sociales, el bloque reaccionario está dirigido por la burguesía egipcia en su conjunto. Las formas de acumulación dependiente de los últimos 40 años han propiciado la aparición de una burguesía rica, beneficiaria exclusiva de la desigualdad escandalosa que acompaña a este modelo liberal-globalizado. Se trata de decenas de miles no de empresarios creativos –como el discurso del Banco Mundial los presenta– sino de millonarios y multimillonarios que deben su fortuna, todos ellos, a su connivencia con el aparato político (la corrupción es un componente orgánico del sistema). Esta burguesía compradora (en el actual lenguaje político de Egipto la gente los llama parásitos corruptos) apoya activamente la inclusión de Egipto en la globalización imperialista contemporánea y es aliada incondicional de Estados Unidos.

Esta burguesía tiene en sus filas a muchos generales del ejército y la policía, a civiles vinculados con el Estado y el partido gobernante (Nacional Democrático), creado por Sadat y Mubarak, a religiosos (los líderes de los Hermanos Musulmanes y los jeques de Al-Azhar, todos ellos multimillonarios). Ciertamente, todavía hay burguesía compuesta de pequeños y medianos empresarios activos. Pero éstos también son víctimas del sistema de extorsión creado por la burguesía compradora, y están con frecuencia reducidos a la condición de subcontratistas dominados por los monopolios locales, que a su vez son correas de transmisión de los monopolios extranjeros. En el sector de la construcción hay un principio casi universal: los «grandes» consiguen las adjudicaciones de obras, que luego subcontratan a los «pequeños». Esta burguesía de empresarios emprendedores ve con verdadera simpatía el movimiento democrático.

La vertiente rural del bloque reaccionario no es menos importante. Se compone de campesinos ricos que han sido los principales beneficiarios de la reforma agraria nasserista, y que sustituyeron a la antigua clase de los grandes terratenientes. Las cooperativas agrícolas creadas por el régimen nasserista asociaban a los pequeños agricultores y los campesinos ricos, con un funcionamiento que beneficiaba principalmente a éstos. Sin embargo, el régimen tomaba medidas para limitar los posibles perjuicios a los pequeños agricultores. Más tarde, estas medidas fueron abandonadas por Sadat y Mubarak, por recomendación del Banco Mundial, y el campesinado rico aceleró la desaparición de los pequeños agricultores. Los campesinos ricos siempre han sido una clase reaccionaria en el moderno Egipto, y ahora lo son más que nunca. También son el apoyo principal del Islam conservador en el campo y, a través de su estrecha relación (a menudo familiar) con los representantes del aparato del Estado y la religión, (Al Azhar es el equivalente de una iglesia musulmana organizada) dominan la vida social rural. Además gran parte de las clases medias urbanas (no sólo los oficiales del ejército y la policía, sino también los tecnócratas y profesionales) han surgido directamente del campesinado rico.

Este bloque social reaccionario dispone de instrumentos políticos a su servicio: el ejército y la policía, las instituciones del Estado, un partido político privilegiado –el Partido Nacional Democrático, creado por Sadat, y partido único de facto–, el aparato religioso (con su centro en Al Azhar) y las corrientes del Islam político (los Hermanos Musulmanes y los salafistas).

La ayuda militar concedida por Estados Unidos al ejército egipcio (1.500 millones de dólares anuales) nunca estuvo destinada a fortalecer la capacidad defensiva del país, sino, al contrario, a aniquilar este peligro mediante la corrupción sistemática, no sólo conocida y tolerada sino también apoyada de manera positiva, con auténtico cinismo. Esta supuesta ayuda ha permitido a los oficiales de más alto rango apropiarse de grandes sectores de la economía egipcia compradora, hasta el punto de que en Egipto se habla de la sociedad anónima-militar (Sharika al geish).

El mando del ejército que ha tomado la responsabilidad de dirigir el período de transición no es por lo tanto neutral, aunque haya tomado la precaución de parecerlo, al desvincularse de la represión. El gobierno civil a sus órdenes (cuyos miembros han sido nombrados por el alto mando), integrado en parte por hombres del antiguo régimen elegidos entre las personas de más bajo perfil, ha tomado una serie de medidas perfectamente reaccionarias para frenar la radicalización del movimiento.

Entre estas medidas figura una perversa legislación contra la huelga, so pretexto de reactivar la economía; además de una ley que impone severas restricciones a la formación de partidos políticos a fin de permitir la entrada en el juego electoral únicamente a las corrientes del Islam político (los Hermanos Musulmanes en particular) ya bien organizadas gracias al apoyo sistemático del régimen anterior. Y sin embargo, a pesar de todo esto, la actitud del ejército sigue siendo en última instancia impredecible. Porque, a pesar de la corrupción de sus cuadros (los soldados son conscriptos, pero los oficiales son profesionales), el sentimiento nacionalista no está ausente en todos los casos. Además, el ejército lamenta haber sido prácticamente descartado del poder en beneficio de la policía. En estas circunstancias, y dado que el movimiento ha expresado firmemente su deseo de separar al ejército de la dirección política del país, es probable que el alto mando considere en un futuro permanecer entre bastidores, renunciando a presentar a sus hombres en las próximas elecciones.

Si bien, obviamente, el aparato policial se mantiene intacto (no se contemplan actuaciones judiciales contra sus funcionarios), tal como el conjunto del aparato estatal (los nuevos gobernantes son todos del antiguo régimen), el Partido Democrático Nacional ha desaparecido en la tormenta y su disolución ha sido sancionada por los tribunales. Sin embargo, podemos tener confianza en la burguesía egipcia: no cabe duda de que sabrá hacer revivir a su partido bajo nuevos nombres.

El Islam político

Los Hermanos Musulmanes son la única fuerza política que el régimen no sólo había tolerado sino que había apoyado activamente en su desarrollo. Sadat y Mubarak les confiaron la gestión de tres instituciones básicas: la educación, la justicia y la televisión. Los Hermanos Musulmanes no han sido nunca, ni pueden ser, «moderados» y mucho menos «democráticos». Su líder –el mourchid (en árabe, guía o Führer)– lo es por aclamación y la organización se basa en el principio de la disciplina y el cumplimiento de las órdenes de los jefes, sin debate de ningún tipo. La dirección está compuesta exclusivamente por hombres inmensamente ricos (gracias, entre otras cosas, al apoyo financiero de Arabia Saudí, es decir, de Washington), los cuadros los forman hombres surgidos de las facciones oscurantistas de las clases medias, y la base está compuesta por personas corrientes reclutadas por los servicios sociales que ofrece la Hermandad, siempre financiados por Arabia Saudí. Al mismo tiempo, las fuerzas de choque están formadas por milicias (los baltaguis) reclutadas en el lumpen.

Los Hermanos Musulmanes son partidarios de un sistema económico basado en el mercado y totalmente dependiente del exterior. En realidad, son un componente de la burguesía compradora. También han tomado posición contra las grandes huelgas de la clase obrera y las luchas de los campesinos para conservar la propiedad de su tierra. Los Hermanos Musulmanes sólo son «moderados» en el doble sentido de que siempre se han negado a formular un programa económico y social propio, y de que por esta misma razón no cuestionan las políticas neoliberales reaccionarias y aceptan en la práctica la sumisión a las exigencias de la implementación del control de EE.UU. en el mundo y en la región. Por lo tanto son aliados útiles para Washington (¿hay un aliado mejor de Estados Unidos que Arabia Saudí, el patrón de los Hermanos?), quien les ha otorgado un «certificado de democracia».

Pero Estados Unidos no puede admitir públicamente que su estrategia tiene como objetivo establecer regímenes islámicos en la región. Tiene que fingir que le dan miedo. De este modo legitima su «guerra permanente contra el terrorismo», que en realidad persigue otros objetivos: el control militar del planeta con el fin de reservar para Estados Unidos-Europa-Japón el acceso exclusivo a los recursos. Una ventaja adicional de esta duplicidad es que permite movilizar la islamofobia de la opinión pública. Europa, como sabemos, no tiene una estrategia específica para la región y se contenta con alinearse a las decisiones cotidianas de Washington.

Es más necesario que nunca poner en evidencia la duplicidad real de la estrategia de Estados Unidos, cuya opinión pública, hábilmente manipulada, se mantiene en la inopia. Más que a cualquier otra cosa Estados Unidos (y Europa en su estela) siente temor ante un Egipto verdaderamente democrático que, sin duda, pondría en cuestión su alineamiento con el liberalismo económico y la estrategia agresiva de Estados Unidos y la OTAN. Harán cualquier cosa para que Egipto no sea democrático y, con este fin, apoyarán por todos los medios, pero con hipocresía, la falsa alternativa de los Hermanos Musulmanes, que han demostrado ser sólo una minoría en el movimiento del pueblo egipcio por un cambio real.

La colusión entre las potencias imperialistas y el Islam político no es, en realidad, ni nueva ni propia de Egipto. Los Hermanos Musulmanes, desde su creación en 1927 hasta hoy, han sido siempre un aliado útil para el imperialismo y el bloque reaccionario local y además siempre han sido enemigos feroces de los movimientos democráticos. Y no serán los multimillonarios que dirigen hoy la Hermandad quienes se unan a la causa democrática. El Islam político es igualmente el aliado estratégico de Estados Unidos y sus socios menores de la OTAN en todo el mundo musulmán. Washington ha armado y financiado a los talibanes, a los que calificó de freedom fighters en su guerra contra el régimen nacional popular calificado de comunista (antes y después de la invasión soviética). Cuando los talibanes cerraron las escuelas de niñas creadas por los «comunistas», Washington halló algunos «demócratas» e incluso algunas «feministas» que reclamaban un supuesto respeto a las tradiciones.

En Egipto, los Hermanos Musulmanes tienen ahora el apoyo de la corriente salafista, también financiada abundantemente por los países del Golfo. Los salafistas se califican de extremistas (wahabíes convencidos, intolerantes frente a cualquier otra interpretación del Islam) y son los promotores de los asesinatos sistemáticos de los coptos. Son operaciones difíciles de imaginar sin el apoyo tácito (y una complicidad a veces mayor) de los aparatos estatales, en particular de la Justicia, en gran parte confiada a los Hermanos Musulmanes. Esta extraña división del trabajo permite a los Hermanos Musulmanes aparecer como moderados, tal como Washington pretende que se crea. Sin embargo, hay luchas violentas en perspectiva dentro de los movimientos religiosos islámicos en Egipto. Porque el Islam egipcio históricamente dominante es sufí, y sus hermandades agrupan a 15 millones de seguidores. Es un Islam abierto, tolerante, que hace hincapié en la convicción individual y no en la práctica de rituales («hay tantas vías hacia Dios como individuos», afirman), el sufismo egipcio ha sido siempre visto con sospecha por los poderes del Estado que, sin embargo, blandiendo el palo y la zanahoria, han evitado entrar en guerra abierta contra él.

El Islam wahabí del Golfo es su opuesto: arcaico, ritualista, conformista, enemigo declarado de cualquier interpretación distinta de la suya, que no es más que un simple recitado de los textos, enemigo de todo espíritu crítico, al que compara con el diablo. El Islam wahabí ha declarado la guerra al sufismo y pretende erradicarlo, para lo cual cuenta con el apoyo de las autoridades. Por su parte, los sufíes son secularizadores, si no laicos, y llaman a la separación de la religión y la política (el poder del Estado y las autoridades religiosas que éste reconoce: Al Azhar). Los sufíes son aliados del movimiento democrático. El precursor de la introducción del Islam wahabí en Egipto fue Rachid Reda, en la década de 1920, y en 1927 fueron los Hermanos Musulmanes quienes tomaron el relevo. Pero este movimiento islamista sólo adquirió su fuerza actual después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la renta petrolera de los países del Golfo, apoyados por Estados Unidos en conflicto con la ola de liberación nacional popular de la década de 1960, permitió multiplicar sus medios financieros.

La estrategia de Estados Unidos: el modelo paquistaní

Las tres potencias que han dominado el escenario de Oriente Medio durante todo el período de reflujo (1967-2011) son: Estados Unidos, patrón del sistema, Arabia Saudí e Israel. Se trata de tres aliados íntimos. Los tres comparten el mismo temor obsesivo a la emergencia de un Egipto democrático. Porque éste sólo podría ser antiimperialista y social, tomaría sus distancias del liberalismo mundial, condenaría a Arabia Saudí y a los países del Golfo a la insignificancia, reanimaría la solidaridad de los pueblos árabes e impondría a Israel el reconocimiento del Estado palestino.

Egipto es una piedra angular en la estrategia estadounidense para controlar el planeta. El objetivo exclusivo de Washington y sus aliados Israel y Arabia Saudí es conseguir que aborte el movimiento democrático en Egipto; con ese fin, quieren imponer un «régimen islámico» dirigido por los Hermanos Musulmanes, que es el único medio que tienen para perpetuar la sumisión de Egipto. El «discurso democrático» de Obama sólo sirve para confundir las opiniones ingenuas, las de Estados Unidos y Europa en primer lugar.

Se habla mucho, para dar una legitimidad a un gobierno de los Hermanos Musulmanes (¡alineados con la democracia!), del ejemplo turco. Pero sólo es una cortina de humo. Porque el ejército turco, que sigue presente entre bastidores, aunque en realidad no es democrático y por añadidura es un fiel aliado de la OTAN, sigue aportando la garantía del «laicismo» en Turquía. El proyecto de Washington, expresado abiertamente por Hillary Clinton, Obama y los think tanks a su servicio, se inspira en el modelo paquistaní: el ejército (islámico) entre bastidores, el gobierno (civil) asumido por el partido (o los partidos) islámicos «elegidos».

Obviamente, si se diera este caso, el gobierno «islámico» egipcio sería recompensado por su sumisión en los asuntos esenciales (no cuestionar el liberalismo ni los presuntos «tratados de paz» que permiten que Israel continúe su política de expansión territorial) y podría proseguir, como una compensación demagógica, con la implementación de sus proyectos «de islamización del Estado y de la política», ¡y los asesinatos de los coptos! Bonita democracia la que se concibe en Washington para Egipto. Naturalmente Arabia Saudí apoya con todos sus medios (financieros) la implementación de ese proyecto. Porque Riad sabe perfectamente que su hegemonía regional (en el mundo árabe y musulmán) exige que se reduzca a Egipto a la insignificancia. Y el medio es «la islamización del Estado y de la política»; de hecho una islamización de tipo wahabí con todos sus efectos –entre otros las desviaciones fanáticas con respecto a los coptos y la negación del derecho de igualdad de las mujeres-.

¿Es factible este tipo de islamización? Quizá, pero al precio de violencias extremas. La batalla se libra sobre el artículo 2 de la constitución del régimen depuesto. Dicho artículo, que estipula que «la Sharia es la fuente del derecho», es una novedad en la historia política de Egipto. Ni la constitución de 1923 ni la de Nasser la imaginaron. Fue Sadat quien la introdujo en su nueva constitución con el triple apoyo de Washington (¡respetar las tradiciones!), de Riad (El Corán toma el lugar de la constitución) y de Jerusalén (El Estado de Israel es un Estado judío).

El proyecto de los Hermanos Musulmanes sigue siendo el establecimiento de un Estado teocrático, como se pone de manifiesto en su adhesión al artículo 2 de la constitución de Sadat/Mubarak. Por añadidura el programa más reciente de la Hermandad también refuerza esa visión retrógrada con la propuesta de instaurar un «Consejo de Ulemas» encargado de vigilar que todos los proyectos de ley sean conformes a las exigencias de la Sharia. Ese consejo constitucional religioso es análogo al de Irán que controla al «poder elegido». Entonces el régimen sería el de un gran partido religioso único, y todos los partidos que se autodefinieran como laicos se convertirían en «ilegales» y los partidarios de dichos partidos no musulmanes (como los coptos) quedarían excluidos, de hecho, de la vida política. A despecho de todo esto los poderes de Washington y Europa hacen como si se pudiera tomar en serio la reciente declaración de los Hermanos en la que «renuncian» al proyecto teocrático (¡sin modificar su programa!), otra declaración mentirosa y oportunista. ¿Los expertos de la CIA no saben leer el árabe? La conclusión se impone: Washington prefiere el poder de los Hermanos, que le garantizan el mantenimiento de Egipto en su redil y en el de la globalización liberal, al poder de los demócratas con los que correría el riesgo de que se cuestionase seriamente el estatuto subalterno de Egipto. El partido Justicia y Libertad, creado recientemente y visiblemente inspirado en el modelo turco, apenas es otra cosa que un instrumento de los Hermanos. Admitirían a los coptos (!), lo que significa que los invitan a aceptar el Estado musulmán teocrático consagrado por el programa de los Hermanos si quieren tener derecho a «participar» en la vida política de su país. Pasando a la ofensiva, los Hermanos Musulmanes crean «sindicatos», «organizaciones campesinas» y una retahíla de «partidos políticos» con diferentes nombres cuyo único objetivo es dividir los frentes unidos de trabajadores, campesinos y demócratas con el fin de trabajar en beneficio, por supuesto, del bloque contrarrevolucionario.

¿Será capaz el movimiento democrático egipcio abolir ese artículo en la futura constitución? Sólo podemos responder a esta pregunta volviendo a examinar los debates políticos, ideológicos y culturales que se han desplegado en la historia del Egipto moderno.

Comprobamos, en efecto, que los períodos ascendentes se caracterizan por una diversidad de opciones abiertamente expresadas que relegan la «religión» (siempre presente en la sociedad) a un segundo plano. Así fue durante dos tercios del siglo XIX (de Mohamed Alí al Jedive Ismail). Los temas de la modernización (en forma de despotismo ilustrado más que democrática) dominaron entonces la escena. Fue lo mismo de 1920 a 1970: había un enfrentamiento abierto entre los «demócratas burgueses» y los «comunistas», que ocuparon ampliamente el primer plano de la escena hasta el nasserismo. Éste suprimió el debate para sustituirlo por un discurso populista panárabe, pero al mismo tiempo «modernizador». Las contradicciones de ese sistema abrieron el camino de regreso al Islam político. Podemos comprobar que en las fases de reflujo, por el contrario, desaparece la diversidad de opiniones dejando sitio a un anacronismo presuntamente islámico que se arroga el monopolio del discurso autorizado por el poder. De 1880 a 1920 los británicos construyeron esta tendencia, entre otras cosas al condenar al exilio (en particular en Nubia) a todos los pensadores y actores modernistas egipcios formados desde Mohamed Alí. Pero también se remarcó que «la oposición» a la ocupación británica se ubica asimismo en esa concepción anacrónica. La Nahda (inaugurada por Afghani y continuada por Mohamed Abdou) se inscribe en esta tendencia, asociada a la ilusión «otomanista» defendida por el nuevo Partido Nacionalista de Mustafá Kemal y Mohamed Farid. No es sorprendente que esa deriva condujera hacia el final de los escritos ultra reaccionarios de Rachid Reda, recuperado por Hassan el Bana, fundador de los Hermanos Musulmanes.

Fue lo mismo en el período de reflujo de los años 1970-2010. El discurso oficial del poder (de Sadat y de Mubarak), perfectamente islamista (como lo demuestra la introducción de la Sharia en la constitución y la delegación de poderes esenciales a los Hermanos Musulmanes), es también el de la falsa oposición, la única tolerada, la del discurso de las mezquitas. Por eso el artículo 2 puede parecer muy sólidamente anclado en la «convicción» general (en la «calle» como se suele decir por imitación del discurso estadounidense). No se pueden subestimar los efectos devastadores de la despolitización instaurada sistemáticamente durante los períodos de reflujo. Nunca es fácil salir a flote. Pero no es imposible. Los debates actuales en Egipto se centran –explícita o implícitamente- en esa cuestión de la presunta dimensión «cultural» del desafío (en la competencia islámica). Indicadores positivos: Han sido suficientes algunas semanas de debates libres que se han impuesto en la realidad para ver como desaparecía de todas las manifestaciones el eslogan «el Islam es la solución» a favor de reivindicaciones precisas en el terreno de la transformación concreta de la sociedad (libertad de opinión , de formación de partidos, sindicatos y otras organizaciones sociales, salarios y derechos laborales, acceso a la tierra, educación y sanidad, rechazo de las privatizaciones y llamado a las nacionalizaciones, etc.). Una señal que no llama a engaño: en las elecciones de los estudiantes la aplastante mayoría (un 80%) de los votos que fueron para los Hermanos Musulmanes hace cinco años (cuando era el único discurso aceptado como presunta oposición) ha caído al 20% en las elecciones de abril. Pero el adversario también sabe organizar la respuesta al «peligro democrático» Las modificaciones insignificantes de la constitución (¡todavía vigente!) propuestas por un comité constituido exclusivamente por islamistas elegidos por el consejo supremo (el ejército) y adoptados por referéndum deprisa y corriendo en abril (con un 23% de «no», pero una mayoría de «sí», forzada por los fraudes y un chantaje masivo de las mezquitas) no conciernen, obviamente, al artículo 2.

Las elecciones presidenciales y legislativas están previstas para septiembre/octubre de 2011. El movimiento democrático lucha por una «transición democrática» más larga, de forma que permita que sus discursos lleguen verdaderamente a las masas desamparadas. Pero Obama hizo su elección en los primeros días de la insurrección: una transición breve, ordenada (es decir, sin cuestionar los aparatos del régimen) y las elecciones (que den la deseada victoria a los islamistas). Como sabemos las «elecciones» en Egipto, como en otras partes del mundo, no son el mejor medio de asentar la democracia sino, a menudo, el de acabar con la dinámica de los avances democráticos.

Una última palabra con respecto a la «corrupción». El discurso dominante del «régimen de transición» enfatiza su denuncia asociada con amenazas de persecución judicial (ya veremos cómo será en realidad). Ese discurso ciertamente es bien recibido, particularmente por la fracción, sin duda la más amplia, de la opinión ingenua. Pero se guarda de analizar las razones profundas y de explicar que la «corrupción» (presentada como una desviación moral, un tipo de discurso moralista estadounidense) es un componente orgánico necesario en la formación de la burguesía.

No sólo en el caso de Egipto y en los países del Sur en general, se trata de la formación de una burguesía compradora cuya asociación con los poderes del Estado constituye el único medio de emerger. Sostengo que en el estado capitalista de los monopolios generalizados la corrupción se convierte en un elemento constitutivo orgánico de la reproducción del modelo de acumulación: la retención de la renta de los monopolios exige la complicidad activa del Estado. El discurso ideológico (el virus liberal) proclama «nada de Estado» mientras que su práctica es «el Estado al servicio de los monopolios».

Zona de tormentas

Mao tenía razón cuando afirmó que el capitalismo (en su existencia auténtica, es decir, imperialista por naturaleza) no tenía nada que ofrecer a los pueblos de tres continentes (la periferia constituida por Asia, África y América Latina, esa «minoría» que reúne al 85% de la población del planeta) y que por lo tanto el Sur constituía la «zona de tormentas», es decir, de las revueltas repetidas, potencialmente (pero sólo potencialmente) portadoras de avances revolucionarios dirigidos a la superación del capitalismo por el socialismo.

La «Primavera Árabe» se inscribe en esta realidad. Se trata de revoluciones sociales potencialmente portadoras de la cristalización de alternativas que pueden inscribirse a largo plazo en la perspectiva socialista. Es la razón por la cual el sistema capitalista, el capital de los monopolios dominantes a escala mundial, no puede tolerar el desarrollo de esos movimientos. Dicho sistema movilizará todos los medios posibles de desestabilización, desde las presiones económicas y financieras hasta la amenaza militar. Apoyará, según las circunstancias, bien las falsas alternativas fascistas o pseudofascistas o bien la implantación dictaduras militares. No hay que creer una palabra de lo que dice Obama. Obama es Bush pero con otro lenguaje. Hay una duplicidad permanente en el lenguaje de los dirigentes de la tríada imperialista (Estados Unidos, Europa occidental, Japón).

No tengo la intención, en este artículo, de examinar exhaustivamente cada uno de los movimientos en curso en el mundo árabe. (Túnez, Libia, Siria, Yemen y otros). Porque los componentes del movimiento son diferentes de un país a otro, igual que lo son las formas de la integración de cada uno en la globalización imperialista y las estructuras de los regímenes establecidos.

La revolución tunecina dio el pistoletazo de salida y ciertamente envalentonó mucho a los egipcios. Por otra parte el movimiento tunecino cuenta con una auténtica ventaja: el «semilaicismo» implantado por Burguiba sin duda no podrá ser cuestionado por los islamistas que regresan de su exilio en Gran Bretaña. Aunque al mismo tiempo el movimiento tunecino no parece estar en condiciones de cuestionar el modelo de desarrollo extravertido inscrito en la globalización capitalista liberal.

Libia no es Túnez ni Egipto. El bloque en el poder (Gadafi) y las fuerzas que combaten contra él no tienen ninguna analogía con lo que hay en Túnez y en Egipto. Gadafi siempre ha sido un títere cuyo pensamiento encuentra su reflejo en su famoso Libro Verde. Al actuar en una sociedad todavía arcaica, Gadafi podía permitirse discursos –sin gran alcance real- sucesivamente «nacionalistas y socialistas» y después, al día siguiente, adherirse al «liberalismo». Lo hizo «¡para complacer a los occidentales!», como si la elección del liberalismo no tuviera efectos en la sociedad. Sin embargo los tuvo y en general agravó las dificultades sociales para la mayoría. Entonces ya estaban dadas las condiciones para la explosión que conocemos, inmediatamente aprovechada por el Islam político del país y los regionalismos. Porque Libia nunca existió realmente como nación. Es una región geográfica que separa el Magreb y el Mashreq. La frontera entre ambos pasa precisamente por el medio de Libia. La Cirenaica, históricamente griega y helenística, después se convirtió en «mashrequina». La Tripolitania fue latina y se convirtió en magrebina.

Por eso siempre hay una base para los regionalismos en el país. En realidad no se sabe quiénes son los miembros del Consejo Nacional de Transición de Bengasi. Quizá haya demócratas ente ellos, pero es seguro que hay islamistas, y de los peores, y regionalistas. Desde el principio «el movimiento» ha tomado en Libia la forma de una revuelta armada, disparando sobre el ejército, y no la de una ola de manifestaciones civiles. Esta revuelta armada, por otra parte, llamo inmediatamente a la OTAN en su auxilio. Así se dio entonces la ocasión para una intervención militar de las potencias imperialistas. Los objetivos que se persiguen no son, ciertamente, la «protección de los civiles» ni la «democracia», sino el control del petróleo y la consecución de una importante base militar en el país. Es cierto que las empresas occidentales ya controlaban el petróleo libio desde que Gadafi se alineó al «liberalismo». Pero con Gadafi nunca se puede estar seguro de nada. ¿Y si vuelve la chaqueta y mañana mete en su juego a los chinos o a los indios? Pero hay algo más grave. Desde 1969 Gadafi exigía la evacuación de las bases británicas y estadounidenses establecidas en Libia tras la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, Estados Unidos necesita transferir el AFRICOM (el mando militar de Estados Unidos para África, una pieza importante del dispositivo de control militar del planeta ¡todavía en Stuttgart!) a África. La Unión Africana lo rechaza y hasta la fecha ningún Estado africano se ha atrevido a aceptarlo. Un lacayo establecido en Trípoli (o en Bengasi) obviamente suscribiría todas las exigencias de Washington y de sus aliados subalternos de la OTAN.

Los componentes de la revuelta en Siria hasta ahora no han dado a conocer sus programas. Sin duda la deriva del régimen baasista, alineado al neoliberalismo y singularmente pasivo frente a la ocupación del Golán por parte de Israel, está en el origen de la explosión popular. Pero no hay que excluir la intervención de la CIA: se habla de grupos que han penetrado en Deraa procedentes de la vecina Jordania. La movilización de los Hermanos Musulmanes, que ya estuvieron hace años en el origen de las insurrecciones de Hama y de Homs, quizá no es extraña al complot de Washington, que se dedica a acabar con la alianza Siria/Irán, esencial para el apoyo de Hizbulá en Líbano y de Hamás en Gaza.

En Yemen la unidad se construyó sobre la derrota de las fuerzas progresistas que habían gobernado el sur del país. ¿El movimiento se rendirá ante esas fuerzas? Por esta razón se comprenden las dudas de Washington y del Golfo.

En Barhéin la revuelta ha abortado por la intervención del ejército saudí y la masacre, sin que los medios de comunicación dominantes hayan encontrado nada que decir. El doble rasero, como siempre.

La «revuelta árabe» no es el único ejemplo, aunque es la expresión más reciente de la manifestación de la inestabilidad inherente a la «zona de tormentas».

Una primera ola de «revoluciones», si las llamamos así, barrió ciertas dictaduras de Asia (Filipinas, Indonesia) y de África (Malí), que habían sido establecidas por el imperialismo y los bloques reaccionarios locales. Pero allí Estados Unidos y Europa consiguieron abortar la dinámica de esos movimientos populares, a veces gigantescos por las movilizaciones que suscitaron. Estados Unidos y Europa quieren repetir en el mundo árabe lo que pasó en Malí, en Filipinas y en Indonesia: ¡cambiar todo para que nada cambie! Allí, después de que los movimientos populares se desembarazasen de sus dictadores, las potencias imperialistas se dedicaron a que lo esencial permaneciese a salvo por medio de gobiernos alineados al neoliberalismo y a los intereses de la política extranjera. Es interesante comprobar que en los países musulmanes (Malí e Indonesia) el Islam político se movilizó con ese fin.

Por el contrario la ola de movimientos de emancipación que barrió América del Sur permitió auténticos avances en las tres direcciones que representan la democratización del Estado y la sociedad, la adopción de las subsiguientes medidas antiimperialistas y el compromiso en la vía de las reformas sociales progresistas.

El discurso dominante de los medios de comunicación compara las «revueltas democráticas» del Tercer Mundo con las que pusieron fin a los «socialismos» de Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín. Se trata de una superchería pura y simple. Porque independientemente de las razones (comprensibles) de las revueltas en cuestión, aquéllas se inscribían en la perspectiva de la anexión de la región por las potencias imperialistas de Europa occidental (en beneficio de Alemania en primer lugar). De hecho, reducidos ya al estatuto de «periferia» de la Europa capitalista desarrollada, los países de Europa del Este conocerán mañana su auténtica revolución. Ya hay señales que lo anuncian, en particular en la antigua Yugoslavia.

Las revueltas, potencialmente portadoras de avances revolucionarios, se prevén por todas partes, o casi, en los tres continentes que siguen siendo, más que nunca, zona de tormentas, desmintiendo así los discursos almibarados sobre el «capitalismo eterno» y la estabilidad, la paz y el progreso democrático que lleva asociados. Pero esas revueltas, para traer los avances revolucionarios, deberán vencer numerosos obstáculos: por un lado superar las debilidades del movimiento, construir las convergencias positivas entre sus componentes, concebir y establecer las estrategias eficaces, pero también por otra parte derrotar las intervenciones (incluidas las militares) de la tríada imperialista. Cualquier intervención militar de Estados Unidos y la OTAN en los asuntos de los países del Sur bajo cualquier pretexto, por ejemplo los de apariencia amable –como la intervención humanitaria- debe proscribirse. El imperialismo no quiere el progreso social ni la democracia para esos países. Los lacayos que implanta en el poder cuando gana la batalla siguen siendo enemigos de la democracia. No podemos por menos de lamentar que la «izquierda» europea, incluso radical, haya dejado de comprender qué es el imperialismo.

El actual discurso dominante llama a la instauración de un «derecho internacional» que en principio autorice la intervención cuando se violen los derechos fundamentales de un pueblo. Pero no existen las condiciones necesarias que permitan avanzar en esa dirección. La «comunidad internacional» no existe. Se resume en la embajada de Estados Unidos seguida automáticamente por las de Europa. ¿Es necesario describir la larga lista de las, más que lamentables, criminales intervenciones y sus resultados? (por ejemplo Irak). ¿Hay que recordar el principio de «doble rasero» que las caracteriza? (Podemos pensar, obviamente, en los derechos violados de los palestinos y el apoyo incondicional a Israel o en las innumerables dictaduras que se siguen apoyando en África).

La primavera de los pueblos del Sur y el otoño del capitalismo

Las «primaveras» de los pueblos árabes, como las que conocieron los pueblos de América Latina desde hace dos decenios, lo que denomino la segunda ola del despertar de los pueblos del Sur –la primera se desplegó en el siglo XX hasta la contraofensiva del capitalismo/imperialismo neoliberal- reviste formas diversas que van desde las explosiones dirigidas contra las autocracias que precisamente acompañaron el despliegue neoliberal hasta la revisión del orden internacional por parte de los «países emergentes». Así pues, estas primaveras coinciden con «el otoño del capitalismo», el declive del capitalismo de los monopolios generalizados, globalizados y «financiarizados». Los movimientos parten, como los del siglo anterior, de la reconquista de la independencia de los pueblos y los Estados de las periferias del sistema, que recuperan la iniciativa en la transformación del mundo.

Por lo tanto son, ante todo, movimientos antiimperialistas y además, sólo potencialmente, anticapitalistas. Si esos movimientos llegan a converger con el otro despertar necesario, el de los trabajadores de los centros imperialistas, podría dibujarse a escala mundial una perspectiva auténticamente socialista de toda la humanidad. Pero eso no está inscrito de ninguna forma en el avance como una «necesidad de la historia». El declive del capitalismo puede abrir el camino a la larga transición al socialismo como puede comprometer a la humanidad en la vía de la barbarie generalizada. El proyecto del control militar del planeta por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados subalternos de la OTAN, que sigue en marcha, el declive de la democracia en los países del centro imperialista o el rechazo retrógrado de la democracia en los países revolucionarios del Sur (que toma la forma de ilusiones para los religiosos «fundamentalistas» que proponen el Islam, el hinduismo y el budismo políticos), operan junto a esa perspectiva abominable. Así, la lucha por una democratización laica toma una dimensión decisiva en el momento actual, que opone la perspectiva de la emancipación de los pueblos a la de la barbarie generalizada.

Lecturas complementarias:

Hassan Riad, L’Egipte nassérienne, Minuit 1964.

Samir Amin, La nation arabe, Minuit 1976.

Samir Amin, A life looping forward, Memories of an independent Marxist, Zed, Londres 2006.

Samir Amin, L’éveil du Sud, le temps des cerises, 2008. El lector encontrará aquí mis lecturas de las realizaciones del virrey Mohamed Alí (1805-1848) y de los jedives que le sucedieron, en particular Ismail (1867-79) y Wafd (1920-1952), las posiciones del comunismo egipcio frente al nasserismo, y la deriva de la Nahda de Afghani a Rachid Reda.

Gilbert Achcar, Les Arabes et la Shoa, Actes Sud, 2009. Se trata del mejor análisis de los componentes del Islam político (de Rachid Rede y de los Hermanos Musulmanes, los salafistas modernos).

Con respecto a la relación entre el conflicto Norte/Sur y el que opone el comienzo de la transición socialista a la continuación del despliegue del capitalismo, véanse:

Samir Amin, La crise, surtir de la crise du capitalisme ou surtir du capitalisme en crise?, Le Temps des Cerises, 2009.

Samir Amin, La loi de la valeur mondialisée, Le Temps des cerises, 2006.

Samir Amin, Pour la cinquième internationale, Le Temps des cerises, 2006.

Samir Amin, The long trajectory of historical capitalismo, Monthly Review, Nueva York, febrero 2011.

Gilbert Achcar, Le choc des barbarise, Complexe, Bruselas.

El Cairo y París, mayo de 2011.
Rebelión ha publicado

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