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domingo, 5 de diciembre de 2010

La crisis del euro y el desmantelamiento de la Unión Europea

Jean-Claude Paye La Haine

La ofensiva contra el euro llevada a cabo por los mercados financieros durante los meses de abril y mayo de 2010 no es un simple episodio de la guerra económica entre los dos continentes. Es el síntoma de una mutación geopolítica. La iniciativa de Estados Unidos, dirigida a desestabilizar a la Unión Europea, se ha llevado a cabo con la participación de las propias instituciones europeas. Esta convergencia confirma la elección previa de ambos protagonistas de integrar a la Unión Europea en un futuro gran mercado trasatlántico.

La crisis del euro es el resultado de la elección política de las autoridades europeas de empeñar la moneda común en vez de reorganizar la deuda soberana griega. Dicha reorganización habría protegido el euro, pero necesitaría la contribución de los bancos, los cuales perderían una parte de sus créditos en la operación. Las instituciones financieras francesas tendrían alrededor de 50.000 millones de deuda helénica en sus balances y los bancos alemanes 28.000 millones (1).

Sin embargo, el salvamento de algunas decenas de miles de euros de las instituciones financieras no justifica semejante riesgo. La apuesta fundamental, metiendo presión sobre la moneda común, es hacer que paguen la crisis los trabajadores y de esa forma efectuar una gigantesca transferencia de los ingresos internos hacia las empresas, en particular a las instituciones financieras. La envergadura de esa operación es de tal magnitud que sólo puede estar dirigida por los mercados y su brazo armado, el Gobierno estadounidense.

Una ofensiva dirigida por Estados Unidos

La crisis del euro estalló por la concentración del ataque de las agencias de calificación estadounidenses Standard&Poor’s, Moody’s y Fitch contra las deudas de Grecia, España y Portugal. La rebaja de las notas de estos tres países por parte de las agencias de EE.UU., sobre todo la de Grecia, relegada a la categoría de las inversiones especulativas, es la consecuencia de una acción concentrada. La rebaja de las notas dio lugar a una serie de decisiones repetidas y muy seguidas. Los ataques estuvieron apoyados por el aparato de Estado de EE.UU., en especial por las declaraciones alarmistas del asesor económico del presidente Obama, el ex presidente de la Reserva Federal estadounidense Paul Volker, que habló de una futura desintegración de la Eurozona. El ataque contra el euro aparece como un pretexto, tanto más que «desde 2004 se sabía que las autoridades griegas hacían trampas» (2) sin que esto provocase ninguna reacción de las agencias de calificación.

Esta ofensiva contra el euro es, en primer lugar, una acción destinada a llevar a Estados Unidos los capitales extranjeros necesarios para cubrir el déficit creciente de la balanza financiera estadounidense. Es una señal de advertencia a países como China, que había empezado a reequilibrar sus reservas de divisas comprando euros en detrimento del dólar. Para Estados Unidos, en efecto, es un asunto urgente. Hasta 2009, la financiación de su déficit y la defensa del dólar estaban garantizadas por el saldo positivo de los flujos financieros. Pero durante ese mismo año aunque el movimiento de capitales permaneció positivo, no llegó a compensar el déficit. El saldo se volvió negativo con un montante de 398.000 millones de dólares (3). A un nivel puramente económico, la ofensiva contra el euro forma parte del mismo objetivo que la lucha contra el fraude fiscal iniciada por el presidente Obama en 2009 (4). Se trata de devolver los capitales al regazo estadounidense.

Operación de desmantelamiento de la UE

A esta actuación táctica se añade una operación estratégica, un movimiento de desmantelamiento de la Unión Europea en beneficio de una unión económica que cubrirá ambos continentes. El proyecto de creación de un gran mercado trasatlántico (5) es aquí la manifestación más visible. En función de este segundo objetivo se puede entender la actitud de Alemania que tanto en el nivel de la lucha contra el fraude fiscal como en el del ataque al euro, ha suministrado un apoyo a la ofensiva estadounidense. Esta doble actitud es coherente con el compromiso privilegiado de este Estado europeo en el establecimiento de una unión económica trasatlántica.

La Unión Europea se construyó en torno a Alemania y se estructuró en función de los intereses de ésta. Por el hecho de ser el país más competente en la época del establecimiento del mercado común, Alemania ha podido utilizar plenamente sus ventajas comparativas, sin limitación política, sin gobierno económico ni transferencias importantes hacia las zonas desfavorecidas. Hasta este año, la Eurozona absorbe tres cuartas partes de las exportaciones alemanas (6). Alemania, por las declaraciones de sus responsables políticos y de sus banqueros, así como por la repetitiva exhibición de sus vacilaciones, ha contribuido a la ofensiva contra el euro. Para ella, los beneficios de esta acción son inmediatos. La bajada de la moneda común permite aumentar sus exportaciones fuera de la Eurozona. Además puede financiar su propio déficit a mejor precio. La crisis y la huida hacia la calidad que engendra permite a los bonos alemanes colocarse con una baja tasa de interés.

En definitiva, si Alemania da la impresión de que está serrando la rama a la que está asida, es porque ha decidido cambiar de rama y quiere integrarse en un conjunto más amplio: el gran mercado trasatlántico. La «construcción europea» está en una encrucijada. Hasta ahora ha permitido un desarrollo permanente de Alemania. Este proceso ya no puede continuar de la misma forma. La UE no puede salir de la crisis sin establecer un gobierno económico que dirija una política económica común, una armonización del desarrollo y, por eso, asegurar las transferencias financieras consecuentes hacia los países y regiones desfavorecidas. Esta gestión política está en total oposición al simple Pacto de Estabilidad promovido por Alemania. La política presupuestaria de disminución acelerada del déficit, reimpuesta en nombre de dicho Pacto, se va a hacer en detrimento del poder adquisitivo de las poblaciones y no puede realizarse sin una recesión económica. La Eurozona ya no puede ser el destino privilegiado de las exportaciones alemanas. Alemania ha hecho su elección: el gran mercado trasatlántico y el mercado mundial.

Bajo la tutela del FMI

En vez de reorganizar la deuda de los países débiles, Europa ha puesto en marcha dos fondos de intervención. El Eurogrupo, formado por los ministros de Economía de la Eurozona, ha desarrollado un mecanismo inédito de 750.000 millones de euros de préstamos y garantías con el fin de ir en auxilio de los países de la Eurozona que tuvieran dificultades para conseguir préstamos en los mercados financieros. El mecanismo prevé 60.000 millones de préstamos europeos garantizados sobre el presupuesto de la Unión Europea, 440.000 millones de euros de garantías aportadas por los países miembros de la Eurozona, así como 250.000 millones de euros de préstamo del FMI, es decir, un total de 750.000 millones (7). Este mecanismo de ayuda está previsto para una duración de tres años.

A pesar de que no existe ninguna imposibilidad financiera para asumir la totalidad del fondo, el Eurogrupo elige atarse las manos con el FMI, en el que Estados Unidos tiene la mayoría de los derechos de voto. Ese dispositivo de servidumbre voluntaria reproduce, y amplifica, el esquema que ya se constituyó para ayudar a Grecia, cuyo programa es de un total de 110.000 millones de euros de los que 30.000 proceden del. FMI

¿Qué significa la voluntad del Consejo Europeo de delegar en el FMI el procedimiento establecido para acudir en auxilio de los países de la Eurozona? Si observamos las recetas aplicadas por esa institución internacional en los países a los que concedió préstamos, la forma de operar es inmutable: imponer una rebaja de los salarios directos e indirectos, privatización de los servicios públicos y supresión de las políticas sociales. La política del FMI siempre ha llevado a un importante empobrecimiento de las poblaciones (8).

En caso de depresión, o incluso de estancamiento económico, la «política de consolidación de los gastos públicos» está condenada al fracaso. Los 750.000 millones de ayuda previstos servirán para reembolsar a los bancos en detrimento del poder adquisitivo del contribuyente, y ese vertido a las instituciones financieras por lo tanto incrementará la recesión. Así, la ubicación bajo la tutela del FMI y la creación de fondos de ayuda a los bancos son dos aspectos complementarios de una misma política. Se trata de proceder a una importante redistribución de las rentas a favor de las empresas financieras.

¿Cuál es el futuro de la Unión Europea?

Semejante operación contra las rentas de las poblaciones necesita neutralizar cualquier proceso de decisión a nivel de los Estados nacionales, una estructura en la cual los ciudadanos disponen de algunos medios defensivos, en provecho de los mecanismos del mercado, establecidos fuera del área de toda presión política. La cuestión es saber qué papel van a jugar las instituciones europeas en ese proceso de la ubicación bajo dependencia de los mercados financieros.

Una primera respuesta se encuentra en el acuerdo por el que los presupuestos de los Estados de la Eurozona se pondrán bajo la tutela de un organismo compuesto por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Eurogrupo.

Los países que no consigan poner su deuda por debajo del 60% del PIB serán multados por Bruselas. Ese texto considera la posibilidad de sanciones incluso aunque el límite actual del 3% del PIB, fijado por el Pacto de Estabilidad, todavía no se ha sobrepasado. La idea sería poder desencadenar procedimientos, por déficit excesivo, a los países en los que la deuda no retroceda lo suficiente (9). A continuación no se excluye una modificación de los tratados con el fin de permitir suspenderles el derecho de voto en las reuniones ministeriales.

El modelo alemán inscrito en la Constitución, el principio del equilibrio presupuestario también apoyado por Francia, está llamado a generalizarse. Eso suprimiría cualquier posibilidad, ya actualmente muy débil, de iniciativa presupuestaria. Los Estados miembros serían, frente a la Unión Europea, como los Estados Federales estadounidenses frente al Estado Federal. Sin embargo, no nos confundamos, aquí no se trata de fortalecer la construcción europea sino, al contrario, de la disolución de cualquier posibilidad de iniciativa política con el fin de reforzar el poder absoluto de los mercados.

La construcción europea fue una imposición de Estados Unidos tras la guerra, que la puso como una condición para las ayudas del Plan Marshall (10). Se construyó en torno a Alemania, cuyos intereses inmediatos eran complementarios de los de Estados Unidos. El ataque al euro y la operación de desmantelamiento de la Unión Europea también son el resultado de una ofensiva lanzada por Estados Unidos e igualmente llevada a cabo por la primera economía del Viejo Continente y por las instituciones de la Unión Europea.

La Comisión y el Consejo confirman así su participación en la descomposición de la Unión y la integración de ésta en una nueva estructura política y económica trasatlántica bajo dirección estadounidense, el mismo papel que desempeñaron en las negociaciones de los acuerdos sobre la transferencia de los ingresos personales de los ciudadanos europeos hacia Estados Unidos y las negociaciones para la creación de un gran mercado que agrupe ambos continentes.

La puesta bajo tutela del FMI del gobierno económico europeo representa una etapa suplementaria en la disolución de toda capacidad de iniciativa de los países miembros de la UE en la etapa de transición para su integración en un conjunto trasatlántico. El euro se mantendrá como una cáscara vacía. La supresión de la moneda común no convendría a Alemania, cuya vuelta a un marco valorizado como moneda refugio sería suicida para su economía, ni a Estados Unidos, que no tiene ningún interés en extender la soberanía de su moneda y la utilización de los privilegios que conlleva.

Notas

(1) Paul Seabright, «Ce sont les banques que l’on sauve, pas la Grèce», Le Monde, 17 de mayo de 2010.

(2) Declaración de Jean Arthuis, presidente de la Comisión de Finanzas del Senado francés, en «Grèce: le rôle des agences en question», La Libre Belgique, 28 de abril de 2010.

(3) «Les flux financiers et la pérennité du dollar», Economie et crise aux USA-Blog Le Monde.fr, 19 de abril de 2010. http://criseusa.blog.lemonde.fr/2010/04/19/les-flux-financiers-et-la-perennite-de-la-valeur-du-dollar/

(4) «Lutte contre la fraude fiscale ou main-mise anglo-saxone sur le Systeme financier?», Utopie Critique 48-49, junio de 2009.

(5) «Un marché transatlantique imperial», La Pensée nº 359, julio/septiembre de 2009.

(6) Michel Aglietta, «La longe crise de l’Europe», Le Monde, 17 de mayo de 2010.

(7) «La zone euro met en place son Fonds de secours historique», La Libre, 7 de junio de 2010.

(8) Raphaël Massi, «Le FMI attaque», International Nieuws Agoravox, 13 de junio de 2010. http://www.agoravox.fr/actualites/international/article/le-fmi-attaque-l-europe-76160

Traducido para Rebelión por Caty R.

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lunes, 17 de mayo de 2010

Muere un joven de 22 años en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona

Carlos Sorgue LibreRed.net

Mohamed Abagui de 22 años, que residía en la ciudad de Sabadell, en Cataluña, falleció en circunstancias aún no determinadas el día 13 de mayo, en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Barcelona.

Este fallecimiento es el último capítulo de una serie de denuncias de faltas a los Derechos Humanos en los CIE’s de España. Estos centros son específicos para personas indocumentadas con lo cual los internos en estas cárceles no han cometido ningún delito estipulado por Ley.

Los CIE’s fueron construidos atendiendo a la Ley de Extranjería impulsada por el Gobierno español (PSOE). Actualmente existen otros partidos como Convergencia y Unión (de Cataluña) que van más lejos y están elaborando listas de los indocumentados para que la policía proceda a la detención en el propio domicilio de la persona y el posterior traslado a estos centros de internamiento.

Actualmente tanto CIU como PSOE manejan varias federaciones de inmigrantes de diferentes nacionalidades a través de subvenciones y favores políticos, lo que ha provocado un silencio social en torno a estos centros y a esta Ley.

Sin embargo organizaciones independientes a estos partidos como SOS Racismo, el Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos y la Federación de Inmigrantes del Valles (FAIV), esta última a la cual pertenecía Abagui a través de la asociación Anasiha, han emprendido acciones para exigirle al Director del Centro de Internamiento de Extranjeros, Miguel Ángel Prieto, una profunda investigación de las causas del fallecimiento.

También convocarán a una concentración el próximo viernes 21 de mayo a las 19 horas frente al Ayuntamiento de Sabadell para manifestarse por estos hechos.

Además planean en los próximos días una marcha a pie desde Sabadell hasta el Centro de Internamiento de Zona Franca de Barcelona exigiendo el esclarecimiento de la muerte de Mohamed Abagui y el cierre de los CIE’s.

Antecedentes similares

El jueves 18 de junio de 2009 fue apresado el joven ecuatoriano de 20 años Jonathan Sizalima quien fue detenido en las mismas circunstancias que Mohamed Abagui. Horas más tarde, Sizalima apareció ahorcado en su celda en un supuesto suicidio pese a que ya se había procedido a su excarcelación.

A los padres del fallecido ni siquiera les dejaron ver de cerca el cadáver de su hijo, sino que solo lo pudieron ver tras un cristal y tapado con una manta con la cual solo se le identificaba la cabeza.

Varias visitas a los centros sin resultados aparentes

El mes de marzo visitó este centro el diputado español Joan Herrera, de tendencia eco-socialista, quien a su salida no dió declaraciones a los medios de prensa que se encontraban en el lugar, lo que ocasionó malestar entre los acompañantes y medios de prensa y sorpresa entre sus propios partidarios.

Además de Herrera, visitó este centro una delegación del llamado MOVECAT, que paradójicamente es un movimiento ecuatoriano íntimamente vinculado con el partido derechista CIU y que ha sido conformado de cara a las próximas elecciones catalanas. Esta visita fue avalada con la presencia del gobierno ecuatoriano a través del Cónsul General de Ecuador en Barcelona, Freddy Arellano Ruíz.


Referente a CIU


CIU ha manejado campañas políticas basada en la xenofobia, con su lema “…en Cataluña no cabemos todos.”

Creó en el año 2009 una fuerte repercusión en los medios con la negativa a empadronar a los “indocumentados” en el ayuntamiento de Vic.

Actualmente han enviado listas con los datos para que la policía proceda a detener a los inmigrantes indocumentados en sus propias casas. ref. Periodico.com.

También CIU es abanderado junto con el Partido Popular (PP) en su lucha contra el bloque Bolivariano en Latinoamérica, llegando a convocar o avalar sendas manifestaciones en los consulados de Cuba y Venezuela en Barcelona.

Fuente: http://www.librered.net/?p=184

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Colectivos de Jóvenes Comunistas ante la presidencia europea de Zapatero

Juan Nogueira López / Secretario General de los CJC

El pasado 1 de enero, José Luis Rodríguez Zapatero asumió -junto a los representantes belga y húngaro- la Presidencia de la Unión Europea. En torno a la misma, existe desde hace meses en el PSOE una cierta ansiedad. Lo supimos por boca de Leyre Pajín, portavoz socialista, que la definió como una singular “conjunción planetaria”.

Lejos de cualquier grandilocuencia, es innegable que los dos principales bloques del mundo capitalista -Estados Unidos y la Unión Europea- están encabezados por presidentes con un perfil socialdemócrata muy similar.

¿Casualidad? Es poco probable. En el caso europeo, porque su Presidente no se elige en votación libre, sino que sigue el “democrático” sistema de la rotación. ¡Café para todos! En Estados Unidos, porque los círculos gobernantes necesitan un lavado de cara tras la nefasta proyección internacional que dejó la Administración Bush.

En América y en Europa, el contexto es muy similar: una crisis económica brutal que ha dejado sin empleo a millones de trabajadores. En ambos casos, los gobiernos han seguido las mismas recetas para “salir de la crisis”: ayudas multimillonarias al capital financiero, junto a la reestructuración del marco de relaciones labores. Con todo esto, se pretende “refundar” el capitalismo. A pesar de la retórica, estas palabras se traducen en más explotación para los y las trabajadoras (recordemos la delirante propuesta de extender la jornada laboral a 65 horas en toda la Unión Europea).

Ante una situación de crisis, el capitalismo necesita aplicar medidas dolorosas y en contra de los intereses de la mayoría trabajadora. Ante estas situaciones ¿quién es el candidato ideal para formar gobierno? ¿Conservadores o Socialdemócratas? ¿Populares o Socialistas? La elección no es baladí, pero debemos distinguir muy bien lo que se está eligiendo. En tiempos de crisis, el capitalismo no propone dos partidos con una intervención política diferente para reconstruir la economía. El capitalismo propone una única política, de obligado cumplimiento, y escoge al mejor gestor para llevarla a cabo de cara a la opinión pública.


En el caso norteamericano, como en el Estado Español, se ha optado por una solución que los argentinos llaman “el violín”: se agarra con la izquierda, pero se toca con la derecha.

En la Unión Europea, Zapatero se ha comprometido con tres ejes fundamentales de gobierno: el desarrollo del Tratado de Lisboa, la Nueva Estrategia para el Crecimiento y el Empleo (Europa 2020) y la política exterior, sobre todo, dirigida contra Latinoamérica.

En cualquier caso, sería un error oponerse a la Presidencia Española de la UE por las medidas concretas que se van a aplicar durante los próximos 6 meses. Eso supondría que la Unión Europea es un marco del que pueden salir medidas reaccionarias, pero también progresistas; la eterna ilusión del Partido de la Izquierda Europea (al que pertenece, entre otros, el PCE) de crear una “Europa social” reformando las actuales estructuras.

La Unión Europea no es un marco válido ni reformable porque es un producto del proyecto histórico de la oligarquía europea. En otras palabras, nació -y morirá- como un proyecto de monopolios y corporaciones capitalistas para defender sus intereses a escala europea. Para lograrlo, han creado unas instituciones y organismos que progresivamente toman forma y convierten a la UE en un bloque imperialista.

La Unión Europea no es “social”, “democrática” y “verde”. Ni en el Tratado de Lisboa ni en su predecesor -la Constitución Europea- se garantiza el carácter público y gratuito de servicios como la Sanidad, la Educación, las pensiones,… Tampoco se garantiza el acceso a la vivienda ni el ejercicio de otros muchos derechos básicos. Y no es que el Tratado de Lisboa tenga pequeñas lagunas, sino que desde su mismo nacimiento, la Unión Europea no ha consagrado más que los “derechos” (léase: privilegios) de las empresas: libre circulación de mercancías, propiedad privada, cuotas de producción en favor de los intereses franco-alemanes,… etc

La coyuntura de estos seis meses, nos van a hacer hablar de problemas concretos, pero las soluciones no pueden ser parciales. La única alternativa revolucionaria es la salida inmediata de las estructuras de la Unión Europea y un proyecto de socialismo y audoterminación nacional para los pueblos de Europa.

Este artículo no es -en ningún caso- el primero en plantear una postura de este tipo. Los comunistas del Estado Español (y otros territorios) llevamos tiempo proponiendo esta alternativa y, recientemente, el PCPE publicó una extensa resolución explicando nuestra posición. Sin embargo, los jóvenes comunistas, en nuestro rol de organización escuela, debemos lanzar nuestros propios análisis que ayuden a explicar la oposición a la Unión Europea y ofrezcan un puesto de lucha a la juventud contra sus estructuras.

La Unión Europea: polo imperialista

Los comunistas definimos la Unión Europea como un polo imperialista en construcción. ¡Sí, hablamos de la misma Unión Europea que trata de proyectarse como moderna, verde, de la sociedad civil, de los derechos, la democracia y un contrapeso lógico al poder imperialista de Washington!

Una reacción lógica podría ser: “¿pero si la Unión Europea no invade países, cómo va a ser imperialista?” “Todos los países que pertenecen a la UE lo han hecho por voluntad propia, ¿de qué clase de imperialismo hablamos?”

Ante esto, debemos plantear dos líneas diferentes de respuesta.

En primer lugar, los comunistas no definimos una sociedad en función de cómo ésta se vea a sí misma, sino de un análisis riguroso de su realidad. En este análisis, lo fundamental son, sobre todo, las causas últimas de todo lo que sucede en sociedad: los intereses económicos. Para saber si un país o un bloque de países son imperialistas no debemos estudiar únicamente las consecuencias -si ha invadido o no a otras naciones- sino las causas -las estructuras económicas imperialistas que hacen “necesario” a ese país someter a otros para ser viable, económicamente.

En segundo lugar, tras la verborrea de “derechos humanos”, “intervenciones humanitarias”, “ataque preventivo”, “fuerzas de paz”, “piratería”,… se oculta un papel militar creciente de la Unión Europea en la defensa por vía armada de los intereses económicos de sus corporaciones transnacionales.

Vamos con el primero de estos aspectos.

Como mencionaba antes, el capitalismo no interviene militarmente salvo por intereses económicos. Rara vez podemos encontrar guerras en las que uno de los contendientes no tuviese intereses imperialistas, a pesar de que siempre se utilicen slóganes de “defensa de la democracia”, “guerra contra el terror”,… etc

Estos intereses económicos por el control de los recursos extranjeros no nacen junto al capitalismo. Está claro que los capitalistas siempre han ambicionado controlar el mayor número de recursos posible, en su búsqueda del beneficio. Pero el momento en el que los Estados pasan a invadir y controlar grandes imperios son los años 70 del siglo XIX, de la mano de un cambio de las estructuras económicas internas de estos países.

La libre competencia había perdido importancia, al formarse en cada rama de la industria grandes empresas que dominan la mayor parte del mercado. Estas empresas no están aisladas entre sí, sino que pertenecen a corporaciones gigantescas, que a su vez se van fundiendo entre sí, hasta llegar a una situación en la que la Economía nacional está concentrada en muy pocos grupos gigantescos.

Lenin aborda este proceso en “El Imperialismo, fase superior del capitalismo” (p.178): “La concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, puede decirse que conduce por sí misma de lleno al monopolio, ya que a unas cuántas decenas de empresas gigantescas les resulta fácil ponerse de acuerdo entre sí y, por otra parte, la competencia, que se hace cada vez más difícil, y la tendencia al monopolio, nacen precisamente de las grandes proporciones de las empresas. Esta transformación de la competencia en monopolio constituye uno de los fenómenos más importantes – por no decir el más importante- de la economía del capitalismo en los últimos tiempos.”1

El elemento fundamental para formar estas corporaciones son los bancos, que adquieren un nuevo rol en la economía: ya no son simples intermediadores, sino que controlan el dinero de todos los capitalistas y lo invierten, sacando un rendimiento en forma de beneficio a este capital, antes inactivo.

Estos grupos tienen una fuerza efectiva enorme y determinan las políticas de los Estados. Una vez que estos grupos dominan la mayor parte de la Economía nacional, el siguiente paso es poner a su disposición los recursos que se encuentran en el extranjero necesarios para sus gigantescas corporaciones. Nace así el imperialismo, con la subordinación de la política interna y exterior de los Estados a los intereses de los monopolios. Sin embargo, lo fundamental para entender el imperialismo no son las invasiones -que llevan existiendo desde la Antigüedad- sino la hegemonía del capitalismo monopolista en la Economía de los países.

¿Es posible evitar el monopolismo o todo país capitalista -antes o después- desarrolla esta forma de Economía? Lenin nuevamente da una respuesta a esta pregunta:

“Los hechos demuestran que las diferencias entre los diversos países capitalistas, por ejemplo, en lo que se refiere al proteccionismo o al librecambio, traen aparejadas únicamente diferencias no esenciales en cuanto a la forma de los monopolios o al momento de su aparición, pero que la aparición del monopolio, debida a la concentración de la producción, es una ley general y fundamental de la presente fase de desarrollo del capitalismo.”2 (p.181)

¿Cuáles son las características que presenta un país imperialista?
Concentración de la producción en manos de grandes empresas. Tendencia a la creación de monopolios u oligopolios.

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Los bancos adquieren un papel nuevo: dejan de ser simples intermediadores para pasar a dominar gran parte de la Economía, controlando buena parte del capital del que disponen los industriales. Se forma el capital financiero, a disposición de los bancos, aunque utilizado por los industriales. En muchos casos, el capital bancario e industrial se fusiona en un mismo monopolio. El capital financiero domina la Economía y aparece la oligarquía financiera.

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Con el monopolismo, como hemos visto, hace aparición del imperialismo. El capital financiero, una vez controlada la Economía nacional, necesita dominar recursos que se encuentran fuera de su propio Estado. Para ello, subordina la política exterior del Estado y practica una política imperialista. La consecuencia del imperialismo es el desarrollo desigual: la aparición de países “desarrollados” dominantes -que son una minoría imperialista- y países sometidos “subdesarrollados”. Esta es una relación imperialista recíproca: la pobreza de la mayoría de países no se explica por “leyes naturales”, sino principalmente por el sometimiento histórico y el expolio de sus recursos. No se puede entender la riqueza de “Occidente” sin la pobreza del “Tercer Mundo” y viceversa.

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Los países del capitalismo central -los “desarrollados”- no sólo exportan mercancías al capitalismo periférico -es decir, a los países “subdesarrollados”- sino que exporta fundamentalmente capitales: empresas. Esto garantiza el sometimiento de los países periféricos y garantiza al capitalismo central bajos costes salariales y excedentes de plusvalía. Son lo que actualmente conocemos como “deslocalizaciones”.

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Las grandes potencias y organizaciones internacionales capitalistas se reparten el mundo. Este papel lo juegan instituciones como la OMC, el FMI, el BM o la OTAN.

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Se genera una estructura económica que fomenta el “rentismo”: el capitalismo es capaz de mantener grandes tasas de beneficios no ligados a la producción. A diferencia del periodo de libre competencia, las grandes corporaciones tienen una situación de mercado asegurada que no les fuerzan a realizar grandes inversiones en la producción. Viven de rentas pasadas. Los capitalistas prefieren invertir en el ámbito especulativo de la economía: la bolsa, el capital financiero,… un modelo parasitario y que, en última instancia, frena el desarrollo.

Con todo esto, ¿podemos afirmar que la Unión Europea tenga características típicas del imperialismo? Desde luego, no hay duda de que la Unión Europea tiene hoy unas estructuras típicas del monopolismo, en favor -sobre todo- de la oligarquía francesa y alemana.

Sin embargo, la Unión Europea es aún un polo imperialista en construcción: su autonomía militar es todavía limitada y su posición está subordinada, en muchos casos, al imperialismo norteamericano. Esto no es algo que niegue su carácter imperialista, ya que no podemos pretender que la realidad encaje en los modelos teorícos. La realidad es dialéctica y cambiante y lo que sí podemos afirmar es que la UE se funda en los años 50 como proyecto de la oligarquía financiera para defender sus intereses económicos. No debemos quedarnos con una “fotografía estática” de qué es hoy la UE, sino ver también hacia donde avanza. Con los ingredientes que están en el horno (monopolismo, Tratado de Lisboa, Euroejército,…), lo único que puede salir es un bloque imperialista.

Algunas realidades de la Unión Europea

a) Unión Europea y crisis económica

La Unión Europea tiene su origen, en 1951, en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Desde su inicio, la prioridad de la construcción europea fueron los intereses oligárquicos sobre materias primas, mercado laboral y mercancías y no los derechos y libertades, que sirven hoy como adorno y legitimación ideológica.

En marzo de 2008, un encuentro de Partidos Comunistas definió a la UE como “la opción de las principales potencias y del capital monopolista de Europa Occidental.”

A día de hoy, el Tratado de Lisboa es la institucionalización que consagra el neoliberalismo como política económica oficial de Europa y que define los servicios públicos -Educación, Salud, Pensiones,…- como “servicios económicos de interés general”. La inclusión del término “económicos” es fundamental, ya que abre las puertas a las privatizaciones que -de hecho- ya están sucediendo en toda Europa. Un ejemplo claro son los servicios de Salud en territorios como Gran Bretaña o la Comunidad de Madrid.

La crisis económica del capitalismo afecta a la Unión Europea en su conjunto y ésta, como no podía ser de otra forma, está dando una respuesta unitaria. No es de extrañar que los rescates de bancos y las ayudas multimillonarias de los Estados se introdujesen de forma coordinada en todos los países miembro.

En la agenda del PSOE durante la Presidencia Española está la “Nueva Estrategia para el Crecimiento y el Empleo” (Europa 2020), como una vuelta al Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que buscan aumentar el proceso de concentración y centralización del capital que describí anteriormente.

La agenda se centra en tres ámbitos: económico, social y medioambiental.

En el ámbito económico y social, nada nuevo: retomar la senda de la Directiva de Servicios (Bolkestein3) y la Directiva de Tiempo de Trabajo (el intento de introducir una semana laboral de 65 horas).

El gobierno socialdemócrata también tratará de avanzar en un nuevo pacto social, de la mano de la Confederación Europea de Sindicatos (CES, al que pertenecen CCOO y UGT). El objetivo es seguir desarrollando la “flexiseguridad”: más precariedad, especialmente para la juventud.

En el ámbito medioambiental, así como en la inmigración, también se contemplan actuaciones, aunque las trataré en apartados posteriores.

b) Política Migratoria y Directiva de Retorno

El pasado 20 de enero, el ex-Presidente español Felipe González señaló que “en 20 años serán necesarios 30 millones de activos en la población europea.” Al mismo tiempo, la Unión Europea aprobó en 2008 la Directiva de Retorno de Inmigrantes, denominada “Directiva de la Vergüenza” por numerosos países latinoamericanos.

La paradoja es que la Unión Europea basa buena parte de su crecimiento en la capacidad extensiva de un sector servicios sobredimensionado (el sector terciario ocupa alrededor del 70% de la Economía europea). Este sector necesita una mano de obra barata y -preferiblemente- poco cualificada. Otros sectores, como la construcción de vivienda e infraestructuras, tienen necesidades similares.

Por eso, la emigración es para el capitalismo europeo una necesidad estructural, cuyo principal motor -además- es el desarrollo desigual entre países del capitalismo central y periférico; que, como vimos antes, tiene mucho que ver con la subordinación imperialista en favor de la Unión Europea y otras potencias.

Pero el capitalismo ve algo especialmente atractivo en la mano de obra extranjera: la posibilidad de tasas de explotación muy elevadas, a través del miedo de repatriación, la falta de derechos, jornadas laborales y condiciones de vida espeluznantes -sin derecho a recurrir a la legislación vigente-,… etc

La Directiva de Retorno es un nuevo paso en esta línea. Prevé la “repatriación voluntaria” en un plazo de entre 7 y 30 días de los inmigrantes “ilegales”, con internamientos en los infames CIEs4 de hasta 18 meses, además de procesos judiciales y expulsiones, con la prohibición de reingresar en la Unión Europea. Esta normativa se aplica también a menores de edad.

La “Europa social” de los “derechos y libertades” tiene además otra “sorpresa” para los inmigrantes que, ante la desesperación, buscan empleo y vida digna dentro de las potencias que están saqueando sus países. Esa sorpresa no es más que un cuerpo especializado en inmigración, denominado Frontex.

¿Qué es el Frontex? ¿Una institución humanitaria? ¿Un equipo médico dispuesto a rescatar a trabajadores con hipotermia que vienen en patera? No, es un cuerpo militar, armado con 20 aviones, 30 helicópteros y más de un centenar de barcos de guerra, entre otros.

El Estado Español es uno de los mayores impulsores del Frontex. No es de extrañar, que la respuesta de Berlusconi a Maria Teresa Fernández de la Vega5, cuando ésta criticaba las leyes filofascistas italianas en materia de inmigración, fuese… ¡Qué Italia las había copiado de España!

c) Política Energética

Puede que no haya una conjunción de palabras más utilizada por Zapatero en los últimos meses que “economía sostenible”. Dentro del Estado Español, esto ha tomado forma en una Ley, que toca muchos ámbitos, desde el canon digital hasta la “energía verde”.

En Europa, la energía -especialmente, la “verde”- es una de las claves económicas sobre el que se estructura el nuevo ciclo del capitalismo. La Unión Europea comenzó la liberalización del sector energético en el primer lustro del siglo XXI y esto ha provocado la multiplicación de las capacidades productivas, debido a las inversiones masivas de nuevo capital privado.

¿Para qué multiplicar la capacidad productiva de energía? O mejor dicho, ¿Cómo justificar ante la población, que las centrales eléctricas instaladas, que antes tenían capacidad para iluminar nuestras casas, fábricas y ciudades, ahora necesitan nuevas centrales? La solución que encontró la Unión Europea fue “acusar” a las viejas centrales de ser “sucias” y llamar a las nuevas “verdes”.

Como señalábamos en una resolución de CJC: “La diferenciación entre “energía limpia” y “energía sucia” abre la posibilidad a muchas empresas de invertir en un mercado virgen. La “energía verde” en realidad esconde el negocio de multiplicar las capacidades productivas instaladas -de forma innecesaria-, no en función de las necesidades reales de consumo energético, sino en función de cómo se produce esa electricidad: si de forma “verde” o no.

En realidad, toda producción de energía tiene un impacto medioambiental, incluyendo la eólica (sobre la migración de las aves, sobre el paisaje), la solar (sobre todo, cuando se transforman terrenos de cultivo en grandes parques solares, con cables de alta tensión y transformadores) o la hidraúlica (construcción de grandes presas).”

La solución “verde” de la Unión Europea busca reducir la dependencia energética de la Unión Europea y dar nuevos espacios al sector privado. En el Estado Español, se está creando una nueva burbuja -similar a la de la construcción- en torno a la energía. En los últimos 8 años, la producción de la industria pesada apenas han crecido un 2′4%, los bienes de consumo un 0′9%, pero la energía ha crecido en un espectacular 18′4%.

Debemos entender, como revolucionarios, que la solución no pasa únicamente por encontrar formas más limpias de producir, sino en reducir el consumo y romper el mito de que el ser humano tiene necesidades crecientes de energía y bienes de consumo. Esta necesidad no es del ser humano, sino del capitalismo depredador, que necesita mercantilizar todo y que sale ganando cuando el consumo es más elevado.

Esto quedó bien patente durante la Cumbre de Copenhague, donde se asestó un golpe mortal al Protocolo de Kyoto y se reprodujeron los roles imperialistas de dominadores y sometidos: los países más poderosos se reunieron en privado y trataron de imponer un acuerdo a los “países emergentes”. Fuera de la Cumbre, el capitalismo mostraba de nuevo su peor cara: 1500 personas eran arrestadas por las fuerzas policiales danesas.

d) Europa contra la soberanía de los pueblos

La Unión Europea no es una institución democrática. En primer lugar, desde un ámbito no formal -de contenidos-, es un proyecto de la oligarquía europea y no de las grandes mayorías. Pero es que además, desde el punto de vista formal, la Unión Europea se aleja cada vez más de las garantías mínimas de la democracia liberal.

Un ejemplo reciente lo encontramos en la aprobación del Tratado de Lisboa. De los 28 países miembros, únicamente en Irlanda se sometió a referéndum el tratado. La desagradable sorpresa para los círculos de poder europeos fue que el pueblo irlandés optó por el “NO”. ¿Solución? Campaña masiva de propaganda y a votar hasta que salga un voto afirmativo, con todo tipo de artimañas.

Pero el hecho más grave fue que el Tratado de Lisboa recogía los mismos contenidos que la Constitución Europea, rechazada en los referédums de Francia y de Holanda. Tras estos fracasos, la burguesía recordó una máxima de la Guerra Fría: “mis intereses no se someten a votación” (como bien saben en Latinoamérica).

Estas graves carencias democráticas son habituales en la Unión Europea. Ésta cuenta con siete altas instituciones de poder, de las cuáles seis no se someten a votación directa por parte de los ciudadanos. Sólo el Parlamento Europeo es elegido por sufragio y sus competencias son muy limitadas, especialmente en Política Exterior, Seguridad y Judicial. Por tanto, las instituciones europeas están alejadas de los ciudadanos y tienen poco poder efectivo.

La soberanía de los pueblos no cuenta en la Unión Europea. La autodeterminación nacional aparece en boca de los líderes europeos cuando se trata de anexionarse Kosovo y desmembrar Yugoslavia, pero desaparece completamente cuando el pueblo vasco o catalán, por poner sólo dos ejemplos cercanos, solicitan su independencia. En ese caso, la UE, presionada por el gobierno español, aprueba una vergonzosa resolución que asegura la inviolabilidad de las fronteras actuales de los países miembro.

La soberanía no sólo es ajena a las naciones sin Estado. También el Estado Español está sometido a los intereses de la oligarquía franco-alemana. Debido a las condiciones de entrada a la Unión Europea, España tuvo que destruir o reducir la mayor parte de su tejido productivo: desde la siderurgia y los astilleros, a las cabezas de ganado y los olivos.

Una vez evitada la competencia de los productos españoles, la oligarquía franco-alemana especializó al Estado Español en el turismo y, para ello, subvencionó la construcción de infraestructuras y la modernización del sector servicios.

Incluso desde una perspectiva capitalista, la falta de un tejido productivo propio y la falta de soberanía monetaria -tras la introducción del euro- son causas del agravamiento de la crisis económica en el Estado Español.

Lenin señalaba a principios de siglo que “en las manos de los cartels y trusts se concentran a menudo las siete o las ocho décimas partes de toda la producción de una rama industrial determinada.”6 (p.183)

Hoy día, la Unión Europea actúa como un gigantesco trust de los monopolios europeos y -preferentemente- de los franco-alemanes. En su interés, se regulan cuotas, tipos de interés y políticas económicas y se concentra la parte mayoritaria de la producción.

e) Política exterior

En primer lugar, hay que reconocer un hecho evidente y es que la Unión Europea no tiene la capacidad militar para lanzar invasiones que sí poseen otros bloques imperialistas, como puedan ser los Estados Unidos.

Pero esto no debe ocultar un hecho evidente: la UE tiene una presencia militar cada vez mayor en numerosos lugares del planeta. La presencia europea en Afganistán, Haití, Líbano o la antigua Yugoslavia es una buena prueba de ello.

El principal instrumento militar de las fuerzas imperialistas, hoy, es la OTAN, bajo hegemonía del imperialismo norteamericano. Sin embargo, el Tratado de Lisboa pone las bases para avanzar en la creación de un Euro-ejército, dotado de fuerzas de reacción rápida ante cualquier necesidad que los monopolios europeos puedan tener en el mundo.

Este avance paulatino hacia la creación de un Euro-ejército garantiza una autonomía europea respecto al bloque norteamericano, bajo la forma de rivalidad interimperialista, nunca como contrapeso popular. Estas contradicciones -surgidas de la rivalidad entre intereses económicos y comerciales de las distintas burguesías- no nacen de la existencia de un ejército propio, sino que la necesidad de un ejército propio es la consecuencia lógica de que existan unos intereses que defender.

Algunas contradicciones claras entre la UE y Estados Unidos se dieron durante la invasión a Irak, cuando Francia y Alemania se opusieron a esta agresión. Ambos países, bien curtidos en cuanto a imperialismo se refiere, no se movían por motivos humanitarios, sino porque la invasión yankee desplazaba a los monopolios franceses del petróleo iraquí.

En la época del imperialismo, según apuntaba Lenin, los choques de intereses entre distintos bloques son una ley histórica. Éstos irán a más, en la medida en que la Unión Europea se consolide como polo imperialista.

Las armadas europeas han participado en la ocupación de las aguas somalíes, para garantizar el expolio de los rescursos marinos del “Cuerno de África”. Europa acusa a Somalia de piratería. Los somalíes responden “¿y qué hacen los pesqueros europeos en África?”

Durante la presidencia española van a tener mucha importancia las relaciones con Latinoamérica. Allí tiene una presencia importante España. Sobre la mesa están acuerdos de libre comercio con México, Centroamérica y, especialmente, el gobierno derechista de Uribe en Colombia.

España también utilizará sus “especiales relaciones” con la monarquía marroquí, para desarrollar el estatuto avanzado con la Unión Europea, obviando los crímenes que se cometen en Sáhara Occidental. Otro tanto sucederá con Israel.

La agenda internacional nos deparará dos importantes jornadas de lucha en el Estado Español: 17 y 18 de mayo, la Cumbre UE – Latinoamérica y 24 y 25 de mayo, la Cumbre entre UE y Estados Unidos. Ambas citas son en Madrid y el movimiento popular deberá dar una respuesta contundente a los planes del imperialismo.

f) Política Educativa

Durante el pasado curso académico vimos grandes movilizaciones contra el Espacio Europeo de Educación Superior (popularmente conocido como “Plan Bolonia”), que reactivaron el movimiento estudiantil en prácticamente todo el Estado Español y Europa.

El eje fundamental del Plan Bolonia es la mercantilización de la Educación, uno de esos “servicios económicos de interés general” que define el Tratado de Lisboa. La Educación mueve en el mundo un monto económico mayor que otras ramas de la Economía como los automóviles, que ya están privatizados. El sector privado reclama ahora extender sus garras a uno de las pocas áreas con una gran presencia del sector estatal de la Economía capitalista.

El Espacio Europeo de Educación Superior se justifica como un avance para los estudiantes, que harán valer sus títulos universitarios en todo el territorio de la Unión Europea, a través de la homologación de los grados. Sin embargo, al mismo tiempo, se restringe el acceso a este nivel de la Educación mediante barreras económicas y se divide a los licenciados en dos grupos: aquellos con una formación básica para entrar al mercado laboral -a través del grado, con costes similares o ligeramente superiores a las actuales licenciaturas- y una élite ultracualificada -a través del postgrado, con precios inasumibles para la mayoría de las familias.

Bolonia también supone la creación de la ANECA, una agencia con participación empresarial, que no oculta que su objetivo es adecuar los planes de estudio a las necesidades “del mercado laboral” (léase, de las empresas). También supone la entrada del capital financiero como actor principal de la Educación, a través de becas-préstamo a los estudiantes, que a diferencia de las actuales becas, han de ser devueltas una vez los y las estudiantes comiencen a trabajar.

En el caso del Estado Español, todo el sistema educativo ha sufrido reformas para adecuarlo al “modelo europeo”, con un papel destacado de la LOE en secundaria.

Pero todo esto no ha de acernos perder de vista el aspecto fundamental: la Unión Europea plantea políticas coordinadas en torno a la Educación para llevar a cabo un proceso conjunto de mercantilización tendente a la privatización. Es un motivo de peso para que cualquier joven se dé cuenta de que la Unión Europea es contraria a sus intereses objetivos y que pertenecer a la UE es incompatible con la Educación pública, laica y de calidad que proponemos.

Entre el 12 y el 14 de abril, se celebrará en Madrid un encuentro informal de ministros de educación. Es un momento importante ante el que el movimiento juvenil y estudiantil tendrá algo que decir.

Frente a la Unión Europea, debemos oponer lucha

La Unión Europea es un polo imperialista en construcción y sus políticas se alejan cada vez más de los intereses de la juventud y la clase obrera. Por eso, durante los próximos meses, tendremos que dar una respuesta de lucha ante la Presidencia Española de esta institución.

Pero, ¿qué tipo de respuesta queremos dar los comunistas? Vamos a caracterizar alguna de nuestras propuestas.

a) ¿Lucha por el socialismo o lucha antiglobalización?

Históricamente, los comunistas hemos sido una parte importante de los movimientos sociales y, en muchas ocasiones, sus partes más activas y visibles. Con la contrarrevolución a finales de los años 80 en los países de Europa Oriental y la derrota histórica de las fuerzas comunistas, se abrió un nuevo periodo en el que aún se está definiendo el papel que jugamos en relación a los frentes de masa y a la lucha por otro modelo de sociedad.

Antes de los años 90, había un consenso generalizado entre los movimientos sociales y en las luchas de que tras cada pequeña batalla, había nuevos peldaños de lucha hasta llegar a la superación del capitalismo: el socialismo. En el Estado Español -a partir de la mal llamada “Transición”- esto nunca se tradujo en la existencia de un único partido de la Revolución que pudiera dirigir esa lucha por el socialismo.

A partir de los años 90, la lucha por el socialismo ha dado paso a la lucha “anticapitalista”, “antiglobalización”, “antisistema” o por otro mundo, que es posible. Estas luchas han conseguido sacar a cientos de miles de personas a las calles y supusieron el renacimiento del movimiento popular, tras el decretado “Fin de la Historia”7 del imperialismo.

Sin embargo, es necesario señalar que la lucha por el socialismo tiene plena vigencia, a pesar de que estas posiciones no sean hegemónicas hoy en determinados movimientos. Los comunistas consideramos que la mera oposición al capitalismo o a la globalización -a pesar de su carácter integrador- no es una lucha completa si al mismo tiempo no propone otro modelo de sociedad.es

¿Qué modelo de sociedad? Los comunistas recogemos un legado de más de 150 años de teoría y práctica revolucionaria. Autores como Marx, Engels o Lenin desarrollaron métodos de análisis científicos para intervenir y transformar la sociedad capitalista, caracterizando objetivamente aspectos de la nueva sociedad.

A partir de estos autores -y otros muchos- nace la teoría del socialismo científico, que como toda ciencia no puede ser algo acabado ni cerrado, pero que debe partir de postulados científicos y avanzar.

Desde luego, uno de los grandes déficits del marxismo-leninismo durante el siglo XX ha sido la poca capacidad para aumentar su acervo científico. Sin embargo, el movimiento antiglobalización y otros (como el de los foros sociales o el socialismo del siglo XXI), suponen en buena medida un retroceso en la formulación de alternativas basadas en análisis científicos.

En cualquier caso, a partir de los años 90 hemos visto cómo se revitalizan movimientos de tipo asambleario. Creo que los comunistas debemos ser autocríticos con la intervención de parte de los comunistas durante el siglo XX en los movimientos sociales.

En ese sentido, se debe desterrar la práctica de crear direcciones burocratizadas para los distintos frentes de lucha, que obedecen mecánicamente las órdenes del partido. Tampoco ayuda una concepción de los movimientos como “nidos” de nuevos militantes para el partido. La consecuencia lógica es la creación de plataformas y estructuras “chiringuito” dependientes de los partidos.

Las asambleas son herramientos mucho más apropiadas, en general, para los frentes, ya que su flexibilidad les da mayor capacidad de integración y participación. Además, una estructura independiente fomenta el respeto mutuo entre partido y frente de masas.

Los CJC, actualmente, apostamos por la asamblea como estructura para la mayoría de frentes de masas, aunque sin descartar el papel que pueden jugar otras estructuras. Un ejemplo es el movimiento estudiantil, donde apostamos por las asambleas antes que por las asociaciones.

Sin embargo, el movimiento asambleario suele plantear varios propuestas que considero erróneas. En concreto, la no intervención de organizaciones políticas, la absoluta horizontalidad y el rechazo al concepto de hegemonía.

Como señalé antes, la hegemonía entendida como imposición o subordinación, no tiene cabida en la praxis política de los comunistas. Pero el concepto de hegemonía de las posiciones del socialismo científico es muy necesario actualmente. Dos son los motivos fundamentales:

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Al estructurar el movimiento popular, que lucha por la superación del capitalismo, no juegan el mismo papel un sindicato (lucha fundamentalmente económica y defensiva), un frente (lucha parcial), que un partido (alternativa global, en todos los frentes y a todos los niveles para la sociedad capitalista). El papel del partido tiene que ser el de tener a los militantes más concienciados y con mayor trabajo, capaces de dirigir no sólo luchas parciales o económicas, sino una lucha global capaz de desplazar al actual bloque de poder oligárquico.

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Una asamblea se compone de personas con muy diferentes grados de conciencia política para hacer frente a un problema concreto (el patriarcado, la destrucción del medio ambiente, el Plan Bolonia,…). Un partido tiene a militantes con el máximo grado de conciencia política: los cuadros. La participación y la hegemonía de los revolucionarios del partido del socialismo científico es fundamental para hacer avanzar las posiciones de la asamblea y para integrar la lucha sectorial con la lucha global a todos los niveles contra el sistema de dominación capitalista.

Por lo tanto, creo que asamblea y hegemonía no son conceptos enfrentados, sino necesariamente complementarios. Son dos partes fundamentales para el futuro de la lucha revolucionaria.

b) El marco europeo de la lucha de clases

Los comunistas, desde la fundación de la III Internacional en marzo de 1919, hemos optado por organizarnos según el criterio de “Un Estado, Un partido” para los países del capitalismo central, con otras variantes específicas para las situaciones de opresión colonial (no confundir con la opresión nacional).

Esto se fundamenta en tres motivos básicos:

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La burguesía tiene como marco fundamental de ejercer su poder al Estado, por lo que la lucha más efectiva contra un poder burgués se da coordinando todos los esfuerzos y luchas del territorio donde esta burguesía está organizada.http://www.blogger.com/img/blank.gif
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El proyecto de cada partido comunista es la construcción del socialismo en su Estado, articulando la nueva sociedad sobre el criterio de la autodeterminación nacional, pero sin caer necesariamente en el Estado nacional. Los comunistas somos internacionalistas y este respeto por las singularidades nacionales permite la convivencia de varias naciones en un Estado.
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Una condición esencial para derrotar a la burguesía de un Estado es que la lucha de todo el territorio se coordine y dirija para golpear de forma unida. Para los comunistas, dirección única e intervención específica en cada territorio se conjugan a la perfección en el centralismo democrático. El centralismo democrático, llevado hasta sus últimas consecuencias, exige la existencia de un único partido para todo el Estado y, a ser posible, una Internacional por encima de todos estos partidos, evitando estrategias contrapuestas del proletariado de los diferentes países.

Desde 1943, los y las comunistas vivimos “huérfanos” de una Internacional, aunque esto se dejó notar especialmente a partir de 1991, con la caída de la Unión Soviética.

A medida que la Unión Europea avanza en su integración, se va conformando un marco europeo de lucha de clases que, si bien no supera aún en importancia a los marcos estatales, sí debe ser tenido en cuenta.

Por eso, la coordinación y unidad de los comunistas a escala europeo y mundial se hace cada vez más necesaria. En este sentido, en los últimos años se han multiplicado exponencialmente los seminarios y encuentros internacionales de partidos comunistas y obreros y en las últimas elecciones europeas se presentó por primera vez una candidatura conjunta de 21 partidos comunistas, con el PCPE representando al Estado Español en ella.

Hay que prestar atención a este tipo de iniciativas, pues son el germen de la futura organización internacional de los y las comunistas. Estos avances se van concretando en numerosas inicativas, de las cuáles la última ha sido la revista teórica internacional: http://www.iccr.gr/site/es.html .

c) En conclusión

Algunas conclusiones básicas de este artículo son las siguientes:

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La Unión Europea es un proyecto imperialista de la oligarquía europea -especialmente, la francoalemana- y, por tanto, no es reformable en sentido progresista. Es necesario luchar por la salida del Estado Español de sus estructuras, dejando de lado propuestas socialdemócratas de una “Europa social”.
*

Ante la presidencia española de la UE, debemos responder con lucha. Como jóvenes,
importante la lucha contra el modelo europeo de Educación (el Plan Bolonia), en el encuentro que se dará en Madrid en abril. En mayo, el movimiento antiimperialista tiene dos importantes citas.
*

La oposición a la UE no puede darse únicamente ante la Presidencia Española, sino en todo momento. Es necesaria la coordinación para la lucha de todos los revolucionarios a escala europea.

Juan Nogueira López

Secretario General de los CJC

1El Imperialismo, fase superior del capitalismo. Obras escogidas, Editorial Progreso.

2El Imperialismo, fase superior del capitalismo. Obras escogidas, Editorial Progreso.

3La Directiva Bolkestein permite a las empresas de la Unión Europea aplicar las legislaciones laborales de sus países de origen, aunque operen en otro Estado. De esta forma, una empresa de otro Estado de la UE que opere en el Estado Español, aplica el Derecho a Huelga según las regulación de su país de origen, que pueden ser incluso más reaccionarias que las que se aplican aquí. Sucede lo mismo con las condiciones de contratación, despido, la Seguridad Social,… etc El salario mínimo queda excluido del “país de origen”, pero en la práctica se aplica en ocasiones, ya que muchos países de la UE no tienen regulado un salario mínimo.

4Centros de Internamiento de Extranjeros, donde las condiciones penitenciarias y de hacinamiento hace recordar a los antiguos campos de concentración.

5Vicepresidenta española.

6El Imperialismo, fase superior del capitalismo. Obras escogidas, Editorial Progreso.

7El autor Francis Fukuyama escribió un libro titulado “El Fin de la Historia” que teoriza que tras la derrota del comunismo, el sistema capitalista democrático es el acabado perfecto, el modelo de sociedad en el que finaliza la evolución humana y con el que se logrará la armonía, el fin de las guerras y toda una serie de logros que el tiempo se ha encargado de desmentir.

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sábado, 13 de junio de 2009

Unir a la Juventud, por la República y el Socialismo


Por: Maite Martín - PCE

La lógica del capitalismo empuja a las multinacionales y a las potencias imperialistas (sobre todo a los EE.UU., la potencia más agresiva) a una competición sin fin, a una espiral de militarismo y neoliberalismo, de consecuencias fatales para la clase obrera y las masas populares: miseria, guerra, racismo, explotación salvaje, terrorismo de Estado, fascismo, etc.

En la Unión Europea (UE) imperialista, a causa de la crisis del capitalismo se desarrollan tendencias reaccionarias, y todos los gobiernos están comprometidos en la construcción apresurada de los instrumentos económicos, políticos y militares que le permitan fortalecer su posición internacional para afianzarse en el reparto imperialista. Al mismo tiempo, para que sus multinacionales puedan competir internacionalmente, la UE necesita aplicar recetas neoliberales y asestar nuevos ataques contra las conquistas y derechos de la clase obrera y las masas populares de los Estados miembros. De estas políticas salen especialmente perjudicados los jóvenes trabajadores: debido al incremento del paro, la precariedad laboral y el recorte de salarios, que se traduce en un descenso generalizado de sus condiciones de vida, el capitalismo genera una gran cantidad de frustración y desarraigo juvenil.




España: del franquismo a la monarquía. La derrota del movimiento juvenil popular

La transición de la dictadura franquista a la monarquía pretendía adaptar España al capitalismo europeo, y para ello se necesitaba una homologación de las estructuras políticas (la transición monárquica y la democracia burguesa) y económicas (desmantelamiento del sector público de la economía) para “modernizarse” y cumplir el papel que el imperialismo le había asignado a España en la división internacional del trabajo. La monarquía borbónica vino a sustituir al franquismo, sin una ruptura de fondo con éste, en un proceso controlado por los tentáculos de la CIA norteamericana y de la oligarquía imperialista europea, que se encargó de potenciar al Partido Popular y al Partido Socialista Obrero Español para crear un sistema bipartidista, tradicionalmente el sistema que mejor se adapta a la monarquía española. De esta transición nació en España una democracia burguesa limitada, resultado de los equilibrios entre las diversas fuerzas presentes: la tradicional oligarquía feudal española, en descomposición o reconvertida en oligarquía financiera; los sectores más reaccionarios de la Iglesia y el ejército; los sectores burgueses industriales ascendentes (algunos de ellos tradicionalmente apartados del poder político del Estado, como las burguesías nacionalistas catalana y vasca), y los sectores obreros y populares, entre los cuales el Partido Comunista de España (PCE) ejercía una gran capacidad de influencia. La dirección del PCE eurocomunista se sumó a esta política desde 1956 (teorizándola con el nombre de “reconciliación nacional”), pregonando la paz social, la colaboración de clases y la impunidad y el olvido de los crímenes fascistas. Hay que tener en cuenta que el PCE era el partido que movilizaba tras de sí cientos de miles de ciudadanos, la mayoría jóvenes, producto del prestigio ganado en la guerra civil y en la lucha antifranquista.

Los jóvenes obreros y estudiantes habían sido los protagonistas del importante movimiento popular antifranquista. Sin embargo, fruto de la inmadurez de algunos de los sectores que se lanzan a la lucha, ese movimiento se caracteriza desde un principio por una falta de perspectivas políticas claras, de desorganización, de espontaneidad, de cierta división, de parcialidad, de falta de claridad de objetivos y un gran peso de ilusiones y confusionismo, alentadas y mantenidas por los colaboracionistas que se limitan a sembrar falsas ilusiones entre le pueblo y entre la juventud.

Contra la traición del equipo de Santiago Carrillo y su política revisionista y antiestalinista, en las filas del Partido se libró una dura y difícil lucha (hay que tener en cuenta la feroz represión franquista). Fueron muchos los veteranos militantes los que se negaron a aceptar la política revisionista, y particularmente, fueron los jóvenes militantes, obreros y estudiantes, los artífices de esa lucha, entre ellos se encontraban nuestros dirigentes Elena Ódena y Raúl Marco. En septiembre de 1964, como resultado de la unión de los cuatro grupos m-l existentes en España y en la emigración, se creó el Partido Comunista de España (m-l). Fue el segundo partido m-l constituido en Europa.

El PCE, que negociaba arteramente, primero y luego oficialmente con sectores de la oligarquía franquista, años antes de la muerte de Franco, no sólo cometió una gran traición a las aspiraciones populares y a la lucha por la República y por el socialismo, sino que generó entre el pueblo una gran frustración que llega hasta nuestros días, consolidando unas formas de hacer política completamente burguesas entre la izquierda. Los anhelos de decenas de miles de jóvenes que durante esos años lucharon por conquistar sus derechos democráticos quedaron cortados, y se rompió la continuidad de las tradiciones de lucha, creando un gran desánimo.

A todo ello se sumó la degradación acelerada de la su situación económica y social, agudizó a los jóvenes el sentimiento de desconfianza y recelos contra las organizaciones, sin diferenciar claramente entre ellas. Esta desconfianza también fue sembrada por el revisionismo y el eurocomunismo, por sus traiciones y engaños y por su papel disolvente hacia la organización. La oligarquía aprovechó esta coyuntura y empezó a impulsar con especial fuerza el individualismo, el escepticismo, el egocentrismo, la indiferencia, la total inhibición ante los problemas políticos y sociales que se estaban dando en nuestro país, utilizando para ello diversas corrientes o modas.

Años más tarde, la caída de la URSS y del muro de Berlín, propiciaba durante los años 90 una de las campañas anticomunistas más virulentas de la historia, que fue aprovechada por elementos liquidadores para destruir momentáneamente, al PCE (m-l) y nuestra organización juvenil, la JCE (m-l). Pero los comunistas no nos rendimos, y logramos reconstruir tanto el Partido como la Juventud.

La situación socioeconómica de los jóvenes en España

En primer lugar debemos tener muy en cuenta la importancia que da la reacción a la corrupción ideológica y moral de los jóvenes. Los reaccionarios saben que los jóvenes están ansiosos de saber, que necesitan desarrollar sus conocimientos, que cuando se revelan contra las formas de vida “oficial” buscan otra forma de vida que cambien éstas radicalmente y lo tienen muy en cuenta para ver de que forma se pueden atraer o como mínimo neutralizar a los jóvenes para su causa, sembrando el individualismo, la indiferencia, la falta de solidaridad y la inutilidad del ideal revolucionario a través de los medios de comunicación, de las distintas instituciones oficiales, del campo de la cultura y de diversas formas de vida y de pensamientos. Todos estos caminos que utiliza la reacción tienen como finalidad desviar a los jóvenes de la lucha de clases y desviarlas a la “lucha de generaciones”, o a la solidaridad sobre las diferencias clases, o en convertirlos en una “clase de marginados” que se deben rebelar contra la “sociedad”. Pero la juventud no es una clase, ni su problema principal es la marginación (aunque puedan ser preocupantes algunas tendencias a la marginalidad), ni sus enemigos son las otras generaciones o la “sociedad” en general. La juventud es un sector particular insertado en un sistema dividido en clases sociales, unas trabajadoras y otras explotadoras y sus problemas surgen en función del papel que se tenga reservado en el fututo como miembro de tal o cual clase. Es precisamente contra las jóvenes trabajadores o de las clases populares contra los que van dirigidos las campañas de intoxicación ideológica de la reacción. El imperialismo y sus instrumentos de dominación conocen bien la realidad de la juventud obrera y la trabajan intensamente, con el objetivo de dormir las inquietudes de los jóvenes y asimilarlos al sistema, o bien se utiliza la represión cuando no se consigue domesticarlos, (como lo acabamos de ver en la represión de los estudiantes anti-Bolonia en Barcelona y otras ciudades europeas, o con la campaña y persecución anticomunista en el este de Europa, especialmente contra la KSM de la Rep. Checa).

No podemos cerrar los ojos a la nefasta y por desgracia masiva influencia de la cultura basura, superficial y alienante entre los jóvenes, que incluye un elevado grado de drogodependencias, de hedonismo extremo y de desculturización, de exaltación de la competitividad mediante los deportes de elite convertidos en mercancías, de consumismo enfermizo, todo ello fenómenos que conducen al lumpen, a la prostitución y a otros comportamientos que los anulan como luchadores en potencia.

Considerando que los jóvenes comprenden la franja de edad entre 16 y los 30 años, en España son algo más de 8 millones de personas, el 22% de la población total[1]. La inmensa mayoría de ellos son o serán trabajadores o bien jóvenes desempleados. Hoy los que forman el contingente de jóvenes trabajadores asalariados, son algo más de 3 millones de personas, alrededor del 25% de la clase obrera. Hay que considerar además que en España no se puede hablar de una única juventud obrera, puesto que existe una realidad plurinacional y regional que fragmenta a la juventud (en cuanto a posibilidades laborales, culturales, de identidad, etc.), incluyendo también a una compleja juventud inmigrante (por origen, por religión, etc.) que normalmente coexiste separada de la juventud autóctona y que suele tener dinámicas de vida muy particulares.

Los jóvenes son uno de los colectivos sociales que más sufren estas desigualdades, peores condiciones de vida y de trabajo. Se está dando un proceso de descomposición social con propensión a ir creciendo, proceso que padece sobre todo la juventud. La tasa de desempleo juvenil es del 22,2% (en algunas zonas de España como en Andalucía llega al 30,8 de la población). Según el informe FOESSA (2005), hay un “aumento acelerado del número de jóvenes que viven en la pobreza. El 44.1 % del total de los pobres en España tiene menos de 25 años… En la pobreza extrema,…, más del 65 % del colectivo tienen menos de 25 años. En el conjunto de los pobres severos el 53.2 % son jóvenes o niños”. La inestabilidad y precariedad laboral es especialmente preocupante en la juventud (según el sindicato CC.OO., el año 2007 el 68 %, de los jóvenes trabajadores tenía un contrato temporal) lo que imposibilita que puedan dar salida a sus expectativas vitales. Además de una mayor temporalidad los jóvenes se ven afectados por “… un mayor índice de siniestralidad y una menor ganancia salarial” y “el 37 % de los accidentes totales” laborales y diferencias salariales que pueden llegar a los 9.000 euros anuales de media (CC.OO., agosto 2005). Todos estos datos se ven ampliamente desfasados por los efectos devastadores de la crisis económica.

Hay que tener presente que en los últimos años se ha producido un cambio generacional en la clase obrera con la incorporación masiva de jóvenes al mundo del trabajo, y al mismo tiempo, la jubilación de la mayoría de la clase obrera que luchó contra la dictadura franquista. Además, los jóvenes han empezado a trabajar en condiciones mucho peores que sus padres y están soportando un mayor grado de explotación y maltrato por parte de la patronal, sin que prácticamente se haya trasladado la experiencia de lucha entre generaciones, lo que dificulta enormemente la organización sindical y política de los jóvenes obreros.

Por otro lado, uno de los grandes problemas de la juventud es el del acceso a una vivienda digna. Ésta se muestra inaccesible ya no sólo por su encarecimiento (entre 1987 y 2004, el coste medio ha crecido 3.5 veces más que los salarios) sino además por lo que apuntábamos arriba: la inestabilidad y precariedad laboral y los ínfimos salarios de nuestra juventud trabajadora. Y los que consiguen una, tienen, por esas razones, que estar encadenados casi de por vida a los bancos. La vivienda se ha convertido en el eje de fabulosas ganancias para las oligarquías de la construcción y las finanzas (un 86 % del endeudamiento familiar, que supone más del 76 % del PIB, corresponde a los préstamos para la compra de vivienda) teniendo como base la especulación. Los distintos gobiernos monárquicos la han facilitado o fomentado, encontrándose atados a la misma desde el momento en que una de las patas de su política económica es el sector de la construcción. No es de extrañar, pues, que la edad media de emancipación sea superior a los 29 años.

La enseñanza pública se privatiza y se reducen sus recursos. Con la LOGSE, ley que reformó el conjunto de la enseñanza básica, se abrió la puerta a la degradación acelerada de la misma, en detrimento de la enseñanza privada. Respecto a la enseñanza universitaria, los dictados de la UE pretenden su desmantelamiento paulatino, y su sustitución, por un modelo de enseñanza elitista, clasista y reaccionaria, que dificulta cada vez más el acceso de los sectores juveniles populares a una enseñanza digna. El Plan Bolonia, es la concreción actual de ese modelo neoliberal de enseñanza para toda la UE. Se basa en la privatización, el funcionamiento antidemocrático de los centros, en la mercantilización de la enseñanza, abriendo la puerta de la universidad a los capitalistas para obtener plusvalía directa (centros privados y concertados) e indirecta: no se basa en la formación integral de la persona sino en criterios de rentabilidad económica actual y futura, donde el alumno no es nada más que una potencial mano de obra a explotar, es decir, fuerza de trabajo para un determinado modo de producción. En este modelo, los jóvenes de la clases populares, entre otras cosas, serán marginados de una educación superior, segregados, por un criterio estrictamente económico. Cientos de jóvenes trabajadores becarios lo hacen por salarios ínfimos, y docenas de jóvenes investigadores tienen que salir del país porque no tienen futuro.

La necesidad de la juventud comunista


Como hemos visto, la situación de los jóvenes en España por una parte es similar en lo económico, lo cultural, las mentalidades y los valores, a la dinámica de los jóvenes de otros países imperialistas, y por otra parte, está íntimamente ligada al régimen político imperante y su historia reciente.

La mayor parte de los jóvenes vive las odiosas consecuencias del capitalismo, en los barrios obreros, en las fábricas, en las estructuras elitistas y competitivas de la enseñanza. Ese potencial es el que hay que organizar, para nutrir a la causa del socialismo de futuro cuadros y dirigentes, antes de que sean sumidos en la resignación y la impotencia, de que sean integrados en las miles de redes invisibles del capitalismo.

Frente a ello, los jóvenes más combativos se organizan en los frentes de masas sobre la base de sus reivindicaciones, a veces de forma todavía poco consciente o espontánea. Las movilizaciones de los estudiantes por la universidad pública, antifascistas, antiimperialistas y en contra de la crisis son ejemplos clarificadores. Estos movimientos juveniles de carácter reivindicativo, desempeñan su importante función de cara a organizar a los jóvenes en general.

El problema de la mayoría de los frentes y organizaciones de masas, es que no pueden superar los estrechos límites de sus reivindicaciones inmediatas, además de que al existir varias organizaciones, se crea una tremenda dispersión y mucha confusión. Es necesario impulsar las luchas, los movimientos y las organizaciones juveniles para contribuir a darles un carácter popular, amplio y unitario, contra todas las tendencias automarginales o entreguistas. Es necesario para combatir la tendencia a la dispersión y desorganización, dar la batalla ideológica y política, entre los destacamentos más avanzados de la juventud. Además, a la precaria situación socio-económica de la juventud obrera, hay que añadir la extrema debilidad del movimiento comunista y de una izquierda caracterizada mayoritariamente por el reformismo, la dispersión y división, así como su institucionalización en las estructuras de la monarquía.

La ofensiva neoliberal y la fascistización de un imperialismo en crisis y decadencia, ha producido división y enfrentamientos, y ha comportado la debilidad política de las organizaciones, que no han podido continuar la lucha y mantener viva la memoria revolucionaria y combativa de los pueblos de España, y ha dejado a una parte importante de la juventud desarmada ante las fuerzas reaccionarias, fascistas, socialdemócratas, revisionistas, trotskistas, anarquistas… Éstas han aprovechado el desconocimiento de la historia de lucha por la Republica y contra el fascismo, así como la trascendencia histórica de la Gran Revolución de Octubre, sus logros y sus conquistas para la humanidad, para revisar la historia con todo tipo de leyendas anticomunistas.

Los golpes que hemos recibido tanto a nivel nacional como internacional son en parte el resultado de una batalla y enfrentamiento abierto con el enemigo de clase durante una guerra sostenida de desgaste, y en parte el resultado de la degeneración ideológica, la traición interna y la conciliación con ideologías burguesas en el seno de los partidos. Por ello es importante combatir resueltamente toda manifestación de revisionismo y oportunismo, y nuestros principales esfuerzos deben ir dirigidos a educar en las ideas del marxismo-leninismo, de la revolución, de la dictadura del proletariado (concepto que necesita ser explicado no de forma simplista y superficial, sino de forma suficientemente pedagógica por ser uno de los caballos de batalla de la ideología anticomunista) y, sobre todo, del internacionalismo proletario a los jóvenes, que implica una adhesión de hecho, y no formal, hacia los pueblos oprimidos por el imperialismo. Y no olvidamos, como nos enseña Lenin, Stalin y demás dirigentes comunistas, que el internacionalismo es también un concepto concreto, militante entre los partidos y organizaciones marxista-leninistas, sin distinción entre grandes y pequeños, jóvenes y veteranos, fuertes y aún débiles.

La necesidad de la lucha ideológica se acentúa en la situación que actualmente vivimos, teniendo en cuenta que nos encontramos en el siglo XXI y por lo tanto, las tácticas y la manera de intervenir políticamente no pueden ser exactamente las mismas que las del siglo XX: hay que tener en cuenta la inexperiencia de la juventud en la lucha, el individualismo y la alienación extrema, que ha marcado a gran parte de la juventud en el espíritu pequeño-burgués, lo que dificulta su organización. Estas condiciones son el caldo de cultivo para despolitizar a amplios sectores juveniles, y así imponer valores basados en la excitación de odios nacionales, la xenofobia, el racismo y el oscurantismo religioso, el fascismo… y también el radicalismo fácil, el nihilismo y el anarquismo. Por todo ello, para intervenir políticamente entre la juventud hay que erradicar toda manifestación de sectarismo y establecer espacios de unidad entre los jóvenes comunistas y entre éstos y el resto de la juventud progresista para avanzar en una política unitaria y democrática por la superación del capitalismo.

La problemática y dinámica específica de los jóvenes hace que sea más difícil para el partido organizarlos directamente. Es necesaria una organización flexible y activa, para poder formarse, con la ayuda del partido en la ideología, la política y la organización marxista-leninista, en el internacionalismo proletario, en la teoría y en la práctica, individual y colectiva, en la discusión y en la disciplina, y así prepararlos para ser futuros militantes del partido: se trata de que nuestra organización de jóvenes comunistas sea una escuela de comunistas. Para el PCE (m-l) el trabajo entre los jóvenes se organiza casi en exclusiva a través de nuestra organización juvenil, la JCE (m-l). Nuestro partido entiende que es de vital importancia organizar a los jóvenes y los comunistas tienen la tarea imprescindible de romper la dispersión y debilidad del movimiento juvenil que existe actualmente en España. Los comunistas tenemos la teoría, la experiencia histórica y la organización para llevar el debate ideológico y político en el seno de la juventud.

Los comunistas debemos ser los más firmes defensores de los derechos de la juventud obrera y popular. La lucha por sus derechos es una formidable escuela para los jóvenes que no tienen formación política y que sólo la adquieren al comprender en su lucha, con quien se tienen que ir enfrentando para conseguir sus derechos. El trabajo entre los jóvenes es importante porque es donde las organizaciones comunistas juveniles pueden adoptar un carácter de masas y aparecer ante los jóvenes como un instrumento útil para su movimiento, como una organización que les ayuda, que les da perspectivas, que trabaja con ellos. Se trata además de hacer frente de forma concreta a los planes de la burguesía de descargar su crisis sobre los trabajadores y el pueblo, y de esta forma preparar a los jóvenes para las batallas políticas que se van a desarrollar. De esta forma también se trata de ligar las cuestiones políticas a las concretas, de no separarlas como dos mundos aparte, de que en la lucha por los problemas concretos impulsemos la lucha de clases. Incorporar a los jóvenes a la lucha política es fundamental, porque es la única forma de ir a la raíz de los problemas que atraviesa y además porque la juventud tiene deberes inexcusables con nuestro pueblo en su lucha por la libertad.

La política de los comunistas entre la juventud


Es importante ir desarrollando constantemente y en todos los sitios, la verdadera unidad combativa de la juventud. Sabemos que nada de lo que planteamos puede llevarse a cabo si la juventud no se une y lucha, junto con el resto de la clase obrera. Los caminos de la unidad pasan porque las masas juveniles se vayan dotando, aunque sea parcialmente y gradualmente, de objetivos claros, de posiciones claras de lucha, de conciencia revolucionaria. También pasan porque los jóvenes vayan aplicando esa unidad por abajo, en cada movimiento o asociación juvenil de forma concreta, con la participación directa de jóvenes, en su mayoría sin organizar. Aquí es donde se abre el camino de la unidad y aquí es donde los jóvenes comunistas deben impulsarla. Los comunistas debemos trabajar en los movimientos unitarios, no podemos quedarnos al margen de ninguno de ellos ni tampoco diluirnos en ellos. Debemos intervenir para impulsar acciones de lucha, para divulgar nuestros objetivos, para llevar también allí la política unitaria, la unidad de la juventud. Los comunistas somos los primeros que debemos dar ejemplo respetando los compromisos unitarios, pero eso no significa que debamos disolver nuestra organización en el seno de los movimientos juveniles. Por otra parte, tampoco podemos presentarnos en las organizaciones sociales juveniles de forma estridente y llamativa, o como grupos cerrados y separados, donde podamos dar una impresión de espíritu sectario o de querer acaparar el movimiento. Debemos trabajar de forma unitaria para evitar crear divisiones en el seno de los movimientos juveniles, respetando su autonomía y no tratando de dirigirlos de forma forzada. Los comunistas nos ganamos nuestro puesto en cualquier movimiento mediante nuestra lucha, mediante nuestro trabajo regular y paciente. Nuestro objetivo es tratar de impulsar las luchas dándoles un contenido político general, y para ello debemos educar a los jóvenes en el espíritu de camaradería en una organización ligada a la lucha. Asimismo, hay que educar a los jóvenes en el espíritu de solidaridad activa y de consagración hacia la juventud trabajadora y hacia los pueblos oprimidos por el imperialismo, desterrando el individualismo y los prejuicios raciales que el imperialismo inculca a la población.

Un ejemplo de vital importancia es el Movimiento Estudiantil. En la actualidad el Movimiento Estudiantil se caracteriza a nivel organizativo por la dispersión de las luchas, al no existir unos cauces organizativos sólidos que transmitan la experiencia, así que éstos se crean y se destruyen con el paso de generaciones de estudiantes diferentes. Por eso es necesaria una coordinación estatal efectiva como paso previo a un único referente estatal para los estudiantes, luchando contra el chovinismo burgués de algunas organizaciones independentistas en las nacionalidades del Estado, con fuerte influencia en el movimiento estudiantil, que se oponen frontalmente a cualquier tipo de coordinación estatal. De lo que se trata es de trabajar por un movimiento no excluyente para ninguno de los sentimientos nacionales, sino amplio y unitario. Asimismo hay que luchar contra las organizaciones trotskistas y anarquizantes que intentan instrumentalizar el movimiento estudiantil para supeditarlo directamente a sus intereses como organización.

Debemos hacer que los movimientos tengan un carácter popular, combatiendo el marginalismo, tanto a nivel ideológico como práctico, proponiendo nuestros planteamientos y una manera de trabajar diferentes. Debemos politizar el movimiento dándole un contenido ideológico sólido, reivindicativo y de carácter popular, relacionando los problemas concretos con el marco general, llevando a cabo el análisis político en aquellos frentes donde luchemos y ser capaces de hacer que los estudiantes entiendan las causas políticas y económicas que provocan la situación de la enseñanza pública, pues no haremos que ningún movimiento estudiantil avance si este no parte de un análisis previo y correcto de la educación. Haciendo este análisis exponemos implícitamente que la raíz del problema se encuentra en el marco político actual, y por tanto la solución implicará un cambio político. También por eso es necesario globalizar las luchas y unir las reivindicaciones. Debemos dotar a la lucha estudiantil de una perspectiva más general, abarcando el resto de problemas que se dan en la sociedad evitando que los frentes estudiantiles se aíslen del resto de reivindicaciones de las clases populares, actuando de manera conjunta con el resto de la clase obrera, haciendo ver a los estudiantes que todos pertenecemos a una misma clase y por tanto nuestros intereses están relacionados al igual que lo están nuestras luchas. En nuestro país las reivindicaciones pasan por la defensa de la enseñanza pública y la lucha contra la enseñanza privada burguesa, por la derogación de la LOGSE y el rechazo al Plan Bolonia, aspirando a conquistar una única enseñanza pública, universal, gratuita, científica, democrática y popular.

Otro ejemplo de lucha juvenil es el movimiento Antifascista. Unas de las consecuencias inmediatas e inevitables de la crisis capitalista, es la fascistización del Estado y el aumento de la represión contra las masas populares por un lado, y por el otro, el surgimiento, reforzamiento e implantación de bandas nazifascistas que ya actúan con bastante impunidad, a lo largo y ancho del estado Español amparados o con la cobertura, en general, directa o indirecta, de medios de “comunicación” e instituciones. Constantemente se repiten las amenazas, las palizas, los atentados terroristas contra locales, y por desgracia, también los viles asesinatos impunes. La ausencia de una referencia de izquierdas que canalice sus ansias de rebelión hacia la ruptura con el capitalismo, empuja a algunos sectores obreros hacia el fascismo y explica, al menos en parte, el auge de las bandas fascistas en algunos barrios obreros. Tenemos que dar al antifascismo un carácter político, amplio de masas, popular con el que se identifique no sólo el joven sino también el ciudadano de a pie, el anciano, el padre y la madre de familia. Debemos huir del “antifascismo” de pandilla y sectario, y criticarlo políticamente, ya que lo único que hace es echar piedras contra nuestro propio tejado. En muchos jóvenes se observa esta tendencia, sin contenido político, basada en agresión por la agresión, que lleva en su seno el aislamiento y la incomprensión de las masas, tendencia que se niega a ver que el fascismo es la expresión terrorista de la dictadura de la burguesía, arraigada en el Estado Español por cuarenta años de régimen fascista. Nuestro deber es promocionar el antifascismo de masas, incorporando a la lucha contra las agresiones a las asociaciones de vecinos, sindicatos, etc., estableciendo plataformas unitarias que politicen a las masas y les muestren la vinculación entre el fascismo y crisis del capitalismo.

Unidad de la juventud progresista y de los jóvenes comunistas


Para superar la actual situación de dispersión, nosotros proponemos la unidad de la izquierda y de los jóvenes comunistas que hoy están en diferentes organizaciones. Nuestro deber es buscar siempre la unidad de las fuerzas, y sabemos que el peor favor que le podemos hacer a la clase obrera es seguir prolongando la fragmentación que hay actualmente en la izquierda, que disgrega nuestra fuerza como proletariado y además desanima a éste. Sabemos también que este no es nuestro caso, y que la unidad de la izquierda es una tarea muy difícil que no siempre podemos conseguir. La unidad de la izquierda es prioritaria para nosotros, pues una izquierda fragmentada nunca podrá conseguir un proletariado unido, y si no estamos unidos, tampoco podremos llevar a cabo nuestros objetivos. Es posible y necesario que entre las organizaciones juveniles comunistas se establezcan actividades conjuntas y debates políticos que permitan crear espacios unitarios. Las experiencias positivas de trabajo en común en el movimiento estudiantil, republicano, antifascista y otros, deben servir para levar el grado de unidad de diferentes organizaciones juveniles, sin sectarismos, con el fin llegar a ser un instrumento político de la juventud trabajadora.

La JCE (m-l) ya tiene experiencias unitarias muy interesantes con otras organizaciones juveniles comunistas del Estado español, y va a proseguir en su trabajo unitario poniendo todos sus esfuerzos para contribuir a la unidad de los jóvenes comunistas, ya que esa es una prioridad de nuestra organización. Las experiencias más importantes son:

* Las plataformas antifascistas, donde en algunos lugares se ha conseguido unir a diferentes organizaciones políticas juveniles, sindicatos, asociaciones de vecinos, etc., dando una respuesta de masas a las agresiones fascistas.
* El trabajo internacionalista y la solidaridad hacia los países que luchan contra el imperialismo (Cuba, Venezuela, etc.), participando en brigadas juveniles unitarias de solidaridad, en diferentes eventos juveniles internacionales (CIIJA, FMJD), en organizaciones antiimperialistas locales, etc.
* Campamentos juveniles. Una experiencia importante que creemos que puede ayudar a la unidad y la organización de los jóvenes progresistas es el Campamento Estatal de la Juventud Antiimperialista, Antifascista y Republicana (CEJAAR), que cada año se celebra en una localidad diferente de España. Esta actividad no es propia de la JCE (m-l), pero sus militantes participan activamente en la misma con mucha ilusión. Se realiza este año por octava vez consecutiva, y podría convertirse en un punto interesante de unidad ya que permite reunir durante varios días a decenas de jóvenes de e actividades políticas, culturales y deportivas, creando un gran ambiente de camaradería.
* Espacios concretos de unidad juvenil comunista en España, que han posibilitado establecer relaciones fraternales con camaradas de diversas organizaciones juveniles, preparar debates políticos unitarios, y realizar actos políticos unitarios entre las masas.

Los comunistas debemos dar la batalla entre las masas y también dentro de nuestra organización. Es fácil que ciertas posturas elitistas, individualistas, hiperdemocráticas y oportunistas sean mantenidas por elementos avanzados de la juventud que ingresen en nuestra organización; para desterrar estas actitudes pequeñoburguesas es necesario una labor paciente de explicación y convencimiento, además de ejercer la vigilancia revolucionaria sobre la base de la crítica y la autocrítica, y esto es imposible sin una formación adecuada. Para ello, como correctamente apunta nuestro camarada Raúl Marco: “los comunistas tenemos como base las ideas teorizadas y desarrolladas por Marx, Engels, Lenin y Stalin, por citar a los cuatro principales, pero son muchos más los teóricos comunistas que nos permiten orientarnos. Y una de las enseñanzas leninistas, es la de que sin teoría revolucionaria, no hay movimiento revolucionario. De ahí la necesidad de que no abandonemos el estudio en ningún momento, tarea que incumbe a los cuadros y dirigentes, pero también a toda la militancia, sea veterana o joven.”

Es necesaria una amplitud de miras que no ponga barreras a la incorporación de jóvenes y es necesario combatir el liberalismo que consiste en no exigirles nada, explicando la necesidad de la organización, orientándolos a actuar. A partir del momento en que un joven decide organizarse hay toda una labor por delante para hacer de ellos militantes comunistas, y a veces se tiene miedo de hacer comprender la necesidad de la disciplina a estos jóvenes, aunque tampoco se trata de confundir disciplina con autoritarismo vulgar y mecánico, si no de dar la explicación y formación necesarias para que la disciplina sea consciente y libremente asumida. Organizar jóvenes no consiste sólo en darles tareas, sino incorporarles a las decisiones que se debe tomar en cada centro en donde actuemos, incorporarlos a la responsabilidad colectiva, a la actuación práctica colectiva. Marx señalaba que no es la conciencia la que determina la vida, sino que es ésta la que determina la conciencia. Por eso debemos crear un espacio en el que el joven desarrolle su conciencia revolucionaria y este espacio no es otro que el trabajo organizado y colectivo, el acercamiento a la teoría y la vinculación con las masas.

Unir a la juventud por la republica y el socialismo

La situación de la clase obrera en España, las condiciones de vida y de trabajo en nuestro país ponen en evidencia la imposibilidad de avanzar en el marco actual, y la juventud de hoy sufre los problemas generados por esta transición inexistente. Para la oligarquía en España, el régimen monárquico es la forma concreta de defender sus intereses de clase, para perpetuar la dominación del imperialismo contra los pueblos de España y asegurarse la explotación de la clase obrera. El PCE (m-l) y la JCE (m-l) defendemos la lucha por la República, de carácter laico, democrático, popular y federal, como único marco posible para la defensa de los intereses de las clases populares frente al imperialismo, la oligarquía y el fascismo, como paso indisoluble a la lucha por el socialismo y el comunismo.

A día de hoy, la situación viene marcada por la profundización de la crisis capitalista y sus efectos. La salida de la burguesía a la crisis es el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora y la juventud, a través de despidos, ERE’s (suspensión temporal de empleo), aumento de la jornada laboral, disminución de salario y mercantilización de los servicios públicos. Y no debemos descartar que la oligarquía recurra al fascismo, peligro que sólo se podrá enfrentar si la izquierda demuestra capacidad de tejer alianzas e implica a las masas en la lucha política antioligárquica y republicana, en la perspectiva de superación del capitalismo.

No podemos finalizar sin recordar nuestra historia. En 1936, cuando el pueblo español necesitó defender la República que democráticamente había conquistado, miles de jóvenes orientados y organizados por las Juventudes Socialistas Unificadas (producto de la unidad de los jóvenes socialistas y comunistas), estuvieron en primera fila defendiendo a la Republica del pueblo. También recordamos que en 1920, a la luz de la revolución de Octubre y para combatir las posiciones oportunistas de los dirigentes socialdemócratas, cuando la clase obrera necesitó un Partido revolucionario, los jóvenes socialistas fueron los primeros en dar el paso fundando el PCE. Y recordamos, sobre todo, la lucha antifranquista, a la que se incorporaron miles de jóvenes de forma decisiva, llegando a dar su vida en esta lucha.

Los jóvenes a lo largo de la historia, han estado siempre en las primeras filas de las luchas de los trabajadores y el pueblo, y en la defensa de sus intereses. Los jóvenes representan para el pueblo el futuro, la decisión de cambiar y rechazar el conservadurismo y las injusticias. Por eso desde el PCE (m-l) y la JCE (m-l) nos esforzamos en educar a nuevas generaciones de jóvenes en los valores de la revolución, del internacionalismo y del socialismo, tratando de orientar a nuestros jóvenes en la lucha por un mundo mejor.

2009

Ponencia presentada por la delegada del PCE (m-l),

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