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jueves, 8 de septiembre de 2011

La verdadera guerra comienza ahora


Pepe Escobar Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Basta de hablar de la caída del Gran G. Ahora llega lo fundamental: Afganistán 2.0, Iraq 2.0, o una mezcla de ambos.

Los “rebeldes de la OTAN” siempre han asegurado que no quieren ocupación extranjera. Pero la OTAN –que posibilitó la victoria– no puede controlar Libia sin tropas sobre el terreno. Por lo tanto, en la central de la OTAN en Mons, Bélgica, juegan con múltiples escenarios, bajo una cobertura de terciopelo de las Naciones Unidas.

Según los planes que ya se han filtrado, podrá haber tarde o temprano soldados de las monarquías del Golfo Pérsico y de aliados amistosos como Jordania y especialmente Turquía, miembro de la OTAN, también muy ansiosa de obtener grandes contratos comerciales. Casi ninguna nación africana formará parte del asunto, ahora se ha "reubicado" a Libia en Arabia.

El Consejo Nacional de Transición (CNT) estará de acuerdo –o lo obligarán a estar de acuerdo– si Libia cae, o cuando caiga, en el caos. A pesar de eso será extremadamente difícil que le acepten, mientras las extremadamente dispares facciones de los “rebeldes de la OTAN” consolidan frenéticamente sus feudos, y se preparan para volverse unas contra otras.

No existe evidencia hasta ahora de que el CNT –fuera de arrodillarse ante el altar de las naciones miembros de la OTAN– tenga la menor idea de cómo administrar un paisaje político complejo en Libia.

Cañones sin rosas

En Libia todos están ahora virtualmente armados hasta los dientes. La economía está paralizada. Ya ha comenzado una obscena disputa encarnizada por quién controlará los miles de millones de dólares descongelados de Libia.

La tribu Obeidi está furiosa con el CNT porque no ha habido ninguna investigación sobre el asesinato del comandante del ejército rebelde Abdul Fattah Younis el 29 de julio. Los miembros de la tribu ya han amenazado con tomarse la justicia por su mano.

El principal sospechoso del asesinato es la brigada Abu Ubaidah bin Jarrah, una milicia fundamentalista islámica de la línea dura que rechaza la intervención de la OTAN y se niega a combatir bajo el CNT, calificando tanto al CNT como a la OTAN de “infieles”.

Luego existe la pregunta empapada en petróleo: ¿Cuándo organizará la nebulosa del Grupo de Combate Islámico de Libia (LIFG, por sus siglas en inglés) su propio golpe para eliminar al CNT?

En todo Trípoli hay ecos gráficos del infierno de las milicias en Iraq. El ex recurso de la CIA y ex detenido de la “guerra contra el terror”, general Abdelhakim Belhaj –surgido del círculo Derna, la zona cero del fundamentalismo islámico en Libia– es el líder del nuevo Consejo Militar Trípoli.

Ya han sido lanzadas acusaciones por parte de otras milicias de que debe irse ya que no combatió por la “liberación” de Trípoli, lo quiera o no el CNT. Eso significa esencialmente que la nebulosa LIFG-al-Qaida combatirá tarde o temprano en una parte de la futura guerra de guerrillas, contra el CNT, otras milicias, o ambos.

En Trípoli, los rebeldes de Zintan, en las montañas occidentales, controlan el aeropuerto. El banco central, el puerto de Trípoli y la oficina del primer ministro están controlados por rebeldes de Misrata. Bereberes de la ciudad montañosa de Yafran controlan la plaza central de Trípoli, pintada ahora con espray “Revolucionarios de Yafran”. Todos estos territorios están claramente identificados como advertencia.

Mientras el CNT, como unidad política, ya se comporta como un gobierno en las últimas; y mientras las milicias simplemente no desaparecen, cuesta también imaginar Libia como un nuevo Líbano; la guerra en el Líbano comenzó cuando los vecindarios de Beirut se repartieron entre suníes, chiíes, maronitas cristianos, nasseristas y drusos.

La libanización de Libia, además, incluye la letal tentación islámica, que se propaga como un virus por toda la Primavera Árabe.

Por lo menos 600 salafistas que combatieron en la resistencia suní iraquí contra EE.UU. fueron liberados de la prisión Abu Salim por los rebeldes. Es fácil imaginarlos aprovechando el saqueo generalizado de Kalashnikovs y de misiles antiaéreos soviéticos Sam-7 lanzados desde el hombro para reforzar su propia milicia islamista de la línea dura siguiendo sus propios planes, su propia guerra de guerrilla.

Bienvenidos a nuestra ‘democracia’ racista

La Unión Africana (UA) no reconocerá al CNT; de hecho, acusa a los rebeldes de la OTAN de asesinatos indiscriminados de africanos negros, considerados todos como “mercenarios”.

Según Jean Ping de la UA: “… El CNT parece confundir a negros con mercenarios… [Parece pensar] que todos los negros son mercenarios. Si se hace algo semejante significa que un tercio de la población de Libia, que es negra, también son mercenarios.”

El pequeño puerto de Sayad, a 24 kilómetros al oeste de Trípoli, se ha convertido en un campo de refugiados africanos negros aterrorizados por la “Libia libre”. Médicos sin Fronteras descubrió la existencia del campo el 27 de agosto. Los refugiados dicen que desde febrero comenzaron a ser expulsados por los propietarios de los negocios en los que trabajaban, acusados de mercenarios, y que los están acosando desde entonces.

Según la mitología rebelde, el régimen de Gadafi estaba protegido esencialmente por murtazaka (“mercenarios”). La realidad es que Gadafi empleó un contingente de combatientes africanos negros, de Chad, Sudán y tuaregs de Níger y Mali. La mayoría de los africanos negros sub-saharianos de Libia son trabajadores emigrantes con trabajos legales.

Para ver por dónde van las cosas, hay que mirar al desierto. El inmenso desierto del sur de Libia no fue conquistado por la OTAN. El CNT virtualmente no tiene ningún acceso a todo el agua de Libia ni a gran parte del petróleo.

Gadafi tiene la posibilidad de “operar en el desierto”, de negociar con una serie de tribus, de comprar o consolidar su lealtad y organizar una continua guerra de guerrilla.

Argelia está involucrada en una cruenta lucha contra al-Qaida en el Magreb. La vasta y permeable frontera de 1.000 kilómetros de Argelia con Libia, sigue abierta. A Gadafi le resultaría fácil basar sus guerrillas en el desierto meridional con un refugio en Argelia, o incluso en Níger. El CNT ya está aterrorizado ante esta posibilidad.

La operación “humanitaria” de la OTAN ha lanzado por lo menos 30.000 bombas sobre Libia durante los últimos meses. Es seguro decir que muchos miles de libios han muerto en los bombardeos, los cuales no se detienen; pronto la OTAN puede atacar a algunos –civiles o no– a quienes en teoría estaba “protegiendo” hasta hace pocos días.

El Gran G derrotado puede resultar mucho más peligroso que un Gran G en el poder. La verdadera guerra comienza ahora. Será infinitamente más dramática y trágica. Porque ahora será una guerra darwiniana, norteafricana, de todos contra todos.

Pepe Escobar es autor de “ Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War ” (Nimble Books, 2007) y “ Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge ”. Su último libro es “ Obama does Globalistan ” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com .

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Front_Page.html

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lunes, 5 de septiembre de 2011

Libia: socios del horror

Atilio A. Boron Rebelión

Días atrás el corresponsal del periódico londinense The Independent estacionado en Trípoli dio a conocer una serie de documentos que él mismo había hallado en una oficina gubernamental abandonada con toda premura por sus ocupantes. Ese material arroja una luz cegadora para quienes creen que para oponerse y condenar el criminal ataque aéreo de la OTAN sobre Libia es necesario enaltecer la figura de Gadafi y ocultar sus crímenes hasta convertirlo en un socialista ejemplar y ardiente enemigo del imperialismo. La oficina en cuestión era la de Moussa Koussa, ex Ministro de Relaciones Exteriores de Gadafi, hombre de la más absoluta confianza de éste y, anteriormente, jefe del aparato de seguridad del líder libio. Como se recordará, ni bien estalló la revuelta en Bengazi Koussa defeccionó y se marchó sorpresivamente a Londres. Pese a las numerosas acusaciones que existían en su contra por torturas y desapariciones de miles de víctimas, el hombre no fue molestado por las siempre tan alertas autoridades británicas y poco después se esfumó. Ahora se sospecha que sus días transcurren bajo la protección de algunas de las feroces autocracias del Golfo Pérsico. La papelería descubierta por el corresponsal del Independent ayuda a entender por qué.

Los documentos ponen en evidencia los estrechos y amistosos lazos existentes entre el régimen de Gadafi, la CIA y el MI6, el espionaje británico. Gracias a esa vinculación Washington trasladó a Libia a personas sospechosas de terrorismo -o colaboradoras de éste- para someterlas a sesiones especiales de “interrogatorios reforzados”, un poco sutil eufemismo para referirse a la tortura. Gracias al apoyo de un gobierno como el de Gadafi, que había arrojado por la borda sus antiguas convicciones, George W. Bush pudo sortear las limitaciones establecidas por su propia legislación en relación con el tipo de tormentos “aceptables” en una confesión. Según la documentación incautada por el periodista la Casa Blanca realizó por lo menos ocho envíos de prisioneros –no hay información exacta acerca del número de personas despachadas en cada envío- para ser interrogados brutalmente en las mazmorras de Gadafi, aparte de los que pudieron haberse remitido a ese país sin que por el momento exista constancia escrita de ello. Este canallesco maridaje entre el robocop del imperio y su compinche libio llegó tan lejos que en uno de los documentos enviados por la CIA a los esbirros de Gadafi se incluye una lista de 89 preguntas que éstos tenían que formular cuando se “interrogara” a uno de los sospechosos. Es decir, nada quedaba librado a la improvisación. A cambio de estos infames servicios la CIA y el MI6 ofrecían por escrito toda su colaboración para identificar, localizar y entregar a los enemigos del régimen en cualquier lugar del mundo. La agencia estadounidense lo hizo con Abu Abdullah al-Sadiq –uno de los dirigentes del Grupo Libio Islámico Combatiente y, al día de hoy, líder militar de los rebeldes libios- apenas dos días después de que llegara una solicitud expresa de Trípoli en tal sentido. Sadiq, cuyo nombre verdadero es Abdel Hakim Belhaj, declaró el pasado miércoles 31 de agosto que estando en Bangkok en compañía de su esposa, embarazada, fue detenido y torturado en las cárceles libias por dos agentes de la CIA, tal cual se anticipaba en el escrito rescatado de los escombros de la oficina de Koussa. Similares intercambios de favores fueron frecuentes entre los organismos de seguridad libios y el MI6, dado que numerosos exiliados políticos libios residían en el Reino Unido.

Lo anterior es apenas la punta de un iceberg atroz y aberrante. La correspondencia entre el número dos de la CIA en aquel momento, Stephen Kappes, y Koussa, exhibe una repugnante cordialidad. El mismo sentimiento provoca la cómplice hipocresía de George W. Bush y Tony Blair, sabedores de los crímenes que por su encargo estaba realizando Trípoli mientras proclamaban su mentirosa defensa de los derechos humanos, la justicia, la democracia y la libertad. Farsantes supremos, al igual que Gadafi, que hace mucho tiempo dejó de ser lo que había sido pese a que son muchos los que todavía no se dieron cuenta. El fiscal del Tribunal Penal Internacional ha declarado que iniciará una investigación sobre las gravísimas violaciones de los derechos humanos perpetradas por Gadafi. Pero, ¿qué hará con George W. Bush y Tony Blair, partícipes necesarios, cómplices y encubridores de esos crímenes? Además, ¿tendrá las agallas suficientes para hacer lo propio con Anders Fogh Rasmussen, Secretario General de la OTAN, responsable de (hasta el 1 de septiembre) los 21.200 ataques aéreos a Libia, causantes de innumerables víctimas civiles y de la casi total destrucción de ese país? La operación “reconquista neocolonial” de Libia –ensayo general de una metodología destinada a aplicarse en los más diversos escenarios regionales- hizo caer muchas máscaras que dejaron al desnudo a personajes siniestros y a instituciones como el TPI, otra farsa como el “antiimperialismo” de Gadafi y los “derechos humanos” de Bush, Blair, Cameron, Sarkozy y Berlusconi.



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jueves, 30 de junio de 2011

Bajo las bombas, Trípoli no claudica


Thierry Meyssan Aporrea.org

En su centésimo día de bombardeos contra la Libia, la OTAN vuelve a anunciar su inminente éxito. Pero sigue sin definir claramente cuáles son los objetivos de esta guerra y se ignora, por lo tanto, en qué consistirá ese éxito. Simultáneamente, la Corte Penal Internacional anuncia que el Guía Muammar Gadafi, su hijo Saif al-Islam y el jefe de sus servicios de inteligencia interior, Abdallah al-Senussi han sido acusados de «crímenes contra la humanidad».

Si nos atenemos a la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, la llamada coalición de Estados voluntarios estaría tratando de instaurar una zona de exclusión aérea para impedir que las tropas del tirano asesinen a su propio pueblo. Sin embargo, los informes iniciales que afirmaban que la fuerza aérea libia estaba bombardeando ciudades que se habían sublevado contra el poder de Trípoli nunca han sido confirmados, a pesar de que la Corte Penal Internacional los considera dignos de crédito. Lo que sí es cierto es que las acciones de la OTAN han ido mucho más allá del establecimiento de una zona de exclusión aérea y se han convertido en una campaña de destrucción sistemática contra las fuerzas armadas nacionales y todas sus unidades aéreas, terrestres y marítimas.

Los objetivos de la OTAN son probablemente otros. Los líderes de la alianza atlántica han mencionado repetidamente el derrocamiento del «régimen» de Muammar Gadafi, o sea la eliminación física del «hermano Guía». Los medios occidentales hablan de «deserciones masivas» de los cuadros de Trípoli para unirse a la causa de los sublevados de Benghazi, pero no logran citar nombres, exceptuando los de personajes políticos conocidos desde hace mucho como favorables a un acercamiento a Washington, como el ex ministro de Relaciones Exteriores Mussa Kussa.

La opinión pública internacional está siendo objeto de una intensa campaña de desinformación. Washington ordenó la interrupción de las transmisiones de la televisión libia a través del satélite ArabSat, a pesar de que Libia es accionista de ese satélite. El Departamento de Estado no tardará en hacer lo mismo con el satélite NileSat.

En lo que constituye una flagrante violación de sus compromisos internacionales, Washington negó la solicitud de visa del nuevo representante de Libia ante la ONU. El nuevo representante de Trípoli se ve así privado de la posibilidad de ir a Nueva York para expresar el punto de vista del gobierno de Libia mientras que su predecesor, que decidió pasarse al Consejo Nacional de Transición creado en Benghazi, sigue ocupando el escaño de Yamahiria.

Estas maniobras que ahogan la voz de Trípoli facilitan a la vez la difusión de cualquier falacia sobre Libia sin que los interesados tengan la posibilidad de desmentirla.

No es por lo tanto sorprendente que, vistos desde Trípoli, desde donde escribo este artículo, los comunicados de la OTAN y las disposiciones de la Corte Penal Internacional parezcan irreales. La calma reina en el oeste de Libia. En cualquier momento, las sirenas anuncian la llegada de los bombarderos o de los misiles. Es inútil correr hacia los refugios, por un lado porque hay muy poco tiempo para ello, y por otro lado simplemente porque no hay refugios.

Los bombardeos son de una extrema precisión. Las municiones teledirigidas alcanzan los edificios designados como blanco e incluso las habitaciones ya designadas como blanco dentro de esos edificios. Sin embargo, durante la etapa de vuelo la OTAN pierde el control de alrededor de uno de cada 10 misiles. Esos artefactos caen entonces en cualquier lugar de la ciudad, sembrando la muerte al azar.

Si bien una parte de los blancos de la OTAN son de carácter «militar», como cuarteles y bases, la mayor parte son en realidad «estratégicos», o sea de importancia económica. La OTAN ha bombardeado, por ejemplo, la imprenta encargada de emitir la moneda libia, una instalación civil encargada de fabricar los dinares. Comandos de la OTAN han saboteado también fábricas que hacían la competencia a las industrias de los miembros de la coalición. Otros blancos son llamados «sicológicos».
El objetivo es herir en carne propia a los dirigentes políticos y los responsables de la seguridad masacrando a sus familias. En esos casos, los misiles se dirigen a las habitaciones privadas, específicamente a las que sirven de dormitorio a los hijos de los dirigentes.

En la capital y en la costa, el ambiente se siente cargado.

Pero la población se mantiene unida. Los libios subrayan que ninguno de sus problemas internos justifica que se recurra a la guerra. Hablan de reclamos sociales y de problemas regionales, como los que existen en los países europeos, nada que conlleve al desgarramiento de las familias que se ha producido como resultado de la división territorial que se está imponiendo a su país.

Ante los ataques de la OTAN, decenas de miles de burgueses acomodados han buscado refugio en los países limítrofes, sobre todo en Túnez, dejando a los pobres a cargo de la defensa de la patria en la que amasaron sus riquezas. Numerosos establecimientos comerciales permanecen cerrados, sin que se sepa si el cierre se debe a problemas de aprovisionamiento o a la huida de sus propietarios.

Al igual que en Siria, la mayoría de los opositores políticos han cerrado filas junto al gobierno en aras de garantizar la integridad del país frente a la agresión extranjera. Anónimos e invisibles, algunos libios informan sin embargo a la OTAN sobre la localización de los blancos. En el pasado, sus antecesores recibían con los brazos abiertos a las tropas colonialistas de Italia. Hoy corean, junto a sus homólogos de Benghazi: «1, 2, 3, ¡viene Sarkozy!» Cada pueblo tiene sus traidores.

Las atrocidades cometidas en Cirenaica por los mercenarios del príncipe Bandar [de Arabia Saudita] acabaron convenciendo a muchos indecisos. La televisión muestra constantemente imágenes de los crímenes perpetrados en Libia por los líderes de Al-Qaeda, algunos de ellos liberados directamente de Guantánamo para luchar del lado de Estados Unidos. Son espantosas imágenes de mutilaciones y linchamientos perpetrados en ciudades convertidas en emiratos islamistas, como en Afganistán e Irak, por individuos deshumanizados por las torturas a las que ellos mismos fueron sometidos y excitados por los efectos de poderosas drogas. No es necesario ser un viejo partidario de la revolución de Gadafi para apoyarla hoy ante los horrores que están cometiendo los yihadistas en las «zonas liberadas» por la alianza atlántica [1].

Nada de lo que hemos podido ver en el oeste [de Libia] demuestra la existencia de una revuelta o de una guerra civil. En todas las carreteras, las autoridades han instalado puntos de control cada 2 kilómetros. Los automovilistas se someten pacientemente a los controles e incluso se mantienen atentos para descubrir ellos mismos posibles elementos infiltrados por la OTAN.

El coronel Gadafi está entregando armas a la población. Los civiles ya han recibido casi 2 millones de fusiles automáticos de asalto. El objetivo es que cada adulto, hombres y mujeres, pueda defender su casa. Los libios han entendido la lección iraquí. Sadam Husein basaba su autoridad en el partido Baas y el ejército, excluyendo a su pueblo de la vida política.
Al ser decapitado el partido y ante la deserción de unos cuantos generales, el Estado iraquí se derrumbó súbitamente, el país quedó sin capacidad de resistencia y se hundió en el caos. Libia, por su parte, está organizada según un original sistema de democracia participativa, comparable a las asambleas de Vermont [Estados Unidos]. Los libios son gente acostumbrada a que se les consulte y a asumir sus responsabilidades, lo cual implica que es perfectamente posible movilizarlos en masa.

Es sorprendente comprobar que las mujeres libias demuestran más determinación que los hombres en lo tocante a portar armas. Esto refleja el incremento, durante los últimos años, de la participación femenina en las asambleas populares, lo cual quizás refleja al mismo tiempo la indolencia que se había apoderado de los cuadros de este Estado socialista con un alto nivel de vida.

Todos están concientes de que el momento decisivo se producirá con el desembarco de las fuerzas terrestres de la OTAN, si se atreven a desembarcar. La estrategia de defensa está por lo tanto enteramente concebida en función de disuadir al enemigo mediante la movilización masiva de la población. Los soldados franceses, británicos y estadounidenses no serán recibidos aquí como liberadores sino como invasores colonialistas.

Tendrán que enfrentar una serie interminable de combates urbanos.

Los libios se preguntan cuáles son exactamente los móviles de la OTAN.
Me sorprende comprobar que es a menudo a través de la lectura de los artículos de la Red Voltaire, traducidos y publicados en numerosos sitios de Internet y en varios diarios impresos, que han tenido conocimiento de los verdaderos motivos [de la agresión]. Existe aquí, como en todas partes, un déficit de información sobre las relaciones internacionales. La gente está al corriente, y se enorgullece, de las iniciativas y realizaciones del gobierno a favor de la unidad africana y del desarrollo del Tercer Mundo. Pero ignora muchos aspectos de la política internacional y subestima la capacidad de destrucción del Imperio. La guerra siempre parece lejana, hasta que nos convertimos en blanco del agresor.

¿En qué consiste entonces el éxito que la OTAN anuncia como inminente?
Por el momento, Libia está divida en dos. En la región de Cirenaica se ha proclamado una República independiente –aunque lo que allí se prepara es la restauración de monarquía– que ya ha recibido el reconocimiento de varios Estados, comenzando por Francia. Aunque la nueva entidad está siendo gobernada de facto por la OTAN, oficialmente existe un misterioso Consejo Nacional de Transición, que no ha sido electo y cuya composición –si realmente existen sus miembros– se mantiene en secreto para que dichos miembros no tengan que responder por sus actos. Parte de los bienes libios en el exterior han sido congelados, pero están siendo administrados por los gobiernos occidentales, que están utilizándolos en su propio provecho.
Parte de la producción de petróleo está siendo comercializada en condiciones particularmente ventajosas para las compañías occidentales, que se están dando así un verdadero banquete. Quizás sea ese el famoso éxito: el pillaje colonial.

Con sus órdenes internacionales de arresto contra Muammar Gadafi, su hijo y el jefe de los servicios de inteligencia internos, la Corte Penal Internacional trata de presionar a los diplomáticos libios para obligarlos a dimitir. Todos y cada uno de ellos se ven así en peligro de verse acusados de «complicidad con crímenes contra la humanidad», si finalmente cayera la Yamahiria, y los que decidan dimitir dejarán una plaza vacante que Trípoli no podrá llenar. Las mencionadas órdenes de arresto son parte, por lo tanto, de una política de aislamiento contra Libia.

La Corte se está dedicando también a la propaganda de guerra. Calificó a Saif al-Islam de «primer ministro de facto», lo cual no es cierto pero da la impresión de [que existe en Libia] un régimen familiar. Una vez más aparece aquí el principio de inversión de valores típico de la propaganda estadounidense. Los sublevados de Benghazi agitan la bandera de la monarquía Sanusi y el aspirante al trono está a la espera de su momento en Londres, pero nos presentan a la democracia participativa como un régimen dinástico.

Al llegar a los primeros 100 días, los comunicados de la OTAN no logran ocultar la decepción. Con excepción la región de Cirenaica, los libios no se han sublevado contra el «régimen». No se vislumbra una solución militar.
La única posibilidad que tiene la OTAN de salir de este asunto con la frente alta y sin muchas pérdidas sería conformarse con la división del país.
Benghazi se convertiría entonces en una especie de Camp Bondsteel, la megabase militar estadounidense en Europa que ha logrado obtener la categoría de Estado independiente bajo el nombre de Kosovo. La región de Cirenaica sería la base militar que el AfriCom necesita para controlar el continente africano

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viernes, 29 de abril de 2011

Libia y la nueva división imperial de África

Mahdi Darius Nazemroaya Global Research

PRIMERA PARTE

Los planes para atacar Libia son antiguos. La maquinaria de guerra imperial de EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Italia y sus aliados de la OTAN está involucrada en una nueva aventura militar comparable a los eventos que llevaron a las guerras contra Yugoslavia e Iraq. La maquinaria bélica se ha movilizado bajo la cobertura de “intervención humanitaria”.

De hecho, lo que han hecho el Pentágono y la OTAN es violar el derecho internacional al intervenir a favor de una de las partes en combate en Libia en una guerra civil que ellos mismos han alentado y alimentado. No han protegido a los civiles, sino que han lanzado una guerra contra el régimen libio en Trípoli y ayudan activamente al Consejo de Transición basado en Bengasi en los combates contra los militares libios.

Antes del acercamiento al coronel Gadafi, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, y sus aliados trabajaron para desestabilizar Libia. Como han confirmado fuentes del gobierno de EE.UU., Washington intentó varias veces un cambio de régimen en Trípoli [1]. Según el general Wesley Clark, ex comandante de la OTAN, el Pentágono tuvo planes activos para lanzar una guerra contra Libia.

EE.UU. y sus aliados de la OTAN están ahora embrollados en una nueva guerra que tiene las características evidentes de las guerras e invasiones de Iraq y de la antigua Yugoslavia.


Una gran armada naval frente a las costas de Libia ha bombardeado el país durante semanas con el objetivo declarado de deponer al régimen libio. Al mismo tiempo impulsan las divisiones internas en Libia.

Esparcen desinformación sistemáticamente. Como a Sadam Hussein antes que a él, EE.UU. y la UE armaron y ayudaron al coronel Gadafi. Por ello es importante responsabilizar a EE.UU. y a la UE de las ventas de armas y el entrenamiento de fuerzas libias.

También, como en Iraq, EE.UU. patrocinó a otro dictador árabe y posteriormente lo traicionó.

Antes del acercamiento de Iraq a EE.UU., al comienzo de la Guerra Iraq-Irán, Sadam Hussein era aliado soviético y Washington le consideraba un enemigo.

El caso del coronel Gadafi es similar en muchos sentidos. Irónicamente, Gadafi había advertido sobre el cambio de régimen a los dirigentes árabes en 2008 en una reunión en Damasco bajo los auspicios de la Liga Árabe. Señaló la “mala costumbre” del gobierno de EE.UU. de traicionar a sus amigos dictadores árabes:

¿Por qué no investiga el Consejo de Seguridad de la ONU el ahorcamiento de Sadam Hussein? ¿Cómo pudieron ahorcar al dirigente de un Estado de la Liga Árabe? No hablo de las políticas de Sadam Hussein o de nuestra animosidad contra él [me refiero a los demás dirigentes árabes]. Todos teníamos nuestros desacuerdos con él. También tenemos desacuerdos entre nosotros. Nada nos une aparte de esta sala. ¿Por qué no hay una investigación sobre la ejecución de Sadam Hussein?

A todo un gobierno árabe se le asesina y se le cuelga en la horca ¿Por qué? ¡En el futuro también va a ser vuestra suerte! [Los demás funcionarios árabes reunidos comienzan a reír] ¡Por cierto!

EE.UU. combatió junto a Sadam Hussein contra Jomeini [en la Guerra Iraq-Irán]. Era su amigo. Cheney era amigo de Sadam Hussein. Rumsfeld, el secretario de defensa de EE.UU. durante el bombardeo de Iraq [en 2003], era un cercano amigo de Sadam Hussein.

Al final lo traicionaron. Lo colgaron. Incluso vosotros [los dirigentes árabes] que sois amigos de EE.UU. –no, diré más bien nosotros–, los amigos de EE.UU., Estados Unidos puede aprobar un día nuestro ahorcamiento [2].

Al terminar la Guerra del Golfo de 1991, EE.UU. alentó deliberadamente la revuelta abierta contra el régimen de Sadam Hussein, pero se contuvo y se quedó mirando mientras Sadam Hussein aplastaba las revueltas iraquíes por la fuerza.

En 2011 han hecho lo mismo contra Gadafi y su régimen en Libia. Washington y sus aliados no solo instigaron la revuelta en Libia, sino que además los rebeldes recibieron armas y asesoramiento militar.

Cuando EE.UU. y sus aliados provocaron las revueltas contra Sadam en Bagdad después de la Guerra del Golfo, EE.UU., Gran Bretaña y Fancia establecieron “zonas de exclusión aérea” sobre Iraq con el pretexto de proteger “al pueblo iraquí contra Sadam”. Durante años atacaron a Iraq sistemáticamente. Bombardearon a la República Iraquí y debelitaron sus capacidades de defensa.

Actualmente EE.UU. y sus aliados han impuesto una zona de exclusión aérea sobre Libia con el pretexto de proteger “al pueblo libio contra Gadafi”. Si desearan proteger al pueblo libio contra Gadafi, ¿por qué armaron a Gadafi para comenzar? ¿Por qué realizaron transacciones comerciales después de los disturbios contra el gobierno de 2006 y 2008 en Libia? Hay mucho más en esta narrativa, que forma parte de una marcha más amplia hacia la guerra.

Una nueva división imperial de África: La Conferencia de Londres

La Conferencia de Londres sobre Libia muestra tal como son a los miembros de la coalición formada contra Libia. Violando de forma evidente el derecho internacional, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania y sus aliados están tomando decisiones sobre el futuro de Libia antes de cualquier cambio en el terreno [4]. La democracia es un proceso que comienza por abajo y el gobierno de Libia es un asunto interno que deben decidir los propios libios. Las decisiones no pueden tomarlas las potencias extranjeras que han sido los apoyos más acérrimos de las peores dictaduras.

Las naciones reunidas en la mesa de la conferencia de Londres no tienen ningún derecho a decidir si Gadafi debe quedarse o irse. Es un derecho soberano que solo tienen los libios. La participación en la guerra civil es una violación del derecho internacional, como lo es tomar partido por uno de los campos en esa guerra civil.

La Conferencia de Londres sobre Libia puede compararse con la Conferencia de Berlín de 1884. A diferencia de la de 1884, esta conferencia apunta a dividir el botín de la guerra de Libia, en lugar de trinchar todo un continente. Asimismo Washington, en lugar de mantenerse alejado como en 1884, es la potencia dirigente en esta nueva conferencia relacionada con los asuntos del continente africano.

La posición de EE.UU. y de sus aliados europeos occidentales está muy clara:

La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Rodham Clinton, y el secretario de exteriores británico William Hague, dirigieron las conversaciones de crisis en Londres entre 40 países e instituciones, que buscan todos una fase final orientada a detener el sangriento ataque de Gadafi contra el pueblo de Libia.

Aunque los ataques aéreos dirigidos por la OTAN contra las fuerzas de Gadafi que comenzaron el 19 de marzo no tienen el objetivo de derrocarlo, docenas de naciones acordaron en las conversaciones que el futuro de Libia no incluye al dictador en el mando.

“Gadafi ha perdido la legitimidad para dirigir, por lo tanto creemos que debe irse. Trabajamos con la comunidad internacional para tratar de lograr ese resultado,” dijo Clinton a los periodistas.

Mientras hablaba, los funcionarios de EE.UU. anunciaron que barcos y submarinos estadounidenses en el Mediterráneo habían lanzado una descarga de misiles crucero contra instalaciones libias de almacenamiento de misiles en el área de Trípoli la tarde del lunes y la madrugada del martes, el mayor ataque en días.

El ministro de exteriores alemán, Guido Westerwelle, se hizo eco de la posición de Clinton:

“Una cosa está bastante clara y hay que dejarla bien clara ante Gadafi: Su tiempo ha pasado. Debe irse,” dijo Westerwelle. “Tenemos que destruir su ilusión de que existe un camino para que parezca que no ha pasado nada si logra aferrarse al poder” [4].

La Conferencia de Londres sobre Libia, sin embargo, no solo se ocupa de Libia, sino que además presenta el programa de una nueva división imperialista de todo el continente africano. Libia, que se convirtió en un impedimento cuando Gadafi cambió de opinión, se utilizará para completar la “Unión del Mediterráneo” y como nueva cabeza de puente hacia África. Es el comienzo de los importantes pasos que emprenderán EE.UU. y la UE para purgar de África la creciente presión china.

Una nueva división imperial de África: “Operación Amanecer de la Odisea”

El nombre “Operación Amanecer de la Odisea” es muy revelador. Identifica la intención estratégica y la dirección de la guerra contra Libia.

La Odisea es un antiguo poema épico griego del poeta Homero que cuenta el viaje y rastros del héroe Odiseo de Ítaca en su vuelta a casa. El tema principal es el “retorno a casa”.

EE.UU. y las potencias imperialistas están en su propia odisea de “retorno” a África.

El proyecto también está íntimamente relacionado con los planes militares más amplios en el Sudoeste de Asia y la ofensiva hacia Eurasia, que apunta en última instancia a Rusia, China y Asia Central.

Los planes militares de Washington tienen que ver con la masa continental africana y eurasiática, es decir un súper-continente conocido como Afro-Eurasia. El control de Afro-Eurasia es el objetivo de las estrategias de EE.UU.

EE.UU. y la OTAN han provocado una guerra civil en Libia, como pretexto para sus perdurables planes de agresión militar. Se lanzó una campaña sistemática de desinformación mediática, similar a la utilizada contra Iraq de 1991 a 2003.

De hecho, los medios han mostrado el camino a la guerra en Libia como lo hicieron en la antigua Yugoslavia, Afganistán e Iraq. EE.UU. y sus cómplices también han utilizado la atmósfera de revuelta popular en el mundo árabe como una cortina de humo para insertar y apoyar sus propios planes en la Jamahiriya Árabe Libia.

El trofeo libio en el Mediterráneo

Hay un antiguo proverbio libio que dice “cuando tu bolsillo se vacíe aumentarán tus errores”. En este contexto, las tensiones internas libias no están dominadas por penurias alimentarias. Esto diferencia a Libia de países árabes como Túnez, Egipto, Yemen, Marruecos y Jordania [5]. En Libia, la falta de libertad así como una corrupción rampante han creado la oposición al régimen, la que ha sido utilizada por EE.UU. y sus aliados como pretexto para justificar la intervención extranjera.

Libia ha llegado muy lejos desde 1951 cuando logró su independencia. En 1975, el politólogo Henri Habib describió esas condiciones:

Cuando el 24 de de diciembre de 1951 las Naciones Unidas concedieron la independencia a Libia, ésta estaba considerada como una de las naciones más pobres y más atrasadas del mundo. La población de la época no era más de 1,5 millones, un 90% era analfabeta, y no tenía experiencia o conocimientos políticos. No había universidades, solo una cantidad limitada de colegios secundarios que se habían establecido siete años antes de la independencia [6].

Según Habib el estado de pobreza en Libia resultó del yugo de la dominación otomana seguida por una era de imperialismo europeo en el país [7]. Habib explica: “Se hizo todo lo posible por mantener a los habitantes árabes [de Libia] en una posición servil incapacitándolos para lograr algún progreso para sí mismos o para su nación” [8]. También explica:

El clímax de esta opresión tuvo lugar durante la administración italiana (de 1911 a 1943) cuando los libios no solo fueron oprimidos por las autoridades [extranjeras], sino también sometidos a la pérdida y privación de la mayor parte de su tierra fértil que fue destinada a colonos llevados de Italia. Los británicos y franceses que reemplazaron a los italianos en 1943 trataron de arraigarse en Libia por diversos caminos de división, para terminar por llevar al fracaso una combinación de eventos y circunstancias fuera del control de cualquier nación [9].

A pesar de la mala administración política y de la corrupción, las reservas de petróleo de Libia (descubiertas en 1959) se utilizaron para mejorar el nivel de vida de su población. Libia tiene uno de los niveles de vida más altos de África.

Aparte de sus reservas energéticas, el Estado libio ha jugado un papel importante. Las reservas energéticas de Libia se nacionalizaron después del golpe de 1969 contra la monarquía libia. Hay que señalar que esas reservas de energía son una fuente de riqueza en Libia que si se privatizara totalmente sería un lucrativo botín de guerra.

Hasta cierto punto, el aislamiento de Libia en el pasado como Estado paria también ha jugado un papel de protección. Mientras la mayor parte del mundo se ha globalizado desde un punto de vista económico, la integración de Libia a la economía global se ha retardado en un cierto sentido.

A pesar de que grandes sumas de dinero fueron robadas y derrochadas por la familia de Gadafi y sus funcionarios, también existen en Libia servicios sociales y prestaciones, como viviendas gubernamentales. También hay que señalar que nada de esto significa que no se haya establecido una reestructuración neoliberal y la pobreza en Libia, porque juegan un gran papel.

Hasta que se inició el conflicto en 2011, hubo una inmensa fuerza laboral extranjera en Libia. Miles de trabajadores extranjeros de todas partes del globo fueron a Libia en busca de empleo. Esto incluyó a ciudadanos de Turquía, China, África subsahariana, Latinoamérica, la Unión Europea Ucrania, y el mundo árabe.

El neoliberalismo y la nueva Libia: Saif Al-Islam Gadafi y el acercamiento

De 2001 a 2003, tuvo lugar un proceso de acercamiento entre Libia y EE.UU. y sus socios de la UE. ¿Qué cambió? El coronel Gadafi no dejó de ser un dictador ni modificó conducta. El acercamiento terminó con el desafío de Trípoli a sus antiguos amos coloniales. Libia se había rendido a las presiones de EE.UU. y la UE y se llegó a un modus vivendi.

Las credenciales de Gadafi como demócrata o dictador nunca constituyeron un problema. Tampoco el uso de la fuerza bruta. El verdadero tema era la subordinación.

La fuerza utilizada contra los disturbios en 2006 y 2008 ni siquiera inquietó a la UE y a Washington, que continuaron “sus negocios como siempre” con Trípoli. Incluso fuentes del gobierno de EE.UU. insinuaron que no había que poner en peligro los intereses económicos por problemas de derecho internacional o justicia; por ejemplo, BP presionó al gobierno británico en 2006-7 para que avanzara en un intercambio de prisioneros con Libia para proteger un contrato petrolero [10].

Casi de un día para otro, Libia se convirtió en un nuevo terreno fértil para las corporaciones de EE.UU. y de la UE, especialmente en sectores de la energía. Esos lucrativos acuerdos también incluyeron contratos militares de un orden de 482 millones de dólares para material militar, entrenamiento y software de miembros de la UE (incluyendo agentes químicos y biológicos) [11].

No obstante, Washington exigió dos cosas más: la imposición de un tributo imperial así como la apertura del aparato militar y de inteligencia libio a la influencia de EE.UU. Como resultado, Libia terminó todo apoyo a los palestinos y entregó a EE.UU. sus expedientes sobre grupos de resistencia opuestos a Washington, Londres, Tel Aviv y sus aliados. Esto convirtió a Libia en un “socio” en la “Guerra global contra el terrorismo”. Washington podía participar en todos los aspectos de la seguridad del Estado libio:

Aunque las sanciones de EE.UU. a Libia se levantaron en 2004 y las restricciones a la ayuda extranjera relacionadas con el terrorismo se rescindieron en 2006, el Congreso actuó para limitar la posibilidad del gobierno de Bush de proveer ayuda extranjera a Libia como medio para presionar al gobierno y al gobierno libio a fin de que solucionaran demandas pendientes por terrorismo. La certificación del gobierno de Bush de octubre de 2008 […] acabó con las restricciones permanentes sobre el suministro de ayuda extranjera de EE.UU. contenidas en la legislación de asignaciones para el año fiscal 2008 y el año fiscal 2009. Los pedidos de ayuda presentados por los gobiernos de Bush y Obama para los años fiscales 2008 y 2009, incluían el financiamiento de programas para volver a trabajar con fuerzas de seguridad libias después de “una ruptura de contacto de 35 años” con sus homólogos estadounidenses y apoyar los esfuerzos libios para mejorar las capacidades de seguridad en áreas de interés común, como control fronterizo, contraterrorismo y controles de exportación e importación [12].

Libia también opera en la banca y las finanzas globales. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York de EE.UU. incluso otorgó 73 préstamos a Arab Banking Corporation (ABC), que es un banco que en su mayor parte es de propiedad del Banco Central de Libia, por un total de 35.000 millones de dólares [13]. Según el senador Bernard Sanders de Vermont en una queja al secretario del Tesoro de EE.UU., Timothy Geithner, y al presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Benjamin Bernanke, el banco, casi enteramente de propiedad libia, recibió más de 26.000 millones de dólares en préstamos con una tasa de interés de casi cero de la Reserva Federal de EE.UU. que ha vuelto a prestar al Tesoro de EE.UU. a una tasa de interés más elevada [14] Arab Banking Corporation está actualmente eximida de las sanciones contra Libia y puede servir para crear un vínculo fiscal entre Wall Street y Bengasi.

Saif Al-Islam Gadafi fue vital en el proceso de apertura de Libia al comercio con Washington y la Unión Europea. En el año 2000 Saif se graduó en una universidad de Austria y se vinculó estrechamente a asociados extranjeros que se convirtieron en sus consejeros políticos y amigos.

Según se dice, el príncipe Andrew de Gran Bretaña, se convirtió en un estrecho amigo de Saif Al-Islam: tan cercano que Chris Bryant, importante político laborista, pidió en la Cámara de los Comunes británica que se separara al príncipe Andrew de su posición como enviado comercial especial al comienzo del conflicto con Libia [15].

Los consejeros occidentales de Trípoli jugaron un papel importante en la definición de la política libia. Una “Nueva Libia” comenzó a aparecer bajo Saif Al-Islam, quien presionó por la adopción de reformas económicas neoliberales al estilo del FMI.

Desde 2005-2006, comenzaron a aparecer en Libia importantes disparidades sociales y de ingresos. El Movimiento Libio de Comités Revolucionarios fue desbandado en gran parte por Said Al-Islam. Si el Movimiento de los Comités hubiese seguido existiendo, es muy probable que hubiera tratado de impedir la escalada del actual conflicto.

Además, Saif Al-Islam fue a Londres y estableció lazos en Gran Bretaña con Noman Benotman, ex dirigente del Grupo de Combate Islámico Libio (LIFG) [16]. Se hizo amigo de Benotman.

Apoyados por Said Al-Islam, Benotman y Ali Al-Sallabi, un ciudadano libio residente en Qatar (que estaba en la lista de terroristas de Trípoli), negociaron una tregua entre el LIFG y el gobierno libio.

También vale la pena señalar que todos los ministros y embajadores que desertaron o abandonaron Libia fueron seleccionados por Saif Al-Islam.

Como en el caso de la antigua Yugoslavia en los años noventa, las reformas neoliberales aplicadas en Libia crearon disparidades sociales y de ingresos que por su parte contribuyeron a la inestabilidad política.

Acercamiento con Trípoli y extorsión imperial

A fines de 2008, el gobierno de EE.UU. logró que Trípoli pagara lo que era equivalente a un “tributo imperial”. Libia capituló y aceptó un acuerdo injusto de reparación con Washington. Se llamó “Acuerdo de Ajuste de Demandas entre EE.UU. y la Gran Libia Árabe Popular Socialista”. Según el acuerdo Libia concedería 1.300 millones de dólares a Washington, mientras Washington daría a los libios 300 millones de dólares. El Artículo 4 del anexo del acuerdo declara:

Una vez que las contribuciones a la Cuenta del Fondo lleguen a la suma de 1.800 millones de dólares, la suma de 1.500 millones de dólares se depositará en la Cuenta A [la cuenta de EE.UU.] y la suma de 300 millones de dólares se depositará en la Cuenta B [la cuenta de Libia], que en ambos casos constituirá el recibo de recursos bajo el Artículo III (2) del Acuerdo [17].

A pesar de todo esto, Libia ha seguido siendo un país relativamente rico. En 2010, Trípoli incluso hizo una oferta de comprar una parte de British Petroleum (BP), una de las mayores corporaciones del mundo [18]. La Compañía Nacional de Petróleo de Libia también sigue siendo una de las mayores compañías petroleras del mundo.

Incluso con los lucrativos acuerdos que resultaron del acercamiento, EE.UU. y la UE no olvidaron el objetivo de impulsar sus beneficios y su control. Las potencias de la UE y Washington simplemente esperaron la oportunidad adecuada. Nunca abandonaron los planes para apoderarse de Libia y del sector energético libio. Washington y Europa Occidental tampoco podían aceptar nada menos que un gobierno títere hecho y derecho en Libia.

Agitación y la reacción de Gadafi

Incluso con el acercamiento a Trípoli, EE.UU. y sus socios de la UE siguieron cultivando vínculos con personajes y organizaciones de la “oposición” con el fin de implementar un cambio de régimen en alguna fecha futura. Por eso el Frente Nacional de Salvación de Libia ha estado sobre todo activo en Washington. En boca de un oportuno informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) del 18 de febrero de 2011:

La Conferencia Nacional por la Oposición Libia (una organización que engloba a grupos opositores encabezados por el NLSF […] y organizadores basados en Internet llamaron a que un “día de ira” tuviera lugar el 17 de febrero. Eventos similares habían sido organizados por grupos contrarios al gobierno en muchos otros países en Medio Oriente y el Norte de África durante el mes anterior. El 17 de febrero [2011] cientos de manifestantes salieron a las calles en Bengasi y en otras ciudades cercanas [19].

El coronel Gadafi ha gobernado Libia bajo una dura dictadura que ha utilizado sistemáticamente la violencia y el miedo. Sin embargo, el nivel de violencia que ha puesto a Libia en un estado de agitación se ha distorsionado [20]. Muchos de los informes iniciales que salieron de Libia a principios de 2011 tampoco se verificaron y en muchos casos fueron engañosos. Esos informes tienen que estudiarse con mucho cuidado. Según el mismo informe del CRS preparado para el Congreso de EE.UU., los informes iniciales provinieron todos de “informes de medios locales [libios], secuencias de vídeo de aficionados y anécdotas e informes de organizaciones de derechos humanos y grupos de oposición en el exilio” [21].

Los objetivos de Gadafi son preservar su régimen y no destruirlo. Después de que Gadafi se dio cuenta de la creciente amenaza extranjera dirigida contra su régimen, limitó generalmente el uso de la fuerza. El régimen en Trípoli no quería dar más excusas a EE.UU., la UE y a la OTAN para una intervención militar en Libia.

Gadafi mostró moderación con el fin de preservar su dictadura. El régimen libio sabía perfectamente que una sangrienta guerra civil se utilizaría como justificación para una intervención con un pretexto humanitario. Por eso Gadafi optó por tratar de negociar donde fuera posible en lugar de usar la fuerza. El uso de la violencia no favorece al régimen libio o a Libia, sino que funciona a favor de EE.UU., y los Estados de la UE.

NOTAS

(1) Christopher M. Blanchard y James Zanotti, “Libya: Background and U.S. Relations,” Congressional Research Service February 18, 2011, p.12; la fuente citada es la siguiente: Joseph T. Stanik, El Dorado Canyon: Reagan’s Undeclared War with Qaddafi, (Annapolis, Md.: Naval Institute Press, 2003); Bernard Gwertzman, “Shultz Advocates U.S. Covert Programs to Depose Qaddafi,” The New York Times, April 28, 1986; and Clifford Krauss, “Failed Anti-Qaddafi Effort Leaves U.S. Picking Up the Pieces,” The New York Times, March 12, 1991.

(2) Muamar Gadafi, discurso en la 20ª Cumbre de la Liga Árabe en Damasco (Dirección:Twentieth Arab League Summit, Damascus, Syria: March 29, 2008).

(3) David Stringer, “Top envoys agree Libya’s Moammar Gadhafi must step down but don’t discuss arming rebels,” Associated Press (AP), March 29, 2011.

(4) Ibíd.

(5) Esto no significa que los temas en esos países árabes sean exclusivamente de la vida diaria económica, porque la libertad personal y el régimen corrupto son también importantes motivaciones para la cólera pública en las respectivas sociedades árabes de los Estados mencionados. Lo que esto significa es que el tema del sustento económico es un factor importante en esas protestas. También, se informó de que las protestas en Libia de 2008 estuvieron vinculadas al desempleo, pero los problemas económicos no son la fuerza impulsora de los eventos que tienen lugar en Libia.

(6) Henri Pierre Habib, Politics and Government of Revolutionary Libya (Montmagny, Québec: Le Cercle de Livre de France Ltée, 1975) p.1.

(7) Ibíd.

(8) Ibíd.

(9) Ibíd.

(10) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., pp.12-13.

(11) European Union, “Twelfth Annual Report According to Article 8(2) of Council Common Position 2008/944/CFSP Defining Common Rules Governing Control of Exports of Military Technology and Equipment,” Official Journal of the European Union, vol. 24 (C9) (February 13, 2011): pp.160-162;

(12) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., pp.13-14.

(13) Donal Griffin and Robert Ivry, “Libya-Owned Arab Banking Corp. Drew at Least $5 Billion From Fed in Crisis,” Bloomberg, April 1, 2011.

(14) Bernard Sandards, Letter to Ben S. Bernanke, Timothy Geithner, and John Walsh, March 31, 2011: .

(15) British Broadcasting Corporation (BBC) News, “Duque de York debe perder puesto comercial, dice parlamentario laborista”, February 29, 2011.

(16) Norman Benotman fue quien organizó la defección de Musa Al-Kusa a Gran Bretaña.

(17) Claims Settlement Agreement between the United States of America and the Great Socialist People’s Libyan Arab Jamahiriya, August 14, 2008, p.4; el informe del CRS señalado también lo menciona, pero comete un error sobre la suma entregada a Libia y afirma que es “$300 billion” [300.000 millones de dólares]”.

(18) Andrew England y Simeon Kerr, “Libya hints at taking stake in BP,” Financial Times, July 5, 2010.

(19) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., p.5; vale la pena señalar que los dos investigadores citan a Asharq Al-Awsat, de propiedad saudí (el artículo específico citada es el siguiente: Khaled Mahmoud, “Gaddafi ready for Libya’s ‘Day of Rage,’” Asharq Al-Awsat, February 9, 2011) que de manera bastante interesante hace un vínculo entre las anteriores protestas libias el 17 de febrero de 2006 por las caricaturas publicadas en Dinamarca sobre el Profeta Muhammad que se transformaron en protestas contra Gadafi.

(20) Este hecho no justifica de ninguna manera ninguna violencia estatal en Libia, pero debe examinarse. También debe considerarse el contexto de la violencia en Libia.

(21) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., p.5.



© Copyright Mahdi Darius Nazemroaya, Global Research, 2011

Mahdi Darius Nazemroaya es especialista en Medio Oriente y Asia Central. Es Asociado Investigador del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG).

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=24471

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jueves, 31 de marzo de 2011

No hay negocio como el de la guerra

Pepe Escobar Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Mentira, hipocresía y programas secretos. De eso no habló el presidente de EE.UU., Barack Obama, cuando explicó su doctrina libia a EE.UU. y al mundo. La mente se aturde con tantos agujeros negros que engullen esta espléndida guerrita que no es una guerra (una “acción militar, limitada en el tiempo, limitada en su alcance”, según la Casa Blanca), combinada con la incapacidad del pensamiento progresista de condenar, al mismo tiempo, la inclemencia del régimen de Gadafi y los bombardeos “humanitarios” anglo-franceses-estadounidenses.

La Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha funcionado como un caballo de Troya, al permitir que el consorcio anglo-francés-estadounidense –y la OTAN– se convirtieran en la fuerza aérea de la ONU en apoyo a un levantamiento armado. Aparte de no tener nada que ver con la protección de civiles, esta acción es absolutamente ilegal según el derecho internacional. La fase final incorporada, como ya lo saben incluso niños africanos desnutridos, pero que nunca ha sido reconocida, es el cambio de régimen.

El teniente general Charles Bouchard de Canadá, comandante de la OTAN para Libia, podrá insistir todo lo que quiera en que la misión sólo se propone proteger civiles. Pero esos “civiles inocentes” que operan tanques y disparan Kalashnikovs como parte de un salvaje montón variopinto son en realidad soldados en una guerra civil, y el enfoque debe ser si la OTAN seguirá siendo desde ahora su fuerza aérea, siguiendo los pasos del consorcio anglo-francés-estadounidense. A propósito, la “coalición de los dispuestos” que combate contra Libia consiste únicamente en 12 de los 28 miembros de la OTAN más Qatar. No tiene absolutamente nada que ver con una “comunidad internacional”.

El veredicto final sobre la zona de exclusión aérea acordada por la ONU tendrá que esperar a la emergencia de un gobierno “rebelde” y al final de la guerra civil (si termina pronto). Entonces será posible analizar cómo se llegó a justificar el disparo de Tomahawks y los bombardeos; por qué se "protegió" a los civiles de Cirenaica mientras se atacaba a los de Trípoli con Tomahawks; qué tipo de grupo abigarrado de “rebeldes” era “salvado”; si todo el asunto fue legal para comenzar; cómo la resolución fue una cobertura para cambio de régimen; cómo el amorío entre los “revolucionarios” libios y Occidente podría terminar en un sangriento divorcio (recordad Afganistán); y qué protagonistas occidentales se pueden beneficiar inmensamente de la riqueza de una nueva Libia unificada (o balcanizada).

Por el momento por lo menos, es fácil identificar a los logreros:

El Pentágono

El jerarca del Pentágono Robert Gates dijo este fin de semana, manteniendo una cara seria, que sólo hay tres regímenes opresivos en todo Medio Oriente: Irán, Siria y Libia. El Pentágono está eliminando al eslabón débil, Libia. Los otros fueron siempre partes cruciales de la lista de eliminación de los malvados de los neoconservadores. Arabia Saudí, Yemen, Bahréin, etc., son modelos de democracia.

En cuando a esta guerra “ahora la ves, ahora no la ves”, el Pentágono se las arregla para librarla no una vez, sino dos. Comenzó con Africom establecido bajo el gobierno de George W Bush, reforzado con Obama y rechazado por numerosos gobiernos africanos, eruditos y organizaciones de derechos humanos. Ahora la guerra pasa a la OTAN, que es esencialmente la dirección del Pentágono sobre sus acólitos europeos.

Es la primera guerra africana de Africom, realizada hasta ahora por el general Carter Ham desde su cuartel en el no tan africano Stuttgart. Africom, como lo describe Horace Campbell, profesor de estudios estadounidenses africanos y de ciencias políticas en la Universidad Syracuse, es un engaño: “fundamentalmente es una fachada para contratistas militares de EE.UU. como Dyncorp, MPRI y KBR que operan en África. Los planificadores militares estadounidenses que se benefician con la puerta giratoria de la privatización de la guerra están deleitados por la oportunidad de otorgar credibilidad a Africom bajo la fachada de la intervención en Libia.”

Los Tomahawks de Africom también alcanzan –metafóricamente– a la Unión Africana (UA) que, a diferencia de la Liga Árabe, no puede ser comprada fácilmente por Occidente. Las petromonarquías del Golfo Árabe aclamaron todas el bombardeo, pero no Egipto y Túnez. Sólo cinco países africanos no están subordinados a Africom; Libia es uno de ellos, junto con Sudán, Costa de Marfil, Eritrea y Zimbabue.

OTAN

El plan general de la OTAN es controlar el Mediterráneo como un lago de la OTAN. Desde esta “óptica” (jerga del Pentágono) el Mediterráneo es infinitamente más importante actualmente como teatro de operaciones bélicas que AfPak.

Solo tres de las 20 naciones del Mediterráneo no son miembros plenos de la OTAN o aliados de sus programas de “cooperación”: Libia, el Líbano y Siria. Que no quepa la menor duda: ahora le toca a Siria. El Líbano ya está sometido a un bloqueo de la OTAN desde 2006. Ahora también se aplica un bloqueo a Libia. EE.UU. –a través de la OTAN– está a punto de lograr la cuadratura del círculo.

Arabia Saudí

Perfecto. El rey Abdullah se libra de su eterno enemigo Gadafi. La Casa de Saud –a su abyecta menera característica– hace lo imposible por beneficiar a Occidente. La atención de la opinión pública mundial es desviada de la invasión de Bahréin por los saudíes para aplastar un movimiento de protesta pacífico pro democracia.

La Casa de Saud vendió la ficción de que “la Liga Árabe” en su conjunto votó por una zona de exclusión aérea. Es mentira: de 22 miembros, sólo hubo 11 presentes en la votación; seis son miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), en el cual Arabia Saudí es el mandamás. La Casa de Saud sólo necesitó presionar a tres más. Siria y Argelia estaban en contra. Traducción: Sólo nueve de los 22 países árabes votaron por la zona de exclusión aérea.

Ahora Arabia Saudí incluso puede ordenar al jefe del GCC, Abdulrahman al-Attiyah, que diga con cara seria: “el sistema libio ha perdido su legitimidad”. En cuando a la “legítima” Casa de Saud y los al-Khalifa en Bahréin, alguien debiera incorporarlos al Salón de la Fama Humanitaria.

Qatar

Los anfitriones de la Copa del Mundo de Fútbol de 2022 son expertos en cerrar un negocio. Sus Mirage ayudan a bombardear Libia mientras Doha se prepara para vender el petróleo de Libia oriental. Qatar se convirtió rápidamente en la primera nación árabe en reconocer a los “rebeldes” libios como único gobierno legítimo del país sólo un día después de asegurarse el negocio de la venta del petróleo.

Los ‘rebeldes’

A pesar de todas las dignas aspiraciones democráticas del movimiento juvenil libio, sucede que el grupo de oposición más organizado es el Frente Nacional por la Salvación de Libia –financiado durante años por la Casa de Saud, la CIA y los servicios de inteligencia franceses-. El “Consejo Nacional de Transición Interino” rebelde es poco más que el buen Frente Nacional más unos pocos desertores militares. Es la elite de los “civiles inocentes” que la “coalición” está “protegiendo”.

En el momento justo, el “Consejo Nacional de Transición Interino” consiguió un nuevo ministro de Finanzas, el economista educado en EE.UU. Ali Tarhouni. Reveló que un grupo de países occidentales les dio crédito respaldado por el fondo soberano de Libia y los británicos les permitieron tener acceso a 1.100 millones de dólares de los fondos de Gadafi. Esto significa que el consorcio anglo-francés-estadounidense –y ahora la OTAN– sólo tendrán que pagar las bombas. En cuanto a timos bélicos éste es invaluable; Occidente utiliza el propio dinero de Libia para financiar a un montón de rebeldes oportunistas libios para combatir al gobierno libio. Y para colmo los estadounidenses, británicos y franceses sienten el amor por todos esos bombardeos. Los neoconservadores deben estarse pateando: ¿por qué al ex secretario adjunto de defensa de EE.UU., Paul Wolfowitz, no se le ocurrió algo semejante para Iraq 2003?

Los franceses

Oh la la, esto podría ser material para una novela de Proust. La principal pasarela de primavera en París es el desfile de modas del presidente Nicolas Sarkozy –un modelo de zona de exclusión aérea con accesorios de ataques aéreos Mirage/Rafale-. Este desfile de modas fue ideado por Nouri Mesmari, ex jefe de protocolo de Gadafi, quien desertó a Francia en octubre de 2010. El servicio secreto italiano filtró a medios noticiosos seleccionados cómo lo hizo. El papel de la DGSE, el servicio secreto francés, lo ha explicado más o menos en el sitio pagado en la web Maghreb Confidential.

Esencialmente el coq au vin de la revuelta en Bengasi había estado hirviendo a fuego lento desde noviembre de 2010. Los cocineros fueron Mesmari, el coronel de la fuerza aérea Abdullah Gehani y el servicio secreto francés. A Mesmari le llamaban “el WikiLeak libio”, porque virtualmente reveló todos los secretos militares de Gadafi. Sarkozy lo adoró –furioso porque Gadafi había anulado jugosos contratos para comprar Rafales (para reemplazar sus Mirage que ahora se bombardean) y plantas francesas de energía nuclear.

Eso explica por qué Sarkozy se ha mostrado tan agresivo para presentarse como el nuevo libertador árabe, fue el primer dirigente de una potencia europea que reconoció a los “rebeldes” (para molestia de muchos en la Unión Europea) y fue el primero que bombardeó a las fuerzas de Gadafi.

Esto deja al desnudo el papel del desvergonzado filósofo y especialista del autobombo, Bernard Henri-Levy, quien ahora se vanagloria frenéticamente en los medios del mundo de que llamó a Sarkozy desde Bengasi y despertó su vena humanitaria. O Levy es un mentecato o es una conveniente guinda “intelectual” agregada al pastel de bombas prefabricado.

El terminator Sarkozy es incontenible. Acaba de advertir a todos y cada uno de los gobernantes árabes que se enfrentarán a bombardeos al estilo de Libia si reprimen a los manifestantes. Incluso dijo que “el próximo” es el de la Costa de Marfil. Exceptuando, claro está, a Bahréin y Yemen. En cuanto a EE.UU., de nuevo está apoyando un golpe militar (no funcionó con Omar “Jeque al-Tortura” Suleimán en Egipto, tal vez funcione en Libia).

Al-Qaida

Y vuelve a aparecer el tan conveniente espantajo. El consorcio anglo-francés-estadounidense –y ahora la OTAN– están (de nuevo) combatiendo junto a al-Qaida, representado por al-Qaida en el Magreb (AQM).

El dirigente rebelde libio Abdel-Hakim al-Hasidi –quien combatió junto a los talibanes en Afganistán– confirmó ampliamente a los medios italianos que reclutó personalmente a “unos 25” yihadistas del área de Derna en Libia oriental para combatir contra EE.UU. en Iraq; “ahora están en las primeras líneas en Adjabiya".

Esto después de que el presidente de Chad, Idriss Deby, subrayara que AQM había atacado arsenales militares en Cirenaica y que ahora posee bastantes misiles tierra-aire. A principios de marzo, AQM apoyó públicamente a los “rebeldes”. El fantasma de Osama bin Laden debe de estar sonriendo de oreja a oreja; una vez más consigue que el Pentágono haga su trabajo.

Los privatizadores del agua

Es posible que poca gente en Occidente sepa que Libia –junto con Egipto– se encuentra sobre el Sistema Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia; es decir, un océano de agua fresca extremadamente valiosa. De modo que sí, esta guerra “ahora la ves ahora no la ves” es una guerra crucial por el agua. El control del acuífero es invaluable, como el “rescate” de valiosos recursos naturales de los “salvajes”.

Este Ductistán del Agua –enterrado en lo profundo del desierto a lo largo de 4.000 kilómetros– es el Gran Proyecto Fluvial Hecho por el Hombre (GMMRP) que Gadafi construyó por 25.000 millones de dólares sin pedir un solo centavo al FMI o al Banco Mundial (¡qué pésimo ejemplo para el mundo en desarrollo!). El GMMRP provee a Trípoli, Bengasi y a toda la costa libia. Los científicos calculan que la cantidad de agua es el equivalente al agua que fluye por el Nilo en 200 años.

Hay que comparar esto con las denominadas tres hermanas –Veolia (antes Vivendi), Suez Ondeo (antes Generale des Eaux) y Saur– las compañías francesas que controlan más de un 40% del mercado mundial del agua. Todos los ojos deben concentrarse imperativamente en si se bombardean estos acueductos son bombardeados. Un panorama extremadamente posible es que si lo son, los jugosos contratos “de reconstrucción” beneficiarán a Francia. Será el paso final para privatizar toda esa agua, por el momento gratuita. De la doctrina del shock a la doctrina del agua.

Bueno, ha sido sólo una breve lista de logreros. Nadie sabe quién acabará obteniendo el petróleo, y el gas natural. Mientras tanto el espectáculo (de los bombardeos) tiene que continuar. No hay negocio como el de la guerra.


Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

Copyright 2011 Pepe Escobar

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC30Ak01.html

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domingo, 27 de marzo de 2011

EE.UU. y aliados cometen crímenes monstruosos en Libia

Miguel Urbano Rodrigues La Haine

Los Estados Unidos y sus aliados repiten en Libia crímenes contra la humanidad similares a los cometidos en Irak y Afganistán. La agresión al pueblo libio difiere de las otras apenas porque el discurso que pretende justificarla, respecto a la hipocresía, excede lo imaginable.

Por la mentira y perfidia, el montaje previo trae a la memoria los concebidos por Hitler en la preparación de la anexión de Austria y de las campañas que precedieron a la invasión a Checoslovaquia y a Polonia.

Michel Chossudovsky, James Petras y otros escritores progresistas -citando fuentes confiables- revelaron en sucesivos artículos que la rebelión de Benghazi fue concebida con mucha antelación, muy minuciosamente, y alertaron sobre el papel decisivo desempeñado en ella por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y del Reino Unido.

La supuesta duda de los Estados Unidos en apoyar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que creó la llamada «zona de exclusión aérea», y posteriormente en asumir la «coordinación de las operaciones militares» fue también una grosera mentira. Farsa idéntica caracterizó el debate en torno a la transferencia hacia la OTAN del comando de operación llamado «Amanecer de Odisea», título que ofende el nombre y la epopeya del héroe de Homero.

El Pentágono tenía elaborado planes de intervención militar en Libia mucho antes de las primeras manifestaciones en Benghazi, cuando allí aparecieron las banderas de la monarquía fantoche inventada por los ingleses después de la expulsión de los italianos. Todo eso se estima está descrito en documentos (algunos contenidos en correspondencia diplomática divulgada por Wikileaks) que ahora comienzan a hacerse públicos por webs alternativas.

LOS CRÍMENES ENCUBIERTOS

Los discursos de los responsables de la agresión al pueblo libio y la torrencial y ominosa campaña de desinformación montada por los grandes media occidentales, empeñados en la defensa y apología de la intervención militar, son diariamente desmentidos por la tragedia que se abate sobre Tripolitania, o sea el occidente del país controlado por el gobierno.

Hoy ya no es posible desmentir más que el texto de la resolución del Consejo de Seguridad -que no hubiera sido aprobada sin la cómplice abstención de Rusia y China– fue violado desafiantemente por los estados agresores.

Los ataques aéreos no estaban previstos. Pero fueron inmediatamente desencadenados por la fuerza aérea francesa y por los buques de guerra de los Estados Unidos y del Reino Unido que, en un tiempo mínimo, dispararon más de una centena de misiles Tomahwac sobre blancos muy diferenciados.

Repetidamente los gobernantes de los Estados Unidos y del Reino Unido, de Francia y de Italia han afirmado que la «intervención es humanitaria» para proteger a la población, y que los «daños colaterales» por ella provocados son mínimos. Mienten consciente y descaradamente.

Las «bombas inteligentes» no son ciegas. Con gran precisión han alcanzado depósitos de combustibles y de productos tóxicos, puentes, puertos, edificios públicos, cuarteles, fábricas, centrales eléctricas, sedes de televisoras y de periódicos. Redujeron a escombros la residencia principal de Muamar El Gaddafi. Un objetivo transparente fue la destrucción de la infraestructura productiva de Libia y de su red de comunicaciones.

Otro objetivo prioritario fue sembrar el terror entre la población civil de las áreas bombardeadas.

Repetidas veces el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, y el de Asuntos Exteriores del Reino Unido, William Haggue, han afirmado que las fuerzas de aquello que llaman la «coligación» mandatada por el Consejo de Seguridad, no se desviará de las metas humanitarias de «Odisea». Garantizan que el número de víctimas civiles ha sido mínimo y, en la mayoría de los bombardeos quirúrgicos, inexistente.

No es lo que informan los corresponsales de algunos influyentes media occidentales y árabes. Según Al Jazeera y periodistas italianos, el «bombardeo humanitario» de Adhjedabya fue en realidad una matanza sanguinaria, ejecutada con crueldad. Otros reporteros utilizan la palabra tragedia para definir los cuadros dantescos que presenciaron en barrios residenciales de Trípoli.

Generales y almirantes norteamericanos y británicos insisten en negar que hayan sido alcanzadas instalaciones no militares o afines. Es otra mentira. Las ruinas de un hospital de Trípoli y de dos clínicas de Ain Zara, que apuntan al cielo azul del desierto libio, expresan mejor que cualquier palabra la praxis de los «bombardeos humanitarios». Periodistas que los contemplaron y hablaron con sobrevivientes de la masacre afirman que en Ain Zara no había un solo militar, ni blindados. Y ni siquiera armas.

En una tirada de humor negro, el primer día de la agresión, un oficial de los Estados Unidos declaró que la artillería antiaérea libia, al abrir fuego contra los aviones aliados que bombardeaban Trípoli, estaba «violando el cese al fuego» declarado por Gaddafi.

Cito el episodio por ser expresivo del desvarío, del fariseísmo, del primarismo de los que ejecutan la abyecta agresión al pueblo libio, definida por Berlusconi, el clown neofascista de la coligación occidental, como «nueva cruzada».

Gaddafi es el sucesor de Ben Laden como enemigo número uno de los Estados Unidos y de los gobernantes que hace pocos meses lo abrazaban fraternalmente. El dirigente libio no me inspira hoy respeto. Creo que muchos de sus compatriotas que participan en la rebelión de Cirenaica y exigen el fin de su régimen despótico actúan movidos por objetivos loables.

Sin embargo, invocar la personalidad y los desmanes de Muamar El Gaddafi en el esfuerzo por presentar la criminal agresión al pueblo de un país soberano como exigencia de principios y valores de la humanidad es el objectivo repugnante de una ambiciosa estrategia imperialista.

El subsuelo libio encierra las mayores reservas de petróleo (el doble de las norteamericanas) y de gas de África. Tomar posesión de ellas es el objetivo inconfesado de la falsa intervención humanitaria.

Es deber de todas las fuerzas progresistas que luchan contra la barbarie imperialista desenmascarar el engranaje que, en el mundo, califica de salvadora y democrática la monstruosa agresión a Libia.

Siria puede ser el próximo blanco. Eso, mientras no hay una palabra de crítica a las monarquías teocráticas de Arabia Saudita, de Bahrein, de los Emiratos. Una nota personal para terminar. Los líderes de la derecha europea, de Sarkozy y Cameron a la canciller Merkel, cultivan en estos días –repito- el discurso de la hipocresía. Ninguno consigue, no obstante, igualar en la mentira y la desfachatez la oratoria de Barack Obama, que, por sus actos, responderá ante la historia por la criminal política externa de su país, cuyo pueblo merecía otro presidente.

Vila Nova de Gaia, 26 de marzo de 2011
www.odiario.info - Traducido por Marla Muñoz

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lunes, 21 de marzo de 2011

Declaración Federación Mundial de Juventudes Democraticas sobre la Situación en Libia

JJCC

La Federación Mundial de la Juventud Democrática ha visto los recientes acontecimientos en Libia y sus alrededores con profunda preocupación y alarma. Es terrible para la FMJD que la respuesta a las demandas del pueblo libio en sus manifestaciones en la calle hayan sido la represión y, en muchos casos, la muerte de los manifestantes.

Esto merece para nosotros una condena rotunda, ya que es inaceptable y representa una violación de los derechos básicos de expresión y libertad de asociación, inherente a todos los pueblos del mundo.

De la misma manera, es alarmante para la FMJD que, bajo estas circunstancias, las potencias imperialistas (EEUU y Europa) reunidas en la OTAN hayan lanzado, a través de los medios de comunicación del poder, una campaña para justificar una intervención extranjera en este país bajo el pretexto de “defender los derechos de los manifestantes”.

En este momento, es importante subrayar que nunca se preocupó la OTAN ni ninguno de sus miembros cuando en Yemen o Bahrein (aliados de las potencias imperialistas) se reprimía a los manifestantes brutalmente. Por otra parte, es de una hipocresía total que los mismos países (particularmente en Europa) con relaciones de alto nivel con el gobierno de Libia, pretendan ser ahora los enemigos históricos de Gadafi, presidente del país.

En esta situación, la FMJD hace un llamamiento por el entendimiento entre todas las partes en Libia y rechaza cualquier tipo de injerencias exteriores, particularmente cualquier tipo de intervención militar, ya que creemos que sólo el pueblo libio está capacitado para resolver sus propios problemas, y que la intervención de la OTAN o cualquier otro bloque militar podría sólo significar muerte y robo de recursos, como ya ocurrió en Irak y Afganistán.

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