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domingo, 16 de mayo de 2010

Comunistas en Marte

Carlos Prieto Público

Se publica por primera vez ‘Estrella roja', novela de ciencia ficción que anticipó la Revolución de octubre de 1917

Test rápido. ¿Qué personaje histórico pronunció estas palabras? "Si lográramos establecer comunicaciones interplanetarias, todos nuestros conceptos filosóficos, morales y sociales tendrían que ser revisados. En tal caso, el potencial técnico, no reconociendo más límites, impondría el fin de la regla de la violencia como medio y método de progreso". ¿Carl Sagan? No. ¿El doctor Jiménez del Oso? Tampoco. ¿Lenin? Sí, y no es broma. Se lo dijo al escritor H. G. Wells en 1920, durante una visita a Moscú del autor de La guerra de los mundos y La máquina del tiempo.

Puede sonar extraño que ese titán del materialismo llamado Vladímir Ilich Uliánov Lenin disertara sobre la existencia de platillos volantes, pero tiene su lógica: los extraterrestres le habían enseñado la vía hacia la revolución. O al menos eso se podría deducir de la lectura de Estrella roja, novela de Alexander Bogdánov (Bielorrusia, 1873-1928) sobre el triunfo del comunismo en Marte editada por primera vez aquí por Nevsky Prospects.

Una relación estrecha

Publicada en Rusia en 1908, Estrella roja es una alegoría sobre la creación de un Estado soviético socialista, profecía que se haría realidad en 1917. El nombre del protagonista de la novela -un militante que viaja a Marte para conocer el socialismo marciano- deja lugar a pocas dudas: Lenni.

Lenin y Bogdánov mantenían una relación de amor/odio político cuando se publicó Estrella roja. Bogdánov era uno de los líderes de la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (germen del futuro Partido Comunista ruso bolchevique) en los primeros años del siglo XX. Una vanguardia política revolucionaria en la que hasta el más tonto hacía relojes. Literalmente. No es que Bogdánov fuera un hombre formado, es que su currículum roza la parodia: científico, poeta, novelista, filósofo, economista y revolucionario marxista en sus ratos libres.

Los dos estadistas se acabaron tirando los trastos a la cabeza al final de esa década. Mientras Lenin se hacía poco a poco con el control del partido, Bogdánov se dedicaba a imaginarse la revolución que lideraría este nueve años más tarde.

La trama de Estrella roja es sencilla. Durante una visita de reconocimiento a Rusia, un infiltrado marciano de aspecto humano confiesa al militante revolucionario Lenni que Marte se rige bajo un sistema socialista. La revolución triunfó allí hace muchos siglos; en parte por unas circunstancias históricas más propicias que las de la Tierra. "La historia en Marte había sido más pacífica. Por supuesto que habían ocurrido guerras entre las distintas tribus, incluso lucha de clases. Pero la guerra jugaba un papel marcadamente menor, y no tardó en ser abandonada. Los marcianos tampoco habían conocido la esclavitud, y el feudalismo parecía una opción aislada e inusual. Nada parecido a nuestros ejércitos había sido creado", se lee en el libro.

Un sistema ideal

El terrícola viaja al planeta rojo (nunca mejor dicho) para analizar la sociedad marciana. Una argucia argumental utilizada por Bogdánov para plasmar su visión de una sociedad industrializada sin clases de un modo didáctico. Su Marte es una nación avanzada que combina un sistema de trabajo planificado con amplias dosis de libertad personal. Hombres y mujeres trabajan sin rechistar sin que nadie les obligue a ello; quizás porque la jornada laboral marciana es de, prepárense a vibrar, cuatro a seis horas diarias.

La ciudad marciana donde se aloja Lenni tiene parques kilométricos y una gigantesca sala de reuniones de uso común. Todas las casas son iguales: viviendas de dos plantas con techos transparentes que permiten el paso de luz celeste "de efecto tranquilizador". Niños de todas las edades crecen juntos en una serie de instituciones estatales (en compañía o no de sus padres). Todo aquel que desee suicidarse u optar por una "muerte pacífica y sin dolor" puede hacerlo en una habitación especial de los hospitales, de nombre tétrico (Salas de la Muerte) pero ambiente agradable: "La habitación tenía una vista increíble a través de sus paredes transparentes de un lago, un bosque y montañas distantes. Estaba decorada con estatuas artísticas y muebles lujosos y elegantes".

No menos vanguardista es su idea de la sexualidad del futuro, que no desentonaría en un ensayo actual sobre teoría de género y androginia; no sólo se ha alcanzado la igualdad laboral, sexual y afectiva sino que los dos sexos son indiferenciables a simple vista: "Por todas partes se veían pequeños de ojos grandes y género imposible de precisarse, ya que tanto los niños como las niñas vestían la misma ropa. Es más, incluso entre los marcianos adultos resultaba complicado distinguir a los hombres de las mujeres".

Predicciones acertadas

La futura revolución rusa no fue la única predicción acertada por el autor. También adelantó asuntos como la automatización de la producción, la fusión atómica y ¡el cine en 3D!: "Mediante la utilización de técnicas estereoscópicas, conseguían que la imagen del cinematógrafo apareciera en relieve [...] Frente a cada butaca en el auditorio estaban colocados unos binoculares estereoscópicos para lograr que las dos imágenes parecieran unidas y causaran la impresión de las tres dimensiones".

También resaltan sus comentarios sobre los métodos de rejuvenecimiento marcianos. Los ciudadanos viven una larguísima juventud gracias a técnicas de renovación del tejido vital como las transfusiones de sangre entre personas. "Si se observan las condiciones apropiadas, no conlleva peligro alguno. Simplemente, la sangre de una persona continúa viviendo en el cuerpo de la otra, causando una profunda renovación de todos los tejidos de su cuerpo". Algo que el propio Bogdánov se encargó de convertir en una profecía autocumplida. Veamos.

Experimentos extraños

El escritor fue invitado a abandonar el partido durante la conferencia bolchevique de París (1909). Pero no podía parar quieto. Unió fuerzas con Gorki para crear una Escuela Proletaria en Capri, competencia directa de la abierta por Lenin en París. En 1913 abandonó la militancia revolucionaria para centrarse en la escritura de Tectología. La ciencia de la organización universal (1913-1922), un titánico esfuerzo conceptual por unir todas las ciencias sociales (cognitivas, físicas y biológicas) en una única categoría. Un anticipo claro de la cibernética.

Tras el triunfo de la revolución se convirtió en profesor de economía de la Universidad de Moscú y en director de la Academia Socialista de Ciencias Sociales. Fundó el movimiento de arte proletario Proletkult, que pasó de recibir el apoyo de las autoridades a ser purgado intelectualmente: Pravda les acusó en 1920 de ser una pandilla de "pequeños burgueses". El científico soviético perdió su asiento en el Comité Central en 1922.

A partir de entonces se dedicó en cuerpo y alma a la ciencia. En 1925 fundó el Instituto de Hematología para la Transfusión de Sangre con el objeto de replicar la larga juventud de los marcianos de Estrella roja. Maria, hermana de Lenin, fue una de las más entusiastas voluntarias de estos experimentos. Bogdánov se sometió a 11 transfusiones. Su antiguo compañero de viaje revolucionario, Leonid Krasin, llegó a escribir a su mujer para asegurar que "Bogdánov parecía 10 años más joven".

En un giro bizarro de los acontecimientos, Bogdánov y Krasin propusieron al Comité Central crionizar el cerebro de Lenin (muerto en 1924) para resucitarlo en un futuro pero, pese a comprar los artilugios necesarios para hacerlo, su extravagante propuesta fue rechazada. Pero nada ni nadie podía detener a estas alturas a un desmelenado Bogdánov, que llegó a escribir esos días que soñaba con rejuvenecer a Stalin (una inquietante posibilidad que daría para un guión de terror y ciencia ficción: Stalin 2010. Más joven que nunca).

Pero el sueño de un revolucionario soviético de vida eterna se esfumó trágicamente: Bogdánov murió en 1928 tras inyectarse sangre de un estudiante (L. I. Koldomasov) con malaria y tuberculosis cuyo grupo sanguíneo no coincidía con el suyo. ¿Accidente o suicidio? Nunca se supo, pero siempre nos quedarán libros como Estrella roja. "En un momento en el que la burguesía se ha olvidado de cómo mantener la esperanza por un futuro mejor, e incluso sus fantasías son fantasías de devastación, la novela abiertamente utópica de Bogdánov nos invita a imaginarnos un mundo diferente", zanja Edmund Griffiths en el prólogo de la novela. Conclusión: otro Marte es posible.

http://www.publico.es/culturas/311454/comunistas/marte


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martes, 22 de septiembre de 2009

La ciencia que queremos


Luis Britto García http://luisbrittogarcia.blogspot.com

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¿Qué científico queremos? ¿Qué ciencia queremos? Es una pregunta tan básica y de tan difícil respuesta como plantearnos qué vida deseamos. Pero quizá sea la misma. Aspiramos a una existencia infinita que lo abarque todo; estamos condenados a otra transitoria y confinada a limitadas opciones. Determinan nuestra elección de un proyecto de vida o de ciencia los modelos que quisiéramos imitar, pero también nuestras capacidades, el medio, las oportunidades y bienes de que dispongamos.

2


Kant afirma que la Historia es el proceso de realización de las potencialidades del hombre. Quiero todos los científicos y toda la ciencia que podamos tener. El conocimiento nos constituye en seres humanos. Deseamos una sociedad lo más humana posible, en la cual la mayoría los habitantes y de los recursos se dediquen al conocimiento. El problema del investigador o de quien fija una política científica es similar al que enfrenta el economista: establecer la óptima relación entre las necesidades y los bienes con los que puede satisfacerlas. Las necesidades económicas son potencialmente infinitas. También lo son los objetos a esclarecer que puede proponerse la ciencia. Ello requiere establecer jerarquías tanto entre necesidades como entre bienes.


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La ciencia no se produce en el vacío. La sociedad pone a disposición del científico tiempo para su trabajo, instrumentos, recompensas. Pero incluso el investigador individual encara una restricción de las opciones. No puede elegir todas las disciplinas a la vez. Dentro de ellas tampoco puede enfrentar todas las especialidades ni todos los problemas. El problema de la relación entre fines y medios es compartido por investigadores y sociedades. ¿Cómo establecen las sociedades esta relación? Al respecto apunta Oscar Varsavsky que “no es posible tener una política educativa coherente –universitaria o no- sino en el marco de referencia de un Proyecto Nacional de largo plazo, con características ideológicas y objetivos concretos bien definidos” (Hacia una política científica nacional 2006,64). Los proyectos nacionales rigen las políticas educativas y científicas en la medida en que determinan la asignación de recursos.

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Tales políticas deberían comprender la preservación y conservación tanto del conocimiento como de quienes lo crean. Deberían incluir normas para proteger de la patente por intereses foráneos los saberes tradicionales acumulados o los códigos genéticos de especies endógenas. Deberían estimular que los científicos formados en el país continúen sus carreras en él. Afirmó Carlos Lage que “Un millón de científicos y profesionales formados en América Latina a un costo de unos 30 mil millones de dólares, viven hoy en los países desarrollados y por sus innovaciones y aportes científicos debemos pagar o prescindir de ellos” (Lage 1999, cit. por Martínez Enríquez, “La globalización neoliberal y la libertad de movimiento: paradojas conceptuales y prácticas” 2006, 145).

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América Latina y el Caribe están lejos de aplicar sus capacidades de investigación científica de manera óptima a sus más urgentes problemas. Una maldición parece distanciar a la imparcialidad científica de la pobreza humana. Señala el Proyecto de Desarrollo Humano de Naciones Unidas que actualmente sólo el 10% del gasto total en investigación y desarrollo en medicina está dirigido a las enfermedades del 90% más pobre de la población (PNUD 2003,12). Hace notar Jean Ziegler que los países del Tercer Mundo, con el 85% de la población del planeta, sólo integran el 25% del mercado farmacéutico de éste. Añade que entre 1975 y 1996, los grandes laboratorios farmacéuticos desarrollaron 1.223 moléculas nuevas, de las cuales sólo once eran aplicables al tratamiento de enfermedades tropicales. Tal descuido es tanto más dañino si se tiene en cuenta que enfermedades como el paludismo, la tuberculosis, la enfermedad del sueño y el Kala-azar o fiebre negra, que casi habían desaparecido entre 1970 y 1980 gracias a campañas de entes como la Organización Mundial de la Salud, han reaparecido, al extremo de que en 2001 la enfermedad del sueño mató 300.000 personas, la tuberculosis 8 millones, y un niño moría cada 30 segundos de paludismo (Los nuevos amos del mundo 2003, 73).

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También señala el PNUD que la investigación agrícola está infradotada, porque muchos países de bajos ingresos apenas destinan el 0,5% de su PIB agrario a la investigación agrícola, el cual se concentra en proyectos sobre los cultivos de mayor valor comercial y las tierras de mejor calidad; y que para que dicha investigación favoreciera a los productores pobres de tierras marginales, debería centrarse en proyectos como los sistemas de multicultivos, la agricultura ecológica, las variedades de semillas de maduración temprana y los métodos económicos de maduración del suelo (PNUD 2003, 104). Por las mismas razones, concluye que “Dado que la mayor parte de los esfuerzos científicos no tienen en cuenta las necesidades de los pobres, es fundamental que la comunidad científica mundial –encabezada por los laboratorios nacionales, los organismos de financiación científica de ámbito nacional y las fundaciones privadas- trabaje con grupos de científicos en los países pobres para identificar los objetivos prioritarios en materia de investigación y desarrollo e incrementar considerablemente la financiación” (PNUD 2003, 24).

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¿Qué garantías tiene una determinada política científica de ser correcta? La investigación es una apuesta contra lo desconocido; toda política que intente organizarla debe resignarse a un grado de incertidumbre. Todo proceso cognoscitivo se propone precisamente la reducción de las incertidumbres. Cada sociedad plantea los problemas que le interesa resolver, les asigna prioridades y recursos y los aborda con su estilo peculiar. A tal sociedad, tal ciencia. Pero también, a tal ciencia, tal sociedad.


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