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jueves, 13 de diciembre de 2012

México: “Reforma educativa”, farsa propagandística, como en todos los inicios de sexenio

Pedro Echeverría V. Rebelión 

1. El objetivo de la muy cacareada “reforma educativa”, anunciada ayer por el presidente Enrique Peña Nieto y aplaudida a rabiar por los presidentes del PRI, PAN y PRD, no es otro que seguir engañando a parte de la población que aún cree en bobadas sexenales. Los que conocemos bien todos los inicios de sexenio (por lo menos desde López Mateos en 1958) sabemos que son golpes publicitarios que sirven para llamar la atención de los distraídos. Es como tocar una campanita y luego decir: “ya llegué, háganme caso, soy su nuevo presidente”. Pero transformar la educación como dicen, sólo puede ser motivo de risa. Lo único que podrá hacer ese tipo de funcionarios como Emilio Chuayffet, es realizar algunos cambios superficiales, grandilocuentes, espectaculares, que impulsen la publicidad, entre ellos madrear a Esther Gordillo –la cacique magisterial- y colocar en su lugar a otro personaje igual.

2. Se afirmó que “una camarilla durante décadas, (por miedo no dicen que la encabeza Gordillo, tampoco que esta cacique ha contado desde hace 23 años con los apoyos de los gobiernos del PRI y el PAN) se fue apoderando, adueñando del sistema educativo nacional, e hizo de la enseñanza básica su botín y se constituyó en la traba principal para elevar la calidad de la enseñanza”. Denunciaron los políticos que (Esther Gordillo, sin nombrarla) ha retado al Estado mexicano, a gobiernos federales y estatales, en múltiples ocasiones, y se ha constituido también en obstáculo para el desarrollo democrático en general y del sindicalismo en particular. Se cuidan mucho, mueren de terror ante la posibilidad que la cacique Gordillo les saque sus “trapitos sol”, tal como lo hizo fructíferamente con Roberto Madrazo en 2005. 

3. Dicen los oportunistas políticos que buscan “rescatar la educación y ponerla en manos del Estado”. Hay que decirles a esos políticos que la educación –formalmente- no ha dejado de estar en manos del Estado; que otra cosa es que todos los gobiernos, por lo menos desde 1982, se la hayan estado entregando aceleradamente al sector privado que por cierto ya controla hoy más del 40 por ciento de la educación nacional. Pero ellos no están contra la privatización educativa porque todos son neoliberales privatizadores; cuando la demagogia del PRI, PAN, PRD, habla de arrebatar la educación a intereses personales está indicando el control sindical que mantiene Esther Gordillo desde 1989. Y en este campo, aunque Gordillo sea la peor cacique magisterial, en el asunto de la privatización no es tan perversa y entreguista como Peña y compañía. 4. Estoy seguro que la vejez y enfermedad de la Gordillo (la cacique magisterial), igual que la vejez y enfermedad de Chuayffet (el recién nombrado ministro de educación, SEP) les va a impedir “arreglar confrontaciones políticas del pasado”. Lo seguro es que Gordillo se brinque al ministro y se arregle con Peña. La Gordillo ha dicho varias veces que “lo que más odia es la ingenuidad” y que “no da paso sin huarache”, por ello lo más seguro es que llegue a acuerdos y firme el “pacto de unidad” que tanto interesa al presidente. La Gordillo podría confrontarse con Peña o Chuayffet como lo hizo con Madrazo siendo éste presidente del PRI y precandidato presidencial; pero sabe que también que Peña podría imponerle un “Quinazo” o un Jongitudnazo” como lo hizo Salinas al iniciar su mandato en 1988-89 y la Gordillo lo sabe muy bien porque fue parte. 5. La “tremenda reforma educativa” que se ha anunciado Peña con bombo y platillo, con el apoyo de los ultraoportunistas Madero del PAN y Zambrano del PRD, no tiene nada que ver con los contenidos de planes y programas educativos, ni mucho menos con los millones de niños que llegan a la escuela hambrientos de comida y en ayuno de los más elementales conocimientos. Se insiste que por recomendación internacional “la evaluación de maestros no se negociará ni estará sujeta más a "caprichos ni intereses particulares" y además en que será imposible diferirla. Ese parece ser el centro de “la reforma”, aunque ya la Gordillo había aceptado desde el sexenio pasado; quien siempre se opuso a la evaluación vía exámenes y comités, fue la CNTE que exigió un análisis profundo de la situación educativa y del magisterio para entender la evaluación. 6. Pero además los tontos políticos han agregado una soberana mentira: que “México tiene el mayor presupuesto (económico) del mundo en materia educativa y que a pesar de ello el país no ha podido superar sus debilidades y rezagos”. Mienten los políticos por ignorantes y manipuladores: México nunca ha invertido en educación el ocho por ciento del PIB en educación recomendado por la UNESCO para países en desarrollo. De acuerdo a las estadísticas la inversión ha sido del 3.9, del 4 o del 4.1 por ciento y sólo el tramposo y funesto presidente Fox señaló que su gobierno había invertido un 7 por ciento porque dijo que también hay que sumar las inversiones de los dueños de las escuelas particulares o privadas, porque siempre era educación. Entonces, ¿cuál es el mayor presupuesto del mundo? 7. Si bien el presupuesto no lo define todo, es importantísimo para aumentar los salarios de los profesores y de los investigadores; para mantener las escuelas y centros de investigación en buenas condiciones; para ayudar a millones de niños para que tengan un buen desayuno o comida. ¿Puede olvidarse que de ese presupuesto salen los enormes salarios –insultantes salarios- de los altos funcionarios de educación, así como las compensaciones y gastos en teléfonos, gasolina, rentas y de más? Así que no es verdad que México destina –ni nunca lo ha hecho- un gran presupuesto a la educación; es totalmente lo contrario: cada vez éste es más deficiente para que la educación pública se deteriore y se desprestigie más con el fin de beneficiar a la educación privada que enriquece a los negociantes de la educación que reparten dividendos con los gobernantes. (11/XII/12)

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lunes, 3 de diciembre de 2012

Policía mata a estudiante durante protesta en República Dominicana

Workers World 

Fue contra el aumento del impuesto de ventas y el proyecto de privatización de la escuela. Unos testigos dijeron que William Florián Ramírez, de 21 años de edad, sólo estaba observando la demostración el 8 de noviembre, cuando recibió un disparo en la espalda. La Universidad es la más grande del país, con 180.000 estudiantes.

La administración del presidente Daniel Medina está bajo fuego por actos de corrupción cometidos por su partido, el gobernante Partido de la Liberación Dominicana. Los críticos dicen que el déficit del presupuesto este año en la cantidad de $4,6 mil millones proviene en gran medida del robo generalizado de fondos públicos. Usando el déficit como excusa, el Gobierno ha aumentado el impuesto sobre la venta de un 16 a un 18 por ciento, poniendo la carga directamente en la clase trabajadora ya sumida en la pobreza. 

El impuesto se aplica a casi todos los productos, incluyendo alimentos y combustible. La protesta en el recinto universitario contra el aumento del impuesto fue sólo una de las muchas que tuvieron lugar por todo el país. Medina fue electo este mes de agosto, pero pertenece al mismo partido que la administración anterior. Los que le acusan dicen que gran parte del dinero robado por el partido gobernante fue utilizado para su elección. Los asesinatos de civiles por la policía son comunes aquí. Aproximadamente 400 personas al año son asesinadas por la policía, que rara vez, o más bien nunca es detenida y juzgada. Sin embargo, la indignación pública sobre este tiroteo fue tan grande, sobre todo en un momento en que el gobierno estaba a la defensiva por las acusaciones sobre corrupción, que Medina rápidamente hizo despedir y arrestar al policía. Otros policías que habían estado en la escena están “bajo investigación”. Incluso el jefe conservador del Senado pidió una “justicia rápida” contra el policía que mató al estudiante. El arresto del policía es muy raro y refleja el temor en los círculos gobernantes de que la desesperación creciente de las masas por las medidas económicas del nuevo Presidente, conducirá a mayores luchas. Durante la mayor parte de las décadas desde que los marines de EE.UU. invadieron por primera vez a la República Dominicana en 1916, gobiernos corruptos de derecha han gobernado aquí con la bendición de Washington. Un breve período de nacionalismo revolucionario a mediados de 1960 terminó con una segunda invasión de EE.UU. [y la OEA] en 1965.

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martes, 27 de noviembre de 2012

España: Campaña Estudiantil 2012/2013. Defender la educación pública: ¡Mas que una opción, una necesidad!

CJC 

 ¿Sabías que empresarios y banqueros son capaces de hacer prácticamente cualquier cosa con tal de recuperar las ganancias que han perdido con la crisis? ¡Privatización de servicios y actividades vinculadas a la enseñanza, 166 millones de euros menos en becas y endurecimiento de las condiciones de solicitud de las mismas, más horas lectivas por profesor, aulas masificadas, disparo del precio del material escolar por la subida del IVA, subidas en las tasas en diferentes niveles de educación en muchas regiones del Estado, jóvenes de clase trabajadora marchando de la Universidad por no poder pagársela, nuevos trabajadores docentes y no docentes que engrosarán las filas del desempleo…! Un verdadero drama humano generado por un sistema económico que muestra sus crisis por producir más de lo que la gente tiene la capacidad de consumir. Es evidente quienes perdemos con estas medidas pero, ¿adivinas quién sale ganando?

Desde los Colectivos de Jóvenes Comunistas no nos resignamos a sentarnos a ver cómo la juventud de clase obrera y extracción popular carga sobre sus espaldas las consecuencias del afán de ganancia de un puñado de oligarcas. En ese afán por combatir las diferentes medidas antiobreras y antipopulares emanadas del gobierno de España y la Unión Europea, ambas al servicio de la clase de los explotadores, lanzamos esta campaña que se marca tres objetivos clave: Señalar la miseria a la que el capitalismo en crisis somete a la juventud trabajadora y de extracción popular; explicar las verdaderas razones de estas medidas y de esta crisis enraizadas en el funcionamiento de la producción capitalista; y organizar a la juventud estudiantil trabajadora en los diferentes centros de estudio para que organicen la resistencia contra los ataques contra la Educación Pública y transformen la misma en una lucha ofensiva por la construcción de un sistema que garantice una educación gratuita al servicio de la clase obrera y el pueblo.

Defender la educación pública se convierte entonces no en una opción, sino en una necesidad inevitable por parte de la juventud obrera y de extracción popular. La caducidad del sistema económico capitalista y el carácter reaccionario de los empresarios y banqueros se demuestra no sólo con la crisis económica sino con las diferentes vías que emplean para intentar salir de ella alargando como buenamente puedan la vida de su Capitalismo. La privatización de los servicios públicos para obtener nuevos mercados acompañado de los diferentes recortes en servicios públicos o el aumento de la explotación de las y los trabajadores para frenar y recuperar la caída de su ganancia son sólo algunas de las manifestaciones de las vías siempre reaccionarias para mantener con vida a un sistema que se muere.

Ante los ataques a la educación pública nosotros lo tenemos claro: Crear las bases de una organización estudiantil sólida que permita consolidar una dinámica de movilización sostenida y que sea capaz de vincular sus luchas parciales en una lucha general con el resto de la clase obrera y las capas populares de diferentes sectores bajo la unidad expresada en un gran Frente Obrero y Popular por el Socialismo.

Frente a las medidas antiobreras y antipopulares, ¡organización y lucha estudiantil! 

 ¡Por una educación pública y gratuita al servicio de la clase obrera!

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lunes, 12 de marzo de 2012

La educación superior bajo ataque

Immanuel Wallerstein La Jornada

Durante mucho tiempo hubo sólo unas cuantas universidades en el mundo. El cuerpo estudiantil total en estas instituciones era muy reducido. Este pequeño grupo de estudiantes provenía en gran medida de las clases altas. Asistir a la universidad confería gran prestigio y reflejaba un gran privilegio.

El panorama comenzó a cambiar radicalmente después de 1945. El número de universidades comenzó a expandirse considerablemente, y el porcentaje de personas en el rango de edad que asistía a las universidades comenzó a crecer. Es más, esto no fue meramente una expansión en aquellos países que ya tenían universidades notables. En un gran número de países que no habían tenido instituciones o no tenían ninguna antes de 1945 se impulsó la educación universitaria. La educación superior se hizo mundial.

La presión para expandirse vino de arriba y de abajo. Desde arriba, los gobiernos sintieron una importante necesidad de contar con graduados universitarios que garantizaran su posibilidad de competir en las tecnologías más complejas requeridas en la explosiva expansión de la economía-mundo. Y desde abajo, grandes cantidades de los estratos medios y aun de los estratos más bajos de las poblaciones del mundo insistieron en que debían tener acceso a la educación superior para mejorar considerablemente sus perspectivas económicas y sociales.

La expansión de las universidades, que fue notable en tamaño, fue posible por la enorme expansión ascendente de la economía-mundo después de 1945, la más grande en la historia del moderno sistema-mundo. Hubo mucho dinero disponible para las universidades y estaban felices de poder utilizarlo.

Por supuesto, esto cambió en alguna medida los sistemas universitarios. Las universidades individuales se hicieron más grandes y comenzaron a perder la cualidad de intimidad que proporcionaban las estructuras más pequeñas. La composición de clase del cuerpo estudiantil, y luego la del profesorado, evolucionó. En muchos países la expansión no sólo significó una reducción en el monopolio de personas de los niveles más altos, como estudiantes, profesores y administradores, sino que con frecuencia significó que los grupos minoritarios y las mujeres comenzaran a tener un acceso más vasto, que antes se les había negado total o, por lo menos, parcialmente.

Este retrato rosa comenzó a tener dificultades alrededor de la década de 1970. Por un lado, la economía-mundo entró en un prolongado estancamiento. Y poco a poco, la cantidad de dinero que recibían las universidades, en gran proporción de los estados, comenzó a disminuir. Al mismo tiempo, los costos de la educación universitaria comenzaron a crecer, y las presiones de abajo para que la expansión fuera continua crecieron con mayor fuerza aún. Desde entonces la historia es la de dos curvas que van en direcciones opuestas –menos dinero y mayores gastos.

Para el momento en que arribamos al siglo 21, esta situación se tornó dificultosa. ¿Cómo se las arreglaban las universidades? Una forma importante fue lo que ha llegado a llamarse privatización. Casi todas las universidades anteriores a 1945, e incluso antes de 1970, eran instituciones del Estado. La única excepción significativa era Estados Unidos, que contaba con un gran número de instituciones no estatales, la mayoría de las cuales evolucionaron a partir de instituciones de base religiosa. Pero aun en estas instituciones privadas estadunidenses, las universidades se manejaban con estructuras no lucrativas.

Lo que la privatización comenzó a significar por todo el mundo fueron varias cosas: una, comenzó a haber instituciones de educación superior que se establecieron como negocios con fines de lucro; dos, las instituciones públicas comenzaron a buscar y a obtener dinero de donantes corporativos, que comenzaron a entrometerse en la gobernanza interna de las universidades; y tres, las universidades comenzaron a buscar patentes para los trabajos en que los investigadores de la universidad habían descubierto o inventado algo, y como tal entraron a ser operadores en la economía, es decir, se volvieron parte del negocio.

En una situación en que el dinero era escaso, o al menos parecía escaso, las universidades comenzaron a transformarse a sí mismas en instituciones parecidas a negocios. Esto puede entenderse en dos formas importantes: los más altos puestos administrativos en las universidades y sus facultades, que tradicionalmente ocupaban los académicos, comenzaron a ser ocupados por personas cuya formación era la administración y no la vida universitaria y aunque ellos conseguían el dinero, también comenzaron a fijar los criterios para asignarlo.

Comenzó a haber evaluaciones de universidades completas y de departamentos dentro de las universidades en términos de sus productos, en relación con el dinero invertido. Esto podía medirse en cuántos estudiantes deseaban emprender estudios particulares, o en qué tan reconocida era la producción de investigación de ciertas universidades o departamentos. La vida intelectual comenzó a ser juzgada con criterios seudomercantiles. Aun el reclutamiento de los estudiantes se midió en términos de cuánto dinero entraba mediante los métodos alternos de reclutamiento.

Por si esto fuera poco, las universidades comenzaron a sufrir los ataques de una corriente de extrema derecha antintelectual que veía las universidades como instituciones laicas y anti-religiosas. La universidad como institución crítica –crítica de los grupos dominantes y de las ideologías dominantes– siempre ha enfrentado la renuencia y la represión de los estados y las elites. Pero sus poderes de supervivencia siempre estuvieron basados en su relativa autonomía financiera basada en el costo real de operación. Esto era la universidad de ayer, no la de hoy ni la de mañana.

Uno puede describir esto simplemente como otro ejemplo más del caos global en el que estamos viviendo. Excepto que se suponía que las universidades jugaran el papel de ser un locus importante (por supuesto no el único) de análisis de las realidades de nuestro sistema-mundo. Son estos análisis los que pueden hacer posible navegar en la caótica transición hacia un nuevo orden mundial, que esperamos sea mejor. Al momento, los disturbios al interior parecen no ser más fáciles de resolver que los disturbios en la economía-mundo. Y se le presta mucho menos atención.

Fuente: www.jornada.unam.mx/2012/03/10/index.php?section=opinion&article=022a1mun


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viernes, 20 de enero de 2012

Expulsan a tres mil estudiantes y cesan a cientos de maestros tras protestas en Chile


AVN.- El presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, denunció este martes la expulsión de tres mil estudiantes de sus colegios y la cesantía impuesta a cientos de maestros por participar en movilizaciones en rechazo al modelo educacional impuesto por el gobierno del presidente Sebastián Piñera.

De acuerdo con una nota de Prensa Latina, Gajardo señaló que hay magistrados que realizan una verdadera operación castigo contra los alumnos y docentes que apoyaron al Movimiento Social por la Educación Pública y Gratuita.

“Tenemos conocimiento de que este tipo de decisiones obedecen a órdenes emanadas directamente por los alcaldes y son operadas a través de los directores de establecimientos”, subrayó una misiva enviada por el gremio magisterial al ministro de Educación, Harald Beyer, refirió el reporte.

Además de las cancelaciones de matrículas de alumnos que escenificaron protestas en las calles de Chile, “hay una política de despidos masivos a docentes y otras arbitrariedades en cuanto al pago salarial, situación que afecta en particular a unos cuatro mil profesores, denunció Gajardo.

Asimismo, el líder gremial reflexionó que lo que está ocurriendo demuestra cada vez más la necesidad de erradicar el lucro en el sistema de enseñanza en Chile. “El lucro trae consecuencias nefastas”, enfatizó.

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jueves, 12 de enero de 2012

La calidad educativa una noción neoliberal propia del darwinismo pedagógico

Renan Vega Cantor Rebelión

“El discurso de la calidad en educación funciona como una ‘práctica discursiva’, al tiempo que contribuye a dar credibilidad y legitimación a las nuevas acciones que declaren retóricamente pretender incrementarla. ‘Calidad’ se convierte… en un término ‘fetiche’ que permite dar un ‘barniz’ de excelencia a las prácticas cobijadas. ‘Calidad’… tiene el don de la ubicuidad: la podemos colocar ante los más diversos objetos, acciones, o productos; al tiempo que entenderla de múltiples formas (resultados, innovación, valores intrínsecos, satisfacción del cliente, etc.)”.

Antonio Bolívar, La educación no es un mercado. Crítica de la “gestión de calidad total”, en Aula de la Innovación Educativa, Nos 83-84, julio-agosto de 1999, p.80.

Entre los cambios que han afectado a la educación en las últimas décadas sobresale la imposición de una nueva lógica, propia de la empresa privada, que ha venido acompañada de la implantación de un nuevo lenguaje, importado en gran medida del ámbito gerencial. Entre algunos de los términos que han hecho carrera en el mundo educativo se encuentran privatización, competencias, medición de resultados, rendimiento de cuentas, competitividad, eficiencia, eficacia, estándares, acreditación y calidad, ligados a otros más generales como los de “sociedad del conocimiento” o “era de la información”.

Entre estos vocablos sobresale el de calidad educativa, una de las muletillas más socorridas del discurso neoliberal en todo el mundo y, por supuesto, no lo podía dejar de ser en Colombia, donde esa retórica ha penetrado en todas los niveles del sistema educativo, incluyendo a la universidad pública.

Lo preocupante estriba en que al mismo tiempo que gran parte de los críticos del neoliberalismo pedagógico rechazan con firmeza la privatización y mercantilización de la educación y la nueva lengua franca que se impuesto, ellos mismos aceptan sin ninguna distancia crítica la noción de calidad de la educación, como si este término se pudiera aislar del resto del proyecto neoliberal, y fuera posible y deseable incorporado a una propuesta de defensa de la educación pública.

En este artículo se pretende demostrar que un proyecto de educación crítico e integral, no puede asumir el término de calidad educativa ni, por supuesto, su contenido, porque éste forma parte del darwinismo pedagógico que se ha impuesto en las últimas décadas y que ha arrasado con los sistemas públicos de educación en todo el planeta.

Esta crítica a la noción neoliberal de calidad educativa se hace a partir de la premisa que “ha llegado el momento de comenzar a pensar en utilizar otros conceptos para referirnos a propuestas de política educacional que tengan como objetivo promover una educación que considera al ser humano como una totalidad que debe interactuar con la sociedad de forma consciente y no como quien está llamado a concretar un legado natural” [i] .

GENESIS DEL TERMINO CALIDAD EDUCATIVA

El término calidad educativa ha sido tomado del ámbito empresarial, en el cual se acuñó hace algunas décadas la noción de calidad total. En un principio, calidad se utilizaba para referirse a un producto material, por ejemplo un enchufe, un martillo o una herramienta, para decir, por ejemplo, que ese destornillador era de buena calidad. Esa denominación se usaba para catalogar a objetos materiales, pero desde la década de 1980 el vocablo se hizo extensivo, vía neoliberalismo, a los “servicios públicos” en el que se incluyó a la educación.

Es bueno recordar que en 1966 se uso por primera vez en la literatura especializada el término de calidad educativa cuando el economista Charles Beevy escribió el libro La calidad de la educación en los países en desarrollo. En 1968, Philips Cooms, un experto de la UNESCO, en su libro La crisis mundial de la educación retoma la misma noción de calidad educativa con el sentido que ahora se le da. Pero solamente hasta 1983 en los Estados Unidos, cuando se publicó el Informe de la Comisión Nacional de Excelencia en Educación (conocido como Una nación en riesgo), se habla directamente de “calidad educativa” como un lineamiento de política por parte de un Estado [ii] . Esta comisión se propuso estos objetivos: evaluar la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje en las escuelas, colleges y universidades; comparar esas escuelas y colleges con los de otras naciones industrializadas; “estudiar las vinculaciones existentes entre los requerimientos para la admisión de los estudiantes de ‘High School” y universidades y el desempeño académico de quienes se gradúan”; identificas aquellos programas educativos que hayan generado éxitos notorios en los colleges; evaluar la forma como los cambios sociales que se habían presentado en los Estados Unidos en los 25 años anteriores habían afectado el desempeño de los estudiantes; y definir con claridad los problemas a enfrentar y superarlos con decisión en busca de la excelencia educativa [iii] . De ahí en adelante el término de “calidad educativa” se introdujo en la jerga oficial, e incluso entre sectores críticos, hasta convertirse hoy en un lugar común, cuando ningún gran pedagogo y educador ha utilizado tal término, que ha sido extraño a la reflexión sobre las grandes cuestiones de la educación.

Al introducir la noción de calidad en la educación también se están involucrando aspectos coetáneos, propios del mundo empresarial, a los sistemas educativos, tales como el control de calidad, mejoramiento de calidad, aseguramiento de la calidad. Con todas estas denominaciones tecnocráticas se está diciendo que la educación debe considerarse como una empresa, que produce mercancías, y esas mercancías deben estar sujetas a procesos de control que apunten a generar mejores resultados, que pueden ser cuantificados y estandarizados. En concordancia, se establecen mecanismos y organizaciones externas a las escuelas y universidades que se encargan de certificar y de acreditar que una institución es de “calidad”, y a las mismas se les concede el rotulo que las califica como de “alta calidad”.

Como la calidad total proviene del mundo de la gerencia, a la educación se le atribuyen los mismos atributos que se le exigen a cualquier empresa: eficiencia, rendimiento, productividad incrementada a bajo costo, satisfacción de los clientes, competitividad, eficacia, innovación, rentabilidad, éxito y excelencia… Además, se supone que alcanzar todas esas metas debe ser una responsabilidad del centro educativo, de sus directivos y profesores, todos los cuales deben ofrecer una mercancía de calidad, en abierta competencia con todos los otros centros educativos, para satisfacer los gustos de los clientes. Examinemos con más cuidado algunos de estos componentes del vocablo neoliberal de “calidad educativa”.


LAS TRAMPAS DE LA CALIDAD DE LA EDUCACION


Cuando se abusa tanto de un vocablo como el de calidad de la educación se imponen una serie de trampas terminológicas, intrínsecas y extrínsecas, cuya finalidad radica en presentar unas determinadas políticas y decisiones educativas como si fueran naturales, un resultado de fuerzas irreversibles, ligadas al mercado, un eufemismo para no nombrar al capitalismo. En ese sentido, la calidad educativa aparece como un término normal, indiscutible y que todos debemos aceptar. Sin embargo, si se examina con cuidado, lo que se imponen son unas trampas ideológicas, unas seudo verdades de sentido común, que no resisten el más mínimo análisis [iv] .

Trampas intrínsecas

Una primera trampa intrínseca es la relativa al papel decisivo del cliente en la definición de calidad educativa. Al respecto se pregona que la calidad está relacionada con lo que se entiende por rendimiento académico, o sea, algo que puede ser mensurado en forma objetiva y cuantitativa por parte de los clientes, a los que se les presenta un listado de las instituciones más exitosas, y éstos, finalmente, seleccionan donde deben estudiar sus hijos. En concordancia, se estipula que éstos son los que al estar satisfechos con el producto que se les vende dictaminan la calidad de la educación. Si los padres de familia, influidos por su posición de clase, sus ingresos económicos, la publicidad favorable a la educación privada y mercantil, consideran que es una mala escuela aquella que pretende formar integralmente a sus hijos, ofreciéndoles, por ejemplo, cursos de ciencias sociales y humanidades, porque creen que educación de calidad debe enseñar economía, gerencia, finanzas y marketing, pues serán ellos los que con sus pagos incidirán en lo que deben enseñar o no las instituciones educativas. De esta forma, se impone la noción de calidad como satisfacción de los clientes, de los padres. Si el cliente no está satisfecho la educación es de mala calidad, si lo está es de buena calidad. En esta perspectiva, la calidad no se refiere al producto mismo, sino “a una sensación de satisfacción subjetiva de las personas que demandan el producto en cuestión, en este caso la educación. Si uno no está contento con el producto lo que tiene que hacer es dejar ese centro docente y comprar, elegir, otro” [v] .

En otros términos, los contenidos de los programas los dictan los clientes y no las instituciones educativas, como lo reconoció con poca vergüenza el Ministerio de Educación y Cultura de España: “El cliente es el arbitro final de la calidad del servicio que se presta. Un centro educativo público ha de conocer quiénes son sus clientes, cuáles son sus expectativas razonables, cuales son sus opiniones y cuáles son sus deseos sobre cómo ha de recibir el servicio. La satisfacción del cliente también se puede medir y analizar” [vi] .

Una segunda trampa intrínseca está referida a la abusiva simplificación de la noción ideológica de calidad de la educación, entendida como rendimiento y productividad, a partir del cual se instauran ciertas evaluaciones para medir la calidad, evaluaciones en las que no se tienen en cuenta las labores intelectuales más ricas y complejas (como analizar, comprender, comparar…), sino en las que se recurre a unos registros cuantitativos para medir habilidades, destrezas y competencias. El término de calidad educativa finalmente apunta a construir un mercado educativo competitivo, en el cual se premio a los exitosos y se castigue a los perdedores, a los que se les amenaza con hacerlos desaparecer, de acuerdo a sus pobres rendimientos. En esta dirección, en el mundo escolar se libra una batalla entre competidores en un estilo propio del darwinismo pedagógico, que postula un mercado educativo en el que compiten entre sí diferentes depredadores educativos, y a la larga sobreviven los mejores, los más aptos, que son aquellos que han recibido una mejor adaptación competitiva, la cual solo la puede proporcionar la calidad educativa.

En este sentido, la evaluación de los centros educativos mide la calidad educativa, en función de los resultados, y a partir de allí se establece un ranking público, cuya finalidad es orientar a los padres. Al mismo tiempo, la medición cuantitativa de rendimiento le proporciona información al Estado con el objetivo fiscal de racionalizar el gasto público y destinar los recursos a quienes, según esa lógica economicista, lo merezcan por sus resultados. En este caso, la noción de calidad educativa se pretende de índole objetiva, como medición del rendimiento académico que permite clasificar los colegios y universidades, como se hace en cualquier competencia deportiva.

Una tercera trampa intrínseca es la de confundir la calidad con las condiciones de calidad, dando por sentado que la primera está determinada por las instalaciones, los materiales de que se dispone, los medios didácticos que se tienen y las NTIC, como si todo eso de manera automática generara una mejor educación. En este caso, la llamada calidad de la educación termina materializándose en una marca educativa, lo cual quiere decir que, de manera apriorística, por la propaganda, la publicidad, el arrivismo social y otros aspectos, un colegio x, o una universidad y, son de calidad porque venden una marca, una marca que se concreta en el titulo que venden, y con el que se supone que se garantiza un empleo seguro y bien pago. Esa marca es acogida de manera positiva por toda la sociedad, porque por sí misma abre puertas, sin que se cuestione si efectivamente esa marca se equipara con una educación sería y rigurosa. Eso poco valor tiene, porque lo que se trata es de imponer un cierto prestigio, un nombre, a partir del cual se deriva de forma automática que quienes tienen ese marca educativa han sido formados en una educación de calidad. En suma, la calidad se entiende como aquella que es pertinente y lo es porque genera competencias que permiten insertar al individuo de manera acrítica en el medio social y sobre todo en el mundo laboral. Se considera que una educación de calidad es la que posibilita que el individuo tenga éxito laboral.

Otra trampa intrínseca es la de la distorsión, porque no existen apreciaciones ni sociales ni éticas para juzgar a las escuelas, estudiantes y profesores, sino puras y simples mediciones de rendimiento, como expresión de una pretendida calidad educativa, en los que no se consideran los contextos ni los condicionamientos sociales y, donde desde luego, no se tienen en cuenta las desigualdades de clase que están en la base de las diferencias que se expresan en el tipo de educación que reciben las diversas clases sociales, lo cual no está relacionado con la educación sino con la estructura socio económica. En el mismo sentido, el discurso de la calidad se impone como una prédica moralista de tipo autoritario, porque recurre a la responsabilidad de los sujetos educativos como culpables del fracaso de las escuelas, con la finalidad de inducirlos a aumentar su productividad y de presionarlos para que consigan más clientes.

Aunque existan diferentes discursos sobre la calidad en educación, en su “conjunto son discursos como mínimo desgajados de los intereses y problemas de las propias comunidades educativas, que pretenden imponerse desde las instancias burocráticas, universitarias, políticas y económicas como paradigma para conducir a las escuelas al bello objetivo de ser eficaces”. Esto, sin embargo, “no deja de ser una ideología metafísica e intrínsecamente conservadora” porque pretende “mejorar las cosas independientemente de las condiciones socioeconómicas y culturales en las que surgen la mayoría de los problemas que existen en la educación”. [vii]

Una última trampa intrínseca que consideramos es la de la tecnificación, tan cara a los tecnócratas neoliberales. En concreto se utilizan instrumentos técnicos para dar la impresión que se están realizando de manera científica y objetiva las evaluaciones que miden tanto el rendimiento de los alumnos como el grado de aceptación de los padres. Se supone que al cuantificar estas evaluaciones, los resultados son precisos, rigurosos e incuestionables, como si la compleja realidad del mundo educativo pudiera ser reducida a simples números y cifras. Recurriendo a este tipo de mecanismos cuantitativos se apabulla literalmente a la gente, para convencerla que con indicadores de calidad están resueltos y clarificados los problemas de decisión, para que cada familia escoja con precisión y, sin duda alguna, a donde va a matricular a sus hijos, porque con los indicadores se les garantiza, de antemano, el éxito laboral y la dicha eterna.

Al mismo tiempo, otro elemento tecnocrático que se impone a la hora de exaltar la calidad de una determinada institución educativa es el presumir de la cantidad de artefactos tecnológicos que posee, con lo que se refieren al número de computadores y de otros dispositivos electrónicos e informáticos por estudiante, suposición que lleva a creer que los aparatos por sí solos son garantía de una mejor educación. Disponer de artefactos sin tener en cuenta otros aspectos, como el tipo de vinculación y contratación de los profesores, no es garantía de que se esté proporcionando una mejor educación, por la sencilla razón que la tecnología en la educación es un simple medio y no un fin. Cuando se le convierte en un fin, como sucede con gran parte de la educación virtual, los resultados resultan siendo pavorosamente negativos, como se demuestra en los Estados Unidos con la Universidad de Phoenix, que paso de 50 mil estudiantes en 1995 a unos 450 mil en 2010, sin ampliación del campus, ni contratación de nuevos docentes de planta, ni creación de nuevas bibliotecas, pero sin con un aumento notable de los costos educativos.

Trampas extrínsecas

Entre las trampas extrínsecas se encuentran las comparaciones arbitrarias y abusivas, como por ejemplo, en abstracto, asimilar como si se pudieran juzgar con los mismos parámetros las labores de un profesor en una universidad o de un colegio de los Estados Unidos y de otro en Colombia, como si no existiesen diferencias contextuales de todo tipo en los dos casos. O comparar para clasificar universidades, a partir del criterio de productividad, lo cual es muy riesgoso por que no se tienen en cuenta las diversas realidades sociales y culturales que inciden en el resultado, y que en sentido estricto no pueden ser comparadas. Estas discutibles comparaciones vienen acompañadas, además, de una abierta manipulación de los datos, con la finalidad de favorecer a los poderosos y perjudicar a los pobres, es decir, refuerzan la injusticia y la desigualdad. Puede asegurarse que al manipular información para discriminar escuelas y estudiantes se está generalizando la perversión de los mecanismos de análisis, al juzgar de manera arbitraria y clasificar entre escuelas de buena y de mala calidad, entre instituciones mejor o peor referenciadas, y en justificar que, de acuerdo al rendimiento y posicionamiento, se debe apoyar a las instituciones de calidad y dejar morir o matar a las que no ofrecen calidad.

Otra de las trampas extrínsecas es la de suponer que la calidad está determinada por el tipo de institución, que lleva a presumir de manera apresurada que lo privado es superior (de más calidad) que lo público, lo cual más que una constatación es un prejuicio, que refuerza la lógica de la soberanía del consumidor, que decide qué es y qué no es de calidad. Este es uno de los objetivos centrales de la introducción de la noción de calidad educativa con la que se pretende homogenizar la educación, mediante la imposición de estándares similares, y subordinar las instituciones públicas a la lógica gerencial y mercantil que rige a las instituciones privadas.

Al examinar todas estas trampas, se evidencia que en el término calidad educativa se ha impuesto la mirada empresarial que enfatiza en la relación costo-beneficio, y se encadena con las ideas derivadas de eficiencia y eficacia. En estas condiciones, por educación de calidad se entiende la que es más costosa, la ofrecen las escuelas con mejor marca y genera un mayor prestigio social. De la misma manera, se supone que es de mejor calidad educativa una institución que puede atender un mayor número de estudiantes con menos profesores, porque eso aumenta la productividad y ahorra recursos, con lo que se define la eficiencia de manera lacónica: hacer más con menos. Mientras que la eficacia hace referencia a la efectividad en alcanzar los resultados establecidos, no importa si eso finalmente comprueba una mejor formación, lo decisivo radica en que se cumplan esos objetivos: menores índices de deserción, calificaciones más altas en los exámenes, mejores resultados en los concursos… Es decir, la eficacia puede operar como una forma extrema de simulación, como sucede con la farsa de las publicaciones “científicas” en Colombia, en la que se supone que el solo hecho de que una revista esté indexada y reconocida por COLCIENCIAS ya indica que en materia de investigación la institución que publica esa revista ya es eficaz, no importa desde luego si los escritos son buenos o malos, o si tienen algún efecto social o no, si son leídos o no, lo que interesa es que se publique, como muestra de eficacia [viii] .

En pocas palabras, cuando se habla de calidad educativa se está privilegiando la “soberanía del consumidor” y la venta de un bien mercantil, abandonando la idea que la educación es un proceso que debería contribuir a la formación integral de los individuos como miembros activos y críticos de una sociedad determinada. No podía tener un significado diferente el término de calidad educativa, si recordamos que ha sido impulsado por el Banco Mundial, la UNESCO e instituciones semejantes, para quien la educación de calidad simplemente mide el grado de adaptación de una sociedad determinada a la mal llamada “sociedad del conocimiento”, un eufemismo para referirse al capitalismo neoliberal de nuestro tiempo. En este contexto, la calidad de la educación es una noción que forma parte consustancial del pensamiento hegemónico en las sociedades capitalistas. Por ello “la propuesta de una ‘educación de calidad’ se convierte en un elemento vinculado de forma directa a las prácticas y a las condiciones de existencia de ciertos grupos o clases sociales, mientras se convierte en un referente ambiguo, impreciso y confuso cuando se le vincula con la educación que se ofrece para las mayorías sociales” [ix] .

El término excelencia educativa está en consonancia con el de calidad y ha sido usado en el mismo sentido, para referirse a una institución en la que desaparece el conocimiento, se privilegia el manejo de información y lo que se enseña a los estudiantes esté determinado por los intereses y necesidades de los empleadores. Una institución de excelencia es simplemente una empresa educativa, en la que prima la eficiencia y la productividad para beneficios de los capitalistas del sector [x] . Por esto, no tiene ningún sentido suponer que la noción de excelencia educativa puede ser un sustituto de calidad educativa y puede ser reivindicado por una pedagogía crítica. De ninguna manera, porque los dos términos están emparentados, forman parte del mismo proyecto mercantil y privatizador de la educación pública y ambos están inmersos en el proyecto de convertir a al educación en un negocio signado por la búsqueda insaciable de obtener ganancias económicas que beneficien a los “señores de la educación”. El problema esencial de estos términos, propios de la lengua neoliberal que ha colonizado la educación radica en que “detrás del frió lenguaje tecnocrático y la impersonalidad de las cifras no hay historia, no se percibe una pizca de cultura, algo que permita entender que clase de país es éste, por qué y cómo llegó a donde está, cómo es su gente, su juventud, sus maestros…, que piensa la gente sobre la educación que tiene, que clase de educación querría tener” [xi] .

LA CALIDAD GENERA UNA VERDADERA CAL(AM)IDAD EDUCATIVA

De manera sintética puede señalarse que el discurso sobre la calidad educativa tiene dos finalidades expresas: de un lado, ocultar los problemas centrales, estructurales, de la educación, relacionados con su financiación y cubrirlos con el velo ideológico de la eficacia y eficiencia del sistema educativo, como si esto dependiera de sí mismo; de otro lado, individualiza los problemas generales de la educación, responsabilizando al profesorado y a la organización interna de las instituciones del buen o mal funcionamiento de las mismas. En esa perspectiva, se hacen a un lado los verdaderos problemas y las responsabilidades del Estado: “De este modo, la cuestión ya no es de contar con mejores centros con edificios decentes, bien dotados de todo el profesorado y de apoyo necesario; no, no..., la calidad depende ahora del funcionamiento del propio centro, y de su capacidad para ganarse clientes”. En contravía, “en lugar de ‘calidad de la educación’, debemos recuperar la idea de tener ‘buenas escuelas para todos’” [xii] .

La búsqueda insaciable de una educación de calidad ha producido, en todos los lugares donde se ha aplicado, los mismos resultados nefastos, porque ha generado una verdadera cal(am)idad académica, por doquier. Esto se evidencia de múltiples maneras, que, por cuestión de espacio, solamente enumeramos en este artículo. En aras de la calidad, se ha reducido el presupuesto público de las instituciones educativas, las cuales dedican sus principales energías no ha dedicarse a su labor misional, sino que andan detrás de cuanto recurso económico se mueva por el entorno, con el fin de completar presupuesto. En estas condiciones, el personal de planta de las instituciones universitarias, por ejemplo, ya no se dedica a enseñar ni a investigar sobre problemas acuciantes de la sociedad y la educación sino que se han convertido en expertos y consultores que se mueven raudamente en el estrecho mar de los recursos del capital privado.

La calidad ha significado el crecimiento de la cobertura de manera arbitraria y unilateral, lo cual se enmascara con el pretexto de hacer más eficientes las escuelas, y para ello, aplicando a rajatabla los criterios tecnocráticos del Banco Mundial, en cada aula de clase deben estar 50 o más estudiantes conducidos por el mismo profesor. Por eso, en nuestras escuelas y universidades predomina el hacinamiento.

Con el argumento de mejorar la calidad, las escuelas y universidades públicas han sido literalmente demolidas, porque sus instalaciones se caen a pedazos y se estudia y trabaja en condiciones indignas, como lo puede notar cualquiera que se mueva en el ámbito de la educación pública. Así mismo, tras el velo ideológico de la calidad educativa, los Estados y los gobiernos locales le conceden el manejo de las nuevas escuelas –financiadas y construidas con dineros públicos- a capitalistas privados para que los administren durante décadas, a cambio de lo cual les transfieren recursos del tesoro público, bajo el supuesto que así se mejora la calidad porque se supone que lo privado es superior y mejor que lo público.

Con el cuento de la calidad educativa se ha precarizado el trabajo de docentes y del personal administrativo de las escuelas, y se han hecho normales las condiciones indignas de trabajo, con jornadas interminables, vinculaciones temporales y contratos basura. Además, todas las labores administrativas se han terceriazado, por lo que las instituciones ya no cuentan con personal propio y permanente de mantenimiento, en actividades indispensables como las que desempeñan las secretarias, e incluso los propios rectores ya no son pedagogos sino administradores de empresas o economistas.

Con el sofisma de la calidad educativa se han ido modificando los programas académicos y los curriculums, así como los contenidos de las asignaturas, para introducir las competencias laborales y empresariales, dictadas por los intereses inmediatos de la rentabilidad de las inversiones educativos y del empleo de los que estudian, pero un empleo de baja calidad, con malos salarios y sin ningún derecho. Por ello, los colegios y universidades se parecen cada vez más al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) de hoy, porque ya no hay ninguna formación integral sino que se imparten simples adiestramientos para ocupaciones mal remuneradas, propias del capitalismo maquilero que se ha impuesto en nuestro medio.

En persecución obstinada y delirante de la calidad educativa, junto con la muletilla de la innovación que la acompaña como rémora, se pretende que los problemas estructurales de los sistemas educativos sean solucionados con la simple introducción de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTCI) y el impulso de la “educación virtual”, que en Colombia produce verdaderos atracos contra los estudiantes, como se muestra con la Universidad Nacional Abierta a Distancia (UNAD), un engaño a vasta escala del que son victimas más de 50 mil estudiantes.

En pocas palabras, repitámoslo porque no sobra: la CALIDAD termina convirtiéndose en una auténtica CAL(AM)IDAD educativa para un país, como se demuestra fácilmente con lo que ha pasado en Colombia con las escuelas y universidades.

POR UNA EDUCACION DIGNA EN LUGAR DE UNA EDUCACION DE CALIDAD

Dado el tufillo empresarial que encubre el término calidad educativa, impuesto también en nuestro medio, resulta indispensable proponer otra concepción que propenda por el mejoramiento de las condiciones generales de la educación pública, a partir de las necesidades de la educación misma que, por supuesto, están vinculadas a la sociedad y la política, pero que no debe ser determinado por agentes externos, vinculados a eso que en forma eufemística se denominan las “fuerzas del mercado”.

En lugar de hablar de calidad y de excelencia de la educación, términos que están ligados al hecho de concebirla como un negocio, nosotros proponemos que se hable de una educación digna. Una educación digna se opone a la lógica mercantil, a la competencia, al ánimo de lucro, y en su lugar reivindica una formación integral para la vida y no sólo para el trabajo, recupera el sentido crítico e histórico de las acciones humanas, promueve valores de solidaridad, justicia e igualdad, se opone a la lucha inútil y sin sentido por ubicarse en los primeros rangos de los rankings educativos nacionales y mundiales, no busca el lucro como razón de ser y finalidad principal de la educación y prioriza el ser sobre el tener. Si hablamos de dignidad es porque reivindicamos la sensibilidad y autonomía de los seres humanos y no los reducimos a consumidores, ni los consideramos como objetos inanimados, similares a las cosas, y en ese sentido no es legítimo hablar de calidad cuando nos referimos a la educación que reciben las personas, a las que no se les puede rebajar a ser simples “recursos humanos”.

Por ello nos debemos indignar ante los reclamos que buscan la “calidad de la educación”, porque no nos interesa tal calidad, en la medida en que una visión crítica “de las condiciones sociales existentes y realizada desde una propuesta de educación alternativa, no permite ser evaluada como de ‘buena o mala calidad’, porque, en realidad, constituye una necesidad histórica y social de nuestras sociedades para romper con el colonialismo cultural y el histórico sometimiento a los ‘paradigmas’ elaborados para mantener modelos sociales basados en la desigualdad” [xiii] . En tal perspectiva, es necesario rechazar la concepción bancaria, en el sentido literal de la palabra, que subyace a la idea de calidad educativa, porque “una educación que pretenda convertirse en una ‘práctica de la libertad’ no es de buena o mala calidad, es el imperativo que reclaman los sectores populares y principalmente los postergados, sometidos, marginados y excluidos, que están en esa situación porque muchos de los que los margina, excluyen o someten, recibieron una ‘educación de calidad’” [xiv] .

En efecto, los que ahora dirigen al país y al planeta han recibido una “educación de calidad” (en economía por ejemplo) en prestigiosas universidades que se autoproclaman de calidad (como Harvard o Chicago), y sus realizaciones políticas y sociales no es que sean muy envidiables que digamos, porque son los que han empobrecido y ensangrentado el mundo. Desde este punto de vista, los gurús neoliberales made in Harvard o Chicago que tanto presumen de haber sido educados en universidades de calidad y que hoy se encuentran al frente de los gobiernos, como presidentes, primeros ministros o ministros de economía, son responsables de la pésima calidad de vida y de trabajo de millones de seres humanos en todo el planeta. En el mismo plano, las instituciones educativas de altísima calidad de los Estados Unidos (que aparecen en los primeros lugares del ranking mundial de universidades) que cada año lanzan al mercado premios Nobel en diversas ciencias –es decir, científicos de calidad-, son las mismas que, con la participación plena y consciente de esos científicos galardonados, producen armas y equipos sofisticados con los que se bombardea y se destruye a pueblos enteros, como se viene haciendo desde la nefasta guerra de Vietnam, y se ha continuado hasta el día de hoy en Irak, Afganistán, Yugoslavia, Libia y muchos otros países.

Y Colombia no es la excepción, porque si el régimen actual presume de tener en su nómina ministerial a 7 egresados de la Universidad de los Andes, entre ellos la Ministra de Educación –que no se distingue precisamente por su brillantez-, resulta comprensible la debacle en que esta hundido el país, dirigido por sus “expertos” y tecnócratas, formados en una institución de calidad que literalmente esta aniquilando nuestro territorio y a sus habitantes. Eso quiere decir que resulta preocupante y terrorífico tener tantas universidades de calidad y graduados de esas instituciones, en vista de los resultados nefastos que origina, como lo han puesto de presente los estudiantes que se han revelado contra ese exceso de calidad.

Por todo lo anterior, si los estudiantes indignados se levantan en distintos lugares del mundo contra la mercantilización de la vida y del saber, no resulta lógico que pugnen por una mejor calidad de la educación, lo que se precisa es luchar por una educación digna. Una educación gratuita, universal, laica, democrática, integral y crítica tiene que ser digna y no de calidad.

NOTAS

[i] . Gerardo Bianchetti, Educación de calidad: uno de los dilemas fundamentales para las políticas educativas que se propongan demostrar, que “otro mundo es posible”, en www.foro-latino.org/flape/boletines/boletin_referencias/.../2.pdf

[ii] . Juan Carlos Yáñez Velazco, Notas para un debate sobre “calidad de la educación”, portal.iteso.mx/portal/page/.../Yáñez%20Juan%20Carlos%204.pdf

[iii] . Carlos Arturo Torres, “Nation at Risk”. La educación neoconservadora”, en Nueva Sociedad, No. 84, 1986, nota 6.

[iv] . Nos hemos apoyado en Miguel Ángel Santos Guerra, “Las trampas de la calidad”, en Acción Pedagógica, Volumen 8, No. 2, 1999.

[v] . Antonio Viñao Frago: El concepto neoliberal de calidad de la enseñanza: su aplicación en España (1996-1999), en firgoa.usc.es/drupal/node/13325

[vi] . Ministerio de Educación y Cultura, 1997, citado en Antonio Viñao Frago, loc. cit.

[vii] . Antonio J. Carretero: La calidad educativa o la escuela como producción y consumo, en jcaestudiantes.iespana.es/casa.htm

[viii] . Pablo R. Arango, “La farsa de las publicaciones universitarias” y Etilvia Arjona Chang, “Globalización del fraude académico”, ambas publicados en Separata Aquelarre, No. 7, mayo de 2009, pp. 3 y 13.

[ix] . Gerardo Bianchetti, Educación de calidad: uno de los dilemas fundamentales para las políticas educativas que se propongan demostrar, que “otro mundo es posible”, en www.foro-latino.org/flape/boletines/boletin_referencias/.../2.pdf

[x] . Carlos Hoevel, Ante la llegada de la Business university, en firgoa.usc.es/drupal/files/busiuniv.pdf

[xi] . Rosa María Torres, Itinerarios por la educación latinoamericana, Cuadernos de Viajes, Argentina, 2000.

[xii] . Antonio Bolívar, “La calidad en la educación. ¿Qué alternativas tiene la izquierda?”, en Revista Electrónica ESCUELA PÚBLICA, de la Asociación para la Mejora y Defensa de la Escuela Pública en la Región de Murcia, v. 1, No. 2. Disponible en http://www.amydep.com/revista/numero2/v1n2a2.htm]

[xiii] . G. Bianchetti, op. cit.

[xiv] . Ibid.

Renan Vega Cantor es Profesor Titular Universidad Pedagógica Nacional de Colombia

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lunes, 12 de diciembre de 2011

Uruguay: No a la privatización de la enseñanza, sí a una educación pública de calidad

Posta Portenia

En este año una gran cantidad de "expertos" en educación y de todólogos de variado signo, se han confabulado para llevar adelante una reforma educativa de claro tinte neoliberal.

El caballito de batalla es el PROFIME o Pro-mejora; proyecto que pretende crear liceos para pobres, con un nivel académico deficiente, haciendo competir a los liceos por "fondos concursables", creando aún más desigualdad de la ya existente. Sumémosle la violación del estatuto docente y de la libertad de cátedra.

Este proyecto surge de los acuerdos de la "multipartidaria", frente único neoliberal, y pretende ser impuesto sí o sí. El ejecutivo de la FENAPES (federación -y no central- nacional) sólo se ha opuesto declarativamente, sin mover un dedo para rechazarlo.

Un ejecutivo oficialista, con dirigentes que gozan en muchos casos de "licencia sindical", y que -también en muchos casos- no trabajan en las decenas de liceos del área metropolitana que "funcionan" con superpoblación (cuarenta estudiantes por grupo), en medio de la mugre, el deterioro edilicio, salones que son containers, baños clausurados, etc., etc.

Pero la filial Montevideo de Fenapes y varias filiales del interior sí se han movilizado, reclamando la autonomía como filiales de una federación.

¿Qué ha hecho el ejecutivo de FENAPES? No ha movido un dedo para apoyarlos y, en cambio, se ha encargado de deslindarse de los "métodos" de Ades-Montevideo. Estos manidos métodos no son otros que la ocupación de locales de elección de horas, para impedir que el proyecto se implante.

¿Qué se pide?

Suspender la implantación del proyecto en 2012 y debatir el destino de la educación pública. Sí, solamente la suspensión del proyecto por un año y la negociación de la política educativa. Se ha logrado con este "método radical", postergar 3 veces la elección de horas y una instancia de negociación el próximo 14 del corriente.

En Montevideo centenares de docentes están haciendo una experiencia práctica valiosa y extrayendo conclusiones políticas, visualizando a la burocracia sindical mayoritaria en FENAPES y en el PIT-CNT, como un obstáculo para la independencia de clase y la consecución de los justos reclamos de los trabajadores de la enseñanza.

Muchos docentes frenteamplistas abandonan su fidelidad a las agrupaciones oficialistas y adhieren a las que levantan la independencia de clase. El oficialismo sindical se tambalea en medio de su política de estar en "los dos lados del mostrador".

Muchas de sus declaraciones parecen venir más del gobierno que de pretendidos sindicalistas, pero chocan con decenas y decenas de jóvenes docentes que forjaron su militancia como estudiantes oponiéndose a la "Reforma Rama" de los 90'. A muchos "sindicalistas con trayectoria" les va llegando su hora. Tendrán que sacarse la careta y buscar algún "carguito" en el gobierno como ya lo han hecho innumerables "colegas".


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viernes, 9 de diciembre de 2011

Miles de estudiantes chilenos emigran a Argentina

Jorge Arrate Radio Cooperativa

El diario “El Mercurio” da cuenta el 5 de diciembre de un hecho conocido pero casi invisibilizado en los medios tradicionales durante una década: cada día hay más jóvenes chilenos que postulan y acceden al sistema argentino de educación superior.

Sin duda es positivo que la prensa que sustenta firmemente el modelo económico y político chileno y lo alaba con pertinacia, registre esta circunstancia.

Desde 2001 han ingresado a la Universidad de Buenos Aires 1565 jóvenes chilenos. Se trata de una de las mejores universidades de América Latina, junto a la UNAM mexicana y a la Universidad de Sao Paulo en Brasil, las tres de carácter público y acceso gratuito.

En el 2000 fueron seleccionados 59 jóvenes chilenos para estudiar en Argentina, en el año 2006 ya eran 435 y en 2011 son 700. Los postulantes fueron 1500.

De esta manera el número de chilenos que logra ser admitido a la educación universitaria argentina se ha multiplicado por 13 en un decenio.

Lo primero es lo primero: hay que agradecer a Argentina este aporte a la educación de los chilenos.

No obstante, más allá de su política fraternal y su espíritu latinoamericanista, la educación argentina se prestigia al atraer estudiantes de otras latitudes y la identidad argentina logra una mayor proyección. El país difunde mejor sus patrones culturales y genera simpatía, amistad y admiración, por lo demás muy largamente merecidas.

Lo segundo es preguntarse si acaso los datos publicados, conocidos por mucho tiempo, no inducen alguna reflexión de parte de los chilenos en general y de las autoridades educacionales y culturales en particular.

¿Por qué tanto joven chileno resuelve estudiar en el país vecino?

¿No sería deseable para Chile no sólo retener a sus propios jóvenes en un nivel educacional que ya se ha generalizado como exigencia social sino también atraer a estudiantes de otros países?

No hay en estas preguntas una pequeñez nacionalista. Es positivo que los jóvenes en el mundo de hoy sean más universales y los viajes un acontecimiento mucho más frecuente.

El punto es otro: los estudiantes emigran no por explorar otros horizontes, lo que ciertamente harán más temprano o tarde, sino porque su propio país es incapaz de entregarles una educación superior de calidad sin que sus familias y ellos mismos deban hacer ingentes sacrificios económicos.

¿Por qué sí puede hacerlo Argentina, una economía que a comienzos de siglo tuvo una crisis de enorme magnitud, que los organismos financieros internacionales condenaron a su propia suerte y cuya economía las clasificadoras de riesgo intentaron día a día demoler?

La postura del gobierno chileno a propósito del financiamiento de nuestra educación, reformulada pero no flexibilizada durante estos meses, entrega la clave para responder esta pregunta: las autoridades siguen apegadas a un esquema que considera la educación como mercancía, los establecimientos como negocio y los estudiantes como nuevos contingentes destinados a vitalizar los bancos y el sistema financiero y sus ganancias.

- Fuente: http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20111205160911/estudios-en-argentina/

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lunes, 21 de noviembre de 2011

Colombia: Programa Mínimo del Movimiento Estudiantil Universitario

Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE)

Rechazo rotundo y hundimiento de la propuesta de nueva ley de educación superior que impulsa el gobierno de Juan Manuel Santos. Construcción democrática de una propuesta alternativa.


1. El estudiantado colombiano rechaza de manera integral la profundización de las reformas neoliberales en el país que desde hace tiempo vienen convirtiendo los derechos en mercancías, y que en el caso de la educación se materializan entre otras con procesos de contrarreforma como la Nueva Ley de educación superior presentada recientemente a la opinión publica por el gobierno Santista.

2. En este marco la MANE busca trascender la coyuntura y avanzar en la construcción de un referente organizativo del estudiantado en Colombia para dar una lucha a corto, mediano y largo plazo. De esta manera se constituye como un escenario de encuentro de voluntades políticas del estudiantado, en la que por el momento se ha hecho énfasis en elementos de unidad de acción pero en la que se reconoce la necesidad y se proyecta la unidad programática y organizativa para enfrentar al régimen y para proponer y construir una alternativa de universidad y de educación de cara a los desafíos del país.

3. En este sentido hemos acordado unos elementos mínimos que se recogieron alrededor de seis ejes como la base del PROGRAMA MÍNIMO del estudiantado universitario entendido como una herramienta de articulación política y que define los puntos estratégicos con los que se proyecta la lucha a mediano plazo y largo plazo para alcanzar la universidad que queremos; así también este programa mínimo será la guía, el horizonte de construcción, del pliego.

4. En consonancia con el punto anterior se convino en la necesidad de avanzar en la construcción de un pliego como herramienta reivindicativa frente a problemáticas que de manera coyuntural nos están afectando, y que nos ayudará también a avanzar en la unidad del estudiantado; hacemos claridad en que este pliego que se esta construyendo no contradice la construcción programática mas amplia y general sino que por el contrario se encuentra estrechamente relacionada con esta.

5. Tanto el programa mínimo, como el pliego que se esta construyendo, están determinados y/o subordinados a los dos acuerdos centrales alcanzados por el estudiantado colombiano en esta primera sesión de la MANE:
FINANCIACIÓN.

Aseguramiento de la Educación como un derecho y una condición necesaria para el desarrollo nacional, dejando de lado su connotación como mercancía; por tanto, rechazamos de manera íntegra y categórica la nueva Ley de Educación Superior y cualquier medida que tenga como propósito abrirle paso al lucro y a las transnacionales de la Educación Superior, incluyendo aquellas que hacen parte de los Tratados de Libre Comercio y los demás acuerdos comerciales que Colombia adopte sobre ésta materia.

Financiamiento estatal adecuado a la Universidad Pública sin condicionamientos, es decir, un aumento de los recursos estatales a la base presupuestal que dé cuenta de los costos generados en seguridad social, nomina docente y administrativa, programas de bienestar, aumento de cobertura, investigación e inversión; entendiendo que la financiación adecuada de la Universidad Pública es la principal herramienta para el aseguramiento de la calidad. De igual manera exigimos el pago de la deuda del Gobierno Nacional y de los entes territoriales con las Universidades Públicas.

El Estado debe ejercer la función de inspección, vigilancia y control sobre los montos de las matriculas en universidades colombianas. Los estudiantes debemos ser participes de manera real en las discusiones que al interior de las universidades se dan en torno al particular. Estas medidas deben estar orientadas hacia el congelamiento de matriculas en universidades privadas y públicas, y la gratuidad en las universidades públicas hacia el futuro tanto en pregrado como en posgrado.

Eliminación de exenciones tributarias a las multinacionales extranjeras e incremento progresivo de la participación estatal en la explotación de recursos naturales, en particular los de tipo minero-energético y reducción del presupuesto destinado tanto a la guerra como a la deuda pública, a fin de garantizar una financiación plena para la educación. Rechazamos las privatizaciones de empresas de servicios públicos pues ello es causa fundamental de su carestía. Parte de las utilidades de las empresas de servicios públicos deben destinarse al financiamiento de las Universidades Públicas.

El Icetex solo será financiado por recursos del estado, no provenientes de deudas con el sector financiero ni con organismos multilaterales de crédito, así tendrá la capacidad de reestructurar sus créditos, suspender los procesos contra quienes no han podido pagarlos y refinanciar los restantes. Los nuevos créditos que se otorguen serán sin capitalización de intereses y contarán con subsidios por logros académicos, deportivos y culturales.

DEMOCRACIA Y AUTONOMÍA

Fortalecimiento de la autonomía universitaria, entendida ésta como:

i) La facultad de las Instituciones de Educación Superior para definir sus cuerpos de gobierno de manera democrática y con participación mayoritaria de los estamentos que componen la comunidad universitaria en la dirección de la misma; ii) Definición autónoma de sus agendas investigativas, programas, currículos y contenidos por miembros de la comunidad académica como herramienta para asegurar la calidad,; iii) Determinación autónoma del gasto, en base a las necesidades, prioridades y definiciones de la comunidad universitaria. La autonomía entendida en estos términos solamente puede desarrollarse en tanto la comunidad académica cuente con garantías efectivas para la participación, por tanto exigimos el descongelamiento de la planta docente de las Universidades Públicas y el aumento de los profesores de tiempo completo y de dedicación exclusiva. Rechazamos los procesos de acreditación y las pruebas Saber Pro –antes Ecaes-, en primer lugar, por no constituir un referente real que dé cuenta de la calidad académica y en segundo lugar, por constituir una flagrante violación a la autonomía académica de las Universidades colombianas. Bajo ninguna circunstancia se puede entender que en virtud de la autonomía universitaria se obligue a las Universidades Públicas a basarse en sus propios esfuerzos económicos para garantizar su funcionamiento e inversión.

BIENESTAR

Entendemos que el bienestar universitario es un componente integral de la formación académica y por tanto éste debe ser ofrecido directamente por las Universidades y no a través de concesiones. Con este sistema se deben asegurar las elementales prestaciones como salud, alimentación, vivienda, transporte y el ejercicio de actividades deportivas, culturales y artísticas. Las garantías laborales para los trabajadores hacen parte del mismo, por tanto exigimos la contratación directa de los empleados de las universidades y el respeto a sus derechos salariales y prestacionales.

Exigimos que los recursos para bienestar universitario sean contemplados por los recursos que destina el Estado a las Universidades Públicas y que estos integren su base presupuestal.

CALIDAD ACADÉMICA

Comprendemos que la calidad académica solamente será producto del respeto y garantías para que las comunidades académicas puedan desarrollar de manera optima su ejercicio académico, por tanto exigimos: i) El descongelamiento de la planta docente de las Universidades Públicas del país y el aumento progresivo de docentes de tiempo completo y de dedicación exclusiva; ii) El respeto y garantía para la libertad de cátedra en todas las universidades colombianas; iii). El aumento de cobertura en educación superior sobre la base de financiación adecuada a la Universidad Pública, como principal herramienta para asegurar la calidad. Finalmente rechazamos la estandarización de contenidos, política desarrollada a través de diferentes herramientas como los procesos de acreditación, las pruebas Saber Pro o la implementación de competencias académicas, ciudadanas o laborales.

LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

Respeto y apoyo tanto a las expresiones culturales, políticas y sociales al interior de las Universidades, como a las formas de organización estudiantil, profesoral y sindical. Exigimos garantías para el goce efectivo de los Derechos Humanos, por tanto rechazamos la militarización de los campus y la persecución hacia miembros de la comunidad universitaria. De igual manera nos oponemos a las acciones tendientes a estigmatizar al movimiento universitario y exigimos respeto a la movilización social y al derecho a la protesta, así como a las demás libertades y derechos democráticos.

RELACIÓN UNIVERSIDAD-SOCIEDAD

La universidad colombiana debe estar ligada a las necesidades más sentidas del pueblo colombiano y al desarrollo y progreso de su mercado interno, por tanto su actividad académica e investigativa estará a su servicio. Esto implica que la universidad pública debe discutir y adoptar un nuevo modelo pedagógico que afronte, discuta y genere alternativas con respecto a las problemáticas sociales, económicas y medio ambientales que afronta el país, vincule a los grupos étnicos y culturales que componen la nación colombiana. Entendemos que la extensión universitaria hace parte integral del quehacer académico de la universidad motivo por el cual este debe responder a las prioridades y necesidades del pueblo colombiano.

Exigimos la creación de hospitales universitarios plenamente financiados por el Estado al servicio de la comunidad académica y de los colombianos y no al servicio del sector privado.

El estudiantado exhorta la concreción de la solución política y dialogada al conflicto armado interno que vive el país.

Fuente: http://feucolombia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=82:mane&catid=38:inicio

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sábado, 12 de noviembre de 2011

¿Por qué hay que apoyar a los estudiantes de Belgrado?

Ivan Selimbegovic Viento Sur

Desde el 20 del pasado mes de octubre, los estudiantes bloquean las facultades de filosofía y de letras de Belgrado. Con la consigna de “el saber no es una mercancía”, ponen en cuestión las condiciones de acceso a la educación y al saber. En Serbia este acceso se paga caro: 800 a 3.000 euros de gastos de matrícula al año, en un país en el que el salario mensual por habitante alcanza justo los 300 euros por mes.

Estos gastos exorbitantes dan un triste acceso a las bibliotecas sin libros, a las aulas sin calefacción, a los profesores que confunden “autoridad” con “desprecio”. Y durante ese tiempo, la opinión ignora a los estudiantes en lucha y los medios les dan la espalda. El rector de la facultad de letras, el único se ha hecho oír, ha exigido públicamente la intervención de las fuerzas del orden a fin de dispersar a las bandas de “anarquistas”, “comunistas”, toxicómanos”, que siembran disturbios en un establecimiento que se está convirtiendo en su propiedad privada. A pesar de las amenazas, los estudiantes siguen determinados en su voluntad de “bloquear el bloqueo del saber” y llaman a desingularizar su causa solidarizándose con los manifestantes de Nueva York, Londres o Madrid.

Las movilizaciones de Belgrado no constituyen un acontecimiento aislado en la región. En 2009, los estudiantes croatas ocuparon, durante varios meses, las facultades de Zagreb, la capital. En estos países trágicamente destruidos por años de guerra, de oleada nacionalista y de privatizaciones opacas generadoras de grandes desigualdades, ¿están las universidades a punto de convertirse en espacios de emancipación política?

Para Ivan Selimbegovic, doctorando en filosofía en la universidad ocupada de Belgrado, los estudiantes defienden el bien común.

Cuando desde hace varios días los estudiantes bloquean las facultades de filosofía y letras de Belgrado, el análisis público de sus reivindicaciones –con la excepción del excelente artículo del profesor Todor Kuljic- se sigue haciendo esperar. Nuestros decanos, rectores y ministros persisten en su ceguera y rechazan considerar la seriedad y la profundidad del problema planteado por los estudiantes. Los medios, por su parte, se contentan con análisis sensacionalistas, incapaces de discutir la cuestión en un contexto en el que la calidad del sistema educativo es presentada como globalmente satisfactoria. ¿Tienen razón los estudiantes y hay que apoyarlos? Estas preguntas sin embargo esenciales son evacuadas del debate público. Partiendo del análisis de la consigna que resume el corazón mismo de las reivindicaciones estudiantiles –el saber no es una mercancía- aporto a estas preguntas una respuesta positiva. ¿Cuál es el sentido de esa consigna?

Primero hay que definir la noción misma de mercancía. Dos de sus características son importantes de subrayar: la mercancía está sometida a una apropiación exclusiva (es objeto de intercambios comerciales) y es siempre consumible. Sin embargo el saber no se corresponde con ninguno de esos dos criterios.

El saber es un bien público y esto por dos razones. Primero, el saber no es jamás un producto de una sola persona. Cada gran descubrimiento resulta de un trabajo secular en el que está comprometido un número cada vez más grande de participantes. Tomemos por ejemplo el sistema heliocéntrico de Copérnico. Calificarle de “copernicano” nos hace olvidar que fue inventado en reacción al sistema ptolomeico que fracasó en su tentativa de explicar el movimiento de los cuerpos celestes. Este fracaso no fue señalado por un solo científico, sino por un ejército de científicos que se dedicaron con obstinación a la observación del firmamento, subrayando las carencias de la teoría ptolomeica, pero ensayando también de adaptarla (o de encontrarla una alternativa), para finalmente llegar a una forma que respondía difícilmente a la conciencia científica de la época copernicana. También, no hay que olvidar los numerosos astrónomos que en su esfuerzo por concebir tablas de los movimientos celestes, condujeron a Copérnico a formular su hipótesis heliocéntrica. Igualmente, no olvidemos a los interlocutores que le ayudaron, por sus críticas y sugestiones, a concebir, precisar, articular su hipótesis… No olvidemos en fin a los numerosos sucesores de Copérnico que validando o discutiendo su teoría, le dieron la fuerza para cambiar el mundo.

Si el azar eligió a Copérnico para romper con las teorías existentes, en ningún caso esta nueva teoría puede atribuírsele solo a él. Es la consecuencia del trabajo de sus predecesores y es este todo lo que ha hecho su teoría no solo posible, sino necesaria. Además, sin el apoyo de sus comunidades, estos científicos no habrían jamás podido consagrar la energía necesaria a su trabajo y contribuir así a estos nuevos descubrimientos. El contexto actual confirma esta tesis: no existe teoría científica sin un trabajo concertado de investigadores que se apoyan en otros equipos de investigadores… que son por otra parte remunerados gracias al presupuesto del estado, es decir, con el dinero de los contribuyentes. Se deriva de ello que una teoría no puede en ningún caso ser la propiedad de un solo individuo, ni siquiera de un número limitado de individuos –el saber producido por esa teoría se impone como la propiedad colectiva de todos los individuos, y no puede por consecuencia ser de pago.

Decir que el saber es un bien público comporta otra dimensión importante. Recientemente, los medios (en Serbia) han anunciado que los libros no podrán ya ser fotocopiados, ni para las necesidades escolares, con el pretexto de que los estudiantes, una vez asalariados, van a sacar beneficios del saber adquirido, y que por consiguiente, la compra de las herramientas escolares es una inversión en su propio futuro. Lo absurdo de este argumento salta a la vista en cuanto uno se plantea la siguiente pregunta: ¿Fue Copérnico el único en haber sacado provecho de su descubrimiento? ¿Newton, Tesla, Einstein, Watson, Crick fueron los únicos en haber sacado provecho de los descubrimientos que se les atribuyen? ¡No! Hoy, el planeta entero recoge los frutos de “sus” teorías. Su trabajo de investigación ha aportado cambios que afectan casi a cada habitante de este planeta. No solo no trabajaron por su propio bien –trabajaron por el bien de todos. Jamás, ni en su eclosión, ni en sus consecuencias, el saber puede ser tomado como un bien privado, para la propiedad privada. Es pues excesivo hacer pagar el trabajo que intenta su profundización, a menos que lo paguemos todos. Lo que significa hoy que le corresponde al estado financiarlo.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, es curioso constatar que un gran número de estudiantes no se une a la lucha en curso en las facultades de Belgrado –pero es aún más incomprensible ver al conjunto de la opinión pública permanecer apaciblemente sentada viendo cómo un centenar de estudiantes se moviliza por el bien de todos. Ningún grupo social puede permitirse permanecer indiferente a la necesidad de tener una educación gratuita. Cuando el enseñante contribuye a la prosperidad del conjunto de la comunidad, es vergonzoso ver a esta misma comunidad permanecer con las manos cruzadas, mientas que un pequeño número de estudiantes se debate para mejorar nuestro futuro. Esta misma comunidad que hoy ignora a los estudiantes, espera que mañana los médicos la curen, los ingenieros construyan puentes, casas, fábricas, que los filósofos y los sociólogos discutan y articulen los problemas que aparezcan, que los investigadores descubran medios para mejorar nuestras condiciones de vida. Los que no están dispuestos a sumarse a la lucha por el saber no deben pretender beneficiarse de él. Y en cuanto a los políticos que nos ignoran, y a los rectores que nos calumnian, deben verse prohibido todo acceso al espacio público.

El saber no es un objeto de consumo. En el documental de Jason Barker, “Marx reloaded”, presentado en el marco de la enseñanza alternativa en la facultad de Belgrado, el filósofo esloveno Slavoj Zizek defiende esta tesis con un ejemplo muy sencillo: si tienes ante ti un filete y eres el único en comerlo, no queda nada. Pero si el saber lo comparto, entonces todos salimos ganando. Porque no solo todos estamos dotados de ese mismo saber, sino que el saber es de tal naturaleza que su reparto le enriquece: cuanto más gente haya para pensar en algo, tanto más ese algo estará reflexionado, criticado, mejor articulado. Ningún argumento puede justificar que el saber se vuelva de pago, pues quien le comparte no pierde nada. Al contrario, se da la posibilidad de enriquecerlo compartiéndolo en la discusión con otros. Además, no solo el saber no se consume en el intercambio, sino que sencillamente no se consume. Por ejemplo, sin la teoría de la gravitación de Newton, incluso si está hoy “superada” por la de la relatividad, no enviaríamos hoy satélites al espacio. Hoy aún, la teoría de las ideas de Platón inspira a investigadores y filósofos de múltiples corrientes. Sin hablar de las ventajas y de los inconvenientes de las matemáticas euclidianas. Deberíamos maravillarnos ante los 130 años del puente que, en Belgrado, atraviesa el Danubio y une la ciudad. Sin embargo hoy, ni un solo político serbio se da los medios para promover la producción de saberes cuya duración es tan enorme.

Estas observaciones aportan otras conclusiones preciosas. No solo el saber no es un objeto de consumo – sino que sencillamente no es un objeto. El saber no es la información. Las informaciones se encuentran sobre el papel o en los ordenadores, pero están muertas en sí. Solo cuando esas informaciones son reflexionadas, discutidas, analizadas, interpretadas, el saber aparece. Por emplear una metáfora, se podría decir que “el saber es la vida de la información” –y no “la información viva” , una expresión absurda (que se oye), debido a que la información se vive cuando se hace algo con ella, cuando la comunidad la trabaja. Se asiste aquí a otro absurdo del sistema educativo. La tendencia general de las reformas europeas de la educación del proceso llamado de “Bolonia” consiste en operar la distinción entre la enseñanza y la investigación: el saber es enseñado en las universidades, es producido en los institutos. Así, en las universidades, se paga para adquirir el saber (se compra), mientras que en los institutos, se es pagado para producirlo (se vende). Al margen del hecho de que esta práctica que hace de nosotros, los estudiantes, unos alevines, y de nuestros profesores de la universidad unos antiguos que en los institutos se transforman en topos que cavan algún tiempo bajo tierra para sacar ocasionalmente las huellas de su saber al espacio público, es contraria a la naturaleza misma del saber. El saber adviene en su articulación con otros, en su compartir y en las discusiones. A propósito de esto, es interesante observar que autores tan opuestos como Karl Marx y John Stuart Mill hayan compartido esta constatación. El saber es siempre algo público, el objeto de un en-común –en consecuencia, la lucha por el saber debe ser apoyada por todos, pues esta lucha supera las disputas partidarias.

Las luchas estudiantiles de hoy muestran justamente que el sistema educativo actual desafía la naturaleza misma del saber, que impide el progreso y el enriquecimiento del saber, y por ello el progreso y la prosperidad de la comunidad en su conjunto.

El hecho de que los estudiantes militen por el reconocimiento del saber como bien público, y no por sus propios intereses (incluso cuando no tengan conciencia de ello), nos aclara sobre la forma tomada por la movilización. La ocupación de la universidad es un acto simbólico por el que los estudiantes se apropian del espacio mismo de producción y de enseñanza del saber –los estudiantes quieren la universidad, quieren educarse, quieren el mismo acceso al saber para todos. El término elegido, el de “bloqueo”, puede inducir un error: no se trata de bloquear la enseñanza y el desarrollo del saber –sino más bien bloquear el bloqueo del saber que prospera en las universidades bajo la máscara del proceso de Bolonia y de los gastos de escolaridad que se han hecho exorbitantes. La organización cotidiana de las enseñanzas alrededor de temas diversos muestra el interés verdadero que los estudiantes tienen por el saber. Eminentes profesores, conscientes de la verdad para la que los estudiantes se movilizan, son invitados a dar clases en el marco de la “enseñanza alternativa”. La enseñanza prosigue en las universidades bloqueadas.

En último lugar, se plantea aquí la cuestión de la articulación concreta de las reivindicaciones estudiantiles. Esta cuestión es discutida noche y día en las universidades bloqueadas. Ayer, en la facultad de filosofía, fue también planteada en el debate que siguió a la exposición del profesor Todor Kuljic. Se ve claramente que las reivindicaciones están a veces mal articuladas, se ve también que han sido hechas demasiadas concesiones a la moda de la “bolonización” y de la “capitalización” del saber: ningún argumento justifica los gastos de escolaridad que equivalen a tres salarios mensuales. ¡La enseñanza debe ser gratuita!. Que esto sea el corazón del problema da fe del hecho de que los problemas planteados por las clasificaciones y el número de puntos necesarios para quedar exento de los gastos de matriculación, pueden difícilmente plantearse en las universidades donde el saber es libre y accesible a todos. Estas posiciones se articulan lentamente pero de forma segura y todos los que están aunque sea un poco por la verdad y una vida mejor, no tienen otra opción que unirse a esta lucha.

http://www.contretemps.eu/interventions/pourquoi-faut-il-soutenir-%C3%A9tudiants-belgradois

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Fuente: http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=4537

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miércoles, 2 de noviembre de 2011

España: En defensa de la universidad pública ¡más unidad, más lucha!

CJC

Con la agudización de la crisis capitalista, vemos como el capital, mediante sus apéndice políticos, económicos y represores, busca adjudicar de nuevo las consecuencias de esta a las clases obreras y populares, arrancando todo aquello que con años de lucha, sudor y lágrimas consiguieron nuestros padres.

Ingentes servicios públicos son privatizados, recortados o simplemente suprimidos, ya sea en sanidad ,educación ,transporte etc. De este modo condenan día a día a la clase obrera a una situación de desesperación en auge.

Sin duda, uno de los espacios claves donde se observa esta progresiva privatización y precarización es entorno de las universidades públicas, que como decíamos, si un día fueron un punto neurálgico de las reivindicaciones y victorias de la capas populares, hoy se encuentran heridas de muerto y casi desprotegidas ante la barbarie del capital.

Cuando observamos como son todavía de candentes los estigmas del Plan Bolonia, los despidos del personal de administración y servicios, de los profesores asociados, de los investigadores así como el aumento de las tasas, la venta y/o sesión de los espacios de la universidad a empresas privadas y un largo etcétera, nos damos cuenta de como día a día el estudiante se encuentra incapaz de proseguir con sus estudios (no digamos ya de conciliar la vida laboral con la estudiantil, pues si por un lado el índice de paro juvenil avanza día a día, por el otro la implantación de la EEES impide tal posibilidad). Por si no había suficiente, la formulación de la Estrategia Universidad 2015 y los sucesivos recortes impulsados por los partidos del capital nos traen a un futuro muy negrp si no nos movilizamos.

Es por eso que desde CJC-JCPC creemos que hay que impulsar el trabajo unitario en este sentido, sin unidad y coordinación efectivamente asistiremos más temprano que tarde al entierro de lo poco que quedaba de público en las universidades catalanas, y una de las herramientas que sin duda nos pueden ofrecer esta posibilidad es la PUDUP, de la cual saludamos y apoyamos la iniciativa de convocatoria de la huelga del 17 de noviembre, así como de sindicatos como CAU o CGT, de los sindicatos estudiantiles y los diversos comités de empresa que día a día se van sumando.

Es esencial en este sentido el trabajo de las asambleas, de los sindicatos, del profesorado, de los trabajadores que dependen directa o indirectamente de la universidad, en definitiva, de todos aquellos quienes día a día sufrimos la prostitución de la universidad pública, maltratada de nuevo y utilizada vilmente para pagar una deuda del cual nosotros no somos responsables.

Queremos observar que con la proximidad de las elecciones es bien probable que desde diferentes organizaciones políticas se pretenda de una manera u otra instrumentalizar esta huelga. Desde la juventud comunista, combativa y revolucionaria, creemos pero que ante esta ofensiva capitalista, es vital configurar un lazo de unidad infranqueable, más allá de divergencias políticas y/o programáticas, en defensa del patrimonio de todos y todas, de los que una y otra vez no nos arrodillamos.

Sólo la lucha organizada de los estudiantes, conjuntamente con los trabajadores y los demás sectores en lucha, podrá tejer un muro de resistencia contra las medidas antipopulares y los recortes del Estado burgués. Sólo desde la perspectiva del crecimiento y la acumulación de fuerzas de un gran movimiento organizado de los estudiantes en alianza con los trabajadores, con una proyección hacia la construcción del socialismo, puede garantizar el triunfo en esta batalla. El capitalismo está agotado, y sin margen de maniobra para la opción reformista y socialdemócrata. No se parará en su ataque hacia los derechos de los estudiantes y la privatización de la enseñanza pública si no se construye una fuerte resistencia popular que pase a la ofensiva y que cuestione de raíz el sistema capitalista planteando de forma clara la alternativa social a este y constituyendo un pilar más de las fuerzas revolucionarías que barrerán este sistema que tan sólo trae a la destrucción y la barbarie.

CAMINEMOS HACIA LA HUELGA UNIVERSITARIA!

TRABAJADORES Y ESTUDIANTES UNIDOS Y ADELANTE!

CJC-Joves Comunistes del Poble Català

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