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martes, 15 de febrero de 2011

Brújula política de los movimientos sociales

Isabel Rauber Rebelión

Recientemente, entre el 6 y el 11 de febrero, se realizó Dakar, la décima edición del Foro Social Mundial. Con ella se cumplieron diez años de la primera reunión, en Porto Alegre, en enero de 2001. Su realización fue un éxito, tanto en la convocatoria como en las temáticas tratadas y, como era de prever, fue prácticamente silenciado por los medios.

Su realización en tierras africanas reunió varios factores cuyo simbolismo condensa y proyecta en cierta medida lo que los pueblos, con sus resistencias, sus luchas y sus propuestas han caminado de entonces a la actualidad, marcando el nuevo tiempo.

La presencia de Lula, que habló a la multitud en Porto Alegre, cuando apenas asumió como el primer presidente obrero de Latinoamérica junto a la de Evo Morales, primer presidente indígena del continente, evidencian lo que hemos recorrido desde el 2001.

Otro elemento a destacar y que subraya la emergencia del protagonismo de los movimientos sociales africanos, se condensó en la clausura del décimo FSM, que coincidió con la caída de Mubarak, por la rebeldía insurreccional del pueblo egipcio, movilizado por más de 18 días en las calles de El Cairo y Alejandría. Esto, sin olvidar que en el 2011 se cumplen también 10 años del levantamiento insurreccional de los argentinos. De conjunto estos hechos, reflejan no solo la resistencia de los pueblos sino también su capacidad de lucha para poner fin al neoliberalismo. Ellos se enfrentan ahora con el nuevo tiempo que han construido, un tiempo de pensar y construir las propuestas alternativas al orden civilizatorio global del capital, conjuntamente con las articulaciones y convergencias entre los actores sociales y políticos capaces de protagonizarlas. Emerge cada vez con mayor claridad la necesidad de construir –en los ámbitos local y mundial un amplio movimiento sociopolítico que articule las fuerzas parlamentarias y extraparlamentarias de los trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres, ecologistas, intelectuales orgánicos y el pueblo todo, en oposición y disputa a las fuerzas de dominación del capital (local global), con énfasis particular en las relaciones parlamentarias y extraparlamentarias.

Estamos en un tiempo eminentemente político.

Ya no basta con sobrevivir, no basta con las resistencias y las luchas antineoliberales; es vital superar la defensiva, erigirse (construirse) en sujetos de la historia, articularse orgánicamente conformando proyectos alternativos concretos incluyendo la participación electoral , para avanzar en la construcción/consolidación de poder y hegemonía propias desde abajo. Los movimientos sociales reunidos en el Foro Social Mundial, en Dakar, en los debates realizados en talleres y plenarios, dieron cuenta de esta realidad.

Ciertamente, lo caminado hasta aquí, evidencia el crecimiento en las condiciones, capacidades y potencialidades políticas revolucionarias de los movimientos sociales y los movimientos indígenas. Sobresale la trascendencia estratégica de su accionar, sus propuestas y sus miradas. En sus prácticas colectivas se van instituyendo nuevas interrelaciones humanas que constituyen avances de la nueva sociedad, a la vez que van configurando nuevos paradigmas orientadores de la construcción de la nueva civilización, superadora de la actual, marcada por el capitalismo y las exigencias anti-éticas de su destructivo mercado especulador.

La madurez alcanzada por los movimientos indígenas y sociales en años de resistencias y luchas sociales, ha resultado incrementada por la experiencia que viven aquellos que –con sus resistencias, luchas, organización y propuestas han constituido gobiernos y hoy conjugan (o mejor dicho: están aprendiendo a conjugar) sus actividades políticas y sociales en aras de profundizar procesos populares colectivos de construcción de poder propio desde abajo en simultánea disputa con el poder del capital. Esta situación ubica el debate del papel de los movimientos sociales en una dimensión cualitativamente diferente de la hasta ahora experimentada: hacerse cargo de las coyunturas sociopolíticas que ellos mismos han construido, y –en el caso de aquellos que han constituido o contribuido a constituir gobiernos populares asumirse también como actores partícipes de los gobiernos y hacer todo lo que haya que hacer para desde abajo y con autonomía cogobernar. No hacerlo, en tales casos, equivale a renunciar al protagonismo construido, acumulado y conquistado. No es políticamente válido resistir, luchar, voltear y poner gobiernos si luego no se asume (o no se puede asumir) la responsabilidad de gobernar, con autonomía, pero articulados a sus representantes, para participar en la toma de decisiones, en el control de la gestión pública y para llevar propuestas propias construidas desde abajo por los de abajo. Se trata de transformar radicalmente también las instituciones y su papel en la sociedad y viceversa, y en esto, como en todo los movimientos sociales, los pueblos todos, tienen que involucrarse.

El quemeimportismo es hijo de la ideología del aparente no-compromiso neoliberal, y en las actuales condiciones es funcional a la supervivencia de su hegemonía. El protagonismo político de los movimientos indígenas y sociales ha alcanzado hoy nuevas dimensiones, características y tareas, y consiguientemente enfrenta también nuevos desafíos. Estos implican moverse en un terreno histórica y políticamente desconocido hasta el presente: en el terreno de la libertad de pensar y elaborar propuestas colectivamente, de presentarlas y discutirlas mano a mano con el Ejecutivo o en los parlamentos, desarrollándose como protagonistas no ya de las luchas contra el otrora poder del Estado y el gobierno, sino buscando caminos y medios para cambiar de raíz el contenido social de tales instrumentos, participando en ellos y transformando su basamento social, jurídico y constitucional, convirtiéndolos también en herramientas de los cambios, constituyéndose (y fortaleciéndose) a la vez, ellos mismos, en ese proceso, en sujetos protagonistas de (tales cambios y de) su historia.

Comprender que se trata de un contradictorio proceso constituyente, es clave. Implica que no existe un ser ni un deber ser definidos a priori, que no hay sujetos, ni caminos, ni tareas, ni rumbos y resultados preestablecidos. No hay garantías ni situaciones irreversibles, se trata de una lucha constante, de apelar infatigablemente a la imaginación, inventiva y voluntad de los actores participantes, (auto)desafiando paso a paso su voluntad para protagonizar cada vez más integral y profundamente el proceso de cambios, proceso que abrieron sabiendo lo que no querían pero sin tener plenamente establecido lo que querían. Se trata de un proceso vivo, abierto, dinámico, contradictorio, tensionante y desafiante. Su carácter constituyente –en relación a los sujetos comprende también los rumbos y alcances del proceso. Va interdefiniendo los sentidos y las dimensiones de los cambios y –en tal sentido marcando, configurando, las acciones propias de cada momento. Se trata en realidad de un proceso interconstituyente de poder, proyecto y sujetos. Y como todo ello se va definiendo concatenado (hilvanado) por la participación (integral) de los actores sujetos, resulta en tal sentido, a la vez , un proceso autoconstituyente, es decir, consciente, contradictorio y abierto. No hay resultados ni sujetos, ni proyectos, ni poderes preconcebidos ni garantizados; todo está en juego permanentemente.

Precisamente por ello los procesos democrático-revolucionarios en curso en el continente, en disputa frontal con la hegemonía del poder colonial-capitalista, reclaman el creciente y renovado protagonismo de los movimientos indígenas, sociales, campesinos, de mujeres, de trabajadores, de ecologistas, pensadores populares, etcétera. En tales condiciones, no basta con que los representados reclamen a los representantes, no basta con protestar, no basta con “seguir de cerca” las gestiones de gobierno. En este nuevo tiempo político los desafíos sociotransformadores constantes, demandan de los movimientos protagonizar las decisiones y construcciones, hacer realidad las consignas del pasado y dar los pasos necesarios para fortalecer el protagonismo colectivo del conjunto de actores sociales y políticos revolucionarios, y del pueblo todo. Y para ello es fundamental instalar o reinstalar el trabajo político, la formación (descolonizadora) y la organización (articulada intercultural).

La tarea de atender a la organización (herramienta) política es clave. Consiste, precisamente, en impulsar tareas políticas, culturales e ideológicas que promuevan la conciencia y participación protagónica del conjunto de actores sociales y políticos revolucionarios, que la doten de información, formación y organización, abriendo canales institucionales y no institucionales para la participación estratégica colectiva, creciente en las diversas dimensiones de la vida social.

Esto se anuda directamente con la realización de actividades orientadas a fortalecer el desarrollo de la conciencia política asumida por los actores sociopolíticos, fundamentalmente a partir de la recuperación y reflexión crítica de sus experiencias concretas de construcción de poder propio, creando ámbitos colectivos de intercambio y producción de pensamiento crítico de sus procesos de cambios, contribuyendo efectivamente al crecimiento y fortalecimiento de la conciencia colectiva. Abrir espacios para periódicas reflexiones sobre las nuevas y cambiantes realidades resulta vital para el desarrollo político-cultural de los movimientos sociopolíticos (y el campo popular todo).

Los movimientos sociales y sus luchas han ampliado el contenido y los sentidos de la política.

En años de resistencias y luchas sociales lo político y la acción política se han convertido en ámbito de promoción de la participación creativa, activa y responsable de las mayorías populares que empiezan a plantearse la necesidad de constituirse en una amplia fuerza social y política capaz de modificar a su favor la correlación de fuerzas hasta ahora hegemónica, de impulsar y concretar de los cambios y avanzar en busca de transformaciones raizalemente democratizadoras. Y esto reclama modificaciones de fondo, descolonizadas, en lo referente a la concepción tradicionalmente difundida y aceptada de la política, lo político y el poder.

Las actuales luchas por la defensa de la vida protagonizadas por millones de seres humanos, van convergiendo y articulándose –aunque no todavía de modo generalizado en una perspectiva estratégica de construcción de una nueva civilización humana. A su vez, esto fortalece los procesos de acumulación de poder propio ampliando y profundizando su potencialidad, su direccionalidad y sus contenidos raizalmente revolucionarios. Esto contradice la visión tradicional (restringida) de la política que pretende todavía que es posible construir fuerza política “revolucionaria” sin construir fuerza social, es decir, desde fuera de la realidad sociopolítica concreta y sus actores sociales del campo popular. En tal caso, la acción política queda reducida al ámbito partidario, y se centra la acción de los partidos en las luchas por el acceso y el control de las instituciones del poder estatal y gubernamental.

Pero el poder no radica ni se restringe a lo institucional estatal y gubernamental, va más allá, abarca y se asienta, se crea y se recrea sobre el conjunto de relaciones sociales regidas por el predominio (hegemonía) de los intereses, las aspiraciones, la cultura y las miradas de la clase dominante (hegemónica). Consiguientemente puede afirmarse que la polémica entre tomar el poder o construirlo (desde abajo) se plantea sobre ejes falsos. Porque el nuevo poder social popular alternativo liberador y de liberación, necesariamente va conjugando ambos espacios: el del poder que emerge de las nuevas interrelaciones sociales construidas desde abajo y el de los ámbitos institucionales del Estado y el gobierno conquistados/transformados en las contiendas políticas libradas para ello. Esto supone (y reclama) modos de conjugación nuevos entre los movimientos sociales y políticos.

La articulación de lo reivindicativo y lo político conforma un camino concreto y efectivo de superación de esta alienación política, a la vez que contribuye a la democratización y ampliación de la participación sociopolítica protagónica de los diversos actores sociales. Esta potencialidad gestada y germinada en las experiencias de resistencias, luchas y construcciones alternativas de los pueblos, permite avizorar un nuevo tipo de poder social que emana directamente de la (mal llamada) sociedad civil y se construye sobre la base de su participación democrática directa en las decisiones políticas, gestora del tránsito y desarrollo hacia formas cada vez más horizontales, interculturales, equitativas y justas de organización de un nuevo modo de vida e interrelaciones entre los seres humanos que la animan, es decir, de un nuevo tipo de sociedad.

La ideología del cambio, como el sentido y sus definiciones estratégicas son parte del proceso social vivo, y no un dogma apriorístico establecido –desde fuera de las luchas de los pueblos por alguna vanguardia partidaria que “los demás” tendrían que asimilar. La conciencia política de los actores sociopolíticos del pueblo se forja y crece en los procesos de resistencia, lucha y construcción de alternativas, en interdefinición constante de los rumbos y objetivos estratégicos. Estos no vienen dados del “más allá”; se van construyendo (y modificando) a partir de las cotidianidades y modos de vida y experiencias de lucha y sobrevivencia diversos que existen en cada sociedad, en cada comunidad.

Los actores sociales del campo popular no son “portadores” de una ideología implantada en sus conciencias desde el exterior (por los partidos o los intelectuales de izquierda). Ellos, los actores y movimientos sociales, los movimientos indígenas, los campesinos, los trabajadores, el pueblo fragmentado y disperso que ahora se rearticula y organiza –o necesitan articularse y organizarse para enfrentar al capital en una nueva dimensión, van construyendo día a día su conciencia política a partir de su (modo de) ser social, y en sus prácticas de resistencia y lucha contra el capital. Tales son los procesos que los movimientos sociales reunidos en el Foro Social Mundial, en Dakar, llaman a atender priorizadamente en este tiempo.

Fortalecer las articulaciones y la información y formación cultural, descolonizada, ética, política e ideológica.

La batalla actual por la conquista del mundo por y para el capital se libra estrechamente articulada con lo cultural; conquistar las mentes es para el capital el requisito necesario para dominar los cuerpos y afianzar la dominación económica y social. Para que el nuevo mundo que soñamos sea posible, es fundamental construirlo también con una estrategia formativa e informativa, cultural, ética, política e ideológica.

El debate estratégico está abierto. Y se manifiesta a través de los actuales procesos de luchas sociales para avanzar en las definiciones, la implementación o el perfeccionamiento de las propuestas de cambios radicales en las sociedades donde dicha disputa se está desarrollando abiertamente, construyendo simultáneamente caminos que cuestionan colectivamente el actual sistema mundo a la vez que lo van rediseñando “más allá del dominio del capital” [Mészáros].

Esto encarna el desafío histórico de construir una nueva civilización, basada en una nueva cosmovisión que pueda convivir con cosmovisiones diversas, que basada en otro modo y concepción del desarrollo y el bienestar de la humanidad, se asiente en la armonía, el equilibrio, el intercambio y la complementación entre los seres humanos, consigo mismos y con la naturaleza, en búsqueda de un nuevo modo de producción, reproducción y acumulación socio-natural fundado en el respeto y la conservación de la vida. Esto implica, por tanto, fundar y construir un nuevo modo de interrelacionamiento entre los seres humanos y la naturaleza.

Los nuevos paradigmas civilizatorios actualmente en construcción y discusión escapan a las binarizaciones reduccionistas, antitéticas y excluyentes de los siglos XIX y XX. Se fundamentan en la descolonización y se enriquecen en la pluralidad, diversidad e interculturalidad de las interrelaciones que se van desarrollando en las prácticas concretas de resistencia, luchas y construcciones sociales, y –a través de ellas , se anclan en principios tales como: solidaridad, ética, reconocimiento y respeto de las diferencias, equilibrio, paridad, horizontalidad, espiritualidad, democracia intercultural, vivir bien, buen vivir, autogestión, vida comunitaria, redes sociales (reales y virtuales).

Los actuales procesos de luchas sociales y las experiencias de los gobiernos populares raizalmente sociotransformadores, constituyen laboratorios de un mundo nuevo. Aprender de ellos (y con ellos) ayuda a crecer colectivamente en saberes político-culturales, si se es capaz –simultáneamente con la participación comprometida en dichos procesos sociotransformadores , de reflexionar e interactuar críticamente con ellos. Estas experiencias y apuestas político-sociales populares, raizalmente democráticas y revolucionariamente democratizadoras, constituyen, a la vez, por ello, fuentes de inspiración para la vida.

La brújula está en el accionar pensar-construir reflexionar constante de los movimientos indígenas, campesinos, de trabajadores, de mujeres, de ecologistas y movimientos sociales en sentido amplio. El nudo de posibilidades está en los sujetos. En la capacidad de los actores sociales y políticos para ir constituyéndose en sujeto colectivo, con poder y proyecto alternativo propios, laten las posibilidades de hacer realidad el anhelado (y posible) “otro mundo mejor”.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Lo que esta en juego en el Foro Social Mundial 2011

Gustave Massiah y Nathalie Péré-Marzano CRID

Traducido para Rebelión por Susana Merino


El Foro Social Mundial se halla organizado según tres temas: la coyuntura global y la crisis la situación de los movimientos cívicos y sociales y el desarrollo del Foro Social Mundial. El Foro Social Mundial de Dakar deberá debatir también el carácter incompleto de la descolonización y el devenir de una nueva fase de descolonización. Otra cuestión fundamental será abordada la del alcance político de las movilizaciones sociales y de la ciudadanía, tema que conduce al de la expresión política de los movimientos sociales y al de su relación con los gobiernos.

La coyuntura global y la crisis

La situación global está marcada por la profundización de la crisis estructural de la globalización capitalista. Las cuatro dimensiones de la crisis (social geopolítica, ambiental e ideológica) serán abordadas en Dakar. La crisis social será enfrentada especialmente desde el punto de vista de las desigualdades, de la pobreza y de la discriminación, la crisis geopolítica será discutida desde la perspectiva de la guerra y del conflicto político, del acceso a las materias primas y de la emergencia de nuevas potencias. La crisis ambiental será tratada especialmente desde la perspectiva del cambio climático y en cuanto a la crisis ideológica se discutirá desde la perspectiva de las ideologías seguras, sobre el tema de las libertades, la democracia y la cultura, presentes desde el Foro Social Mundial de Belém y se analizarán en profundidad.

La evolución de la crisis echa luz sobre una situación contradictoria. Los análisis del movimiento altermundista están siendo aceptados y reconocidos y contribuyen a la crisis del neoliberalismo. Las propuestas de los movimientos son aceptadas como base, por ejemplo, para el monitoreo de los sectores financieros y bancarios y la eliminación de los paraísos fiscales, de los impuestos internacionales para la seguridad alimentaria, considerados anteriormente como herejías, se encuentran actualmente en las agendas del G8 y del G20. Y aún así no se han traducido todavía en políticas concretas: tales propuestas han sido consideradas pero no se efectivizan debido a la arrogancia de las clases dominantes confiadas en su poder.

La validación en esas agendas transforma las palabras básicas de los movimientos en lugares comunes. Es preciso afinar las perspectivas y conceder más atención al debate estratégico y a la articulación entre resistencia de corto y de mediano plazo y los cambios en curso sobre la superficie de los acontecimientos. La situación ilumina la naturaleza dual de la crisis tensionada entre la crisis del neoliberalismo en su fase de globalización capitalista y la crisis de la propia globalización capitalista: una crisis del sistema que puede ser analizada como una crisis de la civilización occidental establecida desde principios del siglo XV.

En ese contexto las alianzas estratégicas deben someterse a dos exigencias. La primera se halla vinculada a la lucha contra la pobreza, la miseria y las desigualdades, la existencia del trabajo precario y la violación de las libertades en el mundo, para mejorar las condiciones de vida y la expresión de la clase trabajadora, directamente afectada por la economía dominante y por las políticas públicas. La segunda exigencia prioriza el hecho de que otro mundo es posible, un mundo que necesariamente involucra la ruptura definitiva con las formas de producción y de consumo de la economía y de la sociedad, tanto como la redistribución ambiental, el equilibrio geopolítico del poder establecido en las décadas recientes en los modelos democráticos prominentes de occidente.

Surgen tres propuestas como respuesta a la crisis: el neoconservadorismo que propone la continuación del patrón dominante actual y los privilegios que los acompañan a costa de las libertades, de la continuidad de las desigualdades, la extensión de los conflictos y de las guerras; una reestructuración profunda del capitalismo defendido por los militantes del New Deal que propone la regulación global, la distribución relativa y una promoción voluntaria de las Economías “verdes”; y una alternativa social, radical, correspondiente a una superación del sistema dominante. El Foro Social Mundial reúne a todos los que rechazan la opción neoconservadora y la continuación del neoliberalismo, conformando un Foro para el cambio y la discusión entre los movimientos que forman parte de un avance de un Nuevo Deal verde y los que defienden la necesidad de alternativas radicales.

La referencia al contexto africano

El Foro Social Mundial de Dakar va a poner el acento en algunas cuestiones fundamentales que aparecen más nítidamente en el contexto africano. El énfasis se pondrá sobre el lugar de Africa en el mundo y en la crisis. Africa es el objeto privilegiado de análisis, ejemplificando al mismo tiempo la situación global. No es pobre ha sido empobrecida. Africa no está marginada está explorada. Con sus materias primas y sus recursos humanos codiciados por los países del norte y por las potencias emergentes y con la activa complicidad de los líderes de algunos estados africanos, Africa es indispensable para la economía global y el equilibrio ambiental del planeta

También se pondrá énfasis en la descolonización como proceso histórico incompleto. La crisis del neoliberalismo y la crisis de la hegemonía de los EE.UU. son indicadores de una nueva fase de la descolonización y del debilitamiento de las potencias coloniales europeas.

La relación Norte-Sur, está cambiando, una situación que no elimina la realidad geopolítica y las contradicciones entre el norte y el sur.

El Foro otorgará prioridad a las diásporas y a las migraciones como cuestiones centrales de la globalización. El tema será abordado sobre la base de la actual situación de los migrantes y de sus derechos, en un análisis de largo plazo, con el comercio de esclavos puesto en la perspectiva del crecimiento del papel de las diásporas culturales y económicas.

El Foro debatirá los cambios en el sistema internacional, en las instituciones multilaterales y en las negociaciones internacionales. Enfocará especialmente aquellos temas que muestran claramente la necesidad de una regulación global: equilibrio ambiental, migraciones y diásporas, conflictos y guerras.

La situación de los movimientos sociales y comunitarios

La convergencia de Foros que conforman el Foro Social Mundial se halla comprometida con la resistencia ambiental y democrática. Con las luchas sociales presentes en las luchas cívicas por la libertad y contra la discriminación. La resistencia es inseparable de las prácticas emancipadoras específicas llevadas a cabo por los movimientos.

La dirección estratégica de los movimientos se halla dirigida hacia la accesibilidad universal al derecho, a la igualdad de derechos y al imperativo democrático. Los movimientos llevan consigo un movimiento histórico de emancipación que es extensión y renovación de movimientos anteriores. Un nuevo período de emancipación será posible a través de la definición, la implementación y la garantía de los derechos. Esa definición exige que esas concepciones de diferentes generaciones de derechos sean revisadas: derechos políticos y civiles surgidos de las revoluciones del siglo XVIII, reafirmados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, complementados por los desafíos de los totalitarismo de los años 60; los derechos de los pueblos que promovió el movimiento de descolonización , sobre la base del derecho a la autodeterminación, al control de los recursos naturales, al derecho al desarrollo y a la democracia; derechos sociales, económicos y culturales especificados en la Declaración Universal y precisados en el Protocolo adicional aprobado por las Naciones Unidas en la Asamblea General en el 2000.

Una nueva generación de derechos está en gestación

Una nueva generación de derechos está en gestación. Derechos que se corresponden con la dimensión global y derechos definidos con relación a un mundo diferente del de la globalización dominante. A partir de ese punto de vista habrá dos cuestiones preponderantes en Dakar: los derechos ambientales para la preservación del planeta y los derechos de los migrantes y de las migraciones que cuestionen el papel de las fronteras como parte de la organización del mundo.

El Foro Social Mundial de Belem puso el acento en lo beneficioso que sería para los movimientos incluir la agenda ambiental en todas sus dimensiones, desde el clima hasta la destrucción de los recursos naturales y de la biodiversidad, la preservación del agua, de la tierra y de sus materias primas.

El FSM de Dakar priorizará un nuevo tratamiento del problema de las migraciones, asociando migraciones y diásporas y la Carta Mundial de los Migrantes.

En el FSM de Dakar habrá llegado también el momento de debatir el carácter incompleto de la descolonización y el vivir una nueva fase de descolonización. En este contexto la relación Norte-Sur está cambiando. Considerando que la relación entre el Norte y el Sur está cambiando en la perspectiva de las estructuras sociales, hay un Norte en el Sur y un Sur en el Norte. La emergencia del poder de los grandes estados está trasladándose a la economía global y al equilibrio de las fuerzas geopolíticas y se halla fortalecido por el crecimiento de más de treinta estados que pueden llamarse economías emergentes.

Sin embargo las formas de dominación continúan siendo cruciales en el orden global. El concepto de Sur permanece siendo relevante. El Foro Social Mundial pone el acento en un nuevo tema, el papel histórico y estratégico de los movimientos sociales en los países emergentes como un todo en relación a esos estados y al futuro papel de esos países en el mundo. Este tema que ya se destacó en los Foros en los que se debatió el papel que han jugado los movimientos en Brasil y en la India asume una importancia particularmente estratégica con el cambio de la geopolítica asociada a la crisis

El Foro Social Mundial es el punto de encuentro para diferentes tipos de movimientos y para diferentes partes del mundo. Esos movimientos ya han comenzado a encontrarse en redes que unen a los diferentes movimientos nacionales. El proceso del Foro revela dos cambios. El primero es el de las vinculaciones entre movimientos de acuerdo con regiones, características y contextos específicos que unifican los movimientos de América Latina América del Norte y Sur de Asia (en especial la India) el Sureste de Asia, Japón, Europa y Rusia. El Foro social Mundial de Dakar producirá dos importantes impactos. El año 2010 y los preparativos para Dakar estuvieron marcados por la nueva importancia lograda por los movimientos de la región del Magreb.

El vigor de los movimientos sociales africanos será visible en Dakar, a través de los movimientos campesinos, los sindicatos, los grupos feministas, de la juventud, de los habitantes locales, de los grupos de inmigrantes reprimidos, los grupos indígenas y culturales, los comités contra la pobreza y contra la deuda, la economía informal y la economía solidaria, etc. Esos movimientos son ya visibles en su convergencia en la diversidad en las subregiones africanas: en el Norte de Africa y especialmente en el Magreb, en el Oeste y en Africa Central, en Africa del este y en el Sur.

En el Foro Social Mundial de Dakar será cuestión fundamental el alcance político de las movilizaciones sociales y ciudadanas. Este tema conduce al de la expresión política de los movimientos y a la extensión de los movimientos en relación a las instituciones, al escenario político y a los gobiernos de los estados. Con relación a los movimientos como un todo, el análisis avanzará sobre la importancia de las especificidades, por el camino de la invención de una nueva cultura política, de las relaciones entre el poder y la política. El proceso del FSM plantea el escenario para esa nueva cultura política (horizontalidad, diversidad, convergencia de las redes de ciudadanos y de los movimientos sociales, actividades autogestionadas, etc.) pero todavía debe innovar más en las dificultades relacionadas con la política y el poder, para poder superar una cultura política caduca, que todavía es dominante para las mayorías. Además la traducción política de los avances y de las movilizaciones depende de las instituciones y de las representaciones. En el nivel local, con la posibilidad de influir en ls decisiones de las autoridades locales; en el nivel nacional e internacional con los gobiernos de los estados, los regímenes políticos y las instituciones multilaterales en los niveles regional y global, con alianzas geoeconómicas y geoculturales y con la construcción de una opinión pública global y una conciencia universal.

El proceso de los Foros Sociales Mundiales

Luego de que en el Foro Social Mundial de Belem, el año 2010 fuera considerado como el año de la acción global, más de cuarenta acontecimientos mostraron la fuerza de este proceso. Incluyeron las actividades relacionadas con los 10 años del FSM en Porto Alegre, el Foro Social Mundial de los EE.UU., el Foro social de México, el Foro de las Américas, varios Foros en Asia, el Foro Social Mundial de la Educación en Palestina, más de ocho Foros en el Magreb,etc.

Cada acontecimiento asociado surgió por iniciativa de un comité local. Un comité referenciado a la Carta de Principios del Foro Social Mundial que plantea una metodología que privilegia las actividades autogestionadas y comunica su iniciativa al Consejo Internacional del FSM. Dicha multiplicación de acontecimientos abre nuevos espacios para ampliar el proceso de los Foros, asumiento la forma de un “foro ampliado” que consiste en la utilización de internet para vincular las iniciativas locales de diferentes países con un Foro en cada uno. De tal modo que cuando se desarrollaba el Foro Mundial de Educación en Palestina, otras cuarenta iniciativas se hallaban en curso en Ramallah. Las iniciativas asociadas a un “Dakar ampliado” innovará en el proceso de los Foros.

La preparación del FSM de Dakar se basó en los eventos de acción global del 2010, como también en una serie dde iniciativas que asegurarán la convergencia de las acciones y permitirán explorar nuevos caminos en términos de organización y de metodología de los Foros. Ya tenemos las caravanas que convergen en Dakar, los Foros de mujeres en Kaolack, de las migraciones y las diásporas, de los encuentros para la convergencia de acciones, de los foros asociados (Asamblea Mundial de los Pueblos, foros para la ciencia y la democracia, sindicatos, autoridades locales y de la periferia, parlamentarios, teología de la liberación, etc.) Después de Dakar comenzará un nuevo ciclo en la marcha de los Foros. El fortalecimiento de los foros sociales mundiables podría producirse en ocasión de grandes acontecimientos como el de Rio+G20, G8, G20, y otras cumbres en que podrían ponerse de acuerdo. Serían reconocidos así como eventos asociados al Foro, estableciendo un parecido con los acontecimientos de Seattle en 199 que contribuyeron a la creación del FSM.

Gustave Massiah y Nathalie Péré-Marzano, representantes del Research and Information Centre for Development (CRID – France) en el Consejo Internacional del Fórum Social Mundial.

Fuente: http://www.crid.asso.fr/IMG/pdf/Les_enjeux_du_FSM_de_Dakar-_dec2010.pdf

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lunes, 7 de septiembre de 2009

Juventud y Movimiento Juvenil (*)


(*) Tomado de «Comunismo Científico. Diccionario», de la Editorial Progreso.

La juventud es un grupo social con sus costumbres, normas de conducta y gustos, con una independencia relativa en la organización, en el ocio, etc. La joven generación constituye la mitad de la población de la Tierra.

A pesar de su carácter específico, la juventud no existe independientemente de las clases y sectores sociales. Su actividad política debe juzgarse dentro del marco del desarrollo de la lucha de clases, sin suplantarla por el denominado "conflicto generacional" o por la "revolución de los jóvenes".

El marxismo-leninismo considera al movimiento juvenil como fuerza social en conexión con las luchas de la clase obrera, partiendo de las tareas de la transformación radical de la sociedad.

Desde este punto de vista, el movimiento juvenil no es de carácter unívoco; incluye corrientes ideológicas y políticas que se diferencian marcadamente entre sí: de un lado democrático-revolucionarias, y de otro, izquierdistas, de derechas, nacionalistas, etc. La actividad creciente de la juventud actual se deriva de razones objetivas: profundos cambios en todo el género de vida de la humanidad; demolición sin precedentes de las concepciones, costumbres y normas de vida vinculada ante todo con los procesos revolucionarios en el terreno de las relaciones político-sociales, así como con los cambios radicales en la ciencia, en la técnica, en los medios de información, en el sistema de enseñanza, en la esfera del trabajo y en el modo de vida condicionados por la revolución técnico-científica.


La profunda crisis del sistema capitalista tanto en la esfera de la producción material, como en el terreno de la cultura e ideología burguesas y de la política interior y exterior, y el alto grado de alienación del hombre en el capitalismo monopolista de Estado determinan la creciente protesta social de la joven generación, su rápida radicalización.

Al proceso revolucionario se incorporan nuevas generaciones y sectores sociales, nuevos partidos y organizaciones.

Pertenecientes a unas u otras clases, los jóvenes reflejan los puntos de vista, intereses y objetivos de aquéllas.

Ahora bien, el origen social no determina automáticamente su ideología ni las actitudes políticas, puesto que influyen sobre ellos los factores económico-sociales, políticos e ideológicos más diferentes, así como diversas fuerzas sociales que procuran captarse la comprensión y el apoyo de la nueva generación.

Agrupada por la pertinencia clasista, la juventud se diferencia por el lugar en la producción social, por el papel en los procesos sociales, por la receptividad a una u otra ideología.

En el capitalismo, la juventud trabajadora vive abrumada por la opresión político-social, económica y espiritual. Es sensible a la ideología socialista; le son afines las ideas de la solidaridad, de la organización de clase. Pero la juventud llega a identificarse con ellas no de una manera simple ni rápida, sino venciendo distintas influencias de la ideología pequeño burguesa y de ilusiones del revolucionarismo ultraizquierdista y del social-reformismo.

Vinculada por lazos consanguíneos a las clases dominantes, la juventud burguesa, no obstante, dada una alienación cada vez mayor del individuo, es asaltada por una crisis de conciencia de clase y se encuentra a menudo en una encrucijada, pues no desea compartir totalmente la ideología ni el modo de ver la vida de sus padres.

La juventud de los países en desarrollo es testigo de la actual revolución técnico-científica, de la lucha entre los dos sistemas sociales y, asimismo, del atraso secular de sus países, los cuales frecuentemente se ven envueltos por formas nuevas de dependencia financiera y técnica.

En los países en desarrollo que han emprendido el camino de las transformaciones sociales se endurecen las contradicciones de clase, se produce una consolidación de las fuerzas democráticas y antiimperialistas, entre las cuales la juventud es con frecuencia la mayoría.

La revolución técnico-científica eleva considerablemente el papel de las capas, ante todo de la intelectualidad y de los correspondientes grupos de la juventud. Los componentes de este medio influyen sensiblemente sobre el movimiento juvenil de los países capitalistas, particularmente estudiantado, cuyo incremento fundamental en los últimos años se debe principalmente a las capas medias. Los jóvenes de estos sectores llevan a las universidades su descontento por la opresión de los monopolios, por la inestabilidad de la situación económica.

El movimiento de la juventud estudiantil por la democratización de la enseñanza, contra el mecanismo de clase que la condena al papel de "robots especializados", la enfrenta a problemas políticos cardinales: la lucha contra el militarismo, contra la política de agresión, contra la opresión nacional, por la reestructuración social de la sociedad.

Asimismo, propio de esta juventud que no ha pasado por la escuela del trabajo proletario ni de una organización de clase, es la impaciencia, el individualismo, el extremismo, la inestabilidad ideológica. Las acciones estudiantiles, de potencia considerable, ocurridas a fines de los años 60 fueron en su conjunto de carácter espontáneo y caótico; las encabezaban preferentemente elementos izquierdistas y, por eso, adquirían a menudo un tinte pseudorrevolucionario y se distinguían por su infatuación.

Desde comienzos de los años 70, la influencia de las corrientes de extrema izquierda empezó a decaer dentro del movimiento estudiantil, cediendo su puesto a una línea política más consecuente.

El papel dirigente de la clase obrera y la actividad de los partidos comunistas y obreros tienen gran importancia para el desarrollo de un auténtico revolucionarismo juvenil. Sólo una estrecha ligazón con el movimiento obrero y su vanguardia comunista puede abrir ante la juventud una perspectiva realmente revolucionaria, subrayó la Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros de 1969.

En el movimiento internacional juvenil, el ala democrática, representada por un sistema de diversas organizaciones, es la rectora y la de mayor perspectiva. Es ante todo, la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD) creada en 1945, que ha sellado orgánicamente la unidad de la juventud democrática de muchos países, unidad lograda en los combates antifascistas, y se ha convertido en la organización democrática de la juventud más representativa que lucha por sus derechos, por la paz, por la democracia y por el progreso social.

Componen la FMJD más de 100 organizaciones de países de todo el mundo.
Al movimiento juvenil democrático-revolucionario se enfrentan las organizaciones juveniles al servicio del imperialismo, del anticomunismo. Hay bastantes organizaciones juveniles religiosas cuyos dirigentes presentan la religión como una fuerza neutral y apartan a la juventud de una presencia activa en las batallas político-sociales.

Uno de los rasgos característicos del movimiento juvenil es el desarrollo, sobre una base antiimperialista, de la cooperación de las organizaciones juveniles comunistas con las asociaciones juveniles de diversas orientaciones ideológicas y políticas.



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