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viernes, 31 de diciembre de 2010

Entrevista al intelectual estadounidense Noam Chomsky sobre el socialismo hoy, el cambio de América Latina y sus relaciones con Estados Unidos

Boris Muñoz El Malpensante

Noam Chomsky es un hombre tocado por una curiosidad inagotable. Debería añadirse que es un intelectual comprometido. Esto parece obvio pero no lo es. A diferencia de muchos otros intelectuales, no solo es capaz de denunciar injusticias, absurdos y atrocidades perpetradas en nombre del interés nacional de Estados Unidos o los principios del mundo libre, como la democracia y el mercado, sino también de trabar largos diálogos con quienes difieren de algunas de sus posturas políticas, sin que esto menoscabe el tejido de la conversación, sino todo lo contrario. Más que sus ideas radicales, que de cuando en cuando revuelven la bilis de la opinión pública conservadora, lo que llama la atención de Chomsky es su capacidad casi sobrehumana de perseguir el entendimiento racional de casi cualquier problema, embebiéndose en galaxias y universos de información en los que cualquier otro se ahogaría sin la menor chance de supervivencia. Por ejemplo, cuando se discute con él sobre un tema –sea América Latina, Irán, China o Estados Unidos– remite a su interlocutor a periódicos del día en México, Londres, Teherán, Islamabad, y a las más recientes revistas académicas superespecializadas, comentarios políticos o encuestas de opinión locales. Asimismo se muestra ávido de recibir cualquier artículo o libro que a vuelta de correo criticará con una inteligencia sensible, sin pasar por alto sus virtudes, flaquezas o contradicciones. Su conversación siempre zigzaguea y se abre en muchos meandros de erudición simultánea, pero cuando parece que ya se ha ido muy lejos regresa al punto de origen atando todos los cabos sueltos y capturando, con admirable claridad, el espíritu de una verdad oculta o difícilmente comprendida. Cuando esto sucede, hay que pedirle que, por favor, sea breve. Él responde con cierta picardía que cuando sus nietos le preguntan cualquier cosa ponen una cláusula: “Por favor, danos solo una conferencia de cinco minutos”. Pero, hay que anotarlo, pocas veces lo logra.

A los 82 recién cumplidos, su compromiso político no declina. E incluso se podría decir que, mientras otros intelectuales se conforman con soplar las trompetas del Apocalipsis, él busca los signos dispersos y escasos de esperanza para conferirles cierta coherencia y alertar sobre los peligros que los acechan. Por eso dedica su más reciente libro, Hopes and Prospects (publicado por Haymarket Books), a América Latina y afirma que el futuro podría reiventarse en esta región del planeta.

Esta entrevista tuvo lugar en dos momentos distintos del otoño. Por motivos de espacio, esta versión se concentra en el socialismo hoy, el cambio de América Latina y las relaciones con Estados Unidos. El problema ambiental de algún modo atraviesa toda la conversación. Pero también, inevitablemente, Chomsky pasa revista a muchos otros temas en torno a los cuales su inquieta atención nunca descansa.

El socialismo de ayer y de siempre

El término “socialismo” se ha convertido en un comodín confuso que cualquiera puede usar a su antojo. Usted incluso ha dicho que todos los países que se han llamado socialistas han sido en realidad antisocialistas. Si es así, ¿qué significa socialismo hoy?


Cuando la gente habla de socialismo sobre todo habla del control estatal de la producción y los recursos naturales. A eso se le puede llamar como sea, pero no es lo que el socialismo ha significado por tradición. Hay muchas versiones del socialismo pero todas tienen en común un valor central: quienes producen deben tener el control de la producción. Los trabajadores deben controlar las fábricas, los campesinos deben controlar las tierras que trabajan y también sus comunidades. El socialismo visto así es una forma extrema de democracia. Pero, en realidad, no hay nada parecido en los países llamados socialistas. De hecho, los bolcheviques, que eran el ala derecha de los socialistas, tomaron el poder en 1917 estableciendo el patrón de lo que seguiría, y se movieron rápidamente para eliminar las genuinas formas de socialismo que habían sido ensayadas antes y constituían el fermento de los soviets, verbigracia los consejos fabriles o la actividad revolucionaria de las sociedades agrarias. Estas formas fueron debilitadas y velozmente desmanteladas hasta que prácticamente no pudieron funcionar. La Asamblea Constituyente fue eliminada porque habría transferido poder a las bases sociales campesinas y trabajadoras, cosa que a los bolcheviques no les interesaba y, de hecho, fue la razón por la que crearon los “ejércitos del trabajo”, sometidos al mandato del líder. Y esto es lo opuesto al socialismo. Los bolcheviques nacionalizaron las industrias y los recursos. En ese sentido, eliminaron el capital privado y eso generó una visión muy negativa del socialismo. Ahora bien, ellos tuvieron sus razones y la principal era la peligrosa situación internacional. Habían sido invadidos por Occidente y basaban sus medidas en principios y concepciones del marxismo, aunque en este caso eran concepciones que Marx mismo no sostuvo. La supuesta idea marxista era que un país no puede llegar al socialismo sin atravesar determinadas etapas, la primera de las cuales es la industrialización; luego vendría la organización del proletariado, que tomaría los asuntos en sus propias manos para establecer una dictadura. Rusia difería en ése y otros aspectos: era una sociedad campesina atrasada, básicamente una sociedad colonial, aunque inusualmente poderosa y con una gran fuerza militar, incluso bajo los zares. Además, había desarrollo en ciertos campos y una élite cultivada y sofisticada. Esta combinación no es extraña. Solo hay que fijarse en América Latina, donde sucede lo mismo y hay una élite con una rica tradición cultural. Los soviets querían industrializar a Rusia y, dadas sus circunstancias, pensaron que lo harían a través de un liderazgo autoritario. De esta manera implementaron casi toda la estructura en la que más tarde se produjeron las monstruosidades de Stalin. Los otros países llamados socialistas adoptaron variantes de estas estructuras, aunque hubo diferencias, como en la China de Mao.

Diferencias que no hicieron el socialismo de Mao menos sangriento que el de Stalin.

No menos sangriento, es cierto. Pero si te fijas notarás que la caracterización de China en Occidente no es correcta. Los economistas modernos señalan que el avance radical del tren económico chino solo ha sido posible porque está montado sobre los sólidos rieles de Mao. Eso lo demuestra el Premio Nobel de Economía Amartya Sen en un estudio cuya primera parte ha sido muy elogiada, al tiempo que la segunda es prácticamente inmencionable en Occidente porque compara China con India entre 1947 y 1979, lo que tiene sentido pues en el 47 ambos países se independizaron y el 79 fue el año del gran viraje de la reforma económica china. Al estudiar la mortalidad durante la hambruna de 1958, Sen la llamó una hambruna política. No porque hubiera un propósito deliberado de causarla, sino porque el sistema totalitario era tal que la información acerca de lo que estaba pasando no llegaba a los centros de decisión y cuando lo supieron ya era demasiado tarde. En ese sentido, se trató de un crimen político. Pero incluso contando esos treinta millones de víctimas, sucede que en India murieron cien millones de personas por la hambruna, simplemente porque el capitalismo democráctico de ese país no instituyó las reformas sociales que previnieran ese desastre, como lo hizo China con los sistemas rurales, los médicos de a pie y otros programas. Eso, a fin de cuentas, hizo una diferencia de setenta millones de víctimas. En palabras de Sen, India puso tantos esqueletos en el clóset cada ocho años como lo hizo China en el período del gran salto hacia adelante, su mayor vergüenza. Durante la revolución cultural también se cometieron muchas atrocidades pero, al parecer, las condiciones generales en las áreas rurales también mejoraron. Así que es una historia ambivalente.

¿Cree usted que valió la pena la experiencia en términos históricos?

No puedo sacar conclusiones de unas pocas conversaciones, pero de vez en cuando oigo a gente muy crítica con Mao que cuenta cómo en su gobierno se asesinó a mucha gente de forma sangrienta. Así que es un asunto complejo. Lo que no admite discusión es lo que pasó en la India capitalista y democrática en el mismo período. Sin embargo, a la hora de juzgar estos hechos siempre usamos un doble estándar. Si comparas a nivel mundial, verás que los errores y las matanzas de la democracia capitalista son colosales, pero no los contamos.

Volvamos al centro de la cuestión. ¿De qué hablamos cuando hablamos de socialismo?

En esencia, el socialismo es lo que tradicionalmente fue. Los productores, que son la mayoría de la población, deberían tener el control sobre la producción. Pero cuando hablo de productores no me refiero solamente a los trabajadores de las fábricas. Un productor puede ser un ingeniero de programación o un profesor universitario.Y, en realidad, la universidad es la única institución que se aproxima a esta idea según la cual los productores controlan lo que ellos producen. De modo que ellos deben controlar cualquiera que sea el aparato de producción en el cual operan. Deberían tomar las decisiones y lo mismo debería decirse de la comunidad en cuanto al control de su propio funcionamiento. Estas concepciones del marxismo coinciden en gran medida con el anarcosindicalismo. De hecho, hubo levantamientos obreros cuyas luchas antitotalitarias derivaron del modelo anarcosindicalista, como es el caso del sindicato Solidaridad en Polonia. La revolución húngara también surgió de un movimiento con estas características. Es algo que pasa de manera automática cuando la gente trata de derrocar a los amos. Ésos son los elementos centrales del socialismo. Pero el socialismo existente ni se aproxima a esos elementos. De hecho, es casi justamente lo opuesto. ¡En Estados Unidos hay más control de los trabajadores sobre la producción que en Rusia!

El punto es que su concepción se aleja del concepto tradicional de clase trabajadora y quienes la representan. También les resta poder a instituciones tradicionales como el Estado, que históricamente se ha proclamado agente principal del socialismo.

Sí, eso es válido para el socialismo existente, es decir, un tipo de socialismo que prácticamente no se puede distinguir del capitalismo de Estado. Para entenderlo conviene analizar el caso de Estados Unidos, reconocido como la sociedad capitalista por excelencia. ¡Y no es para nada una sociedad capitalista en el sentido tradicional!
¿Cómo llegó este país a ser la sociedad más rica y avanzada? Pues bien, había economistas como Adam Smith que aconsejaban en su época a Estados Unidos. ¿Qué tipo de consejos le daban? Los mismos que ofrecen el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a América Latina. Smith aconsejó al gobierno estadounidense profundizar sus ventajas comparativas. Ustedes son buenos en agricultura y exportando pieles, afirmaba. No traten de competir con bienes acabados, porque en eso Inglaterra es mucho más eficiente. Así que para alcanzar la eficiencia total, deben exportar en el sector primario y comprar los bienes industriales de Inglaterra. También aconsejó al gobierno no monopolizar los recursos naturales. Eso no era un asunto despreciable si recordamos que el petróleo del siglo XIX fue el algodón, que era el núcleo de la revolución industrial. Estados Unidos producía una gran parte del algodón mundial y Smith decía que no lo monopolizaran porque era económicamente perjudicial. En lugar de eso, Estados Unidos subió enormemente los impuestos a los textiles británicos y así pudo arrancar con su propia industria textil, que es la forma original de comenzar la industrialización. Más tarde bloqueó la industria metalúrgica británica, muy superior a la nuestra entonces. El gobierno incluso trató de monopolizar el algodón y estuvo a punto de lograrlo. En el Congreso se decía: “Si podemos acaparar el algodón, pondremos a Gran Bretaña de rodillas”. El ejemplo muestra a las claras que el desarrollo de este país no fue un proceso capitalista. Y eso se mantiene hasta hoy con Internet y los computadores. En conclusión, Estados Unidos es tan capitalista como Rusia socialista.

Ahora bien: las categorías socialismo y capitalismo son armas ideológicas, no términos descriptivos, aunque ciertamente hay muchas diferencias entre la versión soviética del capitalismo de Estado y la versión estadounidense. Pero ninguna de las dos se aproxima a los términos con los que se les identifica en la guerra ideológica. Y si nos ponemos a examinar, uno de los pocos lugares que aplica el término capitalismo es América Latina, donde se impuso en una versión neoliberal que sigue de cerca las líneas de Adam Smith. ¡Solo imaginemos lo que habría pasado si Estados Unidos hubiese seguido esas reglas! El neoliberalismo se creó para imponerlo en el Tercer Mundo. No es nada nuevo: esas ideas provienen de los modelos económicos creados para sojuzgar a las colonias.

Esperanzas latinoamericanas

Usted ha señalado que América Latina ha desafiado la hegemonía de Estados Unidos y las instituciones financieras globales que han demorado el avance democrático en la región. Es decir que los latinoamericanos, según sus palabras, nos encontramos en una suerte de momento postneoliberal. ¿Por qué cree usted que el futuro puede forjarse en América Latina?


No creo que América Latina sea la utopía. Lo que digo es que ha comenzado a emerger de una historia muy dura hacia un estadio en el que tiene algunas posibilidades. Eso no la convierte en utopía. En los últimos doscientos años, América Latina ha tratado muchas veces de salir adelante pero no ha podido hacerlo debido a tres problemas. Primero por la falta de integración entre los países, pues incluso el sistema vial es diferente entre unos y otros. También porque los países han estado orientados hacia poderes imperiales casi en todo sentido, desde los bancos en los que la gente invierte su dinero hasta las universidades a las que envían a sus hijos. Tal dependencia se está dejando atrás y se han adoptado medidas firmes en pos de la integración. El último ejemplo es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), creada en febrero de 2010 con todos los países de América excepto Estados Unidos y Canadá, un proyecto simbólicamente significativo y potencialmente importante. Si esa organización adquiere algunas funciones reales en la integración, será comparable con otras iniciativas como Unasur, el Banco del Sur o Mercosur… A mis ojos, la integración es un requisito previo para la independencia. El segundo problema es interno. Todos los países de América Latina tienen una estructura social horrenda en la cual hay un pequeño sector de la población, mayoritariamente blanco, que es extremadamente rico y está rodeado de una enorme miseria. Eso no se ha solucionado, pero al menos ahora se tiene en cuenta. Los programas sociales de Lula da Silva no son la solución, pero son un avance. Lo mismo sucede con las misiones en Venezuela. El tercer punto es el surgimiento de los movimientos indígenas. Sabemos que esos movimientos son un arma de doble filo. Por ejemplo en Ecuador, donde los indígenas preguntan por qué deben renunciar a su forma de vida para que los conductores puedan congestionar las calles de Nueva York, o en Colombia, donde inquieren por qué deben sacrificar sus hábitats por la minería. Aunque tiendo a simpatizar con esas preguntas, sé que no son cuestiones triviales. Un país tiene recursos y debe poder usarlos. El problema es cómo conseguir que se usen en beneficio de la población, tratando de generar la menor destrucción posible del medio ambiente y evitando que los beneficios vayan exclusivamente a los inversores internacionales o a los ricos locales. Al menos estos problemas se abordan ahora de una manera diferente que en el pasado, cuando cada vez que alguien reclamaba lo aplastaban. Otro elemento fundamental es que hay una relación Sur-Sur que antes no existía. Como prueba, China es hoy uno de los mayores inversores en la región, superando, en lugares ricos en recursos, a Estados Unidos. Si examinas en retrospectiva la política exterior de Estados Unidos, verás que el control de América Latina ha sido casi un dogma. En el Consejo de Relaciones Exteriores era común creer que si no se controlaba América Latina no se podía controlar al mundo. Bueno, ya no la controlan. El ejemplo más notorio es Brasil. Brasil y Turquía, otro país que ha escapado del control estadounidense, se aliaron para negociar un tratado nuclear con Irán. Obama lo vio con reticencia, pero aun así lo hicieron. Pasa también en otras partes, porque el control mundial de Estados Unidos está declinando y América Latina es una pieza de importancia. Eso le abre a la región posibilidades que antes no tenía ¿Cómo manejará esas posibilidades? Aún no está claro.

¿Qué riesgos y desafíos ve usted cuando piensa en las esperanzas latinoamericanas?

El riesgo es que las estructuras que han impedido el desarrollo de las sociedades latinoamericanas aún existen. Los caudillos y el caudillismo, por ejemplo. O el hecho de que el desarrollo actual siga basado en la extracción de materias primas. Incluso en Chile, que se considera la joya de la corona, la economía sigue dependiendo del cobre y en general sigue sujeta a una determinante geográfica que la lleva a producir frutas y vinos para el mercado estadounidense. Aparte de eso, no parece haber un esfuerzo claro y consistente para superar el sistema tradicional. La economía de Brasil también depende de materias primas extraídas para Rusia y China, si bien el país cuenta con un aparato industrial importante. El otro problema es introducir y consolidar una democracia funcional en estos países, que permita superar la tremenda pobreza y ayude a que la población participe política y socialmente.

Ya que usted menciona los problemas que trae el caudillismo al sistema democrático, me gustaría conocer su opinión actual sobre Venezuela. ¿Cuál es su apreciación del socialismo del siglo XXI y de Hugo Chávez como líder?

Venezuela es una historia mixta. Algunas de las políticas públicas, como las misiones, me parece que tienen sentido. Ha habido una importante reducción de la pobreza, que ahora podría estar creciendo de nuevo. Además, el hecho de haber podido vencer el golpe militar y una gran huelga capitalista del sector industrial y empresarial me parece un avance significativo. Hay grandes problemas de violencia criminal, corrupción y control autoritario que deben ser confrontados y abordados. Esto sucede en el marco de iniciativas internacionales muy constructivas como Petrocaribe y el Banco del Sur. De modo que hay cosas positivas, pero también hay peligros.

Quisiera pedirle que hable un poco más de los peligros, ya que se refiere a importantes aspectos del sistema democrático.

Sé que son temas importantes, pero no los conozco y prefiero no entrar en materias de las que no sé. Hay problemas de fondo que deben ser confrontados, como ya dije. En Bolivia ha habido cambios sustanciales impulsados de abajo hacia arriba de la estructura social. En Venezuela los cambios se han guiado desde arriba. Los cambios que se imponen desde arriba son inherentemente peligrosos, nadie lo duda. De modo que es necesario moverse hacia situaciones en las cuales las misiones, las cooperativas y otros programas sociales tengan una autoridad real y no solo la que les confiere el gobierno. Teóricamente Chávez piensa así, pero ese pensamiento tiene que hacerse realidad.

Usted ha mostrado una preocupación constante por Colombia. ¿Qué piensa del legado de Álvaro Uribe y del nuevo gobierno de Juan Manuel Santos?

Cuando estuve en Colombia, hace algunos meses, la Defensoría me llevó a visitar algunos pueblitos aislados y peligrosos cercanos a La Vega, en el Cauca. Fui porque los habitantes de la región dedicaron un bosque a la memoria de mi difunta esposa, Carol. Allí los pobladores estaban tratando de bloquear los esfuerzos de compañías mineras que con su explotación arbitraria han contaminado las fuentes de agua. Por ejemplo, y esto es algo que yo no sabía, aparentemente el gobierno está tratando de privatizar el agua. Y lo hace tomando en cuenta la lección que dejó el fiasco de Bolivia. Es decir, no como un esfuerzo a nivel nacional, sino en pequeñas zonas, aislando a las comunidades y anulando su capacidad de acción conjunta. Contra eso, la gente de muchas de las comunidades que visité se está organizando y tiene programas hidrológicos muy sofisticados, principalmente para resistir la privatización así como la destrucción de los bosques vírgenes. Es una tendencia alrededor del mundo resistir la presión de las compañías multinacionales. Que puedan lograrlo, está por verse. Al mismo tiempo, la gente de la Defensoría me comentó que ha resurgido la violencia, en parte por la acción de las Farc, lo que ha producido una respuesta militar y paramilitar. El padre Javier Giraldo, una persona increíble, estaba con nosotros investigando para un libro sobre lo que ha pasado con las comunidades de paz como San José y Apartadó que, tal vez sepas, han sido atacadas e intimidadas por largo tiempo. Incluso la última vez que estuve allí hace algunos años, San José, que es la más grande, estaba sitiada. La situación ha empeorado, con lo que virtualmente se han eliminado estas islas de paz. Me parece que eso no luce bien. Para volver a tu pregunta, los grupos de derechos humanos con los que hablé esperan que con Santos haya un relajamiento. Esto no lo puedo asegurar porque proviene de una fuente secundaria, pero la esperanza es que aunque Santos continúe aplicando algunas políticas de Uribe, se supone que por su clase social –él es un oligarca mientras Uribe viene de una clase media antioqueña– y porque no necesita las conexiones soterradas con el paramilitarismo y el narcotráfico que hubo en el gobierno uribista, será menos brutal en materia de derechos humanos y más abierto al diálogo.

Bueno, Santos no ha sido más flexible, al menos con las guerrillas. Ahí tenemos la aniquilación del Mono Jojoy, nada menos que el jefe militar de las Farc. Sin embargo, pareciera moverse todavía dentro del marco institucional.

Luce entonces como que debería buscar algún tipo de arreglo político con las Farc.

¿Cuál puede ser el rol de Colombia en la dinámica regional de América Latina?

A este respecto, me parece que la objeción de la Corte al acuerdo sobre las bases militares estadounidenses puede ser significativa. Ese acuerdo irritó a varios países. Con la excepción de Alan García, la oposición fue general e incluso Unasur hizo un pronunciamiento en contra. No se objetaron las implicaciones nacionales del acuerdo, sino sus aspectos extraterritoriales, es decir, el hecho de que Estados Unidos quisiera usar las bases para recoger información y hacer labores de vigilancia. Ésa es la parte que los países de la región sintieron amenazante, aunque no aparecía de forma explícita sino que era la interpretación hecha por Estados Unidos. Si el punto es totalmente retirado, creo que ayudará a Colombia a estar más integrada en Suramérica y, por supuesto, será un paso importante para dejar fuera la intervención de fuerzas militares estadounidenses en la región pues, salvo aquéllas, las únicas fuerzas con características extraterritoriales están actualmente en Honduras.


Aprovechando que ha tocado un tema controversial, quisiera preguntarle cuál es el estado actual de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.


Latinoamérica se está moviendo hacia algún tipo de integración, lo cual, como he dicho, es el requisito previo para la independencia real. Esto es muy importante porque es la primera vez, en cinco siglos, que se dan tales condiciones. No sé si llegará a trascender, pero me parece que si la Celac se transforma en algo más que un proyecto en el papel, puede ser muy positivo. Lo mismo puede decirse de la propuesta de despenalizar algunas drogas llevada a cabo por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso y César Gaviria. Si América Latina coincide en salir de esa guerra destructiva contra las drogas, podría haber un avance importante en ese terreno. Por supuesto que eso implicaría un gran esfuerzo educativo en Estados Unidos. Para dar un ejemplo, repito algo que escuché esta mañana en la National Public Radio mientras manejaba hacia acá. Discutían lo que sucede en México y las declaraciones de Hillary Clinton sobre una insurgencia que amenaza a Estados Unidos. Había un puñado de expertos en el tema. Era muy interesante oírlos, pero no mencionaron las únicas tres cosas que realmente importan. Primero: que las armas de los narcos mexicanos llegan de Estados Unidos. Segundo: no se concentraron, aunque lo refirieron de pasada, en que la demanda proviene de Estados Unidos. Y tercero: se les olvidó decir que los acuerdos de libre comercio son un gran lío, en particular el tlc con Canadá y México, pues han empujado a los campesinos fuera de su tierra y ha desplazado cultivos como el maíz para la producción de opio. Pocas semanas atrás estuve en México y gente ligada al periódico La Jornada me comentó que hay grandes áreas en el norte dedicadas a la producción, zonas incluso vigiladas por militares. El asunto de fondo es que, al parecer, un 25% de la economía mexicana depende de los narcos. Otro tanto depende de las remesas que llegan del exterior, lo que quiere decir que la economía productiva y funcional se ha reducido. Incluso las maquiladoras multinacionales, que no se ajustan a los patrones nacionales de la economía productiva, se están yendo del país debido a la competencia de China. Nada de eso se mencionó en el programa radial, así que la percepción del fenómeno que tenemos los estadounidenses es muy limitada. Por otro lado, según varios estudios económicos, el declive de la calidad de vida bajo el mandato del presidente Calderón es terrible. No hablo solo de los niveles de nutrición, sino de la caída de los salarios. Eso también es crucial para entender el avance de la economía de las drogas. En el World Economic Forum se ha discutido otro fenómeno derivado: la paradoja de que en un país con ese tipo de violencia la bolsa se encuentre por los cielos, y haya alcanzado hace poco máximos históricos. En realidad, eso habla de dos Méxicos, uno rico y otro pobre. No hay nada paradójico al respecto. Es algo que viene sucediendo desde que las reformas neoliberales de los ochenta dividieron el país. El número de billonarios ha aumentado casi tan rápido como la tasa de pobreza. Así se explica el fenómeno de Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, y se entiende que a la bolsa le esté yendo bien, porque los inversores estadounidenses asumen que a los sectores privatizados, a los billonarios y a los narcos les seguirá yendo bien. Mientras tanto la población colapsa. Encontrar soluciones para esos problemas exige reconocer que existen, y eso no lo vemos. Así que tenemos por delante un largo camino por recorrer.


Esperanza contra catástrofe


Y ese camino parece aún más largo si tomamos en cuenta las nuevas leyes migratorias que criminalizan a los inmigrantes.

Por no hablar de lo que se nos viene con el Tea Party en el Congreso. No sé hasta qué punto sigues a estos tipos. No se puede ir más a la derecha porque será autodestructivo. Es como si el país fuera asaltado por un grupo de lunáticos.

Condoleezza Rice afirma que es saludable para el país tener este tipo de debates.

¡Ésa es su posición! Bueno, olvidémonos entonces de la guerra contra las drogas y el armamentismo y hablemos del Tea Party. Actualmente, casi la totalidad del partido republicano piensa que el ser humano no tiene que ver con el calentamiento global. Pensar así es una pena de muerte para la especie. Si Estados Unidos no hace nada y si el partido republicano decide que todos esos liberales y científicos que buscan becas para estudiar el fenómeno se olviden del dinero, podemos ir diciéndonos adiós. En el caso de la crisis financiera, tiene cierto sentido que las grandes corporaciones ignoren el riesgo sistémico, aunque los economistas saben que ignorarlo conduce a que las crisis se hagan más frecuentes. Ésas son ineficiencias fundamentales del mercado. Cualquier economista aprende en los primeros cursos que las transacciones del mercado ignoran los factores externos casi por necesidad. Si alguien trata de calcular su impacto quedará fuera del negocio porque los competidores no lo harán. Así que es prácticamente una necesidad institucional del sistema de mercado. En el caso de las crisis financieras, podemos decir “bueno, está el gobierno para darnos auxilio financiero”. Pero cuando esos ejecutivos decidan ignorar las externalidades de la destrucción climática no habrá nadie para echarles un salvavidas. La fragilidad de la especie no es un factor por el que puedas pedir auxilio financiero.

Ya que entramos al tema de la supervivencia, ¿cómo abordar entonces la crisis de civilización en la que nos encontramos?

¡No es una pregunta pequeña!

Por favor denos solo una conferencia de cinco minutos…

Algún gran cambio tiene que ocurrir en Estados Unidos.

¿Es Estados Unidos el protagonista principal? ¿Por qué?

Tiene que serlo. Somos de lejos el país más rico, más poderoso y el que ocasiona más daños a la naturaleza. Y si no hacemos nada aquí, lo que pueda hacer Europa será de ayuda pero no hará gran diferencia. Los países emergentes no harán mucho porque necesitan impulsar su crecimiento. China, de hecho, está haciendo más que Estados Unidos. Cuando Texas quiso montar unos molinos para energía eólica tuvo que ir a buscarlos a China. ¿Qué pasó? El gobierno estadounidense bloqueó la iniciativa. La inversión verde de Estados Unidos en China es más alta que la que hace en su propio territorio y en Europa. La razón es simple. El gobierno estadounidense se queja de China en la Organización Mundial de Comercio. Pero aquí es responsable de desarrollar la estructura de inversiones verdes y no lo ha hecho. Lo deja en manos de inversores privados que no lo harán tampoco porque en China lo pueden hacer por mucho menos dinero. Es chocante. El gobierno de Obama está amenazando a China con echarle encima a la omc por hacer exactamente lo que nosotros deberíamos hacer: una política industrial, dirigida por el Estado, claro está, para crear las bases de una economía sustentable. Eso tenemos que pararlo, dicen, porque viola nuestros sagrados principios de mercado. Y, bueno, tú sabes, las ironías son increíbles. Pero, otra vez hay que decirlo, la población lo ignora. Y los economistas, los intelectuales y los medios tienen la culpa porque no quieren explicar que así funciona nuestra economía.

¿Podría enunciar algunos puntos que deberíamos mantener en mente?


Estados Unidos necesita una revolución cultural.

¿A qué se refiere?


A un cambio en la manera en que entendemos las actitudes, las percepciones y el conocimiento factual. El Tea Party es muy revelador en ese sentido. Somos una sociedad constantemente medida por encuestas. Aunque muchas no aportan gran cosa, hay otras que muestran cosas importantes. Por ejemplo, que existe gente a favor de un gobierno pequeño y de menos impuestos. En términos sociales están a favor de más inversión en educación, en salud, en infraestructura. En eso quizás no sean diferentes de los suizos, pero no quieren gobernantes ni impuestos. ¿Entonces? Es lo que llamamos el double dip: mantener dos ideas absolutamente contradictorias en la mente y creer en ambas al mismo tiempo. Esa percepción atraviesa el país. Hay personas que dicen: “A mí no me importa lo que sucede en este país”. Pero si consideras a quienes participan en las encuestas verás que quieren discutir estos temas. El año pasado estuve en Ciudad de México y de ahí fui a California. Pasé de un país pobre a una de las zonas más ricas del mundo. En México la Universidad Autónoma (Unam), que tiene cien mil estudiantes, es gratuita. No es la mejor del mundo, pero es bastante buena. Mientras tanto en California el sistema de educación universitaria pública, que era uno de los mejores en el mundo, está siendo destruido y privatizado. ¿Qué pasa cuando México, un país pobre, es capaz de mantener un sistema de educación pública de buena calidad, mientras que California, región muy rica, destruye uno de los mejores sistemas educativos? Pues que te haces mucho daño. Si no tienes un sistema educativo de alto nivel tampoco tendrás una economía competitiva de alto nivel, porque buena parte del crecimiento económico hoy en día ocurre alrededor de las universidades, donde hay grupos de investigación, conocimiento, innovación y desarrollo como MIT, Harvard, Berkeley o Stanford. Hasta cierto punto, el sector privado que crece alrededor de estos grupos es parasitario y se beneficia enormemente de ese conocimiento universitario. De modo que si destruyes el sistema universitario estás poniendo en riesgo el sector económico privado. Pero tienes que hacerlo porque hay que recortar impuestos. Y mira la ironía: hay estudios económicos que demuestran que los mayores defensores de las reducciones de impuestos en California son aquellos que más se benefician de los subsidios federales.

Volviendo al punto, ¿cuál sería el bosquejo de lo que es necesario hacer?

Un programa educativo masivo dentro de Estados Unidos, el cual condujera a una revolución cultural que haga entender a la gente su circunstancia y la consecuencia de sus acciones, dejando de lado los dogmas y prisiones ideológicas que constriñen la posibilidad de desarrollar políticas sensibles y sensatas. No hay razones para que Estados Unidos no sea un país líder en el desarrollo de tecnologías verdes y de un modelo de desarrollo sustentable. Contamos con las instalaciones y los recursos que lo permiten sin tener que ir a China a buscar mano de obra barata. Lo contrario consiste en poner parches, que es lo que estamos haciendo.

El mundo postimperial

Casi diez años después del 11 de septiembre, Estados Unidos no es la superpotencia mundial que era, al menos no política y económicamente. ¿Qué puede decir del papel de Estados Unidos en el presente y futuro cercano?


Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tuvo una posición de poder sin paralelo en la historia. Tenía literalmente la mitad de la riqueza del mundo y estaba en condiciones de perseguir metas muy ambiciosas que fueron esbozadas por los planificadores de Roosevelt y luego ampliamente implementadas: controlar una “gran área” que incluía el hemisferio occidental, el lejano Oriente, el antiguo imperio británico (incluido el incomparablemente rico en petróleo occidente asiático) y el centro industrial y comercial de Eurasia. Con el tiempo, fue inevitable que este poder se desgastara. Hacia 1970, el mundo era económicamente tripolar. Sus mayores centros eran, para Norteamérica, Estados Unidos; para Europa, Alemania y Francia, y para el este de Asia, Japón. El colapso de la Unión Soviética creó una breve ilusión de unipolaridad y de “fin de la historia”, pero pronto se disolvió y en este momento el sistema global es aún más diverso y Estados Unidos menos capaz de ejercer control. Es un asunto muy preocupante para los planificadores, y a menudo una fuente de considerable irracionalidad –como cuando, recientemente, el Departamento de Estado le advirtió a China de que debía cumplir sus “responsabilidades internacionales” y obedecer las sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Irán, lo cual debe haber divertido a la clase gobernante china–. En una sola dimensión –el poderío militar– Estados Unidos continúa un reinado supremo, pero es una ventaja muy costosa que no se pued emantener, particularmente en virtud de decisiones que han debilitado severamente la economía productiva y han favorecido el sector financiero. Los dirigentes de este país deberían estar obligados –en el mejor de los casos deberían elegir– hacerse socios de un orden mundial más diverso.

El marxismo tradicional y otras ideologías entienden el cambio hacia una sociedad más justa en términos de revolución o catástrofe. ¿Cómo hacer la idea de justicia menos dependiente de la de cambio violento?

Marx tenía una visión más matizada. Él parece haber pensado que en las democracias parlamentarias el poder de los trabajadores podía alvanzarse por procesos electorales. Apartando sus visiones personales, no veo ninguna base en su pensamiento, o en el de otros que buscan más justicia y libertad, para excluir esa posibilidad. Sin embargo, es ocioso especular. Cualquiera que sea nuestra situación, deberíamos preferir la reforma no violenta en tanto se pueda, y las preguntas sobre el recurso a la violencia no deberían ni siquiera plantearse a menos que en algún punto una autoridad ilegítima busque mantener su poder por la fuerza. Y seguramente, sean cuales sean nuestros objetivos a largo plazo, deberíamos hacer lo que se pueda para evitar la catástrofe, particularmente en tiempos como el nuestro, un momento nuevo de la historia en el cual la inminencia catastrófica puede significar el fin de la búsqueda de una supervivencia decente.

A los 82 años usted sigue denunciando y luchando. Dígame, ¿qué lo mantiene activo y en qué cree?

Este verano tuve la oportunidad de presenciar algunas luchas de gente que encara enormes amenazas y peligros en diferentes partes del mundo: campesinos y pueblos indígenas en Colombia, palestinos en campos de refugiados del Líbano, kurdos en el sudeste de Turquía. Y también pude unirme brevemente a aquellos que desde una posición relativamente privilegiada se entregan a esas causas. Ésas son más que razones para mantenerme activo y creer en la esperanza de un futuro mejor.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1727

rCR

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La guerra, según el adagio, es “un infierno”. ¿Pero qué pasa con la guerra en vídeo? Los sondeos muestran que muchos estadounidenses están cada vez más hartos de la intervención militar de EE.UU. en Iraq y Afganistán. Pero, paradójicamente, prosperan las ventas de juegos de guerra en vídeo como Call of Duty, que permite que los consumidores se conviertan en “cibersoldados”, apretando el gatillo contra “terroristas” al estilo de los talibanes en guerras a las que supuestamente se oponen en la vida real.

¿Son ambivalentes los estadounidenses respecto a los conflictos sucios, moralmente ambiguos, que les impone el Pentágono?

O tal vez, de un modo muy parecido a devotos feligreses que despotrican contra el pecado y el adulterio mientras navegan en secreto en busca de pornografía o participan en sexo ilícito, saben en lo profundo de su ser que esas guerras son malas pero, a pesar de ello, fantasean con participar en ellas desde su sala de estar.

Si piensas que sólo los catastrofistas y skinheads compran esos juegos, echa una mirada a las ventas. Call of Duty: Black Ops, la tercera parte de la nueva y popularísima serie Call of Duty, apareció hace sólo unos meses. Su volumen de ventas ya ha sobrepasado el de su enormemente exitoso predecesor: Call of Duty: Modern Warfare 2.

De hecho, sólo en los primeros cinco días en el mercado, los ingresos por ventas generados por Black Ops excedieron los 650 millones de dólares, batiendo el previo récord global de cinco días para películas, libros y otros juegos en vídeo populares como Grand Theft Auto. Evidentemente, los estadounidenses –hombres y mujeres, adultos y jóvenes– son “adictos”.

Y Blacks Ops no sólo permite que mates, sino como sugiere su nombre, que participes en actividades clandestinas de dudosa conformidad con las reglas establecidas de la guerra. El abuso de prisioneros en cárceles secretas no forma parte del menú, pero sí incluye el asesinato de informantes y los ataques contra cuadros políticos. Después de todo, forman parte integral de cualquier campaña moderna de contrainsurgencia.

Sin embargo, esas son precisamente las actividades que han causado tantos problemas a los soldados de EE.UU. –y a la nación en su conjunto– y provocan llamados a que se retiren.

Activision, fabricante de Black Ops y sus predecesores, promueve agresivamente el juego con costosos anuncios de 60 segundos que aparecen en la televisión nacional en el mejor horario. Muestran a celebridades populares como la estrella de Los Angeles Lakers Kobe Bryant, destruyendo puertas y eliminando “al enemigo” en un combate casa por casa sorprendentemente vívido y brutal.

¿El título de esos anuncios? “En CADA UNO DE nosotros vive un soldado”. Y hablemos de “llevar la guerra a casa”.

El daño físico de jugar juegos de guerra en vídeo es, claro está, relativamente pequeño. En el peor de los casos un aumento de la presión sanguínea, ojos nublados, una muñeca tensa por el exceso de celo. Pero, ¿su impacto sobre nuestra psique nacional? Es donde se libran y ganan las guerras de consumidores, y hay que calcular sus verdaderos costes.

¿Contribuyen los juegos como Black Ops a una aceptación subyacente de la contrainsurgencia global –convenientemente reembalada como “contraterrorismo” anti-al-Qaida– y de alguna manera vinculan psicológicamente a los estadounidenses a la guerra perpetua, mientras insensibilizan a muchos contra sus horrendos efectos?

Algunos psicólogos liberales han argumentado desde hace tiempo que la violencia mostrada en la televisión tiende a generar violencia en la vida de todos los días. ¿Y esos asesinos adolescentes en Columbine High School? Todos sabemos que tramaron su complot asesino basándose en escenarios que estudiaron una y otra vez en los violentos juegos de vídeo que jugaban.

Por cierto, los estadounidenses no andan por las calles quemando mezquitas o capturando a presuntos fundamentalistas islámicos y sus familias –al menos no todavía-. Pero en caso de un futuro ataque terrorista en suelo de EE.UU., ¿podría pasar que estadounidenses normalmente apacibles vieran aparecer su “Rambo interior”?

Los planificadores de la guerra del Pentágono deben de estar encantados. Todavía no pueden iniciar un proyecto, y el Congreso no declarará formalmente la guerra. Pero tal vez han hallado una manera más sutil e incluso más efectiva de unir a los estadounidenses –ensangrentando sus manos por control remoto– en la inmundicia inevitable que los planificadores gustan ahora de llamar la guerra de “cuarta generación”.

También es escalofriante que estos nuevos juegos caseros de fantasía bélica parezcan asemejarse a la naturaleza cada vez más remota, de alta tecnología insensibilizada, de la participación real de EE.UU. en guerras en el extranjero.

Por ejemplo la escalada de la campaña de ataques de drones dirigida por la CIA y el Pentágono contra presuntos refugios talibanes en Pakistán. Se ha convertido en lo último en el esfuerzo bélico de EE.UU. en todo el “teatro” afgano, que permite que las fuerzas de EE.UU. limiten sus bajas en tierra mientras soslayan la supuesta incompetencia y conflicto de lealtades de sus “aliados”.

Pero los directores de esas campañas no trabajan desde Kabul o Islamabad, sino en alguna lujosa oficina en la central de la CIA en Langley, Virginia, o en una central del Comando de Operaciones Especiales en el sur de Florida. Y aunque su equipo de espionaje es más sofisticado que un juego de vídeo, como el “cibersoldado” de la actualidad, pueden devolver el golpe, identificar objetivos, y disparar –y sus “muertes” a larga distancia son simples imágenes en una pantalla.

La CIA y el Pentágono incluso llegan a competir entre ellos, de un modo muy parecido al de participantes en juegos como Black Ops.

Pero, claro está, esos ataques matan –y no sólo soldados. Comandantes estadounidenses como David Kilcullen, un reconocido experto en contrainsurgencia, han testificado que la mayoría de las víctimas de ataques de drones de EE.UU., que han aumentado fuertemente en los últimos meses, son civiles. Algunos podrán ser miembros de familias de combatientes o personal de apoyo desarmado, pero en su mayoría son civiles que no tienen participación alguna en las hostilidades –conocidos como “daños colaterales” en el lenguaje bélico del Pentágono.

Por lo tanto, el aumento de los juegos de guerra en vídeo podría formar parte de una macabra “convergencia” de algún tipo. Y la línea divisoria entre “civiles” y “militares” –tanto en el terreno como en EE.UU., que ahora parece incluir al cibermundo, se hace más y más confusa. Eso significa que también se hace más difícil definir y medir nuestra complicidad –y asignar la culpa moral.

¿No es precisamente lo que desean los halcones belicistas del Pentágono y sus apologistas?

Fuente: http://www.counterpunch.org/lawrence12292010.html

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China va por las energías renovables

Mitch Moxley IPS

Investigadores de China, principal proveedor de turbinas eólicas y paneles solares, trabajan para abaratar el costo de la utilización de éstas y otras fuentes renovables, lograr que sean más eficientes y aumentar su proporción en la matriz energética de este país.

China dio un gran salto hasta ubicarse al frente del sector de energías alternativas, pero se necesita una mayor inversión del gobierno si pretende brillar en el rubro, sostienen numerosos especialistas.

El profesor Zhao Xingzhong, de la Facultad de Física de la Universidad de Wuhan, investiga sobre células solares sensibles al color, una alternativa más eficiente y barata que la habitual tecnología fotovoltaica de semiconductores en estado sólido. Las implicaciones prácticas son evidentes, apuntó. "El proceso de producción de células solares sensibles al color no produce dióxido de carbono, es decir que no hay contaminación ambiental", dijo Zhao a IPS. "Además cuestan un quinto de los semiconductores tradicionales fabricados con silicio cristalino", añadió. El equipo de investigación de Zhao es único en este país y en el mundo, pero dice que el apoyo del gobierno está lejos de ser suficiente.

Corea del Sur y Japón invirtieron en total 1.600 millones de dólares en tecnología solar de tercera generación desde 2000, señaló. Pero en China sólo hubo cinco proyectos locales en la última década, cada uno recibió 4,5 millones de dólares. "Es difícil superar el cuello de botella tecnológico por la falta de recursos económicos", se lamentó Zhao.

En los últimos años, China se ha convertido en el mayor productor de tecnología para el sector de energías renovables superando a Estados Unidos en la cantidad de turbinas eólicas y paneles solares que fabrica. La compañía Ernst & Young consideró en septiembre a este país como el mejor lugar para invertir en ese rubro.

Las empresas chinas, encabezadas por Suntech, con sede en Jiangsu, concentran un cuarto de la capacidad de producción de paneles solares y aumentan con rapidez su participación en el mercado, bajando los precios gracias a las fábricas de gran escala y a su bajo costo.

En materia de energía eólica, las empresas locales aumentaron con rapidez su participación en el mercado en los últimos años, tras la decisión del gobierno de incrementar los requisitos para asociarse con extranjeros y de introducir nuevos y grandes subsidios y otros incentivos para las compañías chinas del sector.

En 2009 hubo 67 proveedores chinos de turbinas. La participación de empresas extranjeras en el mercado cayó de 70 por ciento a 37 por ciento en los últimos cinco años. Pero la mayoría de las partes producidas por las compañías chinas se basan sobre tecnología desarrollada en el extranjero, con escasa atención en la innovación local en el sector de energías alternativas

La bioenergía puede utilizarse para mejorar el estándar de vida en las zonas rurales, señaló Wang Mengjie, subdirector de la Sociedad de Energía Renovable de China y ex vicepresidente de la Academia China de Ingeniería Agrícola. Wang trabaja en proyectos para suministrar a los agricultores equipamiento capaz de transformar la basura orgánica en biogás y fertilizantes.

La cantidad de usinas para producir biogás en las zonas rurales de China superó las 35 millones a fines de 2009 que producen más 12.400 millones de metros cúbicos al año, según cifras del Ministerio de Agricultura. El gobierno aumentó el presupuesto de biogás en los últimos años a más de 754 millones dólares en 2009, respecto de los 337,2 millones de dólares en 2006 y 2007. Pero China todavía tiene que superar obstáculos tecnológicos en la industria de la biomasa, indicó Wang. "En términos de la tecnología para gasóleo de origen orgánico, países como Estados Unidos y Alemania llevan la delantera, en tanto China está en una etapa incipiente", explicó. Este país "no tiene normas ni políticas definidas en materia de energía a partir de la biomasa. En el contexto actual, no hay posibilidades de que las iniciativas se desarrollen más", añadió.

El interés de China en las energías renovables obedece a que es una oportunidad de negocios, arguyen los críticos. La mayor parte de la producción se vende en el extranjero. Este país todavía no alcanzó a Estados Unidos en términos de producción de energía renovable. Además es el mayor consumidor de carbón del mundo y se estima que quemará 4.500 millones de toneladas en 2020, según datos de la Administración Nacional de Energía.

El carbón seguirá ocupando dos tercios de la capacidad energética de China en 2020, pero el gobierno prometió invertir miles de millones de dólares para desarrollar la energía eólica, solar y nuclear.

La Asamblea Popular Nacional, el órgano legislativo de China, obliga a las compañías de electricidad a comprar 100 por ciento de la producción de los generadores de energías renovables.

Las fuentes de energía que emiten poco carbono representarán más de un cuarto de la matriz energética de China a fines de este año, informó la agencia de noticias estatal Xinhua, sobre la base de estadísticas oficiales, divulgadas en abril.

Los datos indican que se esperaba que la energía hidráulica, nuclear y eólica generará en conjunto 250 gigavatios para fines de 2010, en tanto la derivada del carbón, 700 gigavatios.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97224

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La represión de la Iglesia contra los homosexuales

José Manuel Ríos Guerreros En Lucha

Dentro de las grandes religiones monoteístas son tres las que destacan: el judaísmo, el cristianismo y el islam. El cristianismo es la que más se ha difundido por Occidente y la que se ha encargado de crear la moral en la mayoría de estos países.

El propulsor del Cristianismo es Jesús de Nazaret, que muere en el 33 d. C. La religión cristiana se fue extendiendo poco a poco por todo el Imperio Romano, para hacerse credo oficial en el 313 a manos de Constantino. Roma se convirtió desde el s. IV d. C. en el corazón del cristianismo, pues según la tradición allí es donde uno de los discípulos de Jesús colocó la primera piedra de su Iglesia. Poco a poco el cristianismo se fue jerarquizando y, tras su legalización junto con la caída del Imperio Occidental, los obispos fueron ocupando diferentes ciudades, siendo una de las primeras Roma. Durante estos primeros siglos se fue conformando el cuerpo ideológico y simbólico de la llamada ya Iglesia Católica, pues tras el siglo S. XI las Iglesia de Occidente y Oriente se separaron.

Entre los S. XIII-S. XV se producen profundos cambios en la Iglesia. Se jerarquiza progresivamente e instituyen cada vez más dogmas de fe. Dos son los elementos más importantes: la aparición del Sacramento del Matrimonio (existen estudios, como el llevado a cabo por John Boswell, donde podemos encontrar ritos de hermanamiento llevados entre hombres, mujeres y hombres con mujeres) y la aparición del pecado de la Sodomía (si se acude al Génesis podremos observar que en Sodoma lo que se condena es la falta de hospitalidad, de gran arraigo entre los pueblos semitas). El matrimonio como tal no se arraiga en la sociedad hasta el s. XVI. ¿A qué corresponde esto? Las estructuras jurídicas puramente feudales se iban resquebrajando y la Iglesia se iba aliando cada vez más con los poderes sobresalientes, los monarcas absolutos, además de una recatolización tras la Contrarreforma.

Hasta el s. XVIII no existieron categorías sexuales, es decir, heterosexual, homosexual o bisexual no eran ideas existentes como tales conceptos; de ahí que esas palabras no existieran. Este elemento es de vital importancia, pues hasta la aparición del Estado burgués las personas se relacionan dependiendo de la clase social pero sin un gusto sexual tipificado.

Durante el s. XIX-XX van apareciendo los denominados ‘Estados nación’. Estos se estructuran en la familia, en la denominada familia nuclear (hombre, mujer e hijos). Cualquier elemento que se saliera de ahí y que pudiera hacer que existieran otras estructuras diferentes serían duramente condenados. Los hechos de la Revolución Francesa y todas las revoluciones burguesas de la primera mitad del s. XIX no fueron admitidas por la Iglesia hasta el S. XX. Por su parte, la Iglesia en los Estados que tenían peso moral seguía dando un discurso tipificador del modelo familiar y de las conductas sexuales.

El primer cambio respecto a la homosexualidad fue que pasara de ser considerada pecado a enfermedad hacia el 1890. La lucha prosiguió, pero el auge de los totalitarismos no solo retrasó una evolución hacia mejor, sino que echó atrás otros logros conseguidos por la población en general.

Tras los años 60 empezó la última fase de las luchas homosexuales, consiguiendo que la OMS eliminara a la homosexualidad de su lista de enfermedades en 1990.

Son muchos los países que ya no consideran a la homosexualidad como un pecado o una enfermad, sino que han llegado a reconocer las uniones civiles e incluso el matrimonio homosexual.

La relación entra Iglesia y homosexuales sigue en pleno proceso de lucha, pues la Iglesia todavía considera la homosexualidad como un comportamiento ‘contra natura’. Como tal se organizaron diferentes colectivos de corte más o menos revolucionario. Los menos revolucionarios realizan un arduo trabajo en los institutos, colegios, etc. para visualizar a los homosexuales (hoy en día se incluyen lesbianas, transexuales y bisexuales, LGTB). Los grupos LGTB más radicales buscan ir más allá y crear una sociedad sin dogmas de fe y estructuras burguesas. Ven que no es suficiente con ganar ciertos espacios o conformarse con una mera equiparación jurídica.

La Iglesia Católica sigue dando un discurso homófobo y de incitación al odio en cualquiera de los espacios donde tiene voz (colegios, institutos, universidades, prensa, radio, etc.), provocando un rechazo hacia la homosexualidad en muchas capas de la población. La homosexualidad no es más que una de las expresiones afectivas, emocionales y sentimentales de las personas. No es ni mejor ni peor; es una vertiente más, como lo es la heterosexualidad. No hay nada de “contra natura” en la homosexualidad, ya que, de no ser adaptativa, la selección natural la habría eliminado. Cualquier discurso en esta línea responde a una visión irracional y poco científica de la sexualidad humana, a un reflejo de la irracionalidad y los intereses particulares del seno de donde salen las voces homófobas católicas.

José Manuel Ríos Guerreros, activista por los derechos LGTB.

Artículo publicado en La hiedra / L'heura, revista anticapitalista de la organización En lucha.

http://www.enlucha.org/site/?q=node/15530

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Puerto Rico: Emblemática batalla universitaria

Ángel Guerra Cabrera La Jornada

Se dice con frecuencia que en las vacaciones de Navidad recesa la lucha de clases en América Latina. Pero eso está muy lejos de ser así y la prueba está en la nueva huelga de los estudiantes universitarios de Puerto Rico en vísperas de la mayor fiesta de la cristiandad.

Allí está a punto de ocurrir una tragedia si no se logra presionar al gobernador bushista Luis Fortuño para que cambie su bárbara conducta contra la comunidad universitaria, que ha llevado últimamente a la ocupación policial de los recintos de educación superior y a la reiteración, con saña inaudita, de salvajes actos de represión contra el estudiantado. Este se vio obligado en días recientes a recurrir de nuevo a la huelga general ante los tozudos intentos de Washington y su lacayo Fortuño por acabar con el carácter público de la Universidad de Puerto Rico, emblemática de insignes tradiciones en las luchas puertorriqueñas por las conquistas sociales y culturales logradas dentro del marco asfixiante del estado colonial, desvergonzadamente llamado Estado Libre Asociado.

La actual huelga tiene como antecedente inmediato otra con gran apoyo popular a mediados de año, a la que Fortuño y las autoridades universitarias respondieron con cerrazón al diálogo como ahora y las macanas policiacas como único argumento. Aquella huelga ocurrió después que se prometiera por el gobernador que las draconianas medidas de ajuste tomadas contra el sector público, entre ellas el despido de más de 15 mil trabajadores, no afectarían a la Universidad mientras más tarde realizaba nuevas declaraciones que indignaron a los universitarios al afirmar que estudiar es un “privilegio”. Encima de este antecedente y el de la ira popular contra el programa ultraneoliberal de Fortuño, el detonador del paro estudiantil entonces fue la declaración del presidente del alto centro de estudios anunciando un recorte de 100 millones de dólares al presupuesto de 2011, la eliminación de las exenciones en el pago de matrícula y un aumento de esta. Después de un tramposo proceso negociador por parte de las autoridades universitarias y luego de heroicas y creativas jornadas concientizadoras, no sólo de los universitarios sino del país, una asamblea general de estudiantes puso fin a la huelga, primera de ese carácter con la asistencia de delegados de los once planteles en la historia de la Universidad, pero conociendo al adversario adoptó este voto preventivo: El estudiantado se opone a que se aumenten los costos de estudio, sobre todo a la imposición de una cuota en enero de 2011… y dejamos claro que haremos todo lo necesario para detener esa cuota.

Con la huelga de días recientes, los alumnos no han hecho más que cumplir aquél acuerdo, ante el empecinamiento de las autoridades por adoptar las medidas cuestionadas entonces, que significan de entrada la exclusión de alrededor de 10 000 estudiantes del alma máter, además del principio del fin de la educación pública superior en Puerto Rico. Pese al estatuto colonial, en la isla, gracias a la lucha de los estudiantes y en consonancia con la tradición latinoamericana instaurada por el movimiento reformador de la Universidad de Córdova, en Argentina, no ha podido implantarse el sistema de enseñanza privatizado como en el resto de Estados Unidos. La batalla por esa conquista y por poner fin a las maniobras del gobernador y las neoliberales e incompetentes autoridades de la casa de estudios conducentes a hacer quebrar deliberadamente a la Universidad es la que vienen librando los estudiantes apoyados por numerosos profesores democráticos y patriotas, que han dado pruebas elocuentes de dignidad magisterial y solidaridad con los alumnos.

Los estudiantes han dado constantes pruebas de inteligencia y madurez, han sabido ser flexibles con las autoridades y han dedicado tiempo y esfuerzos para explicar a la nación lo que está en juego en su lucha, que siempre han vinculado con la del pueblo de Puerto Rico y los demás pueblos del mundo por otro mundo posible” . No han sido pocas las bien argumentadas propuestas de alumnos y académicos para que la universidad pueda salir airosamente de su actual situación financiera pero lo que hay en el fondo de la tozudez del gobernador colonial es el temor al precedente de una lucha estudiantil victoriosa por el ejemplo que puedes sentar para el resto de los sectores en Puerto Rico. Esta batalla trasciende a la Universidad y a Puerto Rico. Es una lección universal para quienes ven sus derechos conculcados.

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lunes, 27 de diciembre de 2010

Un Plan Marshall para Cuba

Atilio A. Boron La Haine

En estos días Cuba se enfrenta a un dilema de hierro: o actualiza, revisa y reconstruye su modelo económico o la revolución corre el serio riesgo de sucumbir ante la presión combinada de sus propios errores y las agresiones del bloqueo estadounidense. Los países de América Latina y el Caribe, así como la casi totalidad de los de África y Asia, no pueden permanecer indiferentes ante esta situación, o limitarse a contemplar como la revolución libra, sin otra ayuda que sus propias fuerzas, esta decisiva batalla.

Pero el apoyo no puede ser meramente declarativo. Eso está bien, pero es insuficiente. Cuba necesita algo más: concretamente, que sus acreedores, especialmente cuando ellos son países de América Latina y el Caribe, anulen la deuda externa cubana. Argentina es el mayor de esos acreedores -por un préstamo otorgado por el gobierno de Héctor Cámpora y su Ministro de Economía José B. Gelbard en 1973- y que el ex Canciller del Presidente Néstor Kirchner, Rafael Bielsa, renegociara proponiendo una quita del 50% de su monto, que si se suman el capital y los intereses acumulados en la actualidad ascendería aproximadamente a unos 1.800 millones de dólares. Para esa misma época su colega de gabinete, el ministro de Economía Roberto Lavagna, proponía a los acreedores de la Argentina una quita del 75% sobre el valor nominal de la deuda defolteada con el derrumbe de la convertibilidad en diciembre del 2001. Como es bien sabido, este país finalmente logró una quita que, según los cálculos, fluctúa en torno al 70% del valor nominal de los bonos de su deuda. Lo menos que debería hacer la Casa Rosada sería garantizar para Cuba el mismo trato que obtuvo de sus propios acreedores. Aunque eso sería lo mínimo. Lo correcto, lo que sería éticamente impecable, sería dar por cancelada esa deuda y de ese modo aliviar la carga que pesa sobre la hermana república de Cuba. Los 1.147 habitantes de la Argentina que, gracias a la “Operación Milagro”, en el último año recuperaron gratuitamente su vista en el Centro Oftalmológico Dr. Ernesto Guevara, de Córdoba, y los más de 20.000 alfabetizados que aprendieron a leer y escribir con el programa cubano “Yo Sí Puedo” son otras tantas razones para dar por cancelada esa deuda. Tal cosa sería un acto de estricta justicia. Y lo mismo deberían hacer los gobiernos de México, que mantiene acreencias del orden de los 500 millones de dólares; Panamá, 200 millones; Brasil, 40 millones; Trinidad-Tobago, 30 millones y Uruguay, también con 30 millones.

¿Por qué de estricta justicia? Por varias razones. Expondremos simplemente dos. En primer término, como equitativa retribución por el generoso e inigualado internacionalismo cubano que llevó a esa revolución a trascender sus fronteras sembrando de médicos, enfermeras, dentistas, educadores e instructores deportivos por todo el mundo, mientras el imperio y sus aliados lo saturaba con militares, “comandos especiales”, espías, agentes de inteligencia, policías y terroristas. A lo largo de las últimas décadas Cuba envió al exterior unos 135.000 profesionales de la salud a más de 100 países de todo el mundo, especialmente Latinoamérica y el Caribe y África, pero también los hay en Asia. Los médicos cubanos estaban en Haití desde mucho antes de su fatídico terremoto, y luego de él aumentaron su presencia mientras que Estados Unidos enviaba … marines. La ayuda cubana para combatir la enfermedad y prevenir las muertes en tantos países fue, y es, concreta y efectiva. Ahora los pueblos y naciones del Tercer Mundo deben correr a asistir a ese faro de la liberación nacional y social que desde hace más de medio siglo inspira e ilumina las más nobles luchas de nuestros pueblos. Y deben hacerlo con una solidaridad militante, traducible en ayuda económica efectiva. Las declaraciones serán bienvenidas, pero insuficientes.

En segundo lugar, hay una obligación moral de ayudar a Cuba porque, pensemos: ¿qué hubiera sido de nuestros países si su revolución no hubiese resistido a pie firme, sin arriar sus banderas, a las presiones del imperialismo y la derecha mundial una vez producida la implosión de la Unión Soviética? Con una Cuba de rodillas, vencida e inerme ante la restauración del saqueo neocolonial al que había sido sometida desde 1898; con sus sueños y utopías humanistas vapuleados por el retorno triunfal de las mafias capitalistas como las que, por ese entonces, estaban asolando a la difunta Unión Soviética; con la revolución y la creación de una sociedad solidaria anatemizadas como irresponsables ensoñaciones de falsos mesías que inexorablemente culminan en una infernal pesadilla, ¿habría sido posible el trascendental cambio ideológico-político materializado en el ascenso y consolidación en el poder de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, para no mencionar sino los casos más significativos? Más aún, sin el estímulo emanado de la heroica resistencia de Cuba, de su “mal ejemplo” evidenciado en tasas de mortalidad infantil menores que las de Estados Unidos a pesar del bloqueo y las agresiones, ¿habría sido posible el auge de la muy moderada centroizquierda en países como Argentina, Brasil y Uruguay a comienzos del nuevo siglo? ¡De ninguna manera! Si estos avances fueron posibles fue, amén de las causales propias de cada caso, porque Cuba resistió. Si hubiese capitulado y sido convertida en un protectorado estadounidense el tsunami derechista hubiera arrasado esta parte del mundo. Gracias a Cuba nuestros pueblos evitaron tamaña catástrofe.

Por eso, aparte de anular las deudas existentes con los países de la región, los acreedores tanto como quienes no lo son deberían crear sin dilación un fondo especial de solidaridad con la revolución cubana. Estados Unidos lo hizo para salvar a los europeos de la debacle después de la Segunda Guerra Mundial, y su éxito fue extraordinario. El Plan Marshall satisfizo plenamente las expectativas que había despertado y las economías europeas se recuperaron rápidamente. Cuba, castigada con dos planes Marshall en contra –tal es, hasta ahora, el costo del bloqueo estadounidense sobre la frágil economía cubana- merece con creces un gesto similar de sus hermanos latinoamericanos. Estos cuentan con enormes reservas en sus bancos centrales. En 2007 el presidente ecuatoriano Rafael Correa calculó las reservas existentes en la región rondarían en torno a unos 200.000 millones de dólares, y esa cifra no ha dejado de crecer en los años posteriores. Una estadística suministrada por el FMI indica que a finales del 2009 las reservas internacionales de la Argentina ascendían a 49.599 millones de dólares, 238.520 millones en Brasil, 90.837 en México, 26.115 en Chile, 24.991 en Colombia, 32.803 en Perú y 35.830 en Venezuela. Sin duda alguna, con los aumentos registrados en 2010, las reservas combinadas de estos países -más otros, como Bolivia, Ecuador y Uruguay no contemplados en la estadística- superarían holgadamente los 500.000 millones de dólares. De ahí la enorme importancia de poner en marcha cuanto antes el Banco del Sur, todavía trabado por pretextos burocráticos y por la miopía política de que hacen gala algunos gobiernos. Afectando apenas el 2 por ciento de tan fabulosas reservas se podría crear, sin mayor esfuerzo, un fondo especial de 10.000 millones de dólares destinado a financiar el complejo proceso de reformas económicas socialistas que Cuba debe llevar a cabo impostergablemente en los próximos meses. Sería un gesto de merecida reciprocidad ante la probada solidaridad cubana con nuestros países a lo largo de cinco décadas; y también un acto de calculado altruismo para lo cual sólo hace falta voluntad política, porque el dinero ya está. ¿O es que algún gobernante de la región puede ser tan ingenuo como para no darse cuenta que, si la Revolución Cubana fuese derrotada, el imperio se abalanzaría con todas sus fuerzas sobre nuestros países, sin distinción de pelajes ideológicos, para recolonizar a sangre y fuego al continente y restaurar el orden que Fidel y el Movimiento 26 de Julio vinieron a impugnar el 1 de enero de 1959?

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La muerte de las universidades

Terry Eagleton The Guardian/Rebelión

¿Están a punto de desaparecer las humanidades de nuestras universidades? La pregunta es absurda. Sería como preguntar si está a punto de desaparecer el alcohol de los pubs , o la egolatría de Hollywood. Igual que no puede haber un pub sin alcohol, tampoco puede existir una universidad sin humanidades. Si la historia, la filosofía y demás se desvanecen de la vida académica, lo que dejarán tras de sí serán instituciones de formación técnica o institutos de investigación empresarial. Pero no será una universidad en el sentido clásico del término, y sería engañoso denominarla así.

Tampoco, empero, puede haber una universidad en el sentido pleno del término cuando las humanidades existen aisladamente de otras disciplinas. La manera más rápida de devaluar estas materias – aparte de deshacernos enteramente de ellas – estriba en reducirlas a un agradable complemento. Los hombres de verdad estudian Derecho e Ingeniería, mientras que las ideas y valores están para los mariquitas. Las humanidades deberían constituir el núcleo de cualquier universidad digna de ese nombre. El estudio de la historia y la filosofía, acompañado de cierto conocimiento del arte y la literatura, debería contar tanto para abogados e ingenieros como para quienes estudian en facultades de artes. Si las humanidades no se encuentran tan gravemente amenazadas en los Estados Unidos es, entre otras cosas, porque se contemplan como parte integral de la educación superior como tal.

Cuando surgieron en su actual configuración a finales del siglo XVIII, las llamadas disciplinas humanas tenían un papel social crucial, que consistía en nutrir y proteger la clase de valores para los que un orden social filisteo tenía poco de su precioso tiempo. Las humanidades modernas y el capitalismo industrial estuvieron más o menos emparejados al nacer. Para conservar un conjunto de valores e ideas asediados, hacían falta entre otras cosas instituciones conocidas como universidades, apartadas de algún modo de la vida social de todos los días. Ese apartamiento significaba que el estudio humano podía ser lamentablemente inútil. Pero permitía asimismo a las humanidades emprender la crítica del saber convencional.

De vez en cuando, como a finales de los años 60 y en estas últimas semanas en Gran Bretaña, esa crítica se lanza a la calle, y se dedica a confrontar cómo vivimos en realidad con como podríamos vivir.

De lo que hemos sido testigos en nuestro tiempo es de la muerte de las universidades como centros de crítica. Desde Margaret Thatcher, el papel de mundo académico ha consistido en servir al status quo, no en desafiarlo en nombre de la justicia, la tradición, la imaginación, el bienestar humano, el libre juego de la mente o las visiones alternativas de futuro. No cambiaremos esto simplemente con una mayor financiación de las humanidades por parte del Estado, por oposición a un recorte que las deje en nada. Lo cambiaremos insistiendo en que una reflexión crítica sobre los valores y principios debería ser central para cualquier cosa que acontezca en las universidades, y no sólo el estudio de Rembrandt o Rimbaud.

En última instancia, las humanidades sólo pueden defenderse poniendo de relieve cuán indispensables son; y esto significa insistir en su papel vital en el conjunto del aprendizaje académico, en lugar de protestar diciendo que, como a algún pariente pobre, cuesta poco alojarlas.

¿Cómo puede lograrse esto en la práctica? Financieramente hablando, no ha lugar. Los gobiernos están empeñados en reducir las humanidades, no en extenderlas.

¿Pudiera ser que invertir demasiado en enseñar a Shelley significase quedar rezagados respecto a nuestros competidores económicos? Pero no hay universidad sin indagación humana, lo que significa que las universidades y el capitalismo avanzado son fundamentalmente incompatibles. Y las implicaciones políticas que eso conlleva van bastante más allá de la cuestión de las tasas estudiantiles.

Terry Eagleton , una de las figuras más reconocidas de la crítica cultural anglosajona en la tradición marxista británica de Raymond Williams, ocupa actualmente la Cátedra de Literatura Inglesa en el Departamento de Inglés y Escritura Creativa de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido.
Traducción para www.sinpermiso.info : Lucas Antón

FUENTE: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2010/dec/17/death-universities-malaise-tuition-fees

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sábado, 25 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad: María y José en Palestina 2010

James Petras - La Haine

No había forma de encontrar trabajo, ni siquiera para un hábil carpintero.

Sin embargo, la construcción de asentamientos seguía adelante, mayoritariamente financiados por el dinero de los judíos estadounidenses, las contribuciones de los especuladores de Wall Street y los propietarios de los antros de juego.

“Menos mal”, pensó José, “que tenemos unas cuantas ovejas y olivos y que María cría unos cuantos pollos”. Pero José estaba preocupado: “Queso y aceitunas no bastan para alimentar a un niño que está creciendo. María va a dar a luz a nuestro hijo cualquier día de estos”. En sus sueños anhelaba un muchacho robusto trabajando a su lado… multiplicando los panes y los peces.

Los colonos menospreciaban a José. Rara vez asistía a la sinagoga y en las principales fiestas sagradas llegaba siempre tarde para evitar el pago del diezmo. Su sencilla casita estaba situada en una quebrada cercana a un manantial que fluía todo el año. Era el sitio ideal para cualquier expansión de asentamientos. Por eso cuando José se retrasó en el pago del impuesto sobre la propiedad, los colonos se apropiaron de su casa, desalojando por la fuerza a José y María y ofreciéndoles un billete de ida para el autobús que iba a Jerusalén.

osé, nacido y criado en las áridas colinas, se defendió y ensangrentó a no pocos colonos con sus puños endurecidos por el trabajo. Pero al final tuvo que sentarse magullado en su lecho nupcial bajo el olivo, con desesperación negra.

María, mucho más joven, sentía ya los movimientos del bebé. Su hora estaba próxima.

“Tenemos que encontrar un refugio, José, tenemos que marcharnos… no es momento para venganzas”, suplicó.

José, que creía en el “ojo por ojo y diente por diente” de los profetas del Antiguo Testamento, acabó aceptando de mala gana.

Por tanto, tuvo que vender sus ovejas, pollos y otras pertenencias a un vecino árabe para comprar un carro con un burro. Lo cargó con el colchón, algunas ropas, queso, aceitunas, huevos y así se encaminaron hacia la Ciudad Santa.

El camino que debía seguir el burro era pedregoso y lleno de baches. María hacía una mueca de dolor con cada sacudida; le preocupaba que el traqueteo pudiera dañar al bebé. Pero había algo aún peor, este era el camino que forzosamente debían seguir los palestinos, con controles militares situados a cada paso. Nadie le había dicho a José que, como judío, podría haber tomado una carretera suavemente pavimentada, prohibida para los árabes.

En el primer bloqueo de carretera, José vio una larga fila de árabes esperando. Señalando a su embarazada mujer, José preguntó a los palestinos, medio en árabe, medio en hebreo, si podían adelantarles. Le abrieron paso y la pareja siguió adelante.

Un joven soldado levantó su rifle y ordenó a José y María que bajaran del carro. José descendió e hizo un gesto hacia la barriga de su esposa. El soldado soltó una risita y se volvió hacia sus camaradas: “Ese árabe viejo le ha hecho un bombo a la chica que compró por una docena de ovejas y ahora quiere un pase libre”.

José, rojo de rabia, gritó en un ronco hebreo: “Soy judío. Pero, a diferencia de vosotros… respeto a las mujeres embarazadas”.

El soldado empujó a José con su rifle y le ordenó que retrocediera: “Eres peor que un árabe, eres un judío viejo que se folla a muchachas árabes”.

María, asustada por el intercambio de exabruptos, se volvió hacia su marido y gritó: “Basta, José, o acabarán disparándote y nuestro niño se quedará huérfano”.

Con grandes dificultades, María descendió del carro. Desde la garita de guardia llegó un oficial que después llamó a una soldado: “Eh, Judi, ve a mirar qué tiene bajo el vestido, no sea que vaya cargada de bombas”.

“¿Qué pasa? ¿Ya no te gusta que te toquen?”, ladró Judith en hebreo con acento de Brooklyn. Mientras los soldados discutían, María se inclinó hacia José buscando apoyo. Finalmente, los soldados llegaron a un acuerdo.

“Súbete el vestido y ven aquí”, ordenó Judith. María palideció de vergüenza. José se enfrentó desesperado a las pistolas. Los soldados se rieron y señalaron hacia los pechos hinchados de María, bromeando acerca de un terrorista no nato con manos árabes y cerebro judío.

José y María continuaron su camino hacia la Ciudad Santa. A lo largo de todo el camino, tuvieron que ir parando con frecuencia a causa de los controles. En todas y cada una de las ocasiones tuvieron que sufrir más retrasos, más indignidades y más insultos gratuitos escupidos por sefardíes y asquenazíes, por hombres y mujeres, laicos y religiosos, todos ellos soldados del Pueblo Elegido.

Atardecía ya cuando María y José llegaron finalmente hasta el Muro. Las puertas se cerraban por la noche. María gritó de dolor: “José, siento que el niño viene ya. Por favor, haz algo, rápido”.

A José le entró el pánico. Vio las luces de un pequeño pueblo cercano y, dejando a María en el carro, corrió hasta la casa más próxima y golpeó la puerta con el puño. Una mujer palestina abrió un poco la puerta y atisbó en la oscuridad la cara agitada de José. “¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?”.

“Soy José, un carpintero de las colinas de Hebrón. Mi mujer está a punto de dar a luz, necesito un refugio para proteger a María y al bebé”. Señalando hacia María, que se había quedado en el carro, José suplicó en su extraña mezcla de hebreo y árabe.

“Bien, hablas como un judío pero pareces árabe”, dijo la mujer palestina riendo mientras volvía con él hacia el carro.

El rostro de María estaba crispado de dolor y miedo: sus contracciones eran ya más frecuentes e intensas.

La mujer ordenó a José que metiera el carro en un establo donde guardaban las ovejas y las gallinas. Tan pronto como entraron, María gritó de dolor y la mujer palestina, a la que se había unido ahora una partera de la vecindad, ayudó rápidamente a la joven madre a tumbarse en un lecho de paja.

Así fue como el niño vino al mundo, mientras José lo observaba todo con el corazón encogido.

Y sucedió después que los pastores, al regresar de sus campos, oyeron los gritos de alegría por el nacimiento y corrieron al establo con sus rifles y leche fresca de cabra sin saber si había amigos o enemigos, judíos o árabes. Cuando entraron en el establo y vieron a la madre con el bebé, dejaron a un lado sus armas y ofrecieron la leche a María que les dio las gracias en hebreo y en árabe.

Los pastores estaban sorprendidos y maravillados: ¿Quién era esa gente extraña, una pareja de judíos pobres que venían en paz con un burro y un carro con letras árabes? Las noticias sobre el extraño nacimiento de un niño judío justo fuera del Muro en un establo palestino corrieron veloces por doquier. Muchos vecinos entraron y contemplaron a María, el bebé y José.

Mientras tanto, los soldados israelíes, equipados con lentes de visión nocturna informaron desde sus torres de vigilancia orientadas sobre la zona palestina: “Los árabes se están reuniendo justo fuera del Muro, en un establo, alumbrándose con velas”.

Las puertas que había en la parte baja de las torres de vigilancia se abrieron velozmente y varios vehículos blindados con luces brillantes, seguidos de soldados armados hasta los dientes, salieron y rodearon el establo, los aldeanos reunidos y la casa de la mujer palestina. Un altavoz aullaba: “Salid fuera con las manos en alto o empezaremos a disparar”. Todos salieron del establo junto con José, que se adelantó con las manos extendidas hacia el cielo diciendo: “Mi mujer, María, no puede cumplir vuestra orden. Está amantando al pequeño Jesús”.

Artículo original: http://petras.lahaine.org/articulo.php?p=1831 - Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

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Sueños bajo la carpa

Ana María Domínguez Cruz Juventud Rebelde

Jóvenes venezolanos de la recién creada Compañía Nacional de Circo cursan estudios superiores en Cuba, convencidos de que podrán contribuir en su país a fundar una realidad similar

Confiesa Jonathan Marchán, entre risas y asombros, que cuando vio por vez primera un video de un espectáculo circense recordó El Principito, que había tenido en sus manos años atrás.

Aunque todavía hoy no logra explicar esa relación en su pensamiento, está seguro de que el afán por desentrañar el misterio fue lo que lo motivó a seguir aquella carpa descolorida que se paseó por su barrio natal en Maracaibo.

«Pedí trabajo allí con la intención de aprender, pero el color de mi piel fue el primer impedimento. No obstante persistí, y mientras vendía chocolates en las funciones, mis ávidos ojos captaban cuanto hacían los artistas. Así aprendí a hacer acrobacia en tela, a pesar de los obstáculos, y por eso pude unirme más tarde a los que entrenaban en Caracas y a lo que iban haciendo los artistas cubanos allá en Venezuela.

Para él la realidad ahora es otra. Luego de años de esfuerzo y dedicación, dejó de ser ese muchacho soñador de lo inalcanzable y puede enorgullecerse de sus resultados.

«Mi sueño es perfeccionarme cada vez más, sobre todo ahora que pertenezco a la compañía venezolana, luego de haber salido airoso en las audiciones. Hacerlo en tierra cubana ya para mí es una carta de triunfo», afirmó.

Coincide con Jonathan la dulce Daisy Carolina Moreno, quien con solo 18 años tiene la certeza de que su vida debe ser bajo una carpa, retándose cada vez más en sus acrobacias. Se siente volar cuando trabaja y a pesar de que no tiene alas, toca el cielo con cada movimiento.

Siendo tan joven y con tantos desafíos por delante en el mundo de las artes y del circo en particular, reconoce que debe trabajar muy fuerte.

«Cuando niña disfruté de las presentaciones de grupos de circo sociales como el de Fe y Alegría, y me vinculé a las clases como si fuera un pasatiempo, pero con mucha entrega. Luego me lo tomé más en serio y mi actual novio y yo comenzamos a trabajar juntos en los números de acrobacia mano a mano, guiados por la misma pasión por el circo y el deseo de ser cada vez mejores, ahora materializado en el apoyo que en esta Isla nos están brindando».

Y persiguiendo esa misma pasión está Jesús Piña, quien asistió en su tierra a muchos talleres de formación artística en diferentes centros de estudio con el objetivo de ser «uno de esos que hacen maravillas en el circo».

Sin embargo, sus metas crecieron. En nuestro país perfeccionará su técnica en gimnástica aérea, que es lo que más le gusta, pero además aprenderá las herramientas metodológicas y pedagógicas necesarias para ser profesor de futuros cirqueros.

«Debo ser un buen profesional por partida doble. Dar todo de mí en escena, como artista, y en el aula, frente a los que comparten el mismo sueño. Por eso aprovecharé mi estancia aquí, donde el prestigio alcanzado refleja la calidad de lo que se hace y se enseña, para estar a la altura de mis expectativas personales», comentó.

Jonathan, Daisy y Jesús integran el grupo de 15 jóvenes venezolanos que cursan estudios de superación en nuestro país desde agosto de este año y por un período de seis meses, como parte del intercambio cultural entre ambas naciones; y forman parte de los 35 que resultaron seleccionados en las audiciones para conformar el elenco estable de la recién creada Compañía Nacional de Circo de Venezuela.

Son los primeros en nutrirse de la experiencia cubana en arte circense para perfeccionar su nivel profesional y hacerse de los instrumentos indispensables que también les permitan transmitir lo que saben.

Regalo para el pueblo

Detrás de los grandes proyectos siempre han existido grandes sueños. El que guía el desarrollo de la República Bolivariana de Venezuela es el de existir para, por y desde el pueblo. Esa ha sido la razón de ser de las iniciativas trazadas por el presidente Chávez, entre las que se incluye la fundación de la Compañía Nacional de Circo en 2009, que además de ser la primera en Venezuela y en América del Sur, es la segunda en Latinoamérica, solo precedida por Cuba.

Se levantó una de las carpas con capacidad para 2 500 personas en una antigua arena de toros, perteneciente a las instalaciones recuperadas del otrora Nuevo Circo de Caracas, y ese fue el primer paso en Venezuela de las actividades pro arte circense dirigidas a la alegría y diversión de la población.

«Es la liberación de los espacios, para abrirlos al pueblo, al arte, a la cultura y al espectáculo nacional popular, bonito y bueno», expresó entonces Chávez.

La segunda carpa será itinerante, según explicó en aquel momento quien fuera ministro del Poder Popular para la Cultura, Héctor Soto, para que también en el interior del país se disfrute del sano entretenimiento de esta antigua actividad.

En el seno de la compañía funcionará una escuela que aunará el caudal empírico que sobre arte circense existe en el país y brindará preparación profesional sustentada en metodologías, experiencias académicas y mayor profundidad. Por ello el director de la naciente compañía, Darwin «Niké» García, dijo que por fin Venezuela tendrá un circo verdaderamente nacional que se utilizará como una herramienta de transformación.

Y si de sueños se trata, uno de los más relevantes de la Revolución Cubana ha sido siempre el de ser solidaria, compartir lo que tiene y concebir su futuro teniendo en cuenta a las naciones hermanas.

Puede ilustrarlo el Convenio Integral de Colaboración Cuba-Venezuela, que recientemente cumplió su primera década —firmado el 30 de octubre de 2000 por los presidentes de ambas naciones—, e incluye acciones en diferentes sectores como la salud, la educación, el deporte y diversas ramas de la economía.

Quienes prestan sus servicios en la tierra de Bolívar han recogido los frutos de ese sueño en el seno del Convenio, entre estos los que aspiran a dejar huellas en los corazones foráneos desde el arte, en el intercambio artístico de músicos, pintores, escultores, bailarines y en el apoyo que desde el punto de vista pedagógico ha brindado Cuba para la elevación de la calidad profesional de los estudiantes de artes en territorio venezolano, como parte de la Misión Cultura Corazón Adentro.

Por ello, a partir de la iniciativa de Chávez de crear la Compañía Nacional de Circo en tierra bolivariana, numerosos profesionales de nuestro país han viajado a Venezuela para impartir clases, talleres, conferencias magistrales y contribuir a la elaboración de los planes de estudio de las distintas especialidades que complementan la formación de un artista circense.

José Felipe Rodríguez Salazar, profesor de la Escuela Nacional de Circo y metodólogo a nivel nacional de Arte circense, ratifica el intenso trabajo que en el ámbito de la cultura se ha desplegado en ambos países, y aunque reconoce la magnitud del reto, está convencido de que es perfectamente superable teniendo en cuenta el prestigio internacional de la Escuela Nacional de Circo de Cuba, sustentado en la calidad de sus profesores y egresados.

«Ellos han visto el trabajo de los artistas cubanos y conocen de nuestro sistema de enseñanza. El hecho de que se hayan presentado a las audiciones, motivados por su posible superación en Cuba, demuestra que confían en la preparación que recibirán en este medio año de intenso trabajo y que ansían ponerla en función de su país», añadió Salazar.

Hechizados

La joven Nairobi Mota, hechizada por el circo desde la adolescencia, cuenta cómo se ha convertido en esta especie de mujer-orquesta que tiene tiempo para ser artista en la especialidad de trapecio fijo, pintora y escultora.

Nos hace partícipes de su intensa vida cuando trabajaba en las calles haciendo danza con fuego, malabares y montando zancos; de cuando amplió su formación en talleres de actuación y gimnástica aérea, en los que recibió clases y debió impartirlas a niños; de cuando viajó a festivales en Argentina, Chile y España, como miembro del Circo del Sur… Y detiene su mirada un instante, porque sobre todas sus aspiraciones profesionales está la de ser una buena madre para su pequeño Dante, nacido bajo una carpa, como quien dice, a quien ella y su padre le han transmitido la magia del circo.

«A mi regreso a Venezuela, supe de la oportunidad de formar parte del sueño de una escuela de circo y de enriquecer mi formación en Cuba y no dudé en participar; porque si algo le enseñaré a mi hijo es que uno debe luchar por lo que quiere con todas sus fuerzas», agregó.

Escuchándola estaba la pelirroja Kerlly García, especialista en aro volante, quien ha encontrado en la Isla y en la Escuela Nacional de Circo de Cuba, además de la amabilidad de su gente y de la seguridad en las calles, un excelente ejemplo de formación académica, debido al ingreso de los estudiantes en edades tempranas y por el ímpetu y el rigor de su enseñanza.

«Esta posibilidad es genial, porque en Venezuela hay una carencia grande con respecto a la tradición y formación de los cirqueros y ahora que se está tomando más en serio, nosotros podremos no solo actuar, sino contribuir a fundar una realidad similar».

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Italia: La primera generación airada posterior al crecimiento


Marco Revelli Megachipdue/Rebelión

Traducido por Juan Vivanco

Me resulta insoportable el modo en que estos días se han calificado el movimiento de los estudiantes y las formas de insurgencia que están apareciendo. Todos hacen grandes aspavientos por el menor gesto anómalo, como si nos moviésemos en un ambiente político-institucional perfecto, correcto, éticamente irreprochable. No seré yo quien tire la primera piedra contra los estudiantes.

Creo que es un movimiento postpolítico. También están los inmigrantes subidos a las grúas, o los obreros de Pomigliano rebelados contra el chantaje. Es un trozo de sociedad que va a su aire, que se ha desenchufado, que ha comprendido que las dinámicas político-institucionales y su vida son dos mundos separados.

Es un movimiento que se mide con la inédita dureza de la vida contemporánea, mientras el resto de la sociedad se mueve dentro de la burbuja narrativa de la sociedad del bienestar. Eso les distingue de todos los sujetos colectivos del siglo XX que cabían en el proyecto del desarrollo. Estos nuevos movimientos habitan en la decadencia.

Los protagonistas del martes eran en gran parte menores de edad que no pueden descodificarse con ninguna de las claves del análisis político y social anterior. Son hijos del bienestar interrumpido, la generación «futuro cero». Lo mismo se podía decir de Génova, sólo que entonces, detrás del movimiento, estaba la acumulación política anterior. Estos, en cambio, tienen un lenguaje inédito, ni siquiera llevan al Che en sus banderas. Son el producto de la Segunda República y de la tabla rasa de todas las culturas políticas.

Pondré un ejemplo. En Turín, el Politécnico siempre había sido una escuela de élite y un lugar de orden. De él salían ingenieros formados dentro del horizonte de la gran empresa, que asumían sus códigos de funcionamiento. Eran los custodios del saber del gran capitalismo.

Pues bien, hoy el Politécnico es el más radicalizado. He oído hablar a investigadores e ingenieros y me parecía estar oyendo a los obreros de Mirafiori de los años ochenta. Fuerza de trabajo utilizada en un gran ciclo a la que de repente se priva de derechos y orgullo para arrojarla a un segmento periférico.

Los chicos que se licencian en el Politécnico describen un panorama de privación de función social, de estatus, de control sobre su vida.

Y ellos son la élite. El otro día, delante del aula magna, había una pancarta que decía: «Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo». Los recursos se han esfumado en los grandes circuitos financieros globales, están deslocalizados. La dimensión de la política actual es transversalmente indecente, con su máxima degradación en la derecha. Es una dimensión en la que resulta fácil perderse. Hay excepciones, por supuesto, pero son bichos raros. El espectáculo que se representó el otro día en la Cámara de Diputados y el Senado indica que el parlamento no es un lugar donde el movimiento pueda encontrar respaldo. Es el desierto de los tártaros.

La eficacia de este movimiento no pasa por su capacidad de encaramarse a la política; consiste en el hecho mismo de existir. Hoy en día ya es un triunfo que los movimientos existan como cuerpos que llenan las calles. Puede que su existencia diferenciada ―los negrianos dirían como «multitud»― sea un lenguaje inarticulado, pero demuestra que no puede reducirse al discurso oficial, a la narración dominante.

¿Cómo evolucionará? No lo sé. La crisis puede generar situaciones imprevisibles en una sociedad que se ha basado en el mito de la opulencia y el consumo. El empobrecimiento también puede producir rencor y odio.

Fuente: http://www.megachipdue.info/tematiche/democrazia-nella-comunicazione/5289-la-prima-generazione-arrabbiata-del-post-crescita.html

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