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lunes, 17 de octubre de 2011

Chile: Del laboratorio del neoliberalismo al paradigma de la lucha estudiantil contra el sistema

J.C. Cartagena y Nadine Briatte Rebelión

En un anfiteatro repleto con capacidad para 500 personas y gente sentada en los pasillos fue recibida, de pie con una ovación, la delegación de la Confech en la Universidad de París 7, en Francia, el viernes 14 de octubre de 2011.

Victor Hugo de la Fuente ofició como moderador y luego de explicar brevemente la situación actual del movimiento estudiantil y su significación para Chile, ofreció la palabra a cada uno de los integrantes de la delegación.

Los dirigentes estudiantiles tomaron la palabra para explicar como se ha desarrollado la lucha de los estudiantes en Chile. Cada cual con su sensibilidad de izquierda particular abordó el sujeto de la lucha por una educación pública, gratuita, universal y de calidad, base de las reivindicaciones.

G. Jackson presidente de la Feuc (1), puso el acento en la evidencia de la desigualdad en la formación del movimiento que sacude Chile y en los cambios de mentalidad, lo que representa según Giorgio ya una victoria, que se han logrado en la población al cabo de 5 meses de protestas.

F. Figueroa, vicepresidente de la Fech (2), después de reconocer que la actual movilización es heredera de las luchas históricas del pueblo chileno, recalcó la importancia para el movimiento de que la gente se apodere de la política. Señaló, enseguida , que esta batalla es de largo aliento y que se procederá , como en una guerra de trincheras por etapas ganando posiciones después de acumular fuerzas.

G. Iturra, ex vocero de la Aces (3), argumentó la necesidad de articular, organizar y estructurar a todos los sectores sociales gracias a la democracia directa en pos de un cambio fundamental en Chile, a través del proceso de acumulación de fuerzas, en que la participación de los trabajadores resulta fundamental.

C.Vallejo presidente de la Fech (2), indicó, que el objetivo era recuperar el futuro para la población arrancándolo de manos del mercado. Dijo, por otro lado, que si bien se requería un cambio radical, sería hasta contraproducente anteponer objetivos que no estamos en condiciones de cumplir en la hora actual, tal como un cambio de Constitución. Para esto, afirmó, debemos crear un movimiento mas orgánico para evitar que sus resultados sean, como en otras ocasiones, capitalizados por otros.

Explicaron que provenían de una diversidad de sensibilidad de izquierda, sin embargo, del conjunto de intervenciones se pueden obtener, algunos lineamientos de unicidad en sus análisis.

Las raíces históricas de la lucha estudiantil; la diversidad, que se convierte en riqueza, de la sensibilidad de los diversos dirigentes supeditados a un objetivo común; la insuficiencia de estructuras orgánicas que es necesario desarrollar; la lucha a largo plazo y aliento, evitando los efectos y resultados inmediatistas; la necesidad de recuperar la política para la gente tratando de crear actores que no deleguen su poder en políticos profesionales; la inteligencia y madurez política para plantear objetivos políticos sensatos, con posibilidades de éxito y ligado al desarrollo des estructuras orgánicas a venir (movimientos, partidos, etc.); la integración de otros sectores ciudadanos, la transversalidad de la lucha que incluye a otros sectores y capas de la sociedad.

De todos estos planteamientos se infiere y comprende mejor porqué la derecha chilena hoy en el gobierno no sepa que hacer y no le quepa otro remedio mas que echar mano a los métodos que siempre ha sabido emplear, la represión, la descalificación y la manipulación.

Uno de los últimos episodios protagonizados por el ministro de interior señor Hinzpeter, reúne la descalificación y el rechazo de aquellos que representan a sus ojos el mal absoluto: Camila Vallejo y Giorgio Jackson.

En efecto, Hinzpeter a tono con la ministra del trabajo E. Matthei, hija de un miembro de la junta militar, ha declarado que el movimiento estudiantil se maneja solo pues carece de liderazgo (4). Hinzpeter abunda acusando Camila de hacer política y no cantonarse a la lucha reivindicativa, instándola a definirse (5).

Camila responde que si en efecto ellos no son más que voceros del movimiento, eso no quiere decir que no tenga conducción, pero que por lo demás en ese movimiento todos son responsables de su dirección. Por otro lado, señala, que el gobierno, ante su incapacidad de respuesta política, usará todos los medios a su alcance para desprestigiar el movimiento. Ya en otras ocasiones ha dicho, que la lucha es política tanto de parte del gobierno como de los estudiantes, solo hace falta honestidad para reconocerlo. Lamenta, sin embargo, que algunas voces que no provienen de la derecha desencadenen ataques similares al de los personeros de gobierno (6).

Es verdad que resulta mas bien penoso, contemplar como el historiador G. Salazar, que se define de izquierda, puede exponer un discurso similar a los personeros de derecha. Habrá que tomar acta.

Hace prácticamente un año (20/10/2011), estuvo de visita en Francia el presidente Piñera y efectuó una reunión con la comunidad chilena en el anfiteatro del Instituto de Ciencias Políticas de París (7). Las protestas de los residentes motivadas por la situación de los mapuches obligaron , al final del acto, a la intervención de la policía para facilitar la evacuación del mandatario. Que diferencia con la cálida acogida de la delegación de la Confech por la comunidad de chilenos en Francia. Y eso que no son lideres de nada.

Definitivamente el prestigio alcanzado por los estudiantes chilenos ha atravesado las fronteras y podemos casi apostar que en un futuro no muy lejano se hablará del paradigma de la lucha estudiantil chilena para arruinar el neoliberalismo.

Adiós laboratorio neoliberal en Chile. Buenos días al paradigma de resistencia estudiantil contra el neoliberalismo y por un mundo mejor.


Federación de Estudiantes de la Universidad Católica.

Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios.

http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/10/11/evelyn-matthei-cuestiona-liderazgo-de-vallejo-y-jackson-es-como-negociar-con-arturo-martinez/

http://www.lasegunda.com/Noticias/Politica/2011/08/669991/hinzpeter-los-estudiantes-reconocen-no-tener-control-sobre-el-movimiento-pueden-terminar-en-cualquier-cosa

http://noticias.terra.es/2011/mundo/1014/actualidad/el-gobierno-acusa-a-vallejo-de-comportarse-como-una-lider-politica-en-lugar-de-estudiantil.aspx

http://www.piensachile.com/secciones/opinion/9099-gabriel-salazar-los-politicos-estan-ajenos-a-la-realidad-y-estan-dando-un-espectaculo-penoso

http://afaenac.over-blog.org/article-conference-de-sebatian-pi-era-president-du-chili-a-science-po-compte-rendu-de-l-action-du-collectif-de-soutien-au-peuple-mapuche-en-france-en-fran-ais-et-espagnol-59369231.html


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martes, 25 de enero de 2011

La praxis como pedagogía revolucionaria


Iñaki Gil de San Vicente Rebelión

1.- PRESENTACIÓN:


Los organizadores del I Encuentro Internacional de Escuela de Cuadros, a celebrar a mediados de enero de 2011 en Caracas, me han pedido que intervenga en dos conferencias: una sobre vínculos y mediaciones entre la práctica y la teoría, y otra sobre “Historia e historias de la formación”, que recoja mi experiencia al respecto. En apariencia versan sobre cosas diferentes según se puede interpretar a simple vista, en una lectura superficial de los títulos. Pero en la realidad social apuntan a una misma problemática, a saber, cómo lograr que la praxis revolucionaria realizada por un sector más o menos minoritario dentro del pueblo trabajador en su conjunto, como es el de las organizaciones de izquierdas, grupos y partidos revolucionarios, etc., llegue a la totalidad de éste o a su inmensa mayoría, siendo comprendida y asumida en la acción. Si estudiamos los primeros textos marxistas, anteriores incluso al Manifiesto Comunista, vemos que en ellos tanto la teoría como la formación política de la clase trabajadora, son partes de un mismo problema, de una totalidad que engloba diversas instancias o niveles internos que sólo pueden comprenderse desde esa totalidad, nunca separados, nunca aislados unos de otros.

Sin embargo, esta cuestión es una de las más difíciles de ser entendidas no sólo por los no marxistas y antimarxistas, como es lógico, sino también por muchas personas que piensan que ya dominan este método para la revolución comunista. De hecho, estamos ante uno de los problemas cruciales que al no ser resueltos correctamente en la lucha ayudan a explicar, junto a otras razones, las derrotas de las masas explotadas. La ruptura entre la práctica y la teoría fue uno de los desencadenantes de la implosión de la URSS y del “socialismo” que tenía en ella su dogma idealizado. También está en la base de la periódica tendencia a la aparición de corrientes neokantianas de izquierda, agnósticas, reformistas, etc., que se dicen marxistas. En la medida en que la teoría, el pensamiento, no está indisolublemente unido a la práctica mediante la praxis, en esa medida, al final, la realidad aparece como incognoscible en su esencia siempre móvil, y al ser incognoscible se puede caer y se cae en cualquier forma de separación de la “cosa en sí” con el pensamiento limitado a captar solamente la forma externa.

Debemos empezar advirtiendo de que es imposible encontrar una solución definitiva y permanente a la cuestión del vínculo y de las mediaciones entre la teoría y la práctica. Creer que sí era posible lograrlo fue y es otro de los errores desastrosos de muchas izquierdas revolucionarias que creían haber dado por fin con la poción mágica, con la fórmula magistral que instaura para siempre la correcta interacción entre la práctica y la teoría. Muchas izquierdas se han dormido en los laureles de triunfos meritoriamente conseguidos, arrancados con heroísmo y sufrimiento, creyendo que ya estaba asegurada para siempre la dialéctica del pensamiento con la acción, de la estrategia con la táctica, del futuro con el presente, etc. Drogadas por la victoria, tal vez cansadas, cometieron el error de creer que lo fundamental estaba ya asegurado para siempre, sin posibilidad de retroceso y menos aún de derrota, y comenzaron a deslizarse imperceptible pero cada vez más rápido por la dulce y cómoda cuesta abajo del dogmatismo triunfalista.

Sin embargo, una lectura en profundidad de las primeras obras marxistas, sobre todo de las “Tesis sobre Feuerbach” de 1845, nos indica dos cosas decisivas en esta cuestión: una, que es la praxis la mediación entre teoría y práctica; y otra, que se trata de un proceso inacabable porque “el propio educador necesita ser educado” durante el mismo proceso de cambio de la realidad mediante la praxis, mediante la acción “práctico-crítica”, y dado que no se trata de interpretar la realidad, sino de “transformarla”, por ello mismo nos enfrentamos a una muy larga lucha que sólo llegará a su fin en la sociedad comunista. Pero será un fin que actuará como nacimiento de una nueva relación entre la teoría y la práctica. Desgraciadamente los denominados “textos juveniles” de Marx y otras obras posteriores no fueron conocidas hasta hace poco tiempo, quedando fuera del estudio de muchos marxistas de la segunda generación, los que vivieron la oleada revolucionaria del primer tercio del siglo XX. Ahora, tras la implosión de la URSS y en medio de la crisis global y cualitativamente más grave que todas las anteriores del capitalismo, ahora esta problemática recupera toda su vital importancia.


2.- VÍNCULO Y MEDIACIÓN ENTRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA

Aunque todos intuimos qué entendemos por “teoría” es conveniente, para evitar equívocos, sentar una mínima base de consenso: si bien la primera definición griega de teoría hacía referencia a una especie de mirada pasiva a la realidad, en la definición marxista la teoría es un cuerpo complejo de interacciones entre tres componentes: uno, los métodos racionales de pensamiento, reglas, matemáticas, lógica, etc., adecuados a la realidad tratada por esa teoría; otro, la interpretación cultural, filosófica, etc., que de esos métodos racionales y del contexto sociohistórico objetivo hacen los teóricos; y último, las estructuras socioeconómicas y políticas dominantes en ese contexto sociohistórico, que influyen más o menos en la marcha práctica de la teoría, acelerándola o frenándola. La práctica social, sus resultados materiales, es la que define el criterio de veracidad por el que se juzga a toda teoría. De este modo, la teoría y la práctica interactúan permanentemente obligando tarde o temprano a las creencias e interpretaciones subjetivas a ponerse a la altura de los resultados objetivos confirmados en la práctica. Las mediaciones y los vínculos entre ambos componentes unidos en la síntesis y separados en el análisis, nos explican cómo se expresan en su interacción.

El concepto de “mediación” es fundamental para la dialéctica marxista porque hace referencia a la forma mediante la que se muestran las cualidades de las cosas en interacción, choque y unidad permanente entre ellas dentro de una totalidad superior. La mediación muestra cómo los conceptos se delimitan y a la vez se influyen, se definen, se separan y se reencuentran al son del movimiento contradictorio de lo real, creando en esos choques otros conceptos nuevos, más ricos en interacciones, a partir de los antiguos. La mediación entre la teoría y la práctica, tomados estos conceptos ahora sólo en el momento del análisis, como los extremos de un proceso, esta mediación es la praxis, que en su etimología griega original significaba, entre otras cosas, cualquier cosa realizada por una persona libre, no esclavizada ni dependiente, sino libre, dueña de sí, de su pensamiento y de su acción. Marx recupera y enriquece este concepto originario griego al insistir en que la praxis es la creación de algo nuevo, liberador y emancipador. De este modo, la mediación entre teoría y práctica sólo puede ser plena si se realiza dentro de un proceso creador, liberador.

La liberación mediante la praxis se expresa de dos maneras diferentes unidas en su esencia: por un lado, la reducción del tiempo de trabajo necesario y sobre todo del tiempo de trabajo explotado; y por el otro lado, el aumento de la potencialidad creativa de la especie humana, que se basa en que el tiempo libre y propio, el conquistado gracias a la reducción del tiempo de trabajo, es dedicado a la multiplicación exponencial de las capacidades creativas. Es por esto que puede ocurrir, y de hecho así sucede, que únicamente realicemos una parte de la praxis, por ejemplo, la reducción del tiempo de trabajo y el aumento correspondiente del tiempo libre, pero que no utilicemos ese tiempo liberado, recuperado al sistema capitalista, en aumentar nuestra libertad creativa sino que lo desperdiciemos en cosas innecesarias, o peor aún, que lo malgastemos reforzando al sistema que nos oprime comportándonos como éste quiere que lo hagamos durante ese tiempo libre.

Nos encontramos pues ante la necesidad de definir con más detalla las mediaciones y los vínculos entre práctica y teoría, ya que es la lucha de clases y la conciencia revolucionaria individual la que imponen a grandes rasgos las mediaciones entre ambos extremos. Por ejemplo, el poder burgués impone el tiempo explotado, como veremos, para reducir el tiempo libre necesario para la praxis, mientras que el movimiento obrero y revolucionario quiere imponer el tiempo liberado. Dependiendo de esta lucha irreconciliable, si gana el capital seguirán totalmente separadas la teoría de la práctica, pero si van ganando las fuerzas revolucionarias podrán avanzar en su fusión. Por tanto, en el plano de las contradicciones sociales, las mediaciones son también sociales y marcan el devenir de la interacción entre la teoría y la práctica.


3.- OBSTÁCULOS HISTÓRICOS AL DESARROLLO DE LA PRAXIS

Por razones de brevedad, vamos a exponer muy sucintamente los tres grandes obstáculos que frenan y condicionan negativamente el desarrollo de la praxis. Por orden histórico: uno, el hábito humano a retroceder a lo seguro, al dogma y al idealismo en situaciones de incertidumbre y riesgo extremo; dos, el surgimiento de la escisión mente/mano y el surgimiento de la abstracción-mercancía; y tres, el surgimiento del fetichismo de la mercancía.

Bajo contextos de escasas fuerzas productivas, de falta de recursos de subsistencia, de precarización y de miedo a los peligros exteriores, la sociedad humana antiguas tiende a refugiarse en el conocimiento ya adquirido, no arriesgándose apenas a nuevos experimentos porque, según dice el refrán popular: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Sabemos que los refranes son contradictorios, y que sirven para justificar una cosa y su contrario, pero no es menos cierto que, por término general, hasta que el capitalismo no necesitó supeditar el conocimiento humano a su afán de beneficio, transformándolo en una fuerza productiva más, hasta entonces muy pocas sociedades precapitalistas habían dado un impulso sostenido al desarrollo de la ciencia. Eso era debido, entre otras cosas, al enorme peso reaccionario de la tradición, de la costumbre, de lo aprendido hasta entonces y que mal que bien sigue resolviendo los problemas. La historia del pensamiento, de la filosofía, de la cultura, de la ciencia, etc., refleja este conservadurismo y dogmatismo, que se refuerzan en el desarrollo del idealismo como enemigo del materialismo. Sin embargo, presionados por el agotamiento de los recursos, el conservadurismo tuvo que ceder a la fuerza del método experimental basado en la observación de los procesos naturales. El duro tránsito del paleolítico al neolítico refleja la lucha permanente entre el temor a lo nuevo y la necesidad de experimentarlo para no morir de hambre. Muy lentamente, las mediaciones entre práctica y conocimiento fueron haciéndose más ágiles gracias a la agricultura y a la ganadería.

Pero aquí apareció el segundo gran obstáculo histórico a la praxis: la escisión entre el trabajo intelectual y el trabajo manual impuesta por una minoría que monopolizó el saber, la escritura, la aritmética, la geometría, la astronomía, y que condenó a la mayoría a la ignorancia y al trabajo extenuante. Fueron las mujeres las más expropiadas del conocimiento social que ellas mismas habían producido y acumulado en su gran parte. Según ascendía el patriarcado y retrocedía el papel de la mujer, también el poder material e intelectual era monopolizado por una minoría masculina. Los propietarios de la riqueza y del conocimiento necesitaban la superstición y la ignorancia del pueblo. Las filosofías idealistas fueron impulsadas por estas minorías, en detrimento de las materialistas. La mayoría ignorante, creyente y trabajadora aceptaba lo dicho por los escribas y sacerdotes. La praxis apenas tenía cabida en estas sociedades porque el trabajo intelectual y el manual estaban abismalmente separados. Solamente los pequeños grupos de sabios, administradores y funcionarios podían unificar la práctica con la teoría, y lo hicieron muy bien, dentro de sus límites, alcanzando grandes éxitos materiales.

Desde el siglo –VIII dne se aceleró el comercio, los viajes y la producción mercantil, con la aparición de una clase social interesada en unir el conocimiento con el dinero, y tanto en Grecia como en China, esta clase llegó a la conclusión de que el saber es un tesoro, una riqueza, algo que produce beneficio, y que no debe ser cedido a la masa trabajadora, a las mujeres y a los pueblos esclavizados. La filosofía materialista se reforzó con los descubrimientos productivos, geográficos y culturales, pero en manos de esa clase comerciante expansiva. Producción mercantil simple, comercio, viajes, dinero, contabilidad, geografía, matemáticas, piratería, guerra y saqueo, imperialismo, todo esto necesitaba de reglas de pensamiento racional y de abstracciones conceptuales fiables basadas en la experiencia del comercio mercantil. Surgió así la abstracción-mercancía, es decir, que la mediación entre el pensamiento y la práctica se realiza mediante el valor mercantil, elevado a una abstracción que lo mide todo. La abstracción-mercancía no anula el contenido de verdad de la teoría, la capacidad del pensamiento para sintetizar racionalmente lo logrado con la práctica social, sino que muestra que esa verdad está socialmente determinada en sus limitaciones históricas, que es “falsa conciencia necesaria” porque, en la economía mercantil, no puede existir otra. Por tanto, la mediación entre teoría y práctica está así objetivamente limitada por las contradicciones de la producción mercantil y de su comercio. Por esto mismo, al debilitarse y al hundirse la economía mercantil, se debitó y se hundió el pensamiento racional filosófico y protocientífico materialista, retrocediéndose al oscurantismo fanático e idealista de las religiones.

Por último, el tercer gran obstáculo que frena la praxis surgió definitivamente en la fase industrial del capitalismo, cuando la mercancía podía fabricarse en masa. Ya hemos visto que la abstracción-mercancía apareció con el desarrollo del comercio, y que ya para entonces existía un embrión de fetichismo de la mercancía mediante la adoración del dinero atesorado, el dios Baal o de un Buda recubierto de oro, por ejemplo, pero sobre todo la identificación entre conocimiento y dinero. En el capitalismo, esta identificación se realiza mediante la mercancía que se vende y se compra en el mercado, el sitio en el que personas y bienes se pulverizan en el valor de cambio. Las diferencias cualitativas entre ellas desaparecen y las mercancías dominan la totalidad con la omnipotencia de un fetiche adorado por las personas. Las diferencias sociales, las clases enemigas y la explotación desaparecen para convertirse en una masa aborregada y genuflexa en el templo mercantil. Ante el altar del dinero, las personas elevamos al rango de fetiche adorable a la mercancía, a lo que es un simple producto de nuestro trabajo en el capitalismo. Nos humillamos ante las cosas que hemos creado con nuestro trabajo, tratándolas como dioses, como fetiches caprichosos y omnipotentes, mientras que, a la inversa, reducimos a las personas, nos reducimos a nosotros mismos, a simples cosas deshumanizadas, impersonales, que deben ser tratadas sin consideración alguna. Las mercancías, lo que se compra y se vende, está en el altar y le debemos obediencia, y nosotros, sus creadores, estamos arrodillados.

Una vez que vivimos bajo esta dictadura y la aceptamos como justa y lógica, desaparece nuestra capacidad de comprensión teórica y de transformación práctica de lo que existe porque interpretamos la realidad de forma inversa a lo que ciertamente es. Adoramos al capitalismo porque adoramos a su forma externa, la mercancía, y odiamos al enemigo del capitalismo, la clase trabajadora y nosotros mismos, porque le hemos reducido a una cosa detestable. Por esto rechazamos toda acción o pensamiento críticos, porque niegan lo que creemos ser y deseamos ser. En este universo invertido, creemos ser libres cuando somos oprimidos, y creemos tener los mismos derechos que la burguesía cuando sólo tenemos el derecho a ser explotados ya que, en la realidad objetiva del capitalismo, vivimos sólo del salario que un burgués nos da tras explotar nuestra fuerza de trabajo, cayendo en el desempleo y empobrecimiento si perdemos el salario. Malvivimos en la nueva esclavitud asalariada, más perversa que la esclavitud tradicional porque la asalariada hace creer al esclavo que es libre, cuando no tiene ni siquiera el derecho al mínimo sustento que tenía el esclavo, a no ser que lo consigna con feroces luchas sociales.


4.- OBSTÁCULOS BURGUESES AL DESARROLLO DE LA PRAXIS

Pero la interacción de los tres grandes obstáculos que frenan la reunificación de la teoría con la práctica mediante la praxis, no logra evitar que periódicamente surjan resistencias, estallen motines y rebeliones, y se recuperen las organizaciones revolucionarias reprimidas o desactivadas. Siempre que exista opresión existirá resistencia a la opresión, por muy subterránea que sea, por muy débil que se encuentre. Siempre que la explotación diaria, en la práctica cotidiana, sea una realidad, siempre tarde o temprano aparecerá un pensamiento, una utopía, un ideal emancipador que explique por qué existe esa explotación, a quién beneficia y a quiénes perjudica, cómo luchar contra ella y qué sociedad futura debemos construir sin explotación. Las personas dominadas, sean mujeres, clases y/o pueblos, pueden sufrir en la pasividad su dolor por la dominación, y pueden darle explicaciones idealistas que justifiquen su mansedumbre, pero tarde o temprano terminan preguntándose por qué el amo, el conde, el obispo, el banquero, el empresario, el militar, viven mejor, trabajan menos, cobran más y mienten y engañan a los explotados.

La cuestión del tiempo de trabajo, del cansancio y de la salud, del hambre, de la risa, de la justicia, de la libertad y la cultura, estas cuestiones en apariencia diferentes, van enlazándose en la vida cotidiana según se acercan la práctica de resistencia y la teoría que responde a esas dudas e inquietudes. Las mediaciones y vínculos entre la mano y la mente van fortaleciéndose en las luchas por las mejoras prácticas con las argumentaciones que hay que elaborar para convencer a las demás personas que se sumen a la acción, porque no hay otro remedio. Conforme la praxis liberadora se enriquece y logra recuperar el tiempo propio y libre, reduciendo el tiempo explotado, en esa medida el fetichismo se debilita porque van apareciendo sin tapujos, sin velos mistificadores, las causas sociales que explican la opresión. Ahora bien, como decimos, se trata de una lucha permanente, y la burguesía y su Estado también reaccionan y contraatacan mediante cuatro grandes estrategias.

Una, aumentar el horario de trabajo y su intensidad, incrementando así el agotamiento psicofísico y reduciendo por tanto el tiempo libre, de modo que se merme la capacidad física e intelectual de las clases explotadas, agotadas al cabo del día y necesitadas de su dosis de pasatiempos embrutecedores. La intensidad del trabajo, el desgaste psicológico y nervioso que genera, se une al desgaste físico de la jornada laboral y del tiempo dedicado al transporte. Es la totalidad psicosomática la que pierde facultades y la que exige más tiempo de descanso y de recomposición, lo que sólo se obtiene si se reduce el tiempo libre. Durante el tiempo de descanso y de recuperación psicosomática, imprescindible para seguir trabajando, las facultades intelectuales no están al máximo de su potencia, tampoco lo está la capacidad crítica y menos aún la imaginación creativa, que es una facultad humana decisiva para el avance teórico y que debe ser alimentada con toda la información disponible. Por tanto, reducir como sea el tiempo libre, en el que mejor y más rápidamente podemos desarrollar la praxis, es una necesidad para el capitalismo.

Dos, aumentar las ofertas consumistas, modas y espectáculos alienantes, desde la ración diaria de pasatiempo escapista; la culturilla del sistema y la mercancías intelectuales de usar y tirar, hasta el deporte, pasando por un sin fin de otras prácticas que además de idiotizar, atan económicamente a la mayoría explotada y enriquecen a la minoría explotadora, dando encima la sensación social de “libertad” al identificar ésta al mero consumo inducido y al comportamiento teledirigido. Uno de los objetivos del sistema es que la gente se inyecte directamente en el cerebro dosis siempre mayores de alienación; otro es el de hacerle tragar el anzuelo de que puede “desarrollar su personalidad” dedicando su tiempo libre a la industria del ocio, del bricolaje, de los cursillos de cocina y de los juguetitos de miniaturas, sin olvidarnos del culto obsesivo al cuerpo y a la salud. Todo con tal de impedir que el tiempo libre sea dedicado a la praxis.

Tres, el recurso de las múltiples drogodependencias, desde la legales y abundantemente recetadas por la sanidad oficial, hasta las ilegales y no perseguidas, usadas como arma de exterminio físico de “poblaciones peligrosas”, y las alegales, las que se mueven en los espacios grises siempre existentes entre una ley envejecida y la permanente innovación de las industrias de la drogodependencia. Es innegable es uso por la burguesía y por el imperialismo de las drogas como armas de exterminio biológico de miles de jóvenes potencialmente subversivos, y de pueblos enteros, pero también como calmante para miles de adultos frustrados y derrotados en sus vidas, que necesitan sus dosis de alcohol para escaparse de su miseria cotidiana, así como los euforizantes que la clase trabajadora y las mujeres han de tomar cada mañana para sacar fuerzas de flaqueza en su diaria sumisión al capitalismo. Y donde la drogodependencia manda, la praxis desaparece.

Y cuatro, la interacción de las diversas represiones contra sujetos y colectivos que pueden irse radicalizando en su praxis, es el recurso definitivo cuando han fallado los anteriores. El miedo a la represión, a las multas por actos públicos, a los embargos, a la cárcel, a la pérdida del trabajo y del prestigio oficial, etc., es un poderoso instrumento que corta de raíz la interacción entre la teoría y la práctica. Muchas personas atemorizadas dejan de practicar sus ideas, se recluyen en la pasividad a la espera de mejores tiempos, dedicándose mientras tanto a dar rienda suelta a sus elucubraciones intelectuales. En el medio académico, en la universidad y en las llamadas “profesiones liberales”, es muy frecuente esta autoreclusión en un mundo imaginario para evitar las sutiles o descaradas amenazas y represiones. Acobardados por las consecuencias de la práctica, los intelectuales se aíslan en sus elucubraciones, huyendo de la crítica radical y concreta, la de la praxis, y licuando la teoría hasta dejarla en una sopa insustancial e insípida. Frecuentemente realizan espectaculares giros bruscos desde la extrema izquierda a la que pertenecieron a la extrema derecha o al centro-derecha, que les agasaja con grandes sueldos. Muy pocos detienen su decadencia en el centro reformista, y apenas ninguno sigue en la izquierda revolucionaria. En el medio académico, las mediaciones entre la práctica y la teoría concluyen donde empieza la poltrona.


5.- LA PRAXIS COMO MEDIACION COMUNISTA

El movimiento comunista internacional pudo dar el paso del socialismo utópico al socialismo marxista sólo mediante crisis internas y ásperas luchas contra la burguesía. Fue un proceso iniciado en la década de 1830, que se afianzó en la de 1840 pero que no estuvo realmente seguro hasta que las terribles lecciones de la guerra mundial de 1914 demostraron la corrección teórica del marxismo. Una vez más, fue la práctica en su forma más extrema la que corroboró el potencial revolucionario de este método teórico-político. Si bien Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky, Mariátegui, Gramsci, etc., tuvieron un importante papel en este avance, el mérito hay que atribuirlo a la interacción entre las masas en lucha y las organizaciones de vanguardia. Desde entonces se han acumulado muchas experiencias en todo el mundo que, en síntesis, confirman y mejoran lo esencial de la praxis desarrollada en aquella época. Aquí vamos a resumirla en cinco puntos.

Primero, las mediaciones entre la práctica y la teoría se realizan en la praxis militante, en la acción política, sindical, vecinal, social, cultural, etc. Sin un contacto directo con las formas de organización, debate y decisión, de lucha y de autocrítica practicadas por los movimientos y grupos en sus resistencias a las opresiones que sufren, sin este contacto interno realizado en el mismo proceso de lucha, más temprano que tarde el pensamiento, la teoría, terminan separándose de la realidad, de las contradicciones sociales, de las inquietudes y preocupaciones de la gente. Una vez rota la conexión práctica, material y vívida de la mente con la mano, la teoría comienza a deslizarse por la cuesta abajo de la subjetividad, alejándose del imprescindible oxígeno de la objetividad crítica que sólo se obtiene en la acción colectiva. De aquí al reformismo o a la derechización extrema, hay poco espacio. Las grandes síntesis teóricas del marxismo, avances cualitativos innegables, se han realizado siempre gracias a esta praxis revolucionaria inserta en la vida misma, praxis en la que la clandestinidad, las medidas de seguridad, el exilio, la cárcel y el destierro, etc., han sido directa o indirectamente una constante y un aliciente para el buen pensamiento. El academicismo intelectualista progre ha aportado mucho menos a la emancipación humana que la praxis comunista realizada en las condiciones más duras.

Segundo, a lo largo de esta la praxis deben simultanearse en la medida de lo posible todas las críticas a la realidad capitalista, desde la explotación económica hasta la dominación cultural e ideológica, pasando por la opresión política y la alienación religiosa. El movimiento socialista ha realizado la crítica ética del capitalismo casi siempre en el interior de estas otras denuncias, sin explicitarla filosóficamente como crítica concreta más que cuando existían condiciones suficientemente desarrolladas. Ello ha sido debido a que la denuncia ética y moral tiende, por su nivel de abstracción, a ser difícil de comprender si no se realiza y se vive en una problemática ya abiertamente injusta. Del mismo modo, la denuncia del sistema patriarcal, de la opresión de las naciones, del racismo y de la xenofobia, estas y otras críticas nos imprescindibles, además de por razones de justicia y de ética, también por la lógica dialéctica de la praxis comunista, por el hecho de que hay que desvelar y descubrir todas las contradicciones ocultas inherentes al capitalismo. En la medida en que alguna de ellas siga operando sin una denuncia sistemática, se debilitarán las mediaciones entre la práctica y la teoría quedando ambas mutiladas y empobrecidas.

Tercera, el movimiento revolucionario, también en su inicial fase utópica, siempre ha insistido en la necesidad imperiosa del rigor metodológico, en la minuciosidad analítica, en la objetividad, calidad y amplitud cuantitativa de las fuentes de datos. La teoría no puede desarrollarse sin el esfuerzo paciente del método científico-crítico, del método dialéctico, el único que descubre lo esencial de cualquier problema debajo de su apariencia externa. El método científico consiste en encontrar las fuerzas subterráneas que, en su movimiento, generan las tempestades en la superficie de la mar. En este esfuerzo racional y sistemático, no puede faltar la acción de la filosofía, de los valores y de la subjetividad revolucionaria, pero siempre integradas en la totalidad de la praxis. En las mediaciones entre la teoría y la práctica, el denominado “factor subjetivo” interviene como un vínculo más supeditado, como el resto, al criterio de la práctica. El marxismo rechaza radicalmente el desprecio de lo subjetivo, y reivindica su papel en la praxis como una mediación decisiva entre lo que se hace y lo que se piensa. La imaginación creativa, el deseo de un mundo mejor, el odio a la injusticia y a la opresión, la opción por la humanidad oprimida, estos valores subjetivos, son componentes activos en la praxis, y por ello dan el salto a fuerzas materiales y objetivas cuando son asumidos y practicados por las clases oprimidas.

Cuarta, llegados a este nivel hay que insistir en la tarea decisiva que tiene la fusión de la elaboración teórica descrita con el movimiento real de la lucha de clases. Tanto los obstáculos históricos como los burgueses arriba vistos impulsan la tendencia a la burocratización de las organizaciones y a su distanciamiento de las masas, que en el fondo es la misma degeneración. Si la interacción entre la militancia revolucionaria y las luchas concretas a pie de calle y de fábrica, en la vida cotidiana, es un requisito imprescindible para las mediaciones básicas entre la práctica y la teoría, esta importancia se multiplica incluso cuando el proceso revolucionario avanza integrando más y más sectores sociales. Al aumentar la complejidad de la lucha, de las reivindicaciones y, con ella, la dureza de la resistencia de la burguesía, la contrastación práctica de la teoría aparece más urgente y vital a cada nuevo paso, sobre todo el en componente político que siempre tiene que tener la teoría. Conforme se acelera el proceso revolucionario, el componente político de la teoría adquiere mayor importancia, sobre todo el componente que teoriza la necesidad de tomar el poder y de crear un poder revolucionario.

Y quinta, cualquier teoría concreta tiene contenido político más o menos explícito. Desde el método marxista, ese contenido va adquiriendo importancia dentro de la teoría en la medida en que ésta se fusiona con la práctica mejorando la praxis revolucionaria. No puede ser de otro modo ya que la teoría, si es correcta, termina desvelando la estructura capitalista basada en la explotación asalariada, en la opresión política y en la dominación ideológica. La veracidad de la teoría se realiza, en definitiva, cuando la política y el poder burgués reprimen la praxis revolucionaria, la lucha de las masas. Cuando va tomando forma el problema del poder y de la política, las mediaciones entre la crítica teórica y la crítica práctica deben realizarse mediante una gran riqueza de análisis porque deben superar los enormes obstáculos que el sistema pone para ocultar la explotación y falsificar la realidad. La lógica formal, método típico del reformismo, no sirve para superar estas trabas y para dotar a la teoría de la suficiente radicalidad de estudio. Las grandes obras marxistas, comparadas con la flojedad de la sociología burguesa, muestran una rara habilidad y agilidad de movimientos intelectuales para penetrar en los complejos laberintos de las contradicciones sociales.


6.- LA PRAXIS COMO PEDAGOGÍA REVOLUCIONARIA

La mediación comunista entre la teoría y la práctica es un proceso inacabable dentro del capitalismo debido a la naturaleza alienante de este modo de producción y, además, porque la burguesía siempre contraataca con todos sus recursos, dotándose se otros nuevos cuando los necesita. El capitalismo no sólo dispone para perpetuarse del fetichismo de la mercancía, sino también de la separación entre el trabajo manual e intelectual y de la abstracción-mercancía, así como de la inercia conservadora de la especie humana en situaciones de peligro. Estas fuerzas reaccionarias que impiden la interacción entre la mano y la mente, y que en buena medida se anclan en anteriores modos de producción, se refuerzan con las medidas típicamente burguesas de reducción del tiempo libre, de manipulación y drogadicción, y de miedo paralizante.

Para enfrentarse a esta maquinaria en constante mejora, la militancia revolucionaria solamente tiene la formación mediante la praxis, único método pedagógico que puede ir por delante de los contraataques burgueses, preparando a la militancia para avanzar en las luchas y para no ser desbordada por las innovaciones burguesas. La formación es un momento de la praxis porque es un momento de la teoría y de la práctica. La formación no es un cursillo aislado, que se realiza mecánicamente, como un rito obligado, sino que es una parte sustancial de la misma lucha permanente. No existe teoría sin formación teórica, ni práctica sin revisión crítica de ella misma, que es la autovaloración de la misma lucha. La autocrítica es la formación teórica realiza sobre y para sus mismos fundamentos y resultados. La autocrítica exige de una correspondiente formación teórica y de una experiencia práctica. Partiendo de aquí, ofrecemos cuatro consejos muy básicos sobre cómo ha de ser la metodología de formación de la militancia:

Uno, antes que nada y además de permanente, la formación ha de ser colectiva, concreta y motivadora, que suscite la ilusión y la creatividad. La formación individual sólo es factible en temas simples y reducidos, y siempre que esté guiada y supervisada colectivamente. La verdadera formación revolucionaria únicamente es posible en un contexto organizativo que aporte experiencia, conocimiento y rigor crítico. A la vez, en un primer momento, ha de estudiar y formar sobre problemas concretos directamente relacionados con las necesidades prioritarias de la militancia, aquellas cuya no resolución desanima y desmoviliza. La formación teórica más profunda se realizará después. Los primeros cursos formativos deben partir de lo concreto para abrir la mente a realidades más profundas y complejas, que serán estudiadas en cursos posteriores ya planificados y que deben aparecer en el programa general. Anima saber que se asiste a un curso permanente y cada vez más abarcador y profundo, y ese ánimo se refuerza cuando desde el inicio se comprueba que la vida personal y colectiva mejora en calidad porque mejoran los instrumentos de transformación revolucionaria.

Pero aunque sean cursos concretos e iniciales no por ello han de ser superficiales, sino que desde antes del inicio las personas asistentes deben ser conscientes de que van a realizar uno de los componentes de la praxis: la interacción entre la teoría y la práctica en la cuestión sobre la que se forman, y que eso requiere esfuerzo intelectual. Desde la historia del sindicalismo, hasta la lucha contra el patriarcado, pasando por las formas de organización, la defensa de los derechos, etc., temas siempre estudiados en su concreción inmediata y próxima a los asistentes, en todos estos problemas vividos diariamente porque son los de la militancia, siempre hay que buscar la formación teórica y pedagógica, es decir, que una el imprescindible rigor teórico con la imprescindible facilidad de comprensión.

Dos, en los cursos más generales y profundos, por ejemplo, sobre el sindicalismo y la teoría de la plusvalía, sobre por qué y cómo luchar contra el salario, sobre por qué nunca pueden existir esas mentiras del “salario justo” y de la “justicia social”, etc., en estos y en todos los casos la formación han de contrastar las consecuencias prácticas de la teoría marxista y de la ideología burguesa sobre esas y otras mentiras. Muy frecuentemente, cometemos el error de la explicación unilateral, del estudio aislado y en solitario del marxismo sin compararlo con su enemigo irreconciliable, la ideología burguesa en acción. Este error es más nefasto todavía cuando tenemos que debatir sobre el socialismo en general, en su evolución, etc.: incluso aunque analicemos críticamente la implosión de la URSS, nunca comparamos sus innegables logros con la realidad del capitalismo mundial en su época. La contextualización y el contraste, exigencias del método dialéctico, casi nunca se realizan en la formación revolucionaria. No puede existir una formación teórica marxista que no se realice sobre la permanente comparación con lo realizado por la burguesía, pues la dialéctica exige el estudio de la unidad y lucha de contrarios irreconciliables.

Cumplir con el método dialéctico es especialmente necesario cuando la formación busca conocer más en profundidad la vida y obra de las personas marxistas más creativas: nos limitamos a examinar las obras de Marx, pero no comparamos su praxis con la de Comte, o con la de Malthus, o con la de Ricardo. No comparamos a Engels con Bismarck, ni a Lenin con Weber, ni a Rosa Luxemburgo con Durkheim, ni a Stalin con Hitler, ni a Mao con Hiro Hito, etc. De este modo, reforzamos el dañino individualismo metódico burgués, que trocea la realidad, que sobrevalora al “gran hombre” y menosprecia a las masas, y sobre todo, que impide demostrar la cualitativa superioridad de la praxis comunista sobre el egoísmo individualista burgués. Si reforzamos el individualismo metódico fortalecemos la separación entre teoría y práctica, legitimamos la ideología burguesa y no demostramos el terrible efecto del fetichismo pues seguimos viendo a los grandes criminales capitalistas como intocables. Por el contrario, aplicando el método dialéctico demostramos la innegable superioridad histórica del socialismo sobre el capitalismo.

Tres, a la vez todo curso de formación ha de estar asentado en la realidad de clase, de sexo-género y de nación opresora u oprimida en la que ha nacido y lucha la militancia. No puede organizarse ningún programa de formación que no parta y que no termine en el contexto de lucha en el que se realiza. Aceptar el cosmopolitismo y la estupidez del supuesto “ciudadano del mundo”, e incluso un “internacionalismo” abstracto, es la mejor ayuda que podemos hacerle a la clase dominante que nos machaca aquí mismo, y por extensión al imperialismo. Pretender formar a la militancia sin insistir en la explotación patriarcal y en la asalariada es caer en el agujero negro del interclasismo y del machismo burgués. La formación ha de hincar el diente a las dinámicas opresoras más duras y efectivas, las que determinan el resto de los comportamientos sociales, de las ideas políticas y de las alternativas de futuro.

La presencia explícita o implícita de estas tres realidades nos debe llevar a la crítica del poder estatal como centralizador de las represiones, y a la explicación de la necesidad del poder estatal revolucionario. Arriba hemos visto cómo toda teoría tiene un contenido político, pero ahora profundizamos en el contenido de poder de la explotación asalariada, de la dominación patriarcal y de la opresión nacional. La formación teórica debe mostrar siempre que estas tres problemáticas solamente pueden resolverse mediante la praxis de un Estado obrero, y que antes pueden avanzar en su mejora táctica con la creación de contrapoderes y situaciones de doble poder. Sea de forma directa o subyacente, cualquier curso de formación que quiera profundizar en cualquiera de las formas con las que opera el capitalismo debe diseñar su método de tal forma que estas realidades aparezcan como estructurales dentro del capitalismo, y sometidas a la lógica de la acumulación y del máximo beneficio. Una teoría que no lo tenga en cuenta niega la realidad y, en un primer momento, reduce la práctica a mera verborrea, y luego abandona la práctica porque más temprano que tarde esta siempre choca con esa realidad de fondo.

Y cuatro, además de estos y otros cursillos, también has de enseñarles métodos de lectura, de extraer apuntes y de resumir las ideas esenciales de un texto, de oratoria, de llevar reuniones públicas, de preparar debates, de organizar actos de reflexión colectiva, etc. Según los casos y asistencia, conviene organizar grupos de debate dentro del cursillo, que tratarán sobre aspectos concretos del tema general que serán luego puestos en común. También es importante que antes del terminar el curso se pase un cuestionario de crítica y valoración colectiva, y se debata sobre si hay que hacer mejoras y cuáles al plan inicial planteado, que insertaba ese curso en una dinámica permanente.

Es muy importante en este cuarto punto el evitar la “tecnificación” de estos métodos, es decir, que se den y de reciban de forma tecnicista y neutral, como si sirvieran al margen de los intereses revolucionarios o reaccionarios. Sabemos que métodos de lectura rápida, de memorización, de coordinación de ideas, etc., son usados habitualmente por políticos burgueses, ejecutivos y empresarios para multiplicar sus capacidades organizativas, pero hay una diferencia insalvable entre estos métodos y la formación marxista. La segunda va más allá de la primera porque las técnicas de memorización, lectura rápida, etc., solamente sirven para datos e ideas ya insertas en un paradigma conocido, en una teoría o sistema de conocimientos conocidos que no exige un esfuerzo cualitativo, un aprendizaje totalmente nuevo. Mientras que el marxismo exige aprender lo antagónico con la ideología burguesa. La formación como praxis debe y puede recurrir a esas técnicas pero insertándolas en un esfuerzo intelectual más duro ya que el marxismo es la superación revolucionaria de todo el sistema burgués de pensamiento. Del mismo modo, para evitar la tecnificación de estos métodos exige tener siempre en cuenta que la formación es un proceso de emancipación integral, política y ética, que no existe la “técnica neutral” aplicable al margen de la lucha de clases, y que todo es política, todo repercute a favor o en contra de la liberación humana.

Concluyendo, la formación como momento de la praxis debe caracterizarse por la interacción de tres principios: el ejemplo como método pedagógico, lo praxis colectiva como contexto de la formación teórica, y la formación como aliciente necesario para el placer de la subversión.

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viernes, 19 de noviembre de 2010

La educación debe ser un arma estratégica de resistencia a la opresión

Mireille Fanon Mendès France UJFP

Alocución pronunciada en el marco del Foro Mundial de la Educación en Palestina el 30 de octubre de 2010. Traducido para Rebelión por Caty R.

La educación debe ser un arma estratégica de resistencia a la opresión y el medio más eficaz para garantizar la liberación dirigida a la emancipación, porque sin educación existe un evidente riesgo de alienación en el sentido amplio que le daba Franz Fanon, es decir, que se nutre del retraso cultural deseado y organizado por las fuerzas que tienen interés en que continúe la dominación.

En el contexto actual la educación que se espera es la de la resignación, mientras que con la educación deberían construirse los pensamientos activos y sobre todo los que asumen el riesgo de pensar y no tienen miedo a seguir «una línea de brujas», como señalaba Gilles Deleuze.

Eso es lo que comprendieron con claridad aquéllos que combatieron por la resistencia armada y política en todas las luchas de liberación y erigieron como prioridad la educación de los pueblos. De Vietnam a Argelia, la alfabetización y la generalización de la enseñanza fueron reconocidas muy rápidamente como dimensiones fundadoras de la resistencia a la opresión.

Así el pueblo palestino, que figura entre los pueblos más alfabetizados y educados, no ignora la importancia decisiva de la formación, sobre todo frente a un colonialismo que, bajo sus formas clásicas, prácticamente ha desaparecido de la faz de la tierra excepto en Palestina.

Esta ocupación-colonización que ha percibido con claridad los peligros de un pueblo palestino educado, regularmente intenta deslegitimar la educación que se dispensa en Palestina. Para los amos de la ocupación-colonización, ayer como hoy, las estrategias de la dominación se basan en el mantenimiento de amplios sectores de los pueblos en la ignorancia y el oscurantismo. Y si eso no es suficiente, basta entonces con deslegitimar la educación que dispensa el ministerio palestino de Educación. El objetivo es negar a los palestinos que puedan servirse de las mismas referencias que utilizan los demás. Para el Estado israelí el «ellos, los palestinos» sólo sirve para que exista el «nosotros, los israelíes». Se trata en primer lugar de «naturalizar» las diferencias culturales, que consiste, ni más ni menos, que en un enfoque basado en las ideologías racistas modernas.

La «desculturización» y la ignorancia permiten a los teóricos de la dominación justificar la esclavitud y el despojo borrando la memoria de los pueblos y prohibiendo la transmisión de la historia y su conocimiento. Permítanme una vez más citar a Franz Fanon: «Al pueblo colonizado se le presenta ideológicamente como un pueblo detenido en su evolución, impermeable a la razón, incapaz de dirigir sus propios asuntos y que exige la presencia permanente de una dirección.

Se transforma la historia de los pueblos en agitaciones sin significado y debido a eso se da la impresión de que para esos pueblos la historia humana empezó con la llegada de los valerosos colonos». Éste es exactamente el contenido del tristemente célebre discurso pronunciado en la universidad de Dakar en enero de 2007 por el presidente Sarkozy. Para este portavoz del neocolonialismo el hombre africano, presentado de una forma tan despreciable como insultante, es un hombre detenido en el camino de una Historia en la que no quiere o no puede entrar.

Por lo tanto la educación también es un medio de emancipación de las conciencias que se liberan de la esclavitud de la voluntad de servilismo y del olvido impuesto por la cosificación de la memoria, y se convierte así en un objetivo político primordial que justifica por sí mismo el imperativo de la formación y su generalización.

El discurso «histórico» de los amos liberales del mundo no es sólo la expresión de su desprecio y su ignorancia, con muchas connotaciones ideológicas, sino que además tiene una vocación clara: la de mantener el nuevo despliegue, en sus formas actualizadas, de la dominación y por lo tanto de la fábrica de la marginación y la exclusión por las denominadas razones de seguridad.

Las nuevas formas de explotación y dominación facilitadas –o posibilitadas- por el hundimiento del socialismo burocrático a finales de los años ochenta pretenden la validez única del modelo ultraliberal y de la suprema eficacia del mercado que no puede sobrevivir sin el apoyo militar para vivir en un denominado «More safe World» (mundo más seguro), como dijo acertadamente el ex secretario general de las Naciones Unidas.

El credo de los evangelistas del mercado consiste esencialmente en la supremacía de la ley de la selva donde sólo los más fuertes pueden dirigir el mundo; para hacerlo el papel del Estado debe reducirse al mínimo. En ese esquema el papel social del Estado se reduce a la mínima expresión, todas las actividades se convierten en mercancías, y la educación es uno de los objetivos prioritarios.

Las teorías ultraliberales, propagadas por el FMI y aplicadas bajo su supervisión meticulosa gracias a las crisis de la deuda, han afectado a numerosos países del Sur. Las «condiciones» de los programas de ajuste estructural consisten en imponer privatizaciones, desregulaciones y sombríos recortes en los gastos sociales, la educación y la sanidad en primer lugar. Las consecuencias de esta política criminal son devastadoras en los países ya muy retrasados en los planos económico y sociocultural. En África, continente mártir también a este respecto, el analfabetismo masivo bloquea el desarrollo y debilita gravemente a las sociedades frente a las élites muy poco numerosas. Sólo quienes pueden pagar una educación privada pueden esperar un futuro menos sombrío, los demás quedan a merced de los charlatanes y las sectas religiosas... Los pueblos sin formación son los más vulnerables a todas las manipulaciones. Las recetas del FMI aplicadas sistemáticamente, por ejemplo en Haití, hacen que la población de ese país, que ha producido intelectuales muy brillantes, sea analfabeta al 85%: de 1.000 niños que entran en el ciclo escolar, sólo el 1,7% llega a la universidad. Este monstruoso desastre explica en gran parte el drama interminable de ese país.

Frente a las actuaciones de los gendarmes del liberalismo, es imprescindible la movilización de todos. Aunque la formación y la educación no bastan para emancipar a los pueblos son los preliminares de una auténtica liberación, Todavía es necesario que la educación encuentre sus raíces en la cultura y la historia del país y se base en principios éticos y políticos claramente definidos. El colonialismo, que sólo ha formado a los que necesitaba para mantener y perpetuar su dominación, inspira a los que en la actualidad intentan formar a las élites contra los pueblos. La educación para el pueblo y al servicio de todos es la respuesta a esas maniobras. La exigencia de una educación obligatoria, generalizada, masiva y al alcance de todos es el requisito previo absoluto para la construcción de una sociedad más justa y más humana.
Fuente: http://www.ujfp.org/modules/news/article.php?storyid=824

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domingo, 28 de febrero de 2010

La educación popular como modelo educativo para la liberación del hombre y de la sociedad explotadora


Por: Argisay Molina

En la modernidad surge una nueva concepción de la ciencia y métodos de investigación, dicho termino “modernidad” fue utilizado por primera vez por Jean Jacques Rosseau en el sentido de aludir a un nuevo orden de plenitud.

El orden civilizatorio moderno se organiza de manera piramidal y jerárquica de manera militar, en el que cada persona debe integrarse para cumplir una serie de tareas o funciones instituidas en una cadena de mando, para que dicho sujeto se realice debe obedecer y someterse a esta cadena de mando obedeciendo a su superior. Esto lo hace un sujeto disciplinado que alcanzara su felicidad en el cumplimiento de sus funciones.

“Esas funciones que el individuo debe cumplir dentro de la organización son tareas especializadas, movimientos controlados que se desarrollan dentro de las coordenadas tiempo, espacio y masa por lo tanto estas se convierten en parámetros de lo verdadero y es así como los discursos, que se basan en ellas, se tornan en validos y legítimos, comenzando por el de la física clásica newtoniana, hasta llegar a las ciencias sociales cuando Augusto Comte llama a la sociología “física social”. (Iván Hurtado, Josefina Toro. Paradigmas y métodos de investigación)”

La escuela que se abandera bajo el positivismo promulga una concepción apolítica de la vida ello coarta a la participación del sujeto en su espacio social, pero la escuela crítica crea un ambiente político dentro y fuera de la escuela ya que la política es la base fundamental de la sociedad donde se desenvuelven los individuos.

La educación de carácter liberadora es la herramienta de construcción de la conciencia crítica que conducirá a una praxis transformadora de la realidad, con la finalidad de derrumbar la estratificación jerárquica del ámbito social en forma piramidal que se reproduce en todos los espacios ya sean: educativos, laborales, culturales entre otros, creando así las condiciones de explotadores y oprimidos.


A menudo el sujeto inicia cuestionándose a sí mismo como miembro de un grupo o proceso social (incluyendo religión, identidad nacional, normas culturales o roles establecidos). Después de alcanzar un punto de revelación en el que empiezan a ver a su sociedad como algo profundamente imperfecto se les alienta a compartir este conocimiento en un intento de cambiar la naturaleza opresiva de la sociedad.

El capitalismo en su esencia constituye más que un modelo económico, ya que el mismo es también un modelo de dominación social, mundial, cultural, educativo entre otros, el mismo constituye una división de la sociedad en clases, donde cada clase tiene una tarea dentro del espacio social, donde los proletarios venden su fuerza de trabajo a la clase burguesa, la cual posee los medios de producción. Esta estructura piramidal de jerarquías sociales se reproduce en todos los espacios sociales.

La escuela no se escapa de este flagelo, debido a que la misma funciona como el ente garante de la continuidad y perpetuación del sistema capitalista, para ello la escuela se convierte en un aparato de reproducción ideológica del estado capitalista. El orden civilizatorio moderno capitalista se organiza de manera piramidal y jerárquica, en el que cada persona debe integrarse para cumplir una serie de tareas o funciones instituidas en una cadena de mando, para que dicho sujeto se realice debe obedecer y someterse a esta cadena de mando obedeciendo a su superior. Esto lo hace un sujeto disciplinado que alcanzara su felicidad en el cumplimiento de sus funciones.

De esta manera el paradigma positivista que surge en la modernidad que en esencia es la fundamentacion teórica de la educación tradicional, y reproduce en rasgos generales a nivel estructural organizativo de la escuela, donde prevalece el ámbito burócrata en la repartición de cargos y funciones, a modo singular esta estructura se reproduce en el salón de clases.

A través de la estructuración de la organización de la escuela observamos el modelo teórico del estructuralismo y el funcionalismo como paradigmas positivistas en la organización administrativa de las escuelas. Estas estratificaciones sociales antes explicadas crean una especie de autoritarismo en los sujetos que devengan ciertos cargos que están por encima de otros sujetos, y como esta característica se reproduce en todos los espacios sociales sin exceptuar la escuela entonces este modelo educacional tradicional de corte positivista crea una contradicción en el hecho educativo ya que el mismo crea una contradicción en las naciones democráticas ya que educa para el autoritarismo y no para la democracia.

Las evaluaciones de carácter cuantitativas, para medir el supuesto rendimiento del alumno, esta concepción nace con el neo positivismo en el momento en que los defensores de dicha postura asumen que los fenómenos sociales deben ser medidos con ciencias puras como la física y la matemática transformando las complejidades sociales en cuestiones binarias procedentes de la lógica aristotélica matemática, dejando así las complejidades del ser humano a una cuestión gris.

Como sabemos el positivismo en esencia tiene una visión fenoménica de la realidad, donde la apariencia del fenómeno es lo primordial y los estudios de un fenómeno determinado se hacen solo a través de su apariencia, es en este momento donde la dialéctica marxista en su categoría esencia y fenómeno que nos esboza “Cuando observamos un objeto lo primero que llama nuestra atención es su apariencia externa: el color, la configuración, etc. Estas características son el fenómeno. Luego de estudiar este fenómeno penetramos a las propiedades esenciales, para entender sus funciones, la composición y su destino, a ello llamamos fenómeno”. El carácter fenoménico del positivismo se queda en una visión externa de las cuestiones. Para una justificación de esta educación positivista de carácter capitalista se crea una psicología positivista llamada conductismo que se afianza como fundamento pedagógico de la educación positivista donde solo se espera provocar un estimulo para provocar una respuesta y se estudia solo la conducta del ser humano.

“Referirse a la realidad como algo detenido, estático, dividido y bien comportado o en su defecto hablar o disertar sobre algo completamente ajeno a la experiencia existencial de los educandos deviene, realmente, la suprema inquietud de esta educación”

Una característica actual de la educación es la narración y memorización excesiva que se presentan en las aulas, pero no se analiza la esencia de ello, por ejemplo: 1945 marca el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero se desconoce cómo este hecho influyó en nuestras vidas y las relaciones que establecemos en lo cotidiano, por el contrario, simplemente se retiene la fecha. Esta situación, Freire la concibe como si los alumnos fueran unos recipientes en los cuales se depositan los conocimientos, así, el maestro es un depositario y los conocimientos son los depósitos que realiza cotidianamente. La concepción bancaria de la educación pretende transformar la mente de los individuos para que se adapten mejor a las situaciones reales y así poder dominarlos con mayor facilidad. Cuando más pasivos sean, proporcionalmente se adaptarán, por lo tanto, se disminuye su creatividad, estimulan la inocencia, lo cual crea las condiciones para que los opresores surjan como sujetos generosos.

“Los jóvenes no pueden elegir libremente su profesión, porque las condiciones de nacimiento del hombre predeterminan su profesión, así como, en sentido general, su concepción del mundo”. Carlos Marx.

Como ya se esbozo sabemos que la estratificación en clases persiste en el ámbito social y es de carácter determinante en los sujetos, por ello Marx hace la anterior disertación.

Por ello el llamamiento a la liberación es de carácter general y lo comenzamos por el ámbito educativo ya que el mismo constituye los polos fundamentales de establecimientos de las naciones como lo decía Bolívar.

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