Contacto: juventudsurversiva@gmail.com

jueves, 3 de noviembre de 2011

Definitivamente el Capital es enemigo de la humanidad


Luis R. Delgado J.

A poco más de 200 años de las primeras grandes revoluciones burguesas (Revolución Industrial inglesa, Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa), es obvio, que las promesas de libertad, igualdad y fraternidad, constituían pura ideología para desmontar el orden social feudal, falsas promesas para movilizar a las masas explotadas contra la nobleza. Una vez que la burguesía se hizo del poder político, construyó una nueva forma de dominación y explotación mucho más sofisticada, que si bien es cierto brindó mejores condiciones de vidas a millones, no liberó ni igualó a la humanidad, por el contrario, no ha dejado de ensancharse la brecha entre ricos y pobres, entre naciones metropolitanas y naciones periféricas.

La promesa del progreso continuo, fue una forma ideológica para encubrir el fin de impulsar una acumulación del capital a escala planetaria, con dramáticas consecuencias sociales y ambientales. No se construyó una sociedad basada en la razón, sino bajo la irracional lógica del capital, que coloca en primer término la satisfacción de necesidades mercantiles de ganancia, sobre la satisfacción de las necesidades de la población humana presente y futura. En este orden de ideas, el investigador español Manuel Martín Serrano (2008) nos ofrece la siguiente reflexión:

El capitalismo industrial concluye sin haber cumplido con la utopía que le dio a las revoluciones burguesas su valor ético y empuje histórico; que era el empeño de instaurar una y la misma racionalidad para entender y explotar la naturaleza, para organizar y dirigir a las sociedades. En los términos que lo proponía el Iluminismo quedaba por conseguir que la difusión y aplicación del conocimiento (“las Luces”) sirviesen al tiempo para liberar de la necesidad, de la opresión y de la infelicidad. Escribía Marx un siglo después de las Luces que, muy por el contrario, las victorias de la ciencia se estaban pagando con una pérdida de humanidad. Y los autores de la Escuela de Fráncfort, al tiempo iluministas y marxistas, mostraban que cada vez la razón estaba más disociada entre una racionalidad instrumental que servía para dominar a la naturaleza y los hombres y otro raciocinio humanista, que seguía reclamando esa promesa incumplida de liberación (p. 17).

En este sentido, el capital no es reformable en su esencia, es un sistema económico de destrucción insostenible que no se puede humanizar, esta enseñanza de la historia ha sido sufrida por la clase trabajadora y los pueblos del mundo. El siglo XX demostró que el capital solo cede ante determinadas correlaciones de fuerza y para entregar un derecho parcial éste debe conquistarse con lucha. En esta línea de pensamiento Chomsky (2004) nos explica que:

En el transcurso de la historia moderna ha habido logros significativos en los derechos humanos y el control democrático de algunos sectores de la vida. Estos rara vez han sido obsequio de líderes ilustrados. Por lo común han sido impuestos a los Estados y otros centros de poder a través de la lucha popular (p. 334).

Ha quedado clara una enseñanza de la teoría revolucionaria: fenómenos como la miseria, el desempleo, las guerras, la destrucción del medio ambiente, el subdesarrollo producto de la dependencia, entre otros elementos son consustanciales al desarrollo capitalista, no son accidentes, no son problemas que al capital le interesa superar, por el contrario, son parte de la esencia misma de un sistema que es explotador y opresor hasta la médula.

Esta afirmación hay que tomarla en cuenta, porque en muchos casos se pretenden presentar estos fenómenos que sufre la humanidad, como procesos aislados que tienen que ver con la naturaleza o con el azar, la burguesía siempre hace esfuerzos para justificar ideológicamente y a través de sus medios de comunicación estos problemas, propiciando que se desvíe la atención de los pueblos, para que estos acepten de buena manera las principales problemáticas que padecen, para que estos no luchen y subviertan el status quo.

Hoy las contradicciones sociales fundamentales, son la amenaza de la supervivencia de la vida en el planeta producto de la naturaleza eco-depredadora del capitalismo, y por otro lado la misma descrita hace 160 años por Marx y Engels, la contradicción Capital-Trabajo, que se traduce en la socialización creciente de la producción de la riqueza frente a la apropiación privada de la misma, a su vez al interior de esta contradicción se da una más específica que es la que enfrenta al sistema imperialista mundial contra los pueblos oprimidos, la contradicción Imperio-Nación. Esta última se manifiesta de la siguiente manera; mientras la distribución de la población indica que en el mal llamado Tercer Mundo o naciones dependientes vive el 80% de la población mundial y en las naciones altamente industrializadas vive el 14% de la población humana, en la escala de distribución de la producción de riqueza esta relación se invierte, mientras a los países periféricos le corresponde el 20% a las naciones imperialistas les corresponde el 78% de la distribución de la riqueza producida (Bauman 1999).

Otras estadísticas (algunas ya envejecidas) nos revelan la ignominiosa situación que vive nuestro mundo producto de las desigualdades y las asimetrías: Hoy en día (Boron, 2002; Boron, 2004; Boron, 2010; Giribets, 2011; Millet, Toussaint, 2005; Ramos 2009; Seibert, 2009; The economic collapse, 2010; Vega Cantor, 2005):

El ingreso anual del 1% más rico de la población mundial equivale al del 57% más pobre del planeta; Se calcula que 1.200 millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar por día; Las 238 personas más ricas del mundo concentran una riqueza superior a los ingresos de las 2.300 millones de personas más pobres del planeta;
De acuerdo a cifras dadas por la OCDE, el 60% de la población activa mundial (900 millones de trabajadores y trabajadoras), realiza su actividad sin contrato de trabajo ni prestaciones sociales; Bill Gates tiene un patrimonio neto de cerca de 50.000 millones de dólares. Eso significa que hay aproximadamente 140 naciones diferentes con un PIB anual que es menor que la cantidad de dinero que posee Gates.
Un estudio del Instituto Mundial de Investigación de la Economía del Desarrollo estableció que la mitad inferior de la población del mundo posee aproximadamente un 1% de toda la riqueza global. En África el consumo per cápita se ha reducido en un 20% con relación a 1980.
El 70% de las inversiones a escala global y el comercio mundial son controlados por las 200 compañías transnacionales más poderosas.
Las doscientas megacorporaciones más grandes del planeta registran anualmente por concepto de ventas, cifras superiores a los ingresos combinados de todos los países del mundo, excepto las nueve economías nacionales más ricas. Sin embargo, estas corporaciones emplean a menos del 1% de la población mundial.
En los espacios de la antigua Unión Soviética y Europa Oriental, producto de la restauración del capitalismo la pobreza se ha multiplicado por 25, es decir, 2500%.
Unas 1.020 millones de personas sobreviven en la hambruna crónica (una de cada 6 personas); Cada 3 segundos muere una persona de hambre.
Actualmente hay unos 250 millones de hambrientos más que hace 3 años, repartidos en 80 países. Los que están en peor situación son: Burkina Faso, Mali, Mauritania, Níger, Senegal, Chad y Haití.
Diariamente mueren en el mundo 30 mil niños por enfermedades curables; anualmente mueren 18 millones de personas con enfermedades curables.
En el Tercer Mundo uno de cada cuatro niños no recibe las vacunas básicas, es por eso que 1 de cada 6 niños muere antes de los 5 años de edad;
Por causa de las hambrunas y enfermedades curables mueren 40 millones de personas en el mundo, sobre todo niños y niñas. Es decir, las inequidades del capitalismo liquidan anualmente un equivalente al 70% de las victimas totales de la II Guerra Mundial, conflicto que duró más de 5 años.
218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006)
2 mil millones de personas no tienen acceso a la electricidad (2 personas de cada 6);
924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)
35% de la población mundial no posee condiciones sanitarias básicas; sin sistemas de drenajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)
1100 millones de personas no tienen fuentes seguras de agua potable (1 persona de cada 6); mientras en Estados Unidos se consumen 400 litros diarios per cápita y en Europa Occidental 200.
Producto de las asimetrías del capitalismo, mientras en los 31 países más ricos la esperanza de vida ha aumentado en las últimas décadas, en el mismo periodo ha disminuido en 18 países: 10 africanos y 8 antiguas repúblicas soviéticas. Países como Botsuana, Zimbawe o Zambia tienen en promedio una esperanza de vida de sus habitantes inferior a los 47 años.

Finalmente existen tragedias sociales tales como la existencia de 854 millones de analfabetas, de los cuales 554 millones son mujeres, además que el 60% de los menores no escolarizados son niñas, lo que demuestra que la realidad de las mujeres sigue siendo más desfavorable que la de los hombres. Se habla de un proceso de feminización de la pobreza.

Toda esta realidad es más que lamentable, trágica y tremendamente injusta, si consideramos que el comandante Fidel Castro ha expresado que con sólo 10 mil millones de dólares sería suficiente para reducir a prácticamente cero el analfabetismo a nivel mundial, considerando esta cifra comparémosla con el grosero presupuesto militar anual de los EEUU que supera los 600 mil millones de dólares, es decir, con menos del 2% de ese presupuesto cerca de mil millones de personas pudiesen aprender a leer y escribir.

A lo largo de su historia, el capitalismo ha demostrado de forma contundente su terrible capacidad destructiva de las dos principales fuentes de riquezas; la naturaleza y la humanidad. La economía moderna es totalitaria… Esgrime una pretensión total sobre el mundo natural y social (Kurz 2002).

Por un lado se encuentra en peligro la supervivencia de los diversos ecosistemas y la vida humana en el planeta producto de la lógica eco-depredadora del Capital, obtención de ganancias aquí y ahora, sin pensar en el futuro. Algunos incluso consideran que hoy la contradicción principal es Vida-Muerte (Rauber 2006). Ya que para el capitalismo imperialista: La premisa básica es que la hegemonía importa más que la supervivencia (Chomsky 2004, p. 328). Al respecto el economista argentino Jorge Beinstein (2010) nos explica que:

... el desarrollo de la civilización burguesa durante los dos últimos siglos (con raíces en un pasado occidental mucho más prolongado) ha terminado por engendrar un proceso irreversible de decadencia, la depredación ambiental y la expansión parasitaria, estrechamente interrelacionadas, están en la base del fenómeno. La dinámica del desarrollo económico del capitalismo marcada por una sucesión de crisis de sobreproducción constituye el motor del proceso depredador-parasitario que conduce inevitablemente a una crisis prolongada de subproducción (el capitalismo obligado a crecer-depredar indefinidamente para no perecer termina por destruir su base material). Existe una interrelación dialéctica perversa entre la expansión de la masa global de ganancias, su velocidad creciente, la multiplicación de las estructuras burocráticas civiles y militares de control social, la concentración mundial de ingresos, el ascenso de la marea parasitaria y la depredación del ecosistema.

Esto significa que la superación necesaria del capitalismo no aparece como el paso indispensable para proseguir “la marcha del progreso” sino en primer lugar como tentativa de supervivencia humana y de su contexto ambiental.


Por otro lado la humanidad sigue sometida a la más cruel explotación producto de la contradicción Capital-Trabajo; a la opresión sistemática de los Estados gendarmes y policías del Capital; a la opresión patriarcal que condena a las mujeres a una terrible explotación, opresión y subordinación; a la opresión adulto-céntrica que condena a las y los jóvenes a un segundo plano frente a la sociedad adulta; al etnocentrismo occidental que arrolla a las culturas originarias y milenarias de los cinco continentes, por medio de la exportación del pensamiento único, procesos criminales de etnocidio y memoricidio (Báez 2008); y, en fin, a la ignominiosa exclusión que invisibiliza a millones de personas, a las cuales se le expulsa de los derechos humanos básicos como son los servicios sociales fundamentales:, la educación, la salud, la alimentación, la vivienda, entre otros.

Con respecto a este último planteamiento, Vega Cantor (2005) nos explica que:

… el perpetuo no-reconocimiento de derechos por parte del capitalismo de todos aquellos que no son solventes en términos mercantiles conduce a identificar como sujetos de derecho solamente a quienes están en capacidad de participar directa o indirectamente en el proceso de valorización del capital. Y quienes no lo están, pasan a ser desechos, obstáculos colaterales, que no pueden ser considerados como sujetos de derecho (p. 43).

Es decir, para el capitalismo los derechos humanos no son universales como hipócritamente lo sostiene, estos derechos en el mejor de los casos, son exclusivos de un sector de la sociedad que tal vez involucre a un 60 o 70% de la población planetaria, el resto no reúne para la burguesía mundial la dignidad como seres humanos, ya que no existen para el mercado mundial, no son consumidores. Tan dramática es la situación, que hoy para las potencias imperialistas:

… el aumento de la pauperización, la privación de derechos y la violencia extrema son conscientemente aceptados porque se trata cada vez menos de eliminar en forma planificada el “subdesarrollo”, sino principalmente del control de una población “excedente”, a la cual el sistema mundial ya no tiene que ofrecerle (Seibert 2009, p. 23).

Bibliografía

BÁEZ, Fernando (2008) El saqueo cultural de América Latina: de la conquista a la Globalización. Debate. Caracas-Venezuela. 408 pág.

BAUMAN, Zygmunt (1999) La Globalización, consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica. Sao Paulo-Brasil. 165 pág.

BEINSTEIN, Jorge (2010) Declinación del capitalismo, fin del crecimiento global, ilusiones imperiales y periféricas, alternativas (Disponible en: http://www.worldsocialforum.info/media-feeds/5c4af2ecfbfe52f3ecdfafc043 6f6a14)

BORON, Atilio (2002) Imperio & Imperialismo: Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri. CLACSO. Buenos Aires-Argentina. 159 pág.

BORON, Atilio (2004) Hegemonía e imperialismo en el sistema internacional; presente en la compilación: Nueva Hegemonía Mundial, Alternativas de cambios y movimientos sociales. CLACSO Libros. Buenos Aires-Argentina. Pág. 133-155.

BORON, Atilio (2010) Sepa lo que es el capitalismo (Disponible en: http://www.atilioboron.com/2010/05/sepa-lo-que-es-el-capitalismo.html)

CHOMSKY, Noam (2004) Hegemonía o Supervivencia: El dominio mundial de EEUU. Grupo Editorial Norma. Bogotá-Colombia. 368 pág.

GIRIBETS, Miguel (2011) La economía mundial volverá a estallar en 2012 (o antes) (Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=136679)

KURZ, Robert (2002) La privatización del mundo (Disponible en: http://www.elortiba.org/kurtz1.html#La_privatización_del_mundo_)

MILLET, Damien; TOUSSAINT, Éric (2005) 50 preguntas, 50 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial. Ediciones Luxemburg. Buenos Aires-Argentina. 270 pág.

RAMOS, Juan Ignacio (2009) Pirómanos apagando fuego: Crack financiero y crisis de sobreproducción, un análisis marxista. Fundación Federico Engels. Madrid-España

RAUBER, Isabel (2006) Sujetos Políticos: rumbos estratégicos y tareas actuales de los movimientos sociales y políticos en América Latina. Ediciones Desde Abajo. Bogotá-Colombia. 173 pág.

SEIBERT, Thomas (2009) El nuevo orden de la guerra, el capitalismo global y su salvaje cara oculta. En la compilación: El negocio de la guerra, nuevos mercenarios y terrorismo de Estado. Monte Ávila Editores. Caracas-Venezuela. pág. 11-27

SERRANO, Manuel Martín (2008) La mediación social. Ediciones Akal. Madrid-España. 237 pág.

THE ECONOMIC COLLAPSE (2010) 20 estadísticas que prueban que la elite monopoliza la riqueza global (Disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=119361)

VEGA CANTOR, Renán (2005) Los economistas neoliberales: nuevos criminales de guerra. Centro Bolivariano. Caracas-Venezuela. 525 pág.

luis_educara@hotmail.com

Leer Más......

Colombia: Nuevamente se movilizarán este jueves los estudiantes universitarios

Prensa Latina

Estudiantes colombianos protagonizarán hoy una nueva movilización en el contexto del Paro Nacional Universitario contra la Reforma a la Educación Superior.

Para este jueves los jóvenes realizarán el Carnaval nocturno y besatón por la educación, iniciativa pacífica para expresar su rechazo a lo que consideran una reforma privatizadora.

También efectuarán otra audiencia pública sobre el tema, a la que invitaron a la ministra del sector, María Fernanda Ocampo, y el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry.

Asimismo, la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) invitó al presidente, Juan Manuel Santos, a participar esta noche en un debate público sobre la vilipendiada reforma a la ley de Educación, el cual se realizará en el auditorio Jorge Molina de la Universidad Central.

El representante de la MANE, Juan Sebastián López, asegura que el movimiento estudiantil tiene un "Programa mínimo" sobre lo que debería tener la nueva normativa.

El aseguramiento de la Educación como un derecho y una condición necesaria para el desarrollo nacional, dejando de lado su connotación como mercancía, es el primer acápite de la propuesta del alumnado colombiano.

El movimiento estudiantil rechaza la nueva Ley de Educación Superior y cualquier medida que tenga como propósito abrirle paso al lucro y a las transnacionales, incluyendo las que son parte de Tratados de Libre Comercio y acuerdos comerciales que Colombia adopte sobre ésta materia.

Demanda, en su propuesta mínima, que el Estado ejerza la función de inspección, vigilancia y control sobre los montos de las matrículas en universidades.

También, entre otros puntos, exige calidad de la enseñanza, fortalecimiento de la autonomía universitaria y relación universidad-sociedad.

López anunció que los próximos días 12 y 13 realizarán un Encuentro Programático Nacional para iniciar la construcción de la propuesta de los estudiantes.

El proyecto de reforma a la ley de educación superior (Ley 30 de 1992) sigue su trámite en el Congreso, mientras los estudiantes realizan esta semana numerosas actividades para expresar su rechazo a la propuesta gubernamental.

Leer Más......

Ocupemos el futuro

Noam Chomsky La Jornada

Pronunciar una conferencia sobre Howard Zinn es una experiencia agridulce para mí. Lamento que él no esté aquí para tomar parte y revigorizar a un movimiento que hubiera sido el sueño de su vida. En efecto, él puso buena parte de sus fundamentos.

Si los lazos y las asociaciones que se están estableciendo en estos notables eventos pueden sostenerse durante el largo y difícil periodo que les espera –la victoria nunca llega pronto–, las protestas de Ocupemos podrían representar un momento significativo en la historia estadunidense.

Nunca había visto nada como el movimiento Ocupemos, ni en tamaño ni en carácter; ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo. Las avanzadas de Ocupemos están tratando de crear comunidades cooperativas que bien podrían ser la base para las organizaciones permanentes que se necesitarán para superar las barreras por venir y la reacción en contra que ya se está produciendo.

Que el movimiento Ocupemos no tenga precedentes es algo que parece apropiado, pues ésta es una era sin precedentes, no sólo en estos momentos sino desde los años 70.

Los años 70 fueron una época decisiva para Estados Unidos. Desde que se inició el país, éste ha tenido una sociedad en desarrollo, no siempre en el mejor sentido, pero con un avance general hacia la industrialización y la riqueza.

Aun en los periodos más sombríos, la expectativa era que el progreso habría de continuar. Apenas tengo la edad necesaria para recordar la gran depresión. Para mediados de los años 30, aunque la situación objetivamente era mucho más dura que hoy, el espíritu era bastante diferente.

Se estaba organizando un movimiento obrero militante –con el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) y otros– y los trabajadores organizaban huelgas con plantones, a un paso de tomar las fábricas y manejarlas ellos mismos.

Debido a las presiones populares se aprobó la legislación del nuevo trato (New Deal). La sensación que prevalecía era que saldríamos de esos tiempos difíciles.

Ahora hay una sensación de desesperanza y a veces de desesperación. Esto es algo bastante nuevo en nuestra historia. En los años 30, los trabajadores podían prever que los empleos regresarían. Ahora, los trabajadores de manufactura, con un desempleo prácticamente al mismo nivel que durante la gran depresión, saben que, de persistir las políticas actuales, esos empleos habrán desaparecido para siempre.

Ese cambio en la perspectiva estadunidense ha evolucionado desde los años 70. En un cambio de dirección, varios siglos de industrialización se convirtieron en desindustrialización. Claro, la manufactura siguió, pero en el extranjero; algo muy lucrativo para las empresas pero nocivo para la fuerza de trabajo.

La economía se centró en las finanzas. Las instituciones financieras se expandieron enormemente. Se aceleró el círculo vicioso entre finanzas y política. La riqueza se concentraba cada vez más en el sector financiero. Los políticos, enfrentados a los altos costos de las campañas, se hundieron más profundamente en los bolsillos de quienes los apoyaban con dinero.

Y, a su vez, los políticos los premiaron con políticas favorables para Wall Street: desregulación, cambios fiscales, relajamiento de las reglas de administración corporativa, lo cual intensificó el círculo vicioso. El colapso era inevitable. En 2008, el gobierno una vez más salió al rescate de empresas de Wall Street que supuestamente eran demasiado grandes para quebrar, con dirigentes demasiado grandes para ser encarcelados.

Ahora, para la décima parte del uno por ciento de la población que más se benefició de todos estos años de codicia y engaños, todo está muy bien.

En 2005, Citigroup –que, por cierto, ha sido objeto en repetidas ocasiones de rescates del gobierno– vio el lujo como una oportunidad de crecimiento. El banco distribuyó un folleto para inversionistas que los invitaba a poner su dinero en algo llamado el índice de la plutonomía, que identificaba las acciones de las compañías que atienden al mercado de lujo.

El mundo está dividido en dos bloques: la plutonomía y el resto, resumió Citigroup. Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá son las plutonomías clave: las economías impulsadas por el lujo.

En cuanto a los no ricos, a veces se les llama el precariado: el proletariado que lleva una existencia precaria en la periferia de la sociedad. Esa periferia, sin embargo, se ha convertido en una proporción sustancial de la población de Estados Unidos y otros países.

Así, tenemos la plutonomía y el precariado: el uno por ciento y el 99 por ciento, como lo ve el movimiento Ocupemos. No son cifras literales pero sí es la imagen exacta.

El cambio histórico de la confianza popular en el futuro es un reflejo de tendencias que podrían ser irreversibles. Las protestas de Ocupemos son la primera reacción popular importante que podrían cambiar esa dinámica.

Me he ceñido a los asuntos internos. Pero hay dos peligrosos acontecimientos en la arena internacional que opacan todo lo demás.

Por primera vez en la historia hay amenazas reales a la sobrevivencia de la especie humana. Desde 1945 hemos tenido armas nucleares y parece un milagro que hayamos sobrevivido. Pero las políticas del gobierno de Barack Obama y sus aliados están fomentando la escalada.

La otra amenaza, claro, es la catástrofe ambiental. Por fin, prácticamente todos los países del mundo están tomando medidas para hacer algo al respecto. Pero Estados Unidos está yendo hacia atrás.

Un sistema de propaganda, reconocido abiertamente por la comunidad empresarial, declara que el cambio climático es un engaño de los sectores liberales. ¿Por qué habríamos de prestar atención a estos científicos?

Si continúa esta intransigencia en el país más rico y poderoso del mundo, no podremos evitar la catástrofe.

Debe hacerse algo, de una manera disciplinada y sostenida. Y pronto. No será fácil avanzar. Es inevitable que haya dificultades y fracasos. Pero a menos que el proceso que está ocurriendo aquí y en otras partes del país y de todo el mundo continúe creciendo y se convierta en una fuerza importante de la sociedad y la política, serán exiguas las posibilidades de un futuro decente.

No se pueden lanzar proyectos significativos sin una base popular amplia y activa. Es necesario salir por todo el país e informar a la gente de qué se trata el movimiento Ocupemos; qué puede hacer cada quien y qué consecuencias tendría no hacer nada.

Organizar una base así implica educación y activismo. Educar a la gente no significa decirle en qué creer; significa aprender de ella y con ella.

Karl Marx dijo: La tarea no es solamente entender el mundo sino transformarlo. Una variante que conviene tener en cuenta es que si queremos cambiar al mundo más nos vale entenderlo. Eso no significa escuchar una plática o leer un libro, si bien eso a veces ayuda. Se aprende al participar. Se aprende de los demás. Se aprende de la gente a la que se quiere organizar. Todos tenemos que alcanzar conocimientos y experiencias para formular e implementar ideas.

El aspecto más digno de entusiasmo del movimiento Ocupemos es la construcción de vínculos que se está dando por todas partes. Si pueden mantenerse y expandirse, el movimiento Ocupemos podrá dedicarse a campañas destinadas a poner a la sociedad en una trayectoria más humana.


Noam Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge (EEUU). Su libro más reciente es 9-11: Was There an Alternative?

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/11/02/index.php?section=opinion&article=023a1mun

Leer Más......

Condición humana, derecho a la rebelión y alternativas post-capitalistas

Santiago Alba Rico Radio Guiniguada

Cuando hablamos de condición humana no hablamos naturalmente de naturaleza humana. La condición humana consiste precisamente en que esas criaturas que llamamos seres humanos tengan, al mismo tiempo, un pie en la naturaleza y un pie en otro sitio que podemos llamar –quizás- humanidad, de manera vaga o borrosa.

Esa humanidad se define básicamente por su carácter limitado. En términos filosóficos, la humanidad está marcada por el signo de la muerte, por el carácter finito de la corporeidad, y está marcada también por toda una serie de facultades igualmente finitas que hemos asociado, mientras ha durado el Neolítico, recientemente terminado, con ese período histórico o con esa estación en la cual, diría yo, todavía podemos hablar de condición humana.

Frente a la condición humana, lo que caracteriza al capitalismo -voy a abordar el tema casi como una aparente paradoja- es una rebelión. Es una rebelión de hecho. Lo que hace el capitalismo, en efecto, es rebelarse permanentemente contra los límites de la condición humana; contra los límites que atañen a ese pie que tenemos posado en la naturaleza y también contra los límites que definen ese otro pie que tenemos más bien posado en la humanidad, en estas tres cualidades finitas de las que hablaré a continuación.

Rebelión contra los límites, una locomotora sin freno de emergencia, como gustaba de repetir Walter Benjamin; lo cierto es que el capitalismo consiste íntimamente en estar permanentemente superando todos aquellos limites naturales, éticos, materiales, sociales, culturales, mediante los cuales los seres humanos han tratado de definir su estancia provisional en esta Tierra.

Se puede hablar, a finales del siglo XX y principios del siglo XXI de una guerra contra la condición humana por parte de un capitalismo que empieza, como he escrito en algunos libros, por no reconocer ninguna diferencia entre las cosas de comer, las cosas de usar y las cosas de mirar, eso que los latinos llamaban mirabilia, las “maravillas”, las cosas dignas de ser miradas.

El capitalismo no reconoce esa diferencia que, de alguna manera, ha caracterizado a todas las sociedades humanas anteriores, incluso las peores, incluso las más feroces, incluso las menos justas –y casi ninguna ha sido apenas justa en los últimos 15 mil años-; en todo caso, todas las sociedades anteriores a la sociedad capitalista distinguían convencional o culturalmente entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar. Distinguían entre un mendrugo de pan o una manzana, cuya función básica es la de reproducir los ciclos biológicos, eso que para los griegos era el infierno mismo, lo apeiron, lo que no tenía límites, que representaban a través de toda una serie de castigos infligidos en el Hades a los héroes que habían cometido un “exceso” y a los que se obligaba a rodar permanentemente dentro de una rueda, a conducir una y otra vez una piedra hasta la cumbre de una montaña, a tratar infinitamente de alcanzar un alimento que escapaba al apetito, o llenar inútilmente una vasija sin fondo. Eso es lo que caracteriza a las cosas de comer. No podemos comer una sola vez, volvemos a tener hambre. Y cuando tenemos hambre tenemos que encontrar algo que introducir en nuestro cuerpo, por debajo de los ojos, algo que, por tanto, en la misma medida en que cumple su función biológica, desaparece de la vista, desaparece radicalmente de la vista. Digamos que el hambre es una guerra contra la consistencia de los vegetales, de los cuerpos, de las cosas mismas. Es una guerra en cuyo comportamiento, en cuyo funcionamiento, podemos leer precisamente aquello en lo que consisten las guerras. Las guerras alimentan otras guerras, sirven básicamente para reproducir ese ciclo infernal en el que la vida y la muerte se suceden a toda velocidad. El hambre es rápida, el hambre es mortal, el hambre es destructiva y las cosas de comer, por tanto, no resisten frente a nuestra mirada, no son consistentes, no se las puede apenas analizar, apenas asir con las manos, porque pasan a formar parte enseguida de nuestro cuerpo.

Las cosas de usar son aquellas que sirven precisamente como mediaciones para introducir otros efectos en el mundo. Son aquellas cosas mediante las cuales nos separamos de la naturaleza para volver sobre ella transformándola, desde las herramientas hasta una silla en la que nos sentamos, que cumplen una función. Lo que caracteriza a las cosas de usar es que, al mismo tiempo que resisten el embate del hambre, se sostienen en el mundo más tiempo que las cosas de comer. Sin embargo, acaban degradándose, porque son corruptibles, y volviendo a la naturaleza de la que habían sido extraídas mediante el trabajo humano.

Y, finalmente, tenemos las cosas de mirar, las cosas dignas de ser miradas, las maravillas, las mirabilia. Todos los pueblos de la Tierra, antes del establecimiento de una sociedad de destrucción generalizada de seres humanos y de cosas, han dejado al margen de los procesos biológicos de la alimentación y del uso una serie de objetos privilegiados, que podían ser objetos de culto, objetos artísticos, objetos estéticos que, como decía Levi Strauss, sólo eran buenos para pensar, o sólo eran buenos para ser mirados. Desde una catedral hasta un paisaje, pasando por esas estrellas que titilan azules en el cielo. Todas estas cosas, en realidad, no son buenas sino para pensar, para mirar, para mirarlas todos juntos, para hacer ese ejercicio de simbolización sin el cual la existencia humana no se distinguiría en nada de la de los animales.

Y el capitalismo lo que ha hecho ha sido, de alguna manera, borrar todas las diferencias entre las cosas de comer, las cosas de usar y las cosas de mirar, para convertirlas a todas por igual en cosas de comer, en alimentos, en consumibles. Porque lo que realmente quiere decir consumo es eso, consumo quiere decir destrucción, y destrucción por el fuego, por el fuego de la digestión, por el calor ininterrumpido de la digestión. Y plantearse por tanto hablar en términos elogiosos de una sociedad de consumo, proponer como modelo habitable para la humanidad una sociedad de consumo, es proponer un modelo de sociedad de digestión ininterrumpida, de destrucción generalizada. Nos comemos todas las cosas por igual, ya se trate del pan, las manzanas, las sillas, las lavadoras, las televisiones, los paisajes, las estrellas y las imágenes de todas estas cosas también nos las comemos a una velocidad creciente en el marco de eso que se llama libre mercado o circulación de las mercancías. Y eso quiere decir que, por primera vez en la historia, el ser humano vive no ya en una sociedad sin hierro, o en una sociedad sin petróleo, o en una sociedad sin alguna de estas materias que han servido para definir los distintos períodos por los cuales ha atravesado la humanidad. Lo que caracteriza por primera vez a la historia humana es que la sociedad capitalista, y va a parecer una contradicción, es la primera de la historia sin cosas. La sociedad capitalista, que se quiere presentar autopublicitariamente como una sociedad de máxima abundancia, es, sin embargo, la primera sociedad de la historia que no tiene propiamente cosas. Y no tiene propiamente cosas porque, precisamente, allí donde toda la actividad posible en el marco de esa sociedad se reduce a la digestión ininterrumpida, no puede cumplirse ninguna de esas condiciones que caracterizan a las cosas.

¿Qué es lo que caracteriza a las cosas? Básicamente tres datos: las cosas están paradas, están quietas, y además sirven para que nos paremos; sirven precisamente para que les prestemos atención, como ocurría en ese último cuento que escribió Kafka, “Josefina la cantante”, en el que una rata que emitía un chillido exactamente igual al de todos sus congéneres, de pronto se paraba en uno de los corredores por los que se precipitaba el pueblo de los ratones, tratando de cerrar grietas por las que se pudiera colar una amenaza, acumulando alimentos, imagen perfecta de lo que son los ciclos biológicos de la reproducción, de lo que son los ciclos del hambre y de la guerra; de pronto Josefina la cantante se detenía en un rincón y emitía lo que ella creía que era un bellísimo canto de cantante lírica, que no se distinguía en nada, en cualquier caso, de los chillidos que emitían todos los ratones, pero que servía precisamente para que los ratones, incluso poniendo en peligro su existencia, se parasen. Cuando escuchaban a Josefina la cantante, todos dejaban de hacer lo que estaban haciendo, incluso poniendo en peligro probablemente la supervivencia del pueblo de los ratones, para formar un corro en torno al cuerpo de Josefina, que abombaba el pecho para emitir lo que a ella le parecían coloraturas de bel canto irresistibles, pero que no eran más que chillidos de ratón. Las cosas sirven precisamente para detenernos, están paradas; duran lo suficiente como para que podamos mirarlas; duran lo suficiente como para que resulten interesantes.

Flaubert decía: “Basta mirar una cosa fijamente para que se vuelva interesante”. El problema es, precisamente, que el capitalismo impide mirar fijamente nada. Y por lo tanto esta primera característica de las cosas, ha quedado abolida por la propia velocidad de la renovación de las mercancías.

La segunda característica de las cosas es que son archivos materiales de memoria y manuales de instrucciones. Yo creo que esto es muy importante, el hecho de que todo objeto manufacturado incluye una historia, nos cuenta el cuento, por ejemplo, de cómo ha sido hecho. Nos lo puede contar bien o mal. Por eso Marx hablaba de fetichismo de la mercancía: a veces las cosas nos engañan; nos hacen creer que han sido hechas en unas determinadas condiciones cuando en realidad han sido hechas en otras condiciones. Por eso la obligación de un sociólogo, sobre todo, de un sociólogo marxista, es justamente la de contar bien la historia de las cosas, la de reproducir su genealogía. Pero nos cuentan una historia. Todo objeto es un cuento que se puede memorizar. Es algo así como el pasado delante de nuestros ojos, ese trabajo muerto materializado con características particulares que lo distinguen de otros objetos en el mundo, que sirve para determinadas cosas y no para otras, y que, además de contarnos una historia, incluye algo así como un manual de instrucciones. Si desapareciese la humanidad, y sólo quedase una silla, y bajasen extraterrestres cuyo cuerpo no exigiese el uso de sillas, podrían perfectamente reproducir más sillas a partir de un solo modelo de silla sin necesidad de recurrir a las instrucciones de IKEA. Una silla, un objeto, es un cuento, una historia que incluye también un manual de instrucciones.

Alli donde la propia circulación acelerada de las mercancías no nos permite –remedando una famosa frase de un filósofo griego- “sentarnos dos veces en la misma silla”, porque inmediatamente ha sido sustituida por otra, presuntamente mejor, de otra marca, de otro color, la propia memoria material de la humanidad ha sufrido un menoscabo sin precedentes.

Y la tercera característica de las cosas, sin la cual no podemos llamar cosa a ninguna criatura de este mundo, es precisamente el hecho de que, por mucho que duren las cosas, por mucho que las reparemos, por muchos parches que les pongamos, tarde o temprano, las cosas se rompen, y cuando se rompen no se las puede sustituir o rehacer en ningún mercado. Son cuerpos, los cuerpos son frágiles, los cuerpos son finitos, los cuerpos son mortales y, tarde o temprano, se mueren. Y por lo tanto, también los seres humanos somos cosas. Hablaré al final, en el capítulo de las alternativas postcapitalistas, de lo que significa el hecho de que los seres humanos también seamos cosas en este sentido, por mucho que una sociedad fundada básicamente en la rebelión contra los límites, esté permanentemente generando la ilusión subjetiva de que siempre va a haber una prótesis que nos va a permitir sobrevivir a un accidente de tráfico, o un medicamento maravilloso que nos va a salvar in extremis de alguna enfermedad mortal, o alguna crema taumatúrgica que nos va a mantener permanentemente jóvenes. Envejecemos. Sabemos que envejecer en la sociedad capitalista está prohibido. Sabemos que, en cualquier caso, la vejez es algo que siempre ha servido a los seres humanos para tener especial cuidado con las cosas. Y, por tanto, una sociedad capitalista que consiste en reproducir, cada vez más aceleradamente, las mercancías, generando la ilusión de inmortalidad, es una sociedad sin cosas.

Que vivamos en una sociedad sin cosas significa –y por eso hablaba de una agresión sin precedentes contra la condición humana-, hablar de un mundo sin cosas es hablar de un mundo sin mundo, es hablar de un mundo sin seres humanos propiamente dichos. Los seres humanos han sido privados de las tres facultades que caracterizaban su estancia en este mundo durante los últimos quince mil años, es decir, una razón finita, una imaginación finita y una memoria finita. Colapsadas esas tres facultades, podemos decir que estamos viviendo ya en algo así como una condición post-humana. Habrá que preguntarse si es mejor o si es peor. Pero a mí no me cabe la menor duda de que estamos cruzando el umbral hacia una condición post-humana, en el sentido en que hemos podido definir a la humanidad durante al menos quince mil años.

El capitalismo como rebelión contra los límites es, por lo tanto, una maquinaria destructiva de las tres facultades que han caracterizado al ser humano, a la condición humana. Podemos hablar de un naufragio del ser humano, de un naufragio antropológico sin precedentes del ser humano. El colapso de estas tres facultades hace que cada vez sea más difícil analizar el mundo en el que vivimos mediante eso que hemos llamado razón, que es un recorrido vertical de lo particular a lo universal; hace que sea cada vez más difícil recordar con el cuerpo, que es lo que llamamos imaginación, el dolor de los otros; y hace que sea cada vez más difícil el conservar suficiente memoria como para contarnos a nosotros mismos cómo se producen las cosas, quién las produce, dónde las produce y con qué coste se producen.

Por lo tanto, sin razón, sin memoria y sin imaginación, no se trata ya de que a través de manipulaciones se nos ofrezca un mundo falseado en el que no nos reconocemos, o frente al cual nos mostramos indiferentes. Podemos decir que, colapsadas estas tres facultades, vivimos en un mundo antropológico post-humano, en el que la solidaridad ha sido radicalmente imposibilitada, en el que la producción de símbolos ha sido radicalmente imposibilitada y en el que vivimos por tanto en una náufraga deriva, en la que es casi estructuralmente imposible organizar o articular alternativas o resistencias colectivas.

Dejamos aquí lo que se refiere a la condición humana para pasar a definir lo que yo entiendo por el derecho a la rebelión. Y aquí se conjugan dos elementos, derecho y rebelión, que convendría explicar bien, porque en general en la tradición marxista se entiende que el derecho es algo así como un epifenómeno burgués de un determinado régimen de producción, de manera que rebelarse implicaría, de alguna manera, rebelarse contra el derecho. Yo creo que esta es una gravísima equivocación.

Creo que si el capitalismo consiste en una rebelión contra los límites, el derecho consiste en una rebelión contra la rebelión capitalista, es decir, en una tentativa, siempre, al menos desde hace dos mil quinientos años, en una tentativa de establecer límites allí donde precisamente se invoca algo así como una ley de la naturaleza, que tiene mucho que ver con el hambre, con la guerra y con el comportamiento íntimo del capitalismo, de todos los regímenes de producción material sin duda el más natural, porque es precisamente el que más recuerda a la reproducción de los ciclos biológicos; es el que más claramente reduce todos sus recursos a la monda reproducción de los ciclos biológicos, del infierno griego. Es el más natural de los regímenes de producción porque precisamente es el menos humano de todos ellos. Es el que mejor copia los comportamientos que identificamos con la reproducción de los puros ciclos biológicos.

Y, por lo tanto, diría yo que el derecho a la rebelión es el derecho precisamente a oponerse a la ley de la naturaleza para establecer límites que propiamente podamos llamar derecho. Yo creo que es importante recordar en términos históricos uno de los puntos donde empieza esta aventura. No es el único, porque en otras sociedades, en otras culturas ha empezado desde otro lado, se ha empezado a pensar esto por otras vías, en otras condiciones, pero digamos que nuestro punto de origen está en la antigua Grecia. Y es importante recordar cómo interpretaba, en un famoso diálogo de Platón, Calicles frente a Sócrates el término de ley.

Calicles dice: “Según yo creo, la naturaleza misma demuestra que es justo que el fuerte tenga más que el débil, y el poderoso más que el que no lo es. Y lo demuestra que es así en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al débil y posea más. En efecto, ¿en qué clase de justicia se fundó Jerjes para hacer la guerra a Grecia, o su padre a los escitas e igualmente otros infinitos casos que se podrían citar? Sin embargo, a mi juicio, estos obran con arreglo a la ley de la naturaleza. Sin duda, no con arreglo a esta ley que nosotros establecemos, por la que modelamos a los mejores y más fuertes de nosotros, domándolos desde pequeños como a leones, y por medio de encantos y hechizos los esclavizamos, diciéndoles que es preciso poseer lo mismo que los demás y que esto es lo bello y lo justo”.

Como vemos es una respuesta clara a Sócrates. Sócrates había alzado la mano contra esta lógica en una asamblea diciendo que siempre es mejor sufrir una injusticia que cometerla. Y había pretendido demostrar que lo justo y lo bello coincidía en un punto donde, precisamente, los seres humanos, allí donde están tranquilos, se prohibían a sí mismos tomar ciertas decisiones. Y que la libertad consistía precisamente en prohibirse a sí mismos tomar ciertas decisiones.

Me explico: esto tiene que ver con los procesos constituyentes, con las constituciones y con las verdaderas leyes. Luego están las falsas leyes, mediante las cuales, en efecto, los leones devoran a los corderos.

Pensemos en un famoso episodio de la Guerra del Peloponeso que nos cuenta Tucídides, en el que los atenienses se reúnen en asamblea democrática para decidir si deben ejecutar a todos los habitantes de la ciudad de Mitilene, que había luchado al lado de Esparta, y esclavizar a sus mujeres y a sus niños. Yo no sé si alguien puede considerar una decisión democrática aquella que consiste en pasar a cuchillo a hombres y esclavizar a mujeres y niños. Y, sin embargo, era una asamblea en la que todos podían levantar la mano y tomar una decisión. Y cuando en esta discusión toma la palabra uno u otro de los defensores de cada una de estas posiciones, lo hacen en nombre de lo conveniente para Atenas.

¿Qué es más conveniente para Atenas? ¿Qué pasemos a cuchillo a todos los hombres y esclavicemos a todas las mujeres y niños o que les perdonemos la vida y tratemos de convertirlos en aliados, o solamente los convirtamos en esclavos? En todo caso, el concepto era este de conveniente. Y es ahí, en esa época, cuando Sócrates levanta la mano para decir: no se trata de pensar qué es lo conveniente, sino lo justo.

Y lo justo es precisamente algo que los seres humanos han decidido ya en condiciones que no pueden ser las de la guerra. En la guerra decidimos cosas que no son justas. Por eso no conviene dar la voz a las víctimas; por eso, naturalmente, el derecho consiste básicamente en no dejar que las víctimas se tomen la justicia por su mano. En que además la víctima no decida qué es lo justo y qué es lo injusto, porque probablemente no va a decidir bien.

¿En qué consiste precisamente eso que llamamos derecho? Yo creo que consiste en haber tomado ya siempre ciertas decisiones mediante las cuales, libremente, nos prohibimos ciertas cosas. Por ejemplo, nos prohibimos pasar a cuchillo a poblaciones enemigas; nos prohibimos esclavizar a otros seres humanos; nos prohibimos la tortura; nos prohibimos toda una serie de comportamientos que, en efecto, erosionarían la propia condición humana.

¿En qué consiste el capitalismo? El capitalismo consiste, como he dicho en la primera parte de mi intervención, en un permanente proceso constituyente. Un permanente proceso constituyente es un permanente proceso destituyente. Y en un proceso destituyente, siempre en rebelión contra los límites, es muy necesario establecer límites. Y el establecimiento de esos límites pasa por el hecho de que en una constitución, por ejemplo, nos prohibamos ciertas cosas. Nos prohibamos esencialmente el canibalismo, el comernos los unos a los otros.

El capitalismo es absolutamente incapaz de ponerse límites a sí mismo, y por eso el capitalismo es incompatible con el derecho; con esa combinación de democracia y de derecho que llamamos Estado de derecho. La ley de la naturaleza, la ley de la guerra, la ley del hambre, la ley de los procesos permanentemente destituyentes es incompatible con el establecimiento de eso que los corderos reclaman a los leones, de eso que los débiles exigen a los fuertes.

Y yo creo que es muy importante entender eso que nos explica indirectamente Calicles, en disputa con Sócrates; es decir, el hecho de que, en efecto, el derecho es algo que han hecho los débiles para que no se los coman los fuertes, que el derecho es algo que han hecho los corderos para que no los devoren los leones.

Naturalmente sabemos que vivimos en un mundo muy duro en el que casi siempre ha ocurrido esto –bajo el capitalismo, por razones particulares-, en el que esos límites no limitan nada o casi nada, se convierten en puros flatus vocis, en puras fórmulas verbales, en instituciones ineficaces, incapaces de imponer esos límites a los leones, de imponer esos límites a los poderosos.

En cualquier caso, conviene recordar una y otra vez que no se trata de rebelarse contra el derecho, sino de reconocer más bien que la rebelión es la fuente de todo derecho. La rebelión contra la naturaleza, la rebelión contra los leones, la rebelión contra los poderosos, es la fuente de todo derecho. Y si finalmente los poderosos no cumplen las leyes, no se ajustan a los límites que les han impuesto los débiles rebelión tras rebelión, eso no debe impedirnos reconocer que esas leyes, esos derechos, no los ha producido el león. Los hemos producido nosotros, en rebelión contra los leones. En rebeliones sangrientas, que han costado muchas vidas humanas a lo largo de los siglos. No es verdad que el derecho al voto sea un instrumento de dominio de la burguesía. Lo cierto es que el derecho al voto se lo ganaron los revolucionarios franceses con las armas en la mano, y no fue una concesión que hicieron los poderosos a los débiles. Fue más bien todo lo contrario: fueron los débiles armados los que hicieron esa concesión a los poderosos.

Y lo que hay que recordar siempre es que detrás de un derecho, de una verdadera ley, hay un pueblo virtualmente armado. Y si no lo hay, no es una verdadera ley y no es verdadero derecho.

Yo creo que eso es fundamental recordarlo. Yo estoy enteramente de acuerdo con una gran historiadora francesa, Florence Gautier, que es quizá la mejor conocedora de Robespierre y de su legado. Como sabéis, Robespierre en la Constitución de 1793 fue mucho más lejos que las frases que hemos leído en esta sala tomadas del Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Porque no se limitó a reconocer que en un caso extremo se tenía el derecho a la rebelión. Robespierre, en el año 1793, en esa maravillosa constitución que nunca entró en vigor porque Thermidor se lo impidió, decía cosas como esta:

“Toda ley que viola los derechos imprescriptibles del hombre es esencialmente injusta y tiránica. No es de ningún modo una ley”.

Yo creo que esto es muy importante, para no equivocar ley con derecho, para no equivocar lo que es una manipulación del derecho interesada por parte de los leones con lo que es verdaderamente una ley. En esto, además, Robespierre es enteramente ilustrado. Kant lo demuestra en páginas bellísimas, demuestra cómo solamente las leyes que cumplen ciertas condiciones formales son verdaderamente leyes.

Dice por tanto que una ley que viola los derechos imprescriptibles del hombre no es de ningún modo una ley. Y dice también:

“La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre y del ciudadano. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido; hay opresión contra cada uno de los miembros del cuerpo social cuando el cuerpo social es oprimido. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada porción del pueblo el más indispensable de los deberes”. No dice el más indispensable de los derechos; dice de los deberes. Es un imperativo, un imperativo casi moral, como el de Kant. Allí donde las leyes no son leyes, donde las leyes violan los derechos imprescriptibles del ser humano, la rebelión no es un derecho, sino un deber.

Y como me queda muy poco tiempo y quería decir algo acerca del último punto del que me correspondía hablar, el relativo a las alternativas post-capitalistas, resumiré muy rápidamente.

Como he escrito otras veces, teniendo en cuenta las características de este capitalismo en permanente rebelión contra los límites, una sociedad post-capitalista debe surgir de un triple impulso: debe ser un impulso revolucionario en lo económico; reformista en lo institucional y conservador en lo antropológico. Muy brevemente, haré algunas indicaciones de qué entiendo por cada una de estas cosas.

Con el primer punto creo que estamos todos de acuerdo, y tal como he definido el capitalismo muy rápidamente, como ese tren desbocado sin freno de emergencia, el capitalismo no es reformable. El capitalismo no admite reformas. Precisamente porque es una revolución permanente, porque es un proceso constituyente-destituyente ininterrumpido en el que lo originario ontológicamente es siempre el residuo, el cadáver, la destrucción. Y, por lo tanto, la única forma de establecer precisamente un mundo , una sociedad, unas instituciones reformables, es la de radicalmente transformar el capitalismo en otra cosa. El capitalismo, por mucho que nos pretendan engañar, no puede reformarse a sí mismo; solamente puede afirmarse a sí mismo a escala ampliada y, por lo tanto, con una escala de destrucción siempre mayor.

Precisamente, una sociedad que se ha librado ya del tren desbocado sin freno de emergencia a través de una revolución económica, es por primera vez una sociedad en la que las instituciones pueden ser el resultado de decisiones libres, tomadas en condiciones de tranquilidad, al margen de la guerra, al margen de la necesidad de la reproducción de los ciclos biológicos y en la que, por tanto, yo creo que debemos salvar gran parte del bagaje que muchos marxistas llaman derecho burgués. Yo creo que no hay más alternativa al derecho que el no-derecho; creo que no hay más alternativa al habeas corpus que la tortura y la indefensión; creo que no hay más alternativa a la división de poderes, no importa cuántos sean estos –porque en la constitución bolivariana hay más de tres y podemos inventar muchos más- que la voluntad schmidtiana que domina soberanamente el mundo decidiendo sobre la vida y la muerte de los seres humanos. Por lo tanto, lo que hay que hacer es recuperar ese legado que ha nacido en condiciones burguesas, como el teorema de Pitágoras nace en condiciones esclavistas, para que, por primera vez, sea de aplicación universal y real, en un marco en el que, también por primera vez, estas instituciones sean reformables. Porque lo que caracteriza a las instituciones, como a las cosas de usar, es que su vida no es eterna.

Digamos que los comunistas, los marxistas, debemos dedicarnos a interpretar o intervenir en el mundo de tal manera que nos situemos permanentemente entre el peligro de la biología, que es el del capitalismo, y el peligro de la arqueología, el peligro del anquilosamiento o fosilización de las instituciones, que originalmente pueden ser liberadoras pero que pueden tornarse represivas. Y, por lo tanto, estas instituciones deben ser objeto de reforma allí donde estén en peligro de fosilizarse. Por lo tanto, insisto, el impulso emancipatorio debe ser institucionalmente reformista.

Y, finalmente, debe ser conservador en lo antropológico. Hemos empezado por describir un mundo que, bajo el embate del capitalismo, se deshacía de estas tres facultades finitas que habían caracterizado la estancia del ser humano en el mundo, la estancia del ser humano en sociedad, y sabemos hoy mejor que en tiempos de Marx, que en su rebelión contra los límites, uno de los límites que primero cuestiona y que ahora mismo está más claramente cuestionado es el límite precisamente natural. El límite impuesto por la finitud, no ya de los cuerpos humanos, sino de la fuente de todos los bienes, que es la naturaleza. Hay que recordar que Marx, que no vivía en una sociedad en la que hubiera un grado de destrucción ecológica como el que conocemos hoy, recordaba en su Crítica al Programa de Gotha que la fuente de toda riqueza no es el trabajo, sino la naturaleza. La naturaleza en estos momentos está amenazada como nunca, entre otras razones porque hemos olvidado, como decía al principio, que somos seres mortales que dependemos de una naturaleza que, paradójicamente, ha acabado por depender de nosotros.

Conservadores antropológicos quiere decir, por tanto, conservadores de ese límite que nos impone la naturaleza, pero quiere decir también conservadores de los cuerpos, que se caracterizan por ser frágiles.

Esto quiere decir que la Ilustración, que yo siempre he defendido, debe considerar dos aspectos: uno, el hecho de que somos sujetos de razón; y el otro, el hecho de que la razón no se proporciona sus propios contenidos. Uno de los contenidos con los que limita la razón es, precisamente, el hecho de que somos cuerpos, el hecho de que nos vamos a morir. Y, por tanto, la necesidad de cuidarse recíprocamente. Somos sujetos de razón y somos objeto de cuidado.

En este sentido, una sociedad post-capitalista tiene que articular todas las instituciones y mecanismos que garanticen que los cuerpos van a ser objeto de cuidado. Esto naturalmente implica una revolución económica que, al mismo tiempo que garantiza ciertos servicios públicos, en términos de educación, de sanidad, etc, garantiza también un universo antropológico en el que los seres humanos podamos mirarnos los unos a los otros, discutir como sujetos de razón, pero cuidarnos también como frágiles objetos de cuidados.

Muchas gracias..

INTERVENCIÓN DURANTE EL DEBATE Y TRAS EL TURNO DE PREGUNTAS:

No estoy diciendo que a través de reformas institucionales en el actual marco jurídico se pueda hacer esa revolución económica. He dicho más bien todo lo contrario. Que la revolución económica es la condición para establecer un marco jurídico reformable. He dicho que el capitalismo es irreformable y que, por lo tanto, sólo una revolución económica, puede darnos acceso, franquearnos, un marco jurídico reformable, donde habrá –por supuesto- espacio para esa creatividad a la que se refería el último compañero en intervenir. A partir de un presupuesto que, en todo caso, a mí me parece importante señalar: no creo que se hayan inventado alternativas al Derecho, salvo el no-Derecho. No hay un más allá del Derecho. Hay muchas formas de concebir una verdadera ley, que se ajuste a lo que entendemos como justicia, y creo que hay ya buenos inventos. La rueda es un buen invento; el arado es un buen invento; y creo que el habeas corpus es un buen invento, creo que la separación de poderes es un buen invento, y me pregunto por qué tenemos que renunciar a un legado que es aprovechable una vez nos desembaracemos de esa maquinaria que está permanentemente haciendo puré todas las diferencias.

Hay algo que me parece muy interesante en lo que ha dicho el compañero, y es precisamente aquello que, de alguna manera, determina que el capitalismo no sea reformable. Es el hecho de que lo que lo hace incompatible con la democracia es precisamente la libertad. He tratado de explicar durante mi intervención que la democracia y el Estado de Derecho consiste precisamente en haber tomado ya ciertas decisiones, en haberse prohibido libremente ciertas cosas que son recogidas en constituciones, en leyes, etc. La escritura es un gran avance de la humanidad. Yo no creo que debamos retroceder de la escritura; no creo que haya un más allá jurídico de la escritura. Precisamente, el paso en la evolución humana de la arbitrariedad a la ley tiene que ver con el conocimiento de la escritura. Cuando las leyes son recogidas por escrito se vuelven públicas y, por lo tanto, de alguna manera, se vuelven vinculantes también para el poder.

Lo que me parece que convierte en irreformable el capitalismo es precisamente que se reproduce a fuerza de aumentar las libertades y no de reprimirlas. Tú has puesto un ejemplo extraordinario. Una Constitución como la española, que al mismo tiempo que reconoce toda una serie de derechos, los invalida añadiendo uno más: basta que tú añadas el derecho a que nos comamos los unos a los otros para que el derecho a conservar el cuerpo, el derecho a la alimentación, el derecho a los cuidados quede enteramente invalidado. El problema del capitalismo –y por eso, además, no sólo se confunde con la naturaleza, sino que se propone a sí mismo en términos de libertad superior- es el de esa libertad de la que hablaba Karl Polanyi en 1948, la libertad de explotar a los otros, la libertad de impedir que los otros disfruten de cuidados médicos, la libertad para obtener ganancias desmesuradas sin prestar un servicio a la comunidad, la libertad para impedir que las innovaciones tecnológicas sean usadas con una finalidad pública o la libertad para beneficiarse de las calamidades y las catástrofes para obtener una ventaja privada. Basta, en efecto, con añadir una libertad más en esa constitución en la que nos hemos prohibido ciertas cosas para que de pronto todos los derechos que esa misma constitución reconoce queden invalidados. No puedes reconocer el derecho a la vivienda o a la sanidad o a la educación y, al mismo tiempo, reconocer el derecho de los empresarios a privatizar todas aquellas cosas que una vez privatizadas dejan de ser derechos, dejan de ser bienes de acceso común.

Insisto, creo que es muy importante no tirar el bebé con la bañera. Es necesario cambiar los fundamentos económicos sobre los que se basa esta sociedad para establecer un marco jurídico reformable. Y entretanto -yo creo que lo ha explicado muy bien Enrique Santiago- lo que ha habido a lo largo de la historia han sido luchas muy fuertes también en el ámbito jurídico. Yo se lo agradezco profundamente, porque creo que son intervenciones como las de Enrique las que nos ayudan a proveernos de instrumentos para defendernos en este contexto social. Lo que ha explicado es cómo, de pronto, frente a ese Derecho Internacional Humanitario, los leones empiezan a modificar o a introducir legislaciones que conculcan el DIH. Hay una lucha, hay un combate. Todos esos derechos originados en la fuente soberana de la rebelión son, naturalmente, cuestionados no solamente a través de bombardeos, como hemos visto en Libia, en Afganistán, en Iraq, sino también a través de dispositivos legales que, precisamente, desmienten o invalidan los derechos adquiridos por la humanidad en una larga lucha que ha costado muchos sacrificios.

Respecto del 15-M, de la misma manera que para mi fue una enorme y esperanzadora sorpresa lo que ocurrió, a partir del 17 de diciembre del año 2010, primero en Túnez, luego en Egipto, luego un poco por todo el mundo árabe, también lo ha sido el 15-M. Sobre todo, por un motivo. Yo creo que lo que descubre el 15-M a los ojos de una cierta izquierda de formación clásica (yo no soy militante, pero en estos momentos podría estar militando perfectamente en dos o tres partidos en cuyas señas de identidad me reconozco) es que todos nuestros análisis en términos de contradicción definitiva entre condiciones objetivas (en medio de una crisis salvaje que va haciendo retroceder cada vez más derechos laborales y derechos políticos adquiridos a lo largo de décadas, de siglos de luchas), es que nuestros análisis, digo, en torno a la contradicción entre esas condiciones objetivas y una subjetividad que parecía, después de la II Guerra Mundial, definitivamente formateada a partir de lo que Pasolini llamaba en los años 70 el hedonismo de masas, el acceso fácil a mercancías baratas, la televisión, las nuevas tecnologías, etc., no eran del todo acertados. De pronto, el 15-M lo que descubre es que, de la misma manera que no se puede reprimir permanentemente a un pueblo, tampoco se le puede sobornar permanentemente. Y que había ahí debajo, como el doble fondo en los sombreros de los prestidigitadores, una subjetividad escondida cuyo malestar ha estallado, eso sí, en las condiciones prefijadas por lo que ha sido la historia del estado español en los últimos años. Es decir, en condiciones en las que sólo se puede expresar una enorme desconfianza hacia los partidos existentes, hacia las instituciones, etc. Creo que el 15-M tiene un gran poder deslegitimador pero, de momento, es incapaz de construir contra-hegemonía. Habrá que buscar alguna estrategia, porque, lo que está claro, tal y como ha explicado Enrique Santiago, es que la confrontación es inevitable, y tenemos que prepararnos para esa confrontación. En todo caso, lo que yo no haría, en nombre de una desconfianza que yo creo que está bien fundamentada frente a estas instituciones y esos partidos, es desconfiar de algunos mecanismos que hemos conquistado y que tienen que ver con la democracia.

La verdadera potencia del 15-M, como la verdadera potencia de las revoluciones árabes, es el hecho de que precisamente en el momento en que la democracia retrocede, se desprestigia, se viola o se erosiona en todo el mundo; allí donde cada vez se pueden permitir menos democracia las potencias capitalistas en los propios centros desarrollados capitalistas, de pronto hay movimientos populares que lo que hacen es convertir la democracia en un concepto verdaderamente subversivo, cargado con una potencia subversiva inimaginable, porque lo que hace es precisamente desacreditar y deslegitimar instituciones detrás de las cuales está quien verdaderamente gobierna, como confesaba hace poco en la BBC un broker de la City londinense, Alessio Rastani, quien se felicitaba de que la crisis le estuviera dando tantas oportunidades para ganar más dinero que nunca y recordaba quiénes gobiernan realmente, que no son los gobiernos, sino Goldmann Sachs, los mercados financieros, las agencias financieras, etc.

Yo creo que en estos momentos el término democracia para un comunista tiene un valor como no había tenido nunca a lo largo de la historia. Creo que es el momento precisamente de considerar desde el comunismo que la democracia como concepto puede ser el motor de una transformación y no un efecto colateral deseable que, en lo que ha sido la tradición de las últimas décadas, finalmente casi nunca llega a producirse.

Y llegamos finalmente a lo más complicado, porque sabéis que yo he sido de alguna manera el causante o el detonante de una polémica que me ha hecho sufrir muchísimo sobre Libia, la OTAN, etc. en la que, muchas veces con menos buena fe de la que yo hubiera deseado, se han malinterpretado intencionadamente mis palabras.

Creo que Enrique Santiago ha dicho una cosa muy importante, que describe perfectamente lo que yo he querido expresar en mis artículos: cómo el derecho sacrosanto a la rebelión contra un tirano homicida ha sido utilizado por un aparato criminal de guerra al servicio de las multinacionales capitalistas; pero en un contexto, en cualquier caso, distinto al de otras intervenciones de la OTAN. Lo que no podemos hacer es creernos que siempre pasan las mismas cosas y de la misma manera.

En cuanto a las alianzas a las que se refiere Carlos Alberto Ruiz, en este caso se trata, sí, del abrazo del oso. Todo lo que toca la OTAN lo envenena. Vemos en qué se está convirtiendo ya el CNT; hemos asistido al linchamiento ignominioso de Gadafi, que espero que conduzca a sus autores -que son no solamente los ejecutores directos en Sirte, sino obviamente, todos aquellos que la han apoyado con bombardeos y declaraciones- ante un tribunal. Y si no, como hay pocas esperanzas de que sean juzgados, habrá que hacer como estamos haciendo en el caso de José Couso y en otros, habrá que presionar para que así ocurra.

Pero me parece que hay algo que no hemos acabado de comprender. No vivimos ya en el mundo en el que vivíamos hace 10 meses. La OTAN no es una instancia de poder homogénea. Hay nuevos actores regionales, como Arabia Saudí, como Qatar, como Turquía. Estados Unidos ha tenido un papel muy periférico en la intervención de la OTAN en Libia, mientras que ha habido otros actores que han aprovechado, como Sarkozy, para re-prestigiarse en una zona del mundo muy convulsa donde había perdido todo su prestigio después de haber apoyado a Mubarak y a Ben Alí hasta el final. Donde además hay toda una tentativa clara, no solamente de apropiarse de recursos energéticos que ya tenían, sino también de meter una cabeza de puente o una punta de lanza entre Egipto y Túnez, dos países que están haciendo procesos de cambio importantísimos a nivel regional: no podemos separar lo que está ocurriendo en Libia de lo que está ocurriendo en todo el mundo árabe.

No se trata tanto de negar que esas alianzas tengan sus efectos. Se trata sencillamente en estos momentos de describir toda una serie de hechos que se dan de patadas entre sí y con los que tenemos que vivir muy incómodamente. Yo en ese artículo que produjo tanta polémica enumeraba algunos. Y creo que hay que enumerarlos todos. No podemos partir de uno solo para negar todos los demás. Hay que decir que hubo una revuelta popular, que está perfectamente documentada; que Gadafi era un sangriento dictador y también está perfectamente documentado; que la OTAN es una maquinaria infernal de crimen y guerra, lo que también está perfectamente documentado; que esa revuelta popular fue inmediatamente infiltrada por oportunistas del antiguo régimen, por liberales que volvieron de Estados Unidos, y luego también por islamistas entrenados en Afganistán, que fueron los que dieron un poco de disciplina militar a un montón de jóvenes que aprendieron a usar las armas sobre la marcha, en condiciones dificilísimas. Y que, además, se olvida que ha habido, por ejemplo, una intervención importantísima de los bereberes de Nafusra, que constituyen el 10% de Libia y que son los que decidieron realmente la batalla de Trípoli. Con todo esto tenemos que vivir. ¿Y qué hacemos? ¿Negar que la alianza con la OTAN envenena todos estos procesos muy probablemente? ¿O negar que hubo una revuelta popular? ¿O negar que Gadafi era un sangriento dictador? Yo creo que tenemos que tratar de pensar qué hacemos con todo eso a partir de ahora.

Y a partir de ahora – el 31 de octubre acabó la misión de la OTAN- nos encontramos con una serie de países en el norte de África implicados en procesos de cambio importantes, procesos que están siendo, de una manera u otra, todos ellos cooptados, secuestrados o gestionados ya por las potencias occidentales, y lo que habrá que hacer es, precisamente, apoyar a nuestros afines sobre el terreno, que los hay: a la izquierda tunecina, a la izquierda egipcia, y a los rebeldes que en Libia dejen clara su posición contraria a un tutelaje occidental. Apoyarlos con todas nuestras fuerzas para que no se apoderen del norte de África y no se apoderen de estos procesos de cambio que creo tienen una relevancia internacional que desde Europa y desde América Latina a veces no se han visto en toda su profundidad.

Leer Más......

G20, un fiasco anunciado

Éric Toussaint Rebelión

¿Cuales son, en este contexto de crisis global, las apuestas del G20 de Cannes bajo la presidencia francesa?

En este momento se está produciendo una profundización de la crisis especialmente en los países industrializados. La Unión europea constituye el epicentro de la crisis. Los dirigentes europeos no logran concretar una solución a la crisis de los bancos privados. El acuerdo alcanzado en la madrugada del 27 de octubre de 2011 no aporta ninguna solución a la zona euro respecto a la cuestión de la crisis bancaria, de la deuda pública soberana o del euro.

Los gobiernos de los llamados países emergentes — Brasil, India, China, Rusia— querrían beneficiarse de la situación para conseguir más espacio en las instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Pero el G20 es una institución ilegítima. En 2008 fue puesto en marcha por los países del G7 —un club también totalmente ilegítimo formado por Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón y Canadá—. Éstos querían convencer a los países emergentes para que ayudaran en encontrar una solución a la crisis, que no lograron. Esta reunión del G20 es la primera reunión internacional después del enorme éxito de la movilización de los Indignados/das del 15 de octubre de 2011. Aunque no tuvo mucho eco en Francia, el 15O movilizó a un millón de manifestantes en todo el mundo, principalmente en España, Italia y Portugal, sin olvidar Wall Street.

Es, por lo tanto, una cita importante para los activistas que militan contra la globalización liberal. El día 1ro de Noviembre 2011, 6000 activistas manifestaron en las calles de Niza contra el G20 que se reúne los días 3 y 4. Es fundamental movilizar al mismo tiempo en la calle y durante el Foro de los Pueblos en Malí, [1] para así poder expresar nuestra oposición a la orientación determinada por aquellos que pretenden dirigir el planeta.


¿Por qué la crisis europea se ha convertido en un problema global? ¿Qué papel tuvieron Estados Unidos y los países emergentes en esta cuestión?

La gran desaceleración económica que afecta Europa o la quiebra de instituciones bancarias como Dexia pueden tener un efecto bumerang sobre el resto de la economía mundial: por una parte, un efecto dominó sobre las instituciones bancarias o financieras en Estados Unidos, y por otra, una contracción de China y de otros países que exportan sus productos a Europa.

Los países de la zona europea, y en particular los del euro, están en el núcleo de la crisis mundial actual y la evolución de la situación en los próximos meses impactará sobre el conjunto de la economía mundial.

Estados Unidos está muy preocupado por el efecto bumerang de las quiebras bancarias europeas sobre las instituciones financieras estadounidenses, por la fuerte interconexión existente entre ambos lados del Atlántico. Sus preocupaciones no son estrictamente políticas, en principio son económicas.

¿Qué campañas de convergencia se están organizando en Europa con respecto a las deudas públicas? ¿Qué papel tiene la campaña realizada en Grecia?

En toda Europa, el reembolso de la deuda es el pretexto para reforzar las políticas de austeridad. Llueven mazazos sobre los trabajadores y la mayoría de la población. El avance en la constitución de una campaña europea para la suspensión del pago de la deuda y para la realización de una auditoría ciudadana es el paso que se debe dar en las semanas y meses que vienen. Grecia comenzó el proceso en mayo de 2011 mediante la constitución de una comisión ciudadana de auditoría de la deuda griega. Esta idea arraigó en Irlanda y Francia, en la que un comité ciudadano para la auditoría de la deuda acaba de constituirse. Próximamente, la misma iniciativa se desarrollará en Portugal, , España, Bélgica e Italia.

Por lo tanto hay una posibilidad real y concreta de reunir a fuerzas sociales que cuestionan el orden neoliberal y, más allá, el sistema capitalista; reunirlas en torno a un tema unificador. Si se consigue la suspensión del pago de la deuda en varios países mediante la movilización en la calle, esto cambiará radicalmente la relación de fuerzas a favor de la mayoría social. Vale la pena comprometerse en esta lucha.

Declaraciones recogidas por Flavio Ferri y Gilles Pagaille.

Publicadas por el semanario Tout est à nous, nº 121, del 27 de octubre de 2011.

http://www.npa2009.org/content/%C3%A0-nice-face-au-g20%E2%80%89

--------------------------------------------------------------------------------
[1] Décima edición del Foro de los Pueblos «De Siby a Niono, los pueblos exigen la autodeterminación», que será una contracumbre africana al G20, en Niono, Malí, del 31 de octubre al 3 de noviembre de 2011.

Leer Más......

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El espíritu de la época

Tariq Ali CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

“No merece siquiera la pena echar un vistazo a un mapa del mundo que no incluya a Utopía”, escribió Oscar Wilde, “ya que deja fuera al único país en el que la humanidad está siempre desembarcando. Y cuando la humanidad llega hasta allí, mira hacia lo lejos y ve un país mejor, zarpa en su búsqueda. El progreso en la realización de las Utopías”.

El espíritu de ese siglo XIX socialista está vivo entre la juventud idealista que ha salido a protestar contra el capitalismo global turboalimentado que ha dominado el mundo desde el colapso de la Unión Soviética.

Los manifestantes del movimiento “Ocupa Wall Street”, que se han instalado en el corazón del distrito financiero de Nueva York, están protestando contra un sistema de capital financiero despótico: un vampiro infectado de avaricia que para sobrevivir chupa la sangre de los más desfavorecidos. Los manifestantes están mostrando su desprecio hacia los banqueros, los especuladores financieros y sus mercenarios en los medios que siguen insistiendo en que no hay alternativa. Ya que el sistema de Wall Street domina Europa, versiones locales de ese modelo existen también allí. (Resulta curioso que fueran los ocupantes de Wall Street, más que los indignados de España o los trabajadores en huelga de Grecia, quienes han tenido impacto en Gran Bretaña, revelando una vez más que las afinidades reales de este país son atlantistas más que europeas). Puede que los jóvenes rociados de pimienta por la policía de Nueva York no hayan calculado bien lo que quieren, pero segurísimo que saben en contra de lo que están y ese es ya un importante comienzo.

¿Cómo hemos llegado aquí? Tras el colapso del comunismo en 1991, la idea de Edmund Burke de que “en todas las sociedades que se componen de diferentes clases, ciertas clases deben estar necesariamente por encima” y que “los apóstoles de la igualdad solo cambian y pervierten el orden natural de las cosas”, se convirtió en la sabiduría del sentido común de la época. El dinero corrompió a los políticos, el dinero a lo grande les corrompió absolutamente. Por todos los centros del capital vimos surgir a republicanos y demócratas en los Estados Unidos; nuevos laboristas y torys en el estado vasallo de Gran Bretaña; socialistas y conservadores en Francia; coaliciones en Alemania; centro izquierda y centro derecha en Escandinavia, etc. En casi cada caso, un sistema de dos partidos se transformó en un gobierno nacional efectivo. Un nuevo extremismo de mercado entró en juego. La entrada del capital en los dominios más santificados de la previsión social se consideró como una “reforma” necesaria. Las iniciativas financieras privadas que castigaban al sector público se convirtieron en la norma, y los países (como Francia y Alemania) a los que se consideraba que no iban lo suficientemente rápido en la dirección del paraíso neo-liberal eran regularmente denunciados en el Economist y el Financial Times.

Cuestionar ese giro, defender el sector público, argumentar a favor de la propiedad estatal de los servicios públicos, desafiar la liquidación de la vivienda pública implicaba que a uno le consideraran como una especie de dinosaurio “conservador”. Todo el mundo era ya cliente en vez de ciudadano: jóvenes, con movilidad ascendente, los académicos del Nuevo Laborismo se referirían con timidez a quienes se veían obligados a leer sus libros como “clientes”, como diciendo que todos somos capitalistas ahora. Las elites del poder económico y social reflejaban las nuevas realidades. El mercado se convirtió en el nuevo Dios, preferible al estado.

Pero quienes se tragaron esa línea nunca se preguntaron: ¿cómo ha sucedido esto? De hecho, el estado era necesario para hacer la transición. La intervención estatal para apuntalar el mercado y ayudar a los ricos era algo estupendo. Y dado que ningún partido ofrecía alternativa alguna, los ciudadanos de Norteamérica y de Europa confiaron en sus políticos y marcharon como sonámbulos hacia el desastre.

Los políticos del centro, intoxicados por los triunfos del capitalismo, no estaban preparados para la crisis de Wall Street de 2008. Por eso a la mayoría de los ciudadanos les embaucaron con inmensas campañas publicitarias que ofrecían créditos fáciles y unos medios domesticados y acríticos que les hicieron creer que todo marchaba bien. Sus dirigentes podían no ser carismáticos pero sabían manejar el sistema. Dejádselo todo a los políticos. Ahora estamos pagando el precio de esa apatía institucionalizada. (Para ser justos, los pueblos irlandés y francés se olieron el desastre en los argumentos presentados sobre la constitución de la Unión Europea que consagraban en su corazón el neoliberalismo, y votaron en contra. Les ignoraron.)

Sin embargo, para muchos economistas era obvio que Wall Street planeó deliberadamente la burbuja inmobiliaria gastando miles de millones en campañas publicitarias para animar a la gente a aceptar una segunda hipoteca e incrementar las deudas personales para gastar ciegamente en consumo. La burbuja tenía que estallar y cuando lo hizo el sistema se tambaleó hasta que el estado rescató a los bancos del colapso total. Socialismo para los ricos. A medida que la crisis se extendía por Europa, el mercado único y las normas de la competencia se fueron por el inodoro mientras la UE montaba una operación de rescate. Las disciplinas del mercado se olvidaban ahora convenientemente. La extrema derecha es pequeña. La extrema izquierda apenas existe. Es el extremo centro el que domina la vida social y política.

Mientras algunos países se derrumbaban (Islandia, Irlanda, Grecia) y otros (Portugal, España, Italia) se abocaban al abismo, la UE (en realidad la UB, la Unión de Banqueros) tomó cartas en el asunto para imponer austeridad y salvar los sistemas bancarios alemán, francés y británico. Las tensiones entre el mercado y la responsabilidad democrática ya no pueden enmascararse. La elite griega se dejó chantajear hasta la sumisión total y las medidas de austeridad que se les quería hacer tragar a los ciudadanos han llevado al país al borde de la revolución. Grecia es el eslabón más débil en la cadena del capitalismo europeo y su democracia lleva largo tiempo sumergida bajo las olas del capitalismo en crisis. Las huelgas generales y las protestas creativas han dificultado en gran medida la tarea de los extremistas de centro. Observando las recientes imágenes que llegan de Atenas, donde la policía utilizó la fuerza para impedir que diez mil ciudadanos entraran en el Parlamento, uno siente que los gobernantes del país no van a poder seguir ya gobernando del mismo modo que antes.

A principios de año en Tesalónica, donde me encontraba participando en un festival literario, las principales preocupaciones de la audiencia eran de orden político y económico más que literario. ¿Había alternativas? ¿Qué debería hacerse? Rebelión inmediata, contesté. Abandonar la zona euro, volver a introducir la dracma, instituir planificación social y económica a niveles nacionales, regionales y locales, implicar a la gente en las discusiones sobre cómo estabilizar el país pero no a costa de los pobres. Hacer que los ricos vomitaran el dinero (mediante impuestos especiales) acumulado por medios fraudulentos durante la última década. Pero los políticos sin visión en el corazón del sistema están lejos de albergar ninguna de esas ideas. Muchos están a nómina del pequeño número de gentes que poseen y controlan los recursos económicos de un país.

Los endeudados EEUU, bajo Obama (un presidente que a todos los propósitos prácticos ha continuado las políticas de su predecesor), han visto la aparición de un nuevo movimiento de protesta que se extiende por todas las grandes ciudades. La energía de los jóvenes ocupas es admirable. Hacía mucho tiempo que la primavera había huido del corazón de los EEUU políticos. Los helados inviernos de los años de Reagan y Bush no se fundieron con Clinton ni con Obama: hombres huecos que gobiernan un sistema hueco donde el dinero lo domina todo y el vilipendiado estado se utiliza principalmente para preservar el statu quo financiero y para pagar las guerras del siglo XXI.

La niebla de la confusión ha levantado finalmente y la gente está buscando alternativas pero sin los partidos políticos, ya que prácticamente ninguno de ellos da la talla. Las ocupaciones que están llevándose a cabo actualmente en Nueva York, Londres, Glasgow y más lugares, son muy diferentes de las protestas del pasado. Son acciones montadas en tiempos de creciente desempleo y donde el futuro se presenta sombrío. Una mayoría de los jóvenes –a pesar de las histéricas protestas que pretenden lo contrario- no conseguirán una educación superior a menos que se saquen de la manga inmensas sumas de dinero, y se verán pronto, sin duda, enfrentados a un sistema sanitario con dos niveles. La democracia capitalista de hoy presupone un acuerdo fundamental entre los principales partidos representados en el Parlamento a fin de que sus peleas, limitadas por su moderación, se conviertan en algo totalmente insignificante. Es decir, los ciudadanos ya no pueden determinar quién (y cómo) controla la sanidad de un país, una sanidad que los mismos ciudadanos han creado en gran medida.

Si cuestiones vitales como la asignación de recursos, las disposiciones del bienestar social, la distribución de la riqueza ya no son más tema de debate real dentro de las asambleas representativas, ¿por qué la sorpresa ante la alienación de los jóvenes de la política dominante o el inmenso desacuerdo con Obama y sus clones globales? Eso es lo que obliga a la gente a salir a las calles de más de noventa ciudades. Los políticos se negaron a aceptar que la crisis de 2008 tenía que ver con las políticas neoliberales que habían estado persiguiendo desde la década de 1980. Asumieron que podían seguir como si nada hubiera sucedido, pero los movimientos desde abajo han desafiado tal asunción. Las ocupaciones y las protestas de la calle contra el capitalismo son de alguna manera análogas a las Jacqueries (revueltas) campesinas de siglos anteriores. Condiciones inaceptables producen levantamientos, que son aplastados con frecuencia o decrecen por su propia voluntad. Lo que es importante es que a menudo son precursores de lo que aún está por venir si las condiciones siguen siendo las mismas. Ningún movimiento puede sobrevivir a menos que cree una estructura democrática permanente para mantener la continuidad política. Cuanto mayor sea el apoyo popular a esos movimientos mayor será la necesidad de alguna forma de organización.

El modelo de las rebeliones sudamericanas contra el neoliberalismo y sus instituciones globales nos dice mucho en este sentido. Las inmensas y exitosas luchas contra el FMI en Venezuela, contra la privatización del agua en Bolivia y contra la privatización de la electricidad en Perú, crearon la base de una nueva política que triunfó en las urnas en los dos primeros países, así como en Ecuador y Paraguay. Una vez elegidos, los nuevos gobiernos empezaron a poner en marcha las reformas sociales y económicas prometidas con diversos grados de éxito. El laborismo rechazó el consejo que el profesor HD Dickinson, en el New Statesman, le hizo al Partido Laborista en Gran Bretaña en 1958, pero que, sin embargo, los dirigentes bolivarianos aceptaron en Venezuela cuarenta años más tarde:

“Si el estado del bienestar ha de sobrevivir, el estado debe encontrar por sí mismo una fuente de ingresos, una fuente sobre la que tenga derechos por encima del receptor de beneficios. La única fuente que puedo ver es la de propiedad productiva. El estado debe poseer de una manera u otra una parte importante de la tierra y el capital del país. Esta puede que no sea una política popular: pero, a menos que se siga, la política de mejorar los servicios sociales, que sí es popular, devendrá imposible. No puedes socializar mucho tiempo los medios de consumo a menos que primero socialices los medios de producción.”

Los gobernantes del mundo verán en esas palabras poco más que una expresión de la utopía, pero se equivocan. Porque estas son las reformas estructurales realmente necesarias, no esas que está impulsando el aislado liderazgo del Pasok en Atenas. Si siguen por el camino que van no habrá más que privaciones, más desempleo y desastre social. Lo que se necesita es un vuelco completo precedido de la admisión pública de que el sistema de Wall Street no podía funcionar y no ha funcionado, por lo tanto hay que dejarlo atrás. Sus seguidores británicos, como todos los conversos, fueron más implacables y despiadados en su aceptación del mercado como único árbitro, respaldado por una maquinaria estatal neoliberal. Continuar por ese camino requerirá nuevos mecanismos de dominación que reducirán la democracia a poco más que un cascarón vacío. Los ocupantes son instintivamente conscientes de esto, por eso es por lo que hoy están dónde están. No puede decirse lo mismo sobre los políticos extremistas del centro.

Admiro profundamente a todos los jóvenes que ocupan plazas y calles en diferentes partes del planeta. Están desafiando a nuestros gobernantes con humor, brío y garbo. Pero no es fácil desplazar a los banqueros y políticos caraduras que dominan el mundo. Se necesita una década de lucha y organización para alcanzar unas pocas victorias. ¿Por qué no unirnos todos los que podamos tras un pliego de reivindicaciones –una “gran protesta” ante el parlamento que representa los intereses de los ricos- y marchar un millón o más para entregar la protesta en persona el próximo otoño. La ley (impuesta tras la Restauración de 1666) prohíbe las manifestaciones tumultuosas fuera del parlamento, pero nosotros podemos interpretar lo de “tumultuosas” tan bien como cualquier abogado.

Tariq Ali, es un escritor pakistaní, director de cine. Escribe habitualmente para The Guardian , Counterpunch , London Review of Books , Monthly Review , Z Magazine . Ali es, además, editor y asiduo colaborador de la revista New Left Review y de Sin Permiso, y es asesor del canal de televisión sudamericano Telesur. Su último libro, publicado por Verso, es The Obama Syndrome: Surrender at Home, War Abroad ’.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/10/31/the-spirit-of-the-age/

Leer Más......

Venezuela: JCV devela busto de la revolucionaria Livia Gouverneur en el Liceo Andrés Bello de Caracas

Tribuna Popular

Este martes fue develado en el liceo Andrés Bello, donde cursó estudios de bachiller en esta capital, el busto de la joven revolucionaria Livia Gouverneur, quien cayó en combate el 1º de noviembre de 1961, tras ser alcanzada por una bala disparada por cubanos batisteros refugiados en Venezuela y protegidos por Rómulo Betancourt.

“Este busto de Livia Gouverneur significa la lucha hacia la conquista definitiva de las reivindicaciones y derechos de los ciudadanos. Y, además, nos recuerda aquellos episodios tristes de la historia venezolana a la que no queremos regresar jamás”, expresó Héctor Alejo Rodríguez, Secretario General de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV), partido en el que también militaba la fallecida joven venezolana.

Rodríguez recordó que la muerte de Livia, de 20 años, estudiante de psicología de la Universidad Central de Venezuela (UCV, Caracas), se produjo cuando exilados batisteros dispararon contra un grupo de estudiantes universitarios que llevaban a cabo una manifestación de apoyo a la Revolución Cubana.

El hecho ocurrió a las 9:30 de la noche, cuando brigadas de estudiantes de la UCV protestaban por la presencia de los cubanos batisteros en la quinta La Hogareña, en Las Acacias.

Desde su llegada al país, traídos por Betancourt, los batisteros se habían dedicado a conspirar contra las organizaciones revolucionarias venezolanas y constituidos en bandas de provocadores. La protesta fue recibida a balazos desde la residencia de los exilados.

Los estudiantes condujeron el cadáver de Livia hasta la casa de sus padres, situada entre las esquinas de Centro y San Benito, en San José del Ávila.

Al día siguiente, millares de estudiantes se congregaron en el Aula Magna de la UCV y rindieron un emotivo homenaje a su memoria.

Su muerte originó protestas en varias ciudades del país, especialmente en aquellas donde funcionaban universidades, como Caracas, Valencia, Mérida y Maracaibo.

FESTIVAL NACIONAL "LIVIA GOUVERNEUR"

Continuando con las actividades programadas, este sábado 5 de noviembre se realizará en el Teatro Cantaclaro, sede del Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Festival Nacional "Livia Gouverneur". Momento en que los jóvenes de la Fundación Joven Guardia y la JCV, junto a otros colectivos rendirán un homenaje a la heroina venezolana.

Poesía, Ensayo, Exposiciones artística se verán en la jornada que se iniciará a las 9:00 Am hasta las 7 PM, a lo cual quedan todos invitados.

Leer Más......

España: En defensa de la universidad pública ¡más unidad, más lucha!

CJC

Con la agudización de la crisis capitalista, vemos como el capital, mediante sus apéndice políticos, económicos y represores, busca adjudicar de nuevo las consecuencias de esta a las clases obreras y populares, arrancando todo aquello que con años de lucha, sudor y lágrimas consiguieron nuestros padres.

Ingentes servicios públicos son privatizados, recortados o simplemente suprimidos, ya sea en sanidad ,educación ,transporte etc. De este modo condenan día a día a la clase obrera a una situación de desesperación en auge.

Sin duda, uno de los espacios claves donde se observa esta progresiva privatización y precarización es entorno de las universidades públicas, que como decíamos, si un día fueron un punto neurálgico de las reivindicaciones y victorias de la capas populares, hoy se encuentran heridas de muerto y casi desprotegidas ante la barbarie del capital.

Cuando observamos como son todavía de candentes los estigmas del Plan Bolonia, los despidos del personal de administración y servicios, de los profesores asociados, de los investigadores así como el aumento de las tasas, la venta y/o sesión de los espacios de la universidad a empresas privadas y un largo etcétera, nos damos cuenta de como día a día el estudiante se encuentra incapaz de proseguir con sus estudios (no digamos ya de conciliar la vida laboral con la estudiantil, pues si por un lado el índice de paro juvenil avanza día a día, por el otro la implantación de la EEES impide tal posibilidad). Por si no había suficiente, la formulación de la Estrategia Universidad 2015 y los sucesivos recortes impulsados por los partidos del capital nos traen a un futuro muy negrp si no nos movilizamos.

Es por eso que desde CJC-JCPC creemos que hay que impulsar el trabajo unitario en este sentido, sin unidad y coordinación efectivamente asistiremos más temprano que tarde al entierro de lo poco que quedaba de público en las universidades catalanas, y una de las herramientas que sin duda nos pueden ofrecer esta posibilidad es la PUDUP, de la cual saludamos y apoyamos la iniciativa de convocatoria de la huelga del 17 de noviembre, así como de sindicatos como CAU o CGT, de los sindicatos estudiantiles y los diversos comités de empresa que día a día se van sumando.

Es esencial en este sentido el trabajo de las asambleas, de los sindicatos, del profesorado, de los trabajadores que dependen directa o indirectamente de la universidad, en definitiva, de todos aquellos quienes día a día sufrimos la prostitución de la universidad pública, maltratada de nuevo y utilizada vilmente para pagar una deuda del cual nosotros no somos responsables.

Queremos observar que con la proximidad de las elecciones es bien probable que desde diferentes organizaciones políticas se pretenda de una manera u otra instrumentalizar esta huelga. Desde la juventud comunista, combativa y revolucionaria, creemos pero que ante esta ofensiva capitalista, es vital configurar un lazo de unidad infranqueable, más allá de divergencias políticas y/o programáticas, en defensa del patrimonio de todos y todas, de los que una y otra vez no nos arrodillamos.

Sólo la lucha organizada de los estudiantes, conjuntamente con los trabajadores y los demás sectores en lucha, podrá tejer un muro de resistencia contra las medidas antipopulares y los recortes del Estado burgués. Sólo desde la perspectiva del crecimiento y la acumulación de fuerzas de un gran movimiento organizado de los estudiantes en alianza con los trabajadores, con una proyección hacia la construcción del socialismo, puede garantizar el triunfo en esta batalla. El capitalismo está agotado, y sin margen de maniobra para la opción reformista y socialdemócrata. No se parará en su ataque hacia los derechos de los estudiantes y la privatización de la enseñanza pública si no se construye una fuerte resistencia popular que pase a la ofensiva y que cuestione de raíz el sistema capitalista planteando de forma clara la alternativa social a este y constituyendo un pilar más de las fuerzas revolucionarías que barrerán este sistema que tan sólo trae a la destrucción y la barbarie.

CAMINEMOS HACIA LA HUELGA UNIVERSITARIA!

TRABAJADORES Y ESTUDIANTES UNIDOS Y ADELANTE!

CJC-Joves Comunistes del Poble Català

Leer Más......

Nuevos datos sobre el control global empresarial corroboran el "Imperialismo" de Lenin

Deirdre Griswold La Haine

Los investigadores de Zurich, en Suiza, han utilizado una base de datos en una poderosa computadora para analizar cuáles son las compañías transnacionales que dominan la economía mundial. Sus hallazgos, llamados "La red de control corporativo global," aparecieron este verano en arxiv.org, un editor en línea de material científico.

Utilizando la información de la base de datos financieros ORBIS, que les proporcionó datos sobre los "37 millones de actores económicos, tanto de personas físicas como empresas situadas en 194 países, y aproximadamente 13 millones de enlaces de propiedad (relaciones de inversión)", el equipo de científicos de ETH Zurich dirigido por Stefania Vitali, utilizó un nuevo análisis matemático para desentrañar las estructuras de los vínculos entre las empresas transnacionales y sus filiales y entre ellas mismas.

¿El resultado? De este gran número de actores empresariales, en 2007 "no más de 147 empresas controlaban casi el 40 por ciento del valor monetario de todas las empresas transnacionales", escribió Rachel Ehrenberg en un artículo que resume las conclusiones del grupo. ("Financial world dominated by a few", 'El mundo financiero dominado por unos pocos', Science News, 24 de septiembre)

Los/as autores/as dicen que su trabajo es el primer intento realizado para trazar las múltiples conexiones entre las transnacionales, definidas como empresas que tienen al menos un 10 por ciento de su riqueza en más de un país. Ellos/as describen la estructura que surgió como una parecida a un "corbatín", con una gran cantidad de entidades corporativas en la periferia, pero un pequeño grupo en el centro controlando el flujo de la riqueza.

Aunque la economía capitalista mundial actual es mucho más grande y compleja que un siglo atrás, cuando V.I. Lenin escribió su precursor libro "Imperialismo", este intento por parte de los/as matemáticos para penetrar en el oscuro mundo de las empresas y el capital financiero confirma lo que el líder de la revolución rusa escribió en 1916.

Lenin mostró cómo incluso entonces los grandes bancos, compañías de seguros y otras instituciones financieras de Europa y Estados Unidos habían crecido dominando sobre todas las demás formas de capital. Él utilizó los datos disponibles entonces para demostrar que habían formado carteles gigantes que se dividían los mercados del mundo en "esferas de influencia".

Escrito durante la Primera Guerra Mundial, el libro expone lo que llevó a las naciones capitalistas a medio exterminarse en la lucha por obtener súper ganancias por todo el mundo. El mensaje era claro: la guerra y la explotación continuarán mientras exista el capitalismo. No hay un mensaje como éste en estos recientes hallazgos. Por el contrario, la investigación está dirigida a los gobiernos capitalistas y a las instituciones multinacionales los cuales los/as autores esperan que implementen mejores políticas.

Sin embargo, como este estudio llega en un momento en que el sistema capitalista está en una profunda crisis de sobreproducción que se está haciendo sentir en todo el mundo, disipa la teoría de que el capitalismo se ha convertido de alguna manera más democrático porque, por ejemplo, millones de personas tienen que depender de pensiones que invierten en fondos mutuos.

Como dice el movimiento Ocupar Wall Street, sólo un pequeño número de personas en el mundo realmente controla la riqueza. En realidad son mucho menos del 1 por ciento y se concentran en los países imperialistas.

Las 50 con más control en el mundo se muestran en una tabla al final del estudio. Veinticuatro de ellas son de los Estados Unidos. La mayoría de los nombres son poco conocidos: FMR Corp., el Capital Group y State Street están entre las más grandes. Pero detrás de estos nombres están muchas de las mismas familias conocidas de la clase dirigente que han escogido presidentes y secretarios de estado por generaciones para asegurarse que el gobierno de EE.UU. ponga sus intereses de clase antes que nada.

En el período reciente, esto ha significado apropiarse de billones de dólares en dinero de rescate del gobierno cuando los mercados falseaban, incluso mientras millones de trabajadores/as perdían sus puestos de trabajo y sus viviendas.

Lenin llamó al imperialismo la "fase superior del capitalismo". ¿Cuánto tiempo más se permitirá permanecer a un sistema tan inhumano?

www.workers.org

Leer Más......

  ©Template by Dicas Blogger.