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domingo, 31 de julio de 2011

Honduras: Las fábricas de Adidas, Nike y Puma violan los derechos laborales

defensaterritorios.org

La Colectiva de Mujeres Hondureñas CODEMUH denuncia la situación que viven las trabajadoras de varias maquilas en Honduras a vista y paciencia de las autoridades responsables de aplicar justicia en materia laboral. Ahora haciendo uso de la libertad de expresión y del ejercicio ético responsable denunciamos a las fábricas maquiladoras denominadas Delta Apparel Honduras y Delta Apparel Cortés (fabricantes de las marcas Nike, Adidas y Puma) porque de manera ininterrumpida y sistemática de acuerdo a denuncias de las trabajadoras violenta sus derechos humanos/laborales.
A las autoridades del trabajo a nivel departamental y central;

A las firmas de certificación social empresarial;

Al pueblo consumidor de Europa y Norteamérica

A la comunidad internacional y público en general, nuevamente hacemos de su conocimiento.

En las fábricas de Delta Apparel la situación es similar a la“triste” realidad que viven las mujeres obreras de otras maquilas en Honduras, por ejemplo: Gildan ActivewearTM y HanesBrands Inc.TM HBI. Las trabajadoras denuncian hostigamiento y represalias para exigirles cumplir con la meta o cuota de producción obligada y que dependiendo de las operaciones deben de producir hasta 32 docenas por hora. Las trabajadoras también han denunciado al seguro social porque especialmente en el municipio de Villanueva se tarda hasta un año para hacer la evaluación de los puesto de trabajo, esto lógicamente retarda la entrega de los dictámenes de reubicación lo que ocasiona mayores daños a la salud de las trabajadoras y las coloca bajo la amenaza del despido por la falta de cumplimiento de la de producciónque las empresas imponen.

Algunas trabajadoras ya cuentan con Dictámenes de Reubicación de puesto de trabajo, y la empresa ha tomado la determinación de acomodarlas en el área de bodega sin cumplir las adecuaciones de los puestos que recomienda la Comisión Técnica de Riesgos Profesionales del IHSS, cometiendo otra violación a sus derechos humanos/laborales. Hay obreras que también cuentan con Dictámenes de Calificación de Riesgo por padecer de trastornos músculo esquelético ocupacionales provocados por su actividad laboral (metas elevadas, jornada de trabajo larga e intensa, posturas inadecuadas, entre otras). Ante este hecho, desde junio del 2011 las trabajadoras formalmente han solicitado una investigación ante la Inspectoría Regional del Trabajo sin obtener respuesta.

Denunciamos también a la Secretaría del Trabajo y Seguridad Social STSS por el silencio administrativo en el que se encuentran respecto a la solicitud de investigación que hicieron las trabajadoras de las plantas de Delta Apparel y por la escasa vigilancia de las deficiencias ergonómicas de los puestos de trabajo que ha permitido poner en peligro la salud y vida de las obreras.

También denunciamos el hostigamiento laboral que sobreviven las trabajadoras que se encuentran con problemasde salud y con dictámenes de reubicación por parte de Delta Apparel por no producir como antes cuando estaban bien de su salud, las obreras han dejado de ser “buenas empleadas”, ahora las llaman “las enfermas, las barbies”. El personal administrativo permita que otras personas empleadas de planta las llame bajo esos sobrenombres. Asimismo denunciamos la falta de cumplimiento por parte de las empresas Delta Apparel de los Dictámenes de Reubicación de puestos de trabajo de las obreras de acuerdo a la especificación o indicación del IHSS.

Exigimos a las autoridades del trabajo que hagan uso de sus facultades y de oficio realicen estudios ergonómicos en las plantas maquiladoras con la finalidad de adecuar los puestos de trabajo,los horarios de acuerdo a lo establecido en la ley laboral y las metas de producción de acuerdo a las capacidades de las trabajadoras y así prevenir los daños a la salud y a la vida de las mujeres y hombres que hacen posible las jugosas ganancias de las Marcas transnacionales.

Demandamos de la población Europea y Norteamericana consumidora de las Marcas Puma, ADIDAS, Nike, exijan a estas transnacionales cumplan con su responsabilidad social empresarial, que paren la violación a la ley laboral de Honduras, Convenios y Tratados internacionales.

El Trabajo y la Salud Laboral son Nuestros Derechos, “Empleo sí, Pero Con dignidad”.

Fuente: http://defensaterritorios.org/index.php?option=com_content&view=article&id=8961:trabajadoras-hondurenas-denuncian-a-las-fabricas-delta-apparel&catid=362:resistencias-luchas-y-alternativas&Itemid=176



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jueves, 28 de julio de 2011

Exitosa marcha de trabajadores, activa proceso de discusión de la LOT y Consejos Socialistas

Tribuna Popular

Como un total éxito fue calificada por sus organizadores, la marcha efectuado en la mañana de hoy por las y los trabajadores venezolano, para entregar las 45 mil firmas (23 para la ley de Consejos de Trabajadores y 22 mil para la LOT) que activan la discusión de la Ley Orgánica del Trabajo (LOT) y la Ley Especial de Consejos Socialistas de Trabajadores a la directiva de la Asamblea Nacional (AN) encabezada por su presidente, Fernando Soto Rojas.
Representantes de sindicatos, de delegados de prevención; del Encuentro de Control Obrero y Consejos Socialistas de Trabajadores, acompañados por dirigentes de la Unión Nacional de Trabajadores UNETE y la Corriente Clasista de Trabajadores “Cruz Villegas”, encabezaron la marcha hacia la AN y la vicepresidencia.

A partir de la 9:00 am en la plaza Morelos de Caracas empezaron a concentrarse las delegaciones de las y los trabajadores proveniente de todos los estados del país con el objetivo de marchar a la sede de la Asamblea Nacional para entregar las firmas que permiten activar los debates legislativos en la AN.

Una columna de más de 2 mil personas llegó hasta las inmediaciones del Palacio Federal, donde una delegación de sus dirigentes fueron recibidos por la Junta Directiva del Poder Legislativo, compuesto por su presidente, Fernando Soto Rojas; el primer vicepresidente, Aristóbulo Izturiz y la segunda vicepresidenta, Blanca Eekhout, en el despacho del presidente.

Dirigentes llevan las más de 45 mil firmas para ser entregada a la Junta Directiva de la AN

Compromisos del Presidente de la Asamblea Nacional

Fernando Soto Rojas de acuerdo a los dictámenes constitucionales, se comprometió ante las y los trabajadores, en lo siguiente:

1.- Enviar en forma inmediata las firmas al Consejo Nacional Electoral para su verificación y validación.

2.- Enviar a la Comisión Permanente de Desarrollo Social Integral de la AN, presidida por el diputado Oswaldo Vera, la solicitud de activación de la discusión de la Ley Orgánica del Trabajo y la Ley Especial de los Consejos Socialistas de Trabajadores.

3.- Sacar el cronograma para la discusión pública de las leyes, antes del receso parlamentario que se inicia el próximo 15 de agosto.

Acuerdos de futuras movilizaciones

Los representantes de las organizaciones de trabajadores antes mencionadas, resolvieron seguir luchando en la calle para lograr la discusión de las leyes antes de fin de año. A tal efecto, convocaron para el 9 de agosto a un piquete en la AN para solicitar cronograma de debate y verificación de firmas del CNE.

Plazos Legales

De acuerdo a los plazos legales, la Asamblea Nacional tiene la obligación de activar en el actual periodo legislativo la discusión de las leyes, en su defecto, el CNE debe llamar para el próximo año a un referéndum abrogatorio para aprobar las leyes a través de la iniciativa legislativa popular.

Entrega de documentos del Encuentro del Control Obrero y consejos de trabajadores a la Vicepresidencia

Las y los trabajadores, después de cumplir su cometido en la AN, se dirigieron a la Vicepresidencia para entregar en forma formal el documento emanado del Primer Encuentro Nacional del Control Obrero y Consejos Socialistas y el Plan Guayana Socialista.

En el despacho de la vicepresidencia fueron recibidos por la licenciada Andreina Tavares, directora de atención al ciudadano, quien recibió los documentos.

Fuente: http://www.tribuna-popular.org/index.php/trabajadores/8741-exitosa-marcha-de-trabajadores-activa-proceso-de-discusion-de-la-lot-y-consejos-socialistas

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Se desploma un 66% el ingreso de los latinos en EE.UU.

David Brooks Progreso Semanal

El ingreso promedio de los hogares latinos en Estados Unidos se desplomó 66 por ciento, y el de los afroestadunidenses se redujo 53 por ciento a causa de la crisis económica, la peor disparidad entre minorías y la mayoría blanca en 25 años, según un nuevo informe del Pew Research Center.

La riqueza media de hogares blancos disminuyó 16 por ciento en ese mismo periodo.

El informe, basado en un análisis de datos oficiales del censo, encontró que la riqueza media, o valor neto, de los hogares blancos es 18 veces más grande que la de latinos, y 20 veces mayor que la de los afroestadunidenses. Estas disparidades, subrayó Pew, son las más grandes en un cuarto de siglo desde que el gobierno publicó por primera vez tales datos, y aproximadamente doble el tamaño de las proporciones que prevalecían entre estos tres grupos (latinos, afroestadunidenses y blancos) durante las dos décadas antes de la gran recesión.

El informe presentado hoy también revela que el número de estadunidenses con un valor neto nulo –o sea, dueños de nada– se incrementó sustancialmente durante la recesión. Un tercio de latinos (31 por ciento) tenían un valor neto nulo o negativo en 2009, comparado con el 23 por ciento que estaba en esa situación en 2005. Para los afroestadunidenses, 35 por ciento tenía riqueza nula o negativa en 2009, comparado con un 29 por ciento en 2005. Para los blancos, el incremento en este rubro fue del 11 a 15 por ciento sin bienes o activos.

En términos numéricos, la riqueza media de los hogares latinos se desplomó de 18 mil 359 dólares en 2005 a sólo 6 mil 325 en 2009, detalla el informe. Para los afroestadunidenses, el típico hogar ahora tiene menos de la mitad de lo que tenía antes de la recesión, 5 mil 677; para los hogares blancos, el valor neto medio fue de 113 mil 149 dólares.

La principal causa de la erosión en riqueza fue el desplome en el valor de la vivienda. Esto afectó de manera más drástica a los latinos, según el informe, “porque los hispanos derivaban casi dos tercios de su valor neto en 2005 a vivienda y una porción desproporcionada reside en estados que fueron la vanguardia en el derretimiento de la vivienda. Los latinos fueron los más golpeados por el desplome del mercado de vivienda”, afirma el Pew Research Center.

Mientras tanto, la disparidad entre los más ricos y todos los demás se incrementó en el mismo periodo, tanto en general como dentro de los mismos sectores raciales. Entre 2005 y 2009, la porción de la riqueza controlada por 10 por ciento de las familias más ricas se incrementó de 49 a 56 por ciento. Entre los hispanos, el 10 por ciento más rico vio su porción de la riqueza incrementarse de 56 al 72 por ciento, y entre los afroestadunidenses se aumentó de 59 a 67 por ciento.

La riqueza de los hogares o valor neto está conformado de bienes y activos (incluyendo ahorros, casas, inversiones y automóviles), menos deudas (hipotecas, tarjetas de crédito, etcétera).

La crisis hipotecaria

Para Antonio González, presidente del Instituto William C. Velazquez y un líder latino nacional en asuntos de derechos políticos, civiles y económicos, el informe sólo confirma las investigaciones realizadas en 2008 por su organización en cuanto al dramático impacto negativo de la crisis hipotecaria sobre los latinos a lo largo del país.

En entrevista con La Jornada, González informó que él y sus colegas presentaron este asunto al gobierno de Barack Obama hace un par de años, y que la respuesta fue nula. Es cierto que la crisis de las hipotecas de vivienda no fue culpa del gobierno de Obama, sino que la heredó del gobierno de Bush, y también es cierto que, como dicen algunos, se metieron a una cama en llamas. Pero si yo me meto a esa cama, intentaría extinguir las llamas. Ellos no lo han hecho.

Todo esto mientras que la cúpula política en Washington debate cuánto más reducir los programas de asistencia social para los más necesitados, como parte de las negociaciones para reducir el déficit presupuestario y elevar el llamado techo de deuda.

Los datos de Pew, junto con la alta tasa de desempleo de 9.2 por ciento (los latinos y los afroestadunidenses padecen tasas de desempleo de 11.6 y 16.2, respectivamente) ofrecen una idea de la devastación de la crisis económica que aún impera dos años después de que oficialmente se declaró el fin de la gran recesión.

Por tanto, no sorprende que las encuestas registren cada vez mayor desilusión y frustración con los políticos de ambos partidos. Un 90 por ciento de los estadunidenses cree que la economía está mal, y cuatro de cada cinco dicen que es difícil conseguir empleo, según la encuesta más reciente publicada hoy por el Washington Post/ABC News. En ese sondeo, más de un tercio de los estadunidenses ahora creen que las políticas de Obama están dañando la economía, y un número casi igual piensa lo mismo de los legisladores republicanos. Un 52 por ciento desaprueba el manejo del problema del desempleo por el presidente, y 65 por ciento cuestiona el de los republicanos.

El informe completo se puede consultar en: http://pewsocialtrends.org/2011/07/26/wealth-gaps-rise-to-record-highs-between-whites-blacks-hispanics/. La investigación y análisis del Instituto William C. Velazquez se puede consultar en: www.wcvi.org/press_room/press_releases/2009/housingwp061809.htm.

Fuente: http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=3636:se-desploma-66-el-ingreso-de-los-latinos-en-eu&catid=3:en-los-estados-unidos&Itemid=4

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Tras los atentados de Noruega

Txente Rekondo Gara

La matanza cometida en Noruega por Anders Breivik ha traído a primera plana una realidad que algunos siempre han pretendido ocultar, la presencia en Europa y en otras partes del mal llamado “primer mundo” de una ideología de extrema derecha que no duda, como ya lo ha hecho en el pasado, en emplear métodos violentos para imponer sus posturas. Las reacciones inmediatamente después de los atentados por parte de buena parte de la prensa de “status quo” de esos estados debería hacer sonrojar a más de uno, y sobre todo cuando conscientes de la metedura de pata al señalar a organizaciones jihadistas como autoras de la carnicería, han sido incapaces de rectificar.

Durante mucho tiempo los países nórdicos han venido gozando de una reputación ligada al consenso, el diálogo y la tolerancia, por ello el aumento institucional de los últimos años de formaciones populistas y extremistas de derecha ha sorprendido a más de uno. Así, los partidos con una agenda reaccionaria, anti-inmigración e islamofóbica han logrado condicionar en cierta medida la política en esos estados.

El Partido del Progreso en Noruega ha logrado situarse en segundo lugar tras los excelentes resultados obtenidos en las dos últimas citas electorales, el Partido del Pueblo danés ha condicionado la formación del nuevo gobierno y ha logrado que éste recoja buena parte de su programa. En Finlandia y Suecia, el populismo de derecha no ha tenido el mismo impacto, pero el apoyo al Verdaderos Finlandeses y a los Demócratas de Suecia ha crecido en los últimos años, y ambos podrían estar a las puertas de un nuevo vuelco político en esos países.

Varios factores han contribuido a este auge populista de extrema derecha en los países nórdicos, y en buena medida también en otras partes de Europa. Por un lado se señala el aumento de las solicitudes de asilo durante los años noventa; por otro lado se habla del vacío y la crisis de los partidos políticos tradicionales, algo que ha impulsado el crecimiento de otras formaciones populistas de derecha; otra clave sería la “transformación” de esas fuerzas de extrema derecha en los últimos años, conjugando su ideología con la llamada “cara amable” de sus dirigentes, que son aceptados como “parte del sistema” por las demás fuerzas políticas; y por último, no hay que desdeñar la llamada crisis económico y financiera mundial.

Los llamados “lobos solitarios” ni están tan solos ni tan aislados. Ese término está siendo cada vez más utilizado por algunos medios de comunicación, que acaban dotándolo de una cierta mitología muy bien aprovechada por los movimientos de extrema derecha. Así, muchas veces se caracteriza a esos “solitarios” como individuos aislados, sin conexiones ideológicas o materiales con las corrientes más reaccionarias de la extrema derecha.

Y es ahí donde topamos un evidente error. Los llamados lobos solitarios son personas que actúan individualmente, pero que al mismo tiempo se alimentan de la cultura de la extrema derecha y pretenden con sus acciones expandir la misma y atraer a nuevos miembros. En otras ocasiones, cuentan además con el apoyo material de parte de esas comunidades extremistas y reaccionarias.

Como señalaba recientemente un estudio, “cualquier acto de violencia de la extrema derecha cometido por un solo individuo es un producto extremo de la cultura activista de esa corriente ideológica”. Además, la extensa narrativa (novelas como Hunter, o los Diarios de Turner) idealiza la visión que esos individuos tienen hacia sus objetivos. La llamada “revolución sin líderes, sustentada en un ensayo de Louis Beam en 1983, también se une a esa literatura de “cabecera” supremacista blanca, y que también sirve para estructurar una ideología común.

Por ello, los intentos por presentar los atentados (como en otras situaciones similares en el pasado) de ese tipo como casos aislados no ayudan a afrontar el verdadero peligro que a día de hoy representan los grupos de extrema derecha (tan sólo en EEUU, desde el atentado de Oklahoma han tenido lugar más de 75 complots, conspiraciones o atentados racistas). Como tampoco lo hace el señalar la supuesta incapacidad mental del autor de los mismos.

Lo cierto es que este tipo de organizaciones e individuos llevan tiempo difundiendo su ideología a través de diversos medios (Internet, música, encuentros…) y son innumerables los textos que adía de hoy conforman el corpus de esas tendencias xenófobas y reaccionarias. El “manifiesto” que el propio Anders Breivik ha venido elaborando en los últimos años muestra buen aparte de los pilares ideológicos que sustentan a ese mundo: una postura anti-musulmana, un barniz “histórico” que le hace presentarse como un cruzado (con las ligazones metafóricas e ideológicas que ello conlleva), un ataque hacia las posturas progresistas y hacia el multiculturalismo.

Breivik ha apuntado además otras líneas a seguir. “El rechazo hacia las formaciones políticas e instituciones actuales, la prohibición del aborto, un mayor poder par ala iglesia (algunos ocultan su declaración partidaria del fundamentalismo religioso católico), defensa de la pena de muerte, campos de concentración para los drogodependientes, e incluso forzar la reeducación de los “marxistas””.

Y lo más peligroso de toda esa amalgama y retórica es el papel que estarían jugando otras fuerzas populistas, que en teoría rechazan la violencia empleada por tipos como Breivik, pero que en el fondo son capaces de defender esas mismas posturas reaccionarias con “palabras bonitas y un rostro más agradable”. Los llamamientos contra la inmigración, contra “el otro”, que durante tanto tiempo han venido repitiendo los líderes de esos partidos conservadores han “fomentado un clima donde muchos de sus impacientes seguidores han comenzado a pensar en el odio o la violencia como una opción más”.

Algunas formaciones socialdemócratas en Europa han asumido sibilinamente el discurso de la derecha, haciendo que el debate político se sitúe en los parámetros que las fuerzas reaccionarias desean, y donde sin duda se sienten más cómodos. La actitud de esas formaciones en torno a la crisis económica o la inmigración son muestras de que la política que están desarrollando se asemeja al “trabajo sucio de la derecha”, y ésta mientras tanto puede articular un discurso que engloba más allá de su tan cacareado centro-derecha, al tiempo que acoge en su seno a las opciones más reaccionarias (tal vez por eso en algunos estados europeos “no se ve” una manifestación organizada en torno a la llamada extrema derecha, ya que ésta se situaría dentro del seno de los partidos tradicionales de derecha).

Como ha apuntado estos días un analista, la caverna ideológica intenta una y otra vez presentar a Europa en guerra permanente con el “otro” (inmigrantes, islamismo, minorías), rechazando las políticas multiculturales y sobre todo “una Europa democrática, igualitaria y diversa”. Por todo ello frente a esa postura remarca que “el enemigo es blanco y probablemente habla perfectamente inglés. Pero no nos engañemos, este enemigo no es pasivo o educado. Está armado y es muy peligroso”.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

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martes, 26 de julio de 2011

Caliban y la cultura insurgente

Néstor Kohan Rebelión

Para Roberto, maestro, compañero y amigo
Un clásico latinoamericano

Descifrar el enigma y trazar el derrotero de la cultura insurgente de Nuestra América implica, entre otras tareas impostergables, recuperar la obra de sus pensadores revolucionarios y sus intelectuales críticos. Este continente sufrido, rebelde e insumiso, no sólo ha encendido la llama de innumerables levantamientos e insurrecciones populares. Al mismo tiempo ha creado teoría y generado reflexión. Diga lo que diga la Academia y su sesgado canon eurocéntrico, también aquí tenemos nuestros clásicos.

Como los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de Mariátegui, El socialismo y el hombre en Cuba del Che o Dialéctica de la dependencia de Ruy Mauro Marini —para mencionar tan sólo tres obras emblemáticas— el ensayo Caliban de Roberto Fernández Retamar constituye una cumbre del pensamiento latinoamericano, de cuya publicación se conmemoran cuarenta años [i] .

Lo leímos tres veces, en distintas ediciones [ii] . En cada una de ellas el ensayo de Roberto nos sorprendió nuevamente. Sin ninguna duda, resiste varias lecturas, proporcionando cada vez nuevas aristas, ángulos no observados en las anteriores visitas, generando siempre renovadas preguntas.

En el fuego de los hornos

El Caliban de Fernández Retamar adquirió forma y contenido en el fuego de los hornos iluminado por esa luz insurgente que intentó convertir a la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de América Latina. Lejos de constituir un obstáculo, ese condicionamiento político que lo cinceló desde su mismo origen posibilitó una gran apertura para sus planteos radicales.

Tratando de legitimar la irreverencia de la revolución cubana, el ensayista y poeta lo escribe en medio de varios debates.

En primer lugar, discutiendo y polemizando con los promotores de la revista Mundo Nuevo, impulsada por la CIA a través de toda una seria de instituciones “pantalla” y anillos de protección cultural, como la Fundación Ford, destinados a ocultar los verdaderos objetivos de dicha publicación: el combate por la hegemonía (y el intento de neutralización) de la intelectualidad crítica latinoamericana. En el ojo de la tormenta, Fernández Retamar encabeza la indignada denuncia antiimperialista que impugna la presencia del dólar norteamericano y de los aparatos de inteligencia militar yanqui, escondidos detrás de la “inocente” crítica literaria de Mundo Nuevo [iii] .

En segundo lugar, abordando los desafíos y los tremendos sinsabores que le generó a la revolución cubana la prisión de Padilla y sus “autocríticas”, donde algunos segmentos de la intelectualidad europea creyeron ver un calco automático de los juicios de Moscú del año 1936, en los cuales el estalinismo liquidó a la vieja guardia bolchevique que había encabezado la revolución de octubre junto a Lenin (en el caso cubano, nadie murió y Padilla estuvo, seguramente sin necesidad, no más de 30 días en la cárcel, en la cual jamás recibió torturas ni apremios).

En tercer lugar, intentando sistematizar las grandes líneas estratégicas de la política cultural —tanto en la lectura del pasado como en la estrategia de futuro— que guiaron como mínimo los primeros doce años de la revolución cubana.

El ensayo de Roberto Fernández Retamar (del cual nunca renegó, por lo cual se siguió editando, con suplementos y nuevos textos complementarios hasta el día de hoy) seguramente corona la primera fase de la revolución cubana, la más radical y profunda, que no desapareció posteriormente pero que atravesó no pocos vaivenes y avatares que ahora no es posible indagar por razones de espacio [iv] .

Un programa antiimperialista para la cultura

El ensayo Caliban condensa con gran maestría, lucidez y capacidad de síntesis todo un “programa” de investigación, reflexión y debate sobre nuestra cultura, nuestras raíces y nuestro horizonte político futuro, pergeñado desde un ángulo inocultablemente antiimperialista y anticapitalista. Un punto de partida que, a nuestro modo de ver y entender, sigue estando a la orden del día y de ninguna manera ha caducado, aunque se vayan desplazando los escenarios de disputa frente a distintas modalidades e intervenciones del imperialismo [v] .

Una de las principales virtudes de ese ensayo reside en su cuestionamiento sin ninguna ambigüedad del eurocentrismo y la cultura especular que para poder sobresalir debe reflejar pasivamente los brillos, las luces, las normas y criterios de consagración, los tics y las categorías de la mirada europea. Si hay un tipo de intelectual que recibe un golpe fulminante en la escritura de Caliban es el intelectual ventrílocuo, que mueve los brazos, la boca y la pluma sin voz propia o al menos reproduciendo una voz inocultablemente ajena.

Esa figura que mezcla la mentalidad colonial, el cipayismo y la sumisión sin el más mínimo beneficio de inventario ante la cultura de las grandes metrópolis capitalistas, falsamente presentada como “universal”, puede rastrearse en la crítica de diversos exponentes de la intelectualidad domesticada. Desde los más brillantes, refinados y eruditos (por ejemplo nuestro compatriota Jorge Luis Borges, por quien Fernández Retamar no deja de reconocer, a pesar de su ácida crítica, su sincera admiración, al punto de reunir años más tarde escritos suyos en una antología [vi] ), pasando por antiguos izquierdistas devenidos rápidamente en conversos (por ejemplo Carlos Fuentes) hasta segundones de tercera o cuarta línea (como es el caso del crítico literario Emir Rodríguez Monegal, quien se prestó mansamente a encabezar un emprendimiento cultural con dineros de la CIA). Todo ese abanico intelectual es impugnado en un mismo movimiento multicolor por el autor de Caliban.

¿Fue un error? Creemos que no.

Frente a esa mentalidad colonial, de quienes se sienten “el mejor alumno” por repetir mecánicamente lo que el magister europeo dictamina, Roberto defiende la necesidad de una intelectualidad crítica con mentalidad emancipada y fuertemente enraizada en el suelo popular. Pero no se queda en el cómodo y políticamente correcto “compromiso” (de todas formas, tan vilipendiado durante los años crueles del neoliberalismo y el posmodernismo). El programa político-cultural de Caliban va más allá. Comprometerse implica solidarizarse con alguien que sufre o padece, que lucha por una causa justa por la cual se experimenta cierta empatía y solidaridad pero… que en última instancia se sigue considerando ajena. El “compromiso” es con un “otro”. Fernández Retamar, en sus polémicas y en sus argumentos, realiza una entusiasta defensa del intelectual militante, no simplemente crítico ni meramente “comprometido”, sino orgánico del movimiento emancipador revolucionario. Eso fueron precisamente José Carlos Mariátegui y Ernesto Che Guevara; nada diferentes a Simón Bolívar y José Martí, o José de San martín y Mariano Moreno.

Fernández Retamar no habla ni escribe desde el vacío de una supuesta “esfera pública” incontaminada, incolora e insípida (equidistante y neutralmente valorativa), como propondría, para mencionar tan sólo un nombre significativo y famoso en el campo del pensamiento, Jürgen Habermas.

Tanto la crítica y las impugnaciones como la propuesta político cultural de Caliban se realizan desde la revolución cubana. La voz del autor no juega a ser portavoz “oficial” ni funcionario dócil. Fernández Retamar es sin duda alguna uno de los principales exponentes intelectuales de la revolución cubana.

Dejando a un costado cualquier simulación de neutralidad, su voz y su escritura interpelan al lector o la lectora desde una singular institución conocida como «Casa de las Américas» que en esos años se convirtió de hecho, bajo el liderazgo de Haydée Santamaría y del propio Fernández Retamar, en el puente cultural contrahegemónico que permitió abrir un diálogo y tejer múltiples alianzas con toda la rebeldía y las insurgencias de América latina (vínculo que había sido roto por el bloqueo económico, diplomático, político y militar impulsado hasta el día de hoy [2011] por Estados Unidos).

Aunque en ediciones y agregados suplementarios posteriores al Caliban original Roberto Fernández Retamar se esfuerza por contextualizar o matizar algunos componentes denuncialistas de su primera versión, nosotros consideramos que estas tres dimensiones (la crítica, la propuesta y el ángulo político insurgente asumido de manera explícita) continúan escandalosamente vigentes. Aquellos aspectos más disruptivos, iconoclastas e incluso chocantes que el recorrido atento de este ensayo permite entrever a un lector o lectora del siglo XXI, no fueron “errores”, “exabruptos” ni “exageraciones” personales de Roberto. Fue la revolución cubana en su conjunto —de manera abierta y radical en esos primeros doce años, luego con entonaciones diferentes que fueron variando en diversas coyunturas históricas— la que se animó a atropellar contra el canon de la cultura oficial, contra los estándares habitualmente tolerados por el arco de lo políticamente correcto, violentando en la teoría y en la práctica el horizonte de ese seudo “pluralismo” pegajoso y del progresismo ilustrado y bienpensante con que, todavía hoy, se sigue asfixiando, neutralizando y aplastando toda disidencia radical. En el siglo XXI esa tarea, por más que suene “exagerada” o genere crispación, permanece pendiente.

La dialéctica, de Sarmiento a José Martí

El trabajo de Fernández Retamar, no desprovisto de erudición ni de filología hermenéutica, nunca se limita a una mera indagación en los personajes de La tempestad (1611, la última gran obra de William Shakespeare) ni a la descripción de su recepción latinoamericana. Junto a los “personajes conceptuales” del teatro isabelino, por Caliban desfilan José Martí, Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, José Enrique Rodó, Julio Antonio Mella, Aníbal Norberto Ponce, Oswald de Andrade [vii] , Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Fidel Castro y el Che Guevara, entre muchos otros y otras de una extensa secuencia histórica. Todos intelectuales.

Lo que sucede es que la estructura íntima de esta obra gira, aún sin citarlo de manera explícita ni redundante (como se pondría de moda años después en el mundillo académico), en torno a la gran pregunta gramsciana: ¿cómo generar una intelectualidad revolucionaria que pueda crear el tejido ideológico de la hegemonía socialista y antiimperialista de Nuestra América?

Para responder esa pregunta, Fernández Retamar no apela a un esquema genérico ni a citas de los clásicos marxistas (modalidad muy común en la cultura de los manuales importados de la Unión Soviética, que comenzarían a predominar en Cuba a partir de 1972 hasta por lo menos 1986) [viii] . Ensayando una especie de sociología de la intelectualidad latinoamericana, Caliban recorre una serie altamente significativa de intelectuales emancipados y coloniales, antimperialistas y cipayos, revolucionarios y defensores del status dependiente de la cultura latinoamericana.

La matriz dialéctica inicial que Fernández Retamar recorta y propone para comenzar a desplegar ese tipo de ejercicio permanente de comparación y analogía por contraposición (sin caer nunca en visiones dicotómicas esquemáticas ni en antinomias simples propias de un discurso estructurado a partir de la lógica formal) está centrada en dos arquetipos fundamentales: Martí y Sarmiento [ix] . De allí que Caliban proporcione una aproximación fundamental para los debates de Argentina, al animarse a discutir sin tapujos las contradicciones de una de sus principales figuras históricas, emblema de toda la cultura oficial, de raíz burguesa y liberal, pero también de importantes segmentos de la izquierda marxista en sus diferentes familias internas [x] .

Si el paradigma dialéctico inicial elegido por Fernández Retamar se estructura a partir de dos modelos intelectuales del siglo XIX, el resto de su ensayo gira en torno al siglo XX. Siempre sobreimprimiendo estos acuciantes debates políticos sobre el fondo de los personajes de Shakespeare (recuperados, interpelados, resignificados y en última instancia «comidos» como buen antropófago en clave latinoamericana).

Mediante un diálogo socrático con Caliban Roberto nos va llevando desde Shakespeare y la conquista de América a las aporías irresueltas del siglo XIX, y de allí a los problemas de la cultura antiimperialista y la hegemonía socialista en el siglo XX (y XXI, ya que las últimas ediciones prolongan aquellas discusiones de 1971 hasta nuestros días).

¿Cómo termina el ensayo? Con un programa político cultural explícitamente guevarista, dialogando en voz alta con las reflexiones del Che, ya no como póster comercial o inofensivo icono pop, sino como interlocutor, teórico y pensador marxista de la revolución latinoamericana de nuestro tiempo. El guevarismo como programa para la cultura insurgente de Nuestra América. ¿Se entiende entonces por qué consideramos que este ensayo continúa vigente hoy en día?

Shakespeare, desde Nuestra América

Si nos detenemos en el punto de partida de Caliban, la primera interrogación que surge es, desde luego: ¿por qué Shakespeare, un autor inglés y europeo, para pensar nuestra cultura? Lo que sucede es que el ensayo de Fernández Retamar se inicia respondiendo la provocadora pregunta de un periodista europeo: “¿acaso existe una cultura latinoamericana?” [xi] .

Más allá de la existencia de aquel periodista —real o imaginaria, verídica o provocadora, da exactamente lo mismo— la elección de Shakespeare no es exclusiva de Roberto. Proviene del siglo XIX y principalmente del pensador uruguayo José Enrique Rodó [xii] . El Caliban de Fernández Retamar puede ser leído desde muchas perspectivas y ángulos, pero principalmente como un dilatado y extenso diálogo con el Ariel de Rodó. Aquella obra, publicada en 1900 (su autor tenía entonces 29 años), justo en el cambio de siglo, apela al simbolismo de las imágenes y personajes construidos por el dramaturgo isabelino en La tempestad para plantear una oposición irreductible entre América Latina y los Estados Unidos, potencia identificada como la encarnación mediocre y cuantitativa de un “mercantilismo corruptor” y de un despiadado despotismo imperial. No es casual que Rodó haya sido fuertemente conmocionado —como gran parte de los escritores vinculados al modernismo [xiii] — por la intervención norteamericana en la guerra entre Cuba y España [xiv] . Identificando a los Estados Unidos como el gran peligro para el porvenir y la independencia de América Latina, Rodó apela a los personajes simbólicos de Shakespeare, creyendo ver en Caliban la síntesis de todo lo detestable de la modernidad imperialista desplegada en forma expansiva desde los Estados Unidos —y su sociedad mediocre, cuantitativa, mercantil y vulgarmente materialista—; refugiándose al mismo tiempo en “la parte noble y alada del espíritu”, es decir, en la espiritualidad cualitativa de la cultura y el arte, condensados metafóricamente en el personaje Ariel [xv] .

“Quizás Rodó —apunta Benedetti— se haya equivocado cuando tuvo que decir el nombre del peligro, pero no se equivocó en su reconocimiento de donde estaba el mismo” [xvi] . Sólo por eso, aquel ensayo de Rodó merece pasar a la historia, aun cuando su prosa permanezca más vinculada al siglo XIX que al XX y pueda cuestionarse su interpretación de los personajes shakesperianos y su homologación errónea del imperialismo norteamericano con Caliban.

Fernández Retamar realiza una minuciosa historia de las diversas lecturas y hermenéuticas que fueron reconfigurando la significación política y cultural otorgada a cada personaje de la obra de Shakespeare. Lejos de la primera asimilación modernista (de Rubén Darío y Rodó) entre Caliban y Estados Unidos, la conclusión de su ensayo apunta a señalar que Caliban sintetiza y condensa como “personaje conceptual” el conjunto de problemáticas de los pueblos de América latina y el Tercer Mundo sometidos, explotados y sojuzgados por el imperialismo. “Nuestro símbolo no es pues Ariel, como pensó Rodó, sino Caliban” [xvii] .

A diferencia de lo que sucede con Caliban, en el caso del personaje Ariel, Fernández Retamar no cuestiona la interpretación habitual que lo identifica —desde el uruguayo Rodó y el cubano Julio Antonio Mella hasta el martiniqueño Aimé Cesaire, pasando por los argentinos Aníbal Ponce y Deodoro Roca, entre otros— con la figura del intelectual [xviii] .

Si la discusión tradicional sobre La tempestad —que Fernández Retamar recupera tomando partido y haciéndose eco de polémicas anteriores— ha girado en torno a la disyuntiva sobre qué representan Caliban y Ariel, en los últimos años un nuevo personaje de la obra, hasta ayer en segundo plano, ha ganado la atención y entrado en la palestra del debate. Se trata de la bruja Sycorax, madre de Caliban, que según Shakespeare “opera con hechizos, sapos, escarabajos y murciélagos” [xix] . Ese personaje endemoniado y aparentemente difuso, siempre opacado y en un segundo plano, es recuperado con gran acierto y lucidez por el pensamiento feminista marxista de nuestros días [xx] .

Los conversos y su obsesión contra la historia

Uno de los tantos pasajes altamente sugerente (aunque escasamente transitado) del libro de Fernández Retamar es su intervención crítica y polémica hacia el escritor mexicano Carlos Fuentes [xxi] .

Se conoce que este famoso intelectual y novelista mexicano, ideólogo de la revista Mundo Nuevo financiada por la CIA y la Fundación Ford, ha sido un converso, como tantos otros. También se sabe que ha formado parte de todo un elenco que alquiló su pluma al servicio de causas poco nobles (staff en el que Retamar incluye a Guillermo Cabrera Infante, Emir Rodríguez Monegal, Severo Sarduy, entre otros). Pero a lo que se le ha otorgado inexplicablemente poca atención es a la especificidad de su intento de elaboración de argumentos para legitimar sin culpas su conversión hacia la derecha y su abandono de antiguas simpatías izquierdistas.

Fuentes se esfuerza por ridiculizar lo que denomina, peyorativamente, “la vieja obligación de la denuncia” (un eufemismo para rechazar el ejercicio del pensamiento crítico de escritores en particular e intelectuales en general). Lo hace a partir de ciertos ademanes estructuralistas, por entonces a la moda. “Sólo a partir de la universalidad de las estructuras lingüísticas pueden admitirse, a posteriori, los datos excéntricos de nacionalidad y clase”, afirmaba el mexicano hacia fines de los ‘60.

No es este el lugar para profundizar en la epistemología implícita en ese tipo de aseveraciones teóricas. Pero sí resulta útil identificar y destacar el estilo de pensamiento y de método común a varias generaciones de intelectuales conversos, que habitualmente comienzan en la rebeldía de izquierda y terminan en la derecha, la institucionalidad y la comodidad mediocre del orden establecido.

Al leer la argumentación de Fuentes (y la crítica de Fernández Retamar) nos sorprendimos. Porque un par de décadas más tarde, nos volvemos a chocar prácticamente con los mismos lugares comunes de Fuentes en las justificaciones de otra camada intelectual, en este caso argentina, también proveniente del marxismo y convertida con entusiasmo a la socialdemocracia [xxii] . Si en Fuentes el señuelo teórico de la conversión política residía en el estructuralismo lingüístico; en este último caso, la apelación al abandono de los criterios metodológicos marxistas, del análisis de clase, por un lado, y de toda perspectiva antimperialista, por el otro, se fundamentaba en una lectura sesgada de Michel Foucault.

Desde ese ángulo, una parte significativa de este elenco argentino postulaba una visión posestructuralista de la historia como si ésta consistiera en el suceder azaroso y caprichoso de “capas geológicas” sin ninguna conexión ni continuidad entre sí. En nombre de la crítica de una concepción hegeliana (basada, supuestamente, en el “mito del origen” y en la teleología), se terminaba prescribiendo el abandono de cualquier aproximación unitaria a la historia de Nuestra América, a la continuidad de sus luchas y resistencias a lo largo de períodos extensos, incluso de siglos; en consecuencia se terminaba negando la supervivencia de cualquier tradición (que no sea la del mercado y la “democracia” tal como ellos la entienden…).

De ese modo la historia termina académicamente descuartizada década por década (muy al estilo de los proyectos de investigación universitarios, donde jamás hay continuidad entre una época y otra; cuanto más detallista, descontextualizada y despolitizada la investigación, mejor, más posibilidades de obtener dinero y financiación tiene).

En nombre del “paradigma” (Thomas Kuhn), la “formación discursiva” (Michel Foucault) y la “problemática” (Louis Althusser), esa metodología de estudios de historia intelectual destaca y pone en relieve únicamente los cortes y la discontinuidad… obturando y cancelando de antemano —sin investigación previa, por puro prejuicio universitario— cualquier posibilidad de articular vasos comunicantes entre luchas y resistencias populares de diversas épocas. Sin ninguna posibilidad de encontrar una mínima continuidad y racionalidad en la historia, se esfuma cualquier construcción de una identidad política colectiva en la lucha de nuestros pueblos e incluso hasta la existencia misma de nuestra cultura. De allí que todo el ensayo Caliban comience intentando responder la pregunta: “¿acaso existe una cultura latinoamericana?”.

Si no hay identidad política y cultural, tampoco hay sujetos y sin sujetos no hay resistencia ni revolución. Eso es en definitiva lo que esta gente pretende cuestionar e impugnar [xxiii] .

¿El gran presupuesto de toda esta operación ideológica contra el marxismo, convertida institucionalmente en “programa de historia intelectual”? La apología acrítica del “especialista profesional” y el rechazo explícito de toda politización y militancia revolucionaria de la intelectualidad universitaria [xxiv] . De un lado el “campo intelectual” y del otro el “campo político” (Pierre Bourdieu, leído en clave sesgadamente profesionalista). De un lado la Academia, del otro lado y bien lejos, la revolución. Divorcio aplaudido como el mejor de los mundos posibles.

Con ese tipo de argumentos, tan similares a los defendidos por Carlos Fuentes y criticados en Caliban por Roberto Fernández Retamar, toda una franja de antiguos militantes izquierdistas, marxistas y revolucionarios, se pasaron a las filas de la socialdemocracia tras las dictaduras militares del cono sur y se replegaron en la universidad.

Por eso, para quien escribe estas líneas desde el sur de Nuestra América, resulta tan sugestivo releer una vez más Caliban. En su inteligente rechazo de las argumentaciones “puramente literarias” de Carlos Fuentes, Fernández Retamar adelanta en 1971 el núcleo central de las críticas a muchos conversos y ex izquierdistas de décadas posteriores…

¿Tienen derecho los conversos a cambiar de bando en las luchas sociales para vivir más cómodos? ¡Por supuesto que sí! ¿Tenemos derecho a no acompañarlos en su deserción y a sospechar de sus relatos apologéticos y autojustificatorios, disfrazados de “cientificidad académica profesional”? Si se deja de lado la mala fe, creemos que se nos debe conceder una respuesta igualmente positiva.

A contramano de esa metodología anti-dialéctica (utilizamos la expresión “anti” porque explícitamente se conforma como una arremetida en toda la línea contra el pensamiento dialéctico), para nosotros la historia no consiste en un caprichoso suceder de capas geológicas sin ninguna conexión entre sí (recordemos las aseveraciones en este sentido que hizo Michel Foucault en su Microfísica del poder). La historia tampoco constituye “un proceso sin sujeto” (como plantea Louis Althusser en su libro Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis).

Según nuestro modo de comprender, la historia constituye el resultado contingente de la praxis colectiva en la lucha de clases. Por sí misma, según nos enseñaron Marx y Engels en La ideología alemana, ella no hace nada. La historia es el ámbito donde actúan los sujetos. En ese accionar, se producen derrotas y victorias, hay cortes pero también continuidades. Luego de feroces represiones, matanzas y genocidios, los vencedores pretenden decretar “el fin de la historia” (Hitler, Francis Fukuyama, el Pentágono). Contra esa visión oficial, es tarea de los vencidos “pasarle el cepillo a contrapelo a la historia”, recuperar las luchas del pasado, la memoria de quienes nos antecedieron (Walter Benjamin) y así poder construir una identidad cultural y política colectiva como pueblos en lucha y resistencia [xxv] .

Esta concepción de la historia nos permite abordar nuestra cultura a partir de las luchas históricas, sin fetichismo de los particularismos ni metafísicas deterministas al margen de los sujetos. Las figuras conceptuales que Roberto Fernández Retamar modela en su Caliban se vuelven inteligibles y dan cuenta, precisamente, de la historia de la colonización y la resistencia de nuestro continente en función de un proyecto colectivo futuro.

Caliban y las insurgencias del siglo XXI

El ensayo de Fernández Retamar concluye proponiendo un programa para la cultura insurgente de Nuestra América, basado en las reflexiones de Fidel sobre la cultura —en los cuales el líder histórico de la revolución cubana se opone a asimilar la noción de “intelectual” con la de un grupo restringido de “hechiceros”, con un ademán desacralizador que mucho hace recordar los Cuadernos de la cárcel— y fundamentalmente en los escritos y discursos del Che Guevara. Desde “El socialismo y el hombre en Cuba” (donde Guevara reflexiona —cuestionando el realismo socialista y discutiendo sobre las vanguardias— acerca de los artistas, los becarios y otros intelectuales) hasta su célebre reclamo de que todo el mundo cultural y universitario de Nuestra América “se pinte de negro, de mulato, de obrero y de campesino”, es decir, de pueblo. En palabras de Roberto, el Che “le propuso a Ariel, con su propio ejemplo luminoso y aéreo si los ha habido, que pidiera a Caliban el privilegio de un puesto en sus filas revueltas y gloriosas” [xxvi] .

Cuatro décadas más tarde de aquellas últimas palabras proféticas con las cuales Fernández Retamar da la última pincelada a su ensayo, el programa político-cultural que estructura el discurso anticapitalista y antiimperialista de Caliban sigue quemando. La revolución no pasa de moda. Sus impugnaciones radicales, no fueron “crispaciones” propias de una época ya fenecida en tiempo y espacio, ni tampoco pecadillos infantiles, que habría que aggiornar o directamente abandonar en aras de una amplitud —«sin fronteras», según aquella vieja y triste expresión de Roger Garaudy— subordinada a la razón de Estado y a las conveniencias diplomáticas del momento actual. No. La perspectiva radical, tercermundista, crítica del capitalismo y el imperialismo, continúan siendo nuestro faro y nuestra brújula en las aguas turbulentas del siglo XXI. Seguimos marchando colectivamente en búsqueda de la tierra prometida y combatiendo contra los molinos de viento del capital. A veces cometemos errores o nos convertimos, involuntariamente, por nuestras propias limitaciones, en la armada Brancaleone. Otras, en cambio, logramos construir fuerzas sociales insurgentes con proyectos serios y a largo plazo. Pero siempre vamos, porfiados, en la misma dirección. No nos detendrán.

En estos tiempos Próspero (sojuzgador de Caliban en La tempestad) es más lúcido, cínico y astuto que en los años ’60 y ’70. Se disfraza de “progresista” para mantener a raya al pueblo e institucionalizar sus demandas radicales. Si en la obra de Shakespeare Caliban adoptó el lenguaje de Próspero, en nuestra época este último incorpora símbolos de rebeldía calibanesca para aggiornarse, mediante una revolución pasiva, manteniendo intactas las estructuras de la dominación, explotación, marginalidad y dependencia.

Hoy más que nunca Caliban necesita estrechar lazos con Ariel (el amauta de la isla) para emprender la batalla cultural contrahegemónica. Mariátegui propuso superar a Rodó [xxvii] , pero su reelaboración del marxismo en clave cultural (no economicista), permitiría tranquilamente identificar en la figura del amauta —el saber colectivo de la comunidad— a un Ariel resignificado desde los pueblos originarios y desde la tradición de Nuestra América. El programa de Amauta (la revista de Mariátegui) recupera y supera el Ariel dejando caer todo lastre de tentación aristocratizante o marca eurocéntrica (como cierto culto a Grecia que aun sobrevive en Rodó [xxviii] ). No es Grecia el subsuelo presupuesto en las insurgencias y los combates emancipadores de Caliban sino los pueblos originarios insumisos y la clase trabajadora en lucha.

A despecho de lo que decretaron los relatos posmodernos, multiculturales y posestructuralistas (que no nacieron, dicho sea de paso, ni en la selva Lacandona ni en las favelas, villas miserias o cantegriles de Nuestra América, sino en lo más elitista y snob de la Academia parisina y neoyorkina), Caliban no ha desaparecido. El sujeto no se ha esfumado en un abanico indefinido y polvoriento de inofensivos juegos de lenguaje. Por el contrario, hoy Caliban tiene muchos hijos e hijas, cada vez más rebeldes. La revolución cubana ya no está sola como cuando Roberto Fernández Retamar escribió su Caliban. La isla, perdón, quise decir, Nuestra América, está poblada por indomesticables calibanes. Próspero, a pesar de su keynesianismo armamentístico de “guerra infinita”, su gigantesco complejo industrial-militar y sus marines con mal aliento, tiene miedo. Por eso cada vez se pone más agresivo y guerrerista, instalando siete nuevas bases militares en Colombia tratando de frenar infructuosamente a la insurgencia comunista y bolivariana de las FARC-EP (y al ELN).

Mientras tanto lanza su IV flota imperial a recorrer y vigilar los mares, preparándose para futuras invasiones y bombardeos que van dejando tras de sí una estela tenebrosa de miles y miles de cadáveres (Afganistán, Irak, Libia, etc, etc). En nombre de la libertad, generaliza la vigilancia cibernética de todos los ciudadanos y a escala mundial, metiéndose en la vida privada de todas las personas, instalando cámaras de control cada medio metro, en cada cuadra, cada manzana y cada esquina, inspeccionando quien retira qué libro en cada biblioteca del planeta con una obsesión que haría sonrojar de vergüenza por su timidez al senador McCarthy. Su lupa gigantesca —repleta de satélites espías e infinitos programas de control— tiene bajo la mira la totalidad de la vida humana en el globo terráqueo. Ya no hay conversación que no sea escuchada ni persona que no sea fotografiada y clasificada.

En ese ambiente represivo y macartista que mucho se parece a 1984 y otras novelas de futurología antiutópicas, si hay una nueva tempestad será mucho peor que la que describió Shakespeare en su obra de teatro. Este sistema capitalista, sanguinario, totalitario y mugriento con su civilización depredadora, no sólo superexplota a la clase trabajadora, degrada a las mujeres, somete y humilla a infinitos pueblos del mundo. Por si acaso todo eso no alcanzara, además ha destruido el ecosistema y el clima, ya no sólo en la isla de La tempestad sino en todo el planeta.

Sí, en lo oscuro de la noche Próspero se pone nervioso, tiembla y teme. Los calibanes se multiplican bajo su bota prepotente y comienzan a moverse, con paciencia de hormiga y persistentemente a lo largo del tiempo. Las demandas de cambio se manifiestan a través de diversas formas de lucha, desde experiencias institucionales como el proceso bolivariano en Venezuela (con todas sus contradicciones internas), pasando por movimientos sociales de masas (como el Movimiento Sin Tierra de Brasil, entre otros) hasta el accionar de la insurgencia político militar (que no ha desaparecido ni es un “recuerdo nostálgico” de los años ’60). Permanece aún pendiente la construcción de una coordinación continental que reagrupe y aglutine esas variadas formas de lucha como proponía un muchacho de mi barrio llamado Lenin. Para ello habrá que superar sectarismos, pero también oportunismos reciclados en nombre de la “conveniencia diplomática”.

Esa lucha no queda reducida a Nuestra América. Allá, apenas un par de pasitos más lejos y al otro lado del agua, sigue resistiendo de pie y gran dignidad la justa lucha de nuestros hermanos palestinos y el pueblo vasco que reclama, con terquedad, independencia y socialismo, mientras en Europa, en el norte de África e incluso al interior de los mismos Estados Unidos se generalizan la indisciplina social, las protestas radicales y la desobediencia civil.

Tanto Caliban como sus hijos y sus hijas, en Nuestra América y en todo el mundo, deberán rechazar los cantos de sirena que hoy los invitan —en nombre de la razón de estado, del pragmatismo geopolítico e incluso del mercado convertido en nueva panacea— a volver con la cabeza gacha al regazo de Próspero.

Una de las grandes tareas del Ariel amautense o del amauta arielizado consiste en crear los instrumentos culturales y teóricos contrahegemónicos que permitan, con eficacia y suficiente atractivo para la juventud, contrarrestar esos envenenados cantos de sirenas. Nada mejor que los saberes rebeldes de las brujas insumisas de Nuestra América para combatir el encantamiento fetichista de las sirenas mercantiles. Caliban contra Próspero. Las brujas desobedientes contra las sirenas del marketing. Ariel, transformado en amauta insurgente, contra la mediocridad de los tartufos mediáticos promovidos por el imperio del dólar y el euro.

Gran razón tenía el Manifiesto Comunista de Marx y su amigo, Federico Engels. La historia latinoamericana (y mundial) no es más que la historia de la lucha de las clases y pueblos sometidos contra el poder. De eso se trata.

En pleno siglo XXI, Caliban salió de la isla y comenzó a luchar contra Próspero en todo el continente. Pero ya no pelea aislado sino en compañía y estrecha unidad con la bruja y con Ariel. Sólo la convergencia estratégica de los tres en un nuevo bloque histórico —como enseña Antonio Gramsci— podrá derrocar el poder económico, político y militar de Próspero.

Es esa alianza estratégica entre Caliban y el amauta (Ariel resignificado), articulada con los saberes sometidos y el cuerpo explotado de la bruja, la única que podrá enfrentar al feroz imperialismo de Próspero. La rosa blindada, símbolo de la cultura insurgente que los une, servirá para enfrentar con valor y decisión la violencia sistemática del capital.

Hoy el capitalismo, en medio de su crisis civilizatoria, asume con cinismo la pose de “tolerante”, “humanitario”, “pluralista” y “multicultural”. Si logramos mirar más allá de la punta del zapato, de poco le servirá ese disfraz.

La insurgencia popular y la revolución que pronto hará justicia continúan su marcha. Al lado nuestro vienen todos nuestros muertos y desaparecidos. Siguen sonando los tambores de la rebelión. Cada vez se escuchan más fuerte y más cerca. Los poderosos están nerviosos y tienen miedo, por eso aumenta su agresividad. Próspero sabe que a largo plazo perderá ya no sólo la isla sino todo el continente y el mundo.

Boedo, julio de 2011

NOTAS


[i] El trabajo fue publicado originariamente en el Nº68 de la revista cubana Casa de las Américas, en septiembre-octubre de 1971, bajo el título colectivo: “Sobre cultura y revolución en la América latina”. Ese número de la revista era el tercero dedicado a las discusiones del caso Heberto Padilla y todo el debate que se generó a partir de una carta pública redactada por Vargas Llosa y suscripta por varios intelectuales en Europa que cuestionaban la encarcelación de ese escritor.

[ii] La primera que utilizamos fue Caliban. Incorporado al libro Para el perfil definitivo del hombre. La Habana, Letras Cubanas, 1995. pp. 128-181. La segunda Todo Caliban. Chile, Cuadernos Atenea, 1998. La tercera Todo Caliban [Prefacio de Fredric Jameson]. Buenos Aires, CLACSO, 2004.

[iii] Hemos reconstruido las líneas centrales de esos debates en nuestro ensayo: “ La pluma y el dólar. La guerra cultural y la fabricación industrial del consenso”. En Casa de las Américas Nº 227. abril-junio 2002. Sobre esta misma problemática puede además consultarse con provecho María Eugenia Mudrovcic: «Mundo Nuevo». Cultura y Guerra fría en la década del ’60. Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1997 (estudio focalizado en el caso latinoamericano) y el formidable volumen de Frances Stonor Saunders: La CIA y la guerra fría cultural. Madrid, Editorial Debate, 2001 (donde se privilegia el abordaje de Europa y los Estados Unidos) .

[iv] Hemos tratado de profundizar en esas diversas fases políticas y culturales en nuestro ensayo “«Pensamiento Crítico» y el debate por las ciencias sociales en el seno de la Revolución Cubana”. Recopilado en AAVV: Crítica y teoría en el pensamiento social contemporáneo . Buenos Aires, CLACSO, 2006. pp.389-437. También hemos intentado delimitar y recorrer esas épocas políticas y culturales en un libro pedagógico dedicado a sistematizar la historia de la revolución cubana, desde José Martí a Fidel Castro [titulado Fidel para principiantes. Buenos Aires, Longseller, 2006. Traducido al inglés como Fidel: A Graphic Novel Life of Fidel Castro. New York, Seven Stories, 2009. (Edición cubana en preparación)].

[v] Aun manteniendo idéntico ángulo y perspectiva (antiimperialista y anticapitalista) para la cultura, no podemos desconocer ni soslayar algunos cambios notables en los escenarios e instituciones de confrontación. Si en tiempos de la redacción de Caliban la principal penetración de los aparatos de inteligencia estadounidense giraba en torno a los espacios de crítica literaria (donde se ubican las revistas, financiadas por la CIA y la Fundación Ford, Cuadernos y Mundo Nuevo) y alrededor de los programas de ciencias sociales (en cuyo seno aparecían los proyectos “Camelot” y “Marginalidad”, con los mismos mecenazgos norteamericanos encubiertos); durante los últimos años el interés político, la forma de intervención y el financiamiento de las agencias del imperialismo se desplazaron hacia ONGs y organizaciones supuestamente “humanitarias”, como la NED [ National Endowment for Democracy ] y USAID [U.S. Agency for International Development] . Para el caso de las ciencias sociales en los años ’60 véase la revista cubana Referencias N°1 (volumen 2, mayo-junio de 1970), número temático íntegramente dedicado a la temática: “Imperialismo y ciencias sociales”. Referencias era una publicación editada formalmente por el Partido Comunista de Cuba de la Universidad de La Habana y salía en forma paralela a Pensamiento Crítico. Para identificar los desplazamientos actuales de la forma de operar del imperialismo, v éase Eva Golinger y Jean Guy Allard: USAID, NED, CIA, la agresión permanente. En:

http://www.rosa-blindada.info/b2-img/agresionpermanente.pdf

[vi] Pueden consultarse los diversos escritos y estudios de Roberto Fernández Retamar sobre Borges en su libro Fervor de la Argentina. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1993. pp. 29-44.

[vii] Sobre quien se explaya en un artículo posterior titulado “Caliban ante la atropofagia” (1999, incorporado como suplemento a la edición de 2004 ya citada).

[viii] Véase nuestra entrevista a Fernando Martínez Heredia “ Cuba y el Pensamiento Crítico”. La entrevista fue realizada en La Habana el 19 de enero de 1993, publicada en Dialéktica Nº 3-4, Buenos Aires, octubre de 1993 y reproducida en América libre Nº5, junio de 1994. Incorporada a nuestro libro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires , Biblos, 2000. Prólogo de Michael Löwy. Reedición cubana con prólogo de Armando Hart Dávalos. La Habana, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2008.

[ix] Muchos años después, Roberto Fernández Retamar volverá sobre esa comparación, principalmente en su ensayo Algunos usos de civilización y barbarie. Buenos Aires, Contrapunto, 1989, reeditado, también en Buenos Aires, en 1993 por Letra Buena.

[x] Debemos recordar que en Argentina no sólo la tradición del viejo Partido Socialista (fundado por Juan Bautista Justo en 1896) fue sarmientina. También el Partido Comunista —escisión del socialismo nacida en 1918— bebió de las mismas fuentes. Su máximo pensador y teórico, Aníbal Norberto Ponce (de gran influencia en el joven Ernesto Guevara), le dedicó incluso varios de sus libros e hizo suyas muchas de las equivocaciones de Sarmiento (al final de su vida, en su exilio mexicano, Ponce comenzó a revisar su adhesión a las tesis racistas y coloniales de Sarmiento y publicó cinco artículos titulados “La cuestión indígena y la cuestión nacional”, México, 17 de noviembre de 1937 al 4 de febrero de 1938). Su temprana muerte le impidió continuar esa fértil reflexión que descolocaba totalmente el paradigma sarmientino de “civilización o barbarie”. Véase Aníbal Ponce Obras completas. Buenos Aires, Cartago, 1974. Tomo 4, pp. 657-667. Pero no sólo el socialismo y el comunismo argentinos fueron entusiastamente sarmientinos. Hasta un intelectual de inspiración trotskista dotado de gran erudición historiográfica —probablemente uno de los principales exponentes de esta constelación política, ubicada a la izquierda del PS y del PC—, terminó rindiendo homenaje y tributo a Sarmiento (aunque leído en este caso como un intelectual moderno carente de una burguesía pujante que pudiera llevar a cabo su proyecto modernizador). Véase Milcíades Peña: Alberdi, Sarmiento, el 90 . Buenos Aires, Editorial Fichas, 1973. Al menos en estas tres corrientes de izquierda Sarmiento fue hegemónico. Para una mirada mucho más atractiva y sugerente, realizada desde el marxismo, pero con un punto de vista crítico, creemos que la obra de David Viñas resulta fundamental. Véase David Viñas: De Sarmiento a Cortázar. Buenos Aires, editorial Siglo Veinte, 1971 y De Sarmiento a Dios. Buenos Aires, Sudamericana, 1998.

[xi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 19.

[xii] Antes que Rodó, Ernest Renan (1878) y Paul Groussac (1898), entre otros, habían apelado a La tempestad para pensar los problemas políticos y culturales contemporáneos pero en Rodó el planteo analógico alcanza realmente otra dimensión.

[xiii] Véase Roberto Fernández Retamar: “Modernismo, 98, subdesarrollo”. En Para el perfil definitivo del hombre. Obra citada. pp.120-127. En ese movimiento (nacido antes en Nuestra América que en España), además de Rodó, obviamente se encuentran Rubén Darío y uno de sus principales iniciadores, José Martí. Véase nuestra introducción al libro de Armando Hart Dávalos: Marx, Engels y la condición humana. Una visión desde Latinoamérica. Melbourne, Ocean Press, 2005. “La vitalidad del pensamiento radical latinoamericano”. pp. 3-17. A través de los manifiestos de la Reforma Universitaria de 1918 nacida en Córdoba, esa prédica modernista prolonga sus ecos y entonaciones antimperialistas en todo el continente y a lo largo de varias décadas del siglo XX. Hemos tratado de mostrar el modo en que la Reforma Universitaria jugó el papel de mediación entre el modernismo de fines del siglo XIX y la cultura antiimperialista del siglo XX en un caso emblemático: el del redactor del Manifiesto fundacional de todo el movimiento en 1918. Véase nuestro libro Deodoro Roca, el hereje. (El máximo ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918 hoy olvidado por la cultura oficial). Buenos Aires, Biblos, 1999. pp.17 y sig.

[xiv] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1966. p. 39.

[xv] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Buenos Aires, Losada, 1996. pp. 49-50. También Rubén Darío homologó a Caliban con Estados Unidos.

[xvi] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Obra citada. p. 95.

[xvii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.33

[xviii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.34 y sig.

[xix] Véase William Shakespeare: La tempestad. En Obras completas [traducción y estudio preliminar de Luis Astrana Marín]. Madrid, Aguilar, 1951. p. 2034.

[xx] Para una discusión de los personajes, leídos al mismo tiempo en clave feminista y marxista (desde un ángulo crítico con el feminismo liberal y posmoderno), véase el excelente libro de Silvia Federici: Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid, Traficantes de sueños, 2010. Principalmente p.288 y sig. Una obra contundente, demoledora y de largo aliento que permite repensar no sólo los personajes de Shakespeare analizados por Fernández Retamar en Caliban sino incluso El Capital y la concepción materialista de la historia de Marx y todo el sojuzgamiento de América Latina y el Tercer Mundo.

[xxi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. pp.56-60.

[xxii] Se trata de todo un conglomerado intelectual —de orígenes diversos, pero unificado en su variedad por el común rechazo de sus antiguas militancias marxistas—, agrupado en torno al Club de Cultura Socialista, de inspiración socialdemócrata y de llegada directa a varios gobiernos, universidades y editoriales en Argentina.

[xxiii] No es casual que uno de los principales exponentes teóricos de toda esta constelación ideológica, el profesor Oscar Terán (autor de una obra muy prolífica e impulsor de varios proyectos institucionales de historia intelectual, principalmente en las universidades de Argentina y México, donde ha hegemonizado a varias camadas de investigadores académicos) comience uno de sus libros de esta manera: “Precisamente si alguna vez reconsiderara algunos de los contenidos de la interpretación sobre Mariátegui aquí sustentados, la noción de «revolución» debería ser uno de los objetos teóricos sujetos a revisión”. Véase Oscar Terán: Discutir Mariátegui. México, Universidad Autónoma de Puebla, 1985. pp. 9-10. El mismo criterio lo condujo a revisar e impugnar el conjunto de la cultura de izquierda revolucionaria en Argentina (donde él comenzó militando de joven, cuando integraba una organización guerrillera marxista) en su libro Nuestros años sesentas. Buenos Aires, Puntosur, 1991. La metodología —obviamente crítica del marxismo y la dialéctica y deudora del “giro lingüístico” que convierte a todas las luchas en inofensivos “objetos de discurso”—, que se encuentra presupuesta en este singular “Programa de historia intelectual”, puede encontrarse explicitada en la selección y presentación de Oscar Terán a Michel Foucault: El discurso del poder. México, Folios Ediciones, l983.

[xxiv] Sobre este fenómeno, que evidentemente no es exclusivo de América Latina, resulta aleccionadora la reflexión de Fredric Jameson en su “Prefacio a la edición estadounidense” de Caliban [Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989]. Véase Todo Caliban. Obra citada. Particularmente p. 13.

[xxv] Hemos tratado de desarrollar este argumento en Nuestro Marx. Caracas, Misión Conciencia, 2011. pp. 68, 472-474 y sig.

[xxvi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 71.

[xxvii] Véase José Carlos Mariátegui: “Aniversario y balance”, Editorial de Amauta, 1928. En José Carlos Mariátegui: Obras . La Habana, Casa de las Américas, 1982.

[xxviii] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Obra citada. Las referencias a Grecia, entendida como modelo arquetípico de “la cultura” opuesto a “la civilización” de los Estados Unidos (un motivo común a gran parte de los exponentes del modernismo latinoamericano), pueden encontrarse en pp. 54, 67, 80, 111 y 130.

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La burocracia intelectual de la guerra y la creación de una nueva historia oficial sobre la violencia

Renán Vega Cantor Rebelión

Con la mal llamada Ley de Víctimas se abre el camino a una nueva historia oficial, cuyo relato se centra en negar las causas históricas del conflicto armado en Colombia y se fortalece una memoria oficial, la de la oligarquía colombiana, una memoria mutilada y fragmentada que sirve al capitalismo salvaje a la colombiana para presentarse como una victima más de la guerra y ocultar su protagonismo como el responsable del genocidio continuado que ha desangrado a este país durante los últimos 65 años.

La llamada ley de Víctimas es un decreto demagógico e insustancial que no ataca los problemas de fondo que han originado la tremenda impunidad que encubre el terrorismo de Estado, entre otras razones porque el Estado no asume ninguna responsabilidad en la violencia, como si hubiera sido, y lo siguiera siendo, una mansa paloma. En la mencionada ley se incurre en el esperpento de señalar que hasta los militares forman parte de las víctimas (Artículo 3, parágrafo 1º). Tamaño despropósito no se compadece con la historia de horror en que se han visto involucrados los cuerpos represivos del Estado en los últimos 50 años, sobresaliendo como el hecho más reciente los denominados “falsos positivos”, un nombre elegante para referirse al asesinato de más de tres mil colombianos por parte del Ejército.

Cuando se plantea el asunto en estos términos, se está incurriendo en una tremenda falsificación de la historia colombiana, para negar las raíces históricas del conflicto interno y para ocultar la responsabilidad de las clases dominantes y de su Estado en la perpetuación de la violencia en este país hasta el momento actual.

Para hacer posible esta maniobra orquestada de maquillaje han sido funcionales la mayor parte de los violentoólogos y de los pazólogos (expertos en la paz) una gran cantidad de los cuales fueron uribistas, y ahora son santistas. Estos violentólogos, unos verdaderos mercenarios en el campo del intelecto, se han dado a la tarea de lavarle la cara al capitalismo criollo, a cambio de unas cuantas migajas. Estos violentólogos son los que han hecho del tema de la violencia no tanto un asunto de reflexión sino una forma de vivir. Para ello, han creado ONG’s, fundaciones, institutos de investigación, a través de las cuales han recibido cuantiosos fondos en moneda dura (léase euros o dólares) de entidades ligadas en forma directa con los intereses imperialistas, como la Fundación Ford, la Unión Europea y la USAID, entre otras.

Esos violentólogos se autoproclaman como los representantes de la “sociedad civil”, una noción por completo insustancial y sin sentido alguno, pero que les sirve para presentarse como “intelectuales de avanzada” y obtener reconocimiento tanto dentro como fuera del país, lo que es otra forma de decir que se cotizan en el mercado del conocimiento como los expertos número uno en el tema de la violencia, a cambio de lo cual obtienen cuantiosos dividendos. Son los mismos que aparecen como “expertos” en todos los asuntos que guardan relación con la guerra y la paz y continuamente son invitados por canales de televisión a que den sus doctas opiniones, en las cuales difícilmente se encuentra una idea crítica del capitalismo criollo, algo que ha desaparecido por completo de su imaginario. Se han convertido en asesores de presidentes, ministros o alcaldes en materia de seguridad y brindan consejos al respectivo “príncipe” sobre la forma como deben hacer la guerra y le dan sugerencias al Ejército sobre las tácticas y estrategias más eficientes que deben emplear en el campo de batalla para salir triunfadores, al tiempo que piden que se inviertan más recursos en comprar aviones y helicópteros para bombardear a la gente del campo, así como alaban todos los resultados “positivos” de las acciones contrainsurgentes y el refinamiento en el “arte” de matar por parte del Estado.

Estos mismos violentólogos se convirtieron en una de las columnas centrales, de tipo ideológico, del régimen uribista y ahora continúan por esa misma senda durante el régimen santista. Uno de sus “teóricos” de cabecera vendió la idea que Colombia es una democracia asediada por los violentos y el Estado es una de las victimas y luego puso en circulación la ocurrencia funcional del uribismo de que nos encontramos en la etapa del posconflicto. Ese mismo individuo presidió durante los ocho años de AUV la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) y ahora, como para que no quede duda del carácter burocrático de su labor, forma parte de la junta directiva del Fondo de Víctimas de la Corte Penal Internacional (CPI).

En la práctica, esos violentólogos contribuyeron a escribir una nueva historia oficial de la violencia en Colombia, muy en sintonía con la llamada “historia revisionista”, que practica un individuo como Eduardo Posada Carbo (ver ese conjunto de ocurrencias sin sentido histórico que se encuentran en ese libelo de mal gusto titulado La nación soñada), que pretende convencernos que este país es un remanso de paz, democracia y libertad, con unas instituciones sólidas y, además, se deleitan en alabanzas a la Constitución de 1991 como el máximo logro de nuestra pretendida civilidad.

Esos violentólogos han copado los pocos espacios de opinión que existen en este país. Son indistintamente “investigadores” o “directores de investigación” de proyectos avalados por COLCIENCIAS, por la ONU o por cualquier ente burocrático nacional o extranjero, siempre y cuando entreguen dinero, manejan departamentos y programas académicos en universidades públicas y privadas (el IEPRI de la Universidad Nacional, Departamentos de Ciencias Políticas, Corporación Nuevo Arco Iris…). Los periódicos y revistas tradicionales de la oligarquía (El Tiempo, El Espectador, El Colombiano, Semana…) les han abierto sus páginas para que escriban columnas en las que, codeándose con sicarios de pluma de la extrema derecha, alaben al Estado colombiano, al Ejército, al Plan Colombia, a la intervención estadounidense como medidas necesarias para acabar con el “terrorismo”, porque con muy contadas excepciones, el grueso de los violentólogos ha asumido la misma matriz analítica de las clases dominantes de este país y del imperialismo.

No por casualidad, los violentólogos y pazólogos han contribuido a difundir el término de “victimas” para referirse indistintamente a antagónicos sectores sociales y políticos, porque con este lenguaje lastimero se le quita el carácter político y consciente de lucha a sujetos que han resistido la opresión y han defendido su dignidad (y por eso sería mejor llamarlos vencidos) y para cerrar el cuadro se le asigna el mismo carácter a quienes han enfrentado la injusticia (ubicados en el espectro político en la izquierda y pertenecientes a comunidades campesinas, indígenas o de trabajadores), como a los que forman parte de organismos criminales por excelencia (como son las fuerzas armadas de Colombia).

Ahora, para completar, la Ley de Victimas va a fundar una extendida burocracia en diversos ámbitos, entre la que sobresale la creación de un Sistema Nacional de Atención a las Victimas, que reemplaza a la inútil Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Pero también, y es lo que debe subrayarse, se crean otras entidades burocráticas como el Centro de Memoria Histórica, “adscrito al Departamento Administrativo de la Presidencia de la República” (artículo 146). Aunque en el Parágrafo del artículo 143 se afirme que las instituciones del Estado no impondrán una historia o verdad oficial, la creación de un Centro de Memoria Histórica, ligada de manera directa a la Presidencia de la República, apunta en la dirección de fortalecer una visión oficial de la historia de la violencia en Colombia, versión que, por lo demás, ya aparece en la Ley de Victimas, porque allí ni el Estado, ni sus cuerpos represivos, ni las clases dominantes son responsables de la violencia y el terrorismo oficial. Esta tergiversación de nuestra historia ya forma parte de la “verdad oficial”, y es la que los violentólogos y pazólogos han contribuido a reforzar en los últimos años desde la CNRR y desde todos los medios de difusión académicos y periodísticos en los que participan.

Como la Ley de Victimas tiene una vigencia de diez años, los negociantes académicos de la violencia, deben estarse frotando las manos de jubilo y alegría y deben estar haciendo cuentas con calculadora en mano, porque durante un decenio van a tener asegurado un empleo rentable, como investigadores y asesores en la repugnante tarea de contar muertos o desaparecidos, con lo cual los más prestigiosos violentólogos y pazólogos aseguran cuantiosos ingresos económicos, mientras explotan a vasta escala a estudiantes y asistentes de investigación, los que en realidad efectúan las labores duras de recolección de información y trabajo de campo.

Por supuesto, a cambio de empleo y recursos, los intelectuales de la guerra van a contribuir a fortalecer la historia oficial y la memoria del poder en Colombia, en lo cual ya han avanzado de manera notable al negar todas las barbaridades y crímenes cometidos durante los ocho años del régimen narcotraqueto del ordinario finquero que ocupó el Palacio de Narquiño, al que alaban abiertamente por su política de “inseguridad antidemocrática” y por devolverle la “tranquilidad al país”, porque, entre paréntesis, algunos violentólogos tienen finca en las afueras de las grandes ciudades y se regocijan porque son los que pueden viajar por las carreteras del país. Incluso, esos mismos violentólogos apoyaron, de manera abierta o velada, acciones tan criminales y violatorias del derecho internacional, como la masacre de Sucumbíos en marzo de 2008.

Así que con la mal llamada Ley de Victimas se abre el camino a una nueva historia oficial, cuyo relato se centra en negar las causas históricas del conflicto armado en Colombia y se fortalece una memoria oficial, la de la oligarquía colombiana, una memoria mutilada y fragmentada que sirve al capitalismo salvaje a la colombiana para presentarse como una victima más de la guerra y ocultar su protagonismo como el responsable del genocidio continuado que ha desangrado a este país durante los últimos 65 años.

En esa perspectiva, no resulta raro que en lo sucesivo veamos la repetición constante de imágenes de un cinismo extremo, como aquellas en las que un personaje que por su amplio prontuario criminal ocupó la presidencia de la República, se declaró victima y perseguido ante las cámaras de televisión. Esto es una simple expresión de la forma -y un anticipo de todo lo que nos espera en materia de “memoria”- como se está reescribiendo la historia contemporánea de la violencia en Colombia, en la que los criminales aparecen como “prósperos empresarios” y “hombres de bien” y el resto de colombianos pobres y humildes, que han sido despojados y masacrados por terratenientes, cuerpos represivos y sus paramilitares, son presentados como simples “bandidos” o “terroristas”.

(*) Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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lunes, 25 de julio de 2011

Se realizó el VI Plenario Nacional de la Juventud Guevarista de Argentina


Juventud Guevarista Rebelión

Los días 16 y 17 de Julio se realizó en la ciudad de La Plata, el VI Plenario Nacional de la Juventud Guevarista de Argentina. Luego de meses de preparación para los debates del encuentro, se acercaron unos 200 compañeros provenientes de distintos puntos de las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Mendoza, San Luis, Santa Fe y Santiago del Estero, como también de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Desde las 9 horas del sábado comenzaron a llegar a la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata los contingentes de las distintas zonas del país que se acercaron para participar del Plenario Nacional. Al llegar eran recibidos por carteles que daban la bienvenida, entre los que se destacaba el de la entrada que con una frase del Che indicaba el espíritu que tendría el encuentro: “Aquí está una de las tareas de la juventud: empujar y dirigir con el ejemplo la producción del hombre de mañana”.

Además los miembros de la Juventud Guevarista, se recibió a numerosos invitados/as, tanto de organizaciones hermanas (Agrupación Kiki Lezcano de la CABA, Agrupación Mariátegui de Santiago del Estero, Partido Socialista Auténtico, etc.) como aquellos que se acercaron por la convocatoria masiva realizada los días anteriores.

La primera actividad del día fue a las 10 horas, con una reunión con los compañeros de las nuevas zonas del país que comienzan a organizar la Juventud Guevarista.

A las 14 horas se dio inicio formal al Plenario. Reunidos en el salón principal nos encontramos con la imagen erguida del Che que desde unos 3 metros de altura observó todo el encuentro. A su lado estaban los retratos de Benito Urteaga, el Roby Santucho y el Gringo Menna, compañeros de la dirección del PRT-ERP caídos el 19 de Julio de 1976. En otro extremo se encontraba el escenario, desde el que dos compañeros de la zona anfitriona dieron las palabras de bienvenida. A sus espaldas se ubicó una gran bandera de los Andes centrada por la estrella roja de cinco puntas con la inscripción “Junto al Pueblo en la Lucha por la Revolución”.

En sus breves palabras los compañeros hicieron mención a la importancia del Plenario Nacional, máximo órgano político de la Juventud Guevarista, y las características cada vez más nacionales que éste va tomando debido al paralelo crecimiento y extensión de nuestra organización. Se nombró a las distintas zonas organizadas de las 8 provincias presentes y no pudo faltar la mención a los compañeros del PRT-ERP caídos el 19 de Julio en Villa Martelli. Aquellos acontecimientos que fueron el principio del fin de la mayor experiencia revolucionaria de nuestro pueblo son recordados hoy con la vista puesta en el futuro: los balances de esa lucha dejan enseñanzas fundamentales a nuestra generación que comienza a recuperar sus sueños y sus esperanzas para poner fin a tanta injusticia. Las intervenciones terminaron con el puño en alto y el grito de guerra de nuestros compañeros: “¡AVOMPLA! ¡A Vencer o Morir Por La Argentina!”.

Posteriormente se debatió en plenarios específicos el desarrollo político que lleva a cabo la Juventud Guevarista en los barrios, escuelas, universidades y lugares de trabajo.

Luego de la cena se dio inicio al acto cultural, por el cual pasaron jóvenes y jóvenas artistas guevaristas que interpretaron los más variados ritmos musicales. En la presentación del acto se hizo especial hincapié en la importancia de la expresión artística en la lucha revolucionaria, no sólo como instrumento de propaganda, sino fundamentalmente como práctica liberadora que aporta elementos primordiales para la construcción de mujeres y hombres nuevos.

El Plenario General

El domingo se desarrolló la actividad central del Plenario, que contó con una participación aún mayor de compañeros. El encuentro comenzó a las 9 horas con la propuesta de otorgar la Presidencia Honoraria al Roby Santucho y los compañeros del PRT-ERP caídos el 19 de Julio de 1976. Con este motivo se leyó un texto redactado para la ocasión recordando a los compañeros. Luego de ello la propuesta fue aprobada por unanimidad y aclamada por aplausos.

El debate se inició con el eje de situación político-económica internacional. En preparación de este aspecto, durante los meses anteriores habíamos organizado encuentros de lectura y formación a partir de los documentos del Plenario 2010 y de otros redactados especialmente para el Plenario 2011.

Posteriormente se pasó al análisis de la situación nacional y en forma encadenada se trató el debate sobre el posicionamiento ante las elecciones. En este marco se decidió seguir acompañando la participación de la Unión del Pueblo en el Movimiento Proyecto Sur y realizar crecientes esfuerzos en la campaña electoral, la cual por primera vez nos encontrará presentando nuestros candidatos en cuatro ciudades de la provincia de Buenos Aires (Junín, La Plata, Tandil y Trenque Lauquen). Paralelamente, apoyaremos nacionalmente la candidatura presidencial de Alcira Argumedo.

Al regreso del almuerzo se leyó el informe político-organizativo de la Juventud Guevarista redactado por la Mesa Política y los informes de los Plenarios por Frentes realizados en día anterior. Posteriormente se leyeron las propuestas para el trabajo anual de la Juventud Guevarista, las cuales fueron extensamente debatidas y ampliadas por los compañeros. Entre las que fueron aprobadas se encuentran: Realizar actividades masivas para el 44º aniversario de la caída en combate del Comandante Ernesto Che Guevara y el 10º aniversario de la rebelión de 2001 Dar más impulso a nuestra política frentista de acercamiento a organizaciones hermanas; Profundizar nuestros lazos con organizaciones de otros países y participar de la campaña “Argentina al ALBA”;

Una vez aprobadas todas las mociones, nos unimos en un prolongado aplauso que luego se continuó con el canto de “Somos de la gloriosa Juventud Guevarista…”.

Los jóvenes y jóvenas guevaristas nos despedimos con gran alegría, concientes del firme avance de nuestra organización y de los desafíos que nos depara el futuro. Todo el VI Plenario Nacional fue concebido como nuestro homenaje a los compañeros del PRT-ERP, puesto que lo mejor que podemos hacer en su memoria es continuar con su lucha y desarrollar el guevarismo como una política del pueblo. Seguiremos entonces con más fuerzas que nunca en la Senda del Che: por la Segunda y Definitiva Independencia, por la sociedad del hombre y la mujer nueva, por la Revolución Socialista.

¡Hasta la Victoria Siempre!

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martes, 19 de julio de 2011

Movilización estudiantil: Los violentos están en La Moneda

Celso Calfullán Rebelión

El jueves 14 de julio nuevamente hemos visto una multitudinaria marcha de estudiantes por la Alameda, más de 100.000 estudiantes de secundaria y universitarios, junto a trabajadores y pobladores y además sumándose un numero creciente de sindicatos que están apoyando la lucha de los jóvenes por una educación pública y gratuita para todos.

Después de dos meses de movilizaciones el gobierno esperaba y apostaba a que el movimiento se desgastara lo suficiente como para que no tuviera la enorme convocatoria que vimos nuevamente este jueves, pero lamentablemente para ellos se volvieron a equivocar completamente.

La campaña del terror del gobierno no surtió efecto:

La campaña del terror que levantaron los días previos el Intendente, el Ministro del Interior (subrogante) y el alcalde de Santiago Pablo Zalaquett, no surtió un gran efecto entre los estudiantes y tampoco entre los padres que se hicieron el tiempo para marchar junto sus hijos, lo mismo ocurrió con los trabajadores, sindicados o no, que también estuvieron apoyando a los jóvenes.

Por otro lado, tampoco surtió efecto la maniobra del Intendente de Santiago, Fernando Echeverría, de cambiar a última hora el trazado de la marcha e intentando confundir a los que querían asistir este jueves, además de amenazar con represión en el caso de intentar hacerlo desde el trazado original que era desde Plaza Italia, hasta Los Héroes.

Finalmente se marcho por la Alameda y sin permiso.

A pesar de las amenazas del gobierno, desde temprano miles de jóvenes y familias completas se empezaron a movilizar desde diferentes puntos de Santiago hacia Plaza Italia, la enorme marea humana que se estaba trasladando hasta el punto de inicio de la movilización, esto fue lo que impidió la represión que tenia planificada el gobierno, quedó claro que no es lo mismo reprimir a 5.000 personas, que a 100.000 manifestantes, finalmente las fuerzas represivas le comunicaron a las autoridades del gobierno que era físicamente imposible para ellos llevar a cabo la represión que les exigían el Intendente y el Ministro del Interior (subrogante), Rodrigo Ubilla.

Los violentos están en el Gobierno.

Como todos los planes criminales que tenían las autoridades de gobierno les fracasaron, pasaron a lo mismo de siempre, acusar de violentos a los estudiantes y a los dirigentes sociales que aparecen convocando a estas manifestaciones, táctica que a pesar de estar bastante manoseada no deja de causar cierto efecto en los sectores más conservadores de la población, que tienen que ver repetidas cientos de imágenes de encapuchados tirando piedras o rompiendo alguna señaletica urbana, los que ven estas imágenes por la televisión por supuesto se quedan espantados con la violencia y piensan que esto es lo único que ocurre durante una marcha, algo que no puede estar mas alejado de la realidad, porque la amplia mayoría de los que participan en las marchas lo hacen enarbolando pancartas o carteles con sus demandas, como por ejemplo, exigiendo educación pública y gratuita y fin a la educación de mercado.

Los medios, el gobierno y la violenta manipulación de los hechos

Las demandas de los que participan en las marchas son ocultadas por la mayoría de los medios de comunicación, especialmente por los canales de televisión, ellos hacen una manipulación descarada de lo que realmente ocurre en una marcha, todo esto tiene como fin desprestigiar al movimiento social en general y en este caso desviar la atención de las demandas que están defendiendo los estudiantes y por las cuales se están movilizando. Existe una clara alianza entre el gobierno y los empresarios dueños de los medios de comunicación para tergiversar los hechos, a ellos no les interesa la verdad, ellos no quieren que se sepa que los estudiantes se están movilizando para terminar con el lucro en la educación y que su objetivo central es lograr una educación pública y gratuita para todos los estudiantes, que por fin se cumpla eso de que la educación es un derecho y no un privilegio.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR

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lunes, 18 de julio de 2011

La FMJD manifiesta solidaridad con el Presidente de Venezuela Hugo Chávez



Prensa JCV.- La Federación Mundial de Juventudes Democráticas ha recibido el mensaje enviado por al querido presidente Hugo Chávez al pueblo Venezolano donde le informa de manera valiente, los últimos resultados sobre la operación a la que fue sometido en Cuba y de la cual se recupera satisfactoriamente.

En los últimos días hemos asistido a una ofensiva sucia de la derecha latinoamericana y mundial tratando de tergiversar, la situación de saludo de Chavez, quien agrego en su discurso que continúa el tratamiento médico y que a pesar de su reposo se ha mantenido cumpliendo sus funciones como jefe de estado aprobando recursos para el beneficio del pueblo Venezolano

La Federación Mundial de Juventudes Democráticas, en nombre de todas su organizaciones miembros, amigas y de toda la juventud progresista de este mundo, desea enviarle un mensaje de apoyo y solidaridad al querido presidente Chávez, deseándole una pronta recuperación para que continúe siendo un ejemplo a seguir por todos los que soñamos con un mundo mejor, reiteramos también nuestro total apoyo al pueblo a los jóvenes y a la Revolución Bolivariana de Venezuela en la construcción de un pueblo libre y soberano que es inspiración para todos los jóvenes progresistas y antiimperialistas de este mundo.

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miércoles, 13 de julio de 2011

La mitad (Acerca de las elecciones del domingo en Buenos Aires)

Fito Paez Kaos en la Red

Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.

Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.

Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.

No quiero eufemismos. Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país.

Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.

* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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